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Magnífica serie de cuatro capítulos que resume la evolución del sistema monetario actual desde 1900. Imprescindible para aquellos que quieran conocer el funcionamiento del sistema. Está escrito por el economista Fernando Suárez:

Capítulo primero:

¿De verdad vale algo nuestro dinero? Historia del Sistema Monetario Moderno (I) - cotizalia.com

Hubo un tiempo en el que el estándar de riqueza, el activo de reserva internacional capaz de saldar deudas, de ser intercambiable por cualquier otra cosa, era el oro. Las naciones adheridas al gold standard se habían comprometido a fijar el tipo de cambio de sus respectivas divisas en términos de una determinada cantidad de oro, el cual iba y venía en respuesta a los precios relativos entre países. Aunque el papel moneda se utilizaba en la vida cotidiana como medio de pago, con absoluta movilidad de capitales, cualquiera podía canjear sus billetes por oro, salir del país y, allá donde fuese, dirigirse a un banco simpático, hacer un depósito en metálico y obtener a cambio billetes en moneda local.

Puesto que las reservas de oro de un país eran finitas y sólo podían aumentar a través de un superávit de la balanza de pagos (exportador neto) o por producción interna de oro, tanto el proceso de emisión de moneda respaldada con oro como la pérdida de reservas tenían un límite natural. Así, un descenso en las reservas de un país, consecuencia del exceso de sus importaciones sobre sus exportaciones, ocasionaba una bajada general de precios como resultado de la contracción monetaria (salida de oro para enjugar el déficit). El efecto contrario se producía en los países exportadores netos quienes, ante el aumento de sus reservas, perdían competitividad por la subida interna de precios.

El flujo del oro funcionó para mantener la paridad del poder de compra (PPP, Purchasing Power Parity) a través de una cantidad equivalente de oro entre las naciones, evitando que los desequilibrios comerciales (déficits) perpetuos se acumularan.

El mecanismo de control esencial del flujo del oro era la política de tipos de interés: cualquier déficit de la balanza de pagos que redujese las reservas debía acompañarse de una subida del tipo de descuento que, de un lado contuviese la salida de capitales a corto plazo y, de otro, desincentivase el consumo, el gasto de inversión y, finalmente, redujese el nivel general de precios. Cuando operaba un superávit, el proceso era el inverso. Algunos bancos centrales, no obstante, hacían trampas recurriendo a operaciones de mercado abierto, esterilizando el aumento de reservas mediante la venta de títulos de deuda pública, impidiendo de esta forma un incremento indeseable de la oferta monetaria.

Debido a que las divisas estaban ligadas en términos de oro, su valor se mantenía estable en torno a los puntos de importación/exportación del metal, esto es, cualquier tensión en los mercados de cambio (exceso de demanda/oferta) quedaba corregida, vía arbitraje, por los costes de exportación/importación. Si la demanda de tenedores de A que quisieran cambiar por B excediese la demanda de tenedores de B que quisiesen cambiar sus cromos por A, B tendería a subir. Pero sólo hasta alcanzar un tipo de cambio tal que compensase convertir la divisa A en oro y enviarlo hasta donde lo cambiasen por B. El resultado, relativa estabilidad cambiaria, comercial, financiera, muy baja inflación media de largo plazo, aunque volátil a corto, y florecimiento económico mundial apoyado en la revolución industrial y el capitalismo weberiano.

Llegan los peros... El problema de los tipos de cambio fijos es que los ajustes macro se realizan directamente sobre las variables: inflación, empleo, producción, renta. La ventaja de una muy baja inflación media de largo plazo se veía contrarrestada por movimientos acusados en empleo, producción y renta por motivos varios, caseros o forasteros, ya que los shocks, las crisis de origen diverso sufridas en un país, se transmitían, vía comercio exterior, a través del flujo del oro. La inoperancia de la política monetaria trasladaba el peso del ajuste a la fiscal, con un coste social, político y económico considerable, impopular y al contado.

Con todo, baja inflación, reducidas expectativas de inflación a largo plazo medidas a través de los rendimientos de la deuda pública, mantenimiento del poder adquisitivo y un crecimiento real robusto1. No dejen de consultar los gráficos que aparecen enlanzados para ver la comparativa histórica.

La cosa se complica

Reino Unido, potencia mundial decimonónica, abandonó de facto el patrón oro con el bloqueo de los albores de la Gran Guerra, al quedar sin suministros, sufrir pánicos financieros, revueltas, moratoria de deudas y la suspensión de la Bank Charter Act, el alma del gold standard. La emisión de papel moneda sin respaldo para financiar gasto bélico y corriente estoqueó la economía del Imperio Británico y el sucedáneo de reinstauración tras la Conferencia de Génova de 1922, sin previa devaluación de la esterlina, la apuntilló con una depresión deflacionista anterior a la Gran Depresión.

Estados Unidos, a la sazón potencia novel ávida del testigo británico, adoptó la Gold Standard Act en 1900. Los convulsos pasos para estabilizar su joven y errático sistema financiero dotándole de un banco central conveniente terminaron en el Sistema de la Reserva Federal, un consorcio interbancario compuesto por 12 bancos comerciales y que oficialmente empezó a funcionar en diciembre de 1913.

