Lo que se oculta detrás de un inocente cuento. (La preparación para el hincamiento)
Cita:
"Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades"
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Durante siglos, este cuento ha sido relatado en todos los países europeos. El título suele ser Blancanieves, aunque hay versiones, en países donde no abunda la nieve, en que se sustituye el nombre de la protagonista por el de “la muchacha de leche y sangre” (versión italiana).
Hoy en día, la versión popular hace hincapié en los enanitos (“Blancanieves y los Siete Enanitos”), modificación que, por desgracia, da el mismo protagonismo a estos hombres que no han conseguido desarrollarse y permanecen fijados en una etapa preedípica, y que sólo sirven para que veamos las evoluciones que se dan en Blancanieves. (No pondré yo el grito en el cielo porque se presente a los hombres como “subdesarrollados”, como harían algunos si fueran enanitas, en lugar de enanitos).
Algunas versiones de Blancanieves empiezan de este modo: “Un conde y una condesa pasaron por delante de tres montículos cubiertos de nieve, que hicieron exclamar al conde: “Desearía tener una niña tan blanca como esta nieve”. Al poco rato, llegaron a un lugar donde había tres pozos llenos de sangre roja, entonces el conde exclamó de nuevo: “Querría tener una niña con las mejillas tan rojas como esta sangre”. Finalmente, tres cuervos negros pasaron volando sobre sus cabezas, y, en aquel instante, volvió a desear “una niña con el cabello tan negro como estos cuervos”. Al reemprender la marcha, se encontraron con una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y con los cabellos tan negros como un cuervo: era Blancanieves. El conde la hizo subir inmediatamente a la carroza y le tomó cariño, cosa que no gustó en absoluto a la condesa, de modo que se puso a pensar en la manera de deshacerse de ella. Al fin, tiró uno de sus guantes y ordenó a Blancanieves que fuera a buscarlo; cuando ésta hubo descendido del carruaje, el cochero arrancó a toda velocidad.”
En otras versiones, Blancanieves lo que tiene que recoger es un ramo de rosas. En todas estas versiones, podemos ver que, tanto el conde como la condesa, son los padres. Sin embargo, en las versiones actuales, el conflicto edípico sólo se nos presenta si nos paramos a pensar en qué hay detrás de la envidia y los celos de la reina.
Transcribiré ahora el comienzo de la historia según la versión de los Hermanos Grimm: “Había una vez, en pleno invierno, cuando los copos de nieve caían sin cesar del cielo, una reina que estaba sentada junto a un ventanal cuyo marco era de ébano negro. Mientras cosía, miraba la nieve a través de la ventana, pero, de pronto, se pinchó un dedo y tres gotas de sangre cayeron sobre la nieve. Aquel color rojo era tan bonito sobre la nieve blanca, que la reina pensó para sí: “Me gustaría tener una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y con el cabello tan negro como la madera de esta ventana”. Poco tiempo después, tuvo una niña blanca como la nieve, roja como la sangre y con el pelo negro como el ébano; y por esta razón la llamó Blancanieves. Al poco tiempo de nacer la niña, la reina murió y, al cabo de un año, el rey volvió a casarse...”Como vemos, el cuento comienza con un alumbramiento que origina una muerte (lo viejo desaparece con la llegada de lo nuevo).
Por otra parte, tenemos los colores que nos indican de qué tratará la historia: por una parte el blanco, símbolo de pureza, y por otra parte el rojo, símbolo de pasión y deseo sexual. Recordemos que la manzana que comparten la reina y Blancanieves, tiene estos mismos colores.
El número tres, de las gotas de sangre que caen, no está escogido al azar. El tres es el número que, simbólicamente y a nivel inconsciente, está más ligado al sexo en nuestra cultura, al igual que recuerda muchas creencias religiosas; creencias, por otra parte, que estaban basadas en la adoración de la fertilidad. Por otra parte, no puede haber nacimiento sin sangre, al igual que la sangre está relacionada a la virginidad y a los ritos de iniciación femeninos, que casi siempre suelen hacer mención a la menstruación.
Tenemos pues, el tema central del cuento: La llegada de la madurez representada por la primera menstruación o la primera unión sexual.
Aunque el cuento nos diga que la madre muere a causa de su nacimiento, nada en el cuento se nos dice de los primeros años que Blancanieves vivió con la madrastra. Nada nos hace suponer que su convivencia fuera mala, sino que parece ser que las cosas comienzan a ir mal cuando Blancanieves alcanza la edad de los siete años y comienza a hacerse mayor.
