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| El abandono del keynesianismo por la Unión Europea. Por Vicenç Navarro Durante el periodo 1950-1980 el desempleo fue menor en los países que constituirían más tarde la Unión Europea de los Quince en EE.UU. Esta situación cambió, y durante el periodo 1986-2005, el desempleo fue mayor en aquellos países de la UE-15 que en EE.UU. Ello se debe al abandono por parte de las instituciones europeas (como el Banco Central Europeo, La Comisión Europea y el Pacto de Estabilidad) de las políticas keynesianas a favor de las políticas liberales que han promovido tales instituciones. Ello contrasta con las políticas del gobierno federal de EE.UU., de claro corte keynesiano, que detallo en mi artículo Desde finales de los años setenta y principios de los ochenta el desempleo ha sido mayor en el promedio de la UE-15 (el grupo de países de la UE de nivel de riqueza semejante al español) que en EE.UU. Antes, desde la Segunda Guerra Mundial hasta aquel periodo, el promedio del desempleo de los países que más tarde constituirían la Unión Europea de los Quince (UE-15) era menor que en EE.UU. ¿A qué se debe este cambio? La respuesta standard que dan los economistas liberales es que el mayor desempleo en la UE-15 se debe a la supuesta rigidez de sus mercados laborales y a su “excesiva” protección social, mayor en la UE-15 que en EE.UU. De ahí que sus propuestas para reducir el desempleo sean la desregulación de los mercados laborales y la reducción de la protección social. Es sorprendente lo generalizada que está esta respuesta. Se ha convertido casi en dogma en los círculos económicos, financieros, políticos y mediáticos de la Unión Europea. Esta explicación, sin embargo, es fácil de demostrar que es errónea. Cabe mirar los datos. Tanto los mercados laborales como la protección social han ido cambiando en la UE-15, de manera tal que la desregulación de los mercados laborales ha ido aumentando y la protección social ha ido disminuyendo en la mayoría de países de la UE-15 durante el periodo 1980-2005, y en cambio el desempleo de la UE-15 ha ido aumentando, no disminuyendo, tal como debiera de haber ocurrido si aquella explicación fuera cierta. Es más, los mercados laborales estaban más regulados y la protección social era mayor en estos países de la UE-15 en el periodo 1950-1980 que en el periodo 1980-2005, y sin embargo, el desempleo era menor en el primer periodo que en el segundo. La explicación liberal no se aguanta en base a los datos existentes, mírese como se mire. Esto no es obstáculo, sin embargo, para que la versión liberal continúe reproduciéndose constantemente siendo un ejemplo de ello, el último Informe del Banco Central Europeo sobre el desempleo en la Unión Europea. Este documento es profundamente ideológico, impermeable a los datos que muestran el error de sus análisis y lo poco aconsejable de sus propuestas. ¿Cuál es, pues, la causa de que el desempleo sea mayor en la UE-15 que en EE.UU.? La respuesta es fácil de ver; es el abandono por parte de las instituciones de la UE-15 de las políticas macroeconómicas keynesianas y la adopción, en su lugar, de las políticas liberales. La mejor prueba de lo que digo es que en todos los países del Este de Europa que han tenido que hacer cambios para integrarse en la UE-15 han visto crecer su desempleo. Y dentro de la UE-15, los países que han tenido mayor desempleo han sido precisamente los que han seguido con mayor ortodoxia las políticas liberales promovidas por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo, es decir, los países de la Eurozona. Los datos hablan por sí mismos (ver Navarro, V. “La Evolución de la Situación Social en la Unión Europea de los Quince”, en Josep Borrell, Europa en la Encrucijada. 2008). ¿Cómo se promueven las políticas liberales y monetarias en la Unión Europea? Tales políticas liberales se promueven a partir 1) del Pacto de Estabilidad que obstaculiza en gran manera la expansión del gasto público al poner un límite (un límite, por otra parte, totalmente arbitrario) del déficit público del Estado, no mayor de un 3% del PIB, y de una deuda pública no mayor del 60% del PIB. Este criterio junto con las prácticas generalizadas de reducir impuestos (recuerden aquella frase de un dirigente socialista español que “bajar impuestos es una política de izquierdas”) ha determinado un descenso muy marcado en la tasa de crecimiento del gasto público (incluyendo el gasto público social) en el periodo 1980-2005, así como una disminución de los beneficios sociales (tales como la cobertura e intensidad de los seguros de enfermedad, seguros de desempleo y seguros de discapacidad, entre otros) en la mayoría de países de la UE-15. 