Burbuja Económica > Foros > Burbuja Inmobiliaria > McCoy: Un debate clave y olvidado. ¿Volverá el proteccionismo?
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Francia lleva tiempo arremetiendo contra el proteccionismo en cada cumbre que pisa Sarko, pero no obstante son listillos y no dudan en echar mano del proteccionismo, como llevan haciendo ya unos meses. Tonto el último.








Peligra recuperación por proteccionismo en China, Rusia, EEUU - lanacion.com.py



Peligra recuperación por proteccionismo en China, Rusia, EEUU



Un mes después de que los líderes mundiales se comprometieran a evitar erigir barreras comerciales, Gobiernos de todo el mundo están actuando para ayudar a sus sectores en problemas a costa de competidores extranjeros.


Bloomberg News | Por Mark Drajem




Este mes Rusia subió sus aranceles a las importaciones de automóviles, China reinstauró exenciones impositivas para los exportadores y la India impuso límites a las importaciones de acero. Además, Estados Unidos otorgará préstamos a General Motors Corp. y Chrysler LLC y Francia comprometió US$7.600 millones para proteger a sus empresas de “predadores extranjeros”.

Las decisiones indican que la recesión mundial podría estar haciendo resurgir el proteccionismo, lo que socava los compromisos que los líderes del Grupo de los 20 países asumieron en Washington el 15 de noviembre y hace peligrar la recuperación económica.

“Desde el día que hicieron esa promesa, miembros del grupo empezaron a establecer nuevas medidas que distorsionan el comercio”, dijo Jeffrey Schott, ex funcionario comercial de Estados Unidos que dirigió a funcionarios de la Organización Mundial de Comercio la semana pasada. “Esto vuelve más difícil manejar la crisis”.

Historiadores económicos atribuyen el empeoramiento de la crisis económica mundial a una guerra comercial durante la Gran Depresión, que comenzó con la aprobación en Estados Unidos de la Ley Arancelaria Smoot-Hawley en 1930.

“Smoot-Hawley no era una política de gran impacto, pero se convirtió en una porque derivó en represalias”, dijo Doug Irwin, profesor de economía de Dartmouth College. “Abrió la puerta a una protección comercial en otros países”.

Con las lecciones de la Depresión, los líderes que se reunieron en Washington el mes pasado dijeron que evitarían imponer obstáculos al comercio por al menos un año.



Nuevas barreras



“Subrayamos la importancia crítica de rechazar el proteccionismo y no ensimismarnos en tiempos de incertidumbre financiera”, según la declaración del G-20, conformado por países industrializados además de países emergentes como Brasil y China. “Nos abstendremos de erigir nuevas barreras a la inversión o al comercio”.

La promesa de evitar los errores de los años treinta fue aplaudida por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, que representa a empresas que dependen del comercio mundial como Nike Inc., FedEx Corp., Cargill Inc., Pfizer Inc. y Las Vegas Sands Corp.

“La magnitud de la nueva protección es modesta”, escribió Richard Baldwin, director de política del Centro de Investigación sobre Política Económica de Londres, en un libro de ensayos presentado este mes. “Sin embargo, conforme la recesión se propague e intensifique a nivel mundial, esto podría cambiar”.


Ejemplos


Hay muchos ejemplos de las nuevas medidas de protección. Rusia subió los aranceles de importación a los automóviles y los camiones al 30 por ciento desde el 25 por ciento. La Unión Europea dijo que podría volver a imponer aranceles del 79 por ciento a un componente de imprentas de libros de China tras una petición de Ring Alliance Ringbuchtechnik GMBH de Austria.

Vietnam subirá los impuestos al acero del 8 al 12 por ciento para impulsar el uso de productos nacionales. Ucrania, Ecuador y Argentina han considerado medidas similares.

La India restringió las importaciones de algunos productos de acero y materiales de madera a fines de noviembre, requiriendo a las empresas obtener una licencia para importarlos. También está considerando medidas “antidumping” para protegerse de las importaciones de acero y productos químicos, especialmente de China.

Una mayor preocupación es que los países ricos desvíen gasto fiscal hacia empresas nacionales, dijo Robert Lawrence, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista del Gobierno de Clinton.


Invertir en empresas nacionales


Francia creó un fondo de US$7.600 millones para invertir en empresas a fin de ayudarlas a evitar caer en manos de lo que el presidente Nicolas Sarkozy llamó “predadores extranjeros”.

China ha reestablecido una rebaja en el impuesto al valor agregado para las exportaciones y permite que su moneda se deprecie, lo que abarata las exportaciones. Fabricantes estadounidenses de acero, textiles y papel planean presentar quejas contra importaciones chinas, dijeron abogados. Y grupos que representan a esas empresas intentarán persuadir al Congreso de que pida que los fondos de estímulo se limiten a empresas estadounidenses.

Hoy el presidente estadounidense George W. Bush anunció que General Motors Corp. y Chrysler LLC recibirán US$13.400 millones en préstamos iniciales del Gobierno para seguir operando a cambio de reestructurar sustancialmente sus negocios.

“El rescate podría convertirse en la antorcha que encienda el fuego de un retorno general al proteccionismo”, escribió el 9 de diciembre Joe Guinan, analista comercial de German Marshall Fund en Bruselas.
















Súper ladrillo de El Pis




¡Peligro! Proteccionismo a la vista · ELPAÍS.com




REPORTAJE: Primer plano
¡Peligro! Proteccionismo a la vista






La OMC renuncia a salvar este año la ronda del comercio mundial






Todo en Washington fueron buenas palabras. Reunidos para hacer frente a la mayor crisis económica en ocho décadas, los países miembros del G-20 prometieron hacer todo lo posible para cerrar antes de fin de año las negociaciones destinadas a revitalizar el comercio mundial y ayudar a salir de la pobreza a millones de personas. Un mes después, las probabilidades de que se cumpla el compromiso se han esfumado. Un fracaso de esta magnitud, advierten los expertos, puede ocasionar el retorno de políticas proteccionistas que tan graves consecuencias económicas, políticas y sociales tuvieron en épocas pasadas.



Ni siquiera ha habido margen para pasar de las palabras a los hechos. Los líderes de los países ricos y en desarrollo tenían que demostrar si de verdad están dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para cerrar de una vez la llamada Ronda de Doha, lanzada hace siete años en la capital de Qatar con el ambicioso objetivo de crear un entorno más justo para los países en desarrollo mediante el derribo de las barreras comerciales y los subsidios. Esa voluntad política en realidad no existía.





El comercio mundial decrecerá en
2008 por primera vez en 26 años

El G-20 se comprometió a cerrar
la Ronda de Doha este año

Las reticencias a abrir mercados y
recortar ayudas impiden el acuerdo

Obama se enfrenta al dilema de
proteger o abrir la economía de EEUU





Las reticencias de los países a abrir sus mercados y recortar las ayudas a sus agricultores e industrias han hecho imposible llegar a un acuerdo. El último intento, en julio pasado, a punto estuvo de tener éxito, pero el diálogo quedó interrumpido ante la insistencia de India y China de reservarse el derecho a imponer aranceles de salvaguardia para proteger a sus campesinos en caso de un repentino aumento de las importaciones de alimentos.


Pocas son las cuestiones pendientes en materia agrícola e industrial, pero sí son muy sensibles políticamente. Son los países en desarrollo, ávidos de modernizar sus aparatos productivos y de mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos, los que más se juegan en la partida. Economías en plena expansión como Brasil y la India, pero también la mayoría de los países africanos, quieren mejor acceso a los mercados de las naciones ricas para vender sus productos, principalmente agrícolas, aunque sin reducir demasiado sus propias barreras a las importaciones. India, por ejemplo, considera que sus más de 200 millones de agricultores no están -y menos en los tiempos que corren- en las mejores condiciones de someterse a la libre competencia mundial, de ahí su exigencia de contar con aranceles de salvaguardia.


Estados Unidos y Europa, por su parte, se niegan a hacer más concesiones -principalmente, bajar las subvenciones a sus agricultores y abrir sus mercados de alimentos- si los países emergentes no facilitan la entrada a sus productos químicos, electrónicos y de maquinaria. La Comisión Europea dejó caer, incluso, que si comenzaban las negociaciones no tenían que hacerlo desde el punto alcanzado en julio.


