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| Solo dejo los diez caracteres y los mensajes que no puedo borrar.
__________________ El foro, como la crisis, cada vez está peor. Haz click aquí para ver el "Spoiler" Mariano Rajoy nos sacará de la pobreza; eso sí, para hundirnos en la más absoluta de las miserias. Última edición por Sleepwalk; 31-oct-2012 a las 21:00 |
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| De las tres razones que se exponen: - No estoy de acuerdo con la primera. Me parece absurdo pensar que el gasto público pueda tener un déficit exagerado, ya que ese endeudamiento es al final endeudamiento de los ciudadanos. No puedes hipotecar a saco el Estado para salvar los muebles hoy, porque sólo prolongarás el problema de base y luego tendrás que solucionarlo de todas formas y encima pagar la deuda y sus intereses. Lo veo como quedarse sin trabajo y seguir gastando con el crédito de la VISA. - Con la segunda estoy de acuerdo en que el BCE se ha obsesionado demasiado con la inflación sin ver más allá. Podía haber suavizado el problema de los bancos habiendo bajado tipos antes. También ha tenido su parte de culpa por mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo: pensar que se puede mantener una economía recalentada a base de crédito sólo lleva a donde estamos hoy, endeudados y sin saber cómo pagarlo. - De acuerdo en que eliminar las medidas proteccionistas puede hundirte. Pero hay que tener cuidado con ellas, porque el proteccionismo también lleva a que la gente no innove ni compita. Es una medida que hay que aplicar con mucha cautela. En general no creo que el problema sea Keynesianismo frente a liberalismo: los errores cometidos son de bulto (exceso de crédito, negación de la realidad económica, negocios piramidales...) y vayas por un lado, vayas por otro, si te dedicas a hacer barbaridades las acabarás pagando. En el caso del empleo, siempre he pensado que es más un tema cultural: un estadounidense no tiene miedo de cambiar de estado para irse a otro trabajo, en cambio en Europa apenas movemos el culo a la provincia de al lado (al menos en España). |
| Estos usuarios dan las gracias a fayser por su mensaje: | ||
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| Es la típica falacia del keynesianismo: Nos endeudamos a saco y gastamos, y decimos que vamos de puta madre. Luego cuando no queda más remedio que afrontar la crisis y la deuda que han creado con políticas economicas responsables les hechan la culpa del desastre. Hugo |
| Estos usuarios dan las gracias a hugolp por su mensaje: | ||
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| No sé como alguien con un mínimo de conocimientos económicos puede creerse tal cosa. |
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| juantorreslopez.com La masiva intervención de los gobiernos para tratar de hacer frente a la crisis financiera ha vuelto a poner sobre la mesa la actualidad de Keynes y hay quienes incluso llegan a creer que el keynesianismo ha resurgido de sus cenizas para convertirse de nuevo en referente intelectual y guía para la política económica. Yo creo, sin embargo, que hay que matizar mucho esa percepción, no solo porque lo que está ocurriendo está muy lejos de lo que fue la puesta en práctica de las ideas de Keynes sino también porque, si de verdad quisieran reeditarse, se encontrarían con infinidad de problemas para poder ser efectivas. Me parece muy aventurado considerar que las respuestas a la crisis sean un remake del keynesianismo porque éste no fue solamente intervención del estado. En realidad, ésta se ha dado casi constantemente en los años en los que ya se habían dado efectivamente por periclitadas las ideas del economista británico. De hecho, quizá los gobiernos que han generado más déficit en los últimos tiempos hayan sido los de Reagan y Bush, precisamente los que defendían las ideas más contrarias al ideario keynesiano. Es verdad que se puede decir con razón que lo que practicaron fue un keynesianismo bastardo o reaccionario y desde luego muy lejos de los principios ideológicos y morales de Keynes que enseguida comentaré, pero fue intervención gubernamental al fin y al cabo, e intervención como la que se está realizando en los últimos meses. Lo que ocurre es que su fundamento y su orientación es muy distinta a la keynesiana. Por mucho que la retórica liberal se empeñe en divulgar otra cosa, lo cierto es que el mercado es un mecanismo radicalmente incapaz de proporcionar completa estabilidad a lo largo del tiempo, que provoca constantemente crisis y que requiere una corrección permanente para evitar no solo desequilibrios sociales sino incluso el bloqueo de la acumulación del capital. Digan lo que digan los liberales, no es la intervención lo que hace imperfecto al mercado sino que es su imperfección intrínseca (o derivada del entorno político e institucional que en definitiva forma parte de él y que los liberales solo consideran como una de sus variables exógenas) lo que la hace inevitable, como la historia nos muestra en infinidad de ocasiones. Por mucho que les pese, el liberalismo que realmente ha existido, y el único que puede existir, es el (falso) liberalismo intervencionista. Por eso, la intervención es un punto de llegada para el keynesianismo reaccionario del