
20-jul-2008, 21:11
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 | Grandísimo Gurú burbujista | | | |
Iniciado por Tico Imaginad que voy conduciendo en una calle desierta y el que va delante mio se mete una piña. Y que yo en vez de llamar a una ambulancia, lo que hago es bajar del coche para ponerme a observar con atención como se desangra mientras me súplica una y otra vez que le ayude. Hasta que finalmente muere desangrado.
¿Que pensariais de mi? Pues que soy un hijo de puta. Y los jueces podrían encarcelarme por cabrón.
¿Pero entonces por qué pensais que Dios es bueno y omnipotente? ¿Acaso no se límita a observar mientras la gente sufre y súplica? ¿Acaso no permite que ocurran toda clase de calamidades? ¿Acaso no permite que los hijos de los demonios hayan convertido este mundo en una pesadilla?
Si Dios fuese omnipotente entonces no podría ser bueno. Y si fuese bueno entonces no podría ser omnipotente. Si no hubieras sufrido como has sufrido, no tendrías profundidad como ser humano, ni humildad, ni compasión. El sufrimiento abre el caparazón del ego, pero llega un momento en que ya ha cumplido su propósito. El sufrimiento es necesario hasta que te das cuenta de que es innecesario. Las situaciones no te hacen infeliz. Pueden causarte dolor físico, pero no te hacen infeliz. Tus pensamientos te hacen infeliz. Tus interpretaciones, las historias que te cuentas, te hacen infeliz. En último término, la infelicidad no surge de las circunstancias de tu vida, sino del condicionamiento de tu mente.
Estas buscando donde hay luz, no donde esta la verdad, la religión cristianas es un derivado muy tosco de la tradición oriental, si quieres algo coherente y que resiste un mínimo análisis critico hay libros mucho mejores para leer que la biblia ...
En cualquier caso si sigues con el cristianismo recuerda que el propio Dios vino a la tierra y sufrió como uno más: La cruz es un instrumento de tortura. Representa el sufrimiento más extremo, la mayor limitación, la mayor impotencia con la que un ser humano puede toparse. Entonces, de repente, ese ser humano se rinde, sufre voluntariamente, conscientemente, y eso queda expresado en las palabras: «Hágase tu voluntad, y no la mía.» En ese momento, la cruz, el instrumento de tortura, muestra su cara oculta: también es un símbolo sagrado, un símbolo de lo divino. |