Estamos entrando de lleno en una deflación de caballo y no será transitoria, al menos en España. La teoría de la hiperinflación solo la defienden los que apostaron por el oro o algunos pepitos que, al no saber a que agarrarse, rezan todas las noches porque ocurra un milagro que les quite de encima sus impagables deudas. Pero los argumentos que se utilizan, no son válidos en un país donde venimos de un periodo prolongado de alta inflación real y productividad nula. No tenemos, ni de lejos las condiciones necesarias para activar una hiperinflacion; antes hace falta un reajuste de precios y productividad, que debido a la indiosincracia de los españoles tardaremos muchos años en lograr. Obviamente, algún día cambiará la tendencia, pero esa fecha está muy lejana y si se quiere estar preparado para afrontar el futuro a corto o medio plazo, tendremos que hacerlo bajo un escenario de deflación.
Por suerte o por desgracia el precio del oro no depende de lo que le ocurra a España.
__________________
Estamos en un callejón sin salida: “No existe manera de evitar el colapso final de la burbuja creada por la expansión del crédito. La alternativa es hacer que la crisis venga más pronto como resultado del abandono voluntario de la futura expansión del crédito, o más tarde como una catástrofe final de todo el sistema financiero involucrado”.
La primera alternativa es la deflación. La segunda es la hiperinflación. Bienvenidos al nuevo orden mundial, donde la deuda es dinero y el dinero es deuda.