La reina entonces se ve amenazada y se muestra celosa. Aunque es cierto que hay numerosos rasgos de conflicto edípico entre Blancanieves y el padre, no voy a profundizar en él, quedándome tan sólo con otro de los por qués a la envidia de la reina. La reina no envidia la belleza de Blancanieves, sí es cierto que pueda temer que su padre llegue a prestarle más atención que a ella pero, el miedo radical, no se basa en su belleza, sino en que esa belleza simboliza el tiempo que va pasando. Es el mismo miedo que siente el Capitán Garfio cuando oye el tic-tac del cocodrilo. La belleza, en este cuento, no es sino un constante bucle, de generación a generación y, la reina, al ver que la belleza de Blancanieves crece, sabe interiormente que la suya está menguando; su reinado se acaba.
Vemos pues, que el cuento, como ya se decía al comienzo de este trabajo, enfrenta al niño con uno de los mayores miedos del hombre: la muerte. Por otra parte, el narcisismo de la reina es equiparable al narcisismo del niño. Por lo que este cuento también le advierte de las posibles consecuencias.
De hecho, el espejo mágico parece hablar por boca de un niño. “Ella es mil veces más hermosa”, dice el espejo a la reina. En esa frase, podemos comprobar la hipérbole, tan usada en el lenguaje de los niños y, por otra parte, podemos ver claramente reflejado el pensamiento de lo que el niño quisiera creer. Todos los niños crecen creyendo que su madre es la más hermosa, pero llegada la pubertad, sienten una rivalidad y, en sus fantasías, se autoconvencen de que son mucho más hermosas que sus madres. El espejo, por lo tanto, no es sino la materialización del deseo que todos los niños llevan dentro en esa etapa de su vida.
Como ya hemos dicho, en Blancanieves, al igual que en Caperucita, aparece la figura del cazador, que podría ser representada como el padre. La asociación es clara: cazador-protector. Al padre, en los cuentos, le está designado un papel sublime, mientras que las madres se ocupan del cuidado de los hijos y de la casa. Sin embargo, en numerosas ocasiones se nos muestran caracteres de padres ineptos e inútiles. Esto consigue reforzar la socialización respecto al estatus, advirtiendo sobre las nefastas consecuencias que tiene el hecho de que un hombre no sepa defender a su familia, así como que la mujer desatienda sus obligaciones.
El cazador, como el espejo, actúa de acuerdo a los deseos que el niño manifiesta; es decir, al hijo le gustaría que, si el padre pudiera elegir, se pusiera de parte de él, antes que de su madre, que es precisamente lo que el cazador hace, contraviniendo las órdenes de la reina.
Sin embargo, su debilidad queda patente cuando abandona a la muchacha en el bosque, donde los animales terminarán el trabajo. Por lo que, ni cumple los deseos de la reina (a la que lleva las vísceras de un jabalí, en lugar de las de Blancanieves), ni protege a su hija de los peligros que corre. Las vísceras que la reina quiere comer, simbolizan el deseo de ésta por apropiarse de la belleza de Blancanieves (de todos es conocida algunas costumbres tribales en las que se comen los corazones de las presas para conseguir su vigor).
Por otra parte, la existencia de Blancanieves fuera del hogar, no es especialmente agradable. Los enanos obligan a Blancanieves a “cuidar la casa, cocinar, hacer las camas, lavar y remendar la ropa, y mantenerlo todo ordenado y limpio”. Punto este donde se ven los valores sociales que se querían inculcar en las mujeres para que llegasen a ser unas buenas esposas. De todas formas, contrariamente a las versiones actuales, en esta versión, al menos, se deja bien patente que es un trabajo poco agradable.
Algunas personas argumentan que es también sexista el hecho de que los enanos prohíben a Blancanieves que salga de casa bajo la orden de: “no dejes entrar a nadie”. Ciertamente, en numerosos cuentos aparece esta prohibición, sin embargo, y como contrapartida, habría que ver que la reina, personaje igualmente femenino, es libre de andar por todo su reino e incluso amenaza la estabilidad del hogar de su hija, al ir a visitarla y ejercer su poder allí donde reside. Por lo tanto, no se nos muestra aquí a una Blancanieves sumisa a los enanitos y anclada en el hogar, sino supeditada aún, por su falto desarrollo, a los deseos de su madrastra.
