“Las subvenciones y en general las ayudas públicas distorsionan el mercado. Las ayudas del Estado tienen varios efectos negativos sobre la economía.
Primero.- Afectan a la redistribución, pues se redirigen recursos a unas actividades que no son demandadas por el mercado.
Segundo.- Se produce una progresiva adaptación de las empresas a los requisitos para obtener dichas subvenciones, abandonando el logro de conseguir un producto final aceptable y demandado por el público. Aparecen especialistas en realizar proyectos según los requerimientos públicos, o en preparar la documentación necesaria, o, por qué no, en proporcionar los contactos adecuados.
Pero aquí no para la cosa, porque los efectos pueden ser quizá aún más destructivos. Pueden provenir no solo de ayudas públicas, sino de la contratación pública en general. En presencia de ambas, aquellas empresas que no se adapten a los requerimientos de las administraciones, tenderán a disminuir su rentabilidad respecto a aquellas que sí lo hacen. Por un lado, porque no acceden a esas subvenciones o contratos. Y por otro porque, consecuentemente, no pueden competir con precios similares.
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