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¿Una cumbre? Será para redefinir el papel de los políticos, ¿no? - cotizalia.com




¿Una cumbre? Será para redefinir el papel de los políticos, ¿no?


@S. McCoy - 27/10/2008





Esto del ataque al capitalismo se ha convertido en el deporte de moda de gran parte de la clase política mundial en nuestros días. No crean que se trata de una acción gratuita, despegada de cualquier interés, que simplemente persigue aumentar el bienestar colectivo de los representados. Qué va. Es un ejercicio de distracción más, que tiene por como finalidad última, en las naciones en las que se invoca, distraer la atención ciudadana de los propios errores y asegurar así la propia supervivencia de los actores que interpretan esta farsa. Sé que suena un poco a teoría conspiratoria. Pero este artículo no va por ahí, no le busquen tres pies al gato. Porque no puede; aunque quisiera, que no quiere. La reiteración en la hipocresía consentida que ha venido caracterizando, cada vez más, la actividad pública en los últimos años ha hecho de este tipo de discursos algo mecánico e inconsciente. Fue sin querer queriendo, que diría el Chapulín.Parte de una obsesión permanente por encontrar factores que eximan de responsabilidades inexcusables y den argumentos suficientes para convertir a los autores o colaboradores en la tragedia, primero en víctimas y por último en salvadores de la patria global. Basura intelectual. ¿Una cumbre? Correcto, si sirve para arreglar el desaguisado que los propios políticos han creado. Pero con una segunda derivada; la necesaria reforma posterior del papel de los gobernantes.

La crítica al modelo liberal hay que situarla en el entorno el que dicho sistema de libre mercado se desenvuelve en el ámbito financiero, en general, y en el bancario, en particular. Era, y sigue siendo, uno de los sectores más intervenidos, regulados y supervisados de toda la economía. Sin duda alguna. No hay que olvidar quién fija el precio del dinero en primera instancia. Ni quién impide las prácticas usureras. O autoriza la aparición de una nueva entidad frente a la libertad de empresa de otras industrias. Los agentes privados que integran las finanzas no operan en un ámbito de libertad absoluta –laissez faire demoníaco y vil- que pasa por encima de cualesquiera reglas de actuación que se les quiera imponer. Más bien al contrario. Y les puedo asegurar una cosa: ninguno de ellos ha sido capaz per se de cambiar una coma de las normas que regulan su funcionamiento o de relajar las restricciones a su comportamiento que crisis anteriores habían aconsejado. El escenario en el que desempeñan su actividad, y que determina la capacidad de cometer abusos, primero, y no ser sancionados por ellos, después, corresponde en exclusiva a los mismos que farisaicamente ahora se mesan los cabellos y claman ahora a grito pelado contra las remuneraciones excesivas, los modelos de negocio inadecuados y los excesos cometidos. Dicen que del consentimiento al remordimiento media sólo el conocimiento. Pues bien, visto lo visto, el único que ha dicho algo ha sido Greenspan, que el hombre querrá llegar con la conciencia limpia al juicio final. Los demás, nada de nada. Eso sí, a todos se les llena la boca con el necesario cambio de modelo que evite repetir los errores del presente. En fin.

Mientras la banca contribuía con sus beneficios y financiación al engorde de la vaca, el conflicto era inexistente. Existía de facto una connivencia, que ahora se quiere ocultar, derivada de la condición de late cyclical propia de la banca -donde hay un duro a ganar, en un entorno de competencia casi perfecta, tengo que estar- y de la entrada en esa categoría de la acción política ya que el ejercicio del gobierno se hace encaminado exclusivamente a la siguiente elección, sin detenerse ni por un minuto a pensar en el día después. Vean si no el discurso pre y post electoral en España este mismo año. Ejemplo vivo de ese cortoplacismo y esa falta de control de los riesgos que tanto se critica hoy de la esfera bancaria privada. Una vocación electoral a la que involuntariamente contribuían con su lucrativa actividad unas entidades a las que era mejor dejar hacer, laxitud que regía especialmente en el mundo anglosajón. Y una desvirtuación del servicio a la res pública que debería ser objeto de severo juicio por la población, visto su impacto en materias de tanta relevancia como la educación, por poner sólo un ejemplo. Si se fijan, prácticamente ni uno sólo de los gobiernos que existían durante la gestación de la crisis ha cambiado de signo en las principales economías del mundo. Cambian los nombres pero no las siglas. Los mismos que fueron incapaces de prevenir lo que se estaba gestando, entre otras cosas porque miraban complacidos la foto tan ideal que de los excesos resultaba para la posteridad, crecimiento sin parangón, son ahora los que condenan el sistema capitalista y de libre mercado como el peor de los mundos posibles. Hay que pensar, precisamente, en la siguiente cita con las urnas. Qué pena.

