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La crisis actual: de la geopolítica a la dinámica del sistema capitalista

No estamos ante una crisis que deba analizarse sólo en términos geopolíticos

Lunes 22 de septiembre de 2008, por Diego Guerrero
Artículo de nuestro colaborador Diego Guerrero censurado por el diario socialdemócrata en lengua española EL PAÍS

Nota Preliminar:

Este artículo que publicamos fue escrito por nuestro colaborador, el gran economista marxiano español Diego Guerrero, el 22 de agosto de este mismo año y mandado al diario socialdemócrata español EL PAÍS para su publicación. Debido a su contenido demoledor, que no casa bien con el mensaje positivista y progubernamental que desde los medios de PRISA se hace llegar a la ciudadanía (como fin del neoliberalismo y comienzo de una gran era de intervención económica típica del Estado de Bienestar socialdemócrata / demócratacristiano —o lo que es lo mismo, liberal-keynesiano—, el diario de la familia de Polanco decidió no publicarlo. Esta es la carta de respuesta de El País a Guerrero:

----- Original Message -----

From: Redacción Opinión - Correo

To: diego.guerrero1@telefonica.

Sent: Thursday, September 04, 2008 5:30 PM

A/A DIEGO GUERRERO

Ref. artículo «La crisis actual: de la geopolítica y la dinámica del sistema capitalista»

El Comité de Lectura que evalúa los artículos de opinión propuestos al diario EL PAÍS ha leído su artículo. Lamentamos comunicarle que, pese a su evidente interés, no nos va a resultar posible publicarlo debido al exceso de originales recibidos.

Le agradecemos mucho que haya pensado en EL PAÍS para la difusión de su artículo, del que puede usted disponer libremente. En cualquier caso, seguimos abiertos a sus futuras propuestas de colaboración.

Reciba cordiales saludos,

Sección de Opinión del Diario EL PAÍS

El Revolucionario ofrece el artículo íntegro para todos sus lectores:
---/---

La crisis actual: de la geopolítica a la dinámica del sistema capitalista

En un artículo aparecido en El País (22/08/2008), Sami Naïr atribuía el origen de la crisis económica actual al «liberalismo mundial», y en particular a la «ausencia de control de los flujos de capitales, la especulación salvaje y el sistema de bombeo, desde hace años, del ahorro mundial por parte de Estados Unidos». Mi diagnóstico es diferente: no se trata del «liberalismo» sino del capitalismo mismo, y no basta con criticar las «sacrosantas leyes del liberalismo» y las «recetas tradicionales del laissez faire liberal», sino que hay que profundizar en las auténticas causas de lo que está pasando (y tiene que pasar), para comprender que tampoco las medidas keynesianas de un capitalismo más intervencionista habrían podido evitar los problemas, ni servirán de mucho una vez que los propios liberales con responsabilidades de gobierno recurran a ellas en el futuro próximo.

Un ejemplo sencillo servirá para entender por qué. Supongamos que alguien que gana 1000 al mes necesita gastar 1200 este mes: nada más fácil, hoy en día, que pedir un crédito para cubrir esa diferencia. Pero supongamos que el crédito es a un mes de plazo, y que la renta de este individuo sigue siendo 1000 el mes próximo: es obvio que, tras pagar el crédito (incluso si olvidamos los intereses), sólo le quedarán 800 para gastar. Pues bien, algo así de simple es lo que le pasa a la economía mundial: tras el periodo, que ahora se acaba, en que gastábamos 1200, ¡nos llega la era de los 800! Una caída brutal de la capacidad de compra y por tanto del nivel de vida de la población, cuyos efectos pueden ir mucho más allá de lo económico y convertirse en una fuente de desestabilización política de consecuencias imprevisibles.

En mi opinión, el capital financiero hipertrofiado, tan característico hoy en día, no es sino consecuencia de la enorme masa de plusvalía que pulula por los mercados financieros y las bolsas mundiales sin posibilidad de fijarse en inversión productiva de ninguna clase, debido a que lo que hay en el subsector productivo es un exceso de capacidad. No es extraño que la expansión crediticia y burbujeante tenga que detenerse y estallar por el mero hecho de ser burbuja. Pero parece ahora muy posible que lo haga pronto, poniendo fin al periodo de lo que aparece en la superficie como el dislocamiento de dos subsectores de la economía, el capital productivo y el financiero, pero que no es realmente sino el derrumbe temporal de los pilares de la dinámica capitalista en su conjunto.

Porque la crisis financiera no es nunca independiente de la dinámica general de la crisis de sobreacumulación de capital productivo. Es verdad que una forma de retrasar los efectos del círculo vicioso que se desata al estallar esta crisis es detener la caída a corto plazo de la demanda mediante la expansión del crédito, pero esta expansión es al mismo tiempo la expansión de la deuda…, y, si la depresión es larga, el continuo crecimiento del crédito para contrarrestar una caída persistente de la demanda significa una acumulación de deuda que se convierte en una carga cada vez más pesada que pone en peligro la senda de crecimiento a largo plazo de la economía. Esto es lo que está ocurriendo.

Escribía ya en el año 2000 que «el exceso de capacidad productiva instalada por el capital mundial todavía no ha desaparecido y, por tanto, persiste la raíz del problema en tanto no se destruya dicho exceso (no el exceso de medios de producción, que es una expresión absurda, sino el exceso de medios de producción absurdamente convertidos en capital)». ¿Y qué podemos decir de lo que ha empezado a manifestarse de forma tan amenazante para toda la economía mundial en los años 2007 y 2008? Que estamos ante ese mismo problema, obviamente actualizado y aumentado.

Pensarán muchos lectores que exagero al hablar de derrumbe de la economía y de inestabilidad política mundial, y que hago un discurso catastrofista y alarmista. No sé qué dirán, entonces, cuando del diagnóstico pasemos a las posibles recetas. Pero lo cierto es que estoy convencido de que la única salida posible de esta situación de doble crisis (sobreacumulación de capital productivo e hipertrofia de la burbuja financiera) es la destrucción de capital. La última vez que el mundo se enfrentó a una situación así, esa crisis condujo nada menos que a la II Guerra Mundial, la cual, al destruir mano de obra sobrante (para el sistema) y grandes masas de «capital» físico, puso las bases (terribles, pero bases) de la onda expansiva del capitalismo mundial en la posguerra. Como escribiera más diplomáticamente el Nobel de economía James Tobin en Papeles de Economía Española (1986), «hace medio siglo, cuatro años de caída total de la actividad económica mundial provocaron un paro masivo. La mayor parte del mismo persistió durante los seis años de recuperación anteriores a la segunda guerra mundial. Fue la guerra mundial la que trajo consigo escasez de mano de obra y de todo lo demás».

Pues bien: del estancamiento relativo de los últimos 30 años aún no hemos salido. Y si hay alguna salida, seguramente estará cerca pero tendrá que producirse por medio de un estallido de consecuencias desastrosas para la situación económica y social de la mayoría de la población mundial. Lamentablemente, mucha gente, en especial muchos jóvenes, no tiene la menor idea de lo que por desgracia nos espera. Las ilusiones de quienes creen que lo malo de la historia pertenece al pasado pueden estallar tan estrepitosamente como la economía. No digo que la salida de esta onda depresiva tenga que conducir necesariamente a la III Guerra Mundial (aunque tampoco se puede descartar), pero hay otras muchas formas de destruir capital, sin necesidad de tirar bombas: el movimiento de las bolsas y los precios de ciertos activos inmobiliarios y financieros puede destruir capital con más rapidez aun que una bomba atómica.

