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| Reunión de pastores Juan Francisco Martín Seco InSurGente,.- "Si algo se evidencia en esta crisis es que su origen no se encuentra en los salarios ni en la rigidez del mercado laboral ni en el déficit público. Las recetas de los llamados expertos están, por tanto, fuera de todo lugar. Ellos, como papagayos, repiten lo que acostumbran a decir tanto en tiempos de auge como de crisis, repiten lo que conviene a sus señoritos. No ofrecen recetas para salir de la crisis, sino para engordar aún más los beneficios de las empresas y del capital. Como afirmaba en otro artículo, arriman el ascua a su sardina". Estrella Digital/ inSurGente.- Afirman que cuando no se quiere o no se sabe solucionar un problema se suele crear una comisión ad hoc. El Gobierno anda desorientado con la crisis y por eso ha convocado una reunión de expertos. El diccionario de la Real Academia debería definir al experto económico como aquel economista que trabaja en el servicio de estudios de una multinacional o de una entidad financiera o de una asociación empresarial o de alguna fundación dependiente de las anteriores. Sólo son expertos aquellos que están al servicio de las fuerzas económicas, son éstas las que otorgan patente y diploma. Efectivamente, el Gobierno —más bien diríamos la Oficina Económica del presidente, ya que no creo que a Solbes le haya hecho mucha gracia la idea— convocó para el pasado día 24 a economistas de la Asociación Española de Banca, del BBVA, del Santander, de Repsol, de La Caixa, de Caja Madrid, del Instituto de Estudios Económicos (CEOE), etc. Como se ve, todos ellos representan los intereses de las clases bajas y medias. A pesar de que la convocatoria de tan magna reunión se anunció días antes a bombo y platillo, casi nada ha trascendido de lo tratado después de su celebración. Quizás por desavenencias dentro del propio Gobierno. En cualquier caso, no es difícil adivinar su discurso y sus recetas. Flexibilizar el mercado laboral, abaratar el despido, moderación salarial, bajada de impuestos, reducción del gasto público, tal vez alguno apuntara la sustitución de cotizaciones sociales por el incremento de tipos del IVA y, según el sector de procedencia, defenderían o no ayudas públicas a las empresas en crisis. Es muy posible que los de la banca aboguen por que el Gobierno garantice la liquidez avalando, a través del ICO, los préstamos exteriores de las entidades financieras. El Gobierno está desorientado, pero me temo que no más que los expertos. Es lógico que estén confundidos porque esta crisis está poniendo en cuestión casi todos los dogmas sobre los que se ha asentado el pensamiento económico imperante en España, al menos durante los últimos veinte años. Resulta difícil entenderla y sobre todo dar soluciones desde el neoliberalismo económico. La crisis está haciendo presentes de manera incuestionable las contradicciones y los peligros a los que conduce la absoluta libertad en los flujos de dinero y de capitales. Los expertos neoliberales —actualmente todos lo son, y si no, dejan inmediatamente de ser expertos— no se han cansado de repetir que los gobiernos tendrían que actuar de tal o cual forma a fin de lograr la confianza de los mercados financieros. Pero he aquí que ahora los que no son precisamente de fiar son los propios mercados, ya que han fallado todos los mecanismos de autorregulación y las propias empresas encargadas de dar certificado de salud estaban compinchadas con los enfermos, para testificar en falso por un módico precio. El zorro a cuidar el corral. Ahora nadie se fía de nadie, como no sea de los Estados. Ahí andan todos los enemigos de la intervención pública mendigando que el Gobierno avale sus créditos en el exterior, todos los adalides del libre mercado apresurándose a pedir al Estado que ayude a las empresas en crisis y, según parece, el ministro de Industria y la ministra de Vivienda comparten la misma opinión, aunque sea comprando suelo a los constructores. Después de revalorizado y una vez que las empresas y los particulares se hayan apoderado de las plusvalías, se quiere que el suelo retorne al Estado, que tendría que pagarlo a un precio muy superior al de coste. La medida es tan impúdica que hasta desde las filas del PP (su anterior ministro de Hacienda) se ha hablado de privatización de beneficios y socialización de pérdidas. Si algo se evidencia en esta crisis es que su origen no se encuentra en los salarios ni en la rigidez del mercado laboral ni en el déficit público. Las recetas de los llamados expertos están, por tanto, fuera de todo lugar. Ellos, como papagayos, repiten lo que acostumbran a decir tanto en tiempos de auge como de crisis, repiten lo que conviene a sus señoritos. No ofrecen recetas para salir de la crisis, sino para engordar aún más los beneficios de las empresas y del capital. Como afirmaba en otro artículo, arriman el ascua a su sardina. inSurGente.org - Sobre sus libertades
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Si algo se evidencia en esta crisis es que su origen no se encuentra en los salarios ni en la rigidez del mercado laboral ni en el déficit público. Las recetas de los llamados expertos están, por tanto, fuera de todo lugar. Ellos, como papagayos, repiten lo que acostumbran a decir tanto en tiempos de auge como de crisis, repiten lo que conviene a sus señoritos. No ofrecen recetas para salir de la crisis, sino para engordar aún más los beneficios de las empresas y del capital. Como afirmaba en otro artículo, arriman el ascua a su sardina. Cuando las cosas van bien, flexibilidad laboral y moderación salarial para ser más competitivos y seguir en Champions Lij, cuando vienen mal dadas pues lo mismo pero a lo "bestia". Los grandes capitales nunca pierden. Nos van a dar bien por el callejón de la peste.
