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| El cambio que España necesita - cotizalia.com El cambio que España necesita @S. McCoy - 10/11/2008 Comenzaba Paul Krugman su artículo de esta semana, recogido por la edición dominical de El País, de forma inusualmente agresiva: quien no haya sido capaz de emocionarse con el discurso de Obama, mejor que se lo mire, venía a decir de un modo más o menos literal. Quien no haya sido capaz de dejarse embaucar por la fuerza transformadora de sus palabras, no merece la pena llamarse ciudadano, era la conclusión que servidor, de forma acertada o no, entresacaba de las palabras del Premio Nobel de Economía. Pues bien, aunque soy de natural escéptico, obras son amores, he de reconocer que, de tener que encuadrarme en alguna de las categorías propuestas por el economista estadounidense, claramente me ubicaría en la primera. He leído varias veces el mensaje lanzado ante la multitud concentrada en Chicago, y en todas y cada una de ellas, me he sobrecogido. ¿Por qué? Porque, más allá del poder de la oratoria del ya presidente electo, y de mi natural sensiblero, en cada una de sus frases se encuentra el motor último que ha justificado los cambios sociales a lo largo de los siglos: el valor de la esperanza. No la puede definir mejor la Real Academia de la Lengua cuando señala que es un estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. Es decir, es una forma de ver la vida en el que el dibujo de nuestros sueños comienza a tomar cuerpo. Se trata, no obstante, de una descripción incompleta. De hecho, quizá sea la fe católica la que pone la esperanza en su justa dimensión, al catalogarla como una de las tres virtudes teologales, junto con la fe y la caridad. La consecución de las metas, la materialización de los ideales, no es fruto del azar. Al contrario, requiere de un principio y de una acción, de una voluntad efectiva y de una ejecución manifiesta para lograr el fin deseado. Incluso al que le toca la lotería, ha necesitado previamente del convencimiento de que le podía tocar y ha tenido que sellar su boleto de alguna manera. El poder, por tanto, de la esperanza como fuerza transformadora de la sociedad parte de un anclaje a unos principios y de una consistencia de vida. Ese ha sido, y es, el secreto del Obama público que hemos conocido durante la campaña. El que ha cautivado al mundo entero con la fuerza de su palabra. Y también es el secreto de una sociedad, la estadounidense, que la ha acogido en su seno y está dispuesta aparentemente a ponerse en camino. Decía Jordi Sevilla en su artículo semanal en El Mundo que nosotros, como nación, también podemos. Yes, we can. No puedo estar más de acuerdo. Sin embargo, discrepo con él en que lo que necesita España sea un conjunto de recetas de mayor o menor calado económico o social como las desarrolladas en su pieza. No es eso lo que Obama proponía el mismo martes ante la multitud expectante. La esperanza no es fruto de la caridad, de la acción, que es sólo un medio para alcanzarla, sino de una decisión primigenia, de la creencia firme en que merece la pena andar ese camino, de los postulados de la fe. Incluso la propia Iglesia lo ha vivido en sus carnes: cuando la actividad eclesial se ha separado de su verdadera fuente, lo único a lo que ha conducido es al olvido de la vida eterna como destino último del hombre. El altruismo que no trasciende se agota en sí mismo. Pues bien, en el caso del candidato demócrata, llevaba mucho ganado de partida. Conceptos como unidad, patria o sentido de pertenencia son intrínsecos al ser norteamericano. A ninguno de sus ciudadanos les cabe duda alguna de que la unidad les hace fuertes, la nación está por encima de los individuos, su contribución individual es capaz de generar cambios a nivel planetario. Están orgullosos de su Historia y miran desafiantes al futuro. Yes, we can. Su corazón estaba preparado para acoger el mensaje. Ninguno de estos factores han sido objeto de predicamento en nuestro país en los últimos años. Más bien al contrario. Frente a la unidad, el provincialismo de las nacionalidades; ante la fuerza expansiva de nuestro idioma, el apartheid lingüístico dentro de las propias fronteras; contra el orgullo de lo que hemos construido entre todos, fruto de una transición a la democracia ejemplar, la reapertura de las fosas de la Guerra Civil simplemente para recordarnos el día en que los españoles se mataban los unos a los otros. Y, pese a esta antología del disparate, ¿quieren que les diga una cosa? En efecto, podemos. ¿Cómo no vamos a poder? Hemos caído 50 veces y otras tantas como pueblo nos hemos levantado. Saldremos adelante. Y no por la vía del recetario, sino de la convicción. Se ha terminado el tiempo de los juegos florales en la política, como dentro de poco van a descubrir nuestros legisladores. No es momento del oportunismo o de la exclusión, sino del trabajo colectivo y de la integración. España necesita una nueva Generación Cuéntame, ese grupo demográfico que cuidó a sus padres a la vez que buscó lo mejor para sus hijos e hizo de la clase media el escalón más poblado de la pirámide social en nuestra nación. Frente a ella, llevamos mucho andado. Nos queda únicamente el convencimiento de que podemos y debemos salir adelante, recordar aquello que nos ha hecho fuertes a lo largo de la Historia y ponernos en camino. Cada uno tenemos nuestra parcela de responsabilidad para hacer del cambio una realidad. Usted la suya y yo la mía. Ya saben, la esperanza es lo último que se pierde. Pues eso. Buena semana a todos. |
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| Pero si que necesita trabajar en conjunto, claro que , en que dirección?