La FED emitía notes, papel moneda denominado en dólares y respaldado por apenas dos quintas partes de oro; notes que servían, a su vez, como reservas fraccionarias para que los respectivos Bancos Nacionales expandiesen depósitos y los Bancos Estatales ofreciesen créditos respaldados por los depósitos de los Bancos Nacionales.

Este esquema, conocido como la Triple Pirámide Invertida de Jekyll, representa una gran pirámide invertida (el sistema) compuesta de tres filas o niveles de pirámides invertidas más pequeñas: el de la Reserva Federal (base), el de los Bancos Nacionales (nivel intermedio) y el de los Bancos Estatales (nivel superior), permitiendo la emisión de papel moneda convertible en oro y la expansión del crédito bancario con requisitos muy bajos de reservas/encaje metálico.

El abandono formal u oficioso de la disciplina monetaria impuesta por el gold standard, el exceso de papel moneda y de crédito para financiar gasto público, políticas de estabilización y guerras, terminó pagándose con la Gran Depresión.

El gold-exchange standard, adoptado tras la Conferencia de Génova, fue un paripé de disciplina ficticia a través de un dólar respaldado por oro, una libra convertible en dólares (y en oro, pero sólo en lingotes y por bancos centrales), mientras el resto de divisas eran convertibles en libras. Un fiasco equivalente a una pirámide de monedas sobrevaloradas, convertibles entre sí y, en última instancia, en el dorado metal. A esos precios, no había oro en el mundo para aplicar la convertibilidad. La pirámide de dinero y crédito se vino abajo. Crash. Gran Depresión. Hoover Vs. FDR, Presidenciales USA de noviembre de 1932.

En 1933, ya con Franklin Delano Roosevelt como Presidente, New Deal mediante, quedaron aprobadas las leyes que oficialmente sacaron a EE.UU del gold standard, imponiendo un sistema monetario fiduciario elástico para combatir la depresión y obligando a separar las actividades de banca comercial y de inversión, además de asegurar los depósitos y autorizar la confiscación del oro de ciudadanos y empresas, a cambio del cual se recibía papel moneda oficial que tardó poco en ser devaluado por el gobierno y jamás recuperó su adorada convertibilidad.

Última edición por Pravda; 05-dic-2008 a las 13:40
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¿De verdad vale algo nuestro dinero? (II) El abandono del patrón oro o el secreto del converso - cotizalia.com

Decíamos la semana pasada que, consumada la "confiscación" del oro privado en Estados Unidos, y prohibido cualquier pacto o cláusula que requiriese pago/liquidación en moneda distinta a la de curso legal establecida entonces, Franklin Delano Roosevelt (en adelante, FDR) procedió a la devaluación del dólar en términos de oro (casi un 41%) en 1934, "redefiniéndose" el dólar de 25’8 a 15’23 gramos de oro de 900 milésimas de pureza y pasando el precio de la onza de oro norteamericano de 20’67 a 35 dólares.

Un deshonor... una traición a las viudas y huérfanos que habían confiado en la convertibilidad de los bonos gubernamentales y en la paridad del poder adquisitivo del papel moneda obligatorio, tal y como recogemos en su V.O. El senador Carter Glass dirigiéndose a FDR: “This great government, strong in gold, is breaking its promises to pay gold to widows and orphans to whom it has sold government bonds with a pledge to pay gold coin of the present standard value. It is breaking its promise to redeem its paper money in gold coin of the present standard of value. It's dishonor, sir.”

Deshonor. Confiscación. Traición fiduciaria. ¿Conspiración? No crean que es una teoría apoyada por un iluminado cualquiera.

Abro paréntesis. Necesario. Sin abandonar nuestro hilo argumental, tal vez merezca la pena recordar las reflexiones siempre autorizadas de alguien considerado un maestro/gurú, impagables por su trasfondo socioeconómico, político, moral. Y por su esencia, tan vigente y actual. ¿Por qué se abandona el patron oro?

“Como raramente se da el caso de que todos los depositantes deseen retirar todo su oro al mismo tiempo, el banquero (depositario) sólo necesita mantener una fracción del total de depósitos en oro como reservas. Esto le permite prestar más que el importe de sus depósitos en oro (lo que significa que mantiene obligaciones/exigibilidades en oro como garantía de sus depósitos). Pero el montante de préstamos que puede permitirse otorgar no es arbitrario: debe calcularlo en relación a sus reservas y al estado de sus inversiones.

Cuando los bancos prestan dinero para financiar esfuerzos productivos y rentables, los préstamos son amortizados rápidamente y el crédito bancario se mantiene en general disponible. Pero cuando los proyectos empresariales financiados con crédito bancario resultan menos rentables y se retrasa su devolución, los banqueros pronto encuentran que sus préstamos pendientes de pago son excesivos en relación con sus reservas de oro y comienzan a recortar nueva financiación, habitualmente cobrando tipos de interés más altos. Esto tiende a restringir la financiación de nuevos proyectos y exige de los prestatarios existentes una mejora de su rentabilidad antes de que puedan obtener crédito para una mayor expansión. Por tanto, bajo el gold standard, un sistema bancario libre se erige como el protector de la estabilidad económica y el crecimiento equilibrado.../...

Periódicamente, como resultado de una expansión crediticia demasiado rápida, los préstamos de los bancos alcanzan el límite de sus reservas de oro, los tipos de interés suben bruscamente, se paraliza la nueva financiación y la economía se adentra en una acusada pero corta recesión... /... Los periodos de reajuste eran cortos y las economías rápidamente reestablecían una base sólida sobre la que reanudar la expansión.../...