Ahora vamos al acto final de toda esa tragedia. Aquella en la que con tanto ahínco persigue un papel, aunque sea de extra, nuestro gobierno en nombre de una España que, una vez vistas las cifras de paro y el estrangulamiento financiero de nuestra economía, seguro prefiere barcos sin honra que honra sin barcos, que no está la cosa como para distraerse en grandilocuencias y empresas imposibles. Un Bretton Woods II que encontraría su justificación, mensaje repetido hasta la saciedad por los distintos analistas de la prensa a lo largo del fin de semana, en una globalización económica que requiere un control igualmente supranacional y que, paradójicamente, coincide con la mayor crisis de liderazgo mundial de las últimas décadas. El resultado es más que previsible, y sólo una derivación hacia lo que algunos autores han dado en llamar capitalismo social, con una mayor preocupación por el desarrollo del conjunto de la sociedad y de los países más pobres y por la concienciación medioambiental, podrán distraer las conclusiones de más regulación, mejor supervisión y mayor control. Es evidente. El problema, que nunca figurará por escrito, es que la memoria electoral es muy corta. De ahí que los errores del pasado sean sistemáticamente repetidos en el futuro cuando nuevos líderes requieran de nuevos servicios bancarios de los que se deriven nuevos excesos que utilizarán, mientras dure la alegría, en su propio beneficio. El ciclo de los mercados es el ciclo no sólo de la ambición de los banqueros sino también la de los políticos. No se lleven a engaño. Los mismos que han sido incapaces de prever, inútiles para atajar, infantiles al contemplar y crédulos tras actuar sin resultado aparente de momento, se arrogan ahora la prebenda de diseñar, en su nombre y en el mío, el mapa que ha de gobernar nuestras vidas en el futuro. Personalmente, me dan ganas de salir corriendo. Buena semana a todos.

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El problema de Europa o por qué sufren las bolsas - cotizalia.com





El problema de Europa o por qué sufren las bolsas


@S. McCoy - 28/10/2008





Me pone un lector sobre la pista del último post de Krugman en el NYT. Titulado “La madre de todas las crisis monetarias”, es sorprendentemente corto y básicamente remite a Stephen Jen, Estratega Jefe de Divisa en Morgan Stanley. Otro de ustedes me hace llegar el enlace al último artículo de Evans-Pritchard en el Telegraph. En este caso la Madre a la que se refería el recién designado Premio Nobel, que empieza a creérselo –el comienzo de su pieza no tiene desperdicio-, pare un hijo concreto. Y sale feo a más no poder. “Europa a las puertas del colapso monetario” es su negro pronóstico. Otro más. Y van… Su base argumental descansa, de nuevo, en Stephen Jen y su último análisis de coyuntura que, a su vez, parte de datos del Banco Internacional de Pagos de Basilea. ¿Qué es lo que dice el banquero de inversión para generar tal pánico y, sobre todo, está justificada la credulidad de los analistas ante su mensaje?


Comencemos primero por la segunda pregunta. Esto es lo que Jen -que en un informe de 8 de julio de este año, My Thoughts on Currencies, que no he podido encontrar en la web, concluía “el dólar, que entonces transitaba por el 1,565, cerca de sus máximos históricos contra el euro, puede estar haciendo un suelo frente a las principales divisas mundiales tras haber iniciado su apreciación frente a las emergentes” y el 29 de ese mismo mes apostaba ya abiertamente por una apreciación inmediata de la moneda USA, Calling for a USD rally, no tanto por mérito propio sino por defecto de las demás-, comentaba a sus clientes en un informe publicado el pasado trece de octubre, y que ahora les adjunto. No hay que negarle su capacidad premonitoria. “Pese al deterioro que hasta ahora hemos visto en las divisas emergentes, no estamos sino en la segunda fase de un proceso que se va a prolongar hasta bien entrado el 2009 (…) El contagio será severo y disipará gran parte de las diferencias entre los fundamentales económicos de sus distintas economías, pilares que se verán afectados negativamente por esa ausencia de discriminación”.



¿Cuáles son esas fases? Primera. Fortaleza del dólar
ante el proceso global de aversión al riesgo y de compra masiva de activos soberanos estadounidenses. Segunda. Ajuste de las estrategias de cobertura de divisa por parte de los agentes económicos locales de las naciones en desarrollo. Se trata de un doble fenómeno: cierre acelerado de posiciones en pérdidas como consecuencia de apuestas erróneas en direccionalidad (minusvalías que, en algunos casos han amenazado con llevarse las propias empresas por delante) y apertura de nuevos mecanismos de protección que actúan contra la moneda local y a favor de la divisa estadounidense. Se trata de un movimiento obligado que no tiene nada que ver con los fundamentales. Es la etapa en la que nos encontraríamos actualmente. Tercera. Cancelación acelerada de las posiciones de carry trade que perjudicará fundamentalmente a las monedas con más liquidez y mayores tipos de interés asociados. Cuarta. Parón en seco de las entradas de capital que va a determinar qué parte del interés por las economías emergentes no era sino resultado de la burbuja de crédito lo que hará que cobre, en este caso sí, especial relevancia la solidez financiera del país en cuestión. Jen concluía entonces señalando: “se trata, por primera vez en la Historia, de un fenómeno global, no regional en el que las intervenciones gubernamentales serán inútiles”.


Gran parte de los movimientos de la bolsa española estos días, y especialmente la caída del Santander, podría encontrar su justificación en los fenómenos que Jen describe y anticipa y que se han cebado, especialmente, con el real brasileño. Pero, ¿cuál es su mensaje actual, primera parte de la pregunta inicial? Informe de 27 de octubre. A la luz de los datos suministrados por el Banco Internacional de Pagos de Basilea a finales de septiembre, concluye “los emergentes pueden convertirse el segundo epicentro del terremoto financiero mundial. Y, si llega a ser así, el euro es más vulnerable que otras monedas. Como porcentaje de su PIB, los bancos europeos (21%) y británicos (24% que también lo están sufriendo en sus carnes) están cinco veces más expuestos a dichos mercados que las entidades de Japón (5%) o Estados Unidos (4%) lo que puede tener un peligroso efecto boomerang sobre ellos y las economías que los sostienen”. Tres cuartas partes de la financiación a las economías en desarrollo ha sido realizada por instituciones financieras europeas. Las cifras son mareantes y amenazan con retrasar la recuperación de la región mucho más de lo que sus belicosos dirigentes piensan.


