Iniciado por ORION Banco Bilbao Vizcaya Argentaria
Argentaria ( BEX + CPostal +...) ya que decis de esto: La fusión BBV y Argentaria
(el difícil camino de Francisco González)
Contra todo pronóstico, un broker, llamado Francisco González, propietario de una agresiva agencia de valores bursátiles, iba a convertirse en uno de los más importantes banqueros de España. Nadie hubiera hecho un pronóstico así en los días que por avatares políticos ocuparía la presidencia de Argentaria.
Tras la fusión entre el Santander y el Central Hispano todo el mundo esperaba el anuncio de la unión entre el BBV y Argentaria. Parecía que no existía otro camino. Pero esa realidad iba retrasándose. Además, todos los pronunciamientos respecto al nuevo BSCH eran muy positivos. La fusión se consideraba modélica y la realidad es que la nueva entidad comenzaba a funcionar con muy buena imagen en la opinión pública. Todo ello parecía querer forzar una fusión a los representantes del BBV, muy en la idea de hacer la fuerte competencia al banco recién fusionado. Por ello, a lo largo de los nueve primeros meses de 1999, los rumores sobre la fusión entre el BBV y Argentaria fueron muy fuertes. Pero siempre había algo que lo frenaba. Y la realidad, vista hoy con una cierta perspectiva histórica, es que el BBV deseaba a Argentaria, pero no a su presidente Francisco González.
Enfrentamiento
Además, existía un tenue pero real enfrentamiento del Gobierno con el BBV por cuestión de medios de comunicación. En la actitud de la cadena televisiva Telecinco, contraria, según José María Aznar, a su Gabinete, tenía una gran responsabilidad Emilio Ybarra, presidente del BBV. La familia Ybarra era accionista principal del Grupo periodístico vasco, El Correo Español El Pueblo Vasco —hoy Vocento—, el cual a su vez, controlaba dicha cadena televisiva. El presidente de la misma era —y es—Alejandro Echevarria, líder del grupo periodístico vasco durante muchos años.
¿Era real la oposición al Gobierno de la cúpula del BBV? ¿O se trataba de un “invento” del propio José María Aznar? Pues hay que reconocer que el Servicio de Estudios del banco vasco, dirigido por Miguel Sebastián, flagelaba frecuentemente la política económica del Ejecutivo. Hoy, Miguel Sebastián, forma parte del alto staff del candidato socialista a La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero y, en ningún momento él negó sus simpatías por las llamadas fuerzas progresistas. Pero, además, el número dos del BBV, Pedro Luis Uriarte, había pertenecido al Gobierno vasco. Una gran cantidad de expertos le alineaban con el PNV, lo que él desmentía siempre que podía. Tampoco parecía que el PNV —omnipresente y todo poderoso en Euskadi— gustase de una operación “made in Aznar”. En fin que Uriarte, tras su salida del BBVA, se produjeron una serie de declaraciones de Uriarte de “fuerte sabor” nacionalista y, entre ellas, la historia narrada por él sobre la consecución del Concierto Vasco —en dura negociación con Madrid— y su posterior aceptación del Plan Ibarretxe.
¿Y todo esto que tiene que ver con la fusión con Argentaria y con la dificultad para aceptar a Francisco
González? Bueno de todos es sabido que González fue nombrado por el Gobierno de Aznar para presidir Argentaria y que sustituía a Francisco Luzón, banquero procedente del Banco de Vizcaya, gran amigo del ministro socialista de Economía, Carlos Solchaga, de quien recibió el encargo de normalizar la situación de la banca pública y, sobre el todo, el caso —nada fácil— del Banco Exterior de España. Luzón había “confederado” a todos los bancos del Estado en una entidad sui géneris que llamó Argentaria —argentario significa banquero en latín—, aunque no los fusionó situándolos en el mercado como competidores entre ellos. Contaba con dos entidades de gran tamaño como lo eran el Banco Exterior y Caja Postal y luego otros bancos especializados, fundados por el régimen de Franco y que tenían como fin financiar sectores concretos. Eran el Banco de Crédito Industrial, el Agrícola, el de Crédito Local. Mención importante merecía el Banco Hipotecario, importante entidad con sede en el palacio del Marqués de Salamanca, donde situaría su sede Argentaria y donde, todavía, es usado por el BBVA de Francisco González como edificio de representación. Los dos últimos actos del banco y de la Fundación BBVA se han producido allí.
En esos primeros meses de 1999, con la fusión BSCH funcionando muy bien, como decíamos se había creado un ambiente generalizado a favor de las fusiones. Y todo ello “empujaba” desde la opinión pública y desde los resortes de los mercados bursátiles al BBV a fusionarse con Argentaria, lo único que quedaba.
