Iniciado por
Ludwig Van
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yo me kedo con el del lagarto juancho
Jajajjaaj, qué recuerdos de El Jovit de Martínez del Vas
¿y el de que el cocodrilo simboliza a Lacoste?

¿no os ha hecho gracia? Bueno, lo he puesto yo
Me sumo a lo que dice Kozak, que igual es deformación mental por leer libros de historia.
Contestando a pollo más arriba. Yo soy de los que creen que el medio es el mensaje. No le busco tres pies al gato. Sobre todo con las películas. Lo que se ve es lo que hay.
Cuando veo una película y luego leo las críticas , me quedo muchas veces flipado pensando en si el crítico del cine y yo hemos visto la misma película.
Yo puedo ser obtuso, pero a mí juicio, muchos de los críticos de cine y literarios son vendedores de humo, escriben auténticas inventadas que nunca le pasaron por la mente al autor. Melville cuando escribió
Moby Dick quiso hacer una novela de aventuras marineras basándose en sus experiencias, y quizá, hacer una reflexión sobre el carácter autodestructivo de obsesionarse con la venganza. Seguramente fliparía con las interpretaciones de su obra.
Por la misma razón, considero que Ridley Scott es un cineasta muy sobrevalorado. Mira que soy un fetichista de la época napoleónica y los húsares en particular, pero
Los Duelistas me decepcionó. Tampoco es que el relato original de Conrad (otro sobrevalorado) fuera muy allá.
Blade Runner es un paradigma del rollo metafísico gafapasta. Debí sospechar que una película de ciencia ficción que gusta a los críticos no podía ser buena. Igual para 2001. Me gustó algo de la visión de un futuro
cyberpunk (género desfasado ya) y algunos diálogos memorables, por lo demás un ladrillo por mucho que se pongan con el rollo existencialista.
En fin, es un interruptor en mi cerebro, cuando lo apago para sumergirme en la película o libro, para suspender la incredulidad, también dejo de pensar. No me pongo a buscar fallos en los fotogramas, ni en la trama, a nada que el guión sea mínimamente coherente.
Si te pones a pensar, te impide disfrutar de la historia que te están contando. Por ejemplo, yo ya no puedo disfrutar de las películas de guerra antiguas que veía entusiasmado cuando era un chaval. Ahora no puedo evitar ver que los tanques son de otra época, que las explosiones no son realistas, los fallos de armas y vestuarios, una míriada de detalles que bajo el ojo experto cantan escandalosamente.
En las películas antiguas, esos fallos eran disculpables por limitaciones de presupuesto y de la técnica de entonces, pero lo que no tiene nombre, para seguir con mi linchamiento particular de ese pretencioso sobrevalorado de Ridley Scott, son los fallos de Gladiator. ¡Caballería romana con estribos, por Júpiter!

Y de la Roma recreada por ordenador, mejor no hablemos.
Me parece que estoy divagando. Mañana sigo y contesto a nefer.
En conclusión, lo que quería decir antes de que se me olvide, es que como soy una persona que tiende a reflexionar mucho, para mí la literatura, y sobre todo el cine, son medios de entretenimiento escapista. ¡Lejos de mí la funesta manía de pensar! Yo lo que busco es evadirme. Para pensar y aprender ya tengo los libros de texto.