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| Güemes asegura que la única queja recibida en el Puerta de Hierro fue una televisión mal sintonizada El consejero vuelve a ser abucheado por una veintena de trabajadores en Valdebernardo El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, ha asegurado que la única protesta que recibió el lunes en el nuevo Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda fue la de un hombre que permanecía ingresado en el centro que no tenía "sintonizada correctamente la televisión de plasma" que había en su habitación. Güemes volvió a ser recibido este martes con pitidos de una veintena de trabajadores -convocados por UGT, CCOO y CSIT-UP- antes de su visita al centro de transfusiones de sangre de Valdebernardo. Los manifestantes, que llevaban pancartas con los lemas Por una Sanidad pública. No a la privatización y Privatización no, no llegaron a acercarse al consejero. La directora del centro, Luz Barbolla -que acompañó a Güemes durante su visita-, explicó que "aquí no se está externalizando nada" y "todo es absolutamente público". Desde el centro, afirmó, "se está dando la sangre a todos los hospitales públicos de Madrid". Durante la entrega de premios de la campaña de donación en Universidades, los manifestantes permanecieron fuera del salón de actos y, a la salida, volvieron a dirigir al consejero gritos de "fuera" y fuertes pitidos. El consejero abandonó el centro tras el acto sin incidentes. En la calle había varios furgones de policía. Veinticuatro horas antes habían sido los empleados del Puerta de Hierro los que, junto con algunos pacientes, se habían quejado a las puertas del centro de la política sanitaria de la Comunidad. Estos actos de protesta se suman a los que en las últimas semanas está presenciando Güemes; actos de los que la presidenta Aguirre culpa al PSOE, al asegurar que "lleva la oposición a la trifulca política" al "contratar" a los sindicatos para ejecutar sus protestas. "Poca cosa" El titular de Sanidad explicó -en declaraciones a la Cadena Cope recogidas por Europa Press- que en el Puerta de Hierro ocurrió "poca cosa" ya que solo había "media docena de liberados sindicales" protestando. Güemes afirmó que la única protesta que recibió fue la de la madre de un paciente "satisfecha porque tenía a su hijo ingresado en una de las habitaciones individuales con sofá cama para el acompañante", que sin embargo se quejaba "de que la televisión de plasma no estaba correctamente sintonizada". "Esto, por supuesto, lo arreglamos a lo largo de la mañana", añadió. "Tenemos uno de los mejores hospitales de Europa", que "no sólo mantendrá el nivel del anterior sino que se convertirá en una referencia sanitaria en toda Europa", dijo Güemes a preguntas de los periodistas. El consejero asegura que en la Sanidad pública "hay 1.000" liberados sindicales "que cobran pero que no están sujetos a ninguna jornada laboral" que "entienden que su misión es acudir a las puertas de los hospitales o de los colegios a proferir insultos" al gobierno regional. De ellos, según Güemes, "cabría esperar que se dedicasen a defender los derechos de los trabajadores, pero como señalaba ayer la presidenta regional da la impresión que CCOO y UGT han aceptado la subcontrata del trabajo político que no sabe o no quiere hacer la oposición".
