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| A petición de varios foreros, incluido yo, creo este hilo para colgar todas las noticias, artículos y comentarios sobre la revista y página web de crítica económica y política "Sin Permiso". El nombre de sinpermiso es un pequeño homenaje a un cierto Marx, que, precisamente por enlazar conscientemente con lo más viejo -la milenaria tradición revolucionaria republicano-democrática-, nos parece también el más actual: “Sólo en la medida en que el hombre se relaciona de buen principio como propietario con la naturaleza -que es la primera fuente de todos los medios y los objetos del trabajo-, sólo en la medida en que la trata como cosa suya, será el trabajo fuente de valores de uso, es decir, de riqueza. (...) el hombre que no posea otra propiedad que su propia fuerza de trabajo, en cualesquiera situaciones sociales y culturales, tiene que ser el esclavo de los otros hombres, de los que se han hecho con la propiedad de las condiciones objetivas del trabajo. Sólo puede trabajar con el permiso de éstos, es decir: sólo puede vivir con su permiso.” Entre los colaboradores habituales de esta página web ( Revista Sin Permiso ) figuran: Almeyra, Guillermo Buenos Aires Altvater, Elmar Berlín Beiras, Xosé Manuel Santiago de Compostela Blanco, Hugo Cuzco Brenner, Robert Los Ángeles Bricmont, Jean Lovaina Buster, Gustavo Madrid Candel, Miguel Barcelona Canfora, Luciano Bari Casassas, David Oxford Dauder, Jordi Madrid Davis, Mike San Diego Díez Canseco, Javier Lima Fiori, José Luis Rio de Janeiro Fontana, Josep Barcelona Frei Betto Sao Paulo García, Alberto Omar Buenos Aires Gauthier, Florence París González, Óscar Buenos Aires Guiu, Jordi Barcelona Krätke, Michael R. Amsterdam/Berlín Lizón, Ángeles Barcelona Lo Vuolo, Rubén Buenos Aires Mariño, Marcos Ginebra Moreno, Hugo París Pastor, Jaime Madrid Peña, Javier Valladolid Piera, Carlos Madrid Pont, Raúl Porto Alegre Prat, Enric Sabadell Riera, Miquel Mataró Rossana Rossanda Milán Süss, Amaranta Barcelona/Buenos Aires Taibo, Carlos Madrid Uribarri, Iñaki Vitoria-Gasteiz Van Parijs, Philippe Lovaina/Harvard Varela, Araceli Ginebra Vigevani, Tullo Sao Paulo Wark, Julie Barcelona/Sidney Wright, Erik Olin Madison Editor general: Antoni Domènech Barcelona: Daniel Raventós Jordi Mundó Joaquín Miras Buenos Aires: María Julia Bertomeu Carlos Abel Suárez México D.F.: Adolfo Gilly |
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| El sistema financiero que delata a Obama Michael Hudson · · · · · 01/02/09 Comencemos con el perfil del nuevo regalo, según lo trazó el pasado jueves el New York Times: “El secretario del Tesoro, Timothy F. Geithner, dijo el miércoles que la administración está trabajando en un gran plan para ‘reparar el sistema financiero’. (…) las acciones de los bancos subieron en la esperanza de que el gobierno esté dando pasos hacia la creación de un bad bank [banco malo] para purgar de activos tóxicos unos balances contables en rápido deterioro a medida que empeora la economía (…) los funcionarios de la administración creen que se necesitan unos cuantos billones de dólares más para comprar el grueso de los activos malos en poder de os bancos… “El concepto de ‘bad bank’ ha ido cobrando importancia en el sector financiero a medida que se deteriora la economía, recortando drásticamente el valor de los activos de riesgo en los libros de los bancos e incrementando la necesidad bancaria de capitalización para hacer frente a esas pérdidas. Las acciones de Citigroup y del Bank of America, que acaban de recibir una segunda trasfusión vital de dineros del contribuyente, aumentaron el 19 y el 14 por ciento, respectivamente, a caballo del crecido optimismo de un mercado de valores convencido de que la administración librará a los bancos de los activos que les hacen perder dinero.” [“Geithner Says Plan for Banks Is in the Works”, por Stephen Labaton y Edmund L. Andrews, The New York Times, 29 de enero de 2009.] Luego de (1) amenazar durante ocho años con que la perspectiva de un déficit de un billón de dólares que hipotecaría a toda una generación era razón suficiente para poner firmes a los recipiendarios de la Seguridad Social y para abolir las deudas contraídas con los jubilados de la nación; luego de que (2) la administración Bush haya proporcionado en los pasados tres meses 8 billones de dólares en buenos y efectivos bonos del Tesoro a cambio de derivados financieros basura de Wall Street; luego de todo eso, (3) la administración Obama habla ahora de soltar entre 2 y 4 billones de dólares más la próxima semana. Ni un solo congresista republicana se mostró favorable, análogamente a la negativa del congresista republicano Boehmer a apoyar el rescate de Bush aquel fatal viernes en que el señor McCain y el señor Obama debatían entre sí sobre asuntos completamente marginales en relación con el rescate, que ambos candidatos apoyaban apasionadamente. El Partido de la Riqueza ya ve las pintadas en la pared contra una medida por la que dejará en exclusiva la responsabilidad al Partido del Trabajo. Seguramente es la única ocasión en que yo preferiría el “bipartidismo”. Por la vara del flujo de contribuciones financieras a la campaña electoral podrán medirse los beneficios que eso reportará a los demócratas. ¡Ya quisieran muchas familias que se les devolviera el importe de todas las malas inversiones realizadas! Es como un padre del chico que acaba de romper un juguete y le dice: “Está bien. Iremos a comprar otro”. Y eso lo dicen los apóstoles de la “responsabilidad” de los pobres respecto de su pobreza, de la “responsabilidad” de los deudores hipotecarios por endeudarse más allá de sus posibilidades, de la “responsabilidad” de la gente que enferma y no puede pagarse la atención médica, de la “responsabilidad” de unos estados y de unas ciudades fiscalmente desangrados por la “limpieza” de la economía a que Bush y Obama han procedido. Nada para quien no forme parte del cerca del centenar de milmillonarios que se han hecho con el dinero bastante como para convertirse en la elite dominante norteamericana por el resto del siglo XXI. Luego de pasarse la vida denunciando la intrínseca injusticia del socialismo, Wall Street procede ahora a una repugnante parodia del mismo: como si el “socialismo para ricos” no fuera, por lo pronto, un oxímoron. Se calla por sabido que los bancos no están “nacionalizados”. Obsequiarles con el mayor monto de títulos desembolsables de la historia sin exigir a cambio el poder gestor directo que va con la propiedad es muy otra cosa que “nacionalizarlos”. Y si no, que venga Lenin y lo vea. Ahora que, a tiempo para que pudieran celebrarlos los representantes de Wall Street en Davos, se han divulgados los detalles de