Si la escasez de reservas bancarias causaba un descenso en los negocios, argumentaban los intervencionistas, ¿por qué no encontrar un modo de suministrar un incremento en las reservas bancarias de forma que nunca fuesen escasas? Si los bancos podían prestar dinero indefinidamente, se afirmaba, no habría necesidad de descensos en los negocios. Y así fue como se organizó el Sistema de la Reserva Federal en 1913.../... Técnicamente, permanecíamos en el gold standard, las personas aún podían poseer oro libremente y éste se usaba todavía como reservas bancarias. Pero ahora, además del oro, los créditos concedidos por los bancos de la Reserva Federal (“reservas de papel”) podían servir como moneda de curso legal en el pago a los depositantes.../...

El Estado del Bienestar no es más que un mecanismo por el que los gobiernos confiscan la riqueza de los miembros productivos de una sociedad para apoyar una amplia variedad de esquemas de prestaciones sociales (bienes y servicios públicos). Una parte sustancial de la confiscación se realiza a través de impuestos. Pero los estadistas del bienestar enseguida se dieron cuenta de que si querían mantener el poder político, la imposición fiscal tenía que ser limitada y tenían que recurrir a masivos y deficitarios programas de gasto, es decir, tenían que pedir prestado dinero, emitiendo bonos gubernamentales, para financiar prestaciones sociales a gran escala.

En virtud del gold standard, la cantidad de crédito que una economía puede asumir está determinada por los activos tangibles de la economía, ya que todo instrumento de crédito es, en última instancia, una reclamación sobre algún activo tangible. Pero los bonos gubernamentales no están respaldados por riqueza tangible, sino sólo por la promesa de pago del gobierno en base a sus ingresos fiscales futuros, lo que no es asimilado fácilmente por los mercados financieros. Un enorme volumen de nuevos bonos gubernamentales sólo puede ser vendido al público mediante progresivamente más altos tipos de interés. Por consiguiente, bajo el gold standard el gasto público deficitario está severamente limitado.

El abandono del patrón oro hizo posible para los estadistas del bienestar el uso del sistema bancario como medio de expansión ilimitada del crédito. Han creado “reservas de papel” en forma de bonos gubernamentales que, a través de una complicada serie de pasos, los bancos aceptan en lugar de activos tangibles y tratan como si fuesen un depósito real, es decir, como el equivalente a lo que anteriormente era un depósito en oro. El tenedor de un bono del gobierno o de un depósito bancario creado por “reservas de papel” cree que tiene un derecho sobre un activo real. Pero el hecho es que ahora hay más derechos (exigibilidades) que activos reales.../...

En ausencia de patrón oro, no hay forma de proteger los ahorros de la confiscación a través de la inflación. No hay depósito de valor seguro. Si lo hubiera, el gobierno tendría que ilegalizarlo, como se hizo en el caso del oro. Si todo el mundo decidiese, por ejemplo, convertir todos sus depósitos bancarios en plata o cobre o cualquier otro bien y posteriormente rechazase aceptar cheques como pago de bienes, los depósitos bancarios perderían su poder adquisitivo y el crédito bancario creado por el gobierno no valdría nada a la hora de reclamar (exigir) contraprestación en bienes. La política financiera del Estado del Bienestar requiere que no haya modo alguno de que los propietarios de riqueza se protejan.

Este es el vil secreto de los estadistas del bienestar en sus diatribas contra el oro. El gasto deficitario es simplemente un plan para la confiscación de la riqueza. El oro se interpone en el camino de este insidioso proceso. Representa un protector de los derechos de propiedad. Si uno entiende esto, no tiene ninguna dificultad para entender la hostilidad política hacia el patrón oro.”

Alan Greenspan, “Gold and Economic Freedom” (1966).

Cierro paréntesis.

Sorpresas te da la vida. Curiosa catarsis desde partisano combatiente contra la confiscación y el fraude piramidal a cooperador necesario en la exuberancia irracional (1996), el conundrum de los tipos de interés (2005) y burbujas varias, en su condición de Commander in Chief entre 1987 y 2006 de los, según su propio criterio, confiscadores de riqueza global. Están locos estos romanos...

Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo. Seguiremos recordando la próxima semana la Historia del Sistema Monetario Moderno bajo la perspectiva del valor real del dinero fiduciario. Espero
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¿De verdad vale algo nuestro dinero? (III). El fracaso de Bretton Woods II - cotizalia.com

Tercera entrega. Tras el paréntesis alla Greenspan, retornamos a la época convulsa de devaluaciones competitivas, nacionalismo y proteccionismo globales, fugas de capitales y economías de casus belli. Menguan los años 30, se impone el pleno empleo cortesía de políticos jugando a militares y militares jugando a políticos.



La nacionalización del oro norteamericano y posterior devaluación del dólar minaron cualquier intento serio de vuelta al gold standard. La captación de reservas de oro internacionales a cambio de dólares y la implantación de éste como moneda de reserva se apoyaron en la RFC, el Exchange Stabilization Fund y el Export-Import Bank of the United States. El resultado fue que las reservas norteamericanas de oro se duplicaron en apenas 5 años, triplicándose en menos de una década, constituyendo casi dos terceras partes del total a finales de la II Guerra Mundial. Indispensable paso previo para la futura dolarización.



