|
|
![]() |
| | Herramientas | Desplegado |
| ||||
| Banca Estado, S.A. - cotizalia.com Banca Estado, S.A.
__________________ Fecha de Ingreso: Apr 2007. Baneado por Facundo ___________________________________________ ![]() Más pobres, treinta años después El Insostenible modelo de crecimiento económico español. Mexicano superviviente del "Efecto Tequila": http://www.youtube.com/watch?v=Xb_NA6r0BLo |
| ||||
| Más dinero, es la guerra - cotizalia.com Más dinero, es la guerra @S. McCoy - 06/12/2008 La locura se ha instalado definitivamente entre la clase política y los principales responsables de los bancos centrales alrededor del mundo. La adopción de políticas fiscales y monetarias extraordinariamente expansivas persigue demostrar a la ciudadanía que son capaces de hacer en tres meses todo lo que fueron incapaz de prever en los ocho años anteriores. Menuda desfachatez. Son como el gestor poco diligente que autoriza la construcción de viviendas en el curso de un río bajo el argumento de que no se ha desbordado en 50 años. Y lo que era una barriada marginal se convierte, con el paso del tiempo, en un núcleo importante de población. Nunca pasa nada, hasta que pasa. Y cuando la riada finalmente llega y destruye sueños, cercena ilusiones y trunca vidas, sólo entonces, se establece un Plan Urgente de Actuación para evitar que tales calamidades se repitan en el futuro a través de medidas mediáticamente exageradas y económicamente ineficientes, con el consecuente coste para una ciudadanía que, ante la gravedad de lo YA ocurrido, asiente compungida al expolio de la riqueza colectiva o a la hipoteca de su futuro. Se trata de restablecer la confianza, por encima de todo. Como en el caso actual. El olvido de que siempre la prevención es mejor y más barata que la curación precipitada tiene estas servidumbres. Qué se le va a hacer. Nuestra particular corriente violenta de agua tiene el verde color de la abundante liquidez monetaria sobre la que se habían construido sueños crediticios de cambio de paradigma y extinción de ciclos. Una expansión sin precedentes de la oferta monetaria que igualó a todos los activos, reales y financieros, por el arriesgado exceso de apalancamiento y que ha conducido, finalmente, a que sea imposible hacer distinción real entre unos y otros, toda vez que el factor deuda les hace bajar de la mano a las tinieblas de la espiral destructiva de sus respectivos precios. ¿Dónde estaba el endeudamiento en las sofisticadas planillas del asset allocation de las principales gestoras? La fuerza destructora del líquido elemento ha pillado por sorpresa a aquellos que salían todos los días al balcón a regar los geranios de su rentabilidad, florecidos sobre endebles raíces. Y ha dejado boquiabiertos a los que atribuyéndose el mérito político y supervisor de la ficción que, sobre la economía, tal ilusión monetaria provocaba, no estaban preparados para enfrentarse a una bofetada de realidad como la que se ha producido en los últimos 16 meses. La política fiscal ha de ser selectiva. Resulta, cuando menos, digna de estudio la uniformidad de las medidas de tipo fiscal adoptadas por naciones de muy distinto perfil en cuanto a la calidad de sus cuentas públicas y a su dependencia de la financiación exterior. No hay distingos cuando de hablar de miles de millones se trata. Permítanme que enarque las cejas. Estamos en un entorno de escasez. La liquidez se ha convertido, para sus tenedores, en un preciado tesoro que les servirá para encarar el incierto futuro con mejores garantías. La financiación a terceros brilla, por tanto, por su ausencia. En un entorno en competencia como el descrito, la captación de los recursos necesarios para llevar a cabo los ingentes programas de actuación pública comprometidos, provocará un encarecimiento de los diferenciales a ofrecer en la deuda soberana, especialmente en países extraordinariamente dependientes de los recursos foráneos como España, realidad que ya reflejan los seguros de cobertura del riesgo país. Se emiten más bonos a un coste mayor para los respectivos Tesoros. Se incrementan por tanto los costes financieros de la Administración, partida adicional a añadir al apartado de pagos. A la vez que se reducen los ingresos impositivos por la coyuntura económica. Lo que incide aún más en el déficit público. Y, ¿entonces? El gran problema de las actuaciones financieras de la Administración es que se agotan en sí mismas; no generan un retorno directo que permita amortizar su coste. Son un gasto hoy ligado a un potencial ingreso indirecto futuro vía cánones o impuestos. Cuando se incurre en