este nuevo y, desde luego, no mejor obsequio de entre 2 y 4 billones de dólares, podemos legítimamente preguntarnos si, financieramente hablando, hay que pensar en la administración Obama como en una administración Bush-3. O si, mejor aún, se halla todavía en una tendencia pro-acreedor y habría que considerarla como una administración Clinton-5 o Reagan-8. Desde 1980, el sector financiero se ha hecho con una fabulosa sisa de dinero a expensas de los trabajadores y de los “contribuyentes”. Más precisamente: se ha tratado de una sisa deudora, del otro lado del balance contable de los activos. Sostenidos por Larry Summers, los chicos de Harvard de Boris Yeltsin transfirieron billones de dólares de riqueza minera y empresas públicas rusas, poniéndolas en manos de los cleptócratas. Se trató, pura y simplemente, de una transferencia de activos. En 1997, para colmo, el FMI concedió a Rusia un préstamo que, absorbido al punto por el sumidero de las cuentas bancarias de los cleptócratas, tuvo que devolverse con las ganancias de ulteriores exportaciones de petróleo. Pero el nombre del juego era este, “activos”. El actual obsequio a los bancos en los EEUU da una nueva vuelta de tuerca. Se puede establecer una analogía con las “acciones paniaguadas” [“watered stocks”: una práctica común en la Era de la Codicia norteamericana, a finales del siglo XIX; T.] y los bonos que los magnates de los ferrocarriles y los emperadores financieros de Wall Street se otorgaban a sí propios y a sus voceros políticos [en la Era de la Codicia] mediante el simple expediente de añadir cupones de intereses y dividendos a los precios cargados al público, como si de “costes” reales se tratara. La versión actual –bonos del Tesoro “paniaguados”— nace de los libros contables del sector público. El “contribuyente” tiene que pagar los cargos de intereses, lo que va en detrimento de la inversión en infraestructuras que el señor Obama reputa tan necesaria. En la “letra pequeña” del rescate Bush-Obama se abunda en estipulaciones que ofrecen a Wall Street la perspectiva de una década de vacaciones fiscales, permitiéndole compensar sus pérdidas financieras por la vía de substraerse a sus responsabilidades fiscales. De modo que, no sólo ha habido un enorme obsequio fiscal; ha habido también una redistribución de la carga fiscal a costa del mundo del trabajo y de la industria. Los estados y los municipios ya han empezado a anunciar planes de venta de carreteras y aeropuertos, de suelo y otros activos públicos al sector financiero, a fin de financiar unos acrecidos déficits presupuestarios que la actual legislación no les permite gestionar. No se han previsto recursos federales de ningún tipo para financiar a unas ciudades cuyos ingresos fiscales se desploman a ojos vista. Se ha ofrecido una cantidad poco más que simbólica para familias de bajos ingresos agobiadas por las hipotecas basura. Pero eso no significa darles algo parecido a un “bono” dinerario desembolsable. Cumple simplemente un papel de exhibición –como solían exhibirse las ayudas a viudas y huérfanos— para justificar el rescate de los bancos y sus pésimos negocios con divisas, tasas de interés y derivados financieros. Los deudores insolventes son meros vehículos pasivos: se les ofrece un alivio hipotecario que el gobierno, en su nombre, trasladará a sus bancos para mantenerlos a todos a salvo. A todos, ¡pero a unos más que a otros! Chris Matthews me acaba de proporcionar una estadística de hoy (29 de enero de 2009): 18,4 mil millones de dólares en bonos de Wall Street pagados con dinero procedente del rescate del gobierno. A eso se le llama “salvar la economía”. No es menos oximorónico que hablar de “socialización de las pérdidas”. Socializar las pérdidas significaría cancelar las deudas hipotecarias y de otros préstamos bancarios, borrándolas de la contabilidad bancaria. En cambio, los rescates actuales significan el mantenimiento de las deudas en la contabilidad bancaria, pero su adquisición por parte del gobierno a fin de mantener a salvo a los acreedores; entretanto, una cuarta parte de las hipotecas inmobiliarias han entrado en quiebra técnica por causa del desplome del precio de la vivienda [deben más de lo que vale ahora su activo inmobiliario; T.], y sus deudas, lejos de ser rescatadas, se mantienen en los libros de contabilidad bancaria. La “basura tóxica” de la economía permanece. Pero se está creando más basura en un volumen harto respetable y en obsequio de unos pocos centenares de familias. No resulta, pues, sorprendente que el mercado de valores subiera 200 puntos el pasado miércoles, ¡aupado por la cotización de las acciones de los bancos! En los diez días de aparente frenesí transcurridos desde que Obama entrara en posesión de su cargo, diríase que sus acertadas decisiones en lo tocante a Guantánamo, a Irak o a la restauración de los derechos de los trabajadores frente a los empresarios no son sino caramelos destinados a endulzar el obsequio a Wall Street, un quid por quo concebido para evitar la oposición de las bases sociales del Partido Demócrata. O al menos, tal parece ser su efecto. Acusar a Obama de haber procedido a un obsequio no se condeciría, a primera vista, con el impulso de fondo subyacente en sus decisiones: pero sólo si prescindiéramos del nombramiento de Larry Summers en la Casa Blanca y del eminente papel en el rescate desempeñado por Barney Frank en la Cámara Baja y Chuck Schumer en el Senado. Hay una forma muy sencilla de pensar en todo lo que ha pasado y que explica por qué todas las medidas tomadas, lejos de ayudar a la economía, agravarán su situación. Supóngase que el nuevo bad bank o “banco malo” de 4 billones de dólares funciona. La cobertura gubernamental dará bonos del Tesoro a cambio de préstamos y derivados financieros del “banco malo”, sin que el gobierno se atenga a los valores de mercado (“marking to market”): dicho sea esto a propósito de la pretensión de que dar crédito a Wall Street es una política de “libre mercado”; pero la alternativa a los mercados libres no resulta ser “socialismo”, ni siquiera “socialismo para ricos” (hay peores palabras para eso y prefiero no emplearlas aquí). La verdadera pregunta es ésta: ¿qué hará la elite de Wall Street con el dinero? Desde Chuck Schumer hasta Barney Frank, pasando por Larry Summers, toda la administración Obama se halla a la espera de que los bancos presten a los norteamericanos. Los prestatarios tendrían, pues, que contraer más deuda, deuda bastante para iniciar un nuevo proceso de inflación de los precios inmobiliarios, haciendo así la vivienda más inaccesible y obligando a los compradores a contraer unas deudas hipotecarias todavía más grandes. Mayores hipotecas y precios inmobiliarios al alza se supone que