2) de considerar como objetivo primordial del Banco Central Europeo la reducción de la inflación incluso a costa de la destrucción de empleo, como consecuencia del descenso del crecimiento económico causado por la política de mantener altos intereses bancarios. Históricamente los intereses del Banco Central Europeo han sido más elevados que los del Banco Central Estadounidense (The Federal Reserve Board), cuyo objetivo ha incluido la creación de empleo. 3) de dificultar las ayudas estatales a las empresas, favoreciendo además la desregulación del comercio y la dilución de medidas proteccionistas. Tales medidas han tenido un impacto muy notable en la disminución de la tasa de crecimiento económico de la Unión Europea y el consiguiente aumento del desempleo. ¿Por qué el desempleo en EE.UU. es menor que en la UE-15? El keynesianismo del estado de EE.UU. Tales políticas liberales desarrolladas por las instituciones de la UE-15 han contrastado con las políticas keynesianas seguidas por el gobierno federal de EE.UU., responsables de que, a partir del abandono de las políticas keynesianas por parte de la UE-15, EE.UU. ha tenido un desempleo menor que el de la UE-15. En contra de la percepción generalizada en Europa de que el Estado de EE.UU es el mayor estado liberal entre los países capitalistas desarrollados, tal estado es el estado más keynesiano de todos los estados de la OECD. EE.UU. no es un estado liberal sino profundamente keynesiano. Y ello ocurre desde el establecimiento del New Deal por parte del Presidente Franklin D. Roosevelt. Tales políticas keynesianas se han caracterizado por un gran aumento del gasto público (como manera de estimular la economía) financiado en parte con el crecimiento del déficit y de la deuda pública, medida complementada por un Banco Central (The Federal Reserve Board) que ha tenido como objetivo la creación de empleo y el estimulo del crecimiento económico mediante la provisión de bajos intereses bancarios (que históricamente han sido menores que los del Banco Central Europeo). A tales medidas se añaden una política activa de apoyo a las empresas estadounidenses incluyendo políticas claramente proteccionistas. Estas políticas han sido llevadas a cabo no sólo por las Administraciones Demócratas, sino también por las Administraciones Republicanas. Así, el Presidente Dwight D. Eisenhower, a fin de reducir la recesión económica, lideró la aprobación de la Ley Federal de Transporte Público (Federal Aid Highway Act) que significó una inversión de 128.930 millones de dólares, y que construyó una red de carreteras federales de gran calidad, permitiendo un déficit del estado de un 6% del PIB. El Presidente Nixon, también republicano, se definió como un keynesiano. Y el mismo presidente Ronald Reagan, presentado por los economistas ultraliberales en España (como Xavier Sala i Martí) como el padre de la revolución liberal, aumentó el gasto público sustancialmente (a través, sobre todo, del gasto militar) financiándolo con un déficit público de un 6% y también con el mayor aumento de los impuestos federales ocurrido en tiempo de paz en aquel país. Disminuyó los impuestos del 10% de nivel de renta superior del país, pero los aumentó (no sólo una sino dos veces) para la mayoría de la población. Y el presidente Bush hijo, también republicano, ha aumentado el gasto público (también primordialmente en el capítulo militar), con un aumento del déficit público que ha alcanzado un 6% del PIB. En realidad, hoy existe un gran consenso entre los economistas asesores tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata sobre la necesidad de aumentar el gasto público significativamente para estimular la economía a costa de un gran incremento del déficit público que es probable que, bajo la Administración Obama, alcance un 7% del PIB. Tanto desde la derecha republicana –representada por el economista Martin Feldstein- hasta la izquierda –representada por James Galbraight y Dean Baker- hay un consenso en incrementar el gasto público en obras públicas con el objetivo de crear empleo, alcanzando cantidades de más de 700.000 millones de dólares, aumentando el déficit público hasta un 7% del PIB si hace falta. En realidad, hay autores como Joseph Stiglitz que consideran estas cifras excesivamente moderadas. Tal autor considera que las cantidades propuestas por la Administración Obama no crearán los más de cuatro millones de puestos de trabajo al año que se necesitarán para reducir el desempleo que se calcula alcanzará el 8% el próximo año. Es más, tanto la Administración Republicana de Bush como la Demócrata de Obama, han favorecido el