Pero aunque la catástrofe esté a la vuelta de la esquina, ningún izquierdista o antiglobalizador debería hacerse ilusiones, porque seguramente esa bocacalle nos reconduzca a más capitalismo, quizás peor. El páramo de reflexión sobre lo que está pasando va a coger tan desprevenidos a tantos que, si el capitalismo es capaz de fabricar una nueva vía –aunque se convierta más tarde en otro callejón sin salida–, tendremos que recorrerla hasta el final porque seguramente no sabremos qué hacer para detener esa dinámica infernal. A menos que los cambios económicos, sociopolíticos e ideológicos que se avecinan no sirvan sólo para dar mucho trabajo a los historiadores y a los ideólogos de las próximas décadas…

En cualquier caso, que no lo dude el lector: no estamos ante una crisis que deba analizarse sólo en términos geopolíticos. Antes de repartir una tarta, la tarta existe como un todo. Es verdad que es muy importante saber por dónde van las cosas cuando se trata de comprender la política y la geoestrategia mundiales, las relaciones por ejemplo de Estados Unidos con China, la UE o el mundo árabe, o las muchas dimensiones de la injusticia que inflige el mundo imperial a sus antiguas colonias… Pero todo ello ocurre dentro de un sistema que forma un todo y cuya dinámica se genera, en mi opinión, previamente a, y por leyes distintas de, todas esas dinámicas parciales. Ya veremos cómo se desarrollan las cosas.

La crisis actual: de la geopolítica a la dinámica del sistema capitalista - El Revolucionario

Si os interesa tiene más artículos y libros en la red en Eumed.net pero los enlaces ahora no funcionan

Economía no liberal para liberales y no liberales
Diego Guerrero---este es una crítica al libro del chaquetitas hay algunos artículos al final magníficos

Historia del Pensamiento Económico Heterodoxo
Diego Guerrero

saludos
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"Este país tiene 2 problemas que se tendrían que situar por encima de los demás que son la educación y la vivienda.Y esto es una verdadera tragedia nacional.Yo no creo que la gente pueda ser verdaderamente autónoma y responsable si no está emancipada.Un país en el que la gente se emancipa a los 30 años lleva una carga,un retraso en autonomía ,en responsabilidad y en capacidad de ser por sí mismo que se tiene que pagar forzosamente "
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Qué ocurrirá si estamos ante el comienzo de lo podría pasar a conocerse en el futuro como la Grandísima Depresión?
La ¿«grandísima»? depresión y el «lado malo» de la Historia

Deberían preocuparnos las consecuencias sociales y políticas, más allá de las puramente económicas, que pueden producirse

Domingo 5 de octubre de 2008, por Diego Guerrero
Si alguien pregunta si estamos sugiriendo la posibilidad de un nuevo fascismo habrá que responder que sí




Imagen dantesca del posible nuevo fascismo del siglo XXI
¿Podría ser la Grandísima Depresión la puerta por la que vuelva a entrar el "rayo que no cesa"?

Empecemos por los números. Si una economía crece durante 30 años a una tasa anual del 1%, al cabo de ese tiempo habrá crecido casi un 35%; si lo hace al 2%, el porcentaje de crecimiento total sube al 81%; y si llega a crecer a un 3% anual, la producción se habrá multiplicado al final del periodo por 2,4. Al final de los 30 años, por tanto, una economía nacional que se encontrara en el primer caso estaría produciendo un 25% menos que si hubiera crecido al 2%, y un 45% menos que si lo hubiera hecho al 3%.

Perdonará el lector este montón de cifras si ayudan a reflexionar sobre lo siguiente. El crédito permite gastar más de lo que se tiene; más exactamente, más de lo que se ingresa. Si resultara ser cierto que el recurso masivo y prolongado al crédito, en todos los países occidentales y por parte de todos los agentes económicos (consumidores, administraciones públicas y empresas), permitió aumentar el ritmo anual de crecimiento de sus economías en, digamos, 1 o 2 puntos adicionales, podríamos ver en el ejercicio numérico anterior un reflejo de lo que puede estar ocurriendo en la actualidad o, más bien, de lo que podría suceder. Con la matización de que esas economías han gozado realmente de estos recursos crediticios, no durante tres décadas, sino al menos durante las más de seis transcurridas desde el final de la II Guerra mundial.

Si la crisis actual supone, como cabe razonablemente esperar, la paralización o contracción generalizada del crédito, el citado suplemento de crecimiento habrá pasado a la historia. Si suponemos que los mercados cotizan correctamente el valor de las mercancías, concluiremos que deben hacer otro tanto con el del conjunto de la economía y que, por tanto, acabarán reconociendo que, puesto que un buen porcentaje del crecimiento podría haber sido mera apariencia –la de la, hasta ahora, imparable «burbuja de deuda»–, nos estamos dando de bruces con la realidad de que ya somos bastante más pobres de lo que creíamos. Lo somos ya, porque la burbuja ha explotado ya. Aunque eso no quiera decir que los efectos de ese estallido se perciban todos de forma inmediata…

Lo primero que puede suceder, incluso suponiendo –lo cual no es muy probable– que el paquete de medidas adoptadas por el gobierno estadounidense baste para estabilizar el sistema financiero, es el tipo de catástrofe económica que prevén los responsables de su política económica. En su comparecencia ante el Senado, el 23 de septiembre, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, sugirió que el Congreso «no tenía otra salida que apoyar la intervención del Gobierno si querían mantener abierta Wall Street». Y es que –añadió– «si las condiciones financieras no mejoran rápido, las implicaciones para el conjunto de la economía serán severas […y] se perderán empleos, la tasa de paro crecerá, más viviendas serán desahuciadas y el PIB se contraerá».

¿Pero qué ocurrirá si, como cabe llegar a temer, no estamos ante «la mayor crisis económica desde la Gran Depresión», sino ante el comienzo de lo que podría pasar a conocerse en el futuro como la Grandísima Depresión? No olvidemos que, antes de la «Gran Depresión» que se desencadenó en 1929, hubo otra, a fines del siglo XIX, que hasta ese momento era conocida así. Pero eso no importa. Lo importante es que, tanto si la actual supera o no, en gravedad, a la de los años 1930, deberían preocuparnos las consecuencias sociales y políticas, más allá de las puramente económicas, que pueden producirse. Y es que, cuando una parte importante de la población se empobrece de forma significativa, aunque sólo sea «relativamente», cuando pierde unos ahorros que ha estado acumulando durante toda una vida, cuando el desempleo alcanza a sectores sociales de clase «media» que tradicionalmente han quedado al amparo de esa eventualidad…, y lo hace durante largos periodos de tiempo, nada «bueno» puede suceder.

No hay por qué buscar paralelismos artificiales con otras situaciones similares que ha conocido la historia. Pero esta demuestra que, en situaciones de crisis como la que puede sobrevenir, la gente no se queda en casa pasivamente, esperando la calma tras la tempestad. Ocurre que se amplía el campo para la demagogia política y, más importante, se crea el caldo de cultivo para ideologías y prácticas políticas temibles. Si alguien pregunta si estamos sugiriendo la posibilidad de un nuevo fascismo, habrá que responder que sí.

Es verdad que el «lado malo» de la historia es «necesario» en un sentido estructural y como tendencia a largo plazo. También tiene su aspecto positivo y creador, pues sin él la historia no avanzaría en la práctica, tal como ha hecho siempre. Marx escribió que «es cabalmente el lado malo el que, dando origen a la lucha, produce el movimiento que crea la historia». Pero estaba refiriéndose al feudalismo en su conjunto, algo tan general y global como un «modo de producción», y no hacía predicciones a corto plazo. Sólo quería advertir contra «la empresa absurda de borrar la historia», de quienes dibujan un cuadro idílico de la sociedad, fijándose sólo en su «lado bueno» y eliminando «todo lo que ensombrece este cuadro» –según él, «la servidumbre, los privilegios y la anarquía» en el caso del feudalismo.

