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| El problema de Europa o por qué sufren las bolsas - cotizalia.com El problema de Europa o por qué sufren las bolsas
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| Secretos y mentiras de los brokers españoles o un alegato a favor de los cortos - cotizalia.com Secretos y mentiras de los brokers españoles o un alegato a favor de los cortos
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| Siete días clave en los mercados - cotizalia.com Siete días clave en los mercados @S. McCoy - 01/11/2008 Menudo cierre de semana. El Ibex recupera un quince por ciento en apenas tres días y el mercado norteamericano asimila con subidas mayestáticas los malos datos de consumo personal, las peores cifras de confianza del consumidor de la Historia o el crecimiento negativo de su economía, referencias todas que se han ido conociendo a lo largo de la semana. Una resistencia a las negras noticias que ha venido acompañada de otros motivos para el optimismo. El Libor, especialmente en sus plazos más cortos, ha vivido caídas espectaculares en rentabilidad mientras que, por primera vez en tiempo, se percibe una cierta relajación en el tensionamiento de los diferenciales de la deuda corporativa, spreads que, como hemos señalado en más de una ocasión, serán uno de los indicadores adelantados clave para vislumbrar con mayor claridad una posible recuperación de las bolsas. Después un mes tan depresivo, financieramente hablando, un poco de alegría y alboroto que ha llevado a alguno de nuestros gestores antes estrellas, y ahora estrellados, a comentar, en comparecencias públicas y privadas, que lo peor ha pasado y que es momento de estar tremendamente positivo en el mercado de acciones. Como no tengo que arrimar el ascua a ninguna sardina, siento discrepar parcialmente, lo cual no es demasiado importante, dada mi inclinación natural al error. Tomen este juicio en su justa medida. Es verdad que el desastre bursátil y crediticio de las últimas semanas ha sido irracional y ha estado más provocado por la necesidad que por un análisis fundamental de sectores y compañías. Daba igual Manuela que su abuela. Se ha producido un movimiento sísmico que ha afectado a todo el mercado por igual, sin prácticamente discriminaciones de ningún tipo. Niveles altos de correlación, resultado de tasas históricas de volatilidad. En el momento en que las aguas vayan poco a poco volviendo a su cauce, deberían empezar a brillar con luz propia aquellas firmas o industrias que por su posición competitiva, barreras de entrada, generación de caja, estructura de balance y visibilidad en resultados se puede considerar que han sido injustamente castigadas. Desde ese punto de vista los gestores tienen razón. Pero no va a ser un proceso de la noche a la mañana, ni el dinero va a fluir alegremente al mercado a la caza de gangas cuando la incertidumbre sobre el futuro es todavía tan elevada. Sin compradores, no hay subida que valga. Y, no nos engañemos, los volúmenes que han acompañado el rebote y, cierto es, los últimos días de la bajada, han sido bastante, bastante, modositos, la verdad, por no decir casi ridículos, y más provocados por cierres prudentes de posiciones vendidas que por un verdadero interés de entrar en el mercado. Oportunidades, como las meigas, haberlas haylas, pero siempre en un horizonte a medio plazo que sepa convivir con potenciales pérdidas de significación a corto. Esta es la cara de la moneda que cuesta más contar. Tendremos que retomar esta conversación virtual dentro de dos semanas, cuando conozcamos alguna de las conclusiones de la Conferencia de Washington, reunión de sordos sobre la que volveremos más adelante. Van a ser catorce días clave, que se iniciarán con las controvertidas elecciones estadounidenses el próximo martes. Está por ver la verdadera madurez democrática de la América Profunda ante la llegada de un gobernante de color, si finalmente es Obama quien se lleva el gato al agua. Un potencial rechazo que provocará el desarrollo de un trabajo de conciliación en los primeros meses de su mandato con el hándicap de que se inician, económica y financieramente hablando, con un margen de maniobra insignificante dados los compromisos adquiridos con anterioridad. Desde ese punto de vista no hay que esperar grandes iniciativas con carácter inmediato que permitan una recuperación adicional de la confianza sea quien sea el vencedor. Claro que qué va a aportar. La evolución de la crisis ha conducido a una estatalización de facto del sistema financiero lo que ha llevado a convertir un riesgo privado bancario en un riesgo público estatal. Casi nada. A partir de ahí cualquier contribución del vencedor sólo puede ser marginal y más psicológica que real. Veremos con qué baza se queda el mercado. Con la promesa de cambio o con el realismo de los datos. Porque la semana se presenta terrible en Estados Unidos, desde un punto de vista macro. Primero, datos