Tanto Krugman como Evans-Pritchard, cuya tesis ha sido ampliada por Yves Smith en Naked Capitalism, coinciden en dar extraordinaria importancia a la crisis en los países emergentes a la que hacíamos referencia ese fin de semana con base en los argumentos de Jen que son apoyados desde otras casas como UBS. No sólo eso. Ambos señalan que, contra lo que pudiera parecer a primera vista, Europa va a resultar la principal damnificada de este elemento adicional de la crisis. No sólo por el riesgo crediticio, que también. Sino también por la potencial fuga de capitales en aquellas naciones, como Austria, cuya exposición crediticia a tales regiones supone un porcentaje tan excesivo en términos de su PIB (85%), que hace que se les pueda asimilar el mismo riesgo soberano que a sus deudores. O por las mayores dificultades de financiación de aquellas economías que tienen déficits por cuenta corriente semejantes a los de países en proceso de convergencia y, además, mantienen igualmente una proporción importante de su PIB vinculado a la evolución de dichas regiones, léase España (23%).


Un factor de incertidumbre adicional en un entorno plagado ya de por sí de dudas acerca del futuro y que amenaza, de nuevo, y pese a las bienintencionadas palabras de los principales dirigentes de la Eurozona con cuestionar las bases sobre las que se ha construido la Unión Monetaria. Una nueva losa que ha de pesar sobre el mejor o peor comportamiento relativo, y en última instancia la recuperación, de las bolsas europeas frente a las americanas o, incluso, japonesas que sufren ahora la apreciación de un yen que cruje en el peor momento a sus exportadoras. Todos se preguntan qué les pasa a los mercados de acciones. No hay una única respuesta. Miedo a la recesión y su impacto en los beneficios, ausencia de flujos compradores y aversión al riesgo, desconfianza ante la realidad económica y financiera de las empresas, entre otros. Pues bien, aquí tienen una razón más. Quien nos iba a decir, al caer la tarde, que los emergentes eran el problema de Europa. En fin.

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Un frente olvidado: el comercio mundial necesita avales. - cotizalia.com



Un frente olvidado: el comercio mundial necesita avales.




@S. McCoy - 29/10/2008




Para mucho de ustedes el Baltic Dry Index es un completo desconocido. Sin embargo, es éste uno de los indicadores cuya evolución servirá para orientar a los estrategas acerca del momento de la crisis en el que nos encontramos. No tiene demasiada ciencia. Se trata de un agregado que valora el coste medio de transportar mercancías secas a través de 26 de las principales rutas navieras mundiales. Aparte de servir como referencia de precios, cumple otros cometidos. Ayuda a la formación de los precios futuros de las materias primas no agrícolas; anticipa la mayor o menor fortaleza de la producción industrial; actúa como indicador adelantado de la salud económica global. De ahí su importancia.


Pues bien, el Baltic Dry, como tantas otras medidas de la salud del sistema, se ha colapsado. Ha sufrido una caída superior al 90% en los últimos meses hasta situarse ligeramente por encima de los 1.000 dólares. Aun reconociendo que se trata de una referencia extremadamente volátil, a la mayoría de los observadores les ha sorprendido la brutalidad de la caída. Algunos de ellos la achacan a la caída de la demanda agregada, especialmente de algunas naciones como China. Un argumento obvio y que casa con la situación de desaceleración planetaria que vivimos.


Sin embargo, un elemento adicional comienza a cobrar peso entre los distintos analistas. Los fletes caen porque el mercado de cartas de crédito, documentarias o no, ha muerto. Los bancos temen abrir este tipo de instrumentos a favor de clientes cuya solvencia puede resultar sospechosa, por una parte. La institución financiera del vendedor se niega a aceptarlos ante la incertidumbre que rodea a cualquier banco emisor, por solvente que aparentemente sea hoy día, por otra. Y, por último, las entidades confirmadoras, en esencia, han desaparecido. Todo lo que no sea comercio entre filiales o entre socios consolidados y solventes simplemente no se otorga ni se acepta. Y ante la ausencia de esa garantía de pago del comprador, el barco no sale del puerto y las tarifas se hunden.


Se trata de una derivada adicional de la crisis que arrastramos los últimos quince meses. En la medida en que los bancos no se fían unos de otros ni siquiera para prestarse a día en el interbancario, no es de extrañar que mantengan una reticencia extrema para actuar en un negocio intensivo operativamente y de poco margen como éste. Y su negativa tiene un impacto sustancial tanto sobre la capacidad productiva de muchas empresas, que sobrevivirán en la medida en que puedan ir liquidando inventarios, como sobre la viabilidad de las propias navieras que, a los precios actuales, se quedan muy lejos de cubrir costes lo que desincentiva adicionalmente su actividad en un momento, además, en que, para su desgracia, gran parte de los encargos de buques que hicieron durante los años de bonanza están a punto de serles entregados, si la financiación de su construcción lo permite, que está por ver.