Tupido velo sobre los desastres bélicos. Realizado el desembarco de Normandía, los aliados conferenciaron en Bretton Woods para dotar al nuevo orden mundial de un estándar monetario que restaurase la estabilidad cambiaria del gold standard y cimentase los retos económicos de posguerra. Sin objeciones, la hegemonía estadounidense se tradujo en aceptamos barco: en lugar de oro, dólares.



Patrón cambios oro de convertibilidad absoluta con el dólar, a 35 $ la onza de oro fino. Los pilares institucionales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento). Las divisas tenían como eje central del sistema al dólar, respecto del que fijaban su paridad (tan sólo ajustable en un 1%) y que podrían convertir en oro al precio establecido. La moneda norteamericana se comprometía a dotar de liquidez al sistema, a ser solvente, haciendo frente a cualquier demanda de convertibilidad con el adecuado encaje metálico, y quedaba erigida como medio internacional de pago.



Para defender la paridad cambiaria, las naciones adheridas debían intervenir en el mercado comprando o vendiendo su divisa contra el dólar, según se depreciase o apreciase más allá del límite establecido. El problema era que EE.UU, tras la guerra, además de operar superávits por cuenta corriente, era el mayor acreedor neto del mundo. Y sus prestatarios iban a necesitar, entre otras cosas, muchos dólares. Se impuso, pues, que EE.UU operase déficits comerciales para que los dólares fluyeran a sus, a partir de entonces, acreedores comerciales, quienes a su vez eran deudores por los créditos bélicos que debían amortizar. Deber y que te deban, A Whole New World.



Pero la equivalencia 1$ = 1/35 parte de una onza de oro era pura fantasía disney, una ilusión virtual de que el oro podía imprimirse como los dólares, a voluntad. Como el espejismo de asepsia monetaria de los mecanismos de control de los flujos comerciales, de capital y de inflación crediticia. Bondades del efecto multiplicador. In Keynes We Trust. Sin embargo, la perversa realidad del sistema fraccional de reservas y el dinero bancario ilimitado obligaron a mantener el ensueño mediante continuas intervenciones cambiarias y manipulaciones del precio del oro. ¿Resultado final? Exportación de inflación global vía reciclado de dólares.





Se duplica la base de crédito en el mundo.



Jacques Rueff, insigne economista y estadista francés, se refirió a este sistema como “un juego infantil en el que, después de cada ronda, los ganadores devuelven sus canicas a los perdedores”. Y lo argumentaba así de bonito en L'Âge de l'inflation de 1964 (Le Péché monétaire de l'Occident, 1971):



“Al recibir dólares o efectos pagaderos en dólares a causa de los déficits de la balanza de pagos de Estados Unidos, los bancos emisores de Occidente, en lugar de cobrar el oro al que tenían derecho, dejaban los dólares depositados en los Estados Unidos, donde generalmente se prestaban de nuevo en el mercado norteamericano. Los bancos emisores acogieron muy favorablemente el nuevo régimen, puesto que sustituía en sus balances los lingotes o piezas de oro totalmente improductivos por activos rentables.../...



El patrón cambios oro proporcionaba al país deficitario la certeza de que, en la medida en que el acreedor le devuelve en forma de préstamo las divisas obtenidas de las liquidaciones de sus créditos, el déficit de su balanza no provocará ningún pago al extranjero. Todo tenía lugar en el plano monetario, como si el déficit no hubiese existido. De esta forma, el patrón cambios oro produjo una inmensa revolución y promovió el secreto de un déficit sin llanto. Permitió, a aquellos países que se beneficiaban de una divisa de prestigio internacional, dar sin tomar, prestar sin pedir prestado y comprar sin pagar.../...



La capacidad adquisitiva agregada de un país no se veía afectada en modo alguno por su déficit de la balanza de pagos, cualquiera que éste fuese.../... Todo déficit de la balanza de pagos de un país cuya moneda le es devuelta por los bancos emisores que la reciben, produce una duplicación de la base del crédito en el mundo. Las divisas transferidas para la liquidación del déficit son compradas, mediante la creación de moneda, por el sistema bancario del país acreedor. Y la liquidez generada es entregada a los acreedores del país deudor. Pero, al mismo tiempo, estas divisas contra las que el país acreedor ha emitido moneda son reinvertidas de nuevo en el mercado del país deudor. Por tanto, todo ocurre como si las divisas no abandonasen nunca el país deudor. Al entrar en el sistema crediticio del país acreedor y permanecer, al mismo tiempo, en el del deudor, las divisas producen inmediatamente un fenómeno de duplicación.../...



La más grave consecuencia del patrón cambios oro es el carácter engañoso de la estructura de crédito que engendra.../... Si los extranjeros solicitasen la convertibilidad en oro de una parte sustancial de sus haberes en dólares, podrían provocar el colapso de la estructura crediticia en EE.UU. Por tanto, es absolutamente necesario, antes de que sea demasiado tarde, que se corrija la situación resultante de la doble estructura crediticia piramidal basada en el stock mundial de oro.”



Pero la situación no fue, ni mucho menos, corregida. De hecho, para mantener ese privilège exorbitant referido por Charles de Gaulle, la convertibilidad del dólar quedó secretamente en suspenso a mediados de los años cincuenta. Y, ante las tensiones al alza en el precio “libre” del oro, hubo de suscribirse el compromiso adicional de manipular su precio a través del London Gold Pool, además de abonarse a intervenciones cambiarias y otras respuestas, como los Derechos Especiales de Giro, según justifica el propio FMI.



