
18-nov-2011, 10:01
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Rajoy dimitirá en febrero - Levante-EMV
C. Senso - 18.11.11 El domingo votan los españoles para decidir quién será el nuevo morador de La Moncloa pero Elvira Fernández, la esposa de Mariano Rajoy, ya hace tiempo que ha comprado las cortinas de su nueva casa.
Es bien sabida la fecha de entrada pero, sin embargo, no la de salida. La llegada la deciden los ciudadanos con sus votos mientras la salida está sujeta al capricho de unos mercados que todos conocen pero nadie sabe quiénes son. A ciencia cierta, pocas personas en su sano juicio podrían afirmar que Mariano Rajoy dimitirá en febrero obligado por las presiones internacionales, pero el mercado es libre y la volatilidad es tal que todo está en el aire y depende de nimios antojos que ponen en la cuerda floja la soberanía nacional de los países.
La orquestada crisis económica ha hecho que los votos valgan más bien poco y la prima de riesgo decida mucho más que el resultado de las urnas. Los mandatarios dejaron de gobernar al servicio de los ciudadanos para plegarse al poder inapelable de los mercados. Y ni así.
Los mercados han decidido ya los cambios de gobiernos en Irlanda, Portugal, Grecia, Italia y, en breve, en España. Brian Cowen, José Sócrates, Yorgos Papandreu, Silvio Berlusconi, José Luis Rodríguez Zapatero… En ocasiones, los vecinos de los diferentes países votaron por el cambio pero siempre en elecciones anticipadas obligadas por la presión de los mercados. En otros casos, el cambio llegó de forma directa por una incertidumbre traducida en primas de riesgo en niveles históricos.
Los mercados (pondríamos nombres y apellidos si supiésemos a quién nos referimos) se han mostrado como entes (como los neutrinos, sin masa) insaciables. Obligaron a Berlusconi a dimitir durante el fin de semana y, contra pronóstico (o no tanto), el lunes la prima de riesgo italiana siguió al alza, arrastrando a la española a horizontes nunca frecuentados. Ningún país, ningún gobierno, ningún mandatario está a salvo de esas manos invisibles de especuladores de avaricia incontrolada.
Alessio Rastani, aquel agente bursátil que apareció en medio mundo jactándose de soñar cada noche con una nueva recesión para seguir llenándose los bolsillos, fue tachado de loco y borrado del mapa a una velocidad de vértigo. Simplemente fue sincero y evidenció que hay unos pocos que están ganando mucho (muchísimo, incuantificable) con las penurias de la mayoría.
A diferencia de éstos que sueñan, Rajoy no duerme pensando en que, quizá, en breve, deberá afrontar su segunda mudanza en pocos meses.
Los españoles (entendidos ahora solamente como clientes) y su democracia en almoneda no deciden quién ocupa La Moncloa. |