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| JMHelsinki baneado esta, caxis la mar, es que no existe justicia o algo en este mundo y tal?.
__________________ La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te quedas sin aliento. 133 veces a los pieses de su señora. |
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| Sip, existe, y en este caso el rayo de Zeus ha dado en toda la cocorota a quien bien se lo merecía.
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| Tocho-post-relato para que por lo menos el hilo entretenga un rato (dedicado a quien se tenga que dedicar, pero no lo pongo en el de Helsinki porque me parece aquel un mierda de hilo, sinceramente, que no se merece ni los bits que ocupa): EL ESPEJO. Me gusta callejear por el casco viejo de las ciudades. Cuando estoy fuera de casa, de viaje sea el motivo que sea, suelo pillarme una mañana libre y allá que voy, a la busca de casa antiguas y de tiendas extrañas. Me gusta sobre todo el trabajo de los artesanos, el modo en que en algunos lugares aún se ponen a las puertas de sus negocios y trabajan a la vista de todos, el mejor reclamo para su venta. Me gustan los objetos extraños y con historia, me gustan las antigüedades. Me gusta aquello que trae la novedad de lo vivido a mi vida. La semana pasada estaba en ello, en un país que no es el mío, en una ciudad que ansiaba por ver y que me estaba trayendo satisfacciones inesperadas. En un rincón de la parte más antigua, justo donde los artesanos hacen y deshacen mil cosas fantásticas, lo vi, colocado en una esquina, casi fuera de la vista, apoyado en la pared de espaldas a la puerta prácticamente oculto y sólo me dí cuenta de que estaba allí porque se me cayó el pañuelo a su lado ¿casualidad o puede que inconscientemente me llamara? El caso es que lo cogí del suelo y lo miré, primero extrañada y luego francamente admirada. Era un espejo, de dos palmos de alto, con un marco muy trabajado y recargado, una obra de artesanía propia del país. Pero lo que resultaba extraño, lo que me fascinó es que más allá de mi reflejo, el espejo parecía mostrar también una ventana traslúcida, tras la que se adivinaba una figura pequeña y angustiada, un hombre diminuto que parecía encerrado allí dentro, que gritaba y daba puñetazos POR DENTRO del cristal, impotente. Fruncí el ceño y di la vuelta para descubrir el ingenio que lo producía… nada: la trasera era común y corriente, sin doble fondo. Volví a darle la vuelta y pasé la mano por el cristal… liso y frío, como todos los espejos… Pensé que como objeto extraño, éste se llevaba la palma de todos los que había conseguido en otros viajes y que sería algo diferente que llevar a casa y enseñar a las visitas. Me acerqué al artesano que estaba repujando en la puerta y me sorprendí mucho más al ver su cara de horror al ver lo que yo había cogido. Empezó a mover la cabeza: - No… noo… no for sale, no venta, no…. - y me señalaba un papel que evidentemente se había caído del espejo y que desde el suelo explicaba en varios idiomas que ese era un objeto decorativo y que no estaba en venta. Pero nadie puede hacerme cambiar de idea cuando decido algo… y ahora era casi cuestión de principios el llevarme aquel juguete. Le ofrecí una cantidad de dinero indecente pero él seguía negando. Ante mi insistencia, al final, decidió contarme la historia de aquel objeto en una mezcla de idiomas distintos y chapurreados buenamente… y como me la contó, voy a contarla… Hace bastante tiempo, no sé si años, lustros o décadas, el espejo llegó a la tienda, rodeado de un aura de objeto maldito y con poderes extraños. El porqué llegó allí y porqué ese artesano -uno distinto al que hablaba conmigo- fué el encargado de custodiarlo es algo que se me escapa. Karma tal vez, o vocación de servicio. Sólo sé que parte de esa labor era mirar cada día dentro del espejo… y reflexionar. Entonces, había otra figura dentro, alguien que el artesano no me quiso decir quién era, alguien que “conoció” me dijo, y que estaba allí por sus pecados. El caso es que un día, como yo había hecho, un hombre se acercó al espejo y lo vió. Como yo, también, lo recogió y lo valoró atentamente. Como yo, se acercó al artesano y le ofreció una cantidad de dinero por el objeto que no estaba en venta. Y aquel artesano, como conmigo también, se negó a venderlo. Pero el hombre insistió. Entonces no había ninguna nota que explicara que aquello no estaba en venta y el hombre se empeñó en llevárselo, amenazando con mil y un pleitos al antiguo artesano, con cerrar la tienda, con abogados… el vendedor al final tuvo que ceder, no sin mucha angustia y muchos ruegos en vano… El Soberbio -pues ese era el pecado de aquel hombre, el creerse más y mejor y más importante que nadie- se fue a casa con la satisfacción de haber conseguido su capricho, de que alguien se hubiera tenido que plegar a su antojo y