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La necesidad de exportar · ELPAÍS.com

TRIBUNA: Laboratorio de ideas JOSÉ LUIS LEAL
La necesidad de exportar
JOSÉ LUIS LEAL 29/01/2012


A finales de diciembre, el Gobierno adoptó una serie de medidas que, aunque probablemente necesarias, habrían requerido algo más de discusión, pues no suele ser frecuente en los países avanzados que se aumente en nada menos que siete puntos la tarifa marginal del impuesto sobre la renta sin más trámite que una breve discusión parlamentaria a posteriori. Hay que añadir, en descargo de la precipitación, que el reconocimiento oficial de un déficit público bastante mayor que el esperado (8,2% del PIB en vez del 6%) hizo temer un fuerte aumento de la prima de riesgo de nuestra deuda pública con el consiguiente encarecimiento de su financiación.


Lo que sería muy peligroso es quedarse en el ajuste presupuestario, por muy urgente que este sea

El objetivo de déficit para este año comprometido con Bruselas consiste en alcanzar el 4,4% del PIB, por lo que será necesario reducirlo en casi cuatro puntos porcentuales, equivalentes a unos 40.000 millones de euros, lo que provocará, inevitablemente, un fuerte impacto contractivo sobre la demanda interior de la economía. No es de extrañar por ello que el Banco de España haya revisado a la baja las perspectivas de crecimiento para España, augurando una caída del 1,5% del PIB para este año.

Es indudable que el nuevo Gobierno se enfrenta a un importante desafío. Sin embargo, lo que sería muy peligroso es quedarse en el ajuste presupuestario, por muy urgente que este sea. Para superar la crisis es necesario que vuelva el crecimiento económico, y para alcanzar este objetivo es preciso conseguir un incremento importante de las exportaciones, como han hecho antes que nosotros los países asiáticos o, más cerca de nuestras fronteras, los países del norte de Europa.

La crisis actual de nuestra economía es, fundamentalmente, de sobreendeudamiento, y para superarla lo primero que hay que hacer es comenzar a reducir la deuda, tanto pública como privada. A finales de 2010, España tenía una deuda neta frente al resto del mundo equivalente al 89% de su PIB, cifra bastante mayor que la italiana (24%) o la francesa (10%), por no hablar de la posición acreedora de Alemania. Es preciso comenzar a devolver el ahorro que nos han prestado, y para eso solo hay un camino compatible con el crecimiento: aumentar las exportaciones de bienes y servicios.

A lo largo de la primera década de este siglo, España conoció una auténtica explosión de endeudamiento privado, directamente relacionada con la burbuja de la construcción, que produjo fuertes déficits en la balanza por cuenta corriente hasta superar el 10% del PIB en un solo año, cifra realmente escandalosa que, sin embargo, apenas mereció comentario alguno por parte de las autoridades económicas. Se pensaba entonces que la moneda única nos permitiría financiarnos indefinidamente sin problemas, sueño del que hemos despertado bruscamente con la llegada de la crisis.

Hubo también otras razones, entre las que se encuentran las inversiones llevadas a cabo por empresas españolas en el exterior. El problema con que se encontraron fue que el ahorro interno no era suficiente para financiar su expansión internacional, por lo que tuvieron que recurrir al ahorro exterior intermediado por un sistema financiero que hoy también debe ajustar sus posiciones. No es fácil poner en marcha empresas multinacionales en países de talla media con importantes necesidades de inversión y con tasas de ahorro poco elevadas. Desde esta perspectiva, hay que reconocer que la internacionalización de nuestras empresas ha sido un éxito, pero que, inevitablemente, ha tenido un precio.

El problema actual consiste en cómo reducir el endeudamiento sin dañar, o dañando lo menos posible, al crecimiento. Según los cálculos del FMI, para estabilizar el nivel de nuestra deuda exterior se requiere que el déficit de la balanza por cuenta corriente se sitúe en el entorno del 2% del PIB. Para reducir el endeudamiento es preciso alcanzar el equilibrio o, eventualmente, un excedente en nuestras cuentas con el exterior, lo que no será una tarea fácil. Hay que tener en cuenta que el pasado año, a pesar de la caída de la demanda interna, el déficit por cuenta corriente se situó, probablemente, alrededor del 3% del PIB. Por otra parte, las previsiones económicas más recientes vaticinan el estancamiento de la zona del euro, hacia la que aún se dirigen más de la mitad de nuestras exportaciones, y un crecimiento moderado del resto de nuestros mercados, lo que hace más difícil la tarea de alcanzar el equilibrio.