ayudarían a reconstruir la contabilidad bancaria, es decir, a ganar lo suficiente como para compensar sus pérdidas. Pero eso pasa por alto el hecho de que la actual depresión en curso está causada por la deflación de deuda. Familias, empresas y gobierno tienen que gastar más ingresos salariales, más beneficios y más ingresos fiscales en el servicio de la deuda, en vez de en la adquisición de bienes y servicios. ¿Qué solución de los problemas del coste de la deuda es ésa que pasa por endeudarse todavía más? ¿No hay un punto de locura en todo eso? La solución promovida por el gobierno, que es la que le han ofrecido los lobistas financieros, es rescatar a los banqueros de Wall Street dejando a la economía “real” todavía más endeudada. Toda esa cháchara sobre la necesidad de “más crédito”, todo ese mendigoneo a los bancos para que presten más dinero y luego extraigan más interés y amortización de la economía, no hace sino labrar el camino hacia un sumidero deudor todavía más profundo. Eso no es ayudar a las familias a pagar sus deudas. Y, a decir verdad, los propietarios de vivienda cuyas hipotecas ya cuestan más que el precio de mercado de su propiedad no serán tampoco capaces de conseguir más préstamos. Sanar el problema de la deuda no costaría más de 1 billón de dólares, aproximadamente: bastaría con que se dejara funcionar la magia del “mercado” en el contexto de una renovada legislación para las quiebras que se orientara en favor de los deudores. Pero no es ese, huelga decirlo, el problema que el gobierno trata de resolver. Lo que pretende, simplemente, es mantener a salvo a los acreedores, unos acreedores que, después de todo, son en nuestros días los más influyentes lobistas y los mayores contribuyentes a las campañas electorales. Lo más importante que hay que entender de la presente crisis económica es que no era necesaria, ni tecnológica, ni política, ni fiscalmente. El gobierno, en los niveles estatal, local y federal, está sin fondos, pero sólo porque la fuente natural del fisco, la renta del suelo y la renta monopólica, así como los gravámenes al usuario del servicio público, ha sido financiarizada. Es decir, que, mientras los impuestos a la propiedad solían financiar en los años 30 tres cuartas partes del presupuesto de estados y municipios, hoy sólo representan una sexta parte. Este encogimiento no ha sido en beneficio de los propietarios de vivienda, de quienes viven de alquiler o de los que ocupan locales comerciales. Los precios de las viviendas y de los edificios de oficinas los fija el mercado inmobiliario. El alza de los precios del mercado ha ido a parar a los bancos en forma de interés hipotecario. El sector financiero, pues, ha substituido al Estado como receptor del excedente económico, lo que ha dejado al sector público seco y sin liquidez. El sector financiero también ha substituido al Estado como planificador económico. Ese papel le ha venido por consecuencia de su monopolio en la creación de crédito, que resulta clave en la asignación de recursos. El crédito bancario se crea libremente. Los gobiernos podrían hacer lo mismo. En realidad, eso es lo que hizo el Tesoro norteamericano durante la Guerra Civil emitiendo crédito-papel. Si la actual depresión económica en curso es un fenómeno de origen humano (para ser preciso: financiado por los lobistas), ¿qué política se precisa para ponerle remedio? Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire. Traducción para Revista Sin Permiso Ricardo Timón sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓN o haciendo una SUSCRIPCIÓN a la REVISTA SEMESTRAL impresa Counterpunch, 1 febrero 2009 |
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| Foro Social Mundial: Queremos todo Carlos Abel Suárez · · · · · 01/02/09 Los que hoy, vivos, pueden relatarnos los estragos de la crisis de los 30 no son muchos. Uno de ellos, el veterano economista Paul Samuelson, que colaboró con Franklin D. Roosevelt como principiante, pronosticaba días pasados que esta crisis era todavía más grave que aquella. Y agregaba que aquella crisis provocó la II Guerra Mundial. En los debates que se vienen anticipando desde cuando comenzaron los primeros síntomas de una crisis financiera, en 2007, cuando el tropel de los economistas neoclásicos, que alimentaron durante los últimos 30 años las usinas del neoliberalismo sostenían que estábamos frente a "dificultades" en los mercados, había quienes advertían que la crisis de financiera llegaría a la economía real, y que se retroalimentaba con la crisis energética, la crisis alimentaria y con una verdadera catástrofe ambiental en ciernes. No estaban en los grandes medios, pero estos análisis podían encontrarse en la prensa libre de compromisos con los alimentadores de burbujas financieras y de las otras. Todo esto y mucho más fue discutido por este Foro Social Mundial que concluye en Belem do Pará. Pero la calidad de las mesas, desordenadas a veces, que discutieron de casi todo, como ocurrió en los siete FSM anteriores, no explica la trascendencia del acontecimiento. Lo que aquí se vivió desde la marcha inaugural, es que el fuego encendido en el combate de los 80 y los 90 contra las políticas neoconservadoras y neoliberales, no solamente continúa vivo sino que comienza a diseñar las luchas por venir y los escenarios posibles. Más aún, quienes pretenderán, seguramente, reconstruir el debilitado edificio del capitalismo tendrán que tomar en cuenta a los que estuvieron en Belem. Ellos regresarán del tórrido Belem, con muchas preguntas, algunas respuestas y una reafirmación de sus luchas, algunas centenarias o milenarias, como la de los pueblos originarios, la de los derechos de la mujer y la de la paz, entre otras. La presencia de cinco presidentes latinoamericanos en este FSM, que reafirmaron su compromiso con sus objetivos originales -la contracara del Foro de los poderosos que se reúne en Davos- es parte de una nueva relación de fuerzas. Recordaron el jueves pasado que alguna vez llegaron al Porto Alegre de comienzos de este siglo, como los miles de anónimos que ahora recorren las calles de Belem. La mayoría jóvenes. La dinámica del FSM, con sus altas y bajas, no solo pasó la prueba de estos años dramáticos sino que luce fortalecido mientras el triunfalismo neoliberal de otrora, se debate hoy en una terrible confusión política y teórica. Ciertamente, que en sus múltiples mesas, miles de encuentros y debates, el FSM no despejó los interrogantes sobre la crisis de la izquierda. Ni tampoco la estrategia de los movimientos sociales y los problemas que la crisis plantea a los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados. Todas las demandas de los explotados y oprimidos, de los pueblos indígenas, de los campesinos, de