__________________ receta para acertar cuando no sepas que hacercon tu dinero:haz lo contrario de lo que los bancos promuevan. |
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España necesita una nueva Generación Cuéntame, ese grupo demográfico que cuidó a sus padres a la vez que buscó lo mejor para sus hijos e hizo de la clase media el escalón más poblado de la pirámide social en nuestra nación. Frente a ella, llevamos mucho andado. Nos queda únicamente el convencimiento de que podemos y debemos salir adelante, recordar aquello que nos ha hecho fuertes a lo largo de la Historia y ponernos en camino. Cada uno tenemos nuestra parcela de responsabilidad para hacer del cambio una realidad. Usted la suya y yo la mía. Ya saben, la esperanza es lo último que se pierde. Pues eso. Buena semana a todos. Este McCoy..... No sé qué es lo que se mete, pero, !Yo también quiero un poco!! Última edición por Serpiente_Plyskeen; 10-nov-2008 a las 10:47 |
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| Santander, ¿el valor de las ideas? - cotizalia.com Santander, ¿el valor de las ideas? @S. McCoy - 11/11/2008 Nadie le puede negar a la entidad presidida por Emilio Botín su capacidad para llenar páginas de los diarios un día sí y otro también. Desde luego, para quien esto escribe es un chollo, no les voy a engañar. Así, desayuno el lunes con el diamante de la masiva ampliación de capital anunciada por el banco, a un descuento sustancial sobre el nivel actual de cotización y con un objetivo declarado tan poco appealing como reforzar-aunque-no-se-necesita los ratios de solvencia de la firma. Un movimiento que admite cuantas interpretaciones quieran ustedes darle. Desde la más maliciosa "teoría del cerdo al que le llega su San Martin", -festividad que se celebra, precisamente, tal día como hoy-, o dime de qué presumes y te diré de qué careces, hasta la más entusiástica "lo ha vuelto a hacer" que se centra en la capacidad del banquero de saga familiar para llevar la iniciativa y fijar las reglas del juego a sus rivales. Sinceramente, creo que de todo un poco hay. En mi modesta opinión se trata de un movimiento preventivo, que trata de mejorar el acceso a la financiación ajena a la vez que, por una parte, busca proteger su capital ante un deterioro adicional de la masa de activos y, por otra, establece los niveles a los cuales este tipo de operaciones han de diseñarse en el futuro por sus competidores. Con una evidencia palmaria: sonora patada al Presidente Zapatero, ese con quien el otro presidente comparte desayunos en tirantes y escenas de sofá a la vista de todos, en el culo del Plan de Rescate de un gobierno que hasta el fin de semana filtraba a la prensa la asistencia en bloque de la banca. En fin. Parto de que compro el argumento principal esgrimido por el Santander: la masiva intervención pública en sus principales competidores alrededor del globo, no sólo ha permitido a muchas entidades evitar el sufrir una muerte segura, consecuencia de su excesiva asunción de riesgos, sino que, incluso, les ha ayudado a salir reforzadas al contar con el aval estatal a la hora de acudir al mercado, fuera ya del coma en que se encontraban. De este modo, se ha establecido un plano asimétrico de competencia por los recursos, tanto propios como ajenos, en el que paradójicamente el escalón inferior lo ocupan aquellas firmas que han hecho bien sus deberes. La única manera de salvar esa distancia es establecer los mecanismos necesarios para que la comparativa pueda ser lo más homogénea posible lo que implica reforzar los niveles de solvencia. Cuando no hay mercado ni para los activos bancarios, ni para las participaciones industriales a los precios que se reclaman, ni para las factorías de producción, esto sólo se puede lograr mediante retención de beneficios o acudiendo