Pero no todo son problemas. A lo largo de la pasada década, las exportaciones de bienes y servicios españolas han conseguido mantener, en líneas generales, su cuota de mercado en los intercambios mundiales: hemos perdido un poco en mercancías y hemos ganado en servicios. Se trata, en cualquier caso, de un resultado más que honorable si nos comparamos con Francia o Italia, que han perdido una parte sustancial de sus cuotas de mercado. Asimismo, hemos reducido nuestra dependencia de la zona del euro: de 1999 a 2010, las exportaciones de mercancías hacia esa zona pasaron del 62% al 56% del total, y en los 11 primeros meses de 2011 el porcentaje se redujo hasta el 53,1%.

Avanzamos en la buena dirección, pero hay que acelerar la marcha para que el sector exterior pueda compensar las consecuencias del ajuste sobre la demanda interna. La política económica del nuevo Gobierno ganaría bastante en claridad si se estructuraran las acciones que es necesario emprender en torno a este eje fundamental, ya que mejorar las exportaciones requiere un plan coordinado desde el principio hasta el final, desde la mejora del aprendizaje y la formación profesional hasta la agilización de los mecanismos de transmisión de los resultados de la investigación a las empresas o la movilización del servicio exterior en apoyo de la exportación, como hacen, desde hace mucho tiempo, los países con los que competimos. Se han anunciado algunas decisiones que van en este sentido, pero falta un diseño general y una explicación que sea coherente con los fines perseguidos y que además pueda ser percibida por todos como una tarea nacional que nos permita superar la crisis.

El camino por recorrer es largo y complejo. La debilidad de la demanda interna ha impulsado a las empresas a buscar nuevos mercados fuera de nuestro país, pero para consolidar y desarrollar las posiciones alcanzadas es preciso revisar todo el proceso productivo. El objetivo de transformarnos en un gran país exportador es una de las pocas ideas estructuradoras que pueden compensar, desde el punto de vista económico, los rigores del inevitable ajuste presupuestario. Ojalá estemos en el inicio de un nuevo tiempo para nuestra economía.

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"Este país tiene 2 problemas que se tendrían que situar por encima de los demás que son la educación y la vivienda.Y esto es una verdadera tragedia nacional.Yo no creo que la gente pueda ser verdaderamente autónoma y responsable si no está emancipada.Un país en el que la gente se emancipa a los 30 años lleva una carga,un retraso en autonomía ,en responsabilidad y en capacidad de ser por sí mismo que se tiene que pagar forzosamente "
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Todos desconfían de España | Economía | EL PAÍS

Todos desconfían de España
El agresivo objetivo de déficit y el sector financiero encienden el riesgo país
Amanda Mars Madrid 15 ABR 2012 - 00:43 CET

Luis de Guindos tiene hora con Mario Draghi como quien la tiene con un médico especialista. España padece síndrome de abstinencia una vez que los efectos curativos de los manguerazos de liquidez del Banco Central Europeo (BCE) a la banca se han evaporado y el ministro de Economía tiene previsto reunirse con el patrón del organismo el próximo martes, después de una semana de horror en los mercados, la peor en los más de 100 días de Gobierno de Mariano Rajoy. Nunca como esta semana había este Ejecutivo negado tantas veces que la economía española necesite un rescate, una intervención, nunca como ahora había mentado tanto la bicha.

Fuentes del Ministerio de Economía explican que solo se trata de una visita de cortesía dentro de la gira europea que emprende Guindos —también estará en París— “para explicar las reformas”. Es decir, enseñar los números e intentar convencer de que sí será capaz de recortar el déficit del 8,5% al 3% en dos años y que, dicho sea de paso, pagará sus deudas. Todo, con una recesión económica del 1,7% este año. Madrid siente que ha hecho los deberes: ha elaborado los presupuestos muy austeros, ha anunciado otras reformas para ahorrar en sanidad y educación y tiene en marcha su reforma financiera.