El problema, aunque aparentemente colateral en la prensa diaria, es nuclear para evitar un deterioro adicional de la situación. Como señalaba UBS en un informe citado por la ya archiconocida por todos ustedes Naked Capitalism, que es la que mejor ha cubierto, desde mi modesto punto de vista, este tema, “si la financiación al comercio internacional, permanece cerrada, veremos cierres masivos de fábricas alrededor del globo y nos veremos abocados inevitablemente a una depresión mundial; si, por el contrario, consigue reactivarse, el precio de las materias primas recuperará su alegría ante la imperiosa necesidad de reconstruir inventarios que habrá”. Un razonamiento con cuya primera parte, la determinante a los efectos que nos ocupa, es complicado disentir, la verdad


Concluyo. Resulta curioso cómo, en la era de la globalización, los intercambios comerciales han sido los grandes olvidados de las distintas administraciones, que no han establecido guía alguna para garantizar su correcto funcionamiento.
Ni de forma directa, ni a través de la adecuada instrucción a las rescatadas y semi nacionalizadas entidades financieras que son, en última instancia, los valedores de una operativa diaria de la que depende la supervivencia de muchos agentes económicos. Es verdad que los frentes se multiplican. Pero no es menos cierto que, si de lo que se trata es de poner el foco en la economía real, no se puede estar colaborando, por omisión, a su estrangulamiento. Una adecuada política de avales públicos, estatales o supranacionales cuando fuera el caso, a aquellas compañías que acrediten sobrada capacidad de pago debería ser más que suficiente. No mucho más. Insisto, no es hora de fotos para la posteridad ni de grandes soluciones interplanetarias. Es momento de solucionar los problemas de los ciudadanos. Y éste, sin lugar a dudas, es uno de ellos. Y muy importante, no les quepa la menor duda.

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Secretos y mentiras de los brokers españoles o un alegato a favor de los cortos - cotizalia.com


Secretos y mentiras de los brokers españoles o un alegato a favor de los cortos







Me suele pasar. Cuanto más crece la oposición a una determinada operativa bursátil o no -donde va Vicente, donde va la gente- más me convenzo de que tiene que ser buena para el mercado. No hay margen de error. Los mismos que se aprovechan, en tiempos alcistas, de los beneficios que de ella se derivan, son ahora los que se lamentan -la suerte cambia, amigos- de los quebrantos que le causan. Terrible sensación de deja-vu; esto lo ha vivido McCoy antes, al derecho y al revés: ¿dónde han quedado ahora los malditos especuladores del crudo a los que había que perseguir con denuedo? Es lo que me está pasando en estos días con la sugerencia corporativa de limitar la operativa en corto en la bolsa española, aquella que, en su versión light, consiste en vender títulos que se han pedido prestados a un tercero con la esperanza de poder recomprarlos más baratos en un futuro no muy lejano. Pocos se acuerdan de que, hasta el verano de 2007, el short selling era la estrategia de hedge funds que peores retornos había ofrecido a sus gestores en los últimos ejercicios. Entonces, nadie decía nada cuando saltaba un stop loss tras otro y los pobres especialistas en la cuestión acrecentaban las revalorizaciones de los mercados de acciones con sus obligadas compras. En fin.

Quitemos primero la máscara del fariseísmo. Dentro de la industria del brokerage, todavía existen prácticas que son mucho más graves que la que se trata de limitar y que tienen una solución más o menos sencilla para la que sólo hace falta la voluntad de ponerla en práctica. Cliente español. Reporting obligado: títulos negociados por cada cambio individual que se haya producido. Bien. Problema. No hay que señalar la hora en la que cada transacción ha ocurrido. En un entorno de volúmenes decrecientes y comisiones ralas, basta la vista gorda del operador de turno para vender las Telefónicas que no se tienen, ni se han pedido prestadas, por la mañana y recomprarlas por la tarde. Dado que se liquida la adquisición y la enajenación a la vez, ta chan, resultado neto de beneficio o pérdida pero sin constancia efectiva de que se ha producido lo que en el mundo anglosajón se denomina naked short o corto desnudo. ¿Cómo se resuelve? No hay que ser Einstein: incluyendo el minutaje exacto en la boleta de tal forma que el escrutinio aleatorio de las mismas por parte de auditor o inspector permita identificar estas prácticas. Elemental, querido Watson

Cliente extranjero. Aquí el tema es un poco más complicado. La utilización de custodios globales, de forma directa o subcontratada, por parte de los brokers y de los clientes no sólo dificulta la potencial paralización de la operativa en corto, sino que incluso puede imposibilitar su identificación, especialmente cuando los depositarios son titulares de un porcentaje significativo de la acción sobre la que se están produciendo las ventas. Habría que cambiar el modelo, exigiendo a los nominees de turno el detalle individual de las instituciones que detentan en última instancia las posiciones lo que, además, se debería complementar con dos medidas adicionales. Por una parte, exigir en el reporting de las distintas casas de bolsa a tales clientes foráneos no sólo el cambio medio ponderado, como se realiza con carácter general hasta ahora, lo que favorece el arbitraje contra los libros de la entidad que ejecuta, sino el desglose completo de las operaciones. Mismo modelo que para el cliente español. Por otra, limitar las prácticas de warehousing de aquellas transacciones que, por su volumen o las instrucciones del propio cliente, necesitan para su conclusión de varios días, momento en el cual se comunican al ordenante las condiciones globales de liquidación lo que puede favorecer que, en el interim, se abran posiciones de venta que se recompren antes de su compensación final aprovechando dicho "almacenamiento".

