El periódico online The Objective publica una exclusiva que en cualquier país serio haría tambalear al su gobierno. El ex-ministro de transportes Jose Luís Ábalos se daba a las fiestas nocturnas con mujeres en varios locales y pisos en pleno confinamiento.
Koldo García Izaguirre, su exresponsable de seguridad en el Ministerio y hombre de confianza de Ábalos, sigue siendo un misterio para el partido, donde aseguran que los rumores sobre la vida disoluta del ministro «venían desde siempre», pero su declive no llegó hasta la irrupción de este personaje, que ahondó en que «Jose perdiera el rumbo y orden de su vida».
Los primeros avisos en el seno del núcleo duro de Moncloa convertían el «ruido» en un hecho tangible para el presidente, documentos en los que se ponía negro sobre blanco el problema. Y, a partir de ahí, las informaciones que llegaban a Moncloa empezaron a multiplicarse: «Las enviaban por 20 vías distintas, pero siempre con el mismo contenido». El entorno del presidente admite que la «amenaza» se intensificó hace «unos meses». «Nos decían que había un vídeo que nadie ha visto y que no sabemos si existe. Un vídeo en el que salían Ábalos y Koldo con mujeres». Ninguna de las fuentes consultadas por este diario admite haber visto el documento audiovisual, pero describen el clima interno de Moncloa como de una «tensión extrema».
Lo más sorprendente de todo esto es que no sorprende a nadie…
Lo veía como el hombre que se sabe bajo sospecha y se protege con buenas dosis de agresividad disimulada con ironías y sarcasmos. Rostros como el suyo mueven automáticamente a la desconfianza pero no son los peores, sino el de aquellos que da igual en qué fregados se encuentren, siempre tienen cara de no haber roto nunca un planto. Es como si se tratara de dos personas diferentes que no se reconocen entre sí de manera que las perturbaciones de una de sus vidas quedan confinadas en ella y no se les nota prácticamente cuando actúan en la otra. Son los más peligrosos y dañinos porque tienen en su poder una gran capacidad para engañar a todos. Algunos estarán pensando en el clásico perfil del psicópata sin dase cuenta de que más que tratarse de una enfermedad -y por tanto alienante y hasta justificante- se trata de personas con un altísimo grado de autocontrol y esa capacidad implica una gran inteligencia y una enorme voluntad. Son los que sobreviven cuando parecía que su tiempo había acabado. Ese perfil es posiblemente el más valioso en términos de liderazgo. El problema no es si les cabe alguna mínima dosis de moralidad sino que consideren que cualquier ambición personal cubre con creces los precios que tenga que pagar para hacerlos efectivos.