las mujeres, por un Estado laico y al mismo tiempo la demanda de libertad e igualdad para todos los cultos, la tierra, la defensa del Amazonas, el agua, los recursos naturales, los puestos de trabajo, los derechos a la salud y a la educación, todos, absolutamente todos, se expresaron aquí. En definitiva, la exigencia democrática por excelencia, la que viene de todos los tiempos: el derecho a la existencia para todos y todas. Sin embargo, sería romántica una lectura del FSM sin advertir que la nueva relación de fuerzas que se mostró aquí en Belem es un inventario de los problemas y de las fuerzas en un escenario que es mucho mejor que el que teníamos cuando nació el Foro en 2001, en Porto Alegre. La nueva relación de fuerzas en América Latina es un punto de partida, importante por cierto, pero plantea asimismo grandes desafíos. Cada uno de los gobiernos progresistas de la región tendrá que superar obstáculos, pruebas de fuerza, dificultades económicas, políticas y sociales de todo orden. La paradoja de esta nueva situación es que las fuerzas sociales y políticas de la izquierda no han superado todavía su propia crisis, más allá del punto que pongamos como comienzo. Y el propio Foro mostró la naturaleza de las divergencias. Hay quienes aún replican la discusión de principios del siglo XX, entre reforma o revolución. O el debate de los 30. Que si poner el acento en la lucha electoral, en las reformas políticas o en la auto organización desde los movimientos sociales. Las comparaciones son de las más variadas y hasta pintorescas. Muchos habrán ampliado su panorama, frecuentado mesas plurales, expresado sus opiniones sin cortapisas, manifestándose con alegría, y congratulándose por la permanencia de esta caja de resonancia extraordinaria de todas las demandas. Desde ese punto de vista el balance del FSM es muy positivo. Una fiesta de la fraternidad. No obstante, cada uno regresa desde este Foro y despide a los compañeros y compañeras de Belem que han aportado una notable hospitalidad con la certeza de que grandes batallas nos esperan. Carlos Abel Suárez es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso. sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓN o haciendo una SUSCRIPCIÓN a la REVISTA SEMESTRAL impresa Carta Maior, 1 febrero 2009 |
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| Europa Oriental se prepara para una violenta "primavera del descontento" Jason Burke · · · · · 01/02/09 Europa del Este se encamina a una violenta "primavera del descontento", de acuerdo con expertos de la región que temen que la crisis económica global esté generando en las calles una peligrosa reacción popular violenta. Cada vez más afectados por la crisis, países como Bulgaria, Rumanía y los estados bálticos se enfrentan a una honda desestabilización política y conflicto social, así como a un aumento de las tensiones raciales. La semana pasada, los manifestantes fueron disueltos con gases lacrimógenos mientras tiraban piedras contra la policía frente al parlamento de Vilnius, capital de Lituania, en protesta contra un programa de austeridad que incluye subidas de impuestos y recortes de prestaciones. En Sofía, la capital de Bulgaria, 150 personas fueron detenidas y al menos 30 heridas como resultado de la violencia generalizada. Más de un centenar quedaron detenidas tras refriegas callejeras entre fuerzas de seguridad y manifestantes en la capital de Letonia, Riga. Según las últimas estimaciones, la economía de varios países de Europa del Este se contraerá este año hasta un 5%, después de un crecimiento de casi dos dígitos durante casi una década, y la inflación alcanzará un pico del 13%. Muchos temen que Rumanía, que ingresó en la Unión Europea junto a Bulgaria en 2007, pueda ser la siguiente en sufrir desórdenes públicos de importancia. "En unos cuantos meses, habrá gente en las calles, eso es seguro", ha afirmado Luca Niculescu, ejecutivo del sector mediático de Bucarest. "Todos los días oímos que ha cerrado otra fábrica o se ha deslocalizado. Tenemos un nuevo gobierno que no se ha mostrado muy eficaz. Y nos hemos acostumbrado a tasas muy altas de crecimiento. Es una mezcla explosiva". Entre las principales empresas que amenazan con recortes de empleo masivos se cuentan el fabricante de automóviles Dacia, que podría suprimir 4.000 puestos de trabajo si no se recuperan las ventas. Una portavoz de Renault, propietario de Dacia, ha manifestado que sólo se considerarían recortes de esa magnitud en una "perspectiva catastrófica", pero ya lleva interrumpida dos meses la producción en Rumanía después de que la demanda nacional cayera en picado más de la mitad. Otras empresas importantes ya han anunciado sus planes de deslocalización: una fábrica japonesa de cable se reubicará en Marruecos. Marius Oprea, consejero de seguridad del último gobierno rumano, ha declarado que la crisis entrañaría "problemas graves para la clase media". Añadió que "se producirá un descenso de los ingresos tributarios, lo que causará problemas considerables a los presupuestos del Estado. También se recortará enseguida el número de empleados del Estado y sus sueldos se depreciarán cada vez más". Otro problema de Rumanía, lo mismo que del resto de la región, es que muchos propietarios de viviendas de clase media han contratado su hipoteca en euros. Con el desplome de la moneda nacional, afrontar los pagos se hace más difícil. "Intentaremos el diálogo, pero si no funciona, defenderemos los intereses de nuestros afiliados como podamos", declaró un sindicalista rumano la semana pasada. "Queremos ser parte de la solución, no del problema, pero la situación es muy grave". El Dr Jonathan Eyal, especialista en la zona del Royal United Services Institute de Londres, afirma que los países de Europa Oriental están mal equipados para encarar las repercusiones de la crisis global y corren el riesgo de una "implosión social". "Son economías a menudo frágiles...con estructuras políticas quebradizas, con partidos políticos no muy sólidos e instituciones débiles. Están mal preparados para lo que se les ha venido encima", comenta Eyal. "El año pasado eran los países centrales de Europa Occidental los que se tambaleaban, ahora es la periferia más débil la que recibe de lleno el impacto de la crisis". Las razones del malestar de la semana pasada son variadas. Los estudiantes búlgaros protestaban por la muerte de uno de los suyos en un incidente aparentemente casual de delincuencia, y culpaban al gobierno dirigido por los socialistas de no ser capaz de garantizar la seguridad. A ellos se les sumaron los campesinos enojados por los bajos precios de sus productos y los problemas con los subsidios de la UE, frecuentemente desviados por administradores corruptos. Las