Cuando todavía estamos digiriendo cosas como la necesidad de disponer del pasaporte COVID para entrar en los restaurantes, en Italia parece que quieren ir más lejos e incluso quitar el derecho a voto a aquellos que no se hayan vacunado. Desde el punto de vista sanitario probablemente sea una solución acertada pero desde el punto de vista democrático es más que cuestionable que te quiten un derecho tan básico por la simple «objeción de conciencia» respecto a una vacuna. Los que no se vacunan no tienen porque se «antivacunas», muchos simplemente tienen miedo de un fármaco desarrollado en muy poco tiempo, un miedo que hay que respetar y no tratar a quienes lo tienen como apestados quitándoles sus derechos más básico.
Probablemente se trate de un globo sonda pero las medidas que vemos en todos los países llegan a un totalitarismo que hace sospechas a cualquiera.
