Mi amigo Paco me presentó a Tomasín, quien me pidio amablemente que os diese algunas lecciones morales. Bien, esta es mi primera reflexión. Un saludo.
El hombre pertenece al mundo biológico animal. No está separado ni es distinto de éste. Cuando hablamos de "humani*dad", el mundo científico se refiere a las ESPECIES de primates conocidos como HOMO SAPIENS. Cuando comúnmente habla*mos, en terminología científica, de SUB ESPECIES. Cuando habla*mos de perros o gatos, de caballos o de vacas, nadie niega tampo*co las fundamentales diferencias entre subespecies de la misma especie. ¿Discutiría alguien que entre el caniche y el pastor alemán existen no sólo apariencias diferentes, sino también diferentes temperamentos y capacidades?. ¿Discutiría alguien las diferencias entre el caballo de pura sangre y el pony de Shetland, o entre un siamés de concurso y un gato callejero?. Ciertamente no. Y toda*vía esta observación, tan sensata y de sentido común, del orden natural no es admitida en ninguna parte cuando se discute el tema de la Raza.
En lugar de eso, la cuestión es deformada con absurdas ideas que pretenden oponer la influencia del ambiente a la de la herencia, ¡como si ambas fuesen mutuamente excluyentes!.
La impresión que uno tiene es que los creyentes en la igual*dad humana piensan que el Hombre NO es parte del mundo natu*ral, y que las leyes científicas de la Naturaleza simplemente no se le aplican. ¿Qué leyes gobiernan su existencia entonces?. Sólo las leyes que el Hombre ha establecido para él mismo: Mar*xismo, Cristianismo ,Democracia y demás?.
Como corolario necesario de este modo de pensar malintencio*nado y estúpido, el Viejo Orden ha decretado que la ciencia ra*cial (etnología) no es un campo legítimo para la investigación científica. ¡ Ay del raro etnólogo cuyo valor personal y honestidad intelectual le obliguen no sólo a explorar esta esfera prohibida del conocimiento, sino también le impulsen a desvelar sus descubrimientos al público!. Encontrará un torrente de odio, insul*tos e incomprensión deliberada desatados contra él, no sólo desde el sionismo organizado y las innumerables sectas marxistas, sino también desde las columnas editoriales de los más prestigio*sos periódicos, desde los púlpitos de las más respetadas iglesias y -la más enérgicas de todas- desde los más venerados salones de la academia.