
Cada año, el Gobierno celebra como un éxito que la recaudación fiscal en España bate récords. Pero detrás de esos números de vértigo hay una realidad mucho menos brillante para los ciudadanos: nunca antes se ha pagado tanto a Hacienda, y eso sin que se hayan aprobado grandes subidas de impuestos de forma explícita. La clave está en cómo el Estado ha aprovechado la inflación y ha evitado hacer algo tan básico como deflactar el IRPF, es decir, ajustar los tramos del impuesto a la subida de precios. En otras palabras, nos suben los impuestos sin decirlo abiertamente.
Hacienda no perdona: récord de ingresos… y de esfuerzo fiscal
En 2024, la recaudación por impuestos superó los 272.000 millones de euros, un 8% más que el año anterior. El dato podría parecer una buena noticia, pero conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿de dónde sale todo ese dinero?
La respuesta es clara: de nuestros bolsillos, y no siempre de forma justa. Porque, aunque no se haya tocado oficialmente el tipo del IRPF o el IVA, el Estado ha conseguido que paguemos más simplemente dejando las cosas como están.
La trampa silenciosa: no deflactar el IRPF
Uno de los ejemplos más claros es el IRPF. Con la inflación disparada durante los últimos años, los sueldos han subido ligeramente para intentar compensar la pérdida de poder adquisitivo. Pero aquí viene el truco: al no actualizar los tramos del IRPF a la inflación (es decir, no deflactar), esos pequeños aumentos salariales acaban empujando a muchos trabajadores a tramos superiores del impuesto.
El resultado es que se paga un porcentaje mayor sobre un sueldo que, en realidad, no ha mejorado en términos reales. Es lo que se conoce como progresividad en frío: el contribuyente paga más, pero no porque gane más, sino porque el Estado no ha actualizado el sistema fiscal al coste de la vida.
Mientras tanto, varias comunidades autónomas, como Madrid o Andalucía, sí han deflactado el IRPF en su parte autonómica. Pero el Gobierno central ha optado por no hacerlo. ¿Por qué? Muy sencillo: esto le garantiza un aumento de ingresos sin tener que pasar por el Congreso para subir impuestos.
El IVA y la inflación: el socio perfecto para recaudar más
El IVA, el impuesto al consumo, también ha sido una fuente de ingresos extra gracias a la inflación. Cuando los precios suben, la base sobre la que se calcula el impuesto también lo hace, y Hacienda recauda más sin mover un dedo.
Por ejemplo, si una familia gastaba 500 euros al mes en alimentos y ahora gasta 550 por la subida de precios, aunque compre exactamente lo mismo, está pagando más IVA. De nuevo, es una subida encubierta, difícil de detectar pero muy rentable para las arcas públicas.
Nuevos impuestos “temporales” que podrían quedarse para siempre
En los últimos años, el Gobierno ha aprobado una batería de impuestos extraordinarios dirigidos a sectores como la banca, las energéticas o las grandes fortunas. Aunque se presentaron como medidas temporales para hacer frente a la crisis, ya se habla abiertamente de convertirlos en permanentes.
Esto no solo genera inseguridad jurídica, sino que envía un mensaje claro: el Estado necesita recaudar cada vez más, y está dispuesto a estirar la legalidad fiscal para conseguirlo.
Más control, menos economía sumergida… y más presión al autónomo
La lucha contra el fraude también ha contribuido a inflar las cifras. Con la digitalización y el control electrónico de facturas, cada vez es más difícil “escapar” del radar de Hacienda. Esto podría sonar positivo, pero en la práctica ha significado una carga creciente para autónomos y pequeñas empresas, que deben adaptarse a obligaciones fiscales más complejas, mientras los grandes defraudadores siguen buscando resquicios legales o fiscales fuera del país.
El Gobierno no sube impuestos… pero recauda como si lo hiciera
El relato oficial insiste en que “no se han subido los impuestos a las clases medias y trabajadoras”. Pero la realidad fiscal muestra otra cosa: los ciudadanos están pagando más, no porque vivan mejor, sino porque el sistema se ha vuelto más opaco y menos justo.
Y mientras se celebra el “éxito recaudatorio”, nadie parece hablar del esfuerzo fiscal que soporta el contribuyente medio en España, que ya es uno de los más altos de la UE en relación a los servicios públicos recibidos.