Pero los inversores huyen de la deuda española, la Bolsa está en el peor nivel desde marzo de 2009, la banca sufre para financiarse y Bruselas se reserva su visto bueno a los Presupuestos. España, la cuarta economía europea, preocupa en la Eurozona.

Charles Wyplosz, profesor de Economía Internacional de la Graduate School, recuerda que España “ha tenido una buena trayectoria en disciplina fiscal antes de la crisis, no como Grecia y Portugal, pero los mercados temen el potencial volumen de las pérdidas del sistema financiero una vez el precio de los pisos toque suelo”. Wyplosz describe entonces un círculo vicioso: “Algunas entidades grandes y pequeñas quiebran. El Gobierno las rescata. La deuda pública de repente se dispara y el Ejecutivo no tiene más opción que impagar parte de su deuda, así que los bancos, que tienen toneladas de deuda pública en sus carteras, quiebran de nuevo, y el círculo sigue girando”. En esta situación, advierte, “la austeridad no tiene sentido y agudiza la recesión, lo que hace difícil cumplir el presupuesto”. Así que “cuanto más aprieta Rajoy, más crece la desconfianza”.

La desviación del dato de déficit del 2011 (8,5%, frente al 6% prometido) y la rebaja de la meta (del 4,4% al 5,3%) han abonado la incertidumbre. La capacidad de España para crecer y la suficiencia de la reforma financiera en marcha provocan dudas.

Los bancos españoles habían jugado infiltrados por las inyecciones de capital del BCE desde finales del año pasado (dos subastas de crédito por valor de más de un billón de euros a tres años) y la fórmula funcionó para España (y también Italia): las entidades logran dinero prestado al 1% y los invierten en bonos con más rentabilidad, con lo que ganan esa diferencia y la prima de riesgo del país se alivia. Pero el sector ha entrado en una peligrosa relación de dependencia del BCE y, como consecuencia de estos manguerazos, en marzo captaron un cifra récord de 316.343 millones en el organismo, el 28% del total del Eurosistema.

Al secretario de estado de Economía, Jaime García-Legaz, se le escapó el viernes que, sin los fondos del BCE, España estaría “muerta”, aunque luego matizó que se refería a la situación de toda Europa y que más bien aludía a que el banco central debía seguir comprando de bonos.

La prima de riesgo de España (se mide por el diferencial de interés que pagan los bonos a 10 años respecto a los alemanes, que se considera la referencia más fiable) se ha instalado por encima de los 400 puntos básicos (o cuatro puntos porcentuales) y tocó los 433 el martes. Ese día, el interés que se le exigían a la deuda española ya emitida rozó el 6%.

“Por encima de los 400 suben los costes de renovación de deuda pública, hay dificultades de financiación para las empresas y los mercados de deuda se cierran para las entidades bancarias y empresas, pero no es tanto un problema de líneas rojas como del tiempo que se permanece en un nivel elevado de prima de riesgo”, explica Santiago Carbó, catedrático de la Universidad de Granada y analista de Funcas. “El BCE puede que tenga que continuar comprando bonos si es preciso y, sobre todo, si se emiten señales de que los gobiernos nacionales están haciendo esfuerzos fiscales y reformas significativas. Si el BCE deja de comprar y la UE tampoco hace su papel, la debilidad es obviamente mayor”, alerta. Y lamenta que Europa “no ha sido capaz de establecer un cortafuegos operativo, creíble y eficiente”.

José Carlos Díez, de Intermoney, alerta de la fuga de inversión extranjera de la deuda pública: 25.000 millones solo en el mes de febrero y critica que “el BCE llega tarde y con poca intensidad”.

La mayoría de analistas descartan que España necesite un rescate a la griega. Pero la posibilidad de que los bancos acudan al fondo de rescate europeo sí se empieza a sugerir desde algunos sectores en Bruselas. Fuentes de Economía recalcan que “ni el Tesoro Público ni los bancos españoles tienen problemas de liquidez, tienen más problemas de financiación es en las comunidades autónomas”.