La tormenta mundial desatada por las hipotecas basura en Estados Unidos ha hecho aún más urgente cerrar el proceso de Doha. Para los defensores del libre comercio, el derribo de barreras aumentaría los intercambios comerciales y daría a la economía global un impulso que necesita como agua de mayo.


Pero en tiempos de crisis, con el desempleo al alza en Los Ángeles, Barcelona y Pekín, los Gobiernos parecen más dispuestos a dejar a un lado el beneficio común para proteger los intereses nacionales más inmediatos. "Los malos tiempos económicos llevan a los países a mirar hacia dentro, pero es una tentación en la que no deberían caer", afirma Sidney Weintraub, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington. Se verá, dice, "si existe la voluntad política necesaria para cerrar con éxito las negociaciones".


Antes de que la OMC admitiera su fracaso, Robert McMahon, del Consejo de Relaciones Exteriores, también desde Washington, ponía en duda la voluntad política sobre todo de Estados Unidos, pero también de India y China, cuyas actitudes en la reunión de julio, a su juicio, impidieron el acuerdo.


Hay serios motivos para no perder el tiempo: con la mayoría de las grandes economías del mundo en números rojos, el comercio mundial ha comenzado a notar el impacto. Grandes países exportadores como Alemania, Japón y Estados Unidos están en recesión, en buena parte, como consecuencia de la caída de sus ventas al exterior. El descenso de los intercambios comerciales trae consigo una menor actividad en las fábricas, en las oficinas y en los campos de cultivo de todos los países. En una palabra, más paro.


Aunque apenas se vislumbraba la gravedad de la situación actual, el tráfico de servicios y mercancías aumentó el año pasado a un ritmo más lento que el anterior. La falta de financiación al transporte ha agravado aún más las cosas, y miles de toneladas de mercancías aguardan en los puertos a ser trasladadas a su destino. El Banco Mundial pronostica que el comercio internacional va a decrecer un 2,5% en 2009, en lo que sería la primera caída desde 1982.


Aunque la mayoría de los economistas cree que un aumento de los intercambios comerciales ayudaría a revitalizar la actividad, se calcula que los cambios que traería consigo el cierre de la Ronda de Doha inyectarían en la economía tan sólo 700.000 millones de dólares al año, el 0,1% del PIB mundial.



Si se trata de una cifra tan insignificante, ¿por qué es tan importante llegar a un acuerdo? Para los expertos, lo fundamental es que un éxito en las negociaciones frenaría las tendencias proteccionistas, impediría la reaparición de regímenes totalitarios y contribuiría a garantizar la seguridad mundial. La estabilidad social y política en China, por ejemplo, depende de la modernización de su aparato productivo, y éste se apoya sobre todo en las exportaciones. Las ventas chinas en el extranjero descendieron en noviembre pasado un 2,2% con respecto al mismo mes de 2007, la mayor caída desde abril de 1999, mientras que las exportaciones indias bajaron un 12% en el mismo periodo. Son datos que no invitan precisamente al optimismo.


Federico Steinberg, investigador del Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, sostiene que lo más importante es no repetir los errores de los años treinta, cuando las medidas proteccionistas agravaron todavía más la situación económica y propiciaron el nacimiento del nazismo y otros regímenes. "Si cada uno va por su cuenta, y en eso consiste el proteccionismo, acabaremos peor", afirma.


Para Sidney Weintraub, renunciar a un acuerdo puede poner en duda la utilidad de cualquier negociación comercial, socavar el prestigio de la OMC y debilitar las actuales reglas del juego. Si la Ronda de Doha fracasa definitivamente, eso dejaría el comercio mundial en manos de las normas aprobadas al final de su antecesora, la Ronda Uruguay, en 1994. Desde entonces, muchos países han rebajado unilateralmente sus aranceles, pero aún tienen derecho a subirlos hasta los límites fijados entonces.


La falta de unas bases mínimas de acuerdo para convocar una reunión en Ginebra lanza, además, un mensaje muy pesimista sobre la cooperación multilateral en cualquier terreno. Un aspecto muy destacado de la Ronda de Doha es que economías emergentes como India o Brasil están desempeñando un papel determinante, tratando de igual a igual a los países que tradicionalmente dominan la escena internacional. Ahora no faltan quienes acusan a estos países de no asumir su nuevo papel de potencias mundiales que les obliga a trabajar activamente por un acuerdo.


Para cumplir el objetivo fijado en Washington, el director general de la OMC, Pascal Lamy, ha estado intentando desde hace unas semanas convocar en Ginebra una reunión de ministros de comercio. Todo en vano. El pasado viernes finalmente reconoció a los embajadores ante la OMC que no había un consenso mínimo para convocar una reunión ministerial. "Ha sido una decisión prudente dadas las diferencias que existen", admitió el embajador estadounidense ante la OMC, Peter Allgeier.


Malas noticias para otras reformas pendientes. Una fuente de la OMC destaca que si con el 90% de la negociación cerrada los países no consiguen llegar a un acuerdo, "¿cómo van a reformar los mercados financieros partiendo de cero?".


Lamy arrancó los tanteos con optimismo, considerando que el momento era "maduro" para llegar a un acuerdo y con el convencimiento de que aprobar las llamadas modalidades (en el lenguaje de la OMC, los porcentajes en que se recortarán los aranceles agrícolas e industriales clave, que deben servir de base de cualquier acuerdo) enviaría una señal clara de que los 153 países miembros de la OMC "tienen la voluntad de afrontar juntos los desafíos que presenta la crisis actual". Esa señal ha sido la contraria.


El sábado pasado, la organización hizo públicas dos propuestas -una sobre agricultura y otra sobre productos manufacturados- que debían servir de base para un acuerdo en la reunión ministerial. Lamy, que aspira a un nuevo mandato de cuatro años al frente de la organización, se ha encontrado en las consultas previas con obstáculos difíciles de vencer. El ministro de Comercio de India, Kamal Nath, ya había dejado claro al director de la OMC que su país no tenía intención de mostrar flexibilidad alguna desde las posiciones de julio.


Para José Antonio Hernández, portavoz de comercio de Intermón Oxfam, ése era, precisamente, el problema: plantear lo mismo que ya provocó un fracaso. "En estos momentos de crisis financiera y de caída de los precios de los alimentos y del petróleo, una desregulación del comercio sin salvaguardias dejaría a los países en desarrollo en una situación de mayor vulnerabilidad".


Los poderosos lobbies agrícolas de Estados Unidos, señala Hernández, están aprovechando la coyuntura para presionar al Congreso de su país e impedir una rebaja de las subvenciones a sus productos. Los sindicatos estadounidenses también se oponen a una mayor apertura de los mercados, pues temen más deslocalizaciones de la producción industrial a países con menores costes laborales. El Congreso surgido de las elecciones de noviembre pasado, además, tiene un marcado corte proteccionista. "En vista del estado de la economía, parece difícil recabar apoyos para una ronda global que promete abrir sectores de la economía de Estados Unidos a la competencia internacional", dice McMahon, del Consejo de Relaciones Exteriores. "El escepticismo comercial está creciendo".


La coyuntura parece estar llevando a Estados Unidos, otras veces abanderado del libre comercio, por el camino del proteccionismo. Según la encuesta anual del Pew Center, sólo el 53% de los estadounidenses cree que el libre comercio es bueno para su país, comparado con el 78% de 2002. Por el contrario, el 87% de los alemanes lo apoyan, como hacen el 82% de los franceses y el 77% de los británicos. En India, Nigeria o Corea del Sur, los porcentajes son aún mayores.


La economía europea depende mucho de las exportaciones, que suponen el 51% de su PIB, por tan sólo el 13% de Estados Unidos. Además, los países del viejo continente ofrecen a sus trabajadores afectados por la globalización una red de protección social más mullida de la que disponen los estadounidenses.


Hay cada vez más señales de que las desigualdades de renta en Estados Unidos están aumentando y de que las clases medias trabajadoras atraviesan su peor momento en varias décadas, subraya McMahon. Y esa situación, correctamente o no, se está asociando con la globalización. El economista Dani Rodrik, profesor de economía internacional en Harvard, ha publicado un informe en el que advierte de que la integración económica mundial podría provocar graves problemas sociales en algunos países desarrollados si no se protege mejor a las clases medias.