Pero los lideres del banco vasco desconfiaban totalmente de Francisco González y no veían como podía llegarse a un acuerdo a una persona que contaba con todos los apoyos del Gobierno, lo cual —según Ybarra y Uriarte— restaría independencia al nuevo banco fusionado, que estaría formado por una aportación mayoritaria del BBV, dado su tamaño y aportaciones. Y durante esos tiempos en los que se predibujaba la fusión con Argentaria, desde el BBV se trabajó más por quitar de en medio a González que en los análisis objetivos de la fusión, aunque, obviamente, esos datos objetivos, de “continente y contenido” de Argentaria se conociesen perfectamente.
El enemigo a batir era Francisco González y mientras él plantease ser el heredero de Ybarra la cuestión no podría salir adelante.
Un broker llamado “Efegé”
Gallego, de Lugo, Francisco González, adquiere fama de broker duro, capaz y muy habilidoso a través de su propia empresa, “FG Inversiones Bursátiles”, que está a pleno rendimiento, en 1988, poco después de su constitución, Las iniciales de su nombre se tornan en apodo generalizado para él. Y así en el ambiente bancario y financiero todo el mundo le conoce por FG —Efegé—, apelativo que no le parece nada mal. En los medios políticos le conocían por Paco, por Paco González, cosa que le gustaba menos. Buen conocedor de los bancos, manejaba bien los valores bancarios, lo cual le produjo algún enfrentamiento con altos ejecutivos de la banca. Vende en 1996 su empresa a Merril Lynch por 3.700 millones de pesetas.
A todo el mundo sorprende dicha venta, pero la realidad es que el prometedor periodo de las bolsas españolas iba a agotarse, lo que se demostraría muy poco después de que “Efegé” saliera del negocio de los mercados. Entabla una gran amistad con Manuel Pizarro, quien a su vez es el consejero más directo de José María Aznar en materia de finanzas. Pizarro ha sido vicepresidente de la Bolsa de Madrid y preside la caja de ahorros aragonesa, Ibercaja. A Pizarro le gusta el buen juicio estratégico que tiene Francisco González. Sabe adelantarse a la jugada y su capacidad de prospectiva es importante. Su autoridad y su fuerte adicción al trabajo son también dos características que encantan a Pizarro.
Y en fin, con el triunfo electoral del Partido Popular en las elecciones de 1996 se plantea la sustitución de los presidentes de empresas públicas, nombrados por los socialistas. Y, entre ellas, el holding bancario público Argentaria. De todas formas, además de la política privatizadora del Gobierno Aznar para dichas empresas públicas, Argentaria tiene un problema de homologación como “banco normal”. Francisco Luzón creó una estructura comercial fuerte, al más puro “estilo Vizcaya”, pero no se ocupó de lo estructural, ni de lo institucional. Existían diferencias laborales fuertes entre los diferentes colectivos de los bancos reunidos en Argentaria. Bien es cierto que para privatizar hacia falta convertir a Argentaria en un solo banco, pero también es cierto que con las estructuras de funcionamiento vivas en cada banco público, eso, cuanto menos, producía un alto nivel de gastos que hacían de Argentaria algo muy poco competitivo.
Los inicios en Argentaria
Otro dato de interés para entender mejor las resistencias del equipo del BBV a “matrimoniarse” con “Efegé”, pues está en los primeros momentos del banquero gallego en Argentaria. No pudo fundar su propio equipo. El sector, en general —sus propios colegas— no le dieron ventaja alguna para realizar los fichajes correspondientes. Sus “elegidos” no pudieron negociar los traslados de los fondos de pensiones, haciendo imposibles las incorporaciones. Al final, tuvo que echar mano del equipo de Luzón. Y ahí tuvo un muy especial papel, Francisco Gómez Roldán —hoy gran colaborador de Alfredo Sáenz en el Santander— con quien pudo llevar a cabo la fusión interna de Argentaria.
Esta se pone en marcha a finales de marzo de 1998. Se trata de unir en una sola entidad a Banco Exterior, Caja Postal y Banco Hipotecario y otros, dejando fuera de la fusión al Banco de Crédito Local, por la naturaleza de sus créditos a ayuntamientos y entidades locales, de muy difícil homologación. Y entonces se hace pública una cifra tremenda del interior de Argentaria: de cada 100 pesetas ingresadas por el holding 56 se iban en gastos. Demasiado, sin duda.