liberalismo. Como bien decía Bush, se recurre a ella para salvar el "libre el mercado", es decir, para dejar tal y como estaba el contexto de imperfecciones y desequilibrios que lleva consigo el sistema de mercado. E incluso para hacerlo aún más imperfecto y concentrado y más asimétricas las relaciones de poder que le sirven de entorno. La experiencia de los gobiernos (neo)liberales (Pinochet, Reagan, Thatcher, Bush, Aznar o Esperanza Aguirre en España) es clara en ese aspecto. No se trata de una simple paradoja, sino de una realidad. En el liberalismo, la intervención (prácticamente constante) es redundante respecto al mercado porque se limita a regenerar sus condiciones, casi siempre las de la competencia imperfecta y las de la gran asimetría que caracteriza al sistema de mercado capitalista. Sin embargo, para el keynesianismo, fue un punto de partida: no un fin en sí mismo ni una manera de reproducir las soluciones del mercado sino el camino para generar una lógica diferente de acumulación porque partía de una concepción distinta y mucho más realista de los mecanismos económicos. Keynes rompió con la economía neoclásica porque entendió de otra manera el funcionamiento de los mecanismos económicos. Reconoció la incapacidad del mercado para recobrar el equilibrio por sí mismo, la rigidez intrínseca de algunos de ellos como el de trabajo, y las limitaciones de la política monetaria, situó el origen de los desequilibrios como el desempleo en el mercado de bienes y servicios y entendió de manera bien diferente la naturaleza, el funcionamiento y los determinantes del dinero, de la inversión o de los mercados de capitales. Y fue en función de ello que proponía un tipo de política económica que, además, no se caracterizaba solamente por la voluminosa utilización del gasto público sino también, y quizá fundamentalmente, porque estaba basada en un orden institucional y normativo muy diferente: control de los movimientos de capital, utilización combinada de la política fiscal, monetaria y de tipo de cambio, así como otras instrumentales y sectoriales, centralización del objetivo de pleno empleo, etc. Y, sobre todo, el keynesianismo partía de principios morales radicalmente distintos a los que el liberalismo ha logrado inocular en la política e incluso en la mentalidad colectiva dominante en los últimos decenios, al menos, en dos cuestiones candentes: la desigualdades y el culto al dinero y la financierización. Las políticas neoliberales se han basado en la idea de que todo vale, de que los controles son perniciosos y de que cualquier acción orientada a poner límites a la ganancia es perniciosa. Así, permitiendo y dando lugar a una deriva global hacia la especulación financiera, han terminado por llevar a la economía mundial a un desastre y por eso es particularmente grande ahora su contraste con un Keynes que en su obra principal había dejado escrito un juicio taxativo y premonitorio al respecto: “cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal”. Ahora bien, la práctica del keynesianismo ni siquiera fue intervención más todos esos principios y concepciones del sistema económico capitalista. Fue también una coyuntura social muy especial en la que el equilibrio de poder entre las clases sociales y la existencia de países que, con más o menos defectos y dificultades representaban una alternativa en la práctica al capitalismo, obligaba a establecer una pauta de distribución de la renta negociada y más o menos equilibrada. Es por todo ello que resulte poco realista hablar de un renacer del keynesianismo en la actual coyuntura económica. Para que eso sucediera no bastaría con que se diera la gran intervención gubernamental que se viene produciendo para lavarle la cara a los bancos y para tratar de evitar la recesión que provoca la falta de recursos de financiación, sino que tendría que materializarse la asunción y la práctica de nuevos principios y concepciones y la voluntad de establecer un nuevo modo de acumulación y una nueva pauta de reparto del ingreso. Algo que ni siquiera se atisba en el horizonte. Además, en la actualidad se han modificado también sustancialmente las condiciones de entorno que igualmente permitieron llevar a la práctica las ideas keynesianas. Los gobiernos apenas si cuentan hoy día con capacidad de maniobra suficiente para hacer política económica, la globalización financiera y la libertad de movimientos concedida al capital marca un espacio completamente distinto a la hora de llevar cabo políticas de estabilización y el empleo ha perdido el carácter y la centralidad que tuvo en otros tiempos. No hay que olvidar que lo que en realidad se propuso Keynes en su obra económica no era "echar abajo el sistema" sino proporcionar un modo de hacer realista para que pudiera "realizar al máximo toda la potencialidad de la producción". Su análisis era acertado, como justamente demuestra ahora el fracaso del neoliberalismo que ni ha sido capaz de proporcionar equilibrios suficientes, ni estabilidad perdurable, ni satisfacción generalizada. Pero lo que estaría por resolver socialmente hablando no es exactamente la corrección de una ideas teóricas (al fin y al cabo, el keynesianismo empezó antes que Keynes publicara su obra) sino su oportunidad política, es decir, si están en condiciones de llevarse a