déficit, este viene para quedarse una temporada. Me estoy refiriendo a la inversión directa, no al mecanismo de avales, a mi juicio, mucho más acertado. El Estado, en sus distintas vertientes, debe tender a instaurar reformas estructurales que faciliten una mejora de la productividad y la competitividad o a establecer proyectos plurianuales que permitan capear el ciclo de la mejor manera posible hasta que el sector privado tome el relevo y permita ir reequilibrando el balance presupuestario. Es fundamental ser selectivo porque, al contrario de lo que ocurría cuando cada estado manejaba su propia moneda, y cabían devaluaciones competitivas de la misma, la oferta monetaria no es ilimitada y está condicionada al apetito de demanda de los potenciales adquirentes de deuda. Precisamente por eso han sido tal disparate ideas de bombero como las de los 400 euros y son igualmente rechazables aquellas medidas que persiguen perpetuar las causas que han conducido a la situación actual: hiperconsumo y exceso de endeudamiento. Si la actividad particular no toma el relevo, la recesión se convierte en depresión y entonces, Houston, tenemos un problema serio de verdad. Porque lo malo de las deudas es que hay que pagarlas y los déficits no dejan de ser consumos que superan las ventas en una hipotética tienda nacional, esto es: financiación de terceros. En ese caso, la situación requiere soluciones dramáticas: una contracción salvaje de la economía del bienestar, incapaz de cumplir con las obligaciones que tiene comprometidas, o una subida masiva de impuestos. Y aún así. Cada vez más se impone la corriente de pensamiento de que lo que sacó a Estados Unidos de la terrible década de los 30 fue el aumento de demanda global que provocó la Segunda Guerra Mundial. Un argumento que podría ser válido en tiempo de paz si se concretan las necesidades de lo que muchos identifican hoy con la llamada burbuja verde o inversión-por-la-supervivencia-del planeta. En cualquier caso, estamos en un punto crítico. Un exceso de acción pública, en competencia con el sector privado de la economía, puede provocar la paradoja de que gran parte del ahorro se destine, mediante la compra de bonos, a la financiación del Tesoro a la vez que la desigual competencia por la financiación acaba provocando lo contrario de lo que se pretende: una merma de la acción de los ciudadanos y empresas sobre la economía. El llamado efecto crowding out. Un difícil equilibrio que ningún gobernante debería perder de vista mirando, si la miopía aún no ha hecho estragos, al medio plazo. La política monetaria ha de evitar la hiperinflación y la trampa de liquidez. Respecto a la actuación de los bancos centrales se trata, como ya hemos señalado al inicio de esta pieza, de una mera inyección de confianza. Los gobernadores conocen de sobra que el mecanismo de transmisión de la política monetaria está roto, en el sentido que el menor precio del dinero no implica su mayor rotación, esto es: no se traduce en nuevo crédito. Es el back to the basics de la crisis actual: mientras la caída de los precios, fundamentalmente inmobiliarios, no se estabilice, ni concluya el masivo proceso de ajuste de la economía financiera a la real que actualmente se está llevando a cabo -cuya virulencia, si acelera el proceso, bienvenida sea-, los bancos no van a soltar un duro. Está en juego su propia supervivencia. De ahí que haya sido tan grave el error de actuar sobre las entidades bancarias y no a través de ellas, diferencia sustancial que les hubiera permitido mantener su actividad mientras se ordenaba un proceso simultáneo y global de liquidación conjunta de posiciones con contrapartida. Reducción simplista, por supuesto, pero intuitiva. Con 200.000 empleos al mes destruidos en España y 500.000 en los Estados Unidos, las mejoras de renta disponible que traen consigo las bajadas de tipos de los últimos meses se van a destinar a repago de deuda y aumento de la tasa de ahorro. Su vecino no va a hacer nada distinto a lo que haga usted. El ajuste de los estándares de consumo a la realidad económica de las familias es un proceso extraordinariamente doloroso pero inevitable para la solución de la crisis actual. Y cuanto antes se produzca, mejor para todos. Es imprescindible tener esta perspectiva crítica acerca del impacto que el abaratamiento radical del precio del dinero, combinado con el aumento de la oferta monetaria que provoca la emisión masiva de deuda pública, traen consigo para evitar tres de los grandes riesgos que de la acción conjunta de ambas se deriva. Uno, el incurrir en la pérdida de confianza de los