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__________________ El Gobierno tiene dos opciones: reducir su abultado gasto o robar al ciudadano. Evidentemente, la segunda opción siempre es la preferida de cualquier Gobierno |
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| Vuelvo a reiterarme, quien te dice que no son médicos sindicalistas?? Acaso ser medico impide ser sindicalista?? O ser sindicalista con el ser médico?? Jose Maria Fidalgo, es traumatologo, con eso lo digo todo |
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| Juan José Güemes, la cara visible del desmantelamiento de la Sanidad Pública en Madrid El gran privatizador Antonio Salvador Es un perfecto e impecable padre de familia, pulcro licenciado en ciencias económicas y empresariales, máster en mercados financieros, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. A su vez, es la cara visible de la contrarreforma privatizadora, emprendida en el campo de la Sanidad Pública por el ejecutivo popular de Esperanza Aguirre. Juan José Güemes, de eterno traje de chaqueta, melena de león al viento seco de Castilla, de aspecto juvenil, rondando los cuarenta años de edad. Podría ser el protagonista de un culebrón sudamericano, sin necesidad de maquillaje ni de un nuevo fondo de armario. Sólo tendría que modular la voz, imitar el acento de la oligarquía criolla, empaparse del peculiar talante que caracteriza a las clases dominantes al sur del río Grande. Podría ser un galán de telenovela, pero es un político español, un conspicuo representante de los sectores más carcas del capitalismo nacional. La lideresa le eligió para continuar la magna obra de Manuel Lamela: la destrucción del sistema sanitario público madrileño. Ardua empresa para un implacable neocon. Allá por los sesenta, la izquierda se dejó el pelo largo. Los melenudos desembarcaron en el imaginario colectivo como inquietantes antisistema, enemigos tanto del imperialismo yanqui como del socialismo real. La rebeldía capilar fue otro más de los claroscuros de aquella década tumultuosa. Los revoltosos sesenteros acabaron ocupando el poder, en la socialdemocracia o en la derecha conservadora, despojándose de sus ideales de cambio, cortándose el pelo, afeitando o perfilando sus barbas marxistas. Cuando la izquierda española se hizo el harakiri y se disolvió, para sumarse al juancarlismo, los peluqueros hicieron horas extraordinarias, currando a destajo, acicalando a los aspirantes a próceres. Hete aquí, que la derecha tomó el relevo cabelludo en los últimos compases del siglo XX. El pijerío se dejó crecer el pelo, encargó menos de botes de gomina, se apuntó al rosa y al rojo granate, incluso se colgó el pañuelo palestino al cuelo, disfrazándolo con colorines inofensivos. Palestino marca Armani, complemento de moda en pijos y jipis de saldo. José María Aznar imitó a sus seguidores jóvenes al dejar la presidencia, luciendo una caballera desaforada, curtiéndose en el gimnasio, enseñando la tableta de chocolate en las playas de la jet set. Juan José Güemes, a falta de un bigote frondoso, escogió la suerte del felino en la sabana de la villa y corte. La ética puede concordar con la estética. En el caso de Güemes, los dos parámetros se hunden en la miseria. Quisiera esquilar al consejero autonómico, agarrar unas tijeras de podar y acabar con ese pelucón. Si al igual que Sansón, la fuerza de Güemes reside en la pelambrera, al realizar el acto litúrgico de cortarle el cabello, llevaría a cabo un servicio al hombre, que sólo sería recompensado con plazas y estatuas dedicadas a mi recuerdo. Reconozco que soy alopécico, que me quedan dos telediarios y medio para quedarme calvo, así que puede que la repugnancia que me provoca el exceso de pelo en la cabeza de tantos peperos, sea sólo fruto de la envidia. Soy un pobre mortal, fieles e infieles lectores. En ocasiones, me pongo violento con estos asuntos peliagudos. Los sindicatos están boicoteando las visitas protocolarias de don Juan José a los hospitales públicos de Madrid, reprochándole su afán privatizador, estropeando los titulares y los pies de foto del día después. El Gobierno madrileño, que acusa al PSOE y a IU de teledirigir las movilizaciones, ha reaccionado lanzando un vídeo en el que se identifica a cuatro sindicalistas participantes en las protestas, desvelando su categoría profesional y sus datos de afiliación. CGT, central anarcosindicalista a la que pertenecen varios de los 'señalados', ha declarado que interpondrá una querella contra la Comunidad de Madrid por vulneración de los derechos fundamentales de intimidad y de libertad sindical. El otro sindicato afectado, CCOO, también está estudiando la posibilidad de emprender acciones legales. Uno de los cuatro sindicalistas, Alfredo Díaz-Cardiel, secretario de organización del sindicato de sanidad de