de actividad, a través del ISM manufacturero que se espera se sitúe en 39, nivel más bajo desde 1982 (por debajo de 50 es contracción de actividad). Miércoles, mismo indicador para servicios, grueso de la economía norteamericana que caería pero sólo hasta 49, en la frontera de la desaceleración. Jueves, un indicador clave: productividad y costes laborales. Ojo, porque la primera podría ver una contracción brutal respecto a los trimestres anteriores. Por último, el viernes cifra de paro cuyas perspectivas son, de todo, menos halagüeñas con cerca de 200.000 parados adicionales esperados y un repunte de la tasa hasta situarse en el 6,3%. Teniendo en cuenta que los estrategas estadounidenses señalan que la economía de aquél país lleva un par de meses en un estado de shock similar al del 11 de septiembre, no sería raro hacer una inferencia errónea de un parón extremo de carácter coyuntural para concluir que la depresión está a la vuelta de la esquina con todo lo que eso implica. Eso convierte los próximos siete días en claves para determinar el curso futuro de los mercados. Si aún así las bolsas pueden con esto, será una buena señal, con independencia de que los dos grandes fenómenos que han de marcar el final de la crisis, estabilización inmobiliaria y desapalancamiento financiero, todavía se encuentren lejos de completarse, proceso que se prolongará, fuera de España, al menos un año adicional, dejando por tanto los primeros atisbos de recuperación fundada del equity y la deuda corporativas para finales de la primavera del año que viene, si la cosa no se tuerce aún más, claro está. ¿A partir de dentro de ocho días? Si se cumple el guión-fortaleza, un proceso de consolidación de las subidas cuyo siguiente hito debería ser la Conferencia de Washington a la que hemos hecho ya referencia más por un tema formal que de impacto cierto. Salvo algún acuerdo extraordinario en relación con el mercado de divisas, que debería implicar una ruptura de paridades artificiales, lo que surja de la Conferencia tampoco aportará confianza adicional al sistema sino que traerá consigo un nuevo marco que evitará teóricamente excesos futuros pero que no permitirá corregir errores pasados. Tanta foto para na, la verdad. ¿Y luego? Vuelta a dos elementos que van a ser determinantes para que se salga del agujero en el que están hundidos los mercados. Por una parte los flujos que cobran mayor importancia coincidiendo con el final de año. Tanto por la necesidad de venta de aquellos que tienen que hacer frente a nuevos reembolsos, como por el maquillaje de carteras que acompaña tan señaladas fechas. Si el rebote de estos días tiene continuación, podemos encontrarnos con que gran parte de las enajenaciones se vayan concentrando hacia final de año, alentando la subida. Pero terminará habiendo presión vendedora, no lo duden. Veremos si para entonces ha despertado el dinero. Por otro lado, y por primera vez en mucho tiempo, se mirarán con lupa los resultados empresariales. Veremos a ver si las mejoras en valoración que pueden aportar la caída de los tipos de interés de intervención y la relajación, si perdura, de las primas de riesgo no se ven compensadas negativamente en el numerador por una contracción de los flujos de caja. Decir que la bolsa está barata o cara en función de su recorte desde máximos es de un optimismo desbordante pero carente por completo de fundamento. El impacto de la crisis sobre los resultados, no ya de las financieras que afrontarán este último trimestre desde una base de comparación algo menos exigente, sino del conjunto de las firmas vinculadas a la economía real será clave para entender si lo que parecen oportunidades históricas no son más que pan para hoy y dinero muerto durante una temporada. Mientras, si quieren, echen las campanas al vuelo. A ver qué tal suenan. Veremos un rally, quizá algo mayor de lo que piensan los conversos que han llegado tarde al tren del catastrofismo. Pero tiene fecha de caducidad. Los problemas de fondo siguen ahí y sólo una insospechada fortaleza compradora o una ferrea resistencia empresarial a la ralentización económica pueden actuar de motor para que el recorrido al alza perdure. Puede ocurrir. Aunque lo veo complicado. Pero bueno: vayamos semana a semana que si el mercado no aguanta la que viene, los dos últimos párrafos de este artículo habrán sido en vano. Para desgracia de todos. |
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| Igual lo que demuestra es un exceso de spam diario. Los últimos artículos de McCoy previos a este hilo, terminaron siendo sepultados e ignorados por aludes de hilos nuevos, muchos de los cuales son noticias repetidas, hilos de bilis política, eso sin olvidar los clásicos hilos de "asesoría pepitil" (ej: mi novia se kiere ipotecar, q ago?). Ya ni hablar de los animosos hilos del troll alcorconófilo vpófago de turno, o bien el hilo "Game Over" Calidade del nuncabajista insurgente con ganas de armar jaleo.
