el Sr. Scire escribió: Dios no es una volición sino, en todo caso, una sublimación. Volición es creer en un Dios a mí gusto, que me va a dar la felicidad eterna porque sí, haga lo que haga. El Dios que trata la Iglesia no es así: tiene su lado vengativo y su lado amoroso. El ateísmo que representa esa pacarta no es así: prefiero no creer en Dios porque así me siento más libre. Bien, ya que estamos en plan transcendentales, un poco de cultura filosófica.
Antes nombré el ser. Para platón somos una idea, y para Schopenhauer vamos un poco más allá. Schopenhauer era un señor con inquietudes, y como tenía dinero y no tenía que fichar en el paro hizo obras como esta: El mundo como voluntad y representación, título original: Die Welt als Wille und Vorstellung
Que nos guste o no es una obra maestra de la filosofía.
Confieso que he leído no más de cien páginas de tres tomos majos, pero vale la pena.
copiado de la wyki: El mundo como voluntad y representación (Die Welt als Wille und Vorstellung, en el original alemán) es el título de la obra capital del filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Fue publicada por primera vez en 1819, por la editorial Brockhaus, de Leipzig. El libro es considerado la más elaborada manifestación del pesimismo filosófico y ha influido en multitud de pensadores y escritores, de la categoría de Freud, Nietzsche, Popper, Cioran y Borges, entre otros. Schopenhauer parte principalmente del idealismo de Kant, y de otros filósofos como Platón, Hume y Berkeley, pero también es tributario, en gran medida, de las filosofías hinduista (los Upanishads) y budista. Su propósito último es la explicación cabal del mundo en todos los aspectos y bajo todos los puntos de vista, tarea que el filósofo aborda a través de los conceptos de voluntad y representación. Todo su trabajo posterior no supondrá más que el desarrollo de las ideas fundamentales expuestas en esta obra.
La primera edición no se vendió, y el editor la remató como papel de deshecho. No fue hasta muchos años más tarde, tras la publicación de Parerga y paralipómena (1851), cuando la obra fue valorada en todo su mérito, lo que franqueó a su autor la entrada al panteón de los ilustres. El mundo como representación
“El mundo es mi representación” es la frase con la que se abre la obra. Schopenhauer parte de la premisa de la limitación del conocimiento humano, idea tradicional en filosofía: «Nadie puede salirse de sí mismo para identificarse directamente con las cosas distintas a él; todo aquello de que se tiene conocimiento cierto e inmediato se encuentra dentro de su conciencia.» Existe, por un lado, el sujeto de la representación (en alemán, Vorstellung), que es el que conoce; por otra, el objeto, lo que se conoce, condicionado o estructurado por las formas a priori kantianas del espacio, el tiempo y la causalidad. El objeto, los seres naturales, orgánicos e inorgánicos, sin embargo, y esto es lo importante, carecen de existencia real fuera de la representación; no tienen más valor que el sueño de Calderón de la Barca, o el velo de Maya de los hinduistas. Lo que posee existencia verdadera es la cosa en sí, que para Schopenhauer viene expresada en el término voluntad El mundo como voluntad La cosa en sí de Kant, la realidad última de las cosas, está representada para Schopenhauer por un principio metafísico general que gobierna el universo, una fuerza omnímoda que Schopenhauer denomina voluntad (Wille), o voluntad de vivir (aquí se inspirará Nietzsche para su "voluntad de poder"), y que no debe interpretarse en el sentido corriente del término, más que metafóricamente: nuestra voluntad, deseo o pulsión no es más que una proyección insignificante de esa Voluntad con mayúsculas, de la cual la representación es mero fenómeno o apariencia. La voluntad no se encuentra sujeta a las formas del fenómeno, es decir, a la causalidad, el espacio y el tiempo. Tampoco, por tanto, al principium individuationis, es decir, que no se objetiva en los seres individuales (en consecuencia, dichos individuos no tienen existencia real como tales), sino en la suma de los mismos: la voluntad integra toda la naturaleza y el universo con la totalidad de entidades y seres que contienen. La voluntad, así, es una fuerza que obra sin motivo, irracionalmente; es como el motor ciego de la historia. Todas las energías de la naturaleza son expresivas de la Voluntad, incluyendo lo mismo las fuerzas naturales de todo signo (luz, gravedad, magnetismo), como las motivaciones, los instintos y tendencias, tanto animales como humanos.
Sin la masa, no existe el tiempo, sin el tiempo no existe el espacio. ¿Cómo se formó esa pelota del tamaño de una naranja para que explotara y saliera toda la masa y energía del universo?. Siendo sinceros, no se necesita también una voluntad de creer que eso fue así hace 15.000 millones de años?. LA pregunta del millón, ¿cómo se formó la primera materia?., la pelota con una densidad tan grande que formara lo que ahora somos. Algunos científicos dicen que el universo se contrae en un gigantesco agujero negro con una densidad inimaginable y que vuelve a estallar de manera cíclica. Vale, pero entonces...volvemos a la primera pregunta: cómo se formó la primera materia?, la materia primigenia.
Los científicos sólo saben decirnos, con buen criterio que eso pertenece a la metafísica. Es imposible de resolver, como el número infinito. Lo podemos representar, pero es un número totalmente irracional.
Pasa lo mismo con Dios. La ciencia no tiene respuestas sobre él. Ni siquiera podemos estar seguros de que seamos reales. Existe una duda existencialista en todo, en el hombre, en el universo y en Dios. La vida es sueño como dijo Calderón de la Barca y como reflejaba la película mátrix. ¿Quién dice que al despertar del sueño no te encuentres sumido en otro?.
Así que acabando: sí, Dios es un acto volutivo por supuesto, pero como dice schopenhauer y después recoge Kant y demás filósofos, nosotros también lo somos.
Cogito ergo sum. Soy porque pienso, y como pienso tengo la voluntad de ser.
Saludos. |