al dinero de inversores propios o ajenos, cosa que finalmente han hecho. De este modo se anticipa, además, al posible aumento de las necesidades de capital derivada de la reunión de un G-20 que promete traer consigo una nueva ola de intervencionismo. Las bondades de la operación como modo, a través de la estructura establecida, de hacer partícipes a los accionistas del recorrido de la acción están bien como mensaje publicitario pero creo que se alejan de su verdadera finalidad: garantizar su éxito y evitar niveles de aseguramiento extremos en manos de terceros tal y como ha ocurrido, sin ir más lejos, en el propio Reino Unido. Una opinión más, claro está. Aunque el Santander ha resaltado por activa y por pasiva que esta transacción es completamente ajena a un aumento sustancial del riesgo de impago, o deterioro de valor, de los activos de su balance, resulta una obviedad que, pese a su elevada diversificación geográfica y de negocio, la entidad se enfrenta a unos riesgos potenciales elevados, resultado de su reciente ambición expansionista. No sólo ha reforzado su presencia en dos de los mercados cuya ralentización inmobiliaria está siendo más severa, como Reino Unido y los Estados Unidos, sino que ha asumido como apuesta estratégica la financiación al consumo en un momento en el que la incertidumbre económica afecta al empleo, a la renta disponible y a la capacidad de repago de muchos ciudadanos en casi todos los mercados. No sólo eso, Brasil está viviendo en sus carnes la masiva salida de capital foráneo y la caída en los mercados de materias primas y, aunque el Santander cubre normalmente el riesgo divisa, queda indudablemente un potencial riesgo operativo. Además, surgen dudas acerca de la viabilidad de algunas empresas para las que ha liderado ambiciosos programas de financiación, como Sacyr o la propia Acciona. Eso por no hablar de la cartera residencial que está acumulando en España, tacita a tacita, trimestre a trimestre. Es verdad, puede que se trate de un movimiento proactivo que persigue no encarecer sus costes en el entorno internacional, de acuerdo, pero tengan por seguro, que aquí no se da puntada sin hilo, que también responde al deseo de mirar al futuro con un poquito más de colchón por lo que pueda pasar. Desde un punto de vista estrictamente financiero, la bondad de la operación radica en dos elementos fundamentales: la seguridad en que la entidad será capaz de mantener su beneficio y, por ende, en que podrá seguir dando un pay-out de alrededor del 50% del mismo. De ser así, el atractivo de la ampliación es innegable tanto por lo que respecta a la valoración fundamental de la misma cuanto por lo que hace referencia a la rentabilidad por dividendo ofrecida, que se sitúa por encima del 15% para los actuales socios y cercana al 9% para los nuevos partícipes en la sociedad. Es verdad que habrá una dilución del beneficio por acción pero sólo para aquellos que no acudan a la transacción. De ahí que este concepto ni se mencionara en la presentación, dada la seguridad de sus directivos de que la colocación va a ser pan comido. A partir de ahí, y teniendo en cuenta que el objetivo de Core Tier 1 está en el 7%, que la operación lo sitúa más cerca del 7,5%, y que la compra de los minoritarios de Banesto se podría hacer con apenas 650 millones de euros, lo mismo nos encontramos con que es momento de que la filial se integre en la matriz no ya tanto como moneda de cambio, idea del pasado, sino como manera de integrar sucursales y obtener, en un periodo de estabilización de los ingresos, mejoras en los costes que permitan mantener e incluso ampliar el ROE o retorno sobre la recién ampliada base de capital. ¿Qué tal les suena? |
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| Banca Estado, S.A. - cotizalia.com Banca Estado, S.A.
