MERCADO Digital
Crisis: un paso adelante para los bancos, pero seguirá la recesión
“Se impuso el modelo británico por encima del alemán. Pero también fracasó Henry Paulson”, sostuvo Paul Krugman, flamante Nobel. No obstante, un hombre de Goldman Sachs timonea el rescate norteamericano. Y el FMI cree que “lo peor ya pasó”.
En efecto, el indio étnico Neel Kashkari fue llevado a Goldman Sachs por su entonces director ejecutivo, Paulson. Pasó con él a la secretaría de hacienda y ahora encabeza la oficina de estabilidad financiera, que manejará un salvamento de US$ 944.000 millones. Lo curioso es que debiera volver al llano junto con su jefe, George W.Bush y el resto del gobierno el 20 de enero.
La serie de anuncios lanzada desde el domingo involucra una masa de US$ 2,2 billones en Europa occidental. Esto tiene una explicación: el producto bruto de la Eurozona es mayor que el de Estados Unido desde hace un tiempo. Gran Bretaña aporta unos US$ 435.000 millones en garantías a la banca privada, monto que Francia casi iguala en dólares (€ 320.000 millones) y Alemania lleva a unos US$ 540.000 millones (€ 400.000 millones).
La virtual nacionalización o estatización temporaria involucra la Eurozona, EE.UU., Gran Bretaña, Noruega, Islandia (no están siquiera en la Unión Europea), Brasil –en forma parcial- y economías menores. A primera vista, podrían decirse que esto es el principio del fin para la crisis financiera o, como cree el Fondo Monetario, “lo peor ya pasó”. Pero esta frase venían repitiéndola desde hace diez meses los gurúes hoy más desprestigiados de Wall Street, Londres y hasta Buenos Aires.
La idea de corolario deriva de las base misma del reciente pánico financiero y bursátil. Accionistas, inversores, especuladores y banco salían a vender o se negabas a prestar, aun uno al otro. Temían que docenas o ciento de entidades cayese en cese de pagos. Justamente “ese grado de pánico –apunta el ortodoxo William Emmott- posibilitó el rescate más grande que se haya visto, en términos nominales”. Alrededor de tres billones de dólares.
No era miedo irracional. En tanto era imposible prever los alcances de las pérdidas contables (sigue siéndoles, sospechan los escépticos), como así tampoco las reservas existentes en el sistema ni la capacidad de repago, se optó por un salvamento masivo “a libro cerrado”. Mal que les pese a los corifeos del mercado puro, “eso sólo pueden hacer los gobiernos centrales, como se vio en la crisis sueca de los años 90 o en la japonesa de 1991/2002. No hay otras fuentes de recursos para aportar fondos frescos y garantías”. Por supuesto, emitiendo masivamente.
Recién este fin de semana, a catorce meses de estallar la primera crisis (malas hipotecas), surgió voluntad política de romper el círculo vicioso. No les cupo a EE.UU., en manos de un gobierno languideciente, sino a la Eurozona (Alemania, Francia) y Gran Bretaña. Empujando a Washington, Berlín, París y Londres salieron a intervenir. No había otra opción. El problema será como salir de esa opción, que representa apenas el comienzo de una fase de recapitalización onerosa no para los malos banqueros, sino para las arcas fiscales (o sea, los contribuyentes y la economía real).
En lo inmediato probablemente se profundizará la recesión en los países centrales y algunos emergentes, aunque sin riesgo de depresión lisa y llana. Cabe recordar, de paso, que el término es objeto de abuso, pues la crisis financiera no ha tocado a los exportadores petroleros (Asia central, golfo Pérsico, Nigeria, etc.), China, partes del sur y el sudeste asiáticos. África subsahariana -salvo Sudáfrica- es literalmente otro mundo.