De esto podemos extraer varias enseñanzas. Por un lado, tanto quienes favorecen o no la «intervención» estatal, maticen como maticen las relaciones Estado-mercado, deberían no olvidar este lado «malo» de la historia, convertido ahora en «la servidumbre, los privilegios y la anarquía» del capitalismo. También esto hará rodar la historia, como lo hará la gran crisis en que nos hallamos: no es por tanto la nuestra una perspectiva «progresista» como la de la modernidad clásica, sino que, precisamente por resaltar el papel activo y creador del «lado malo», trasciende su trasnochado optimismo.

La crisis actual no sólo contribuye a la pérdida del optimismo que lamentan algunos. Cuando los que quieren defender el statu quo no ven más que un «horizonte de peligros y amenazas», atrapados como están en «una espesa red de temores de todo tipo», lo hacen porque no tienen más alternativa que el pesimismo y «la defensa activa de lo dado». Pero lo contrario no conduce a «recuperar un cierto optimismo ilustrado» sino, en efecto, a «mirar el peligro a la cara», empezando por ser conscientes de que la sociedad conservadora siempre ha tenido miedo al cambio, y la clase dominante a perder sus privilegios. Sólo se puede ser optimista, y realista a la vez, desde la conciencia del lado malo de la historia.

Y esa conciencia nos impone hoy una doble realidad. A largo plazo, el dolor de los que sufren esta sociedad puede convertirse en algo bueno si termina contribuyendo al cambio que desean. Pero no todo lo malo es bueno en última instancia, y es ese mal «innecesario» el que debemos evitar. Piense el lector si las palabras (de 1986) del premio Nobel de economía James Tobin (que no menciona los regímenes fascistas que entonces surgieron) describen una buena o mala realidad, «necesaria» o no: «Hace medio siglo, cuatro años de caída total de la actividad económica mundial [1929-1932] provocaron un paro masivo. La mayor parte del mismo persistió durante los seis años de recuperación anteriores a la segunda guerra mundial [1933-1938]. Fue la guerra mundial la que trajo consigo escasez de mano de obra y de todo lo demás».

La ¿«grandísima»? depresión y el «lado malo» de la Historia - El Revolucionario
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"Este país tiene 2 problemas que se tendrían que situar por encima de los demás que son la educación y la vivienda.Y esto es una verdadera tragedia nacional.Yo no creo que la gente pueda ser verdaderamente autónoma y responsable si no está emancipada.Un país en el que la gente se emancipa a los 30 años lleva una carga,un retraso en autonomía ,en responsabilidad y en capacidad de ser por sí mismo que se tiene que pagar forzosamente "
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¿más marx? MAD MARX!!!!


Pd.¿Por españa? Mientras españa siga siendo un reino bananero sin verdadera separación de poderes, con jefe del estado hereditario, donde los partidos políticos son internamente las instituciones más nepóticas y antidemocraticas que existen mientras quienes gobiernan en realidad son botines y poceros y donde el choricerismo es premiado y campa por sus respetos por mi pueden ir dándole por donde amargan los pepinos...
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Tocho interesante

El Capitalismo Mundial fue revolucionario para la humanidad a nivel económico y social hasta principios del siglo XX
Crisis final del capitalismo: economía global y ciencia en un mundo de tamaño finito
Hoy como nunca cobra vigencia el método general de análisis y transformación de la sociedad humana; aportado inicialmente por Federico Engels y Carlos Marx
Martes 21 de octubre de 2008, por Jorge Antonio Montemayor Aldrete
Es cada vez más clara la necesidad creciente de desarrollar nuevos energéticos renovables que sean alternativos a los combustibles fósiles los cuales se encuentran en acelerado proceso de agotamiento. Este desarrollo en ningún caso deberá competir con la alimentación de seres humanos



Ciertamente, Jorge Washington, si levantara la cabeza, se espantaría de lo que sucede
Hoy como nunca cobra vigencia el método general de análisis y transformación de la sociedad humana; aportado inicialmente por Federico Engels y Carlos Marx; el cual se basa en las conquistas más generales de la ciencia, en el estudio del desarrollo histórico de la humanidad y en el uso de la filosofía dialéctica para el análisis de la realidad externa.

Introducción

El Capitalismo Mundial fue revolucionario para la humanidad a nivel económico y social hasta principios del siglo 20, cuando Alemania, se enfrentó al problema de tratar de vender su producción en el exterior del país. Los industriales alemanes se encontraron que los territorios donde podrían vender sus productos tenían dueños, Inglaterra, Francia, Holanda, etc. que se resistían a dejar entrar productos alemanes a sus dominios. La solución capitalista alemana fue organizar y desatar la Primera Guerra Mundial para cambiar las cosas a su favor y conseguir territorios, materias primas, así como energéticos y mercados para sus productos. Esta guerra causó 40 millones de muertos. De esta guerra surge la primera nación socialista, la antigua Unión de Repúblicas Soviético Socialistas (URSS).

La Segunda Guerra Mundial la empezó Alemania Nazi para impulsar los mismos objetivos ya mencionados, se planteaban además invadir la URSS para recuperar ese territorio y población al servicio de la explotación capitalista. En esta guerra los nazis alemanes con el bombardeo de Guernica en España, iniciaron la bárbara costumbre de bombardear ciudades pobladas por civiles, mientras en Asia los militaristas japoneses lo hicieron bombardeando civiles en China. Estados Unidos de América llevó este bárbaro comportamiento al límite de lo inhumano con el cruel experimento de bombardear dos ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas, ello sirvió de advertencia tanto a la URSS como al resto de los pueblos del mundo de lo que son capaces de hacer los imperialistas estadounidenses en defensa de sus intereses económicos. En total en esta guerra imperialista por un nuevo reparto del mundo murieron 60 millones de personas. Al fin de ella, surge La República de China Popular, y llega al término el colonialismo europeo al liberarse muchos territorios de Asia y África previamente sojuzgadas.

En 1948, se fundó la OTAN bajo la dirección y el predominio de los Estados Unidos de América; su objetivo hacer un frente militar común de los países capitalistas europeos contra la URSS. Posteriormente Europa, y Japón gracias a la inversión de Estados Unidos de América en sus territorios se desarrollaron de manera creciente llegando a consolidar junto con Estados Unidos de América lo que se conoce como el Imperialismo Global. Dentro del papel auto asignado de Ejército principal del Imperio Global, Estados Unidos de América, desde 1947 ha causado un poco más de 30 millones de muertes por todo el mundo a través de 240 intervenciones militares, mientras ejerce su supuesto derecho a accesar libremente a todo aquello que considere valioso o estratégico para su funcionamiento como sociedad consumista y derrochadora, bajo el pretexto de llevar a todos lados su modelo de sociedad. Además, desde 1947 a la fecha en el mundo han muerto de hambre alrededor de 125 millones de seres humanos, muertes que pudieron evitarse con un sistema económico centrado en las necesidades de la especie humana y no en la máxima ganancia para unos cuantos. ¡Y eso ocurrió en tiempos de relativa calma cuando el Imperialismo tenía frente a si a la Unión Soviética que lo frenaba, imagínense que serán capaces de hacer ahora en la era de la crisis final del capitalismo que apenas empieza; a menos que se le haga frente de manera inteligente!

La etapa actual del desarrollo socio-histórico de la humanidad.

Crisis fundamentales:

En el marco teórico de los ciclos largos económicos de Kondratiev, dos tipos de actividades despuntan como centrales en la etapa actual de desarrollo de la Humanidad, que comenzó a fines de los años 70 del siglo pasado: La necesaria revolución de los medios de producción asociada a cambios fundamentales en las fuentes de energía en que se basa la producción; y los cambios fundamentales que ocurren en las herramientas básicas mediante las cuales se lleva a cabo dicha producción, debido a la masiva irrupción de los robots industriales y las computadoras.