Weintraub, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, opina que el comercio libre, con barreras mínimas, maximiza a largo plazo el bienestar económico. "Lo opuesto, el proteccionismo, constituye un impuesto sobre los consumidores de los países importadores", subraya. "El proteccionismo en Estados Unidos y Europa occidental sólo invita a las represalias".


En opinión de los expertos, una consecuencia del fracaso de la Ronda de Doha sería la proliferación de acuerdos bilaterales como los que Estados Unidos y la Unión Europea han negociado en los últimos años con varios bloques comerciales de países en desarrollo. "Los retos del comercio necesitan un espacio multilateral", dice Hernández, de Intermón Oxfam, quien critica que la UE esté "apretando las tuercas" bilateralmente a países con una capacidad de negociación muy inferior a la que tienen en un marco multilateral. "Se están imponiendo condiciones muy estrictas".


McMahon está de acuerdo. "Hay preocupación por la posibilidad de que una cascada de acuerdos bilaterales y regionales llene el vacío dejado por un fracaso en la Ronda de Doha, creando una maraña de nuevas preferencias y quizá provocando un aumento de las disputas entre bloques regionales", afirma.


El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, que hizo campaña contra los acuerdos de libre comercio firmados por la Administración de Bush, apenas ha pronunciado la palabra "comercio" desde su elección. Sin embargo, su futuro secretario del ramo, Bill Richardson, y sus máximos asesores en materia económica, Timothy Geithner y Lawrence Summers, son defensores del libre comercio.


El propio primer ministro británico, Gordon Brown, ha pedido a Obama que rechace posturas proteccionistas que en el pasado convirtieron crisis en profundas recesiones. Obama tiene ante sí el dilema de proteger la economía de Estados Unidos -como le piden agricultores, sindicatos, políticos y empresarios- y el multilateralismo que ha prometido durante su campaña y que ha hecho de él un hombre admirado en todo el mundo.

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Parece que el "proteccionismo" se ha convertido en un mal universal, mientras la apertura de fronteras es un bien absoluto. Son algo asi como Ormuz y Ariman, los dioses del bien y del mal de los antiguos asirios. Pero lo cierto es que cada pais, sin excepcion, ha sido proteccionista o aperturista segun le ha convenido. Asi los mismisimos USA fueron proteccionistas hasta que su industria fue lo suficientemente fuerte para no temer a la competencia extranjera e incluso imponerse a ella, los ingleses, maximos teoricos y patrones del liberalismo, no tuvieron empacho en predicar el liberalismo en su relacion comercial con Irlanda, a la que mataron de hambre en nombre de la libertad de comercio, mientras al mismo tiempo prohibian la importacion de sedas de su colonia India pues hundian el negocio en Inglaterra.
En realidad no se trata de bien y mal, solo se trata de quien gana y quien pierde, y desde luego de quien tiene poder para imponer su conveniencia. Despues ya saldran los filosofos, economistas, literatos y demas fantasmas a explicar desde las paginas o las pantallas que su patron tiene razon cuando exige hoy la libertad y que tambien la tenia cuando ayer pedia proteccion. No ha sucedido algo asi con las ayudas a los bancos?
En Occidente el liberalismo conviene a las empresas y arruina a los trabajadores, y la solucion al problema no es entrar en entelequicas discusiones economicistas sino transformar la relacion de poder entre unos y otros. El que gane, ya sea liberal o proteccionsta, sera el que tenga razon. Y si no la tiene sera igual, porque tendra el palo.

Última edición por Raimon; 20-dic-2008 a las 11:00


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Sorprende el porcentaje de americanos que desconfían de San Libre Mercado, sobre todo la diferencia con el año 2002... Y es que cuando el bolsillo está vacío es difícil predicar apertura de fronteras para mercancías y trabajadores, sobre todo cuando se le ven las orejas al lobo de las deslocalizaciones y del dumping. Es muy chachipiruli ser ejperto y arremeter contra el proteccionismo (ayudándose del terror que evoca hablar del circo de los horrores totalitarios de los años 30, en particular del nazismo, a fin de amedrentar a los díscolos anti-libre mercado) o bien, soltar frasecillas vacías sobre que es necesario proteger a la clase media, a fin de evitar estallidos sociales, ¿pero cómo protegerla ante una competencia salariar bajista con los tigres exportadores?, tigres que como todos sabemos destacan por su respeto al trabajador, a las libertades individuales y al medio ambiente. No hablemos ya de las deslocalizaciones, ¿cómo proteger las clases medias si con el comercio 'libre' atentamos contra sus puestos de trabajo y poder adquisitivo?... Es como pretender reducir emisiones de gases sin dejar de aumentar el consumo de combustibles fósiles y demás fuentes de energía 'sucias'. Está por ver si veremos proteccionismo y 'terrores' como en los años 30, pero una cosa tengo segura: Por más agenda internacional que pretendan atender los politicastros occidentales, su más inmediata preocupacción está en casa, a corto plazo y se llama elecciones, elecciones con una ciudadanía empobreciéndose, cabreándose y demandando protección.
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Por la recesión, crece el proteccionismo






Varios países han lanzado en las últimas semanas medidas para defender sus economías y desalentar las compras en el exterior





Luisa Corradini
Corresponsal en Francia





PARIS.- La ola de proteccionismo que comienza a avanzar sobre el mundo como un tsunami amenaza con frenar el comercio y agudizar la recesión mundial.

Los subsidios, subvenciones, tarifas aduaneras y restricciones sanitarias adoptados en los últimos días por algunos países como Estados Unidos, Rusia, India, China, Indonesia, Francia y Brasil amenazan con paralizar el intercambio mundial y desencadenar una guerra comercial sin precedente desde la Gran Depresión.


Por primera vez después de 26 años de expansión, el comercio -que representa 6% del PBI mundial- experimentará un retroceso del 2,5% en 2009 por efecto conjunto de la crisis económica mundial y de las medidas proteccionistas adoptadas en los cinco continentes. Pero si se multiplican las barreras, el repliegue podría llegar al 7,7%, según Antoine Bouet y David Laborde, del International Food Policy Research, de Washington.


"Cada uno por su lado representa una peligrosa tendencia", advirtió Jim O´Neill, de Goldman Sachs.


La actual tendencia, aparentemente imposible de contener, pulverizó una de las promesas formuladas por los líderes mundiales en la cumbre del G-20 celebrada hace un mes en Washington. El grupo también se había comprometido a concluir antes de fin de año la Ronda de Doha destinada a liberalizar el intercambio.


Pero la resurrección del proteccionismo obligó al director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Pascal Lamy, a aplazar sine die ese acuerdo. Las tentaciones proteccionistas pueden marcar el final de un período de liberalización que permitió reducir las tarifas aduaneras de 26% en 1986 a 8,8% en 2007.


El presidente francés, Nicolas Sarkozy, en visita oficial a Brasil, apeló ayer a su par Luiz Inacio Lula da Silva a luchar contra esa peligrosa tendencia: "No se puede postergar la liberalización del comercio", proclamó. Pero pocos días antes de subir al avión creó un fondo de US$ 7600 millones para proteger la industria de su país de los "depredadores extranjeros". "Europa podría transformarse en un desierto si no hacemos nada para defender sus industrias", afirmó unos días después en Bruselas.


Los dirigentes se rasgan las vestiduras proclamando su buena fe. "En situaciones de crisis, siempre existe el riesgo de proteccionismo", afirmó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que no podía mostrar sus manos limpias. Días antes había bloqueado el ingreso de pavo norteamericano en Europa.


La Unión Europea también postergó un acuerdo de libre comercio que debía firmar con los países del Golfo.


En tanto, Pekín rechazó las acusaciones de Estados Unidos y México después de que desgravó 3700 productos, que representan el 28% de sus exportaciones. "Nuestro país siempre respetó las reglas de la OMC", afirmó el Ministerio de Comercio.

Rusia, por su parte, aumentó los gravámenes para la importación de automóviles; India disminuyó las cuotas para las importaciones de acero y mineral de hierro; Indonesia adoptó restricciones para más de 500 productos importados, y Brasil estudia aplicar gravámenes a un grupo que va desde pieles hasta duraznos.

Incluso el préstamo de US$ 17.400 millones acordado por el presidente George W. Bush para sacar del coma la industria automotriz de Estados Unidos equivale a una "subvención discriminatoria" contra los fabricantes extranjeros, según los analistas.