apoyo financiero a las compañías automovilísticas estadounidenses (pero no, por cierto, a las extranjeras que producen automóviles en EE.UU.) que están en crisis. La diferencia que ha habido históricamente entre los dos partidos no ha sido, por lo tanto, en su compromiso con las políticas keynesianas responsables de mayor crecimiento económico en EE.UU. que en la UE-15, sino en la distribución de la renta resultado del crecimiento económico. Lo que ha caracterizado al keynesianismo de la mal llamada época liberal 1980-2005 ha sido que el crecimiento económico estimulado por las políticas keynesianas ha ido a beneficiar las rentas superiores a costa de las rentas medias e inferiores, incrementándose la polarización social en aquel país. Tal polarización disminuyó un tanto, durante la época del partido Demócrata del presidente Clinton, y ello como resultado de unas políticas keynesianas que se basaron menos en gastos militares y más en gastos sociales (además de incrementar los impuestos a las rentas altas). Pero su impacto fue menor como consecuencia de la reducción del déficit público (forzado por su Ministro de Economía y Hacienda, próximo a Wall Street, el Sr. Rubin), generando un surplus en las cuentas del Estado que el presidente Bush hijo utilizó para disminuir los impuestos de los grupos más pudientes del país, incrementando las desigualdades sociales hasta niveles no conocidos desde la Gran Depresión. Mientras, en la UE, las políticas liberales continúan, como lo atestigua que en la última reunión de los Jefes de Estado de los 27 países de la UE-15 se haya subrayado “que el Pacto de Estabilidad continúa siendo la piedra angular del marco presupuestario en la UE”. Y la respuesta de la mayoría de los estados en estimular la economía a través del aumento del gasto público para la creación de empleo ha sido menor, habiéndose puesto como objetivo alcanzar sólo un incremento del gasto público de un 1,1% de su PIB. Incluso el gobierno socialista español, que ha sido el que mayor respuesta ha tenido, mediante el gasto de 30.000 millones de euros en creación de empleo, no alcanza los niveles propuestos tanto por el Partido Demócrata como por el Partido Republicano en EE.UU., que de aplicarse a España sería de cerca de 80.000 millones de euros. Ello significa que el desempleo alcanzará cifras mucho mayores en la UE que en EE.UU., lo cual se atribuirá, una vez mas, a la excesiva “rigidez de los mercados laborales y demasiada protección social”. El dogma liberal continúa reproduciéndose en la UE. El abandono del keynesianismo por la Unión Europea. Por Vicenç Navarro en Vicenç Navarro
__________________ El foro, como la crisis, cada vez está peor. No merece la pena perder más tiempo viendo el criterio que tienen los administradores en el principal. Sin nosotros el foro no es nada. Me cansé de colaborar. Qué lo hagan ellos Gracias a todos/as por haber compartido este tiempo. Haz click aquí para ver el "Spoiler" Mariano Rajoy nos sacará de la pobreza; eso sí, para hundirnos en la más absoluta de las miserias. |
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| De las tres razones que se exponen: - No estoy de acuerdo con la primera. Me parece absurdo pensar que el gasto público pueda tener un déficit exagerado, ya que ese endeudamiento es al final endeudamiento de los ciudadanos. No puedes hipotecar a saco el Estado para salvar los muebles hoy, porque sólo prolongarás el problema de base y luego tendrás que solucionarlo de todas formas y encima pagar la deuda y sus intereses. Lo veo como quedarse sin trabajo y seguir gastando con el crédito de la VISA. - Con la segunda estoy de acuerdo en que el BCE se ha obsesionado demasiado con la inflación sin ver más allá. Podía haber suavizado el problema de los bancos habiendo bajado tipos antes. También ha tenido su parte de culpa por mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo: pensar que se puede mantener una economía recalentada a base de crédito sólo lleva a donde estamos hoy, endeudados y sin saber cómo pagarlo. - De acuerdo en que eliminar las medidas proteccionistas puede hundirte. Pero hay que tener cuidado con ellas, porque el proteccionismo también lleva a que la gente no innove ni compita. Es una medida que hay que aplicar con mucha cautela. En general no creo que el problema sea Keynesianismo frente a liberalismo: los errores cometidos son de bulto (exceso de crédito, negación de la realidad económica, negocios piramidales...) y vayas por un lado, vayas por otro, si te dedicas a hacer barbaridades las acabarás pagando. En el caso del empleo, siempre he pensado que es más un tema cultural: un estadounidense no tiene miedo de cambiar de estado para irse a otro trabajo, en cambio en Europa apenas movemos el culo a la provincia de al lado (al menos en España). |