Es posible que la oposición del BBV a aceptarle, dentro de una fusión con el banco vasco, le llevase a iniciar contactos discretos con el entonces consejero delegado del Banco Popular, Ricardo Lacasa. Está más que probado que Francisco González y Lacasa hablaron de fusión. Pero antes de que el ejecutivo del Popular pudiese comunicar a su presidente, Luis Valls, esas conversaciones, fue cesado. Y así se terminó una posibilidad. Ya solo quedaba el BBV.
BBV: miedo a una mala fusión
El hostigamiento de las gentes del BBV hacia Francisco González existió y fueron duras. González había invertido mucho dinero propio —era un caso insólito— en Argentaria. Procedía de la venta de su compañía de valores y era de los pocos presidentes bancarios —con excepción de Botín— que mantenían una notable participación individual en el banco que presidían. Dicha participación parecía un obstáculo para Ybarra y Uriarte. Establecieron una especie de subasta indirecta, de tal manera que el paquete de “Efegé” en Argentaria llegó a tener un precio verdaderamente astronómico, pero el gallego no se dio por aludido.
Tal vez, practicando la idea de que quien resiste gana, aguantó los meses anteriores a la fusión con gran entereza, sin dejar de hablar con los vascos, pero sin cambiar de idea. La lista de ofertas variadas que recibió por dejar Argentaria antes de que se iniciasen los trabajos formales para iniciar una fusión fue enorme y hoy de difícil comprobación, pero nadie puede dudar que nadie en el BBV quería a Francisco González de futuro presidente y menos que nadie el mismísimo Pedro Luis Uriarte, quien estaba convencido desde hacia años que sería el sucesor de Emilio Ybarra, aunque, también para ello tenía fuerte oposición en los ambientes tradicionales de banco vasco.
Malos recuerdos
En fin, no se puede negar que la fusión entre el Bilbao y el Vizcaya fue, realmente, muy dura y que la guerra interior solo terminó con un laudo del Banco de España. Y que el propio Emilio Ybarra llegó a la presidencia del BBV como solución de compromiso. Pero con la consolidación de las gentes procedentes del Bilbao comenzó el éxito de los antiguos súbditos —fallecido en el intento—de Pedro de Toledo, que había iniciado su éxodo y exilio por toda la industria bancaria de España. Dicen que de ese se encargó el propio Pedro Luis Uriarte, cuya ambición —legítima, por otra parte— de presidir el BBV era muy antigua.
Por eso no se querían perder unos derechos que habian costado tanto conseguirlos y, por tanto, las pretensiones de Francisco González eran para Uriarte simplemente delirantes. Además, la unión entre Ybarra y Uriarte había traído la construcción de una entidad casi perfecta, solo le faltaba un poco de tamaño para serlo. Pedro Luis Uriarte fue un magnífico dinamizador del banco y nadie —absolutamente nadie— puede arrebatarle ese mérito.
La fusión por fin se anunciaba el 19 de octubre de 1999. Emilio Ybarra y Francisco González serían copresidentes del nuevo BBVA, mientras que Pedro Luis Uriarte iba a ser el consejero delegado único. El régimen de copresidencia iba a continuar hasta finales del 2002 y continuaría en el “número dos ejecutivo”, Uriarte. En esos días se habla de la operación “Tres más Tres” —representada también por su traducción a cifras 3+3)—, que hacia referencia a una estancia de tres años de Ybarra, tras el anuncio de la fusión como “primer presidente”. Después, tres años de presidencia única de Francisco González, para entregar después a Pedro Luis Uriarte, la presidencia del BBVA, ya ocupada por un vasco. Había una versión con un tres más, el cual hacia referencia a la entrega, a su vez, de la presidencia por parte de Uriarte, a otra persona, tres años después de su mandato, y que sería un candidato más de acuerdo con las ya citadas fuerzas tradicionales de banco vasco.
Pero el descubrimiento de las cuentas secretas del BBV obligó a una dimisión el 18 de diciembre de 2001 de Ybarra y Uriarte, dando al traste con cualquier pacto “secreto” que pudiera haberse tomado. Francisco González asumía antes la presidencia única y el tema de las cuentas restaba la presencia de consejeros que podrían haberle exigido a González alguna cuestión sucesoria. Fue además un escándalo de enormes características que borró además del mapa a dos muy prestigiosas figuras del mundo bancario: Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte. La cuestión es que Francisco González se convertía en el líder del segundo banco del país, sin oposición posible alguna. En nuestro próximo capitulo analizaremos el asunto de las cuentas secretas y en sus implicaciones históricas para el futuro del BBVA. QUIEN SE CHIVARIA DE ESTO ULTIMO?
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