tensiones se han exacerbado a causa de la crisis del gas, en la que Bulgaria ha sufrido graves restricciones de calefacción y electricidad desde que Moscú cerró el grifo tras su disputa con Ucrania. "Estamos hartos de vivir en el país más pobre y más corrupto", afirmaban en un comunicado los organizadores de la protesta en Sofía. "Esta protesta única reúne al pueblo en su deseo de cambio y en su anhelo de vivir en un país europeo normal". En Letonia, años de fuerte crecimiento económico han dado paso a la recesión, la inflación galopante y el desempleo en aumento. La confianza en la autoridad del Estado y sus funcionarios ha decaído de modo catastrófico, tal como afirmó el presidente Valdis Zatlers la semana pasada, amenazando con convocar elecciones de inmediato. La mayoría de los detenidos en los disturbios de la semana pasada en Riga ya han sido puestos en libertad. Según el jefe de policía Janis Reiniks, entre los detenidos había "parados, trabajadores, estudiantes y escolares", además de una persona ligada al Partido Democrático de Letonia y un "skinhead". El año pasado Letonia se vio obligada a solicitar un paquete de rescate de 6.250 millones de libras al Fondo Monetario Internacional, lo que provocó una reacción patriotera ante lo que se percibía como "una humillación nacional". Con todo, algunos estados de Europa Oriental parecen estar resistiendo mejor. El gobierno de Estonia acumuló ingentes reservas monetarias durante los años de rápido crecimiento. "Todo el mundo sabe que este año va a ser muy duro. Pero en Riga y Vilnius están agotados e iracundos y han perdido la fe en sus dirigentes; eso no ha sucedido aquí", ha declarado Raimo Poom, jefe de la sección política del diario Esti Paevaleht, de Tallinn. Otro temor es que aumenten los ataques contra las minorías étnicas. La República Checa, también gravemente afectada por la crisis, fue testigo de la peor violencia callejera en años cuando 700 miembros del Partido de los Trabajadores, ultraderechista, chocó con un millar de agentes antidisturbios en la ciudad de Litvinov que les impedían entrar en una zona predominantemente "roma" (gitana). "El clima político nacionalista, populista [de Europa del Este] resulta muy propicio para el sentimiento hostil a las minorías", ha manifestado Larry Olomoofe, del Centro Europeo de Derechos Roma de Budapest. La historia reciente de la región agrava la crisis, dicen los expertos. "Estamos hablando de gente que se mantuvo a flote durante un periodo bastante nefasto tras el derrumbe de la URSS, cuando sus economías se redujeron a un tercio, en la creencia de que ingresar en la UE les traería prosperidad y estabilidad", ha afirmado Eyal. "Esta aspiración es la que ha se ha demostrado decepcionante y eso resulta muy desestabilizador". Los puntos inflamables de Europa Bulgaria Población: 7 millones. Acosada por la corrupción e inestabilidad política. Docenas de personas, incluyendo 14 policías, resultaron heridas durante los disturbios de la semana pasada en Sofía. Letonia Población: 2,2 millones. El gobierno de centro derecha puede convocar elecciones tras los disturbios causados por las duras condiciones resultado del rescate del FMI. Lituania Población: 3,5 millones. Choques callejeros y 86 detenciones después de que 7.000 personas asistieran a un acto convocado por los sindicatos para protestar por los recortes salariales del sector público, la reducción de las pensiones de la seguridad social, el aumento del IVA y la eliminación de las exenciones fiscales para medicinas y calefacción doméstica. Estonia Población: 1.4 millones. Hasta ahora en calma, el gobierno posee mayores reservas monetarias y confianza pública que en los demás países, pero la contracción de un 3,5% de la economía en el tercer cuatrimestre del pasado año es probable que cause problemas. Se desmorona rápidamente el apoyo al primer ministro, Andrus Ansip, y su gobierno. Jason Burke trabaja para The Observer Traducción para Revista Sin Permiso Lucas Antón sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓN o haciendo una SUSCRIPCIÓNa la REVISTA SEMESTRALimpresa The Observer, 18 enero 2009 |
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| Pecios. El Mal es un comodín ideológico Rafael Sánchez Ferlosio · · · · · 01/02/09 El autor recupera la fórmula del apunte variado, una reflexión breve sobre hechos de actualidad. En esta ocasión, manda el horror persistente del conflicto palestino-israelí y el advenimiento de la era de Obama. (Españolez) En 2002 se declaró la Tomatina de Buñol fiesta de Interés Turístico Nacional. Interesaba, en efecto, que los extranjeros vinieran a conocer esta forma de expresión cultural post-moderna, pero a la vez auténticamente española. (Tertuliano) Sería una grave injusticia despojar a las víctimas de su derecho a contemplar el retorcerse de los cuerpos y oír los alaridos de sus verdugos abrasándose en el fuego eterno. (Abstracciones) Es un error sumamente craso el de seguir diciendo "frías abstracciones", cuando es cada día más llamativo hasta qué punto el hierro de la abstracción se ha vuelto el que más pronto y con más ganas se pone incandescente. (Glosa a José María Ridao) Lo más descorazonador de los políticos es que siempre están empezando, y sin capacidad para darse cuenta de que todos sus empezares son un volver a empezar. Con este empezar recurrente se corresponde el que los gobernados pacientes tiendan a decir una y otra vez "Ahora sí que". (Obama 2009-glosa al anterior) Lo peor que podría volver a empezar ahora, una vez más, es una Nueva Era. (Predestinación) Se podría configurar un principium idiuiduationis en que el constituyente definitivo fuese el destino. La fábula es así: "Ha de haber para ti un lugar vacío en el infierno; el Criador lo formó como la celda de un panal el día en que naciste, o mucho antes, si es que antes te pensó. La celda te está destinada, lo que quiere decir que espera que la llenes con tu cuerpo mientras Nuestra Señora no te salve de acabar en ella". El cielo es todo cielo, no hay lugares, panales ni alveolos; por eso no es Destino, es Salvación. Salvación respecto del destino, tal como pretendía Walter Benjamin. (Heraclio) Hace ya muchos años, yendo yo por los campos y dehesas que desde la carretera de Piedralaves hacia Pedro Bernardo y Arenas de San Pedro van bajando, ondulantes, hasta la orilla derecha del Tiétar, vi que me seguía, como a unos 10 o 12 metros de distancia, sin tratar de alcanzarme, un perro grande, un mastín, que arrastraba un trozo de cuerda que traía atado al cuello. Era, evidentemente, un perro ahorcado, que con su peso había roto la cuerda y había salvado la vida. ¿Qué vida? Aquel andar tan cansado, con la cabeza baja, aquellos ojos tristes y como entrevelados, ¿podían