__________________ Fecha de Ingreso: Apr 2007. Baneado por Facundo ___________________________________________ ![]() Más pobres, treinta años después El Insostenible modelo de crecimiento económico español. Yo sobreviví al "Efecto Tequila" México 1994: http://www.youtube.com/watch?v=wUyiKx35H-g Última edición por Fraga II; 01-nov-2008 a las 22:08 |
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| Gran piloto McCoy Última edición por ktini; 01-nov-2008 a las 22:42 |
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A ver cómo le sientan las noticias de Ecuador...
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| Por qué nadie habla de lo que hay que hablar - cotizalia.com Por qué nadie habla de lo que hay que hablar @S. McCoy - 06/11/2008 Hoy vengo de prestado. espero que me sepan disculpar. Cuando uno no sabe de una materia, o sabe poco, que suele ser lo habitual, lo mejor es acudir a quien puede cubrir sus carencias de forma efectiva. Ya sé, lo debería hacer más a menudo. Pero, entonces, les privaría a ustedes del placer de tirarme de las orejas con la frecuencia que lo hacen. Que no pueden estar más estiradas, oigan. Bien. Leo en el WSJ del pasado 28 de octubre un muy interesante artículo de Karel Lannoo del CEPS acerca de la necesidad de establecer un marco supervisor común que evite que se reproduzcan en el futuro situaciones como las que actualmente padece la banca europea. En el cuarto párrafo hace un alegato demoledor contra los ratios de solvencia establecidos en Basilea II, "incapaces de dar una indicación clara del nivel de riesgo de las entidades financieras". Su argumento parte de un ejemplo palmario: la belga Dexia. A 30 de junio de 2008 reclamaba tener un ratio Tier 1 del 11,4%, medido a través del valor atribuido a sus activos en función de su riesgo ponderado. Pero si en el denominador se sustituía esta cifra por el importe total del activo del balance, el porcentaje caía al 1,6% "por debajo del 2% exigido por los supervisores estadounidenses para cerrar una institución". Perplejo acudo a un profesional de mercado, especializado en estos temas, para que me ilustre sobre la cuestión. Y no contento con informarme, me remite esta filípica que, tal cual, poco en manos de los sufridos lectores diarios de este Valor Añadido. Va por ustedes. "En las últimas semanas, gobernadores de bancos centrales, señalados dirigentes políticos, distinguidos profesores de universidad, y reputados consultores y hombres de empresa, nos están, por fin, explicando a las personas sencillas, los motivos que han originado la casi quiebra del sistema económico occidental. Es un placer oírles: las causas, identificadas; el diagnostico, unánime; y el tratamiento también: más regulación y más supervisión. Más funcionarios que controlen la discrecionalidad de esos locos banqueros. A mí han estado a punto de convencerme, hasta casi hacerme olvidar que ninguno de ellos, a pesar de su sabiduría, previó lo que se estaba larvando, y las devastadoras consecuencias que iba a tener para los ciudadanos de a pie, sometidos en estos momentos al dilema de perder todos los ahorros de nuestra vida pasada, o pagar impuestos durante el resto de esa misma vida para financiar el rescate del sistema. Pero en todo este discurso, y dado que éste es un foro docto en temas financieros, quisiera preguntarles: ¿No están ustedes echando nada de menos? ¿Por qué nadie se acuerda ahora, cita, o nos explica, que era aquello de “Basilea II”? La misma comunidad financiera que ahora propone coartar el libre albedrío de los banqueros, lleva desde el año 2001 embarcándonos a todos en la migración de Basilea I a Basilea II. Se trataba (o al menos eso nos decían) de un nuevo paradigma en la gestión bancaria, un mundo mejor para todos, y tenía previsto su debut precisamente para este año. Para los no iniciados, les diré en qué consiste básicamente Basilea II. En su versión simple, pretende que los requerimientos mínimos de solvencia de una entidad bancaria, la fortaleza de su capital para aguantar crisis como la que estamos viviendo, se establezca en función de las calificaciones de las… ¡agencias de rating!. No es broma. Y en su enfoque más avanzado, Basilea II establece que esos umbrales mínimos de solvencia sean determinados por… ¡los propios banqueros!. ¿Cómo lo ven? Desde Basilea I (1985) la medición de los riesgos que asumía un banco (o caja) se asignaba en función de unas ponderaciones muy simples, establecidas por el supervisor financiero. Era pues un sistema tutelado por los poderes públicos, sencillo, e igualitario, pues se aplicaba a todas las entidades, con independencia de en qué jurisdicción operasen, o de su tipo de negocio. Sin embargo los banqueros propusieron cambiar el modelo, con una justificación: ellos eran capaces de medir sus propios riesgos mucho mejor