Pérdidas de reservas de oro, turbulencias monetarias, flight from $, no más papelillos por petróleo y Nixon cierra la gold window el 15 de agosto de 1971. El dólar deja de ser, de iure, convertible en oro. Nace el sistema fiduciario puro basado en el exorbitante privilegio del dollar standard.



Tela. Medio mundo de vacaciones, siesta dominical y, cuando uno se levanta, el dólar ha dejado de tener valor intrínseco (0’888671 gramos de oro). Pasó de ser un depósito de valor al portador a ser un concepto de valor: abstracto, indefinido, subjetivo, convertible en credulidad y reproducible sin más respaldo que la confianza que genera...



Moneda fiduciaria, aquella que representa un valor intrínseco que no tiene y únicamente está respaldada, res ipsa loquitur, por la fiducia o confianza depositada en ella. Pero será en la cuarta y última entrega cuando acarrearemos la harina de ese costal.
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¿De verdad vale algo nuestro dinero? (y IV). Creación del dinero y alquimia financiera - cotizalia.com

Cuarta y última entrega de la serie de artículos que, a la luz de cómo ha evolucionado el Sistema Monetario Internacional a lo largo del último siglo y medio, pretenden responder a una pregunta fundamental que se hacen muchos de ustedes: ¿Vale algo mi dinero? Hoy, creación de dinero y alquimia financiera.



Nos habíamos quedado en el alumbramiento, el 15 de Agosto de 1971, de un sistema fiduciario puro basado en el exorbitante privilegio del dollar standard. Efeméride trascendental, pues la divisa norteamericana canceló su valor intrínseco (0’888671 gramos de oro) y pasó de ser un depósito de valor al portador a un concepto de valor abstracto e indefinido. Papel moneda convertible en credulidad y respaldado únicamente por la fiducia o confianza depositada en él, en su preeminencia como divisa de reserva, medio de pago internacional y unidad de cuenta. Poderío de parné. In Dollar We Trust.



El dólar permanecía como eje de un sistema viciado en su concepción y en el consentimiento tácito hurtado por sorpresa al orbe económico. Las sucesivas devaluaciones y turbulencias financieras desembocaron en la primera crisis del petróleo, toda vez que la OPEP había ya arrebatado el control del cártel a Le Sette Sorelle y, por consiguiente, podía redefinir los términos de intercambio de sus limitados/estratégicos recursos fósiles por papelillos ilimitados: si el medio de pago vale menos, suben los precios nominales. Si vuelven los Greenbacks, nuevo Boom de materias primas denominadas en dólares.



La desmonetización del oro (Jamaica Agreements, 1976) obligó al FMI a deshacerse de la tercera parte de sus reservas auríferas. Las divisas quedaban ligadas entre sí mediante tipos de cambio flexibles y fijos en todas sus modalidades, desde libre flotación cambiaria a dolarización, pasando por parrillas de paridades o tipos fijos con paridad móvil. Un sistema de monedas fiduciarias basado en el crédito otorgado al representante más tangible de la hegemonía norteamericana, a su divisa. Las manipulaciones cambiarias y devaluaciones competitivas orquestadas para corregir desequilibrios dieron buena cuenta de la fragilidad del sistema. Bluf.



De esta guisa, EE.UU, año tras año, importa bienes y servicios del resto del mundo pagando en dólares. Los dólares recibidos por los exportadores son vendidos a sus respectivos bancos centrales a cambio de moneda local creada al efecto y reinvertidos/reciclados en activos (reales o financieros) denominados en la divisa norteamericana. El exceso de consumo estadounidense, su insuficiencia de ahorro y producción, se compensa mediante un creciente endeudamiento con el exterior documentado mediante masivas emisiones de deuda, absorbidas en el proceso de reciclado de dólares.



Idéntico mecanismo al de Bretton Woods, salvo que ahora las reservas de dólares acumuladas no son convertibles en oro, sino en la confianza de que EE.UU es y seguirá siendo solvente. En que mantendrá la capacidad de repago de sus deudas, respaldadas únicamente por la futura suficiencia fiscal del emisor que, en el caso de la deuda pública, descansa en la potestad tributaria, en la capacidad venidera de recaudar impuestos. Notate Bene.



La sumisión exportadora, vender a toda costa, lleva a fiar sin límites y a manipular la relación real de intercambio con devaluaciones competitivas/anclajes cambiarios, en aras de obtener dólares que sirvan, a su vez, para la expansión doméstica del dinero & crédito. Las deudas de uno son los activos del resto. Y los activos, en efectivo, sólo representan la deuda que respaldó su emisión.




La creación del dinero y la alquimia financiera.



La creación de dólares comienza, de facto, con una mera monetización de deuda: el Tesoro norteamericano emite títulos de deuda pública (bonos) que vende a la Reserva Federal (Fed) a cambio de dinero. Esta transacción es usualmente electrónica, simples anotaciones contables. Contra el saldo acreedor de su cuenta en la Fed, el Tesoro libra cheques, realiza transferencias, acredita cuentas gubernamentales para gastos e inversiones. También para rescates públicos. Dinero instantáneo. Magia, alquimia financiera.



