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| Reproduzco este inquietante artículo de Periodistadigital.com ¿Está Google estupidizándonos? La pregunta corresponde al arranque de un largo y estremecedor artículo de Nicholas Carr -editor del Harvard Business Review-, que reproduce La Ventana. La realidad es que nunca un sistema de comunicación ha ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos como hace hoy Internet. Pero a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. "Dave, para. Para, por favor. Para, Dave. ¿Vas a parar, Dave?" Así suplica la supercomputadora HAL al implacable astronauta Dave Bowman en una famosa y fantásticamente conmovedora escena casi al final de 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Bowman, tras haber sido enviado a la muerte en el espacio interplanetario por la máquina descompuesta, está tranquila y fríamente desconectando los circuitos de memoria que controlan su "cerebro" artificial. "Dave, estoy perdiendo la mente", dice HAL, con tristeza". Me estoy dando cuenta. Lo estoy sintiendo." Yo también me estoy dando cuenta, lo estoy sintiendo. En los últimos años he tenido la incómoda sensación de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neural, reprogramando la memoria. No es que esté perdiendo la mente —hasta donde puedo decir—, pero me está cambiando. No estoy pensando del modo que antes lo hacía. Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narración o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha. Creo que sé qué está pasando. Desde hace ya más de una década, he estado pasando mucho tiempo en línea, buscando y navegando y a veces añadiendo a la gran base de datos de Internet. La red ha sido una bendición para mí como escritor. Puedo hacer en minutos la investigación que en un tiempo requería días en salas de la biblioteca o de las publicaciones periódicas. Unas pocas búsquedas en Google, algunos "clics" rápidos en hiperenlaces y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que andaba buscando. Incluso sin estar trabajando, es muy probable que esté hurgando en la espesura de la información de la Red: leyendo y escribiendo correos, escaneando titulares y blogs, viendo videos y escuchando podcasts o sencillamente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas al pie, a las que muchas veces se asimilan, los hiperenlaces no sólo señalan obras que guardan relación con el tema, sino que lo lanzan a uno a ellas.) Para mí, como para otros, la Red se está convirtiendo en un medio universal, el conducto de casi toda la información que fluye a mis ojos y oídos y entra en mi mente. Las ventajas de tener acceso inmediato a un almacén tan increíblemente rico de información son muchas y éstas han sido ampliamente descritas y debidamente aplaudidas. Clive Thomson escribió en Wired: "La retentiva perfecta de la memoria de silicón puede ser una enorme ayuda al pensamiento.” Pero la ayuda tiene un precio. Como señaló el teórico de los medios de difusión Marshall McLuhan en los años sesenta, éstos no son sólo canales pasivos de información. Suministran la materia para el pensamiento, pero también conforman el proceso del pensamiento. Y lo que la Red parece estar haciendo es socavar mi capacidad de concentración y contemplación. Mi mente espera ahora captar la información del modo en que la Red la distribuye: en una corriente de partículas en rápido movimiento. En un tiempo fui un submarinista en el mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo en una moto acuática. No soy el único. Cuando les menciono mis problemas con la lectura a amigos y conocidos —la mayoría de ellos hombres de letras— muchos dicen estar experimentando algo similar. Mientras más usan la Red, más tienen que luchar para concentrarse en escritos largos. Algunos de los bloggers que sigo también han comenzado a mencionar el fenómeno. Scout Karp, quien escribe un blog sobre los medios de difusión en línea, confesó hace poco que ha dejado por completo de leer libros. "Hice el master en literatura en la universidad y era un voraz lector de libros -escribió-. ¿Qué ha pasado?” Y especula la respuesta: "¿Y si todo lo que leo es en la red, no se debe a que la forma en que leo haya cambiado, o sea, que esté sólo en busca de comodidad, sino porque mi forma de PENSAR ha cambiado?” Última edición por Sofacolchon; 12-jul-2008 a las 21:06 |
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| ¿que coño será una memoria de silicón? ¿un implante de tetas en el cerebro? |
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Reproduzco este inquietante artículo de Periodistadigital.com Joder, qué verdades más grandes.