que el supervisor, por que habían desarrollado unos modelos estadísticos “muy avanzados”, que les permitían estimar a la perfección los riesgos a los que estaban expuestos. De modo que desde el año 2005, los mismos bancos que acaban de ser comprados, rescatados, nacionalizados o “inyectados”, han “homologado” con sus reguladores sus propios modelos de medición de riesgos. Por cierto que la conclusión de esos sesudos cálculos estadísticos ha sido infalible en todos los casos: las entidades de crédito tenían una solvencia a prueba de bomba, y recursos propios más que suficientes para afrontar sobradamente los riesgos de su actividad. Basilea II iba a ser el futuro de la gestión bancaria durante los próximos 20 años, como lo había sido Basilea I desde 1985. Si no me creen y quieren pasar un buen rato, relean los párrafos dedicados a Basilea II en las memorias de los bancos rescatados. Pero déjenme decirles algo más preocupante: durante el reinado de Basilea I, el 100% de los inspectores del Banco de España era capaz de verificar el ratio de solvencia de una entidad en 8 horas con la ayuda de un balance y una hoja Excel. Desde la entrada en vigor de Basilea II, ese porcentaje se reduce a, quizás, un 5%, y hacen falta meses de trabajo y costosos recursos técnicos e informáticos. Y mucho peor aún es la situación de los miembros de los Consejos de Administración de nuestros bancos y cajas: ninguno está capacitado para hacer un juicio crítico acerca de la metodología, las hipótesis y los cálculos que determinarán en el futuro su grado de exposición a los distintos tipos de riesgos. El Consejo debe confiar ciegamente en el trabajo de un reducido grupo de “super-sabios”, empleados pata-negra que tras meses de encierro en un laboratorio, manipulando complejísimos modelos econométricos y bases de datos, saldrán gritando frenéticamente la frase… “ya lo tengo” Pero desafortunadamente la realidad es mucho más compleja. Esos modelos, apadrinados por los banqueros, homologados por decenas en todos los países europeos con la bendición de supervisores y consultores, técnicamente impecables, teóricamente infalibles, calibrados hasta la extenuación, y sometidos a pruebas de stress y back test, han resultado un completo fiasco. Basilea II ha descarrilado antes de arrancar". Creo que merecía la pena reproducirlo en su literalidad. No sé que opinarán ustedes. Concluyo como empecé. Karel Lannoo, en el párrafo siguiente del artículo al que he hecho referencia, busca la solución a la dudosa foto de la verdadera fortaleza de balance que, a su juicio, se deriva de Basilea II exigiendo que la solidez bancaria se fundamente en cuatro puntos. Ratios puros de apalancamiento (capital entre activos); ratios de liquidez, que obliguen a mantener un nivel mínimo de activos de disponibilidad inmediata; ratios de diversificación de los mismos (para evitar, por ejemplo, la concentración inmobiliaria que se ha dado en España) y, por último, un indicador consensuado de buen gobierno que permita calibrar la solidez del equipo gestor (como toda variante subjetiva, de menor aplicabilidad práctica). No me enredo más. El sábado más y mejor. Recomendación gastronómica de los jueves. Sigo en 82,5 para 1,73 de altura por lo que, en esencia, tengo sobre peso. Pero esta semana he hecho un par de visitas interesantes. Una positiva y otra menos. Empecemos por el final. Chantarella en Doctor Fleming. Lo conocí siendo ese minúsculo local kitsch cerca de Ferraz, al que no le faltaba su bola discotequera, y me encantó. No había vuelto desde entonces a la nueva ubicación. ¿El resultado? Decepcionante. Comida poco sorprendente; raciones, en mi particular opinión, raquíticas para los precios que cobran; servicio muy despistado y poco profesional que dio a servidor, aparte de la compañía, uno de los pocos placeres de la velada: ver cómo el Secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, tenía reclamar su comida casi 25 minutos después de haberla pedido. Ah, un ejemplo para el recuerdo: pedimos fruta de postre. El chico que nos atiende nos dice que no hay. Tras ver en la carta que sirven macedonia, se lo indicamos. Y el camarero dice que eso sí, que la trae. Al rato vuelve: aunque está en la carta, no queda. Pero si quieren fruta con fondue de chocolate, sí. ¿Y sin fondué? No. De locos. Muy a gusto en Belaunde, 22 en Victor Andrés Belaunde. Un lugar informal muy bien llevado por su dueño, Javier. Pregunten por él. Chupito de salmorejo espectacular, crujiente de anchoas con tomate delicioso, aros de cebolla en su punto de fritura y un solomillo fileteado de sabor como hacía tiempo y eso que llega algo frío a la mesa. Más para compartir que para hacer comida de mesa y mantel. Unos 20-25 euros por barba sin vino y con postre. Recomendable. |
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