El dinero, de natural inquieto, cambia de titulares y muta hasta llegar, en forma de depósito, a los bancos. Éstos, a su vez, sólo necesitan mantener una pequeña parte de sus depósitos, entre nada y el 10%, como reservas en sus respectivas cuentas en la Fed, como garantía de sus obligaciones frente a sus depositantes. A cambio, pueden prestar e invertir hasta 9 veces las reservas, 10 veces los depósitos iniciales. Es decir, crean dinero bancario expandiendo el crédito en base a depósitos que no tienen, cobrando intereses por un dinero que no existe y que se multiplica, como panes y peces, gracias al sistema fraccional de reservas.



La lógica invita a preguntarse de dónde sale el dinero de la Fed. No sólo las notes, los billetes en circulación impresos, en buena parte para reponer existencias, por mandato de la Reserva Federal, quien paga su coste de producción. Me refiero al dinero electrónico, el que se acredita en la cuenta del Tesoro a cambio de sus bonos y que previamente debiera existir. O no. Un simple apunte contable sin contrapartida. Pura entelequia. Ficción monetaria virtual, la imprenta de Bernanke:



“Como el oro, los dólares tienen valor sólo en el supuesto de su oferta estrictamente limitada. Pero el Gobierno norteamericano tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónica), que permite producir tantos dólares como se deseen sin coste alguno. Incrementando la cantidad de dólares en circulación, o incluso amenazando creíblemente con hacerlo, el Gobierno norteamericano puede reducir el valor del dólar en términos de bienes y servicios, lo que equivale a elevar los precios en dólares de bienes y servicios. Concluimos que, bajo un sistema monetario fiduciario, un determinado gobierno puede siempre generar mayor gasto y, por tanto, inflación positiva.”



Pardiez. Un absurdo círculo vicioso fiduciario de vales de deuda para cancelar deudas. Más dinero/deuda, más inflación, menor poder adquisitivo del dinero y, albricias, menor valor real de la deuda acumulada. El dólar, desde 1971, ha perdido más del 82% de su poder adquisitivo, según esta calculadora de la Fed. En términos de oro, se han esfumado el 95% de los 0’888671 gramos que compraba...




Pero, ¿vale algo mi dinero?



Sin un límite natural a los excesos monetarios y crediticios, al gasto infinito, la barra libre fiduciaria del Estado del Bienestar Ilusorio crea un nivel de vida ficticio basado en el descuento de prosperidad futura. Una enorme pirámide invertida de deudas sin respaldo real. La brutal pérdida de poder adquisitivo, la confiscación de riqueza, abocan a la destrucción del único valor del que goza, actualmente, el dinero: la confianza, la firme convicción de que el papel moneda es, y seguirá siendo, un depósito de valor, riqueza al portador. Paradójico, me temo.



Un esquema piramidal en toda regla, basado en una progresión que permita ensanchar la pirámide para atender los sucesivos repagos de deuda e intereses. Show must go on. La Cumbre de Washington ha vuelto a refrendarlo. Arabescos laterales y balones fuera, pero de cambiar el sistema, naranjas chinescas.



Con un PIB nominal mundial estimado en 55 billones de dólares, en torno a 65 billones en términos de paridad del poder adquisitivo, la pirámide invertida de liquidez global resultaba monstruosa en 2006. Si actualizamos el gráfico anterior con datos a Junio de 2008, sólo el nocional de derivados OTC supera ya 10 veces el valor de la producción anual mundial. En dos años, el saldo bruto de la deuda externa ha crecido un 55% en España, casi el 50% en Francia, 42% en Alemania, un 31% en Reino Unido, el 27% en EE.UU y un meritorio 95% en la Federación Rusa. Observen la progresión de la deuda norteamericana entre 1950 y 1999, en los últimos ocho años y hace apenas una semana. Comprueben cómo trabajan a destajo las imprentas monetarias. Por último, concluyan si el endeudamiento norteamericano es sostenible a largo plazo. La propia Oficina General de Contabilidad estadounidense dice que no. Que alguien pare este enorme disparate.



Un híbrido entre cuento de la lechera y timo de la estampita cuyo desenlace se intuye sin demasiado esfuerzo. Entre tanto, si el tiempo no lo impide y la autoridad competente lo permite, en próximas reflexiones abordaremos el cómo y los porqués de su insostenible vigencia, instrumentada mediante la gestión de la confianza/credulidad, manipulaciones varias y un Estado del Bienestar Ilusorio basado en el feudocapitalismo especulativo del señoreaje, el impuesto inflación y la confiscación de riqueza mediante burbujas y sumideros financieros. Les espero...
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Gracias por los interesantes artículos. Estoy justo esperando que salga un libro sobre el mismo tema, escrito por el grande historiador Niall Ferguson:

The Ascent of Money
Synopsis
Bread, cash, dosh, dough, loot: Call it what you like, it matters. To Christians, love of it is the root of all evil. To generals, it’s the sinews of war. To revolutionaries, it’s the chains of labour. But in The Ascent of Money, Niall Ferguson shows that finance is in fact the foundation of human progress. What’s more, he reveals financial history as the essential back-story behind all history.The evolution of credit and debt was as important as any technological innovation in the rise of civilization, from ancient Babylon to the silver mines of Bolivia. Banks provided the material basis for the splendours of the Italian Renaissance, while the bond market was the decisive factor in conflicts from the Seven Years’ War to the American Civil War.