Las regiones, incumplidoras con los objetivos de déficit de 2011, son otro de los motivos de dudas. Ahora tienen que reelaborar sus cuentas para adaptarlas al ajuste de los Presupuestos. El catedrático Guillem López-Casasnovas avanza que será duro. “No se van a poder hacer consolidaciones fiscales por consenso a 17, ni puede el Gobierno obviar unas competencias estatutarias constitucionalmente otorgadas”. Y se revuelve: “La gran revelación que hizo el PP en su acceso a las cuentas públicas de que el déficit real era el 8,5%, y no el 5,8%, del PIB culpabilizó a las autonomías y generó en los mercados un mar de dudas sobre el comportamiento financiero de éstas”, pero “los datos dicen que el 90% de aquella diferencia se debió a la desviación de los ingresos: un error de previsión atribuible enteramente al gobierno central. Funcionando las comunidades con anticipos y con la rigidez del gasto que gestionan, no tenía sentido exigir a corto un ajuste imposible”.

El profesor es duro: “No creo que ningún analista se crea una hoja de ruta en la que las voces dirigentes divergen, en la que se mantengan tabúes, personajes irresponsables en puestos de responsabilidad empresarial, zombis financieros protegidos, o líneas rojas en gasto social que intenten engañar con cierto populismo a una sociedad que está madurando a golpe de realismo”. “La parte positiva —añade— es que aún depende de todos nosotros enmendarlo”. La negativa es que el tiempo corre en contra.
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¿Un salvavidas para la banca? | Economía | EL PAÍS

¿Un salvavidas para la banca?
Los expertos creen que si los bancos españoles acuden el fondo de rescate europeo se consideraría casi igual que una intervención de España
Íñigo de Barrón Madrid 15 ABR 2012 - 00:28 CET

No es una impresión. Ni un “sentimiento del mercado”, como se suele decir. Es un hecho cierto, demostrado, y una condena: cada vez que se golpea al sector financiero español en Bolsa, sube la prima de riesgo. Es decir, cuando arrecian las dudas sobre la salud de los bancos, se ataca a la deuda española y el efecto llega al bolsillo de todos los españoles porque el Estado paga más para devolver lo que debe (o debemos).

También sucede al contrario. Si hay dudas sobre los Presupuestos Generales de 2012 o sobre la capacidad de cumplir el objetivo de déficit, sube la prima de riesgo y se hunde la cotización de las entidades financieras. Según un informe de Analistas Financieros Internacionales (AFI), “por cada 10 puntos básicos que ha subido la prima de riesgo, el sector bancario ha perdido un 1,9% en Bolsa y sube 18 puntos básicos el coste de la financiación de los bancos a través de sus bonos”.

En resumen, el triángulo perverso se ha cerrado con fuerza: no habrá salida de la recesión (acelerada por la excesiva austeridad) hasta que no se solucione la incertidumbre sobre la deuda soberana que se alimenta de las dudas sobre la solvencia del sector bancario afectado por la gangrena del sector inmobiliario.

Para desmontar este puzle maldito algunos expertos sugieren empezar por la banca. Las entidades acaban de cumplir con el nuevo examen, el real decreto del ministro Guindos, que les ha exigido 50.000 millones de euros adicionales en provisiones y capital para tapar los agujeros del ladrillo. Pero los inversores albergan dudas de que con este dinero se acabe el problema. Creen que los precios de los pisos aun deben bajar un 40% más, lo que hundirá a las inmobiliarias y, en cadena, a los bancos. Desde España se critica esa teoría. “Es una locura estadística. Esa caída de precios supone llevar las valoraciones a mediados de los años noventa. Una caída tan brusca en tan poco tiempo no ha ocurrido jamás. Al mercado le puede quedar un descenso del 15% de media, pero no más”, dice Manuel Romera, director del sector financiero del IE Business School.

Al margen de las cifras exactas, son muchos los que consideran que la banca necesitará más dinero para desenladrillar los 300.000 millones invertidos en el inmobiliario. ¿De dónde puede llegar el nuevo cheque? El banco de inversión JPMorgan (y otros colegas) cree que “la banca debe capitalizarse con el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF). España tiene que pedir al fondo de rescate entre 50.000 y 100.000 millones para recapitalizar los bancos”. También AFI considera que se necesitarán 60.000 millones adicionales de capital, cifras desorbitantes para unos bancos que dicen estar agotados y profundamente molestos porque se les pide más capital y más provisiones a la vez.