ser todavía la vida? La confianza en que aún alguien en el mundo lo acogiese la traía ya tan disminuida que se me fue quedando lentamente atrás hasta perderme de vista. (2ª glosa a la glosa a J. M. R.) Los días, los meses, los años, los siglos, son al fin cantidades de una misma cuenta, pero las Nuevas Eras son inconmensurables golpes de decrepitud. (Confianza) Algunos aprecian la coherencia o congruencia como una prueba de honradez en la conducta o como una garantía de verdad en el razonamiento, pero, al cabo, tiene un punto de vanidad estética: vale poco más que la rima, pero es mucho más peligrosa. (Afinidad) La siniestra teoría del "plasma germinal" guarda, por la razón de la inherente prioridad frente a los individuos, un cierto parentesco con la concepción sacrosanta de "La Vida" en las doctrinas del cristianismo, y no sólo del romano. (El gran comodín) Esa noción de "el Mal", extrapolada, encarnada y proyectada en el mundo con jerarquía de Ente, es tan falsa y fraudulenta como la pócima amarilla, sebosa y pegajosa a la que en el famoso "Processo degli untori" se atribuyó la peste de Milán, cuando pasaban por esta ciudad multitud de personas, sobre todo lansquenetes, que huían de la epidemia de peste extendida al norte de los Alpes. Cuando oigo la palabra el Mal, ontológicamente enfatizada, me digo: "Ya está ahí la purga de Benito, se ha terminado la averiguación". Es el gran comodín ideológico, exorcismo de urgencia para cualquier vacilación moral. (Equívoco pronominal) Se ponen como muy arrogantes usando el plural, porque piensan que Nosotros tiene la ejemplaridad de no ser personal sino solidario, pero Nosotros es tan persona como Yo, y, si cabe, muchísimo peor persona. (Españoleces) "A rajatabla", "a machamartillo", "verdades como puños". (Anacarsis) Cada vez más ejemplarmente piadosa resulta hoy en día la respuesta del escita Anacarsis, que visitó Atenas en tiempos de Solón, cuando los atenienses le preguntaban que por qué no tenía hijos: "Por amor a los niños". (Perlas de la lengua) Se encuentran a veces en los textos más modestos como aquel de Las hijas de un sevillano que cantan las niñas saltando a la comba: "Un día a la más pequeña / le tiró la inclinación / de irse a servir al rey / vestidita de varón". ¡Pero qué maravilla es esa de "le tiró la inclinación"! (Creyentes en la inexistencia) Ahora salen con el eslogan "Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y goza de la vida". No sé lo que es hoy en día "gozar de la vida" como no sea gastar dinero y hacer el mamarracho para sofocar el mortal aburrimiento de un mundo malvendido. Pero lo malo de la fe no es que Dios dé preocupaciones, sino todo lo contrario: Dios quita preocupaciones; Dios inhibe, enajena, insensibiliza, embrutece. (Tzipi Livni: "Todos deben elegir de qué lado están") Cuando la guerra es escatológica la enemistad entre las partes es una separación divina que sería apóstata infringir. (Monopolio) Sería ridículo pensar que con los bombardeos de la Franja de Gaza los judíos quieren vengarse de Hamás por lanzarles unos cohetes que de cada centenar sólo uno da en el blanco (es decir, hiere o mata a una persona); los judíos no se vengan de Hamás, siguen vengándose de la Shoah, pues sólo ellos son los legítimos portadores del victimato: del victimato único y universal, y por lo tanto eterno. (Se dijo de Euskadi: "No queremos la paz, sino la victoria") Es inútil: no hay indulgencia plenaria más incontestable que la de la victoria. (La victoria-glosa a Todorov) Esa suciedad de la que os ha lavado la catarsis de la victoria era precisamente lo que más importaba conservar. (La normalidad) Siempre he sostenido y aplicado la idea de que las fórmulas verbales más comunes y estereotipadas expresan a menudo nociones o representaciones que forman parte del substrato ideológico más cotidiano de una sociedad. Recurren a manera de tics verbales fijados y consolidados en acuñaciones literalmente invariables. No hace falta un oído demasiado suspicaz para detenerse ante una fórmula como "volver a la normalidad", hoy cada día más repetida, ¡tantas anormalidades sobrevienen!, y oír en ella la expresión más profundamente representativa de nuestra sociedad burguesa, liberal y acomodada. La convicción y la confianza son las de que hay una normalidad, como un suelo seguro y permanente, una horizontal de equilibrio, a la que siempre han de volver las cosas tras los ocasionales disturbios o perturbaciones que se elevan o descienden, por así decirlo, con respecto al nivel cero de ese pavimento, alterando la calma e interrumpiendo momentáneamente la constancia y la fidelidad del mundo. Pero no hay que tener miedo: el mundo es fuerte y siempre vuelve a la normalidad. (Glosa a "La normalidad") Fue el enorme talento de Ionesco el que, en su obra La cantante calva, acertó a poner magistralmente en escena "la normalidad" en estado puro. El método consistió en no desviar nada, sino en acompañarla hasta su propia perfección. De modo que, al igual que las agujas del reloj de la comedia, que daba y volvía a dar siempre las nueve, no necesitó moverse ni un milímetro de la objetividad, para lo cual se atuvo escrupulosamente al libro que le había inspirado: un manual de lengua inglesa que cayó en sus manos, porque quería aprender inglés. Así pues, como pauta de la conversación del señor Smith y la señora Smith, puede decirse que, en un sentido real, no se inventó absolutamente nada, sino que adoptó y siguió rigurosamente por modelo la letra y el espíritu del tipo de frases pedagógicamente puestas como ejemplo en el manual de inglés. En efecto, sacada de contexto y oída aisladamente, no hay ni una sola interlocución en todo el diálogo de los señores Smith que pueda sonar ya sea, por una parte, absurda, grotesca, estrafalaria o carente de sentido, ya sea, por otra, original, deliberada, específica, especializada o subjetivamente intencional; todo es allí común y cotidiano, todo es profundamente normal, la perfección de "la normalidad". (La televisión) Todos se conocen, todos se tutean, todos se besan, todos se admiran, todos se alaban, todos se aplauden, todos se adoran. ¡Pero qué mono todo! ¡Qué lindo es el mundo! Rafael Sánchez Ferlosio, para muchos el mayor prosista vivo de la lengua castellana, fue Premio Cervantes en 2004. El País, 22 enero 2009 |