1) Es cada vez más clara la necesidad creciente de desarrollar nuevos energéticos renovables que sean alternativos a los combustibles fósiles los cuales se encuentran en acelerado proceso de agotamiento. Este desarrollo en ningún caso deberá competir con la alimentación de seres humanos. Aunque fuese buen negocio para unos cuantos capitalistas deshumanizados, no es aceptable a nivel ético la producción masiva de bio disel a partir de oleaginosas (semillas de girasol, etc.); o de alcohol etílico (etanol) a partir de cereales (Maíz, trigo, arroz) por cuanto ello, eventualmente, significaría la muerte lenta con sufrimiento por hambre, o desnutrición, de miles de millones de personas.

2) Es sin duda sorprendente el desarrollo, perfeccionamiento, y la extraordinaria difusión y uso de las computadoras y de los robots por la sociedad y la industria; igualmente ha ocurrido un gigantesco incremento en la productividad de las máquinas asociadas. Y por supuesto, se han producido los crecientes problemas político-sociales de los cientos de millones seres humanos desplazados por dichas tecnologías, que requieren de la capacitación y educación para integrarse eficazmente dentro del quehacer humano de la dinámica sociedad actual. Así se van produciendo también los problemas económicos, políticos, y sociales asociados con: a) la caída abrupta de la tasa de ganancia en este período de la historia; tanto por los crecientes costos de las fábricas de producción de los autómatas fabriles (robots), y de las computadoras; como por la correspondiente disminución absoluta del número de trabajadores explotados susceptibles de aportar plusvalía. b) los costos indirectos o externalizados de mantener funcionando a los ecosistemas dentro de un esquema basado en la maximización de la ganancia a corto plazo. Y por último, las implicaciones que todo ello tiene sobre la inviabilidad a largo plazo del sistema capitalista dentro de un planeta de tamaño finito.

Situación en la cual aparecen las crisis fundamentales

La situación científico-social mundial actual aporta las condiciones que permiten la solución de fondo a las crisis fundamentales ya mencionadas, en beneficio de toda la población mundial; y de los ecosistemas planetarios. Sin embargo, la codicia sin límites de unos cuantos que persiguen la máxima ganancia, objetivo que no están logrando según información financiera reciente, apunta a llevarnos a todos, ellos incluidos, al desfiladero de la extinción. ¡Existen alrededor de cien mil ilusos mal llamados capitanes de industria y de finanzas que se empeñan en ser los más ricos del futuro panteón llamado planeta Tierra!

a) Las dos crisis se presentan cuando aparece el despertar a la conciencia de que aquello de lo que depende la vida en el planeta, como son: la diversidad genética de los ecosistemas naturales, el agua, la calidad del aire, y el calentamiento global, no deben ser contemplados como mercancías; ni tienen precio expresable en unidades monetarias o económicas. Y de que todos aquellos recursos de los que depende la existencia y supervivencia de la especie humana no deberán ser considerados en el futuro como mercancías, so pena de extinción de la especie.

b) Las dos crisis fundamentales aparecen cuando se presenta un desarrollo científico tecnológico acelerado, sin precedentes tanto por su amplitud, su intensidad; así como por su profundidad y continuidad.

c) Estas dos crisis fundamentales coexisten con la aparición paulatina y creciente de la conciencia de la finitud práctica del planeta Tierra; y de que los efectos secundarios de la creciente actividad humana son en muchas ocasiones adversas a la continuidad de la vida en el planeta. En otras palabras, la conciencia de la creciente necesidad de desarrollar al máximo posible las capacidades científico-técnicas y humanas requeridas para afrontar, con éxito, una gran cadena de diversas crisis, que se deben resolver de manera específica so pena de desaparición de una gran parte, de la especie humana que actualmente habita el planeta.

Población mundial, recursos planetarios y consumismo.

Sí toda la humanidad aspirara a vivir al nivel de los estadounidenses, los recursos de SIETE planetas como la Tierra no serían suficientes para cubrir la demanda.

Es más, las actuales reservas de ciertos minerales estratégicos, como las reservas mundiales de hidrocarburos no alcanzan para más de treinta años al ritmo del consumo previsto; y los estadounidenses plantean además utilizar maíz y otros granos para producir etanol como fuerza motriz de los automóviles. Ello, sin que EE.UU. se plantee abandonar su dominio económico-militar sobre el Medio Oriente petrolero. Lo anterior plantea riesgos para la soberanía de muchos países petroleros; y para los pobladores pobres del planeta que quedarían sin alimentos.

Ante la situación angustiante esbozada en los dos párrafos anteriores existen dos posibles soluciones:

La primera, la cual ha sido puesta en práctica por algunas de las naciones más guerreras del planeta, como Estados Unidos de América, es la de que una minoría se apodere de los recursos estratégicos del planeta en un intento de preservar a como de lugar su modo de vida consumista, el llamado “American Way of Life”, en beneficio de unos cuantos. Según esa solución no declarada, pero sí impulsada en la realidad el otro 90 o 95% de la humanidad se reunirá prematuramente con su creador; o a ver que carajos hace. Todo ello disfrazado mediante discursos floridos, adornados con bellas palabras y conceptos acerca de la democracia, la paz, la libertad, la civilización occidental y otras que ya se conocen; y las que se les ocurran a los defensores del Imperialismo en el futuro.

La segunda solución es trabajar por la satisfacción de las necesidades materiales básicas de todos los seres humanos en un escenario que comparado con el estándar estadounidense, requiere de una reducción del ritmo de consumo promedio de recursos mundiales per cápita; y requiere abandonar el modelo económico llamado capitalismo.

En otras palabras: una solución la consumista sólo es viable para un porcentaje de la población mundial de entre el 5 y el 10 % de la misma; y eso mediante guerras imperialistas de rapiña por los escasos recursos mundiales. En la otra solución, la sustentable para toda la población actual de la Tierra se requiere de una disminución del ritmo de consumo per cápita proyectada a futuro en los países desarrollados; y la aplicación y desarrollo de tecnologías no extensivas en uso de materiales escasos para resolver las necesidades básicas de las grandes mayorías del planeta. Se requiere por tanto desarrollar una revolución conceptual interna en cada miembro de la especie humana para lograr la supervivencia de la especie humana. ¡Problemas globales, exigen soluciones globales elaboradas por todos los que serán afectados; no sólo vamos a otra economía se necesita socializar la toma de las decisiones políticas!

La solución imperialista (o consumista) requiere que las mayorías en todo el mundo se resignen de buen grado, o por la fuerza al destino futuro que le tengan dispuestos sus pretendidos amos o verdugos. La otra solución requiere que los ciudadanos de su país respectivo y del mundo vivan la democracia cotidianamente, como seres humanos con pensamiento independiente; participando en la discusión, análisis y toma de decisiones globales y locales de todo aquello que afecte su posibilidad de supervivencia en el futuro. Para imponer una solución consumista los defensores del sistema necesitan el uso de los Medios Masivos de Adoctrinamiento (También llamados medios de comunicación) para que, dale que dale con las mismas ideas y cantaletas, produzcan y conduzcan dóciles robots humanos o borregos hacia los objetivos que a ellos convengan. Actualmente en el mundo se gastan 1.2 millones de millones de dólares al año en propaganda, 20% más de lo que se gasta en armamento a nivel mundial. ¡Así que los medios masivos de adoctrinamiento que revientan cerebros y someten conciencias son más útiles al Imperio para defender sus intereses, que las armas! Por tanto, para impulsar la solución humanista sustentable se necesita desarrollar líderes de masas conscientes, los cuales sean capaces de fundamentar razonadamente sus propuestas; y que además sean capaces de sostener y promover un diálogo entre líderes y masas en cualquier lugar del planeta.