Pero como apunta Íñigo Vega, analista de la firma Cheu-vreux, recurrir al EFSF tiene sus problemas. “El dinero no lo darán gratis. Europa obligaría a una mayor austeridad en las cuentas públicas”, señala Vega. José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, considera que apelar al Fondo “es una opción, pero viendo el estigma que genera, no parece que vaya a ser la solución”. La cuestión clave es si se consideraría un rescate y, por tanto, una casi intervención de España con la debacle consiguiente en la deuda. “El pasado verano se aprobó que el Fondo pueda inyectar capital en bancos pero lo tiene que pedir el Gobierno del país y está sujeto a condicionalidad. Seguramente sería una intervención con un programa completo y no solo para recapitalizar a las entidades más débiles”. Quizá por eso, el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, ha negado tajantemente que se vaya a pedir ayuda al Fondo europeo. Los expertos consultados creen que pedir ayuda al Fondo es muy arriesgado; sería dar entrada por la puerta de atrás a la troika de la intervención: UE, FMI y BCE.

Alfonso García Mora, de AFI, considera que el Fondo de la Unión Europea puede considerarse “una ayuda a un sector, no al país”, pero aun así recomienda que sea la última opción. “Primero deben pagar la factura los accionistas de las entidades, como han comprobado algunas cajas que casi han desaparecido del accionariado de las entidades fusionadas”. Después, añade este experto, “habrá que realizar quitas a los inversores en deuda subordinada y preferentes de la entidad y en tercer lugar se puede recurrir al Fondo de Garantía de Depósitos de la banca, pero con ayuda adicional del Estado”.

“Solo si todo esto falla, entonces se debería recurrir a Europa”, sostiene García Mora. El uso de dinero público obligaría al Gobierno a rectificar su posición sobre que “ni un euro de los contribuyentes saneará a la banca”.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ya ha sugerido que puede haber colaboración del Estado. En mitad de este lío, alguien ha deslizado a los grandes bancos la mudanza de la sede fuera de España. “Daría igual. El problema son las enormes carteras de deuda española que tenemos”, dice un alto ejecutivo con la rapidez de quien lo ha estudiado más de una vez.
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Sin crecimiento no hay vida | Economía | EL PAÍS

Sin crecimiento no hay vida
Emilio Ontiveros 15 ABR 2012 - 00:32 CET

España puede ser el ejemplo más representativo, y quizás acabe siendo uno de los más dramáticos, de los efectos generados por las erróneas e indiscriminadas políticas impuestas por las autoridades comunitarias en la gestión de la crisis económica y financiera que sufre la eurozona. Entre otras consecuencias no menos inquietantes, el ajuste presupuestario que acaba de acordarse para aplicar en el actual ejercicio fiscal contribuirá de forma significativa a deprimir aun más el crecimiento de la economía española. Y por ello, tampoco posibilitará el alcance del objetivo de déficit público asumido. Al término de este año, la frustración de los agentes económicos puede ser una de las consecuencias más explicitas, y no precisamente la menos dañina a medio plazo. En ausencia de cambios en la orientación dominante de las políticas en la eurozona, nuestra economía será una de las que siga sufriendo en mayor medida ese escrutinio de unos mercados financieros en el que de forma cada día más evidente está primando la erosión de la confianza, no solo en la capacidad para alcanzar esos objetivos de déficit público sino, los más relevantes en el caso español, de saneamiento financiero del sector privado.

A diferencia de otras economías, el problema fundamental de la española se localiza en las abultadas deudas de las empresas, familias y, en definitiva, en el sector bancario, que mayoritariamente las alberga en sus activos. En los casi cinco años transcurridos desde el inicio de la crisis financiera en EE UU y su rápida extensión a Europa, las empresas y familias españolas apenas han reducido la magnitud de esos pasivos. De las dos vías fundamentales de aligeramiento de la deuda, las ventas de activos han sido relativamente reducidas, y la atención directa al servicio de la deuda está limitada por unas rentas decrecientes, constreñidas por el desplome de la demanda interna y el más reciente de las posibilidades de ventas al exterior. Ese insuficiente saneamiento financiero del sector privado se refleja ya en los balances bancarios.