__________________ Fecha de Ingreso: Apr 2007. Baneado por Facundo ___________________________________________ ![]() Más pobres, treinta años después El Insostenible modelo de crecimiento económico español. Yo sobreviví al "Efecto Tequila" México 1994: http://www.youtube.com/watch?v=wUyiKx35H-g |
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| Más dinero, es la guerra - cotizalia.com Más dinero, es la guerra @S. McCoy - 06/12/2008 La locura se ha instalado definitivamente entre la clase política y los principales responsables de los bancos centrales alrededor del mundo. La adopción de políticas fiscales y monetarias extraordinariamente expansivas persigue demostrar a la ciudadanía que son capaces de hacer en tres meses todo lo que fueron incapaz de prever en los ocho años anteriores. Menuda desfachatez. Son como el gestor poco diligente que autoriza la construcción de viviendas en el curso de un río bajo el argumento de que no se ha desbordado en 50 años. Y lo que era una barriada marginal se convierte, con el paso del tiempo, en un núcleo importante de población. Nunca pasa nada, hasta que pasa. Y cuando la riada finalmente llega y destruye sueños, cercena ilusiones y trunca vidas, sólo entonces, se establece un Plan Urgente de Actuación para evitar que tales calamidades se repitan en el futuro a través de medidas mediáticamente exageradas y económicamente ineficientes, con el consecuente coste para una ciudadanía que, ante la gravedad de lo YA ocurrido, asiente compungida al expolio de la riqueza colectiva o a la hipoteca de su futuro. Se trata de restablecer la confianza, por encima de todo. Como en el caso actual. El olvido de que siempre la prevención es mejor y más barata que la curación precipitada tiene estas servidumbres. Qué se le va a hacer. Nuestra particular corriente violenta de agua tiene el verde color de la abundante liquidez monetaria sobre la que se habían construido sueños crediticios de cambio de paradigma y extinción de ciclos. Una expansión sin precedentes de la oferta monetaria que igualó a todos los activos, reales y financieros, por el arriesgado exceso de apalancamiento y que ha conducido, finalmente, a que sea imposible hacer distinción real entre unos y otros, toda vez que el factor deuda les hace bajar de la mano a las tinieblas de la espiral destructiva de sus respectivos precios. ¿Dónde estaba el endeudamiento en las sofisticadas planillas del asset allocation de las principales gestoras? La fuerza destructora del líquido elemento ha pillado por sorpresa a aquellos que salían todos los días al balcón a regar los geranios de su rentabilidad, florecidos sobre endebles raíces. Y ha dejado boquiabiertos a los que atribuyéndose el mérito político y supervisor de la ficción que, sobre la economía, tal ilusión monetaria provocaba, no estaban preparados para enfrentarse a una bofetada de realidad como la que se ha producido en los últimos 16 meses. La política fiscal ha de ser selectiva. Resulta, cuando menos, digna de estudio la uniformidad de las medidas de tipo fiscal adoptadas por naciones de muy distinto perfil en cuanto a la calidad de sus cuentas públicas y a su dependencia de la financiación exterior. No hay distingos cuando de hablar de miles de millones se trata. Permítanme que enarque las cejas. Estamos en un entorno de escasez. La liquidez se ha convertido, para sus tenedores, en un preciado tesoro que les servirá para encarar el incierto futuro con mejores garantías. La financiación a terceros brilla, por tanto, por su ausencia. En un entorno en competencia como el descrito, la captación de los recursos necesarios para llevar a cabo los ingentes programas de actuación pública comprometidos, provocará un encarecimiento de los diferenciales a ofrecer en la deuda soberana, especialmente en países extraordinariamente dependientes de los recursos foráneos como España, realidad que ya reflejan los seguros de cobertura del riesgo país. Se emiten más bonos a un coste mayor para los respectivos Tesoros. Se incrementan por tanto los costes financieros de la Administración, partida adicional a añadir al apartado de pagos. A la vez que se reducen los ingresos impositivos por la coyuntura económica. Lo que incide aún más en el déficit público. Y, ¿entonces? El gran problema de las actuaciones financieras de la Administración es que se agotan en sí mismas; no generan un retorno directo que permita amortizar su coste. Son un gasto hoy ligado a un potencial ingreso indirecto futuro vía cánones o impuestos. Cuando se incurre en