Debemos trabajar cooperativamente con nuestros hermanos estadounidenses más conscientes para ayudarles a liberar a su pueblo del yugo de los aparatos masivos de adoctrinamiento y condicionamiento social. Es fundamental, que el pueblo estadounidense se libere del yugo mental que impone el modelo del consumismo (American Way of Life); y es necesario apurar el paso, puesto que sabemos que los hábitos sociales tardan muchos años en cambiar especialmente cuando su aplicación ha dado lugar a muchos éxitos en el pasado. Es nuestro deber colaborar con los humanistas pacifistas de Estados Unidos de América para promover los métodos no –violentos de resolver las controversias sociales, económicas y políticas; y el respeto al orden internacional. «Debemos ayudar a que el pueblo estadounidense entienda en lo más profundo de su ser Que entre los individuos, como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz» como afirmó el Lic. Don Benito Juárez García conductor hasta la victoria del pueblo mexicano en su lucha contra la invasión en México por el imperialismo francés del siglo antepasado. Esto constituye un problema excepcionalmente agudo en esta etapa de creciente limitación práctica en la oferta real de recursos naturales de gran demanda. El tiempo apremia y nuestras fallas en esta labor significarán más muertes de seres humanos en los países ricos en recursos naturales de gran demanda por las economías poderosas, y pobres en resistencia militar y en la fuerza de sus economías.

Los pueblos europeos, rusos, chinos, indios, japoneses y del medio oriente entre otros, tendrán que adoptar la no-violencia como método de transformación social hacia formas compatibles de economía y humanismo científico mundialmente sustentable a largo plazo. Ello implica el abandono, tanto de la premisa básica del capitalismo como teoría económica: el crecimiento continuo y sin fronteras o límites; como de su defensa por medio de las armas.

Ante el elevado grado de desarrollo y sofisticación del armamento militar del Imperialismo Global comandado por los Estados Unidos de América, y su intención demostrada de utilizarlo contra los pueblos del mundo que se oponen a sus designios, es necesario crear por medio de alianzas políticas las condiciones globales que le impidan usar ese poderío en contra de los pobladores de cualquier país.

En un artículo publicado recientemente por la agencia RIA Novosti, el general ruso Leonid Ivashov, experto en materia de defensa, afirma que la principal herramienta de la política estadounidense es el dictado económico, financiero, tecnológico y militar y concluye que al imperio estadounidense sólo se le puede impedir que arrase con los pueblos del mundo mediante una alianza de civilizaciones: la rusa, cuya órbita incluye a la Comunidad de Estados Independientes (CEI); la china; la hindú; la islámica y la latinoamericana. Y si lo ven con cuidado ya se está aplicando.

Debemos enseñar a todo ser humano a no colaborar con quienes los explotan y promueven el consumismo que amenaza la existencia de la especie humana.

Una característica esencial de la no violencia organizada alrededor de la sustentabilidad científica de la vida humana en el planeta consiste en seguir la línea de la menor resistencia por parte del adversario a nuestras acciones en toda la etapa de la necesaria revolución interna de la conciencia de todos los pueblos que habitan el planeta. Si seguimos una táctica adecuada, nuestra acción de resistencia civil de golpear al adversario en su línea de menor resistencia será crecientemente posible. Ello se logrará sí los trabajadores intelectuales se asocian con las masas populares; y por tanto se combinan la inteligencia educada y la fuerza organizada; entonces se llegará a consolidar una fuerza social irresistible. Sí llegamos a la condición anterior la necesidad de la lucha armada para resolver el dilema: Consumismo para unos pocos privilegiados ó humanismo científicamente sustentable para toda la humanidad; no existirá más. La Paz es el camino, debemos tomar muy en cuenta las enseñanzas de resistencia civil pacifica,- teoría y practica – de Gandhi, Martin Luther King y de Nelson Mandela.

A fin de cuentas el conflicto que existe entre la propuesta del consumismo y la del humanismo científicamente sustentable es el conflicto que existe entre: la economía abstracta que produce para satisfacer las necesidades del mercado en perpetua expansión y que actualmente considera a la moneda, el oro y la acumulación de capital como un fin en sí mismo; y la economía concreta que utiliza el capital y la moneda como un medio para promover el desarrollo de la economía al servicio de los seres humanos reales.

Economía sustentable en un mundo de tamaño finito

En esencia, el movimiento económico de los últimos años no contempla un hecho básico de la naturaleza; el tamaño o magnitud finito tanto de los recursos renovables y no renovables del planeta Tierra, así como las limitaciones de los ecosistemas asociados.

Queremos enfatizar un hecho importantísimo: Hemos alcanzado las fronteras de este planeta en nuestras demandas de diversos recursos planetarios- hecho al cual no se le da suficiente atención – y es una de las tesis más importantes de este artículo.

No sólo eso, sino que las teorías económicas prácticas; esto es las que se aplican cotidianamente, características de los dos sistemas económicos existentes en el planeta (Socialismo y Capitalismo) no contemplan el hecho de que el planeta tiene tamaño finito.

Para aquellos que no hayan estudiado ecuaciones diferenciales, pueden continuar leyendo, pues la descripción del proceso matemático esta en el texto; amen de que es la ecuación que utilizan con nosotros los bancos en todas sus transacciones. En lenguaje matemático, tenemos que la ecuación básica que en la práctica gobierna la economía del capitalismo o el socialismo viene dada por:

(1) dP/dt=αP

Donde P es por ejemplo el capital o cantidad de dinero que depositamos en un banco a plazo fijo (por ejemplo un año) para que nos de intereses, dP/dt es el incremento del capital en ese año; y por supuesto α es el porcentaje de interés que nos prometió el banco al hacer la inversión. La ecuación anterior, también ha servido para describir de manera aproximada la evolución a largo plazo (decenas de años) del crecimiento poblacional en la tierra, y de la producción económica mundial. ¡Vieron que no fue tan difícil! Por ejemplo: esta ecuación describe bastante bien el uso de los energéticos o el agua por la humanidad a lo largo de más de doscientos cincuenta años. Y es una buena aproximación cuando estamos lejos de haber llegado a las fronteras del sistema de tamaño finito. También sirve para describir el ritmo de aumento de peso de un feto humano con el tiempo dentro del vientre materno, crecimiento exponencial. Este tipo de crecimiento a ritmo constante se interrumpe cuando el feto topa con las paredes de vientre materno y es expulsado. ¡Nacemos! ¡Sí siguiera creciendo así, a los seis meses de nacido llegaría a ocupar el espacio que existe entre la Tierra y el Sol que tiene un radio de 150 millones de Kilómetros!

Durante mucho tiempo, el aumento en el consumo de agua obedeció una ecuación similar a la ecuación (1), en ese período el consumo de agua crecía a ritmo constante, porque todavía existía mucha agua dulce no explotada por los humanos; sin embargo, actualmente conseguir agua adicional es cada vez más difícil; y llegará el momento en que ya no pueda aumentar más el consumo total. Todos sabemos que el agua dulce o potable, si bien es un recurso que se renueva, día con día, mediante la acción de la luz solar sobre el agua de los mares; resulta que la cantidad anual de agua dulce aprovechable es finita; y recientemente se han visto esas limitaciones. Aumentar la disponibilidad de este recurso implica un incremento en el uso de energía por la especie humana. ¿Por qué ocurre esto? Porque estamos llegando a los límites de producción de agua dulce del eco-sistema llamado Tierra. Y cuando vamos llegando a los límites de producción de un sistema como la Tierra; entonces ya no se obedece la ecuación (1). Llegará el momento en que aún con un incremento en el uso de energía y de inversiones, ya no se puedan construir más presas u ocurrirá que las pérdidas por evaporación o filtración hacia el subsuelo limiten el incremento en el consumo de agua. Para este tipo de situaciones tendremos que la ecuación válida para describir el sistema será:

(2) dP/dt=αP-βf(P)

Donde el término negativo βf(P) corresponde a lo que requiere la naturaleza de la especie humana para seguir trabajando. Cuando estos dos términos en la ecuación anterior se equilibren habremos llegado al límite superior en nuestro consumo total de agua dulce en el mundo. Esto pasa con el agua dulce y de manera similar se puede analizar cualquier otro recurso o mercancía que use o produzca la humanidad; ¡todo tiene límites a su crecimiento!

