| La mujer española es, por lo general, lo más odioso que alguien se puede echar a la cara. Y voy a explicar por que.
En el mediterráneo ha imperado durante mucho tiempo un modelo social muy tradicional, frente al centro y norte de Europa. Esto tiene ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, toda la familia se mete por lo general en tu vida, pero a cambio sabes que podrás contar con tu familia para casi cualquier cosa. El tejido familiar ha evitado mucho hambre en el Mediterráneo, algo que en el resto de Europa no, allí prima el individualismo.
Como digo, cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Y en las relaciones hombre-mujer también son parte de estos dos modelos sociales. En el modelo tradicional, el hombre era más bien un proveedor de alimentos y a cambio la mujer desarrollaba su vida en el interior de casa, protegida del duro trabajo de campo y de guerras, y criaba a los hijos. Era, por lo tanto, un ser débil economica y socialmente que había que proteger, y esas protecciones le daban indudables ventajas, a cambio de tener un margen de maniobra social más limitado (que no falta de libertad, como se repite falazmente). En el modelo moderno centroeuropeo, las mujeres se han incorporado a la vida laboral y, por lo tanto, esa protección social y económica no es necesaria, por lo que son como el resto de los hombres. Han ganado autonomía social y económica a cambio de perder las ventajas de una sociedad excesivamente proteccionista.
Ahora bien, ¿dónde están las mujeres españolas entonces? Pues estan EN LOS DOS LADOS. Por un lado han desarrollado una autonomía total y absoluta como las de sus compañeras centroeuropeas, pero por otro lado no están dispuestas a rechazar las extremas protecciones sociales y económicas de las que gozaban antes del siglo XX. Es decir, gozan de las ventajas de un modelo del siglo XIX (proteccionismo brutal a toda costa como si fueran niñas) pero no de sus inconvenientes (limitación de la autonomía social y económica), y gozan también de las ventajas de un modelo del siglo XX (autonomía total y absoluta, competencia por los mismos espacios laborales y sociales que el hombre) pero no de sus inconvenientes (el tener que sacarse las castañas del fuego ellas mismas).
Así tenemos casos absolutamente ridículos, como que exista una mujer adulta de clase alta ejecutiva agresiva con un sueldazo de 6.000 euros al mes y que se beneficia, asimismo, de una medida completamente discriminatoria y proteccionista que obliga a las empresas a contratarla porque hay una ley que obliga a que el 40% de los directivos de esa empresa sean mujeres.
Como veis, por un lado esa ejecutiva se beneficia de que se le permita la entrada en un entorno brutal de salvaje competencia por un premio increiblemente jugoso, pero por otro se mantienen las protecciones del siglo XIX para que ese entorno salvaje y competitivo no le suponga el tener que competir en igualda de condiciones que sus compañeros masculinos. Lo que ha conseguido el feminismo durante el siglo XX es como pedir a gritos que te dejen participar en el partido final del Mundial de Fútbol cuyo premio son un millon de euros, y cuando estas a punto de empezar a jugar exiges que a tí te dejen ir en moto y que a todos los demás jugadores les pongan plomo en las zapatillas.
Y esto que digo es extensible a todos los aspectos de la vida social, laboral y económica de una mujer. Quieren gozar del ego de que van de independientes, pero después te exigen que te hipoteques o te dejan, como me pasó a mi. Se quejan de que hay pocas mujeres directivas y las feministas exigen que el 40% de las directivas sean mujeres, pero no dicen ni una palabra de que el 100% de las muertes laborales sean de hombres, ni piden que el 40% de los mineros sean mujeres, ni tampoco dicen ni mu en empleos que están completamente copados por las mujeres, como la educación infantil, la enfermería o la farmacia.
No puedo imaginar algo más injusto que la situación de la mujer española. |