He comenzado este artículo con un alegato a favor de la operativa en corto. No me malinterpreten. Creo que todo, en su justa medida, es bueno para el mercado. Porque, vamos a ver. Partamos de una pregunta. ¿Qué creen ustedes que ha hecho más daño a las bolsas, por exponerlo de un modo muy simplista? Opción A. La liquidación desesperada de compras a crédito por parte de aquellos que se endeudaron hasta las trancas pensando que los valores, como el pisito, nunca caían y ahora tienen que replegar velas de forma acelerada, si es que antes no les han ejecutado las garantías. Opción B. Las posiciones cortas de esos “desaprensivos” que se han endeudado, pidiendo prestados los títulos, para actuar contra el mercado. Bueno, creo que si le preguntáramos a los accionistas de, digamos, ¿Colonial?, no tendrían ninguna duda. Visto como ha evolucionado el coste de financiación en el último año e intuyendo los precios a los cuales se debe estar haciendo la cesión de acciones a día de hoy, servidor tampoco tiene duda alguna acerca de qué es lo que está resultando más nocivo para los inversores en el parqué. Y no es precisamente la venta a crédito. El caso Volkswagen ha dejado probado que se trata de una actuación no exenta de riesgo. De mucho riesgo. No se puede estar sólo a las duras (cuando la gente comete locuras para adquirir los títulos de mi compañía), sino también, en este caso, a las más duras, que no maduras.

Concluyo por hoy, día en que no habrá recomendación culinaria dado que McCoy no ha pisado un restaurante en toda la semana, toma ya. Eso sí, de 87,5 kilos a fin del verano, a 82,5 en la actualidad y cayendo. Creo que la libertad de mercado no hay que cortarla de raíz, sino regularla adecuadamente lo cual no es una cuestión de cantidad de normativa sino de calidad, esto es: eficacia, de la misma. He tratado de aportar mi granito de arena. Si las autoridades prohibieran o limitaran hasta el extremo la operativa en corto del mercado, no sólo se estarían alterando las reglas del juego bursátil -que debería otorgar igualdad de oportunidades, crédito por ejemplo, a compradores o vendedores-, sino que, además, se estaría defendiendo ese moral hazard o rescate que tanto se ha criticado en relación con otras instituciones, pese a que se trata de un mercado trasparente en cuanto a su funcionamiento. No sólo eso. Se limitaría sustancialmente la capacidad de generar valor o alpha por parte de los gestores y se daría la última puntilla a determinadas estrategias de hedge funds que necesitan de ambas patas para operar, en muchos casos, en transacciones de arbitraje que no inciden direccionalmente sobre el mercado. Pero claro, para gustos hay colores. Espero sus opiniones. El sábado más, y seguro, que mejor. Cuento con ustedes.


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Siete días clave en los mercados

@S. McCoy - 01/11/2008

Menudo cierre de semana. El Ibex recupera un quince por ciento en apenas tres días y el mercado norteamericano asimila con subidas mayestáticas los malos datos de consumo personal, las peores cifras de confianza del consumidor de la Historia o el crecimiento negativo de su economía, referencias todas que se han ido conociendo a lo largo de la semana. Una resistencia a las negras noticias que ha venido acompañada de otros motivos para el optimismo. El Libor, especialmente en sus plazos más cortos, ha vivido caídas espectaculares en rentabilidad mientras que, por primera vez en tiempo, se percibe una cierta relajación en el tensionamiento de los diferenciales de la deuda corporativa, spreads que, como hemos señalado en más de una ocasión, serán uno de los indicadores adelantados clave para vislumbrar con mayor claridad una posible recuperación de las bolsas. Después un mes tan depresivo, financieramente hablando, un poco de alegría y alboroto que ha llevado a alguno de nuestros gestores antes estrellas, y ahora estrellados, a comentar, en comparecencias públicas y privadas, que lo peor ha pasado y que es momento de estar tremendamente positivo en el mercado de acciones. Como no tengo que arrimar el ascua a ninguna sardina, siento discrepar parcialmente, lo cual no es demasiado importante, dada mi inclinación natural al error.

Tomen este juicio en su justa medida. Es verdad que el desastre bursátil y crediticio de las últimas semanas ha sido irracional y ha estado más provocado por la necesidad que por un análisis fundamental de sectores y compañías. Daba igual Manuela que su abuela. Se ha producido un movimiento sísmico que ha afectado a todo el mercado por igual, sin prácticamente discriminaciones de ningún tipo. Niveles altos de correlación, resultado de tasas históricas de volatilidad. En el momento en que las aguas vayan poco a poco volviendo a su cauce, deberían empezar a brillar con luz propia aquellas firmas o industrias que por su posición competitiva, barreras de entrada, generación de caja, estructura de balance y visibilidad en resultados se puede considerar que han sido injustamente castigadas. Desde ese punto de vista los gestores tienen razón. Pero no va a ser un proceso de la noche a la mañana, ni el dinero va a fluir alegremente al mercado a la caza de gangas cuando la incertidumbre sobre el futuro es todavía tan elevada. Sin compradores, no hay subida que valga. Y, no nos engañemos, los volúmenes que han acompañado el rebote y, cierto es, los últimos días de la bajada, han sido bastante, bastante, modositos, la verdad, por no decir casi ridículos, y más provocados por cierres prudentes de posiciones vendidas que por un verdadero interés de entrar en el mercado. Oportunidades, como las meigas, haberlas haylas, pero siempre en un horizonte a medio plazo que sepa convivir con potenciales pérdidas de significación a corto. Esta es la cara de la moneda que cuesta más contar.