El actual escenario inquieta a los expertos, que temen encontrarse ante un remake de la situación que se produjo en junio de 1930. Apenas nueve meses después del crack bursátil de Wall Street, el representante W. C. Hawley y el senador Reed Smoot, ambos republicanos, hicieron votar una ley que aumentaba a niveles sin precedente las tarifas aduaneras de unos 20.000 productos importados. La medida bloqueó la recuperación norteamericana, agravó la recesión mundial y desencadenó una guerra comercial que provocó la caída del comercio del 65% entre 1930 y 1934.


Las nefastas consecuencias que tuvo la ley Hawley-Smoot inspiraron, en gran medida, los acuerdos de Bretton-Woods en 1944, que formularon las primeras recomendaciones de liberalización comercial. Esa misión fue proseguida a partir de los años 50 por el Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y más tarde por la OMC.


Gracias a la progresiva eliminación de obstáculos, el comercio global pasó de unos US$ 59.000 millones en 1948 a unos US$ 11,8 billones en 2006, y la OMC se ilusionaba con llegar a 27 billones en 2030. Ahora, la situación puede involucionar. Ese riesgo aumenta a medida que los principales actores del comercio mundial, como ocurría en la Edad Media, construyen fortalezas invisibles en sus fronteras para impedir el libre tránsito de los mercaderes.





Los planes


* La India: ante la caída de los precios internacionales de los alimentos, el gobierno subió 20% los impuestos sobre el aceite de soja para defender a sus productores agropecuarios.

* Rusia: con el mercado de autos más grande de Europa, Moscú aumentó los impuestos al ingreso de autos extranjeros en hasta el 35%. Para proteger a sus granjeros, el Kremlin subió las tarifas a algunos productos agropecuarios comprados a Estados Unidos.

* Indonesia: el país del sudeste asiático impuso restricciones a por lo menos 500 productos, demandando licencias especiales y nuevos cánones a las importaciones.

* Francia: lanzó un fondo estatal para proteger a las empresas locales de compradores extranjeros.

* Brasil: analiza subir las tarifas de vinos, textiles, cueros y duraznos, entre otros productos importados.




















AFP: El fantasma del proteccionismo acosa a la administracin Obama




El fantasma del proteccionismo acosa a la administración Obama




22/12/2008




La política comercial de la futura administración Obama seguramente ponga el acento en el medio ambiente y los derechos sociales, temas que también podrían servir de pretexto a medidas proteccionistas, en una coyuntura en la que Estados Unidos se hunde en la recesión.

"El nuevo presidente estará sometido a presiones proteccionistas mayores que las que haya experimentado cualquiera de sus predecesores después de 1930", prevé el subsecretario de Comercio saliente, Christopher Padilla. "La manera como maneje esta presión determinará la evolución de la economía mundial, así como el carácter de la economía estadounidense durante un cuarto de siglo".

La futura administración probablemente sea comercialmente más dura que el equipo de George W. Bush, quien en ocho años firmó acuerdos de libre comercio con 11 países.

Durante su campaña electoral, Barack Obama prometió que renegociaría el Acuerdo de Libre Comercio de Norte América (TLCAN) con México y Canadá, uno de los grandes objetivos de los sindicatos estadounidenses que apoyaron su candidatura.

También prometió revisar el acuerdo de libre comercio con Corea del Sur con el objetivo de obtener concesiones adicionales de Seúl sobre la importación de automóviles estadounidenses. Este acuerdo, al igual que acuerdos similares firmados con Colombia y Panamá, agonizan en el Congreso ante la oposición de la mayoría demócrata.

Al presentar el viernes en Chicago a su representante de Comercio, Ron Kirk, Obama le dio la misión de "asegurar que todos nuestros acuerdos comerciales sean firmados en base a la reciprocidad".

Ello significa que los socios de Washington se comprometen en compromisos "mandatorios en el plano de las normas sociales y ecológicas a fin de evitar que se iguale hacia abajo y obtener por el contrario una mejoría del nivel de vida para todos los trabajadores", explicó el presidente electo, que asumirá funciones el 20 de enero.

Ron Kirk, que es visto como integrante de la tendencia librecambista en el seno del Partido Demócrata, también tendrá a su cargo enfrentar el desafío de China, origen del mayor déficit comercial estadounidense. Obama ha criticado en el pasado la subvaluación del yuan, la divisa china, acusada de favorecer injustamente las exportaciones de Pekín.

Sin embargo, China acaba de dejar caer levemente la cotización de su divisa, después de haber permitido durante tres años un alza progresiva del yuan frente al dólar.

Sin esperar la entrada en funciones del equipo de Obama, la administración saliente presentó una demanda la semana pasada ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra China, acusándolo de sostener indebidamente la exportación de sus productos de marca.

Obama apoyará las negociaciones en la OMC para lograr un acuerdo mundial para bajar las barreras aduaneras (Ronda de Doha), según sus asesores.

Pero cualquier acuerdo que se logre en el marco de esas negociaciones, que ya llevan cuatro años de atraso, deberá ser eventualmente ratificado por el Congreso, donde la mayoría demócrata podría ser crecientemente dura, si se incrementan los cierres de fábricas en Estados Unidos, como consecuencia de la recesión.

La National Association of Manufacturers (NAM), una de las mayores asociaciones de empresarios industriales del país, se alegró por la designación de Kirk, quien tendrá la responsabilidad de representar a Washington en esas negociaciones iniciadas en 2001.

"El hecho de que sea una persona cercana al presidente electo muestra que nuestro compromiso nacional en favor del comercio internacional se mantiene fuerte", declaró el presidente de la NAM, John Engler.


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La principal historia del ultimo economist es precisamente esto. Y pide Keynesianismo para combatir el proteccionismo.

Fare well, free trade | The Economist

Trade and the world economy
Fare well, free trade

Dec 18th 2008

With the global economy facing its worst recession in decades, protectionism is a growing risk

This Christmas the world economy offers few reasons for good cheer. As credit contracts and asset prices plunge, demand across the globe is shrivelling. Rich countries collectively face the severest recession since the second world war: this week’s cut in the target for the federal funds rate to between zero and 0.25% (see article) shows how fearful America’s policymakers are. And conditions are deteriorating fast too in emerging economies, which have been whacked by tumbling exports and the drying-up of foreign finance.

This news is bad enough in itself; but it also poses the biggest threat to open markets in the modern era of globalisation. For the first time in more than a generation, two of the engines of global integration—trade and capital flows—are simultaneously shifting into reverse. The World Bank says that net private capital flows to emerging economies in 2009 are likely to be only half the record $1 trillion of 2007, while global trade volumes will shrink for the first time since 1982 .

This twin shift will force wrenching adjustments. Countries that have relied on exports to drive growth, from China to Germany, will slump unless they can boost domestic demand quickly. The flight of private capital means emerging economies with current-account deficits face a drought of financing as well as export earnings. There is a risk that in their discomfort governments turn to an old, but false, friend: protectionism. Integration has less appeal when pain rather than prosperity is ricocheting across borders. It will be tempting to prop up domestic jobs and incomes by diverting demand from abroad with export subsidies, tariffs and cheaper currencies.

The lessons of history, though, are clear. The economic isolationism of the 1930s, epitomised by America’s Smoot-Hawley tariff (see article), cruelly intensified the Depression.
To be sure, the World Trade Organisation (WTO) and its multilateral trading rules are a bulwark against protection on that scale. But today’s globalised economy, with far-flung supply chains and just-in-time delivery, could be disrupted by policies much less dramatic than the Smoot-Hawley act. A modest shift away from openness—well within the WTO’s rules—would be enough to turn the recession of 2009 much nastier. Incremental protection of that sort is, alas, all too plausible.

In many countries politicians’ fealty to open markets is already more rhetorical than real. In November the leaders of the G20 group of big rich and emerging economies promised to eschew any new trade barriers for a year and to work hard for agreement on the Doha round of trade talks by the end of December. Within days, two of the G20 countries, Russia and India, raised tariffs on cars and steel respectively. And the year is ending with no Doha breakthrough in sight.

As economies weaken, popular scepticism of open markets will surely grow. Among rich countries, that danger is greatest in America, where grumbles were heard long before recession set in. The new Congress, with bigger Democratic majorities, has a decidedly less trade-friendly hue. Barack Obama’s campaign rhetoric left an impression of a man in two minds about trade, which he has since done nothing to dispel.

