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Este dato supone un incremento de 0,54 puntos respecto a la tasa de junio, que se situó en el 1,61%, casi triplica la de julio de 2007, que se situaba en el 0,72%.
E. Contreras
Madrid.- Cuando un conocido banquero aseguraba a principios de año que la morosidad entraría a “tropel” no faltó quién le tachara de agorero. Era el mes de enero y el valor de los créditos impagados apenas representaba un 0,91% de los préstamos concedidos por la banca. Siete meses después, la tasa se ha disparado hasta el 2,22%, un porcentaje desconocido para el sector desde hace una década larga, pero incluso compara bien con los sistemas bancarios europeos y americanos.
Lo peor es que la realidad está cumpliendo al dedillo los pronósticos del alto ejecutivo. Bancos, cajas, cooperativas de crédito y demás establecimientos financieros encajaron durante el mes de julio 9.620 millones de euros en nuevos fallidos, elevando a 40.840 millones el saldo final de morosos. Los impagos contabilizados en un sólo mes son casi lo acumulado por la banca hasta 2005 y baten, incluso, el montante de morosos aflorado entre los ejercicios 2000 y 2007.
La raíz del problema es la misma que devasta a los sistemas financieros mundiales: la falta de confianza. El temor de las entidades financieras a prestarse dinero entresí ante las dudas de que se lo puedan devolver ha espoleado al euríbor, que ahora pesa como una losa en las economías familiares endeudadas hasta cotas límites.
Pero el gran foco de riesgo para la salud de los balances bancarios no son tanto los hogares como las empresas. El número de solicitudes de quiebra se ha triplicado en los últimos meses frente a igual periodo del pasado año y, según algunos expertos, es sólo la punta del iceberg de la crisis económica importada de Estados Unidos. La situación de grandes sociedades como Martinsa-Fadesa tiene mucho que ver en las cifras compiladas por el Banco de España hasta el pasado mes de julio, pero el problema es mucho más amplio.
A la fuerte desaceleración de la actividad económica con el consiguiente impacto en el consumo, se suma la imposibilidad de algunas sociedades a conseguir financiaciones para seguir rodando sus negocios y, lo que es peor aún, lograr renegociar los préstamos que les vencen ahora o refinanciar emisiones de deuda. “Se están dando cero préstamos”, reconocían ayer en una entidad financiera de tamaño mediano, aunque el sector rebate oficialmente haber cerrado el grifo.
La quiebra de Lehman Brothers y la intervención de AIG, la mayor aseguradora del mundo, ha casi devuelto la crisis al peor de sus estadios, multiplicando el grado de desconfianza. Y, si es imposible levantar fondos, la consecuencia directa es restringir la financiación, algo que los grandes bancos centrales del mundo intentan evitar a marchas forzadas con insólitas inyecciones de fondos para suplir a un mercado interbancario roto.
Si hace unos meses, los expertos auguraban una morosidad del 3% al cierre de año, ya comienza a darse por bueno un 4 ó 5%.