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| Los motores del cambio en España Ferran Gallego · · · · · 01/02/09 El proceso constituyente fue el resultado de movilizaciones sociales durísimas en los primeros meses de la monarquía que bloquearon la cautelosa reforma de Fraga y propiciaron un suarismo más aperturista A 30 años de la aprobación del texto constitucional, los comentarios dedicados al momento de su aprobación se han referido a la apertura de un nuevo ciclo político en España. Las sociedades buscan un referente originario de su sistema de vertebración, de su propio reconocimiento social, que puede hallarse en el acuerdo generalizado sobre una declaración de derechos y deberes, así como una articulación de los mecanismos de su regulación. Los análisis acerca de las insuficiencias o incumplimientos del texto constitucional no han dejado de manifestar un entusiasmo que rebasa el texto mismo, para referirse a las condiciones en que éste se redactó y, más allá del periodo constituyente, al proceso de la transición en su conjunto. Existe una simplificación retroactiva que lleva a trasladar a las condiciones de 1977-1978 las que caracterizan nuestra sociedad actual. Pero tal simplificación no sirve solamente al objetivo de desautorización del proceso de la transición. Puede operar en un sentido contrario, que consiste en exaltar la Carta Magna por la vía de ignorar o edulcorar el trayecto político conflictivo que llevó hasta él, atenuando el antagonismo crucial existente en aquel momento: el que separaba a quienes no sabían hasta que podrían conseguir cambios democráticos y quienes se planteaban hasta dónde sería preciso ceder a las presiones de la movilización social que hiciera inevitable realizarlos. Ambas actitudes acaban coincidiendo en la infravaloración de tales resistencias y en la envergadura de los cambios obtenidos por dichas movilizaciones. De modo que la visión que ha ido proyectándose es la de una sociedad que parte de un consenso que luego es canalizado, en lugar de hacer de la negociación el resultado de un periodo de confrontaciones políticas tan radicales como las que deben suponerse entre el franquismo y la oposición democrática, liderada por los partidos de la izquierda obrera y por el movimiento sindical y vecinal. Las insuficiencias de la oposición en una correlación de fuerzas adversa y los errores cometidos en una u otra fase de la transición pasan a contemplarse como concesiones gratuitas que cedieron la iniciativa a los dos primeros gobiernos de la monarquía al margen de las posibilidades políticas existentes. Algo que acaba por hacer del reformismo franquista no sólo el sector beneficiado de un proceso político que no era el que habría deseado, sino que convierte a la élite del régimen -lo cual significa que al régimen mismo- en el voluntarioso protagonista de la democratización, una tesis que no han dejado de enarbolar los analistas de la derecha española de aquellos y de estos momentos. Las condiciones de asimetría en que se encontraba la oposición democrática y el reformismo franquista permitieron el control inicial del proceso por éste. Sin embargo, lo condicionaron de una forma radical que no dio satisfacción a las expectativas de la ruptura democrática inmediatamente, pero sí obligó a llevar un proceso de democratización que no se encontraba en la agenda gubernamental. El examen detallado de un periodo breve, pero atestado de improvisaciones y de modificación de las correlaciones fuerzas, es el único medio de evitar una visión que puede acabar por arrebatar su inicio y su resultado a los demócratas, para depositarlo en manos de la derecha o, en el mejor de los casos, en una tierra de nadie exenta de los conflictos que permitieron la llegada de la democracia a España. A esto y no a otra cosa se refieren tanto la curiosa reivindicación conservadora de responsabilizar a instituciones del régimen franquista de un proyecto democrático para el país, o las que sustentan la imagen de un acuerdo de principio entre los españoles, que sólo tuvo que ponerse por escrito en cuanto el régimen estuvo en condiciones de librarse de sus sectores inmovilistas. En la opinión pública ha llegado a establecerse la referencia a aquel momento fundacional extendiéndolo a un proceso de reconciliación en el que no sólo se eliminan los proyectos contrarios del régimen y de la oposición para el futuro del país, sino asignando a quienes constituyen la élite del régimen la máxima responsabilidad y el papel de protagonistas reales del cambio, atribuido con una retórica generosa al "conjunto del pueblo", sin distinguir las opciones que distinguían en aquel momento a los españoles. En todos los escenarios, incluido el más crítico con las posiciones de la izquierda, la oposición democrática desempeña un papel secundario, entregada a la iniciativa del reformismo franquista, adaptándose a sus propuestas y renunciando voluntariamente a sus objetivos. He señalado en otros lugares mi escasa complacencia con lo que fueron errores graves de la oposición democrática: desde los que se refieren a un análisis inadecuado de la capacidad de evolución del régimen, hasta los que permitieron una iniciativa política que podría haberse corregido si la primacía de la movilización social no hubiera cedido al paso a una negociación que pasaba a depender cada vez menos de la lucha en la calle. Además, claro está, de las distintas opciones presentes en una oposición democrática plural, que pudieron determinar este desequilibrio letal para poder romper la asimetría del proceso. Esta posición crítica no exime de un factor que permite comprender, precisamente, lo que debería preocupar a los herederos de aquella oposición democrática, incluso para graduar adecuadamente sus desaciertos y comprender las graves consecuencias que éstos proyectan todavía sobre nuestro sistema. Este factor consiste en comprender que, sin la lucha por la ruptura, ni siquiera se habría producido la reforma. Lo cual no significa que la ruptura fuera posible en las condiciones políticas del año 1976-1977, sino que la reforma podía haber sido esquivada por el régimen, buscando recambios en una democracia limitada como la que se proponía el primer gobierno de la monarquía. También consiste en señalar que el ritmo del cambio no correspondió solamente a la acción de un régimen que no era la cáscara vacía, desprovista de base social, que la izquierda había imaginado, sino a la necesidad de ajustar sus pasos a la presión social que no tuvo siempre los mismos niveles de eficacia ni los mismos grados de unidad, porque la oposición también dependía de la capacidad de adaptación estratégica del reformismo. Tales presiones se realizaron en forma de movilizaciones sociales durísimas, que hallaron una respuesta implacable en los primeros meses de la monarquía: la huelga general de Madrid en enero de 1976, las movilizaciones de Barcelona en febrero o los sucesos de Vitoria en marzo. Esa presión fue la que forzó la crisis del proyecto de reforma inicial de la monarquía y que bloqueó la reforma cautelosa y excluyente de Manuel Fraga. Sin tales movilizaciones no se habría producido la