Por ejemplo el crecimiento de la economía total de la Humanidad llegará un momento en que alcanzará un límite superior y ya no podrá crecer más; llegada esa situación lo que se produzca será para reemplazar lo que se desgastó en el ciclo económico previo. Y los únicos cambios vendrán por la vía de la ciencia y la tecnología; pero sin producir ningún cambio neto en la actividad económica global en el planeta. La ecuación (2) establece claramente, que en algún momento, próximo, la actividad económica en los países capitalistas y socialistas mostrará una caída tendencial irreversible en la tasa de ganancia global; y que eventualmente dicha tasa llegará a tener un valor promedio cero. De ahí en adelante ya no existirá el crecimiento económico neto. Lo anterior implica la caída por quiebra económica, del sistema capitalista, y la transformación de los sistemas económicos socialistas de acuerdo con el hecho que implica el tamaño finito del planeta. Esto a menos que los dueños de los países capitalistas más ricos exterminen miles de millones de pobladores de países pobres mediante la guerra militar, económica y alimentaria; y consigan así para ellos una mejoría artificial y temporal a costa de mucha sangre y muertes de sus pueblos. Para sobrevivir como humanidad en plano de igualdad y justicia, será necesario impulsar globalmente la propuesta económica-política del humanismo científicamente sustentable. Para ello es necesario basar las acciones en una ciencia y una economía concreta centradas en el deseo- necesidad de la humanidad de sobrevivir en armonía con los ecosistemas planetarios.

Los profesionistas, científicos, técnicos, sabios humanistas y políticos se irán enfrentando crecientemente al dilema de poner sus talentos y saberes al servicio de la sustentabilidad científico-humanista a nivel mundial; o ponerlos al servicio del gran capital financiero capitalista que promueve el proyecto mundial del consumismo que busca no solo convertir a todo ser humano en consumista insaciable , sino convertir todo recurso natural: agua, aire, luz, paisajes, salud, cultura, educación y ecosistemas en mercancías accesibles sólo para quienes puedan pagar por ellos.

Sí trabajamos con cuidado, en la economía pasaremos al sistema propuesto por Carlos Marx «de cada quien según su capacidad; a cada cual según su necesidad»; y viviremos en un gran jardín del Edén cuidado por la especie humana, pero aquí, aquí en la Tierra.

¡Socializar la economía dentro de un planeta finito!, y ¡Socializar el poder político a nivel planetario!

Crisis final del capitalismo: economía global y ciencia en un mundo de tamaño finito - El Revolucionario
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"Este país tiene 2 problemas que se tendrían que situar por encima de los demás que son la educación y la vivienda.Y esto es una verdadera tragedia nacional.Yo no creo que la gente pueda ser verdaderamente autónoma y responsable si no está emancipada.Un país en el que la gente se emancipa a los 30 años lleva una carga,un retraso en autonomía ,en responsabilidad y en capacidad de ser por sí mismo que se tiene que pagar forzosamente "
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Este vicio del antiteoricismo está, como se sabe, muy difundido por todas las escuelas de pensamiento
¿Nos sirve la teoría marxista para entender mejor la crisis económica actual?
Marx no era un reformista cualquiera, sino especial

Miércoles 28 de enero de 2009, por Diego Guerrero
Defendemos la dictadura del proletariado, que es la única forma de ejercer la democracia con minúscula, menos rimbombante que la Democracia burguesa, y menos gótica que la que sale de la Imprenta estatal que se encarga de dejar bonitos los ejemplares de la Constitución, pero mucho más llena de contenidos y más pegada a las necesidades de la mayoría


En marzo de 2001, cuando se reunió en Madrid el grupo de coordinación que preparaba las VIII Jornadas de Economía Crítica de Valladolid (28 de febrero y 1-2 de marzo de 2002), comentábamos algunos de los participantes, en un interludio jocoso de la reunión, el enésimo dato «oficial» que el gobierno estadounidense estaba utilizando para demostrar, a través de los serviciales medios de comunicación de todo el mundo, que no se acercaba ninguna crisis. Algún economista marxista presente en la reunión se creía, como es más habitual de la cuenta, los infundios de los Greenspan y compañía, y llegó a opinar incluso que «los que siempre andamos con la crisis a cuestas» alguna vez tendríamos que acertar, como le tiene que ocurrir a Galbraith con su perenne pronóstico de crisis. A continuación, este mismo amigo preguntó si habría crisis un año después (en marzo de 2002), a lo que alguien contestó que en las JEC de Valladolid (previstas para esa fecha) no se hablaría de otra cosa. Pues bien, las JEC ya han pasado, en ellas se habló, efectivamente, mucho de crisis (y de otras cosas), y, mientras tanto, los economistas oficiales nos anuncian que la crisis ya ha pasado —cosa en verdad de lo más curiosa, porque resulta que ha pasado de largo una supuesta crisis que, según ellos, nunca había llegado (salvo en la forma de crisis de los cimientos de las torres gemelas el 11-S y los pequeños «daños colaterales» resultantes, que poco tienen que ver directamente con la crisis económica)—.

Pues bien, los dos participantes en aquel diálogo –«¿Habrá crisis?», preguntaba uno; «Claro que la habrá –decía el otro—; ya la hay, de hecho»— se unieron meses después para dirigir conjuntamente un curso académico (organizado por la Universidad Complutense de Madrid, la Fundación de Investigaciones Marxistas y la Fundación Sindical de Estudios de CC.OO.), titulado precisamente «La gestión capitalista de la crisis actual». De este curso, que se desarrolló en el segundo cuatrimestre del curso 2001-2002, se llevaron a cabo tres de sus sesiones semanales. En la primera (22-II-02) intervino uno de los codirectores del curso (Carlos Berzosa), que habló sobre el tema «La crisis económica actual y sus posibles salidas». En la tercera (8-III-02) habló el otro codirector (Diego Guerrero), que lo hizo sobre el mismo tema que da título a este artículo. Y, entre medias, contamos con la intervención (aunque ninguno de los codirectores pudo asistir, por encontrarse ambos en las JEC Valladolid) de Omar de León (1-III-02), que habló sobre «La crisis económica en Argentina: antecedentes, actualidad y salida».

Estos cursos UCM-FIM-FSE tienen una estructura interesante, y no lo es menos el hecho de que el curso sobre la crisis (curso IV) coincida en el tiempo y en el espacio con otro que se desarrolló simultáneamente sobre «Teoría crítica y neomarxismo» (curso III; los cursos I y II se desarrollaron durante el primer trimestre). De forma que la dinámica de hecho consiste en: 1) la intervención del ponente del curso III que toca ese día, 2) un breve descanso, 3) la intervención del ponente correspondiente del curso IV, y 4) finalmente, un debate general en el que el público presente puede participar y entremezclar las cuestiones sugeridas en ambos cursos, lo que provoca un resultado final que es ampliamente gratificante por la interdisciplinariedad y el poco respeto con las fronteras académicas excesivamente rígidas (esto es especialmente grato para los miembros honoríficos de la inexistente ONG «Aduaneros sin fronteras», entre los que se cuenta servidor).

Pues bien, el 22 de febrero, la intervención de Carlos Berzosa coincidió con la de Margarita Campoy (sobre «Genealogía del discurso», expresamente referida a la Escuela de Frankfurt), y el 8 de marzo la intervención de Diego Guerrero coincidió con la de Antonio García Santesmases, quien disertó sobre el tema: «¿Existe una teoría del Estado marxista?». La doble experiencia en el local de CCOO y la presencia en las JEC de Valladolid permiten poner ahora por escrito algunas de las reflexiones que se hicieron oralmente en ambos foros, y esto es precisamente lo que se hace en lo que resta de artículo.