ciudadanos en el valor de su efectivo, valor que es meramente fiduciario, es decir: de confianza al no estar respaldado por contrapartida física alguna como ocurría con el patrón oro. La sobreoferta de cualquier bien tiende a minorar su precio hasta un nuevo punto de equilibrio. Algunos autores (Fernando Suárez y su Teatro del Dinero de los viernes, entre otros) empiezan a cuestionarse el por qué no puede ocurrir lo mismo con el dinero: unidad de cuenta, depósito de valor y medio de cambio. Dos, y ligado con lo anterior, la puesta en circulación de ingentes cantidades de liquidez podría traer consigo un proceso hiperinflacionario que, por una parte, actuaría de forma confiscatoria sobre una ciudadanía que aún no habría despertado del sueño de la crisis y, por otra, ahondaría, indirectamente, en la quiebra de los parámetros actuales del sistema monetario. Por último, cabría que ocurriera justamente lo contrario, situación propia de lo que hemos descrito en el párrafo anterior: que nos enfrentáramos a lo que los autores han bautizado como la trampa de la liquidez; una abundancia de dinero que no incentiva el consumo ni fomenta la inversión productiva. Situación similar a la que lleva inmersa Japón en los últimos casi veinte años. Conclusión No estoy diciendo que no se actúe, Dios me libre. Simplemente creo que lo sensato es poner un poco de cordura en medio de la locura que parece haber envuelto a las instituciones políticas y monetarias a lo largo de las últimas semanas. No sólo en España, donde salimos a plan definitivo por semana, sino en los mismos Estados Unidos de Norteamérica, país en el que ya no se sabe para qué sirve ese TARP de 700.000 millones de dólares que tanto costó aprobar en las Cámaras. La resolución de esa crisis exige, por supuesto, medidas de corte dinerario y fiscal. Estoy de acuerdo dado que mi nivel de idiocia se mantiene estable en el tiempo. Pero su enorme dimensión y las importantes consecuencias que las acciones presentes pueden tener sobre el futuro de nuestra sociedad, tal y como hoy la tenemos concebida, advierten de los riesgos aparejados a cualquier tentación de precipitación, gloria mediática u oportunismo político. Errores de bulto, como los que se vienen cometiendo, cuestionan la necesidad de organismos ajenos al mercado para fijar el precio básico de un bien, como el dinero, que en él se negocia. Y más cuando sus equivocaciones del pasado son las que han conducido a los desequilibrios del presente. Está a la vuelta de la esquina la pregunta: ¿para qué sirve un Banco Central? Seguro. Y sólo cabrá una respuesta: para supervisar y poco más. Pero es que la discusión va más allá: ¿existe Europa fuera de la unidad que da el euro? La crisis de la Unión está viéndose ocultada por la inmediatez de los acontecimientos. Pero la cuestión aflorará, como quien dice, pasado mañana. Y todo lo que une, separa. Cuidado con los nacionalismos. |
| Estos 2 usuarios dan las gracias a El_Presi por su mensaje: | ||
| ||||
| Adios a los petrodólares: ¿vuelve el petróleo, pierde el dólar? @S. McCoy - 10/12/2008 Reconozco que me equivoqué a la hora de predecir el curso que iba a tomar a lo largo de este ejercicio el precio del crudo. Y de qué manera. Aunque contemplaba un escenario de debilitamiento de la economía mundial como consecuencia de la crisis financiera, nunca imaginé que su impacto sobre el coste del petróleo fuera a ser tan dramático. Más bien creía, y sigo creyendo, que, en la medida en que no haya fuentes de energía alternativas, carencia más necesidad equivalen, por definición, a niveles elevados en las transacciones de la materia prima de que se trate. Es más, el cambio sustancial que se ha producido en mi modo de pensar de entonces a ahora es que, si hace unos meses intuía que habíamos visto el máximo de las reservas de oro negro a nivel global (peak oil) pero no habíamos alcanzado los máximos de consumo (peak power), sigo sin tener dudas de lo primero pero la situación actual hace que me cuestione severamente lo segundo, al menos en el corto y medio plazo. Adios a los petrodólares: ¿vuelve el petróleo, pierde el dólar? - cotizalia.com |
| Estos 2 usuarios dan las gracias a DrOtis por su mensaje: | ||
| |||
| ¡Ay, el amero!
Mucho ojito a la posibilidad de que la FED emita su propia deuda. Última edición por charliness; 11-dic-2008 a las 12:41 |
| ||||
| Nunca he creído en el amero, y soy muy escéptico con el default gringo, no obstante parece que esos vaticinios de 'lunáticos' cada vez se vuelven más plausibles, recordad que también eran 'lunáticos' los pocos que avisaron del crack 2008.