__________________ D.E.P. |
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| Iba a subrayar casi lo mismo que Akita, yo he experimentado ese mismo proceso En cualquier caso, aunque acojone un poco, no tiene por qué ser un fenómeno negativo. -
__________________ ---------------- Huid, insensatos!! Última edición por burbrujo; 12-jul-2008 a las 21:20 |
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| Pues lo que acojona todavía más son sus posibles efectos en la memoria...
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No estoy pensando del modo que antes lo hacía. Ahora me cuesta ver de la tirada capítulos de series de 20-30 minutos (de las cuales les recomiendo El show de Larry David). ¡Yo, que aguanté "L'année dernière à Marienbad" como un campeón! Y en la versión larga de Lawrence de Arabia aproveché para ir al baño mientras rebobinaba la cinta antes de verla por segunda vez. Por más que ahora soy capaz de encontrar rápidamente las referencias a cosas que he visto (ej: España Vs Rusia. Minuto y resultado. ), de poco me sirve pues mi memoria "memorable" definitivamente ya no crece más: soy incapaz de concentrarme, y adquirir nuevos conocimientos a poco que sean densos.Bueno, al menos me dio para engullir bastante antes de los 90 (yo empecé dándole al lynx-gopher, luego a mosaic-altavista, y así hasta hoy ). |
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| Muy Interesante.... Me apunto a la lista de afectados cerebrales. Y a nivel particular, me he propuesto después de vacaciones, alejarme de la pantalla del PC, igual que en su día abandoné la TV.( pero sin dejarlo como con la tele, pero reducir su dosis en un 80 por ciento ). Necesito reencontrarmé fuera de aquí, ya os contaré si lo logró. Aunque es cierto que a ritmo de click, en la última década debo haber leído varias bibliotecas, y seguramente no es necesariamente malo. Pero como en todo en equilibrio debe ser mejor. Saludos |
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| La explicación es sencilla: a) Navegar conlleva muchos procesos de lectura cortos y breves. b) Leer un libro conlleva un proceso largo y concentrado. Si pasas mucho tiempo en a) pierdes entrenamiento para b). Y eso es todo. Lo que pasa es que navegar es cómodo, y tiende a ocupar el espacio dedicado a la lectura, etc. Pasa lo mismo si ves mucho la tele o andas saliendo mucho de bares y todo el día por ahí. La red no socava ningún proceso de nada. Sería algo así como poder navegar una biblioteca con la misma facilidad, y leer los títulos y breves resúmenes de los libros. La red no sustituye a los libros, sino que da pistas y ayuda a encontrar información relacionada con lo que buscamos, o a ampliar intereses. Por ejemplo: yo puedo buscar en internet información sobre la vida de un músico, y encontrar muchas cosas, pero, en general, serán pequeños textos. Eso no sustituye a comprar un libro gordo de un tipo (biógrafo) que haya dedicado años al músico y ponga todo junto. |
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| Qué buenos los tags "con franco no pasaba" y el memorable "leer es de viejos" (¿qué usuario fue quien lo dijo?)
__________________ ---------------- Huid, insensatos!! |
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| Aquí otro que ha llegado a la misma conclusión. El mundo está cambiando muy deprisa y debe ser normal que nos entre vértigo, pero la verdad es que esos efectos de internet no me están haciendo más perspicaz ni más ágil intelectualmente, por no hablar de mi capacidad retentiva. Al contrario, tengo la impresión de que casi siempre estoy recurriendo a mi formación previa a los últimos años en los que he pasado horas diarias delante del monitor. Antes sentía que no paraba de alimentarme intelectualmente, y ahora parece que esté viviendo de las rentas. Cuando pasas horas leyendo un buen libro o viendo una película que merece la pena, la sensación que queda es de plenitud. Con internet no he experimentado nada parecido después de pasar el tiempo equivalente frente al monitor, pero la red sí me deja con frecuencia esa sensación de colapso mental que me producían horas de zapping frente al televisor. Gracias, Sofacolchon, por postear ese artículo. Parece mentira que tenga que convencerme leyendo palabras ajenas de lo que en realidad ya sospechaba desde hace tiempo. ![]() Edito: Cuidadín también tiene razón, pero no he dejado de leer libros durante estos últimos años, lo cual hace que me acojone todavía más pensar en los daños que pueda causar en mi cerebro un uso continuado de internet. Última edición por Pazuzu; 13-jul-2008 a las 11:20 |
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