CGT, hijo del histórico dirigente comunista Víctor Díaz-Cardiel, ha declarado a los medios que la situación es 'una caza de brujas al estilo más rancio de la ultraderecha'. No anda desencaminado Díaz-Cardiel. El Gobierno de Aguirre no ha dudado en infringir las leyes para intentar minimizar la resistencia de los trabajadores del sector sanitario, se ha saltado a la torera el catálogo de derechos fundamentales consagrados en su reverenciada Constitución con una chulería pasmosa. La derecha montaraz atropella las libertades burguesas con la misma facilidad con la que acusa de terrorista a cualquier bicho viviente que no comulgue con sus ruedas de molino. Acusar a la CGT de actuar en connivencia con el PSOE es un despropósito. CGT es una central sindical independiente, alternativa y diferente, crítica del pactismo de CCOO y UGT, enfrentada al neoliberalismo que practican por igual PP y PSOE. Sólo un analfabeto político puede tragarse absurdidades de este calibre. La corte de los milagros de Esperanza no tolera la actitud radicalmente democrática de aquellos que se oponen a la privatización de la Sanidad. Son todavía pocos, un puñado de mujeres y hombres de la mejor casta del obrerismo español, ciudadanos correosos que defienden el sistema sanitario público como uno de los pilares del Estado del Bienestar. El social-liberalismo no levanta ni un dedo por la Sanidad de todos, es más, colabora activamente en su aniquilación. A Juan José Güemes no hay necesidad de mentarle al padre, como solemos hacer en estas tierras, basta con mentarle al suegro. Porque Güemes tiene un suegro que parece sacado del Chicago de los años 30, o de la prolífica imaginación de Mario Puzo: Carlos Fabra, presidente de la Diputación provincial de Castellón, cargo que ocuparon en el pasado numerosos miembros de su familia, imputado en varios procesos, refugiado a perpetuidad tras unas gafas de sol que contribuyen a acentuar su aspecto mafioso. Las comparaciones son odiosas, pero valen para medir la catadura moral de unos y de otros. Comparen ustedes las respectivas trayectorias de Víctor Díaz-Cardiel y de Carlos Fabra, padre y suegro de dos de los protagonistas de este comentario. Víctor pasó varios años en las prisiones franquistas, Fabra es hijo de un jerarca del régimen encarcelador. Sobran las palabras. Mientras existan tipos como Güemes (o como el padre de su señora esposa) en puestos de responsabilidad política, este país y este planeta seguirán abonados al desastre, a la corrupción y a la ignominia. Después de las barbaridades que hacen, les siguen votando. Vivan las caenas. Ellos privatizando, que es gerundio. Y nosotros, afilando las tijeras...
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| ¿Por qué será que los sindicalistas no nos componen una bonita tabla por CCAA detallando el porcentaje del gasto "social" que va a contratas privadas? ¿Será porque Cataluña y País Vasco en educación y Cataluña, C.Valenciana y Andalucía en sanidad se salen por arriba?
__________________ Those who would give up essential liberty to purchase a little temporary safety deserve neither liberty nor safety. L'État, c'est la grande fiction à travers laquelle tout le monde s'efforce de vivre aux dépens de tout le monde. |
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| Ese es el quid de la cuestión, todo este asunto es político de cabo a rabo, ni defensa de los trabajadores, ni defensa de la sanidad pública, ni leches. Lo único público que quieren los sindicatos es la financiación de sus arcas que tenemos que pagar todos los españolitos religiosamente todos los años. Sindicatos? No Gracias. |
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| Mucho rogelio "indisnado" por aquí, que en vez de preguntarse si la sanidad funciona mejor o es más barata para el contribuyente, lo único que se le ocurre en criticar que no sea pública. Un presidente de una comunidad lo que tiene que hacer es conseguir que funcione mejor y más barato con nuestros impuestos los servicios que pagamos. No tiene que asegurarse de tener una corte de funcionarios metidos a dedo para que le voten. Yo trabajo con funcionarios de la sanidad pública y estoy harto de ver como llegan tarde regularmente a su trabajo (algunos) o como médicos quitan horas de trabajo en el hospital para ir a atender a sus consultas privadas. Y los ciudadanos pagan por un mal servicio. De todas las maneras esto es político, los que protestan no son médicos, ni siquiera tienen relación con la sanidad en muchos casos, y como bien dice la gente en otras autonomías llevan haciendo esto más tiempo y no hay una sola protesta. Esto es solo mover el capote para que los cabestros entren al trapo sobre lo malo que es el PP...Ya sabes cuanto más odio menos usas la cabeza para votar. |
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