En la economía española, no en menor medida que en el promedio de las de la eurozona, la banca tiene un protagonismo dominante en la canalización de los activos y pasivos financieros del resto de los agentes económicos. Desde luego de las familias y empresas, pero también de las administraciones públicas, como se observa en la proporción creciente que la deuda pública ha pasado a representar en los activos bancarios. Las posibilidades de neutralizar el deterioro en la calidad de esos activos dependen de la solvencia de sus prestatarios. Y la de todos ellos se ve cada día más dañada por la ausencia de crecimiento económico y una tasa de paro cada día más inquietante, no solo por su magnitud, sino por el creciente componente estructural de la misma. Y, sin crecimiento económico, no se pagan las deudas. Se pueden entregar activos a cambio, como los inmobiliarios de que se están nutriendo los balances bancarios, pero el valor de estos, con una economía en pronunciada recesión, no evolucionará de forma favorable. Tampoco la solvencia y la liquidez de las empresas bancarias, hoy constituidas en el principal de nuestros problemas.

En el particular castigo que a lo largo de las últimas dos semanas han sufrido las cotizaciones de los bonos públicos y de las acciones españolas, la inquietud por la solvencia del conjunto del sistema bancario español ha jugado un papel determinante. Constituye la más elocuente ilustración, aunque en modo alguno la única, de esa metamorfosis de la deuda privada en pública que pueden anticipar los inversores en bonos. A la alimentación de ese bucle diabólico entre la salud bancaria y la de las finanzas públicas se añade el deterioro de los ingresos públicos derivados del desplome de todas las formas de demanda, propio de una economía en recesión. Una recesión a la que contribuye de forma significativa la concentración en muy poco tiempo de extraordinarios recortes del gasto público.

El fin de ese círculo perverso no se consigue por el aumento de la confianza de los inversores, como presumían ingenuamente los defensores de la “austeridad expansiva”. La evidencia ya es suficiente, dentro y fuera de España: la austeridad mal entendida y mal dosificada no aumenta la inversión. Observamos justo lo contrario: un creciente escepticismo por sus efectos depresores sobre la actividad y la huida de flujos de capital a destinos inversores donde se garantice un mayor equilibrio entre estimulo económico y saneamiento financiero. Es decir, donde la aplicación de las políticas económicas distinga prudentemente entre lo urgente y lo importante. Y lo urgente es eludir una prolongada recesión.

Ese ha sido el objetivo prioritario en la gestión de la economía estadounidense, a pesar de unas finanzas públicas no más saneadas que las europeas. Por eso, a pesar de la desaceleración global, aquella economía crecerá este año moderadamente, aunque no menos del 2%, y su tasa de paro ha descendido hasta poco más del 8%. En la eurozona, por el contrario, la recesión es un hecho, la tasa de paro y la mortalidad empresarial no han dejado de ascender. Este contraste empírico, en mucha mayor medida que el empeño en aplicar esa pedagogía de “la letra con sangre entra”, debería contribuir a cambiar "la austeridad recesiva" por una combinación de estímulos al crecimiento y saneamiento financiero publico plurianual que, además de convencer a los mercados financieros, dañara menos las posibilidades de crecimiento potencial y bienestar en la región. También contribuiría desde luego a garantizar la viabilidad de las instituciones comunitarias, empezando por la propia moneda única, hoy amenazada.
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Bruselas centra en las autonomías el examen a la cuentas españolas | Economía | EL PAÍS

Bruselas centra en las autonomías el examen a la cuentas españolas
La Comisión retrasa el respaldo al Gobierno por el error en los datos de 2011
Lucía Abellán Bruselas 15 ABR 2012 - 01:10 CET

Una reforma laboral draconiana, el Presupuesto más austero de la democracia o un tijeretazo de 10.000 millones en los pilares del Estado de bienestar —educación y sanidad— representan esfuerzos inútiles si falla lo principal. Y lo principal no requiere dinero ni sacrificio de los ciudadanos, simplemente rigor: la credibilidad de las estadísticas. Más que en ningún otro aspecto del episodio español, Bruselas está empeñada en verificar si las cuentas públicas de 2012 (y por tanto la meta de déficit público) son verosímiles. Y no ofrecerá un respaldo claro al Gobierno de Mariano Rajoy hasta comprobar esa consistencia, por mucho que el temporal de los mercados arrecie.