1. Crisis, Estado y reformismo

A mi juicio, la ponencia de Carlos Berzosa estuvo bien, aunque sin abandonar del todo los «vicios» intelectuales que llevo tanto tiempo criticándole. Uno de ellos es el «antiteoricismo», vicio que se puede predicar de todos aquellos que le acusan a uno (y a otros que hacen lo mismo que uno) de encerrarse en su casa y refugiarse en los libros y en el internet, aislándose así, supuestamente, del resto del mundo, para escribir discursos teóricos abstractos que, en su opinión, poco tienen que ver con el mundo real. Pareciera que la solución contra este planteamiento erróneo consiste en irse a escribir al aire libre o al menos a un sitio tan concurrido como era, y sigue siendo, el Café Gijón.

Este vicio del antiteoricismo está, como se sabe, muy difundido por todas las escuelas de pensamiento. Sin embargo, el segundo «vicio» del que acuso a mi amigo Berzosa, aun siendo también muy popular, se reduce al ámbito de la literatura marxista. No es otro que el que ya denunciara hace veinte años el gran marxólogo español Felipe Martínez Marzoa, vicio que se comete cuando, sin olvidar que son posibles infinitas lecturas de Marx, uno no recuerda que también hay lecturas de ese autor sencillamente imposibles. Por ejemplo, la lectura que hace Berzosa de Marx —como un «reformista»— no se puede tragar ni con el más exquisito pan y tumaca.

Porque, claro, aquí se hace preciso matizar el uso de los términos. Tal y como explico en clase, en puridad todos somos «reformistas», al igual que todos somos «progresistas» y a la vez «conservadores». Comprobemos empíricamente si esto es así. Yo observo a mi alrededor y no conozco a nadie que no quiera reformar algo, de donde deduzco que Berzosa no es ni más ni menos reformista que yo, que Campoy o que Santesmases; y ello, por la sencilla razón de que, desde Stalin a Hitler pasando por el «bambi» Zapatero, todo el mundo se apunta a la necesidad de las reformas. Más dudoso, en cambio, es que todos seamos progresistas; pero, pensándolo bien, hasta los más reaccionarios deben de tener su propia e idiosincrática noción del progreso (¿o es que alguien duda de que los cangrejos también forman parte de la ley general de la evolución y el progreso de las especies?). Por último, en cuanto a lo del conservadurismo se refiere, todos los revolucionarios que conoce la historia querían hacer una revolución para acabar con un statu quo, pero, al querer mejorar la situación de quienes sufrían ese statu quo, querían al mismo tiempo conservar y ampliar el volumen y variedad de lo bueno que éstos ya tenían conseguido (o conquistado) dentro del sistema pretendidamente objeto de esa revolución.

Sin embargo, no debe olvidar el lector que lo anterior viene a cuento por aquello de las posibles e imposibles lecturas de Marx. Y a este respecto, debo señalar que Marx no era un reformista cualquiera, sino especial; es decir, uno de los que pertenece a esa minoría de reformistas –y ojalá otros pudiéramos pertenecer a ese grupo— que no retroceden ante la posibilidad o eventualidad de una revolución.

Uno vez aclarado este punto, se comprenderá mejor qué es lo que se suele entender por «reformista» en el lenguaje habitual. Un «reformista», en este sentido más restringido y corriente, es el reformista que sólo admite las reformas que no conduzcan a la revolución y que, además, habitualmente piensa que los que no son reformistas en este sentido es que están locos o no tienen los pies en la tierra. A esta categoría de reformistas pertenecen mi amigo Carlos Berzosa y también el simpático colega Santesmases. Pero, evidentemente, a esa categoría –repito— no pertenecía Carlos Marx.

Pero vayamos al tercer «vicio» que denuncié en público el 8 de marzo, y que podríamos bautizar, así a bote pronto, como el vicio del «maticismo». Quiero decir: el abusivo y repetitivo recurso al sonsonete de que «hay que matizar», como si los demás no supiéramos lo que es un matiz. Lo que se opone al maticismo es precisamente la práctica de quienes pretendemos colocar los matices en su sitio, en el lugar que les corresponde, que no es otro que el de ir detrás de la caracterización general. Por ejemplo, antes de entrar a matizar las características de la naturaleza de clase del Estado romano en los periodos, digamos, de la República, del Consulado o del Bajo Imperio, es fructífero convenir en que, en todos los casos, dicho Estado representaba bastante más los intereses de clase de los propietarios de esclavos que los de los esclavos mismos. Una vez puesto eso en claro, procede entonces el matiz, y se puede hablar, por ejemplo, de que, como consecuencia del cambio en la composición interna del patriciado, de los plebeyos o de los esclavos, el gobierno no era exactamente igual en el siglo II antes de nuestra era que el siglo II de nuestra era. Vale: si es así, entonces estamos de acuerdo.

Pero, puesto que este ejemplo sale a relucir en honor de Santesmases –que no es economista—, añadamos un segundo ejemplo del campo más propiamente económico. Por ejemplo, traigamos a colación el modelo de economía capitalista pura (de dos clases) que desarrolla Marx en El capital. Los marxistas que han leído a otros marxistas, pero suelen haber leído poco a Marx, olvidan (o nunca aprendieron) que Marx dejó escritas numerosísimas páginas en las que hablaba de una multiplicidad histórica de clases (sin ir más lejos, sus análisis de la Francia de la época de Napoleón III nos pueden servir de prueba). Ahora bien, lo que distingue a un teórico de alguien que no es capaz de moverse con soltura en las tablas de la teoría es que el primero necesita modelos que, como los mapas, representen la realidad, pero que no pretendan representarla a escala 1:1, porque esto, aparte de imposible, es completamente inútil. Por tanto, aunque en la realidad haya más de dos clases, en el modelo puede haber un número menor.

A este respecto, yo vengo enseñando en mis clases de Economía política que el punto decisivo para empezar con la explicación es si debemos usar los modelos neoclásicos «de cero clases» o el modelo de Marx («de 2 clases»). En los primeros, la conclusión que se saca es que todos somos de la misma clase, puesto que los «agentes económicos» se reducen a las empresas (que maximizan beneficios) y a los individuos (o familias: siguen sin aclararse en este punto, aunque al parecer ambos maximizan algo así como su «utilidad subjetiva neta»). Y como, en cuanto individuos, todos somos iguales en la medida en que quedamos reducidos a meros consumidores (salvo los muertos) y propietarios (de un «vector de factores semidefinido positivo»), la conclusión aparente es que todos somos de la misma clase, lo que equivale por definición a negar la necesidad de establecer clases, o subconjuntos, para caracterizar al conjunto (como muy bien saben los matemáticos).

En cambio, en el modelo de Marx y de cuantos, siguiéndolo a él, insistimos en la necesidad de distinguir entre las clases principales en la sociedad capitalista (sea ésta la del siglo XVIII, XIX, XX ó XXI), los agentes individuales se comportan de manera muy diferente según a qué clase pertenezcan, y además las clases mismas también deben ser consideradas como «agentes económicos». Veamos por qué, en relación con el ejemplo del dinero. Los asalariados tenemos que vérnoslas continuamente con el dinero, pero nuestra relación con él es del siguiente tipo:

M – D – M

En cambio, los capitalistas se definen básicamente porque se relacionan con el dinero de otra manera:

D - M - D’

Sin entrar aquí a desarrollar este punto, está claro que, mientras nosotros nos vemos obligados a vender nuestra única mercancía (fuerza de trabajo) como medio de hacernos con la llave que nos permite la subsistencia (el salario), ellos fabrican puertas, llaves, bienes de subsistencia y medios de producción, como simple medio de aumentar el dinero del que ya disponen. Mientras nosotros tenemos que dejarnos explotar como condición para sobrevivir, ellos viven por encima de lo que les corresponde gracias a que nos explotan y nos dejamos.