de ser superior. A punto de llegar a su puerta, un adolescente de su barrio que patinaba por la acera estuvo a punto de chocar con él y hacerlo caer. Se disculpo con el Soberbio a toda prisa y siguió su camino, mientras el hombre murmuraba: - Maldito crío… así desaparecieras tú y tus patines y me dejarais tranquilo… Al llegar a casa desenvolvió su nueva compra y la admiró sorprendido… el espejo había cambiado: ahora ya no había ninguna figura dentro, y sólo mostraba su propio reflejo… el Soberbio estuvo a punto de lanzarlo contra la pared: - Me han engañado… seguro que tanto interés por no venderlo era para subir el precio… pero mañana volveré y se va a enterar ese de quién soy yo… se va a acordar de mi cara… Y sin más se acostó, pensando en las mil y una formas de castigar el engaño. A la mañana siguiente, obsesionado con sus ideas, lo cogió del suelo en donde lo había dejado… y se quedó mudo de asombro. Dentro, una pequeña figura daba golpes, llena de horror. Y casi se parecía a… pero no era posible, claro. Seguro que era sólo una ilusión visual… ¿seguro?… Se pasó todo el día mirando tras la ventana, atento al ir y venir de adolescentes y de los vecinos. A media tarde, cuando salió se enteró que el jovencito con patines que le había molestado el día anterior había desaparecido y que todo el mundo estaba preocupado buscándolo. Al volver a casa, volvió a tomar el espejo, valorándolo con nuevos ojos: - ¿Si será verdad…? E hizo una nueva prueba. Tenía un rival en los negocios, un hombre importante y carismático, que cada día que pasaba hacía su vida un poco más difícil y complicada. Tal vez si no estuviera… - Si me dejara en paz, si fuera como si no existiera… Y al día siguiente, cuando despertó, corrió hacia el espejo… para ver que ya eran dos las figuras que, horrorizadas, daban golpes por dentro del cristal. Y se quedó sin palabras, mudo de asombro y maravilla cuando vió en los periódicos que aquel hombre -su pesadilla particular- también había desaparecido. Un mundo nuevo se abría ante él… Y un reino de temor se instauró en la pequeña ciudad. La gente que desaparecía era de los más diversos estratos sociales y no tenía nada que ver entre sí. Desapareció un concejal de urbanismo, y un camarero que no fue rápido con un pedido. Un hombre que viajaba con una moto, la mujer que le dijo que no y el hombre al que ella le dijo que sí, unos pintores que cortaron una acera y el cartero que no le trajo la carta que esperaba. La incertidumbre se fue adueñando de la ciudad y cada vez más pequeñas figuras golpeaban el cristal del espejo, ahora convenientemente guardado en un trastero. Y con cada desaparición, la soberbia del hombre crecía, más importante se creía y más digno de todo lo bueno, dispensador del bien y del mal… contrariamente a lo que podía pensar, este pensamiento no le hacía más humilde, sino que reforzaba la idea de su importancia, de que todo le era debido. Hasta que una tarde, al volver a casa de muy mal humor -sabía que al día siguiente su secretaria, un par de proveedores y un conductor que había osado molestarle estarían tras el cristal-, tropezó con una madre y su bebé que salían de su edificio… ¡tuvieron la osadía de hacerle esperar para entrar!… Lleno de ira subió de dos en dos los escalones y se plantó delante del espejo: - ¡¡¡Quiero estar tranquilo!!!! Quiero que todos me dejen en paz, que desaparezcan… quiero que nunca, nadie me vuelva a molestar… Y nada más decirlo… ¿qué es esto? ¿Dónde está?… Un lugar suspendido, ajeno a todo, soledad absoluta y silencio, un vacío con una pequeña ventana allá al fondo. Desorientado, avanza como puede hacía allí, en aquel espacio sin suelo ni paredes, ni techo, sin saber a donde está… y mira hacia afuera… hasta darse cuenta de que está mirando su habitación DESDE DENTRO del espejo… y lleno de horror, empezó a golpear y golpear… El artesano no supo decirme cómo había vuelto el espejo a la tienda, cómo regresaron los antiguos prisioneros a sus casas, qué pudieron recordar o por qué él mismo era su custodio. Con un punto de socarronería, me ofreció regalarme el espejo, pero ya no quise arriesgarme. El me sonrió: - Mejor. El espejo… no para ti… Me fui de allí con otro espejo y una historia que contar. Por supuesto, era mentira, una historia para contar a los turistas, algo para hacer más interesante la tienda. Pero… ¿y si alguien, algún día, en algún lugar decidiera que es mejor que todos los que le rodean y que tiene el poder de ignorar al resto? ¿No acabaría de una forma u otra al otro lado del espejo? PD: Denme por apuntada en la ilustre lista, por favor.
__________________ "Gensanta, cómo están las cabezas... " |
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| este además es mentiroso, octubre barbuda cojonuda gñee, octubre rozando la esquizofrenia, vamos a morir todos |
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