With the clarity and verve for which he is famed, Niall Ferguson explains why the origins of the French Revolution lie in a stock market bubble caused by a convicted Scots murderer. He shows how financial failure turned Argentina from the world’s sixth richest country into an inflation-ridden basket case – and how a financial revolution is propelling the world’s most populous country from poverty to power in a single generation.

Yet the most important lesson of the financial history is that sooner or later every bubble bursts – sooner or later the bearish sellers outnumber the bullish buyers – sooner or later greed flips into fear. And that’s why, whether you’re scraping by or rolling in it, there’s never been a better time to understand the ascent of money.
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Antiguo 05-dic-2008, 14:17
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Lo he leído en diagonal pero tiene muy buena pinta, gracias por postearlo. Me lo voy a imprimir.

Para la Historia del Dinero antes del siglo XX (cuando comienzan estos artículos), aquí está Menger:
Carl Menger-PRINCIPIOS DE LA ECONOMIA POLITICA

NATURALEZA Y ORIGEN DEL DINERO [1]

En los inicios del comercio humano, cuando los hombres empezaron a adquirir poco a poco conocimiento de las ventajas económicas que podían obtener de las ocasiones de intercambio que se les presentaban, sus objetivos se dirigían, como corresponde a la simplicidad de todos los inicios culturales, sólo a lo más inmediato. Por consiguiente, los individuos únicamente tenían en cuenta, en sus intercambios, el valor de uso de los bienes y todas las operaciones se limitaban a aquellos casos en los que los bienes de que disponía un sujeto económico tenían para él menor valor de uso que los que poseía otro sujeto, mientras que para este segundo ocurría lo contrario. A posee una espada que tiene para él menos valor de uso que el arado de B, mientras que para B su arado tiene menos valor de uso que la espada de A. En aquella inicial situación económica las operaciones de intercambio se limitaban forzosamente a casos como el descrito.

Pero no es difícil comprender que, en estas circunstancias, el número de operaciones de intercambio debía ser de hecho muy reducido. Muy raras veces se da el caso de que una persona posea un bien que tiene para ella menos valor de uso que el bien que posee otra persona y que cabalmente esta segunda opine lo contrario. Y raras veces aún ocurre que lleguen a encontrarse precisamente ellas dos. A tiene una red de pescar que cambiaría gustosamente por una cantidad de cáñamo. Para que este intercambio se lleve a efecto es necesario no sólo que exista otro sujeto que esté dispuesto a cambiar el cáñamo por una red, tal como A desea, sino que se requiere además otra condición, a saber, que ambos sujetos se encuentren y que se comuniquen sus mutuos deseos. El campesino C tiene un caballo, que cambiaría con mucho gusto por algunos aperos de labranza y algunas piezas de vestido. Pero es sumamente improbable que encuentre a la persona adecuada, es decir, a la persona que necesita un caballo y que además puede y quiere dar por él precisamente todos los aperos y vestidos que desea C.

Esta dificultad sería en la práctica casi insuperable, hasta el punto de que surgirían muy graves impedimentos para el proceso evolutivo de la división del trabajo y sobre todo y también de la producción de bienes destinados a una venta incierta, si la misma naturaleza de las cosas no hubiera aportado un medio auxiliar gracias al cual, y sin que sea necesario un especial acuerdo entre los hombres y menos aún una imposición estatal, los agentes económicos de todos los lugares han establecido, con una fuerza incontestable, una situación en la que parecen totalmente eliminadas las anteriores dificultades.

La meta final de todos los esfuerzos económicos de los hombre, es la satisfacción directa de sus necesidades. En sus operaciones de intercambio buscan naturalmente este objetivo final. De ahí que intercambien sus mercancías por aquellos bienes que tienen para ellos valor de uso. Este anhelo está presente por igual en todos los niveles culturales y tienen una plena justificación económica. Los individuos económicos tendrían un comportamiento totalmente antieconómico si allí donde no pueden alcanzar este objetivo directa e inmediatamente no hicieran cuanto esta en su mano por acercarse a él poco a poco.

Un armero de la edad homérica ha forjado dos armaduras de bronce y tiene la intención de intercambiarlas por bronce, combustibles y alimentos. Va, pues, al mercado, ofrece su mercancía contra los citados bienes y se sentirá sin duda muy contento si topa con una persona que tiene justamente la intención de hacerse con las armaduras a cambio de todo el material de bronce necesario para construirlas y de una cantidad de alimentos. Por supuesto, habría que decir que sería una singular y afortunada coincidencia que entre aquel reducido número de personas con capacidad y voluntad para adquirir una mercancía tan poco usual como son dos armaduras, encontrara precisamente aquella que se ajusta en un todo a los deseos del armero. Lo más normal sería que tendría que renunciar al intercambio, o llevarlo a cabo con graves pérdidas de tiempo, si, actuando de forma antieconómica, se empeñara en recibir por sus mercancías justamente los bienes antes citados y ningún otro, aunque se trate de bienes que, además de poseer también el carácter de mercancías, tienen una mayor capacidad de venta que sus armaduras, unas mercancías que le permitirían entrar fácilmente en contacto con personas que las adquirirían sin dificultad, a cambio de los bienes que él necesita. En la época de nuestro ejemplo, la mercancía con mayor capacidad de venta era, como veremos más adelante, el ganado. Es evidente, pues, que nuestro armero tendría un comportamiento poco económico si no intercambiara las armaduras por unas cabezas de ganado, con las que poder cubrir sus necesidades directas. Cierto que al hacerlo no intercambia las armaduras por bienes de uso (en sentido estricto, en cuanto contrapuesto al de “mercancía”), sino por bienes que tienen también carácter de mercancías. Pero sí ha adquirido, a cambio de unas mercancías poco vendibles, otras de mayor capacidad de venta, con lo que, evidentemente, ha multiplicado las posibilidades de hallar en el mercado aquellas personas que pueden ofrecerle los bienes de uso y consumo que él necesita. Un acertado conocimiento de su interés individual llevará a nuestro armero, sin presión y sin especiales acuerdos, a cambiar sus armaduras por un adecuado número de cabezas de ganado y, una vez adquiridas estas mercancías de fácil venta, podrá entrar en contacto en el mercado con aquellas personas que pueden ofrecerle cobre, combustibles y alimentos. Podrá así hacerse con los bienes de uso que necesita con mucha mayor facilidad y, en todo caso, con mucha mayor rapidez y de forma más económica.

