| En estas seudo-democracia instauradas en los países europeos, socializadas sin sociedades vivas y corruptas, las ideas políticas de concepción social-demócrata se dice que la sociedad no parte del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo sino se desarrolla con otros.
Lo conciben como incapaz de desarrollarse por si mismo, es decir, sin ayuda de un Estado protector, pero eso solo puede ocurrir en un mundo en el que es considerado irrespetuosamente. Se oponen, radicalmente a que el hombre sea, como dice Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Y que es “absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad y democracia.”
Ese modelo de hombre no es rentable, porque llegaría a pensar. No buscan un hombre autosuficiente, un hombre que no necesite nada porque todo se lo ofrece ya el mundo al que viene y que otros hombres le habrán procurado. No, necesitan un hombre cuarteado y mendicante para justificar sus existencias de salvadores y adoctrinadores.
Por eso dicen: “Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realiza sus intereses, sus derechos y sus deberes”. Es decir, un hombre dependiente. Que dependa de los dictados de otros hombres. No se trata de considerar al hombre ya desarrollado desde que nace, porque se le ofrece un mundo desarrollado en el que todo está dispuesto para él, sino que se tiene que desarrollar. De ahí la eterna dependencia. Y no proponen un mundo asentado en el que el hombre se encuentre tranquilo y confiado, sino que la confianza se la ha de ganar pisoteando a otros hombres. Sus postulados solo pueden desarrollarse en un mundo hostil.
En todo caso y a pesar de su debilidad, no será él quien altere la ley de la vida, sino los que proponen esa forma de existir.
Aquí, a falta de ese mundo ideal que aún no queremos crear para nosotros y para los que vengan, al menos buscamos al hombre lúcido(de quien es esto). Al hombre que sabe que la vida es una cantidad tan enorme de acontecimientos y emociones que nunca se entusiasma con ella, ni teme a la muerte. Que sabe que vivir y morir tienen el mismo valor, puesto que la Vida contiene tantos sufrimientos que su fin no puede ser considerado un mal. Que sabe que es el equilibrista en la cuerda floja de la existencia. Sabe que, por opción o accidente, es posible caer en el abismo, en cualquier momento, interrumpiendo la función del circo. Que no depende de otros para optar por la vida y en caso de que así lo quiera agotará todas sus posibilidades.
Paseará por su campo abierto y por sus callecitas floridas. Sabrá ver la belleza en todo. Tendrá amantes, amigos, ideales. Urdirá planes y los realizará. Resistirá a los infortunios y hasta a las enfermedades. Y, si fuera alcanzado por alguno de estos mensajeros, sabrá soportarlos con coraje y serenidad. Basará su vida en el respeto a los demás. Morirá por causas naturales y en edad avanzada, rodeado de hijos y nietos que seguirán su magnífica aventura. Posará entonces sobre su memoria un aura de bondad. Se dirá de él: “aquel amó mucho”.
La justa ley máxima de la naturaleza obliga a que la cantidad de acontecimientos malos en la vida de un hombre, provocados por otros hombres, se igualen siempre a la cantidad de acontecimientos favorables. El hombre lúcido que optó por la Vida, con el consentimiento de los Dioses, tiene el poder magno de alterar esta ley. En su vida, los acontecimientos favorables serán siempre mayoría. Ésta es una cortesía que la Naturaleza tiene con los hombres lúcidos y libres no necesitados de consejo interesado y ajeno al desarrollo artificial, provocado y por ello interesado que otros quieren imponerle. Y ahora amigos, corred como putas por rastrojo a ver la tele que ponen en “enfrentamiento” entre los pretendientes al trono norteamericano. |