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| Es la típica falacia del keynesianismo: Nos endeudamos a saco y gastamos, y decimos que vamos de puta madre. Luego cuando no queda más remedio que afrontar la crisis y la deuda que han creado con políticas economicas responsables les hechan la culpa del desastre. Hugo |
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| No sé como alguien con un mínimo de conocimientos económicos puede creerse tal cosa. |
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| juantorreslopez.com La masiva intervención de los gobiernos para tratar de hacer frente a la crisis financiera ha vuelto a poner sobre la mesa la actualidad de Keynes y hay quienes incluso llegan a creer que el keynesianismo ha resurgido de sus cenizas para convertirse de nuevo en referente intelectual y guía para la política económica. Yo creo, sin embargo, que hay que matizar mucho esa percepción, no solo porque lo que está ocurriendo está muy lejos de lo que fue la puesta en práctica de las ideas de Keynes sino también porque, si de verdad quisieran reeditarse, se encontrarían con infinidad de problemas para poder ser efectivas. Me parece muy aventurado considerar que las respuestas a la crisis sean un remake del keynesianismo porque éste no fue solamente intervención del estado. En realidad, ésta se ha dado casi constantemente en los años en los que ya se habían dado efectivamente por periclitadas las ideas del economista británico. De hecho, quizá los gobiernos que han generado más déficit en los últimos tiempos hayan sido los de Reagan y Bush, precisamente los que defendían las ideas más contrarias al ideario keynesiano. Es verdad que se puede decir con razón que lo que practicaron fue un keynesianismo bastardo o reaccionario y desde luego muy lejos de los principios ideológicos y morales de Keynes que enseguida comentaré, pero fue intervención gubernamental al fin y al cabo, e intervención como la que se está realizando en los últimos meses. Lo que ocurre es que su fundamento y su orientación es muy distinta a la keynesiana. Por mucho que la retórica liberal se empeñe en divulgar otra cosa, lo cierto es que el mercado es un mecanismo radicalmente incapaz de proporcionar completa estabilidad a lo largo del tiempo, que provoca constantemente crisis y que requiere una corrección permanente para evitar no solo desequilibrios sociales sino incluso el bloqueo de la acumulación del capital. Digan lo que digan los liberales, no es la intervención lo que hace imperfecto al mercado sino que es su imperfección intrínseca (o derivada del entorno político e institucional que en definitiva forma parte de él y que los liberales solo consideran como una de sus variables exógenas) lo que la hace inevitable, como la historia nos muestra en infinidad de ocasiones. Por mucho que les pese, el liberalismo que realmente ha existido, y el único que puede existir, es el (falso) liberalismo intervencionista. Por eso, la intervención es un punto de llegada para el keynesianismo reaccionario del liberalismo. Como bien decía Bush, se recurre a ella para salvar el "libre el mercado", es decir, para dejar tal y como estaba el contexto de imperfecciones y desequilibrios que lleva consigo el sistema de mercado. E incluso para hacerlo aún más imperfecto y concentrado y más asimétricas las relaciones de poder que le sirven de entorno. La experiencia de los gobiernos (neo)liberales (Pinochet, Reagan, Thatcher, Bush, Aznar o Esperanza Aguirre en España) es clara en ese aspecto. No se trata de una simple paradoja, sino de una realidad. En el liberalismo, la intervención (prácticamente constante) es redundante respecto al mercado porque se limita a regenerar sus condiciones, casi siempre las de la competencia imperfecta y las de la gran asimetría que caracteriza al sistema de mercado capitalista. Sin embargo, para el keynesianismo, fue un punto de partida: no un fin en sí mismo ni una manera de reproducir las soluciones del mercado sino el camino para generar una lógica diferente de acumulación porque partía de una concepción distinta y mucho más realista de los mecanismos económicos. Keynes rompió con la economía neoclásica porque entendió de otra manera el funcionamiento de los mecanismos económicos. Reconoció la incapacidad del mercado para recobrar el equilibrio por sí mismo, la rigidez intrínseca de algunos de ellos como el de trabajo, y las limitaciones de la política monetaria, situó el origen de los desequilibrios como el desempleo en el mercado de bienes y servicios