cabo en el espacio económico de nuestros días, si pueden generar una pauta de reparto aceptable y aceptada dada la correlación de fuerzas existente en la actualidad. Es decir, si quienes tienen capacidad de decisión , la "fuerza social dominante que se halla tras la autoridad", en palabras de Keynes, tienen necesidad de recurrir a las fórmulas keynesianas para salvar el capitalismo, o si, por el contrario, consideran que las concesiones que llevaría consigo asumirlas son innecesarias en el estado de fuerzas existente. Cuando Roosevelt planeaba el New Deal hacía afirmaciones como esta: "Hemos tenido que enfrentarnos a los tradicionales enemigos de la paz social: los monopolios empresariales y financieros, los especuladores, los banqueros sin escrúpulos, aquellos que promovieron los antagonismos, el secesionismo y quienes se enriquecieron a costa de la guerra" (cit. en Paul Krugman, "Después de Bush. El fin de los "neocons" y la hora de los socialdemócratas". Crítica 2007, p. 71). Una percepción de las cosas que ahora no se oye ni siquiera en boca de líderes de la izquierda socialdemócrata, y no precisamente porque se pueda decir que se trate de una realidad ya inexistente. Hoy día, esos mismos agentes no solo no se consideran enemigos de la paz social sino que es a ellos a quienes se invoca para sacar adelante las economías, incluso cuando acaban de provocar una debacle generalizada. Y eso es posible no solo porque los dirigentes políticos sean unos malvados sino porque se ha logrado modificar el abanico de valores sociales dominantes, las creencias y preferencias de las gentes. Si el capitalismo quisiera salvarse salvando al conjunto de la economía y de la sociedad tendría que recurrir de nuevo a las ideas realistas keynesianas pero el problema que hay que salvar para ello es doble. Por un lado, la renuncia tan grande que a estas alturas deberían hacer los capitalistas como consecuencia de los privilegios de los que han disfrutado. Sobre todo, cuando la experiencia les enseñó el peligro que lleva consigo para ellos el pleno empleo que envalentona y hace fuertes a los trabajadores. Por otro, que los propios sectores desfavorecidos por el neoliberalismo no desean (o al menos no están dispuestos a mostrar lo contrario) políticas alternativas como consecuencia de la sumisión y el consenso fabricado en torno a las ideas liberales. Esto último es lo que hace que, sin un cambio de valores, resulte materialmente imposible creer que a corto plazo vayan a poder ponerse en marcha políticas fiscales redistributivas, controles al capital, restricciones y represión de la especulación financiera o frenos a los abusos bancarios. Lo que está sobre la mesa, por tanto, no es si el keynesianismo es más o menos útil, sino qué grupos se van a constituir como fuerzas sociales dominantes, volviendo a utilizar las propias palabras del economista británico, y sobre qué tipo de valores se va a montar el discurso social. Última edición por Andrespp; 10-feb-2009 a las 15:09 Razón: ortografía |
| Estos 5 usuarios dan las gracias a Andrespp por su mensaje: | ||
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| ¿A quién dices que le echan la culpa del desastre? |
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| P'arriba, como Iberia! En el artículo se dicen algunas verdades como puños... de entre las cuales quiero destacar: En contra de la percepción generalizada en Europa de que el Estado de EE.UU es el mayor estado liberal entre los países capitalistas desarrollados, tal estado es el estado más keynesiano de todos los estados de la OECD. EE.UU. no es un estado liberal sino profundamente keynesiano. ^^ No es que en los 80 hubiera une revolución "liberal"... lo que hubo fue UN KEYNESIANISMO DE DERECHAS, BENEFICIANDO A LOS MILITARES A COSTA DEL PUEBLO LLANO. Y por supuesto, se eliminaros las regulaciones que impedían el mangoneo financiero. ----------------------- Por otro lado, cabe decir que el Pacto de Estabilidad permite a los países europeos afrontar la crisis con un mayor margen de endeudabilidad. El PEC necesita una reforma urgente... pero: a) Debe mantener el límite del 60% del PIB como objetivo primordial b) Debería OBLIGAR a los Estados a tener superavit en épocas de bonanza económica, de forma que ante hipotéticas crisis exista margen de maniobra. En estas épocas de crisis el déficit debe poder ser superior al 3%.
__________________ Nos envidian porque España tiene lo mejor de los países europeos: sueldos portugueses, precios alemanes, impuestos suecos, corrupción búlgara, honradez rumana, política italiana, banca albanesa, sanidad britanica y engreimiento frances. |
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| Ya está bien de pelearse por dos modelos fallidos. Apredamos y miremos hacia delante con lo que se pueda salvar de cada uno.
__________________ La vivienda siempre baja, vende ahora que luego no podrás, al principio cuesta luego te jode la vida, alquilar es ahorrar el dinero ![]() Mi aplicación DEFCON para seguir las vicisitudes de nuestra deuda. Script para que se lea el foro con Adblock en Chrome |
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| ^^ Fallidos sólo parcialmente... hay elementos que rescatar tanto de uno como de otro modelo.
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