déficit, este viene para quedarse una temporada. Me estoy refiriendo a la inversión directa, no al mecanismo de avales, a mi juicio, mucho más acertado. El Estado, en sus distintas vertientes, debe tender a instaurar reformas estructurales que faciliten una mejora de la productividad y la competitividad o a establecer proyectos plurianuales que permitan capear el ciclo de la mejor manera posible hasta que el sector privado tome el relevo y permita ir reequilibrando el balance presupuestario. Es fundamental ser selectivo porque, al contrario de lo que ocurría cuando cada estado manejaba su propia moneda, y cabían devaluaciones competitivas de la misma, la oferta monetaria no es ilimitada y está condicionada al apetito de demanda de los potenciales adquirentes de deuda. Precisamente por eso han sido tal disparate ideas de bombero como las de los 400 euros y son igualmente rechazables aquellas medidas que persiguen perpetuar las causas que han conducido a la situación actual: hiperconsumo y exceso de endeudamiento. Si la actividad particular no toma el relevo, la recesión se convierte en depresión y entonces, Houston, tenemos un problema serio de verdad. Porque lo malo de las deudas es que hay que pagarlas y los déficits no dejan de ser consumos que superan las ventas en una hipotética tienda nacional, esto es: financiación de terceros. En ese caso, la situación requiere soluciones dramáticas: una contracción salvaje de la economía del bienestar, incapaz de cumplir con las obligaciones que tiene comprometidas, o una subida masiva de impuestos. Y aún así. Cada vez más se impone la corriente de pensamiento de que lo que sacó a Estados Unidos de la terrible década de los 30 fue el aumento de demanda global que provocó la Segunda Guerra Mundial. Un argumento que podría ser válido en tiempo de paz si se concretan las necesidades de lo que muchos identifican hoy con la llamada burbuja verde o inversión-por-la-supervivencia-del planeta. En cualquier caso, estamos en un punto crítico. Un exceso de acción pública, en competencia con el sector privado de la economía, puede provocar la paradoja de que gran parte del ahorro se destine, mediante la compra de bonos, a la financiación del Tesoro a la vez que la desigual competencia por la financiación acaba provocando lo contrario de lo que se pretende: una merma de la acción de los ciudadanos y empresas sobre la economía. El llamado efecto crowding out. Un difícil equilibrio que ningún gobernante debería perder de vista mirando, si la miopía aún no ha hecho estragos, al medio plazo. La política monetaria ha de evitar la hiperinflación y la trampa de liquidez. Respecto a la actuación de los bancos centrales se trata, como ya hemos señalado al inicio de esta pieza, de una mera inyección de confianza. Los gobernadores conocen de sobra que el mecanismo de transmisión de la política monetaria está roto, en el sentido que el menor precio del dinero no implica su mayor rotación, esto es: no se traduce en nuevo crédito. Es el back to the basics de la crisis actual: mientras la caída de los precios, fundamentalmente inmobiliarios, no se estabilice, ni concluya el masivo proceso de ajuste de la economía financiera a la real que actualmente se está llevando a cabo -cuya virulencia, si acelera el proceso, bienvenida sea-, los bancos no van a soltar un duro. Está en juego su propia supervivencia. De ahí que haya sido tan grave el error de actuar sobre las entidades bancarias y no a través de ellas, diferencia sustancial que les hubiera permitido mantener su actividad mientras se ordenaba un proceso simultáneo y global de liquidación conjunta de posiciones con contrapartida. Reducción simplista, por supuesto, pero intuitiva. Con 200.000 empleos al mes destruidos en España y 500.000 en los Estados Unidos, las mejoras de renta disponible que traen consigo las bajadas de tipos de los últimos meses se van a destinar a repago de deuda y aumento de la tasa de ahorro. Su vecino no va a hacer nada distinto a lo que haga usted. El ajuste de los estándares de consumo a la realidad económica de las familias es un proceso extraordinariamente doloroso pero inevitable para la solución de la crisis actual. Y cuanto antes se produzca, mejor para todos. Es imprescindible tener esta perspectiva crítica acerca del impacto que el abaratamiento radical del precio del dinero, combinado con el aumento de la oferta monetaria que provoca la emisión masiva de deuda pública, traen consigo para evitar tres de los grandes riesgos que de la acción conjunta de ambas se