__________________ |
| ||||
| ¿Y si Obama no llega a tiempo? - cotizalia.com ¿Y si Obama no llega a tiempo? @S. McCoy - 06/01/2009 Llego al New York Times de la mano de Michael Lewis y David Einhorn que han publicado un muy interesante artículo, servido en dos entregas, acerca del final del orbe financiero en su concepción actual y las posibles bases sobre las que se tendría que asentar su futuro. Su pieza, que ha encontrado extraordinario predicamento al otro lado del Atlántico, propicia mi reencuentro con Paul Krugman al que le tenía perdida la pista prácticamente desde que la academia sueca le concediera el Nobel de Economía. Como resulta habitual, su opinión no deja ni mucho menos indiferente. No tanto por la novedad de su discurso, que es nula en la medida en que continúa rechazando las tesis monetaristas en un entorno de recesión como el actual y sigue abrazando como única tabla de salvación la keynesiana acción pública, cuanto por su percepción del riesgo de que los estímulos fiscales no lleguen a tiempo. Todo un jarro de agua fría para los muchos que habían iniciado el curso financiero con un In Obama we trust en la creencia de que las grandes magnitudes que se manejan, y que alcanzan ya los dos billones de dólares, tendrían inmediata aplicación una vez que el todavía candidato llegara al poder. Básicamente Krugman lo que viene a poner sobre la mesa es una realidad de la política norteamericana que ya hemos recogido de forma colateral en este Valor Añadido en otras ocasiones y que debería convertirse en una de las reivindicaciones fundamentales de esa aletargada sociedad civil española a la que la crisis empieza a desperezar: la necesaria muerte del sistema de partidos y su imprescindible sustitución por un modelo de elección de personas que respondan ante sus electores de su mayor o menor diligencia en la defensa de sus intereses. Un proceso en el que vamos hacia atrás como los cangrejos, toda vez que el único ámbito en el que se ha explorado tal posibilidad, el Senado, ha perdido su justificación como Cámara de Representación Territorial española tal y como prueba la negociación bilateral sobre la financiación autonómica que el Presidente está llevando a cabo con cada uno de los presidentes regionales, pasándose el ámbito legislativo de discusión por donde yo les diga. Pues bien, tras este breve paseo por los Cerros de Úbeda, volvamos a nuestro amigo Krugman. A juicio del autor, muchos de los congresistas republicanos pueden restringir la dimensión del Plan de Obama al tratar de encontrar justificación al mismo desde una óptica meramente mercantil, basada más en los principios de riesgo rendimiento que en los de urgente necesidad. Desde ese punto de vista, y ante la enorme batería de medidas que serían susceptibles de pasar por el tamiz parlamentario, nos podríamos encontrar con un retraso sustancial en tiempo y un recorte radical en forma que provocarían que los potenciales riesgos de materialización de un entorno más depresivo que recesivo se concretaran. Un componente éste que se encuentra fuera de la agenda intelectual de muchos analistas alrededor del globo pero que no deja de ser un factor de riesgo real. Y más en la medida en la que se multiplican las voces que recuerdan el impacto que, sobre el futuro, pueden tener determinadas soluciones expansivas que proponen hoy como remedo a lo que en su día hiciera Frankiln Delano Roosevelt. No sólo existen dudas acerca de la idoneidad de las políticas expansivas cuando dos de los requisitos fundamentales para su éxito, temporalidad (la propia Yellen, de la FED, se pregunta si alguien ha previsto una salida a tanta vorágine prestamista estatal) y adecuación previa de la oferta productiva a niveles racionales, no son ni mucho menos evidentes, sino que adicionalmente se cuestiona incluso la supervivencia de la hegemonía económica estadounidense, bien desde la profecía nacionalista, como ocurre con los vaticinios de este profesor ruso que anticipa la desintegración del país en 2010 tal y como informa WSJ, bien desde el rigor academicista que se supone a uno de nuestros viejos amigos, Willem Buiter. El profesor, en su último post en FT que traigo de la mano interpretativa de Naked Capitalism, no duda en afirmar la “debilidad financiera, económica, moral y política” acumulada por Estados Unidos en los últimos ocho años, los de Bush, que en su opinión ha provocado un deterioro sustancial de su credibilidad exterior lo que conducirá, en un plazo entre dos y cinco años, a una venta masiva de activos denominados en dólares. Un mensaje que empieza a encontrar preocupante acomodo en uno de los principales tenedores de renta fija norteamericana: Japón. Mala señal tanto para el dólar como para los bonos soberanos. Pero no se vayan todavía que aún hay más: para Buiter, cuya reflexión es extensa y no tiene desperdicio, ésta es la mejor de las alternativas. La peor lleva el deshonroso apellido de impago de la deuda. Ups. Ya sé, el agorero de McCoy ha vuelto para amargarnos el día de Reyes en este comienzo de año. No sean malos porque no es verdad. Simplemente creo que, tal y como señala el artículo de Lewis y Einhorn citado al inicio de esta pieza, uno de los grandes problemas en la identificación de los síntomas y la determinación de las soluciones de la crisis actual ha sido la ausencia de perspectiva o visión circular para comprender la dimensión del problema, acostumbrados como estábamos al acortamiento de los ciclos, la eficacia monetaria y la consecuente acumulación de desequilibrios sobre los que el día a día de la bonanza económica pasaba por encima. No es momento de incurrir en los mismos errores. La acción ahora tiene consecuencias mañana. Importantes efectos diría yo. Pasar por encima de ellos como si no tuvieran relevancia es sentar las bases para un desastre aún mayor. Piensen, reflexionen y si obtienen una conclusión mejor, no dejen de compartirla con nosotros. La puerta queda abierta. |