El interés económico de cada uno de los agentes de la economía les induce, pues, cuando alcanzan un mayor conocimiento de sus ventajas individuales, a intercambiar sus mercancías por otras, incluso aunque estas últimas no satisfagan de forma inmediata su finalidad de uso directo. Y ello sin previos acuerdos, sin presión legislativa e incluso sin prestar atención al interés público. Ocurre de este modo, bajo el poderoso influjo de la costumbre, presente por doquier a medida que aumenta la cultura económica, que un cierto número de bienes, que son siempre los que, en razón del tiempo y lugar, mayor capacidad de venta poseen, son aceptados por todos en las operaciones de intercambio y pueden intercambiarse a su vez por otras mercancías. A estos bienes llamaron los germanos Geld (= dinero), palabra derivada de gelten (= valer, tener validez, ser válido). Vemos, pues, que en alemán dinero significa, sencillamente, el objeto que vale, que sirve para pagar [2].

El proceso descrito, mediante el cual unos determinados bienes se convierten en dinero, permite comprender inmediatamente la gran importancia de la costumbre [3] en el origen de este último. El intercambio de unas mercancías con escasa capacidad de venta por otras cuya capacidad es mayor favorece los intereses económicos de todos los implicados en la operación, pero la realización práctica de las transacciones presupone el conocimiento de este interés en aquellos que están dispuestos a aceptar un bien, acaso del todo inútil, a cambio de sus mercancías sólo porque tiene mayor capacidad de venta. Lo cierto es que este conocimiento no se produce nunca al mismo tiempo en todos los miembros de un pueblo. Al contrario, en las primeras etapas, sólo un reducido número de sujetos económicos advierte las ventajas que se les derivan cuando, al no poder intercambiar sus mercancías por bienes de uso directo, o cuando este intercambio es muy inseguro, aceptan como contrapartida otras mercancías con mayor facilidad de venta. Esta ventaja es, de suyo, independiente del reconocimiento generalizado de una mercancía como dinero, ya que este intercambio supone siempre y bajo cualquier circunstancia un considerable paso adelante hacia la meta perseguida por todo individuo económico, a saber, hacerse con los bienes de uso que le son necesarios. Pero dado que el mejor medio para ilustrar a los hombres sobre sus ventajas económicas es mostrarles el éxito que consiguen quienes ponen los medios adecuados para conseguir sus objetivos, es claro que ninguna cosa favoreció tanto el origen del dinero como ver los grandes beneficios alcanzados por los individuos más hábiles, gracias a su decisión de aceptar, durante largo tiempo, mercancías de alta capacidad de venta a cambio de todas las demás. Es, pues, seguro que la práctica y la costumbre contribuyeron en muy buena medida a convertir las mercancías más vendibles en cada situación concreta en bienes que aceptaban, a cambio de sus propias mercancías, no algunos sino la totalidad de los individuos económicos [4].

No puede, con todo, negarse el influjo, si bien pequeño, que suele ejercer sobre el carácter del dinero el ordenamiento jurídico dentro de las fronteras del Estado. El origen del dinero (que debe distinguirse del subgénero de las monedas acuñadas) es, como hemos visto, del todo natural y, por consiguiente, sólo en muy contados casos puede atribuirse a influencias legislativas. El dinero no es una invención estatal ni el producto de un acto legislador. La sanción o aprobación por parte de la autoridad estatal es, pues, no factor ajeno al concepto del dinero. El hecho de que unas determinadas mercancías alcancen la categoría de dinero surge espontáneamente de las relaciones económicas existentes, sin que sean precisas medidas estatales.

Pero si, de acuerdo con las necesidades del comercio, un bien tiene carácter de dinero garantizado con una sanción estatal, se consigue con ello que cumpla esta función no sólo respecto de las mismas instancias estatales, sino que desempeñe también todas aquellas funciones cuyo contenido no está regulado de otra manera en casos concretos, es decir, que la función subsidiaria que sustituye a la original, suprimida por las causas que fueren, sólo puede exigirse y ofrecerse con fuerza jurídica respecto de dicho bien. En consecuencia, lo que el Estado hace es imprimir en este bien el carácter de una capacidad de representación universal. No es que esta circunstancia convierta a dicho bien en dinero, pero sí que perfecciona de manera importante este carácter [5].

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