__________________ Los coñomistas son ejpertos en analizar SIEMPRE los acontecimientos A POSTERIORI |
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| Yo aún diría más: La Economía es una ciencia elaborada por y para los ricos Desde los tiempos inmediatamente posteriores a Adam Smith, cuando nuestra ciencia se empieza a impartir en las universidades anglosajonas y francesas, se puede decir que la economía comienza a configurarse como una ciencia elaborada “por los ricos y para los ricos”. Con alguna excepción, especialmente en los años centrales del siglo XX (caso de New Deal y la política económica keynesiana), se puede afirmar que la elaboración de la mayor parte de las teorías económicas han nacido en las universidades de élite –pertenecientes a los círculos sociales más ricos de los países ricos- y se han proyectado sobre las condiciones de vida de esos mismos círculos de riqueza. De tal modo que en la época actual, la mayor parte de los textos de la economía ortodoxa apenas hacen alusión a la problemática de los más desfavorecidos y, cuando lo hacen, se plantea como una variable exógena al correspondiente modelo económico y con una cierta dosis de “compasión”, pero no como el objeto principal de la Economía como ciencia. Es como si en las facultades de Medicina los enfermos no fueran el objetivo central de la investigación. Prensa económica sesgada No es de extrañar, por consiguiente, que la prensa económica especializada o las secciones de economía en los periódicos ordinarios o en los telediarios sólo ofrezcan las novedades relativas a la Bolsa, los tipos de interés o las fusiones bancarias, a pesar de que estas y otras noticias similares sólo vienen a afectar y a interesar a menos de un tercio de la población mundial. Lógicamente, esta proyección de la Economía ortodoxa sobre las capas privilegiadas de la población a nivel planetario, no está explicitada como tal en los libros de texto, ni probablemente los estudiantes de cualquier facultad de Economía hayan tenido la oportunidad de reflexionar sobre esta distorsión científica, por lo que no es del todo sorpresivo que no se hayan parado nunca a pensar cuál es el verdadero objeto de nuestra ciencia. En su principal obra “Principios de Economía”, el gran Alfred Marshall venía a señalar que el objetivo esencial de la Ciencia Económica consistía en incrementar el bienestar material de la humanidad y lo decía en 1890 con estas palabras: “la Economía es el estudio de la humanidad en los asuntos ordinarios de la vida; y analiza la parte de la acción individual y social que está más conectada con el logro y el uso de los requisitos materiales del bienestar”. Recordando a Victor Hugo Sin embargo, pese a que Marshall, catedrático en la universidad de Cambridge, hace alusión a la humanidad, sus contribuciones teóricas no tomaban en consideración aquella parte de la misma que vivía en la miseria material más extrema, probablemente porque la realidad económica que observaba Marshall, y los economistas anteriores a él, se limitaba a Inglaterra y su área de influencia económica y política. Anteriormente a Marshall, la mainstream del pensamiento económico encarnado en el utilitarismo de Bentham y J.Stuart Mill, tomaron el mercado como pilar fundamental de la arquitectura teórica económica, con lo que las desigualdades sociales se constituían en una norma general que la Ciencia Económica no era capaz de combatir. Este fenómeno era captado incluso por intelectuales de la época que nada tenían que ver con el cientificismo económico. Tal es el caso, por ejemplo, de Victor Hugo cuando en 1862, en su obra Los Miserables, escribe con crudeza: “Inglaterra produce admirablemente la riqueza, pero la distribuye mal; y esta solución, que sólo es completa por un lado, la lleva fatalmente a estos dos extremos: opulencia monstruosa, miseria monstruosa; todos los goces para algunos, todas la privaciones para los demás, es decir, para el pueblo”. Vuelta al antiguo régimen Situados en nuestro tiempo, en un artículo de finales de 2002, Paul Krugman, realiza un análisis de cómo las desigualdades de renta se están acentuando en los Estados Unidos y en otros países occidentales desde la década de los setenta del siglo pasado. Según sus palabras, estamos volviendo a “la realeza del antiguo régimen”, es decir, a una plutocracia en el que las crecientes fortunas de unos pocos compran voluntades, financian campañas electorales y terminan por imponer sus intereses particulares en las políticas impositivas y en las grandes decisiones gubernamentales de carácter económico e incluso político. No obstante, lo que no señala Krugman es que las crecientes desigualdades no sólo se fundamentan en la plutocracia norteamericana, sino que encuentra sus raíces en una Ciencia Económica que, al igual que en el siglo XIX, se sigue elaborando principalmente en las universidades “de prestigio” anglosajonas que se olvidan en gran medida de los sectores sociales menos favorecidos. En definitiva, siglo y medio después, seguimos bajo el esquema de una Economía elaborada “por los ricos y para los ricos”. |
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| Martin Seco, otro nombre a añadir a la (tristemente breve) lista de economistas decentes genial, un 10!! |
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