Now that their exports are faltering, emerging economies too may become less keen on trade. The WTO’s rules allow them plenty of scope: after two decades of unilateral tariff-cutting most of their tariffs are well below their “bound” rates, the ceilings agreed in the trade club. On average they could triple their import levies without breaking the rules.

Politicians from Washington to Beijing are being pressed to help troubled industries, regardless of the consequences for trade. A bail-out of Detroit’s carmakers, whatever its final extent, will be a discriminatory subsidy. As China’s exporters go bust by the thousand, industries from textiles to steel have been promised handouts and rebates. Subsidies will beget more subsidies: Nicolas Sarkozy, France’s president, says that Europe will turn into an “industrial wasteland” if it too does not prop up its manufacturers. They will also invite retaliation. With China’s bilateral trade surplus at a record high even as America’s economy slumps, Congress will not take kindly to Beijing’s bolstering of its exporters.

Exchange-rate movements could also prompt protectionist responses. Chinese officials have said publicly that they will not push down the yuan, and their currency has risen in trade-weighted terms. However, it did slip against the dollar in late November. Viewed from America, China still seems to be following a cheap-yuan policy. A Sino-American trade spat is all too plausible.

Add all this together and it is hard for a free-trader not to worry. So what is to be done? The first requirement is political leadership, especially from America and China. At a minimum, both must avoid beggar-thy-neighbour policies. Second, a conclusion of the Doha round would help. A deal would reduce the risk of broader backsliding by cutting many countries’ bound tariffs—and it would establish Mr Obama’s multilateral credentials. Third—Doha deal or not—is greater transparency. A good recent idea is that the WTO publicise any new barriers, whether or not they are allowed by its rules.

The best insurance against protectionism, however, is macroeconomic stimulus. Boosting demand at home will reduce the temptation to divert it from abroad. By historical standards policymakers are acting aggressively, as the Federal Reserve did this week. But the effort is unevenly, and poorly, distributed. Emerging economies from which capital is fleeing have little room to boost spending. Some creditor countries (notably Germany) are holding back on fiscal stimulus, while the world’s biggest borrower (America) is acting the most boldly. A bigger push to boost domestic demand in creditor countries coupled with more help, through the IMF, to cushion cash-strapped emerging economies would ease the world economy’s adjustment and brighten the prospects for free trade. In the 1930s protectionism flourished largely because of macroeconomic failures. That must not happen this time.

Última edición por SafeAsHouses; 30-dic-2008 a las 01:57


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Barry Eichengreen: The danger of another Smoot-Hawley era of tariff barriers | Comment is free | guardian.co.uk



Should we fear a trade backlash?


Economic aspects of the 1930s many of us thought we would never see in our lifetime have reared their ugly heads again







With more than a whiff of depression in the air, is a Smoot-Hawley-like backlash against trade about to follow? It was the collapse of GNP in 1929-30 that led the US Congress to impose the tariff that caused the unravelling of world trade. Might the same happen again?


The danger exists. If the past months have taught us one thing, it is that anything is possible. Other economic aspects of the 1930s that many of us thought we would never see in our lifetimes have reared their ugly heads. Google News listed 181 articles mentioning "Smoot Hawley" this week.


Some of these fears relate to the protectionist rhetoric of Barack Obama during the Ohio primary and his opposition to the Colombian and South Korean free trade agreements. Then there are the bailouts for General Motors and Chrysler. A subsidy for domestic auto producers is fun.ctionally equivalent to a tax on the US sales of foreign producers. Finally there is the fear that the US fiscal stimulus package about to be adopted will be rendered less effective if the increased demand is allowed to leak out in the form of increased imports. US politicians will be quick to react with protectionist measures if they see that today's spending programmes, which create a debt burden for future generations, fail to stimulate the American economy and only benefit other countries.


Fortunately there are reasons for thinking that this danger is overstated. First, the growth of multinational production and global supply chains has altered the political economy. Protecting US auto producers no longer automatically benefits US parts suppliers when the Big Three source many of their parts from Canada. Foreign companies with an interest in the maintenance of free and open trade are better represented in the political process than they were in the 1930s. We saw this in the debate over the auto bailout when the "Senator from Honda", Richard Shelby, argued against the provision of federal funds.


Second, in 1930 Congress resorted to Smoot-Hawley out of desperation over its lack of alternatives. It was not that the Congress then, as some suggest might be the case now, resorted to a tariff to maximise the employment-creating impact from expansionary fiscal policies. Rather the tariff was imposed instead of expansionary fiscal policies, there as yet being no understanding of the case for fiscal stimulus.
The danger of a tariff as a convoluted employment-creating policy is now less, precisely because we understand that there are direct ways for the government to stimulate demand, namely by cutting taxes and raising public spending.


Finally, if fiscal stimulus and the Fed's zero interest rate policy mainly suck in imports, then the dollar will decline in response to the widening current account deficit. This will shift demand back toward domestic goods, venting the pressure for a protectionist response. This is no mere hypothetical: we have already seen the dollar falling in anticipation of just these developments. This is fundamentally different from 1930, when the US and other countries were on the gold standard and there was no scope for the exchange rate to adjust.



This suggests that a better analogy than Smoot-Hawley is the British General Tariff of 1932, imposed after the UK abandoned the gold standard. Sterling had already depreciated substantially, raising the prices of imports relative to British goods and rendering the tariff redundant. With sterling floating, the decline in imports induced by the tariff just put upward pressure on the exchange rate, neutralising most of the change in relative prices. As a result, the employment-creating effects of the tariff were somewhere between minimal and non-existent. This has been well known since a Yale University dissertation was written on this particular series of events 30 years ago. (No bonus points for guessing the identity of the author.)


If the General Tariff had been rendered redundant, then why was it imposed? The simple answer is that, with unemployment rates of 20 per cent, British politicians were desperate to do something, and they had few other instruments at their disposal. To be sure, there was "cheap money" – the 1930s equivalent of today's zero-interest-rate policy. But there was no certainty that this would work, just as there are questions today about whether, with banks reluctant to lend, the Fed is simply pushing on a string. And, as already noted, there was no understanding of the role for fiscal policy.





Today, in contrast to the 1930s, our politicians have no shortage of policy levers. They just need to pull the right ones.



















The battle of Smoot-Hawley | The battle of Smoot-Hawley | The Economist



Protectionism
The battle of Smoot-Hawley

Dec 18th 2008
From The Economist print edition




Hawley and Smoot, the bogeymen of trade



A cautionary tale about how a protectionist measure opposed by all right-thinking people was passed






EVEN when desperate, Wall Street bankers are not given to grovelling. But in June 1930 Thomas Lamont, a partner at J.P. Morgan, came close. “I almost went down on my knees to beg Herbert Hoover to veto the asinine Hawley-Smoot Tariff,” he recalled. “That Act intensified nationalism all over the world.”


According to David Kennedy, an historian, Lamont was “usually an influential economic adviser” to the American president. Not this time. Hoover signed the bill on June 17th: “the tragic-comic finale”, said that week’s Economist, “to one of the most amazing chapters in world tariff history…one that Protectionist enthusiasts the world over would do well to study.”



The Tariff Act of 1930, which increased nearly 900 American import duties, was debated, passed and signed as the world was tumbling into the Depression. Its sponsors—Willis Hawley, a congressman from Oregon, and Reed Smoot, a senator from Utah—have come to personify the economic isolationism of the era. Sixty-three years later, in a television debate on the North American Free-Trade Agreement, Al Gore, then vice-president, even presented his unamused anti-NAFTA opponent, Ross Perot, with a framed photograph of the pair. Now, with the world economy in perhaps its worst pickle since the Depression, the names of Hawley and Smoot are cropping up again.


In fact, few economists think the Smoot-Hawley tariff (as it is most often known) was one of the principal causes of the Depression. Worse mistakes were made, largely out of a misplaced faith in the gold standard and balanced budgets. America’s tariffs were already high, and some other countries were already increasing their own.


Nevertheless, the act added poison to the emptying well of global trade (see chart). The worldwide protection of the 1930s took decades to dismantle. And bad monetary and fiscal policies were at least based on the economic orthodoxy of the day: economists would tear each other apart over the heresies of John Maynard Keynes. On protection, there was no such division. More than a thousand economists petitioned Hoover not to sign the Smoot-Hawley bill. Bankers like Lamont sided with them; so did editorialists by the score.