Y nos dejamos, entre otras cosas, porque además de los liberales confesos –los famosos «neoliberales»— los economistas y otro personal están demasiado influidos por las ideas de muchos liberales que, puesto que se distinguen de los primeros, habrá que llamar «paleoliberales». Y no sólo de paleoliberales tipo Keynes y de criptoliberales aparentemente de izquierdas, sino de los liberales más arcaicos que se quedaron en el discurso retórico de la Revolución francesa, una vez que a la burguesía la hubieron aupado las capas populares al lugar adonde quería trepar, que no era otro sino el palco de la carroza del Estado que quería compartir de una vez con sus supuestos enemigos de clase (la antigua nobleza feudal).

Los pocos reformistas que, al parecer, pensamos hoy que veríamos con agrado una revolución –porque las revoluciones no se planifican, sino que se hacen, la gente las hace, y después se teorizan: las teorizan algunos (y normalmente mal); y además no se hacen poniéndose unos cuantos «manos a la obra de la revolución», sino simplemente poniéndose muchos «manos a la obra, pero cada uno en su trabajo de todos los días», sabiendo todos que lo único que hay que hacer es intentar comportarse hoy como se comportaría uno tras la revolución— vemos lógicamente con mucho desagrado cualquier forma de liberalismo. Porque liberalismo es todo lo contrario que libertad. Es la «retórica» de la libertad, esa cáscara vacía: te venden una libertad que se queda en humo, y encima te piden la vuelta.

Los no liberales –y, por tanto, «antiliberales» en un sentido doxográfico— lo somos porque queremos y deseamos la libertad de verdad, que no es sino la suma (o el producto o la potencia) de las muchas libertades que ahora no tenemos y que sólo podremos conseguir arrebatándole el monopolio de la libertad a los privilegiados. Tendremos que arrebatársela y tendremos que dictar las medidas oportunas para evitar que vuelvan a recuperarla. Por eso defendemos la dictadura del proletariado, que es la única forma de ejercer la democracia con minúscula, menos rimbombante que la Democracia burguesa, y menos gótica que la que sale de la Imprenta estatal que se encarga de dejar bonitos los ejemplares de la Constitución, pero mucho más llena de contenidos y más pegada a las necesidades de la mayoría.

Por eso no nos creemos los discursos de los «demócratas» de boquilla, ni de los padres de las constituciones (burguesas) ni de tantos santos liberales –liberales políticos, liberales económicos— que compiten por los votos del mercado electoral. En primer lugar, no los creemos porque no han comprendido que los que escribimos cosas como ésta que ahora mismo estoy tecleando somos (y representamos), para disgusto de muchos, los proletarios del siglo XXI. Tampoco lo comprenden quienes se espantan ante la supuesta «falta de realismo» de servidor y otros que tal bailan, que pareciera que nos ha transportado ya allende el mundo real. En realidad, lo que pasa es que el liberalismo los ha transportado a ellos allende los intereses de su clase, como siempre ha ocurrido, desde antes de que se inventara la famosa y certera sentencia de que «la ideología dominante es la ideología de la clase dominante». Los que no entienden esto simplemente hacen bueno el dicho y le sirven, sin darse cuenta, de demostración y corroboración. Si no fuera así, la ideología de los dominados sería diferente de la ideología de los dominadores, en cuyo caso ésta no sería la dominante. Pero como sí es la dominante, eso significa que también los dominados comparten la ideología de los dominadores.

La parte más ridícula de esa ideología es la que consiste en la fracción de autoconciencia que lleva a tantos dominados a leerse, a verse y a interpretarse a sí mismos, como algo distinto del proletariado. Los miedos subconscientes —heredados de padres, abuelos y bisabuelos de clase media que ya han desaparecido del mapa, y no han dejado en herencia más que su inclusión en la categoría de la «nueva clase media» (que es más vieja, dicho sea de paso, que la vieja de la canción del gorila, de Brassens)— les atenazan las neuronas, les comprimen los racimos nerviosos que confluyen en el nervio óptico y les impiden ver en qué consiste la realidad. Pero la realidad es tan real que termina imponiéndose a sus fantasías pequeñoburguesas. El pequeñoburgués no es el que gana dos o tres veces lo que cobra un obrero manual –hay muchos obreros de mono azul que ganan más que muchos empleados de cuello blanco—, sino el que ha leído sólo dos o tres veces más que un obrero, pero sin llegar al número suficiente de lecturas como para comprender que hay que seguir leyendo mucho todavía antes de entender cómo funciona el mundo, y por qué es tan diferente de como lo cuentan los telediarios y los profesores de las Facultades de Economía y de Políticas de todas las universidades del mundo.

Y, como me estoy cabreando, me paro. Pero otro día seguiré, no le quepa duda a nadie.

¿Nos sirve la teoría marxista para entender mejor la crisis económica actual? - El Revolucionario
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"Este país tiene 2 problemas que se tendrían que situar por encima de los demás que son la educación y la vivienda.Y esto es una verdadera tragedia nacional.Yo no creo que la gente pueda ser verdaderamente autónoma y responsable si no está emancipada.Un país en el que la gente se emancipa a los 30 años lleva una carga,un retraso en autonomía ,en responsabilidad y en capacidad de ser por sí mismo que se tiene que pagar forzosamente "
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demasiada literatura para expresar simples conceptos

- la crisis viene porque la economia consiste en cubrir necesidades, las necesidades que se han creado en los ultimos años son ficticias, basadas en mentiras, egoismos y codicia
las necesidades reales estan supercubiertas

- el desarrollo tecnologico no permite ya mejoras reales en cuanto a rendimiento en los procesos, por lo que el sistema solo es un timo basado en deslocalizacion para a base de jugar con las monedas conseguir un rendimiento ficticio

- la energia y materias primas siempre siguen un modelo inflacionario, por lo que para
crecer es necesario un infinito aparte de esas materias primas, lo que tarde o temprano hacen que colapse y el crecimiento sea imposible

avanzamos hacia una edad de minimo consumo, impuesto por la realidad fisica de la tierra
pueden decir solbes o kruman lo que les salga de las pelotas que la realidad solo tiene un nombre

como ya comente hace tiempo, no hay comparacion con la crisis del 29,
la unica realidad es roma, que practicamente siguio el mismo modelo y asi acabo
en el feudalismo, un estado de minima energia
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joder Que Bueno El Puto Montaje. Resume Totalmente Lo Que Va A Pasar, Joder Que Bueno:d
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LA ENERGIA NUCLEAR MATA
Fukushima-Japón 11/03/2011
Chernobil-Ucrania 26/04/1986
Three Mile Island-EEUU 28/03/1979
Kyshtym-URSS 29/09/1957


Cita:
Iniciado por NosTrasladamus.
¿qué le contarás entonces a tu familia?¿que no hiciste nada porque eso de luchar por tus derechos es de mal gusto, es de pobres, de perroflautas, de vagos?
Este puto país es un infierno de cobardes.

Cita:
Inicado por Scardanelli.
EEUU es básicamente una impresora y 11 portaaviones.

Las calles arderán.
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Antiguo 03-feb-2009, 20:26
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Demoledoramente bueno el primer artículo!!!! Pero bueno, bueno!

No es de extrañar que no lo publicase "el pAis", sería como meterles una bomba H de verdades incomprensibles para sus lectores. Las verdades deberán llegar como por despiste, un error, algo así como lo que hace el gobierno. No sería bueno que los ciudadanos pensaran que sobra un 10 o un 15 o un 30 por ciento de mano obra, y no solo extranjera, sino global, que sobran productos, que no hay más base salarial ni endeuadamiento social medio o bajo para hacerse con ellos.


Como dijo un buen dia un amigo: "el capitalismo no es más que hacer un agujero para rellenarlo después y vuelta a empezar", lo dicho. Destrucción y luego, vuelta a empezar.

Que aproveche la cena
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