Cuento para bobas
Reunión urgente de escalera.
Es una reunión atípica, porque no se ha convocado de manera pública. Lo hemos tenido que hacer así.

Nos hemos juntados los vecinos en casa del bueno de Carlos porque tenemos un problema grande, y de los gordos!!.
El presi nos ha ido llamando uno a uno a la hora convenida. Son las nueve de la noche, hora en que la loca se asoma al alféizar de su ventana con su Ducados en la mano. El Secretario lleva el papel de las cuentas y los demás se llevan una silla. Carlos no tiene silla para todos.
No era mala mujer. Antaño, en su juventud allá por los años 50 era una mujer alegre, despreocupada, un poco dispersa, eso sí, pero se podía tratar. No diré que era guapa porque sería faltar a la verdad, pero al menos entonces no tenía esos ojos verdes inexpresivos de pescado en mal estado.
El problema no es sólo que acosa a todo lo que huela a masculino. Al presi por ejemplo le toca el culo cuando va por el pasillo, al vecino de al lado, un tal Pepito le va a picar a su puerta con un camisón transparente…A partir de ahí el pobre chico está en tratamiento. No se da cuenta de que un escote arrugado no gusta, pero vive en una “burbuja”. Ella se sigue creyendo atractiva, cuando va al médico le tira los tejos, coquetea con él, bueno, con él y con los otros tres que se negaron a visitarla más. Decía que le dolía el pecho cuando era mentira, se desnudaba por una simple otitis, y los médicos a ver “eso” cogían la baja por depresión. Esos sustos no los quiere nadie.
El problema no es ese, ya que ha calmado su furor uterino con un chico al que paga bien y que espera a la salida de una Discoteca, un tío alto con cara de loco. Nos ha dicho con cara de asco que la aguanta porque necesita el dinero, pero que si no ni jarto de grifa. En la mano lleva el sello de una Discoteca, Sutton, y como lo lleva hace tres semanas creemos que no se lo lava , el problema es que la buena señora no paga la comunidad. Una cosa es que tenga las percepciones alteradas y otra que tengamos que ponerle dinero nosotros. Nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Ella dice que se quiere independizar de nosotros, y nosotros de ella, pero para eso tendría que marcharse, o no utilizar la escalera y la luz. En fin, que creemos que todo es un cuento chino para no tener que pagar.
El bueno de Carlos le está arreglando los papeles para ponerla en un sanatorio donde creemos que será feliz. Podrá hablar con otros pacientes, coquetear con el psiquiatra y montar sus películas. Mientras dura el papeleo la tendremos que seguir aguantando….