| ||||
| Una nueva burbuja a punto de estallar - cotizalia.com Una nueva burbuja a punto de estallar @S. McCoy - 10/01/2009 Muchos inversores aún no se han dado cuenta, pero el 2009 viene marcado en el calendario financiero internacional como el Año del Bono. Por mucho que los estrategas se empeñen en seguir jugando a la lotería de los pronósticos, y traten de establecer con el mayor grado de exactitud posible los niveles a los que cerraran los distintos índices bursátiles mundiales en el ejercicio que ahora comienza, el campo de batalla en el que se va a decidir qué carteras resultan victoriosas al cabo de doce meses no va a ser el del mercado de acciones, sino el de la renta fija y, en especial, en el de la deuda soberana, donde puede haber notables sorpresas. Se inicia un curso financiero en el que la preservación del patrimonio, tras lo vivido en 2008, va a ser clave. Hay que evitar a toda costa contratiempos inesperados. Y el bono estatal puede convertirse, sin lugar a dudas, en la mayor fuente de ellos para todos aquellos que tienen que hacer ajuste a precios de mercado periódicos de sus posiciones. Tomen nota. Y es que son cada día más las voces que advierten de la construcción de una burbuja en los instrumentos emitidos por los distintos gobiernos de los países desarrollados, con particular referencia al estadounidense. Sobrevaloración que sería consecuencia de las compras masivas de estos activos financieros en los últimos meses, adquisiciones que impulsan sus precios y minoran los retornos a obtener. No hay que olvidar que los bonos del tesoro norteamericanos lo han hecho, ni más ni menos, que un 53% mejor que las acciones en 2008. Casi nada. La extrema aversión al riesgo, con su consecuente huida hacia la calidad, y la amenaza deflacionaria que se cerniría sobre la economía mundial estarían detrás de esta fiebre por lo aparentemente seguro que amenaza ahora con mostrar su cara más oscura. Tal y como recordáramos el pasado 13 de noviembre en este mismo Valor Añadido (“Obviedades McCoy, los Bonos del Tesoro son activos de riesgo”), “la deuda soberana con la mejor calificación crediticia es un activo teóricamente sin riesgo a vencimiento. Pero con una incertidumbre brutal de tipos de interés y, por ende, valoración, durante su vida. Y más cuando se acude a ella en periodos de cotizaciones aparentemente extremas (que no digo que no estén justificadas) como el actual”. Pues bien, este mensaje de cautela de hace un par de meses ha ido ganando cuerpo con el paso de los días. Hay para todos los gustos. Desde el sensacionalismo de la última edición de Barron’s que, fiel al estilo que le caracteriza, ha lanzado un contundente Get out now! a sus lectores, advirtiendo de notables minusvalías en sus posiciones en caso de permanecer invertidos en renta fija soberana, hasta la elegancia con que John Hussman lo describe en su siempre instructiva carta semanal a sus clientes al concluir que “con la rentabilidad del 30 años por debajo del 2,5% y del 10 años cerca del 2%, es difícil de creer que los tenedores de los bonos no tengan en mente poder colocarlos a un tercero antes de que los precios caigan”. Bonito eufemismo para describir una burbuja que podría conducir a “pérdidas del 10% en el 10 años y por encima del 20% en el 30 años en un periodo muy corto de tiempo”. Minusvalías que podrían ser mucho mayores si se cumple una de las 10 predicciones establecidas por Byron Wien, antiguo estratega de Morgan Stanley, para 2009: a cierre del año, el Treasury rondará el 4%. ¿Es inevitable? ¿Cuál puede ser el catalizador para un movimiento de ese calibre? Los distintos analistas encuentran una profusión de razones tal que se hace prácticamente imposible no creer que se vaya a tratar de una profecía de inevitable cumplimiento. Yendo de lo genérico a lo específico, bastaría, en primer lugar, con que mejorara la propensión al riesgo de los inversores, lo que les llevaría a deshacer el camino andado y sustituir estos activos gubernamentales por otros menos seguros. Igualmente, si la economía norteamericana va recuperando tracción a lo largo del ejercicio, modificando las expectativas sobre inflación y tipos de interés, las ventas podrían llegar en masa al mercado de renta fija soberana. Como ocurriría si el ingente aumento de la masa monetaria en circulación cogiera velocidad de circulación. Si, por el contrario, el entorno continuara siendo débil, sería el exceso de oferta de papel para financiar los planes públicos de actuación los que se llevarían por delante los precios y harían subir las rentabilidades. Eso