Aquí mismo:
Iniciado por Sr.Apóstalo Escalofríos me recorren el cuerpo cuando pienso la situación que las mujeres vivíamos en la España de sólo treinta años atrás.... Las mujeres de las generaciones precedentes, nuestras madres y abuelas estaban calladas por la represión de la dictadura, exiliadas en su dulce (..o no tanto) hogar por los machistas idearios conservadores de la época, humilladas por la estricta moral católica que las condenaba al ostracismo social y laboral, todo ello en nombre de la supuesta y acartonada “decencia” y la hipocresía burguesa que imperaba en esos años oscuros.
Escalofríos me recorren el alma cuando recuerdo que sólo treinta años atrás las mujeres no tenían entidad jurídica propia, que la patria potestad de los hijos era exclusiva del “cabeza de familia”, que no podían trabajar, ni viajar sin el permiso del marido, que no eran consideradas intelectualmente, y eran tratadas por las instituciones como “ciudadanos de tercera”, tanto a nivel laboral, como social y familiar; que no tenían más opciones “decentes” que dedicarse a “sus labores”, a la crianza de los hijos y a muy poco más...
Hace sólo veintiséis años, la Ley del 13 de mayo de 1.981 equiparaba jurídicamente, por primera vez tras la dictadura, al marido y la mujer en el matrimonio, tanto en el régimen económico como en la titularidad de la patria potestad de los hijos. Es decir, aún en 1.980, la mujer se encontraba en evidente inferioridad de condiciones con respecto a su cónyuge en todo lo relativo a la vida familiar.
En derecho penal, por poner otro ejemplo muy gráfico, mediante Ley 22/1978 del 26 de mayo, se derogaban los artículos 449 y 452 del Código Penal relativos al adulterio. Antes de hacerse efectiva esta ley, el adulterio femenino era delito penal, castigado con pena de cárcel, aun habiéndose producido una sola vez. Incomprensiblemente ( para mentalidades no totalitarias, por supuesto), el adulterio masculino no tenía, a su vez, pena alguna, aun siendo cometido en reiteradas ocasiones.....Tanto despropósito ocurría hace sólo unos pocos años, aunque parezca que hayan transcurrido siglos.
No se trata de machismo, como algunos pueden pensar, sino de fanatismo y de totalitarismo. Las religiones, entre ellas el catolicismo, tienden a reprimir las libertades y a constreñir a los individuos a unos modelos estrictos y rígidos según sus angostos moldes ideológicos. En realidad esos modelos son más utópicos que prácticos y realistas porque tienden a reprimir nuestra humanidad; y nuestra humanidad es variopinta, diversa y múltiple. La espiritualidad no tiene porqué negar nuestra humanidad, ni hacernos buscar una supuesta perfección que a lo que nos lleva es a alejarnos de la verdad, a someternos y a negar nuestra condición real . Me viene a la mente “Doña Perfecta” de Galdós, quien quiso expresar a finales del XIX, las terribles consecuencias que puede ocasionar el seguir unos criterios sociales y religiosos rígidos, opresores y oprimentes.
Defiendo la libertad de confesión, defiendo el laicismo, y soy absolutamente contrario a cualquier fundamentalismo religioso, sea del signo que sea. Todos los fanatismos atacan las libertades fundamentales, niegan el respeto a los que opinan distinto, discriminan a los diferentes, arrastran a las sociedades hacia la intolerancia y el despotismo. Realmente laicismo no significa negación de la espiritualidad...quizás, más bien lo contrario. Significa no aceptar que las religiones se inmiscuyan en los asuntos de Estado, significa relegar a las religiones a su ámbito propio y competente. La espiritualidad es algo propio de nuestros ámbitos privados , personales y no puede ni debe monopolizarse por ninguna organización que la utilice para fines políticos, económicos y de poder.
Todas las creencias, confesiones e ideologías son respetables si respetan los derechos humanos fundamentales. Por desgracia, el catolicismo, al igual que cualquier otra religión institucionalizada, a fuerza de defender su ideario, cae fácilmente en el fanatismo y en la vulneración de los derechos de aquéllos que no siguen sus preceptos. No hay más que echar un somero vistazo a la historia para demostrar lo que afirmo...muertes, intolerancias, guerras, etc.etc....y, por no irnos muy lejos, no hay más que ver la guerra que la Iglesia y sus acólitos han declarado a la asignatura Educación para la Ciudadanía, que lo único que pretende es educar a los niños en los valores democráticos de tolerancia y respeto a la diversidad en el contexto de los derechos humanos fundamentales.
Gandhi dijo que religión no es lo mismo que espiritualidad, y dijo también que Dios no milita en ninguna religión. Me parecen frases magistrales porque aluden a la espiritualidad verdadera, que es algo personal e intrínseco a todos los seres humanos, de todas las razas, culturas o creencias. Considero que las personas verdaderamente espirituales no se fanatizan defendiendo ninguna creencia concreta, y respetan fraternalmente a todos, absolutamente a todos los seres humanos, aceptando las similitudes y las diferencias. Quizás Dios sea más fácil de encontrar en ese tipo de actitudes que en cualquier sermón que no ayude al entendimiento, a la tolerancia y a la fraternidad verdadera. En casi todas las religiones, quizás especialmente en la católica y en la islamista, la mujer es una de las grandes víctimas de sus dogmas e imposiciones. Tradicionalmente el sexo femenino ha sido objeto de represión y sometimiento por parte de las religiones. Los burkas árabes no son muy distintos de los velos que nuestras abuelas llevaban en la cabeza cubriendo el pelo. Aún recuerdo, cuando era un niño, a las mujeres con el velo al entrar en las iglesias, o a aquellas mujeres de negro eterno que abundaban en los pueblos españoles, para las que vestirse de color era atentar contra la decencia y la moral....Así habían sido educadas....
En definitiva, cualquier ideario religioso es respetable. Pero cualquier fundamentalismo religioso es un peligro real para las libertades fundamentales y por supuesto un atentado contra los derechos básicos de los ciudadanos y especialmente, quizás, de la mujer, blanco predilecto de los dardos envenenados de los fanatismos, probablemente porque el universo femenino está ligado a lo creativo, lo afectivo, lo intuitivo, y estos valores son contrarios a los idearios totalitarios.
Gracias a nuestra joven democracia, la situación ha cambiado mucho en estos treinta años. La mujer ha dejado de ser un ciudadano de tercera y ha avanzado mucho en el camino de liberación de antiguos y perversos lastres.....; escalofríos me recorren el alma si imagino que perdemos tantas cosas conseguidas desde aquel año en que la represión política y religiosa quedó en el pasado. Las mujeres no pueden ni deben olvidar que hace tan sólo treinta años vivíamos sometidas a la intolerancia. . que sólo gracias a la lucha de hombres y mujeres liberales y progresistas han ido logrando salir de las tinieblas del sometimiento y de la sumisión, y recuperando unos derechos que nunca les tenían que haber sido arrebatados............... |