El fantasma de Aznar resurge tras el 'Aguirregate'
El olor fétido que exhala Esperanza Aguirre contamina al resto del Partido Popular. Además del espionaje a propios y extraños, la corrupción que empieza a investigar el juez Baltasar Garzón anida en la Comunidad de Madrid. Podrá seguir en la Puerta del Sol, pero su asalto a Génova ha sido frenado. Tanto que es probable que fracase también en Caja Madrid e incluso en el Canal de Isabel II. Sus cálculos sobre la defenestración de Mariano Rajoy, después del fiasco en las urnas gallegas, vascas y europeas, terminan en números rojos para la lideresa. Sajar Madrid, limpiar el pus que infecta la Comunidad, es una necesidad para toda la derecha constitucional. Es una cuestión de Estado.
No tiene nada de extraño, por lo tanto, que el fantasma de las Azores vuelva a recorrer los pasillos, despachos, sacristías y capillitas del PP. El ulular de José María Aznar es cada vez más frecuente. Si la desesperación de Esperanza es tan palpable como irreversible, urge el retorno de Franquito para poner orden en la derecha. Pese a que fue el propio Aznar quien hundió al PP en las Azores, no son pocas las voces desesperadas que le piden que reflote lo hundido. Hoy le miran como miraron ayer a Rodrigo Rato y mirarán mañana a Alberto Ruiz-Gallardón.
Pero no es sólo un problema de liderazgo . O la derecha retoma la experiencia de UCD, cortando amarras con los antisistema atrincherados en la Comunidad de Madrid, o seguirá en un callejón sin salida constitucional.
Pese a la crisis y la actual indecisión de José Luis Rodríguez Zapatero, la inmensa mayoría de los ciudadanos opina que menos mal que están en el Gobierno los que están. Porque el Partido Popular está dando un insuperable ejemplo de cómo no se debe gobernar. Que se vea obligado a darla desde Génova y no desde el palacio de la Moncloa refleja la sabiduría de los españoles.