por no hablar de la necesidad de retornos más atractivos para captar dinero en un entorno de competencia por los recursos escasos (miren, si no, el resultado de la subasta del miércoles en Alemania, desierta en una tercera parte ante el poco más del 3% de retorno ofertado, o la aparente reticencia de China a seguir financiando el déficit US, que recoge este revelador artículo del NYT de ayer mismo). Un tema, por cierto, extraordinariamente bien estudiado en este extenso análisis del Financial Times publicado esta semana. Por último, si el dólar empieza a ser castigado con dureza ante el riesgo de impago de Estados Unidos, la amenaza de pérdida de valor de lo invertido traería inevitablemente de la mano una fuerte liquidación de posiciones. Sería un salto del Return on Investment al Return of Investment al que hacíamos referencia en el primer párrafo. No todos están de acuerdo. Sin embargo, no todos los estrategas comparten esta visión. De hecho, la distinta opinión sobre esta cuestión ha provocado la primera discrepancia de opiniones en ocho años entre James Montier, estratega de Societe General muy seguido en el mundo anglosajón, y su alter ego en el banco Albert Edwards, cuyas tesis son compartidas, entre otros, por David Rosenberg de Merrill Lynch (¿o he de decir BoA?). De hecho el banco de inversión norteamericano está apreciando, entre sus clientes más acaudalados, una importante demanda de oro físico como cobertura. En cualquier caso, en el debate de los franceses, recogido por FT Alphaville, cada uno da sus argumentos. Mientras que Montier señala, parafraseando a ese Benjamin Graham que ha inspirado entre otros a Warren Buffet, que la deuda estatal estadounidense se podría mantener con carácter especulativo pero no es una inversión en términos de diferencial precio-valor, Edwards se centra, es poco consuelo, en el elemento deflacionario de la ecuación toda vez que espera muevas escenas de pánico financiero y económico en el primer semestre de este ejercicio. Se trata, por tanto, de un debate abierto en que la balanza parece, no obstante, inclinarse hacia las tesis de Montier. Concluye el extenso artículo de Barron´s con una larga enumeración de activos alternativos de renta fija que ofrecerían a los precios actuales notables rentabilidades: estamos hablando de bonos corporativos, cuyos diferenciales determinarán en primera instancia la credibilidad o no de los movimientos al alza en el mercado de acciones, obligaciones convertibles, bonos municipales, acciones preferentes o los propios TIPS o activos soberanos cuyo principal se encuentra protegido ante el potencial repunte de la inflación y que descuentan inflación cero cada uno de los próximos diez años. Una lista que, por cierto, sospechosamente coincide con la recogida en el último artículo de Bill Gross colgado en la página web de PIMCO. Lleguen a los párrafos finales y verán. Pieza, por cierto, imprescindible, que no duda en afirmar cómo el exceso de oferta monetaria no dejaba de ser un esquema piramidal en toda regla -tesis defendida igualmente por Fernando Suárez en su Teatro del Dinero de ayer- que ha terminado por estallar. Cualquier cosa menos la deuda estatal. Porque, mi amor ya tu sabes, cuando algo ofrece poca rentabilidad y mucho riesgo es de todo de todo menos un activo seguro, por mucho que se venda como tal. Y es que el Año del Bono, soberano, amenaza disgustos. Cuidadín. |
| ||||
| McCoy es el nuevo jefe Alberto Artero (S.McCoy), nuevo director de Cotizalia - elConfidencial.com Alberto Artero, 37 años, licenciado en ICADE, ha sido nombrado director de la pagina financiera COTIZALIA, en la que desde hace dos años y medio escribe una columna diaria, titulada “VALOR AÑADIDO”, bajo el seudónimo de S.McCoy. Casado y padre de cuatro hijos, antes de incorporarse a EL CONFIDENCIAL trabajó durante una década en los mercados financieros, fundamentalmente en áreas de intermediación de renta variable y banca privada de grandes patrimonios, en entidades como BCH, Argentaria y Deutsche Bank.
__________________ Yo, minoria absoluta. |
| ||||
| Por qué me encanta esta crisis @S. McCoy - 13/01/2009 Hoy cambiamos de tercio y vamos a darle al tema un sesgo medianamente optimista, que ya va siendo hora. Premisa principal: esta crisis va a traer mucho más bueno que malo a nuestro país. No les quepa ni la menor duda. Tengo la más que firme convicción. Casi como el puedo prometer y prometo de Adolfo Suárez durante los primeros años de democracia. El argumentario que les propongo es, seguramente, discutible, matizable; hasta censurable. O no. Pero en cualquier caso, pretende simplemente establecer un punto de partida, una primera toma de conciencia de la tarea tan apasionante que tenemos por delante: recuperar el valor de la sociedad como motor de cambio… a mejor, cosa que no siempre ocurre. El resto del discurso, a favor o en contra de esta modesta tesis, lo construirán ustedes con sus aportaciones, as usual. No se corten: valor y al foro, que es todo suyo. ¿En qué me baso? Miren ustedes, creo sinceramente que se va desmontar en España la fantasía que atribuía al “tener” el liderazgo en la escala de valores colectiva. Una riqueza que se ha probado efímera, coyuntural, volátil. Íbamos a lo Di Caprio en la proa del