Tendremos que retomar esta conversación virtual dentro de dos semanas, cuando conozcamos alguna de las conclusiones de la Conferencia de Washington, reunión de sordos sobre la que volveremos más adelante. Van a ser catorce días clave, que se iniciarán con las controvertidas elecciones estadounidenses el próximo martes. Está por ver la verdadera madurez democrática de la América Profunda ante la llegada de un gobernante de color, si finalmente es Obama quien se lleva el gato al agua. Un potencial rechazo que provocará el desarrollo de un trabajo de conciliación en los primeros meses de su mandato con el hándicap de que se inician, económica y financieramente hablando, con un margen de maniobra insignificante dados los compromisos adquiridos con anterioridad. Desde ese punto de vista no hay que esperar grandes iniciativas con carácter inmediato que permitan una recuperación adicional de la confianza sea quien sea el vencedor. Claro que qué va a aportar. La evolución de la crisis ha conducido a una estatalización de facto del sistema financiero lo que ha llevado a convertir un riesgo privado bancario en un riesgo público estatal. Casi nada. A partir de ahí cualquier contribución del vencedor sólo puede ser marginal y más psicológica que real.

Veremos con qué baza se queda el mercado. Con la promesa de cambio o con el realismo de los datos. Porque la semana se presenta terrible en Estados Unidos, desde un punto de vista macro. Primero, datos de actividad, a través del ISM manufacturero que se espera se sitúe en 39, nivel más bajo desde 1982 (por debajo de 50 es contracción de actividad). Miércoles, mismo indicador para servicios, grueso de la economía norteamericana que caería pero sólo hasta 49, en la frontera de la desaceleración. Jueves, un indicador clave: productividad y costes laborales. Ojo, porque la primera podría ver una contracción brutal respecto a los trimestres anteriores. Por último, el viernes cifra de paro cuyas perspectivas son, de todo, menos halagüeñas con cerca de 200.000 parados adicionales esperados y un repunte de la tasa hasta situarse en el 6,3%. Teniendo en cuenta que los estrategas estadounidenses señalan que la economía de aquél país lleva un par de meses en un estado de shock similar al del 11 de septiembre, no sería raro hacer una inferencia errónea de un parón extremo de carácter coyuntural para concluir que la depresión está a la vuelta de la esquina con todo lo que eso implica.

Eso convierte los próximos siete días en claves para determinar el curso futuro de los mercados. Si aún así las bolsas pueden con esto, será una buena señal, con independencia de que los dos grandes fenómenos que han de marcar el final de la crisis, estabilización inmobiliaria y desapalancamiento financiero, todavía se encuentren lejos de completarse, proceso que se prolongará, fuera de España, al menos un año adicional, dejando por tanto los primeros atisbos de recuperación fundada del equity y la deuda corporativas para finales de la primavera del año que viene, si la cosa no se tuerce aún más, claro está. ¿A partir de dentro de ocho días? Si se cumple el guión-fortaleza, un proceso de consolidación de las subidas cuyo siguiente hito debería ser la Conferencia de Washington a la que hemos hecho ya referencia más por un tema formal que de impacto cierto. Salvo algún acuerdo extraordinario en relación con el mercado de divisas, que debería implicar una ruptura de paridades artificiales, lo que surja de la Conferencia tampoco aportará confianza adicional al sistema sino que traerá consigo un nuevo marco que evitará teóricamente excesos futuros pero que no permitirá corregir errores pasados. Tanta foto para na, la verdad.

¿Y luego? Vuelta a dos elementos que van a ser determinantes para que se salga del agujero en el que están hundidos los mercados. Por una parte los flujos que cobran mayor importancia coincidiendo con el final de año. Tanto por la necesidad de venta de aquellos que tienen que hacer frente a nuevos reembolsos, como por el maquillaje de carteras que acompaña tan señaladas fechas. Si el rebote de estos días tiene continuación, podemos encontrarnos con que gran parte de las enajenaciones se vayan concentrando hacia final de año, alentando la subida. Pero terminará habiendo presión vendedora, no lo duden. Veremos si para entonces ha despertado el dinero. Por otro lado, y por primera vez en mucho tiempo, se mirarán con lupa los resultados empresariales. Veremos a ver si las mejoras en valoración que pueden aportar la caída de los tipos de interés de intervención y la relajación, si perdura, de las primas de riesgo no se ven compensadas negativamente en el numerador por una contracción de los flujos de caja. Decir que la bolsa está barata o cara en función de su recorte desde máximos es de un optimismo desbordante pero carente por completo de fundamento. El impacto de la crisis sobre los resultados, no ya de las financieras que afrontarán este último trimestre desde una base de comparación algo menos exigente, sino del conjunto de las firmas vinculadas a la economía real será clave para entender si lo que parecen oportunidades históricas no son más que pan para hoy y dinero muerto durante una temporada. Mientras, si quieren, echen las campanas al vuelo. A ver qué tal suenan. Veremos un rally, quizá algo mayor de lo que piensan los conversos que han llegado tarde al tren del catastrofismo. Pero tiene fecha de caducidad. Los problemas de fondo siguen ahí y sólo una insospechada fortaleza compradora o una ferrea resistencia empresarial a la ralentización económica pueden actuar de motor para que el recorrido al alza perdure. Puede ocurrir. Aunque lo veo complicado. Pero bueno: vayamos semana a semana que si el mercado no aguanta la que viene, los dos últimos párrafos de este artículo habrán sido en vano. Para desgracia de todos.
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HIPOTECAS BARATAS - OCASO INMOBILIARIO 2008 - EXPLOSIÓN DE LA MOROSIDAD 2009


