Una cita de Marx (El Capital): La depredación de los bienes de la Iglesia, la enajenación fraudulenta de las tierras del dominio público, el saqueo de los
terrenos comunales, la metamorfosis, llevada a cabo por la usurpación y el terrorismo más inhumanos, de la propiedad
feudal y del patrimonio del clan en la moderna propiedad privada: he ahí otros tantos métodos idílicos de la acumulación
originaria. Con estos métodos se abrió paso a la agricultura capitalista, se incorporó el capital a la tierra y se crearon los
contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida que necesitaba la industria de las ciudades.
Presentar al capitalismo como una especie de estado natural perturbado por la coacción del Estado y el socialismo (o socialismo infiltrado) es una falsedad, y más en un país como España donde hubo tres guerras (carlistas) directamente ligadas a este saqueo.
También de El capital: En los mismos comienzos de la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a arrebatar de nuevo a los
obreros el derecho de asociación que acababan de conquistar. Por decreto de 14 de junio de 1791, declaró todas las
coaliciones obreras como un "atentado contra la libertad y la Declaracián de los Derechos del Hombre", sancionable con
una multa de 500 libras y privación de la ciudadanía activa durante un año.43 Esta ley, que, poniendo a contribución el
poder policíaco del estado, procura encauzar dentro de los límites que al capital le plazcan la lucha de concurrencia
entablada entre el capital y el trabajo, sobrevivió a todas las revoluciones y cambios de dinastías. Ni el mismo régimen del
terror se atrevió a tocarla. No se la borró del Código penal hasta hace muy poco. Nada más elocuente que el pretexto que se
dio, al votar la ley, para justificar este golpe de estado. "Aunque es de desear –dice el ponente de la ley, Le Chapelier– que
los salarios se eleven por encima de su nivel actual, para que quienes los perciben puedan sustraerse a esa sumisión
absoluta que supone la carencia de los medios de vida más elementales, y que es casi la sumisión a la esclavitud", a los
obreros se les niega el derecho a ponerse de acuerdo sobre sus intereses, a actuar conjuntamente y, por tanto, a vencer esa
"sumisión absoluta, que es casi la esclavitud", porque con ello herirían "la libertad de sus ci–devant maîtres y actuales
patronos" (¡la libertad de mantener a los obreros en esclavitud!), y porque el coaligarse contra el despotismo de los
antiguos maestros de las corporacciones equivaldría –!adivínese¡–; a restaurar las corporaciones abolidas por la
Constitución francesa. Karl Polanyi trata esto de forma más desarrollada en La Gran Transición.
Sobre la encíclica que menciona el catedrático, este el texto literal: 42. Volviendo ahora a la pregunta inicial, ¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?
La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.
La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los países más avanzados; contra tales fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral. El fracaso del sistema comunista en tantos países elimina ciertamente un obstáculo a la hora de afrontar de manera adecuada y realista estos problemas; pero eso no basta para resolverlos. Es más, existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista, que rechaza incluso el tomarlos en consideración, porque a priori considera condenado al fracaso todo intento de afrontarlos y, de forma fideísta, CONFIA SU SOLUCIÓN AL LIBRE DESARROLLO DE LAS FUERZAS DE MERCADO. |