The “asinine” bill began as a much smaller beast: the plan was to help American agriculture, which had slumped in the early 1920s. Congress passed several bills to support prices and subsidise exports, but all were vetoed by Calvin Coolidge, Hoover’s predecessor. With no obvious logic—most American farmers faced little competition from imports—attention shifted to securing for agriculture the same sort of protection as for manufacturing, where tariffs were on average twice as high. To many of its supporters, “tariff equality” meant reducing industrial duties as well as raising those on farm goods. “But so soon as ever the tariff schedules were cast into the melting-pot of revision,” this newspaper wrote, “logrollers and politicians set to work stirring with all their might.”


Start rolling


In the 1928 election campaign Hoover and his fellow Republicans promised to revise the tariff. The Democrats, then the freer-trading party, were unusually acquiescent. After comfortable Republican wins in November, Hawley, the chairman of the House Ways and Means Committee, set to work. By the time Hoover was inaugurated in March 1929 and called a special session of Congress to tackle the tariff, his committee had gathered 43 days’, five nights’ and 11,000 pages’ worth of testimony. The door was open to more than just farmers; Hawley’s committee heard mainly from small and medium-sized industrial businesses.



The House bill, passed in May, raised 845 tariff rates and cut 82. Douglas Irwin, an economist at Dartmouth and author of a forthcoming book (“The Battle over Protection: A History of US Trade Policy”) on which this article draws heavily, says it “tilted the tariff nearly as much toward higher duties on manufactured goods as it increased duties on agricultural imports.”


The bill then went to the Senate, where Smoot chaired the Finance Committee. Senators who thought their constituents had lost out in the House—from farming and mining states—were spoiling for a fight. Smoot’s committee increased 177 rates from the House version and cut 254. In the next committee stage—which lasted from the autumn of 1929 until March 1930—the whole Senate could take part. Farming- and mining-state senators pruned Hawley’s increases in industrial tariffs.


In the last Senate stage, senators from industrial states regrouped, fortified by the gathering economic gloom. “A different voting coalition emerged,” says Mr Irwin, “not one based on agricultural versus industrial interests but on classic vote-trading among unrelated goods.” Some senators disapproved: Robert LaFollette, a Republican from Wisconsin, called the bill “the product of a series of deals, conceived in secret, but executed in public with a brazen effrontery that is without parallel in the annals of the Senate.”


Others saw nothing wrong. Charles Waterman, a Republican from Colorado, declared: “I have stated…that, by the eternal, I will not vote for a tariff upon the products of another state if the senators from that state vote against protecting the industries of my state.” The tariff’s critics—including Franklin Roosevelt, in his presidential campaign in 1932—dubbed the bill the “Grundy tariff”, after Joseph Grundy, a Republican senator from Pennsylvania and president of the Pennsylvania Manufacturers’ Association. Grundy had said that anyone who made campaign contributions was entitled to higher tariffs in return.


The Senate’s final bill contained no fewer than 1,253 changes from the House’s version. The two houses compromised, broadly by moving the Senate’s rates up rather than the House’s down. In all, 890 tariffs were increased, compared with the previous Tariff Act, of 1922, which had itself raised duties dramatically (for examples, see table); 235 were cut. The bill squeezed through the Senate, by 44 votes to 42, and breezed through the House.







Of all the calls on Hoover not to sign the bill, perhaps the weightiest was a petition signed by 1,028 American economists. A dozen years later Frank Fetter, one of the organisers, recalled their unanimity. “Economic faculties that within a few years were to be split wide open on monetary policy, deficit finance, and the problem of big business, were practically at one in their belief that the Hawley-Smoot bill was an iniquitous piece of legislation.”


Some of the names are familiar even now. One was Frank Taussig, a former head of the Tariff Commission (which advised on whether duties should be raised or lowered). Another was Paul Douglas, later a senator (undergraduates are still introduced to the Cobb-Douglas production fun.ction). And a third was Irving Fisher.


Fisher is still a giant of economics, best known for his work on monetary theory and index numbers. (He was fallible, though. Shortly before the 1929 stockmarket crash, he declared, “Stock prices have reached what looks like a permanently high plateau.”) According to Fetter, Fisher suggested that the petition refer explicitly to the importance of trade to America as a huge creditor nation: if other countries could not sell to the United States, how could they repay their debts? It was also thanks to Fisher that so many economists signed it. He proposed that it be sent to the entire membership of the American Economic Association, rather than to one member of each university’s faculty, and offered to meet the extra expense. The total cost was $137, of which Fisher paid $105.


Expensive ink



Hoover’s signature cost rather more—even though the direct effect on American trade was limited. The average rate on dutiable goods rose from 40% to 48%, implying a price increase of only 6%. And most trade, Mr Irwin points out, was free of duty (partly because high tariffs discouraged imports). He estimates that the new tariff reduced dutiable imports by 17-20% and the total by 4-6%. Yet the volume of American imports had already dropped by 15% in the year before the act was passed. It would fall by a further 40% in a little more than two years.


Other, bigger forces were at work. Chief among these was the fall in American GDP, the causes of which went far beyond protection. The other was deflation, which amplified the effects of the existing tariff and the Smoot-Hawley increases. In those days most tariffs were levied on the volume of imports (so many cents per pound, say) rather than value. So as deflation took hold after 1929, effective tariff rates climbed, discouraging imports. By 1932, the average American tariff on dutiable imports was 59.1%; only once before, in 1830, had it been higher. Mr Irwin reckons that the Tariff Act raised duties by 20%; deflation accounted for half as much again.


Smoot-Hawley did most harm by souring trade relations with other countries. The League of Nations, of which America was not a member, had talked of a “tariff truce”; the Tariff Act helped to undermine that idea. By September 1929 the Hoover administration had already noted protests from 23 trading partners at the prospect of higher tariffs. But the threat of retaliation was ignored: America’s tariffs were America’s business. The Congressional Record, notes Mr Irwin, contains 20 pages of debate on the duty on tomatoes but very little on the reaction from abroad.


A study by Judith McDonald, Anthony Patrick O’Brien and Colleen Callahan* examines the response of Canada, America’s biggest trading partner. When Hoover was elected president, the Canadian prime minister, Mackenzie King, wrote in his diary that his victory would lead to “border warfare”. King, who had cut tariffs in the early 1920s, warned the Americans that retaliation might follow. In May 1930, with higher American tariffs all but certain, he imposed extra duties on some American goods—and cut tariffs on imports from the rest of the British empire.

He promptly called a general election, believing he had done enough to satisfy Canadians’ resentment. America, wrote the New York Times, was “consciously giving Canada inducements to turn to England for the goods which she has been buying from the United States.” Canadians agreed. King’s Liberals were crushed by the Conservatives, who favoured and enacted even higher tariffs.


All this, of course, is history. There are plenty of reasons to think that the terrible lesson of the 1930s will not have to be learnt again. Governments have reaffirmed their commitment to open trade and the World Trade Organisation (WTO). The complex patterns of cross-border commerce, with myriad stages of production spread over so many countries, would be enormously costly to pull apart.


And yet. Tariffs can be increased, even under the WTO. The use of anti-dumping is on the rise. Favours offered to one industry (farming then; cars now?) can be hard to refuse to others. And the fact that politicians know something to be madness does not stop them doing it. They were told in 1930: 1,028 times over.





* “Trade Wars: Canada’s Reaction to the Smoot-Hawley Tariff”. Journal of Economic History, December 1997.


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Comienzo por un curioso comentario vertido en el medio del artículo que citaré:




Depression, PMI and China - Seeking Alpha





It's hard to argue the merits of Smoot-Hawley in today's economic environment because the general consensus is "S-H bad, period." Often, economists are university theorists who seem unable to understand that we live in a POLITICAL world.

In the 20's the US funded much of it's overseas trade just as China did from 2000 to 2007. When liquidity dried up, the US attempted to hold onto the value of it's manufacturing by limiting imports. I suspect that unless our country is run by college professors with dictatorial powers this will happen again.