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este hilo oficial demuestra que hay un exceso de hiloficialismo ene l foro.
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Igual lo que demuestra es un exceso de spam diario. Los últimos artículos de McCoy previos a este hilo, terminaron siendo sepultados e ignorados por aludes de hilos nuevos, muchos de los cuales son noticias repetidas, hilos de bilis política, eso sin olvidar los clásicos hilos de "asesoría pepitil" (ej: mi novia se kiere ipotecar, q ago?). Ya ni hablar de los animosos hilos del troll alcorconófilo vpófago de turno, o bien el hilo "Game Over" Calidade del nuncabajista insurgente con ganas de armar jaleo.
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Más pobres, treinta años después

El Insostenible modelo de crecimiento económico español.



Yo sobreviví al "Efecto Tequila" México 1994:


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El Ibex recupera un quince por ciento en apenas tres días




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Por qué nadie habla de lo que hay que hablar - cotizalia.com

Por qué nadie habla de lo que hay que hablar

@S. McCoy - 06/11/2008



Hoy vengo de prestado. espero que me sepan disculpar. Cuando uno no sabe de una materia, o sabe poco, que suele ser lo habitual, lo mejor es acudir a quien puede cubrir sus carencias de forma efectiva. Ya sé, lo debería hacer más a menudo. Pero, entonces, les privaría a ustedes del placer de tirarme de las orejas con la frecuencia que lo hacen. Que no pueden estar más estiradas, oigan. Bien. Leo en el WSJ del pasado 28 de octubre un muy interesante artículo de Karel Lannoo del CEPS acerca de la necesidad de establecer un marco supervisor común que evite que se reproduzcan en el futuro situaciones como las que actualmente padece la banca europea. En el cuarto párrafo hace un alegato demoledor contra los ratios de solvencia establecidos en Basilea II, "incapaces de dar una indicación clara del nivel de riesgo de las entidades financieras". Su argumento parte de un ejemplo palmario: la belga Dexia. A 30 de junio de 2008 reclamaba tener un ratio Tier 1 del 11,4%, medido a través del valor atribuido a sus activos en función de su riesgo ponderado. Pero si en el denominador se sustituía esta cifra por el importe total del activo del balance, el porcentaje caía al 1,6% "por debajo del 2% exigido por los supervisores estadounidenses para cerrar una institución".



Perplejo acudo a un profesional de mercado, especializado en estos temas, para que me ilustre sobre la cuestión. Y no contento con informarme, me remite esta filípica que, tal cual, poco en manos de los sufridos lectores diarios de este Valor Añadido. Va por ustedes.



"En las últimas semanas, gobernadores de bancos centrales, señalados dirigentes políticos, distinguidos profesores de universidad, y reputados consultores y hombres de empresa, nos están, por fin, explicando a las personas sencillas, los motivos que han originado la casi quiebra del sistema económico occidental. Es un placer oírles: las causas, identificadas; el diagnostico, unánime; y el tratamiento también: más regulación y más supervisión. Más funcionarios que controlen la discrecionalidad de esos locos banqueros. A mí han estado a punto de convencerme, hasta casi hacerme olvidar que ninguno de ellos, a pesar de su sabiduría, previó lo que se estaba larvando, y las devastadoras consecuencias que iba a tener para los ciudadanos de a pie, sometidos en estos momentos al dilema de perder todos los ahorros de nuestra vida pasada, o pagar impuestos durante el resto de esa misma vida para financiar el rescate del sistema.



Pero en todo este discurso, y dado que éste es un foro docto en temas financieros, quisiera preguntarles: ¿No están ustedes echando nada de menos? ¿Por qué nadie se acuerda ahora, cita, o nos explica, que era aquello de “Basilea II”? La misma comunidad financiera que ahora propone coartar el libre albedrío de los banqueros, lleva desde el año 2001 embarcándonos a todos en la migración de Basilea I a Basilea II. Se trataba (o al menos eso nos decían) de un nuevo paradigma en la gestión bancaria, un mundo mejor para todos, y tenía previsto su debut precisamente para este año.



Para los no iniciados, les diré en qué consiste básicamente Basilea II. En su versión simple, pretende que los requerimientos mínimos de solvencia de una entidad bancaria, la fortaleza de su capital para aguantar crisis como la que estamos viviendo, se establezca en función de las calificaciones de las… ¡agencias de rating!. No es broma. Y en su enfoque más avanzado, Basilea II establece que esos umbrales mínimos de solvencia sean determinados por… ¡los propios banqueros!. ¿Cómo lo ven?