Titanic pensando que el envoltorio garantizaba nuestra seguridad. Y el choque contra el iceberg de la crisis ha puesto de manifiesto que el casco estaba construido con tornillos de mala calidad, como ocurriera por otra parte en la realidad. Era todo una gran mentira. Y esa constatación de la verdadera situación, y de su impacto sobre nuestras vidas, esa muerte de lo circunstancial y el reencuentro con lo esencial, va a traer consigo muchas y muy buenas consecuencias. ¿Cuáles? En primer lugar, una fulgurante recuperación de la austeridad como modo de vida. Es un concepto mucho más amplio que el de frugalidad, contención impuesta o no a la hora de tomar decisiones de gasto y/o consumo. Una reducción semántica lícita, en cuanto refleja de modo inmediato el efecto de la incertidumbre o la carencia sobre el ciudadano, pero excesivamente restrictiva, a juicio de quien esto escribe. La austeridad no es únicamente privación, sino que va más allá. Es reconocer el valor de las cosas, apreciar el esfuerzo necesario para obtenerlas y tener la disponibilidad de ánimo de conservarlas. Es, en definitiva, adecuar las necesidades de cada uno a los parámetros de la normalidad. Vivir según las propias posibilidades. Poner cada cosa en su sitio. Se dice tradicionalmente que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. Permítanme que les diga una cosa: es una verdad como un templo. Y ojalá que, aunque pueda venir impuesta al principio, la austeridad llegue para quedarse. Ha llegado la hora de dejar de mirar al vecino y vivir la propia realidad. Fuente: http://www.cotizalia.com/cache/2009/...ta_crisis.html
__________________ Muy bien, Colitis..., Cojones..., Profilactico..., Pontebragas..., Mariconetti..., sois guapísimos!!! |
| Estos usuarios dan las gracias a Sargento Highway por su mensaje: | ||
| ||||
| Felicidades por el hilo. Al final este es el IR-, no¿? |
| ||||
| No se sabe, hay quien piensa que si (me incluyo) hay quien piensa que son estilos muy diferentes, cosa comprensible si quería mantener el anonimato. Tambien hay quien dice que pueden ser varios los que utilicen el nick de PP. CC.
__________________ La historia de un pueblo no es lo que ese pueblo ha vivido, sino lo qué ese pueblo recuerda y cómo lo recuerda. |
| ||||
| El artículo es tan recomendable que merecería hilo propio. Por otra parte, la demolción de Construcciones España S.A., será un proceso traumático. Me gustaría pensar como McCoy, y que la travesía por el desierto de la deflación nos hará recuperar valores que tiramos a la basura en estos últimos años (así nos va), una bofetada de dura realidad que nos bajará de las nubes y la prepotencia. Pero también está la posibilidad de sumergirnos en una depresión; pobeza, emigración (sí, con E,) desquebrajamiento de la democracia (en realidad plutocracia) ante una crisis política y social, fruto de una sociedad ignorante, irresponsable, pasota y adormecida, amén de una clase política corruptocrática, alérgica a la meritocracia, grosera, corrompida, sin valores ni ideología mas que el lucro personal. Violencia, delincuencia, resurgimiento de extremismos ya olvidados, choques interétnicos etc etc. Yo del españolito no espero mucho, de ahí mis preocupaciones y angustia.
__________________ |
| ||||
| Uy, uy, uy... los propios keynesianos tiran la toalla - cotizalia.com Uy, uy, uy... los propios keynesianos tiran la toalla @S. McCoy - 17/02/2009 Recordarán muchos de ustedes una pieza que está llamada a convertirse en un clásico de la literatura económica contemporánea. La recogió El País, traducida al castellano, en su edición dominical del pasado 19 de octubre. Su autor, el Nobel de Economía Paul Krugman. Su titular, ¿Quién era Milton Friedman? El artículo ensalzaba a Keynes como ese Lutero que había llegado a romper con la hegemonía hasta la Gran Depresión del libre mercado, a la vez que criticaba al padre de los monetaristas, Friedman, al que identificaba como el San Ignacio de Loyola que propugnaba la vuelta a la errada ortodoxia tradicional, doctrina que con el paso del tiempo volvería a imponerse. Siguiendo con el símil religioso, el colaborador de NYT concluía su extenso comentario afirmando que “cuando Friedman inició su trayectoria como intelectual público, había llegado la hora de llevar a cabo una contrarreforma contra el keynesianismo, y todo lo que eso conllevaba. Pero lo que el mundo necesita ahora, diría yo, es una contra-contrarreforma”. En definitiva, como neokeynesiano de pro, Krugman defendía, en un entorno como el actual, y ante la ineficacia de la política monetaria, la intervención estatal a gran escala en la economía. El cadáver de Lehman Brothers aún reposaba caliente sobre la estupefacta conciencia de la mayoría de los analistas a nivel mundial. Lo que no podía ocurrir, mejor dicho: lo que no debía ocurrir, había sucedido. Fue entonces cuando el consenso del mercado tomó una doble decisión. Uno, olvidar el pasado. Nadie se paró a pensar hasta qué punto las decisiones políticas habían conducido a un descalabro como el que se acababa de materializar. El caso de la intervención encubierta, -seis meses antes, que se dice pronto-, de Bear Stearns a través de JP Morgan, se convertirá, con el paso del tiempo, en símbolo de las prisas por atajar