China is doing the same thing now. It's first fixing prices, by limiting farm export licenses. It's "helping" domestic farmers by setting up a crop reserve, which will help increase yuan grain prices and ease the transition of millions of people leaving the cities for their old lives back on the farms. It's using infrastructure projects, including 5 bullet trains, to hire excess workers. Sound familiar?

Rather than judging this to be right or wrong I would judge it to be natural, predictable and inevitable. China's goal, as it has been for 2,000 years is stability. In the US, 90% of economists are in complete agreement as to the solution to this problem, a situation I find terrifying.

As to the conclusion to the effects of Smoot Hawley, I have no clue other than to say Naill Ferguson said it had a minimal effect on the US.









El Artículo:


Depression, PMI and China - Seeking Alpha


Depression, PMI and China


by: Edward Hugh January 02, 2009 | about stocks




The second Great Depression wends its way forward in December ... and lands in China.








Well, China isn't quite in Great Depression mode yet, but manufacturing activity - which forms the core of the Chinese economy and accounts for 43% of all activity - is already very close to a technical recession, and phew, it wasn't very long ago that the Chinese economy was registering double digit growth. So the turnaround is gigantic. The "close to technical recession in manufacturing industry" call comes from the people over at CLSA Asia-Pacific Markets, who compile the China purchasing managers index, and they base their judgment on the fact that their Chinese manufacturing index has now been registering contraction for five consecutive months.




Now for those of you who are new to the world of Purchasing Manager's Indexes (PMIs), welcome. Basically these indexes are very useful, since they give you a "just in time" point of reference to tell you what is actually happening. These are composite indexes - measuring things like current output, new orders (both domestic and export), employment and input prices. They are not perfect, but they are reasonably accurate - the fit which you can get between composite PMIs (manufacturing and services combined) and GDP is often attractively good. And in a country like China where the main data we get is year-on-year (which in a critical moment of rapid change like this one is virtually useless) it is very hard to see what is happening.

The Shanghai-based Industrial Bank estimates, for example, that GDP growth in China will be 5.6% in Q4 2008. But what does that data point - if accurate - tell us? That the economy is slowing fast - well, we already knew that. But just how fast? Well, GDP was 9% in Q3 - down from 10.1% in Q2. So the deceleration is very rapid, but did the Chinese economy actually manage to contract in Q4? I doubt it, but it may do in Q1 2009, although the only way we would really know would be if the National Statistics Office published quarter-on-quarter seasonally adjusted numbers, which as far as I can see they don't. Indeed only a small group of highly developed economies actually take the trouble to do this, and you don't even find all EU member countries doing it yet, although Eurostat (thank god for Eurostat) does require such data from members (but those of you who ever get round to checking will see there are still blanks for some countries in the Eurostat quarterly releases).

Hence you can see why, in the case of somewhere like China, the PMIs are very, very useful, for those of us who would like to try and follow what is happening as it actually happens.

As for the PMI itself, China’s composite manufacturing index contracted for the fifth consecutive month in December as recessions in the U.S., Europe and Japan bit deep into demand for exports - indeed China's exports fell year on year for the first time in seven years in November. The CLSA China Purchasing Managers’ Index registered a seasonally adjusted 41.2, compared with a record low of 40.9 in November. On such indexes any reading below 50 reflects a contraction.

Despite the apparent small improvement in December, the current output index actually fell sharply, and was down to a record low of 38.6 from 39.2 in November, so production was falling, and the index was basically nudged up slightly by other factors, such as the measure of new orders which rebounded to 37 from 36.1, driven by a rise in export orders to 33.6 from a horrific 28.2 in November. However, according to the report, Chinese manufacturers reduced the size of their workforces at a series record in December, and the employment index has now contracted for five consecutive months, to hit 45.2 in December.



So where exactly are we? Well, we aren't (quite) in the Second Great Depression yet, but the situation is deteriorating, and rapidly. Manufacturing output is now contracting at quite a sharp pace, while it was rising in the first half of the year at something like a 15% year on year rate. In a useful summary of the Chinese situation back in November, Nouriel Roubini defined a hard landing in China - which he felt was coming - as follows:




There is thus now a growing risk of a hard landing in China. Let us be clear what we mean by hard landing. In a country with the potential growth of China, a hard landing would occur if the growth rate of the economy were to slow down to 5-6% as China needs a growth rate of 9-10% to absorb about 24 million folks joining the labor force every year; it needs a growth rate of 9-10% to move every year about 12-14 million poor rural farmers to the modern industrial/manufacturing urban sector.



This is more or less the consensus view of what we used to think a hard landing would mean in China, but I think the latest data already take us beyond that. I think there is now a real risk of a technical recession in the more or less classic sense of two consecutive quarters of negative growth (let's say that the risk is 50-50 at this point), and of serious economic and financial dislocation following in the train of this (btw, just how quickly can you burn your way through $1.7 trillion in reserves? It will be an interesting experiment, I think).

Brad Setser (further down the same link) has long been more cautious on China, being sceptical about the impact of a dramatic slowdown in exports (and even more importantly in export oriented investment) on an export driven economy, but those of us who have been closely watching other export dependent economies like Germany and Japan over the last decade and a half were surely not quite so sceptical. However even Brad himself is clear that the possibility of an export downturn feeding its way back into the domestic economy - via some sort of negative feedback process - is real enough:

But the real key to forecasting China’s future growth consequently is determining whether domestic consumption and above all investment will continue to grow strongly in the absence of strong export demand. Remember, over the past few years both domestic investment and exports increased rapidly. If they fall together as well, Chinese growth will slow quite significantly. And unfortunately the latest indicators seem to suggest that they are correlated; consequently domestic demand may fall along with exports.

The $1.7 trillion question is, then, just why China is so export dependent? Doubtless there are many factors at work, but one of these is, I am almost sure, China's very special demographics (30 years of one child per familiy policy), and the special problems that these present in the context of building a sustainable national pensions system at the same time as the population pyramid inverts. Obviously the absence of a credible pension system has to be one of the factors influencing the strong desire to save which we are seeing in China. Economics Nobel Franco Modigliani also thought this, and specifically addressed the Chinese saving puzzle in his last published paper:



China's per capita income ranks below 100th in the world. Its saving rate, however, has been one of the highest worldwide in recent decades. In this paper, we attempt to explain the seeming paradox within the framework of the Life-Cycle Hypothesis developed by Franco Modigliani. The key LCH variables are income and population growth. Our results based on data we put together from official sources show that income growth has been the dominant factor behind the dramatic increase in China's saving rate, as predicted by the LCH. Demographic structure and inflation also had significant impact on the fluctuations of the saving rate.
The Chinese Saving Puzzle and the Life-Cycle Hypothesis - Franco Modigliani and Shi Larry Cao



By Way Of Brief Conclusion


Well basically, the conclusion here is that there is no conclusion, at this point at least. But I would draw attention to two potential points of interest for all you "economy watchers".



Well basically, the conclusion here is that there is no conclusion, at this point at least. But I would draw attention to two potential points of interest for all you "economy watchers".

Firstly, a couple of months back my fellow blogger Doug Muir

drew our attention


to a very interesting point being made

by US economic historian Scott Reynolds Nelson



As a historian who works on the 19th century, I have been reading my newspaper with a considerable sense of dread. While many commentators on the recent mortgage and banking crisis have drawn parallels to the Great Depression of 1929, that comparison is not particularly apt. Two years ago, I began research on the Panic of 1873, an event of some interest to my colleagues in American business and labor history but probably unknown to everyone else. But as I turn the crank on the microfilm reader, I have been hearing weird echoes of recent events.

At the time of reading this I thought to myself hmmmm! This isn't that simple, but he is on to something. Basically I think no two (or does that make it now three) Great Depressions are ever really exactly alike. I certainly think the resemblence between what is going on now and what happened between 1929 and 1933 is more than passing (especially for the sequencing, of which more in another post), but evidently there are elements of the 1873 one too, and Scott Reynolds puts his finger on some of them, especially in the context of surplus to requirement investment and large capacity overhangs. So my best guess is that what we have is a hybrid, and that what is now happening in China is the best example of the underlying dynamics behind that other great depression that hit our grand- (or great grand) parents and that may well be now about to come back to hit us, boomerang style.

