Cuando nos quejamos de los impuestos que pagamos en España a menudo se nos suele decir que en el Norte de Europa sus ciudadanos pagan todavía más y por eso tienen unos mejores servicios público y una calidad de vida superior. Lo que en realidad suelen comparar es la presión fiscal y no el esfuerzo fiscal.
Una misma presión fiscal puede resultar desproporcionada en función del país en el que se aplique. Así, si a España se le aplicase la presión fiscal de Dinamarca (45,4%), el esfuerzo fiscal exigido a los españoles sería mucho más elevado, ya que los daneses tienen una renta per cápita de 51.600 euros anuales mientras que la renta per cápita española es menos de la mitad (24.000).
España se encuentra entre los cinco países que someten a sus ciudadanos a un mayor esfuerzo fiscal entre los economías mundiales desarrolladas, lo que contrasta con su decimoquinta posición en lo que se refiere presión fiscal. En concreto, nuestro país sería cuarto de la tabla en el índice de Frank (ver gráfico) -solo por detrás de Grecia, Portugal e Italia- y quinto del ranking en el índice de Bird -detrás de Grecia, Portugal, Italia y Francia-.