Desde Basilea I (1985) la medición de los riesgos que asumía un banco (o caja) se asignaba en función de unas ponderaciones muy simples, establecidas por el supervisor financiero. Era pues un sistema tutelado por los poderes públicos, sencillo, e igualitario, pues se aplicaba a todas las entidades, con independencia de en qué jurisdicción operasen, o de su tipo de negocio. Sin embargo los banqueros propusieron cambiar el modelo, con una justificación: ellos eran capaces de medir sus propios riesgos mucho mejor que el supervisor, por que habían desarrollado unos modelos estadísticos “muy avanzados”, que les permitían estimar a la perfección los riesgos a los que estaban expuestos. De modo que desde el año 2005, los mismos bancos que acaban de ser comprados, rescatados, nacionalizados o “inyectados”, han “homologado” con sus reguladores sus propios modelos de medición de riesgos. Por cierto que la conclusión de esos sesudos cálculos estadísticos ha sido infalible en todos los casos: las entidades de crédito tenían una solvencia a prueba de bomba, y recursos propios más que suficientes para afrontar sobradamente los riesgos de su actividad. Basilea II iba a ser el futuro de la gestión bancaria durante los próximos 20 años, como lo había sido Basilea I desde 1985. Si no me creen y quieren pasar un buen rato, relean los párrafos dedicados a Basilea II en las memorias de los bancos rescatados.



Pero déjenme decirles algo más preocupante: durante el reinado de Basilea I, el 100% de los inspectores del Banco de España era capaz de verificar el ratio de solvencia de una entidad en 8 horas con la ayuda de un balance y una hoja Excel. Desde la entrada en vigor de Basilea II, ese porcentaje se reduce a, quizás, un 5%, y hacen falta meses de trabajo y costosos recursos técnicos e informáticos. Y mucho peor aún es la situación de los miembros de los Consejos de Administración de nuestros bancos y cajas: ninguno está capacitado para hacer un juicio crítico acerca de la metodología, las hipótesis y los cálculos que determinarán en el futuro su grado de exposición a los distintos tipos de riesgos. El Consejo debe confiar ciegamente en el trabajo de un reducido grupo de “super-sabios”, empleados pata-negra que tras meses de encierro en un laboratorio, manipulando complejísimos modelos econométricos y bases de datos, saldrán gritando frenéticamente la frase… “ya lo tengo”



Pero desafortunadamente la realidad es mucho más compleja. Esos modelos, apadrinados por los banqueros, homologados por decenas en todos los países europeos con la bendición de supervisores y consultores, técnicamente impecables, teóricamente infalibles, calibrados hasta la extenuación, y sometidos a pruebas de stress y back test, han resultado un completo fiasco. Basilea II ha descarrilado antes de arrancar".



Creo que merecía la pena reproducirlo en su literalidad. No sé que opinarán ustedes. Concluyo como empecé. Karel Lannoo, en el párrafo siguiente del artículo al que he hecho referencia, busca la solución a la dudosa foto de la verdadera fortaleza de balance que, a su juicio, se deriva de Basilea II exigiendo que la solidez bancaria se fundamente en cuatro puntos. Ratios puros de apalancamiento (capital entre activos); ratios de liquidez, que obliguen a mantener un nivel mínimo de activos de disponibilidad inmediata; ratios de diversificación de los mismos (para evitar, por ejemplo, la concentración inmobiliaria que se ha dado en España) y, por último, un indicador consensuado de buen gobierno que permita calibrar la solidez del equipo gestor (como toda variante subjetiva, de menor aplicabilidad práctica). No me enredo más. El sábado más y mejor.



Recomendación gastronómica de los jueves. Sigo en 82,5 para 1,73 de altura por lo que, en esencia, tengo sobre peso. Pero esta semana he hecho un par de visitas interesantes. Una positiva y otra menos. Empecemos por el final. Chantarella en Doctor Fleming. Lo conocí siendo ese minúsculo local kitsch cerca de Ferraz, al que no le faltaba su bola discotequera, y me encantó. No había vuelto desde entonces a la nueva ubicación. ¿El resultado? Decepcionante. Comida poco sorprendente; raciones, en mi particular opinión, raquíticas para los precios que cobran; servicio muy despistado y poco profesional que dio a servidor, aparte de la compañía, uno de los pocos placeres de la velada: ver cómo el Secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, tenía reclamar su comida casi 25 minutos después de haberla pedido. Ah, un ejemplo para el recuerdo: pedimos fruta de postre. El chico que nos atiende nos dice que no hay. Tras ver en la carta que sirven macedonia, se lo indicamos. Y el camarero dice que eso sí, que la trae. Al rato vuelve: aunque está en la carta, no queda. Pero si quieren fruta con fondue de chocolate, sí. ¿Y sin fondué? No. De locos. Muy a gusto en Belaunde, 22 en Victor Andrés Belaunde. Un lugar informal muy bien llevado por su dueño, Javier. Pregunten por él. Chupito de salmorejo espectacular, crujiente de anchoas con tomate delicioso, aros de cebolla en su punto de fritura y un solomillo fileteado de sabor como hacía tiempo y eso que llega algo frío a la mesa. Más para compartir que para hacer comida de mesa y mantel. Unos 20-25 euros por barba sin vino y con postre. Recomendable.
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