Which brings me to my second point, the Smoot-Hawley Tariff Act, which,


as wikipedia explain


, was signed into law on June 17, 1930, and raised U.S. tariffs on over 20,000 imported goods to record levels. After the act was passed, many other countries retaliated with their own increased tariffs on U.S. goods, and American exports and imports plunged by more than half. Many economists now regard the Smoot-Hawley Act as having been the principal feedback catalyst for the severe reduction in U.S.-European trade, and which took it from the 1929 high down to the depressed levels of 1932 and which thus accompanied the start of the Great Depression. And here, in the spectre of a repeat performance comes just the danger we face in the wake of the dramatic contraction which is now underway in China.

It is my personal guess that the first major issue to face Barack Obama as President of the United States may well be what to do about China, and especially what to do about a China which lets - as I now suspect they may well do - the yuan float, in order to see it

float DOWN

as the economy unwinds. If this does indeed happen then Obama will really have to struggle to hold back the protectionist pressure I think.

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Another Stimulus Idea: End Protectionism? - Economix Blog - NYTimes.com



January 4, 2009, 3:07 am
Another Stimulus Idea: End Protectionism?
By Catherine Rampell






With less than three weeks before Barack Obama is sworn in as president, the demands for a fiscal stimulus package are mounting. Fiscal stimulus can take the form of additional government spending or tax cuts. While you have probably already heard calls for reductions to personal and corporate income taxes, here is one tax-related stimulus suggestion that you may not have come across: eliminating tariffs, the taxes on imports to the United States.

Typically an economic downturn seems to stoke protectionist impulses in many Americans, but Mark J. Perry, an economics professor at the University of Michigan, Flint, argues that cutting tariffs would create jobs:

Tariffs are usually used to protect domestic industries from more efficient foreign competitors. But domestic firms also buy inputs, raw materials, supplies, parts and inventory FROM foreign producers, and in fact more than half of U.S. imports are industrial supplies and parts, and NOT finished consumer goods. In that case, tariffs are a tax on the inputs of domestic businesses and can put them at a significant competitive disadvantage.

He cites an example of a tariff on a certain type of fabric used by furniture manufacturers in Mississippi. The removal of the tariff is estimated to save “950 cut-and-sew jobs” at companies in Northeast Mississippi, according to an editorial in the Northeast Mississippi Daily Journal.


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Más pobres, treinta años después

El Insostenible modelo de crecimiento económico español.



Mexicano superviviente del "Efecto Tequila":


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Finally, if fiscal stimulus and the Fed's zero interest rate policy mainly suck in imports, then the dollar will decline in response to the widening current account deficit. This will shift demand back toward domestic goods, venting the pressure for a protectionist response. This is no mere hypothetical: we have already seen the dollar falling in anticipation of just these developments.


No, si los chinos y los japos fijan sus divisas. (el dólar no caerá por debajo de 90 yens porque yo lo valgo)

El patrón oro, con todos sus defectos, impedía el mamoneo constante que se da ahora (divisas "controladas", devaluaciones competitivas, etc).

Ahora, sálvese quien pueda.

Y Keynes (manque le pese al keynesiano Eichengreen) acabó defendiendo el arancel.


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Qué maravillosas pintan las devaluaciones. No impidieron en la Gran Depresión salir de la espiral deflacionaria, con ejemplos como la Guerra de la Mantequilla entre NZ y Dinamarca, empobreciéndose en medio de una batalla de devaluaciones competitivas. A saber cuánto tiempo habrían estado así de no ser por el estallido de la II Guerra Mundia. Sobre el proteccionismo:





It's hard to argue the merits of Smoot-Hawley in today's economic environment because the general consensus is "S-H bad, period." Often, economists are university theorists who seem unable to understand that we live in a POLITICAL world.





Así es, la preocupación más inmediata del político está en las próximas elecciones, rara vez será capaz de mirar a más largo plazo. Estará el mulato Obama por la labor de bendecir la huída de la industria down Mexico way en las llamadas maquilas?, ídem con la llegada masiva de contenedores con manufactras chinas, y una competencia cada vez mayor en electrodomésticos. La caída en picado de la fé del americano medio en el libre mercado y el comercio libre libre de aranceles, o con arenceles light, puede ser augurio de cómo obrarán en la Casa Blanca. De momento Sarkozy lleva ya meses de adelanto blindando Francia.
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Ayer en el Herald Tribune, ese que reparten en los aeropuertos: el presidente de una asociacion americana de fabricantes de acero pedia a Obama que todo lo que se adquiera para las nuevas obras de infraestructura que el nuevo gobierno va a promover sea "made in USA".
Los USA siempre se han caracterizado por la hipocresia economica. Asi, fueron proteccionistas cuando su industria no daba para mucho, librecambistas cuando ya podian competir, fusiladores y copiadores de patentes extranjeras cuando no tenian las propias y fieros defensores de la propiedad intelectual ahora mismo, cuando ya tienen propiedad intelectual que defender. Ya sabemos que esto sucede en todas partes, pero se harta uno de estas pretensiones de superioridad moral cuando solo son "uno mas".


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Ya nos gastamos miles de millones en proteger el sector agricola, no entiendo el revuelo que se monta por proteger otros sectores.


Miles de millones pra proteger el 5% de la poblacion que trabaja en un sector que no tiene ninguna posibilidad de ser competitivo y que perjudica a los mas pobres del mundo, los que solo pueden exportar lo que sale del suelo.

Ni un duro en proteger al resto de quienes pordrian hacer las cosas mejor e intaurar sistemas no esclavistas.

No lo entiendo.



Libre comercio?? si, con los que tengan las mismas reglas que nosotros.


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  #43 (permalink)  
Antiguo 04-ene-2009, 17:47
Avatar de juancarlosb
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La fundamentación del libre comercio se basa en que si en otro país se produce más barato algo ¿para que lo vamos a producir aquí? Mejor dedicamos nuestro sistema productivo a bienes en los que sí que seamos competitivos.
Pero ¿qué ocurre en una economía como la española, con un capital humano ampliamente desaprovechado?
Imaginemos que a los vaqueros chinos les colocamos un arancel del 300%. De esta forma salen a un precio en España que resulta rentable a las textiles patrias. El consumidor evidentemente sale perjudicado pero ¿qué ocurre con las cuentas nacionales?
Estaremos empleando recursos humanos que de otra forma estarían ociosos, sin producir nada. Las materias primas y la maquinaria la pagaríamos al mismo precio que los chinos, de modo que el valor añadido del vaquero no queda en China, sino en España.
La economía del país en este caso queda beneficiada.
Está claro que en una economía como la española es necesario proteger de algún modo la industria nacional, lo contrario es un suicidio colectivo.


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  #44 (permalink)  
Antiguo 04-ene-2009, 19:56
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Iniciado por SafeAsHouses Ver Mensaje
La principal historia del ultimo economist es precisamente esto. Y pide Keynesianismo para combatir el proteccionismo.

Vaya nada menos que el Economist predicando el keynesianismo con tal de evitar el proteccionismo.....muy mal las tiene que estar viendo venir.

Pero Keynes también predicacaba que el comercio exterior no debería ser más allá del 30/40% del total del país...


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  #45 (permalink)  
Antiguo 04-ene-2009, 20:31
Avatar de invaco
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Iniciado por ransomraff Ver Mensaje

Libre comercio?? si, con los que tengan las mismas reglas que nosotros.

Ahí está la clave. No se trata de poner aranceles, se trata de competir en igualdad de condiciones y de garantías.

Yo personalmente intento no comprar nada MADE IN CHINA.

Además, he observado lo siguiente:


Los productos donde la diferencia de precio es muy significativa, no valen la pena porque su calidad es una mierda. Y los productos donde no se nota tanto la diferencia de calidad (por ejemplo, marcas conocidas que han deslocalizado su producción), no valen la pena porque la diferencia de precio no es significativa y a cambio hemos destruido nuestra industria.

Ejemplo que he visto la semana pasada en El Corte Inglés: Zapatos Timberland (made in China): 120 €. Zapatos similares hechos en España o en Italia: 140 €.

Además de que existen serios riesgos por la falta de controles en origen y la imposibilidad de un control suficiente en la aduana. Recordemos el caso de envenenamiento por jarabes para la tos hechos en China (que desembarcaron en Barcelona) y acabaron en Sudamérica, o los lácteos con melamina, etc.

Lo que los gobiernos NUNCA van a hacer, lo podemos hacer nosotros personalmente.
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El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes. (Marco Tulio Cicerón)


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