| Os voy a contar un secreto sexual amiguitos míos. Tanto he recibido en el foro que es de biennacido el intentar arrancaros una sonrisilla estival. A lo mejor creo precedente y amparados por el anonimato conseguimos a) reflotar este cadaver y b) tener menos tabúes.
El otro día iba yo por Fuencarral paseando a eso de las 3 am bastante más borracho que de costumbre y me cruzé con un lindo travesti que paseaba un no menos lindo perrito. Inmediatamente le hice caricias (al perro, (de momento)) y le pedí a su dueña (¿o?) que si podía pasearlo. Dado su consentimiento iba yo tan chulo con mi perro de diseño intentandole decir todas las paridas y ordenes contradictorias que se me ocurrían. Las cosas pasaron a ser peligrosas (cuando lo pienso en frío) cuando el travesti me dijo que por qué no ibamos a un parque a pasearlo. A mi me pareció una fenomenal idea. El problema es que si me ofrecen hacerme guerrillero en el Congo también me hubiera resultado cojonudo. Nada de mezclar drogas con alcohol la proxma vez. El caso es que me lleva a una zona oscura se sube el top y me dice que toque sus tetas operadas. Ni corto ni perezoso alargo las manos, pero si tocar unas tetas tuneadas de tia ya es deprimente, eso era como tocar una bolsa llena de pedos duros o algo asi. Una vez finalizado este ¿? suceso (todo ello bajo la implacable mirada del perro) le invito tomar unas copas donde sea. Me llevó a una disco cercana de ambiente hiper mega trans-gay donde me presento a todas sus amigas trans, que me trataron mas o menos de la misma forma que la anfitriona: como una polla con patas.
Finalizando la noche me ofrecieron sexo a cambio de dinero, un viejo me invito a ir al servicio con él, pero escapé indemne a todo este jolgorio. Cuando llegué a casa (porque soy muy curioso, ya lo he dejado claro) me miré la pichilla que la pobre estaba escondida, casi diría refugiada al abrigo de los no menos minusculos huevos, y me habló de una forma un poco extraña, como con voz de trans.
Me dijo: Oye tío, deberias echarte novia. |