El superdotado en el sistema educativo.
El principal problema con el que se enfrenta el genio superdotado en España es la altísima tasa de imbéciles que hay impartiendo clases. Me baso para esta tremenda afirmación en mi experiencia personal como alumno en mi ya lejana infancia y juventud; y también en mi trato personal con profesores de ahora, algunos más jóvenes que yo, pero todos, o casi todos, más tontos que un cerrojo.
Ante todo, dejemos una cosa clara: a los profesores no les gusta en absoluto enfrentarse a un niño o un joven que sea más listo que él. Ser más listo que un profesor en España es bastante fácil, dado el bajísimo nivel de nuestras universidades, supuestos templos del saber donde se prepara a quienes han de impartir clase, pero una fábrica de memos integrales en la práctica; memos integrales que habrán de enseñar a otros memos más jóvenes a ser tan memos como ellos, los profesores.
Y qué pasa. Pues lo que tiene que pasar. En cuanto un niño o un joven superdotado llega a clase, lo primero que encuentra es a un cretino impartiendo lecciones sobre temas en los que la mayor parte de las veces muestra una absoluta falta de conocimiento. La mezcla es explosiva: por un lado, tenemos a un profesor que será un incompetente nueve de cada diez veces; por otro, un niño con ansia de saber que verá cómo el profesor le coge tirria por ponerlo en evidencia. Recuerdo a una subnormal que me daba clases de inglés en el instituto, cuando yo tenía diecisiete años. Un día estaba tratando de explicar la diferencia entre las expresiones “stop talking” y “stop to talk”; como la muy majadera no acertaba a hacerse entender por el resto de la clase (que tampoco es que fueran muy listos, todo hay que decirlo), yo me levanté y expliqué el busilis de la cuestión, el quid, el intríngulis; o sea, que yo, que no recibía sueldo alguno por aquello, hice el trabajo de aquella imbécil.
Desde ese día, la profesora de inglés me cogió una tirria de la hostia, y me apliqué el cuento que me había aplicado con el resto de los profesores: esto es, no acudía a sus clases, nunca, nada más que para los exámenes.
La existencia de gente así en la enseñanza es algo que produce ganas de vomitar, pero qué le vamos a hacer. El mundo es de los imbéciles, pongan una emisora de música comercial si lo dudan, o atiendan al televisor en la media hora de eso que llaman “deportes”. Para mear y no echar gota.
Entonces, ante la perspectiva de enfrentarse a medianías como esa profesora, que son mayoría en el sistema educativo español, ¿qué le queda por hacer al superdotado si es que quiere salir con vida de toda esta picadora de carne que es la enseñanza española?
Respuesta: pasar inadvertido.
La esencia del asunto es que el profesor (el ******* vamos) no se percate NUNCA de que el genio es un genio. Debe pensar que tiene ante sí a un imbécil más con el que puede hacer lo que quiere, o sea, dar sus clases sin que quede patente que no tiene ni zorra idea de lo que enseña. Algunos consejos son los siguientes: no preguntar nunca ninguna duda, hacer los exámenes más despacio de lo normal, de lo normal para nosotros los superdotados, o sea, a la velocidad de los más torpes, fallar a propósito en algunas preguntas, cometer faltas de ortografía, que están muy bien vistas en el sistema educativo actual, ningún universitario que se precie puede escribir sin ellas, no hablar jamás de nada relacionado con la cultura, no sacar ningún tema en clase delante del profesor que no tenga que ver con la clase, e incluso, cuando se haga, que sea porque nos han preguntado a nosotros, repito: no levantar nunca la mano para preguntar nada, se dice a todo que sí y punto. En el tiempo libre entre clase y clase, juntarse con los más tontos, decirles también a todo que sí, aprobar con cincos raspados, ya nos subirán luego la nota los profesores cuando se convenzan de que tienen ante ellos a un congénere, esto es, a un idiota. Adular al profesor puede ser también muy útil, pero esto resulta difícil para algunos superdotados, cuando no imposible.
Sigan estos mis consejos y aprobarán una carrera como Medicina, Filosofía y Letras o Derecho con una nota altísima y un buen currículo que les abrirá las puertas a un futuro esplendoroso con mujeres, amantes, chalet adosado, hipoteca, cuatro por cuatro para los domingos, televisor de plasma, piscina, sobrinos, suegra, perro, cena los sábados con los amigos, comida los domingos con los suegros y los padres de uno, vacaciones en Punta Cana, cocaína de calidad de cuando en cuando, whisky de importación, cenas en restaurantes de moda, fines de semana esquiando, suscripción de por vida al club de tenis, o sea dinero a espuertas, reconocimiento social y esa frase que tanto gusta oír a los tontos repetida una y otra vez: “Hay que ver qué listo es este hombre, tiene tres carreras”.
Memorias de un superdotado, una cara desconocida de la marginación: Manual de supervivencia para el superdotado