y entendió de manera bien diferente la naturaleza, el funcionamiento y los determinantes del dinero, de la inversión o de los mercados de capitales. Y fue en función de ello que proponía un tipo de política económica que, además, no se caracterizaba solamente por la voluminosa utilización del gasto público sino también, y quizá fundamentalmente, porque estaba basada en un orden institucional y normativo muy diferente: control de los movimientos de capital, utilización combinada de la política fiscal, monetaria y de tipo de cambio, así como otras instrumentales y sectoriales, centralización del objetivo de pleno empleo, etc. Y, sobre todo, el keynesianismo partía de principios morales radicalmente distintos a los que el liberalismo ha logrado inocular en la política e incluso en la mentalidad colectiva dominante en los últimos decenios, al menos, en dos cuestiones candentes: la desigualdades y el culto al dinero y la financierización. Las políticas neoliberales se han basado en la idea de que todo vale, de que los controles son perniciosos y de que cualquier acción orientada a poner límites a la ganancia es perniciosa. Así, permitiendo y dando lugar a una deriva global hacia la especulación financiera, han terminado por llevar a la economía mundial a un desastre y por eso es particularmente grande ahora su contraste con un Keynes que en su obra principal había dejado escrito un juicio taxativo y premonitorio al respecto: “cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal”. Ahora bien, la práctica del keynesianismo ni siquiera fue intervención más todos esos principios y concepciones del sistema económico capitalista. Fue también una coyuntura social muy especial en la que el equilibrio de poder entre las clases sociales y la existencia de países que, con más o menos defectos y dificultades representaban una alternativa en la práctica al capitalismo, obligaba a establecer una pauta de distribución de la renta negociada y más o menos equilibrada. Es por todo ello que resulte poco realista hablar de un renacer del keynesianismo en la actual coyuntura económica. Para que eso sucediera no bastaría con que se diera la gran intervención gubernamental que se viene produciendo para lavarle la cara a los bancos y para tratar de evitar la recesión que provoca la falta de recursos de financiación, sino que tendría que materializarse la asunción y la práctica de nuevos principios y concepciones y la voluntad de establecer un nuevo modo de acumulación y una nueva pauta de reparto del ingreso. Algo que ni siquiera se atisba en el horizonte. Además, en la actualidad se han modificado también sustancialmente las condiciones de entorno que igualmente permitieron llevar a la práctica las ideas keynesianas. Los gobiernos apenas si cuentan hoy día con capacidad de maniobra suficiente para hacer política económica, la globalización financiera y la libertad de movimientos concedida al capital marca un espacio completamente distinto a la hora de llevar cabo políticas de estabilización y el empleo ha perdido el carácter y la centralidad que tuvo en otros tiempos. No hay que olvidar que lo que en realidad se propuso Keynes en su obra económica no era "echar abajo el sistema" sino proporcionar un modo de hacer realista para que pudiera "realizar al máximo toda la potencialidad de la producción". Su análisis era acertado, como justamente demuestra ahora el fracaso del neoliberalismo que ni ha sido capaz de proporcionar equilibrios suficientes, ni estabilidad perdurable, ni satisfacción generalizada. Pero lo que estaría por resolver socialmente hablando no es exactamente la corrección de una ideas teóricas (al fin y al cabo, el keynesianismo empezó antes que Keynes publicara su obra) sino su oportunidad política, es decir, si están en condiciones de llevarse a cabo en el espacio económico de nuestros días, si pueden generar una pauta de reparto aceptable y aceptada dada la correlación de fuerzas existente en la actualidad. Es decir, si quienes tienen capacidad de decisión , la "fuerza social dominante que se halla tras la autoridad", en palabras de Keynes, tienen necesidad de recurrir a las fórmulas keynesianas para salvar el capitalismo, o si, por el contrario, consideran que las concesiones que llevaría consigo asumirlas son innecesarias en el estado de fuerzas existente. Cuando Roosevelt planeaba el New Deal hacía afirmaciones como esta: "Hemos tenido que enfrentarnos a los tradicionales enemigos de la paz social: los monopolios empresariales y financieros, los especuladores, los banqueros sin escrúpulos, aquellos que promovieron los antagonismos, el secesionismo y quienes se enriquecieron a costa de la