
07-may-2012, 09:43
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 | Excelentísimo, ilustrísimo y grandísimo miembro de élite de los gurús burbujistas | | | |
5- Jiang Qing
Jiang Qing fue la esposa de Mao Tse-tung, el dictador comunista de China. A través de maniobras inteligentes, se las arregló para llegar a la posición más alta de poder dentro del partido comunista (lejos de ser presidente). Se cree que ella era la principal fuerza impulsora detrás de la Revolución Cultural china (de la que fue director adjunto). Durante la Revolución Cultural, la actividad económica tanto se detuvo, y un sinnúmero de edificios antiguos, artefactos, antigüedades, libros y cuadros fueron destruidos por los Guardias Rojos. Los 10 años de la Revolución Cultural, también trajo el sistema educativo a una virtual paralización, y muchos intelectuales fueron enviados a campos de prisioneros. Millones de personas en China, según los informes, había anulado sus derechos humanos durante la Revolución Cultural. Millones de personas más también fueron desplazadas a la fuerza. Las estimaciones de la cifra de muertos - civiles y guardias rojos - de varias fuentes occidentales y orientales son alrededor de 500.000 en el año real de caos de 1966-1969, pero algunas estimaciones son tan altas como 3 millones de muertes, con 36 millones de perseguidos. Vamos a ver, si Jiang Quing era un cero a la izquierda. Quería tener influencia sobre su marido peor en realidad no mandaba nada, y mucho menos de lo que pone el texto. Siempre tenía dolores de cabeza y un humor terrible. Su marido se acostaba con las lugareñas y ella era un florero que se juntaba con unos y con otros para tener influencia, pero todos los que se acercaban acababan mal.
Cuando murió Mao conspiró para coger el poder en el llamado "banda de los 4" pero acabaron en la cárcel. Me acuerdo de una anécdota. Estaba en prisión montando muñecas de plástico y en algunas ella ponía su firma: "Esta muñeca la ha hecho Jiang Quing. La pillaron y le echaron la bronca. Ahora, una de esas muñecas valdría millones.
En África se hicieron muchas masacres que quedaron más o menos tapadas.
Una de ellas fue perpretada por la persona que a título personal ha tenido el territorio más grande del mundo. Luego lo cedió a la corona, pero en principio era su finca particular. Me refiero a Leopoldo II de Bélgica. Las incalculables riquezas que alberga el territorio congolés han sido objeto permanentemente de la codicia de reyes, imperios coloniales, multinacionales, políticos y aventureros de las más diversas categorías, siempre dispuestos a privar a los pueblos de sus recursos naturales. En el siglo XIX, durante el reparto europeo de África, el Congo fue entregado al rey Leopoldo II de Bélgica (1835-1909), quien lo gobernó durante décadas, como si se tratara de su hacienda privada.
Eufemísticamente se le denominó Estado Libre del Congo. El dominio belga fue sanguinario, incluso para los brutales estándares del colonialismo europeo en África. En la búsqueda de caucho y marfil, los belgas asesinaron a más de 15 millones de congoleses en los primeros 30 años de su dominio.
La historia de la explotación de los recursos económicos del Congo mientras fue propiedad de Leopoldo II, es una de las historias más sangrientas de la historia contemporánea. Mientras en Europa se dedicaba a rodear su obra de un aureola de altruismo, en defensa del libre comercio y lucha contra el comercio de esclavos, iba dictando normas por las que expropiaba a los pueblos congoleños de todas sus tierras y recursos e incitaba a su ejército privado, la Fuerza Pública, a servirse de todo tipo de torturas, secuestros y asesinatos para someter a la población a los trabajos forzados que, en un brevísimo periodo de tiempo, le convertiría en uno de los hombres más ricos del mundo.
Para financiar tan colosal negocio se sirvió de todo tipo de engaños sobre su obra civilizadora, consiguiendo aportaciones y préstamos que nunca devolvería, de todo tipo de empresas, instituciones y el propio estado belga, en 1889 y 1895. Además de crear su propia empresa para la extracción del caucho y marfil, concedía tierras a empresas privadas a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Es el caso la Compañía de Katanga o la Unión Minera del Alto Katanga que a partir de 1905 comenzaron a extraer mineral de cobre con la contrapartida del pago de un porcentaje al estado, que no era otro que el propio Leopoldo.
Pero aunque ya en 1890, el misionero americano G.W. Willians hizo la primera denuncia sobre las monstrusidades de las que fue testigo, aún tardarían 10 años en estallar el escándalo en Europa. La publicación en la prensa de los relatos y datos recogidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad, misionesros como Willians Sephard, diplomáticos como el británico Casement, y sobre todo los trabajos de Edmund Dene Morel consigueron finalmente, que los gobiernos europeos y EEUU comenzaran a investigar y oponerse al exterminio que se estaba llevando a cabo en el Congo. El parlamento belga, haciéndose eco de este rechazo internacional , en 1908 obligó al rey Leopoldo a ceder sus dominios del Estado Libre del Congo, quedando todo el territorio bajo la autoridad del gobierno, pasado a llamarse Congo Belga.
Leopolo II Masacres en el Congo Belga Explotacion Inhumana
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