deriva. Uno, el incurrir en la pérdida de confianza de los ciudadanos en el valor de su efectivo, valor que es meramente fiduciario, es decir: de confianza al no estar respaldado por contrapartida física alguna como ocurría con el patrón oro. La sobreoferta de cualquier bien tiende a minorar su precio hasta un nuevo punto de equilibrio. Algunos autores (Fernando Suárez y su Teatro del Dinero de los viernes, entre otros) empiezan a cuestionarse el por qué no puede ocurrir lo mismo con el dinero: unidad de cuenta, depósito de valor y medio de cambio. Dos, y ligado con lo anterior, la puesta en circulación de ingentes cantidades de liquidez podría traer consigo un proceso hiperinflacionario que, por una parte, actuaría de forma confiscatoria sobre una ciudadanía que aún no habría despertado del sueño de la crisis y, por otra, ahondaría, indirectamente, en la quiebra de los parámetros actuales del sistema monetario. Por último, cabría que ocurriera justamente lo contrario, situación propia de lo que hemos descrito en el párrafo anterior: que nos enfrentáramos a lo que los autores han bautizado como la trampa de la liquidez; una abundancia de dinero que no incentiva el consumo ni fomenta la inversión productiva. Situación similar a la que lleva inmersa Japón en los últimos casi veinte años. Conclusión No estoy diciendo que no se actúe, Dios me libre. Simplemente creo que lo sensato es poner un poco de cordura en medio de la locura que parece haber envuelto a las instituciones políticas y monetarias a lo largo de las últimas semanas. No sólo en España, donde salimos a plan definitivo por semana, sino en los mismos Estados Unidos de Norteamérica, país en el que ya no se sabe para qué sirve ese TARP de 700.000 millones de dólares que tanto costó aprobar en las Cámaras. La resolución de esa crisis exige, por supuesto, medidas de corte dinerario y fiscal. Estoy de acuerdo dado que mi nivel de idiocia se mantiene estable en el tiempo. Pero su enorme dimensión y las importantes consecuencias que las acciones presentes pueden tener sobre el futuro de nuestra sociedad, tal y como hoy la tenemos concebida, advierten de los riesgos aparejados a cualquier tentación de precipitación, gloria mediática u oportunismo político. Errores de bulto, como los que se vienen cometiendo, cuestionan la necesidad de organismos ajenos al mercado para fijar el precio básico de un bien, como el dinero, que en él se negocia. Y más cuando sus equivocaciones del pasado son las que han conducido a los desequilibrios del presente. Está a la vuelta de la esquina la pregunta: ¿para qué sirve un Banco Central? Seguro. Y sólo cabrá una respuesta: para supervisar y poco más. Pero es que la discusión va más allá: ¿existe Europa fuera de la unidad que da el euro? La crisis de la Unión está viéndose ocultada por la inmediatez de los acontecimientos. Pero la cuestión aflorará, como quien dice, pasado mañana. Y todo lo que une, separa. Cuidado con los nacionalismos. |
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| Adios a los petrodólares: ¿vuelve el petróleo, pierde el dólar? @S. McCoy - 10/12/2008 Reconozco que me equivoqué a la hora de predecir el curso que iba a tomar a lo largo de este ejercicio el precio del crudo. Y de qué manera. Aunque contemplaba un escenario de debilitamiento de la economía mundial como consecuencia de la crisis financiera, nunca imaginé que su impacto sobre el coste del petróleo fuera a ser tan dramático. Más bien creía, y sigo creyendo, que, en la medida en que no haya fuentes de energía alternativas, carencia más necesidad equivalen, por definición, a niveles elevados en las transacciones de la materia prima de que se trate. Es más, el cambio sustancial que se ha producido en mi modo de pensar de entonces a ahora es que, si hace unos meses intuía que habíamos visto el máximo de las reservas de oro negro a nivel global (peak oil) pero no habíamos alcanzado los máximos de consumo (peak power), sigo sin tener dudas de lo primero pero la situación actual hace que me cuestione severamente lo segundo, al menos en el corto y medio plazo. Adios a los petrodólares: ¿vuelve el petróleo, pierde el dólar? - cotizalia.com |
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| Dado lo interesante del artículo, me tomo la libertad de reflorarlo.
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| ¡Ay, el amero!
Mucho ojito a la posibilidad de que la FED emita su propia deuda. Última edición por charliness; 11-dic-2008 a las 12:41 |
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