crisis del primer Gobierno de Juan Carlos ni el ascenso de un suarismo dispuesto a mantener el control de la situación por la única vía posible: la apertura de un proceso de negociación que condujo a Ley para la Reforma Política. Ni siquiera en ésta se garantizaba un proceso constituyente que no estaba en las perspectivas de quienes la aceptaron en las instituciones. Ese proceso constituyente fue el resultado de unas elecciones realizadas en un territorio adverso para la oposición, con un sistema electoral que sigue siendo una lacra de nuestra democracia y con el control de todos los medios de creación de opinión pública y de movilización de votantes en manos de un aparato del Estado al servicio de la UCD. Mas las elecciones mismas fueron un mérito de la oposición, no una intención original del Gobierno ni, mucho menos, del evolucionismo posfranquista. Y su resultado, con más de la mitad del país dando apoyo a la oposición democrática y, en especial, a la izquierda, fue lo que determinó lo que no estaba prefijado: el proceso constituyente en la forma en que se llevó a cabo, rechazando las propuestas más estrechas de su método de elaboración. Comprender la crisis posterior de espacios y horizontes políticos de la izquierda tiene que ver con las penurias de esta fase, pero debe referirse a las condiciones en que evolucionaron las cosas más tarde. La celebración del aniversario debería servir para reducir determinados mitos de la transición y devolver a la izquierda tanto la vigencia de sus errores como la densidad de sus aciertos. O no podremos adjudicar a la derecha ni una cosa ni la otra. Ferran Gallego es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de un importante libro recientemente publicado: El mito de la transición (Barcelona, Crítica, 2008). El País, 22 enero 2009 |
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| Un autor "clásico". Este seguramente le interese al forero "47", ya que corrige de manera justificada uno de sus argumentos favoritos. Por qué los salarios son bajos Vicenç Navarro · · · · · 13/01/08 En la evolución de los salarios en España dos hechos llaman la atención. Uno, documentado por el último informe de la OECD Employment Outlook 2007, es que los salarios han bajado en España. El otro, también documentado por tal informe, es que los salarios españoles están entre los más bajos en la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países más cercanos al nivel de desarrollo económico español. Aunque esto último ha sido una constante, el descenso del salario promedio es más reciente y ha ocurrido primordialmente a partir de los años noventa. Este descenso se ha atribuido por varios autores a la globalización, indicándose que los trabajadores españoles están compitiendo con los trabajadores del Este de Europa, así como con los trabajadores de los países subdesarrollados (que tienen salarios mucho más bajos), forzándoles a disminuir sus demandas de incrementos salariales, temerosos de que ello genere una respuesta empresarial que incluya el irse a otro país. La prensa está llena de referencias a empresas que amenazan desplazarse o que lo han hecho en busca de salarios más bajos. Que ocurre es indiscutible y toma lugar preferentemente en los sectores industriales de la producción. La desregulación del mercado de trabajo y la inmigración masiva explican la curva salarial Ahora bien, en esta argumentación se ignoran hechos importantes. Uno de ellos es que la gran mayoría de puestos de trabajo no son exportables, es decir, no se pueden producir en otros países. En EE UU, por ejemplo, se ha calculado que el número de trabajos exportables en los próximos 20 años varía de un 16% a un 29%, lo cual quiere decir que del 84% al 71% no son exportables. El segundo hecho es que los salarios han descendido tanto en los puestos de trabajo exportables como en los no exportables, siendo en éstos últimos donde se encuentran la mayoría de salarios más bajos. Los 15 puestos de trabajo con salarios menores que incluyen el 15% de todos los puestos de trabajo de EE UU (y un 12% en España) son trabajadores de restaurantes y personal de cocina, personal de limpieza, personal de lo que en España se llaman guarderías y servicios domiciliarios, vigilantes de edificios y aparcamientos, y trabajadores de servicios domésticos. Ninguno de estos puestos es exportable a otros países. Las causas de que éstos y otros salarios no exportables sean bajos se deben, en parte, a las políticas públicas (tales como la desregulación de los mercados de trabajo) que se han ido aplicando y que han debilitado enormemente al mundo del trabajo y a los sindicatos. Mercados de trabajo altamente regulados como los escandinavos (que son, por cierto, los países más globalizados de la UE-15) tienen salarios mucho más altos (para los mismos puestos de trabajo) que en España. El trabajador de lo que en Finlandia o Suecia se llaman escuelas de infancia (escuelas públicas para niños de cero a dos años) son profesionales diplomados con estudios universitarios, mientras que en España los trabajadores de lo que se llaman guarderías (señalando la función de mero aparcamiento de los infantes) son personas con muy escasa o nula formación. En realidad, en España se exige mayor conocimiento y formación a los guardadores de animales en los parques zoológicos que a los guardadores de niños y cuidadores de ancianos. Otra causa de los bajos salarios es la inmigración masiva que el país ha ido experimentando en los últimos años y que ha causado una disminución de los salarios de los sectores donde tal inmigración se concentra. Esta situación se hubiera incluso acentuado más si se hubiera aceptado por parte del Parlamento Europeo la famosa directiva Bolkestein, apoyada por autores liberales como Anthony Giddens, también llamada del país de origen, en la propuesta de movilidad de los servicios de la UE-15. Según tal propuesta vetada por el Parlamento Europeo, una empresa constructora polaca, por ejemplo, que trabajara en España pagaría a sus trabajadores salarios polacos (que son la mitad de los salarios españoles). Y es ahí donde radica otra de las causas de los bajos salarios: la importación de trabajadores que por su condición de inmigrantes tienen que aceptar salarios más bajos. Por ello, en países donde los sindicatos son fuertes (como en los países nórdicos), se apoya al inmigrante (dándole los mismos derechos que a los trabajadores nativos) pero no a la inmigración, mientras que en aquellos países donde el mundo empresarial es fuerte, como en el sur de Europa, se apoya a la inmigración pero no al inmigrante. Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra. El País (Cataluña), 2 enero 2008
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