cuestiones individuales antes que la problemática de fondo que afectaba a todo el sistema. Dos, poner el futuro en manos de esas mismas autoridades cuya escasa diligencia anterior clamaba al cielo: había quedado demostrado que la libertad de actuación de las fuerzas del mercado era perversa y se podía llevar por delante el conjunto de la economía financiera. Era momento de actuar desde la talaya pública. ¿Qué hubiera ocurrido si todos hubiéramos tenido un poquito más de perspectiva globalizada? Desgraciadamente, ya nunca lo sabremos. El abrazo de las Tesis de Keynes propugnada por Krugman pareció entonces inevitable. Se requería del recurso al Estado para sacar las castañas del fuego, cadencia que erróneamente se estructuró en dos estadios: primero, las finanzas; después la economía. Pocos recordaron en aquel momento la evidente interrelación entre ambas. Sólo cuando la brutal caída de la producción y la destrucción masiva de empleo han irrumpido con una fuerza inusitada, muchos han recordado que la convergencia de la realidad financiera a la causa que la justifica, que es la actividad productiva, lleva irremediablemente aparejada, como así ha sido, una ralentización salvaje de la segunda en ausencia de la primera. Las desesperadas llamadas al crédito de instituciones de todo pelaje no hacen sino reafirmar tal opinión. Siguen en Babia. El caso es que Keynes entraba por nuestra puerta y se convertía en un compañero necesario para el duro viaje que nos tocaba acometer. No importaban los déficits fiscales: el fin justificaba los medios. Como el teatrero Obama se ha encargado de representar, siguiendo el legado catastrofista (¿o habría que decir realista?) de Bush: o esto o el desastre. Claro que había un pero que los apóstoles del keynesianismo no tomaban en consideración. La experiencia ha demostrado que las propuestas del británico requieren para su final feliz de la convergencia de dos factores: por una parte, la temporalidad. La intervención del Estado en un sistema capitalista ha de ser excepcional y limitada en el tiempo. El comienzo de este impagable análisis de Willem Buiter, de principios de año, es muy revelador sobre la cuestión. Según las estimaciones de los analistas, los sucesivos planes de incentivo económico en Estados Unidos van a suponer un agujero presupuestario equivalente al 13,5% de su PIB. El margen de maniobra que tal importe permite, ante posibles errores en el tiro de la acción pública, es muy limitado: se requiere de iniciativas que generen actividad futura y no que consoliden el gasto presente para que tales desequilibrios puedan corregirse el día de mañana. Pero es que, además, los costes de financiación que la masiva emisión de deuda soberana lleva aparejados pueden alcanzar, según Moody´s, un 10% de los ingresos fiscales de aquél país. A más, a más que dirían los catalanes. Cuidado. Junto a esta primera consideración, que no es baladí, se encuentra la segunda y más importante. El keynesianismo sirve de estímulo a la demanda para un entorno de oferta adecuada. Es lo que permite incentivar la creación de empleo y reactivar el consumo. Sin embargo, lo que ha ocurrido en los últimos años en el propio Estados Unidos, en un proceso similar al de España, es una inflación salvaje en el precio de los activos que ha conducido a un consumo desaforado que se ha financiado desde el interior y el exterior. La consecuencia ha sido un exceso de capacidad, inmobiliaria y productiva, que ahora tiene que purgar sus excesos y que se encuentra como contrapartida con unos compradores ahogados por las deudas. Mientras que el valor ilusorio de sus bienes se ha colapsado, la realidad de las obligaciones de los consumidores respecto a terceros sigue plenamente vigente. Necesitan ahorrar, repagar deudas y vender activos. La crisis simultánea de oferta y demanda es un escenario ignoto que ha provocado que los propios keynesianos arrojen la toalla. El propio Krugman habla en su post de ayer de una década pérdida. Y no se refiere precisamente a la pasada. Todos sabemos que, más allá de disquisiciones intelectuales, lo que convierte una recesión en depresión es la permanencia de aquella en el tiempo. Tal y como recuerda el Nobel, no es posible la convivencia entre un masivo endeudamiento privado, como el actual, y un ingente apalancamiento público como el que se nos viene encima. En ese entorno, el estímulo no funciona por ninguno de los elementos de la ecuación. De ahí que esté tan de moda el desapalancamiento. Algo que, desde el principio, era tan evidente ha tardado ni más ni menos que cerca de dos años en constatarse fehacientemente. Sólo para concluir que, a lo peor, con tanto plan público nos estamos precipitando. Japón parece a la vuelta de la esquina. Dios nos coja confesados. |
| Estos usuarios dan las gracias a El_Presi por su mensaje: | ||
| ||||
| La Depresión que niega Fidelity - cotizalia.com La Depresión que niega Fidelity
__________________ Fecha de Ingreso: Apr 2007. Baneado por Facundo ___________________________________________ ![]() Más pobres, treinta años después El Insostenible modelo de crecimiento económico español. Mexicano superviviente del "Efecto Tequila": http://www.youtube.com/watch?v=Xb_NA6r0BLo |
![]() |
| Herramientas | |
| Desplegado | |
| |