Es en el desarrollo, como hemos visto antes, donde se encierra el sexismo, esto es: debe cuidar la casa, barrer y fregar para llegar, durante el tiempo que pasa en la cabaña, a desarrollarse plenamente como persona (esto es, como mujer).
Blancanieves debe trabajar, pues los enanitos simbolizan los siete días de la semana, días de duro trabajo representado por las minas. Por lo que vemos que, precisamente este cuento, está diciéndonos la extrema dureza que tienen las tareas domésticas.
Por otra parte, Blancanieves se nos muestra comedida: a pesar de estar hambrienta al llegar a la cabaña, sólo coge un pedacito de cada plato: Sin embargo, se nos muestra muy fácil de tentar. Esta facilidad para caer en la tentación de las artimañas que prepara la reina, no nos indican sino lo cercanos que están sus deseos a lo que le propone la madrastra.
La primera vez que la madrastra va a visitarla, se presenta como una vendedora de cintas de corsé. La madrastra aprieta tan fuerte el lazo que Blancanieves “cae como muerta”. En otras versiones, es un corpiño lo que vende la reina, y lo aprieta tan fuerte que Blancanieves deja de respirar y cae desmayada. En ambos casos vemos el deseo de la reina por frenar el incipiente desarrollo de Blancanieves (simbolizado, en el caso del corpiño por oprimir sus pechos, como si deseara que no siguieran creciendo).
En la segunda ocasión, Blancanieves, vuelve a hacer caso omiso a los enanitos, cuando la reina se presenta con unos peines y se ofrece a peinarla para que esté más guapa. En occidente, el peine ha perdido buena parte de su simbolismo sexual, sin embargo podemos encontrar este significado en numerosas historias de la mitología oriental. (Baste de ejemplo la historia de Susano y el dragón de siete cabezas)
En esta ocasión, el deseo sexual se vuelve “venenoso” (las púas del peine estaban untadas con veneno), y Blancanieves vuelve a caer como muerta.
Por último, la reina se presenta con una manzana y Blancanieves vuelve a caer en la tentación, pero esta vez sí que cae muerta (en las versiones modernas no muere, sino que queda “suspendida en vida”); sin embargo ahora los enanitos no pueden ayudarla, porque la regresión a la etapa de latencia ha dejado de ser una solución válida. (B. Bettelheim) En la iconografía religiosa, la manzana simboliza (nuevamente) el pecho materno.
Además de esto, el comer de la parte roja de la manzana, puede simbolizar tanto el probar el deseo sexual, como la llegada de la primera menstruación. Sea como fuere, en ambos casos significa el fin de la “inocencia”.
Cuando muere, tres pájaros van a visitarla: primero una lechuza, ave de Atenea y representación de la sabiduría, después un cuervo, pájaro de Odín (dios teutónico Woden), que representa la conciencia madura; y por último la paloma, pájaro de Afrodita que encarna, tradicionalmente, la inocencia y el amor.
En ese momento, aparece el príncipe que “se la lleva” (se nos presenta al hombre activo frente a la mujer pasiva) y un tropezón hace que la manzana salga de la garganta de Blancanieves, con lo que vuelve a la vida.
El largo tiempo que esta Blancanieves en inactividad, nos recuerda, a nivel preconsciente, que la madurez sexual necesita un tiempo de concentración y sosiego en ambos sexos.
Por último, el cuento también nos dice que, aquellos que sean como los enanos y queden fijados en el nivel preedípico de desarrollo, jamás conocerán el amor y la dicha del matrimonio (vemos que se valoran y potencian valores sociales como el matrimonio y el vínculo familiar) y que, aquellos que pongan de manifiesto sus celos edípicos (sobre todo por parte de los padres) llegarán a destruirse a sí mismos, como le sucede a la reina, condenada a bailar con unas zapatillas incandescentes hasta que muere.
El jamón es de las pocas cosas por las que merece la pena vivir. (Giligran)
"Porque yo amo el jamón, y el pan untadico con tomate. Yooo amo el jamón, es la hostia y el copón." (Los Berzas)
Última edición por Fibergran; 12-feb-2008 a las 17:04
Pues mira la película y llora. Esos putos enanos se follan hasta la extenuación a esa jamona.
Vaya asco de vida. Ya no respetan ni a los recuerdos de nuestra infancia.
¿Por cierto, alguien sabe si la última Blancanieves que aparece en la foto ha protagonizado alguna película similar? Necesitaría el enlace al p2p. Gracias.
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