guerra" (cit. en Paul Krugman, "Después de Bush. El fin de los "neocons" y la hora de los socialdemócratas". Crítica 2007, p. 71). Una percepción de las cosas que ahora no se oye ni siquiera en boca de líderes de la izquierda socialdemócrata, y no precisamente porque se pueda decir que se trate de una realidad ya inexistente. Hoy día, esos mismos agentes no solo no se consideran enemigos de la paz social sino que es a ellos a quienes se invoca para sacar adelante las economías, incluso cuando acaban de provocar una debacle generalizada. Y eso es posible no solo porque los dirigentes políticos sean unos malvados sino porque se ha logrado modificar el abanico de valores sociales dominantes, las creencias y preferencias de las gentes. Si el capitalismo quisiera salvarse salvando al conjunto de la economía y de la sociedad tendría que recurrir de nuevo a las ideas realistas keynesianas pero el problema que hay que salvar para ello es doble. Por un lado, la renuncia tan grande que a estas alturas deberían hacer los capitalistas como consecuencia de los privilegios de los que han disfrutado. Sobre todo, cuando la experiencia les enseñó el peligro que lleva consigo para ellos el pleno empleo que envalentona y hace fuertes a los trabajadores. Por otro, que los propios sectores desfavorecidos por el neoliberalismo no desean (o al menos no están dispuestos a mostrar lo contrario) políticas alternativas como consecuencia de la sumisión y el consenso fabricado en torno a las ideas liberales. Esto último es lo que hace que, sin un cambio de valores, resulte materialmente imposible creer que a corto plazo vayan a poder ponerse en marcha políticas fiscales redistributivas, controles al capital, restricciones y represión de la especulación financiera o frenos a los abusos bancarios. Lo que está sobre la mesa, por tanto, no es si el keynesianismo es más o menos útil, sino qué grupos se van a constituir como fuerzas sociales dominantes, volviendo a utilizar las propias palabras del economista británico, y sobre qué tipo de valores se va a montar el discurso social. Última edición por Andrespp; 10-feb-2009 a las 14:09 Razón: ortografía |
| Estos 5 usuarios dan las gracias a Andrespp por su mensaje: | ||
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| ¿A quién dices que le echan la culpa del desastre? |
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| P'arriba, como Iberia! En el artículo se dicen algunas verdades como puños... de entre las cuales quiero destacar: En contra de la percepción generalizada en Europa de que el Estado de EE.UU es el mayor estado liberal entre los países capitalistas desarrollados, tal estado es el estado más keynesiano de todos los estados de la OECD. EE.UU. no es un estado liberal sino profundamente keynesiano. ^^ No es que en los 80 hubiera une revolución "liberal"... lo que hubo fue UN KEYNESIANISMO DE DERECHAS, BENEFICIANDO A LOS MILITARES A COSTA DEL PUEBLO LLANO. Y por supuesto, se eliminaros las regulaciones que impedían el mangoneo financiero. ----------------------- Por otro lado, cabe decir que el Pacto de Estabilidad permite a los países europeos afrontar la crisis con un mayor margen de endeudabilidad. El PEC necesita una reforma urgente... pero: a) Debe mantener el límite del 60% del PIB como objetivo primordial b) Debería OBLIGAR a los Estados a tener superavit en épocas de bonanza económica, de forma que ante hipotéticas crisis exista margen de maniobra. En estas épocas de crisis el déficit debe poder ser superior al 3%.
__________________ Nos envidian porque España tiene lo mejor de los países europeos: sueldos portugueses, precios alemanes, impuestos suecos, corrupción búlgara, honradez rumana, política italiana, banca albanesa, sanidad britanica y engreimiento frances. |
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| Ya está bien de pelearse por dos modelos fallidos. Apredamos y miremos hacia delante con lo que se pueda salvar de cada uno.
__________________ La vivienda siempre baja, vende ahora que luego no podrás, al principio cuesta luego te jode la vida, alquilar es ahorrar el dinero ![]() Mi aplicación DEFCON para seguir las vicisitudes de nuestra deuda. >> How to write good code << |
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| ^^ Fallidos sólo parcialmente... hay elementos que rescatar tanto de uno como de otro modelo.
__________________ Nos envidian porque España tiene lo mejor de los países europeos: sueldos portugueses, precios alemanes, impuestos suecos, corrupción búlgara, honradez rumana, política italiana, banca albanesa, sanidad britanica y engreimiento frances. |
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