Ese es el sentir en los pulcros despachos de las instituciones europeas, según las distintas fuentes consultadas. “Queríamos evitar la impresión de falta de credibilidad en las estadísticas españolas y que eso pudiera suponer un contagio para el resto de Europa. Hemos aprendido la lección de Grecia”, explica una fuente comunitaria. La Comisión Europea es muy consciente de que el incendio europeo desatado hace casi tres años tuvo su origen en el engaño griego: el Gobierno conservador mantuvo hasta el final una cifra de déficit público del 3,7% para 2009 y la revisión que hizo nada más llegar el Ejecutivo de Yorgos Papandreu lo disparó al 12,5% (finalmente acabó en el 15%).

Cuando España parecía haberse alejado de la ominosa y recurrente comparación con Grecia, lo ocurrido con el cambio de Gobierno recordó peligrosamente ese precedente: el equipo socialista se marchó sin reconocer abiertamente la magnitud de la desviación sobre el déficit previsto, que debía ajustarse al 6% del PIB. A su llegada, el Partido Popular, aireó la cifra del 8% y poco después, ya con datos oficiales, el desequilibrio creció hasta el 8,51%. Eso creó una situación “completamente nueva”, según la misma fuente, que convirtió en recelo la confianza inicial depositada en el Ejecutivo de Rajoy.

A la Comisión Europea nunca le gustó que España afrontara un año tan crucial como este sin un Presupuesto en la mano, pues daba la impresión de que el país se conducía sin rumbo. El presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Barroso, le expresó sus reservas a Mariano Rajoy en una reunión que mantuvieron en enero en Bruselas, aunque acabó aceptando que estaba recién llegado al poder y necesitaba tiempo para enderezar la situación. El mandatario español se marchó con ese voto de confianza, que luego se vio malogrado al divulgar las estadísticas.

“Cuanto más conocemos la situación española, más confianza tenemos. Pero debemos esperar hasta que el Gobierno nos envíe el Presupuesto consolidado”, asegura Olivier Bailly, un portavoz de la Comisión Europea. Con ese concepto Bruselas se refiere a la única incógnita que falta por despejar, las cuentas de las comunidades autónomas, que el Ministerio de Economía no ha incluido en el paquete presupuestario remitido a la Comisión. Tras los problemas del año pasado —las comunidades fueron las responsables del grueso de la desviación del déficit— Bruselas se niega a hacer cualquier análisis sin esa información.

En la capital comunitaria se desconoce si se trata simplemente de un error o hay intención política en el hecho de no haberla incluido. La Comisión insiste en que otros años sí se han remitido esos datos, algo que confirma un ministro del anterior Ejecutivo socialista. Bruselas ha dado a España hasta finales de abril para proporcionar tanto los datos autonómicos como la senda de estabilidad para los próximos años y el plan nacional de reformas, elementos clave para la evaluación definitiva del país.

Mientras tanto, la marca España se tambalea en los mercados. Pero la Unión Europea rehúsa someterse a ese ritmo. Para mitigar el riesgo de contagio, se actúa preventivamente. “Intervenimos antes de que ocurran más cosas, por eso exigimos reformas”, aclara el portavoz comunitario, que cita el fondo de rescate recientemente reforzado como cortafuegos frente a una eventual epidemia europea.
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EL control sobre el gasto de las CCAA debe ser total no solo por parte del Bruselas sino del estado, se deben dar datos de las cuentas mes a mes, y poder recortar gastos desde esta Troika si se considera quew no son importantes, pero las CCAA tienen mucho que recortar y son la clave para cumplir los objetivos de deficit. Y para empezar donde mas margen tienen de recorte es en gastos de personal, y mucho mas importante que reducir su numero es reducir su retribución que está muy por encima del sector privado, las CCAA están tan mal sumamente gestionadas que ni el estado quiere asumir sus competencias porque se tragaría todo tipo de pufos de los taifas, con plantillas hiperdimensionadas, sueldos disparatados, etc




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Bruselas centra en las autonomías el examen a la cuentas españolas | Economía | EL PAÍS

Bruselas centra en las autonomías el examen a la cuentas españolas
La Comisión retrasa el respaldo al Gobierno por el error en los datos de 2011
Lucía Abellán Bruselas 15 ABR 2012 - 01:10 CET

Una reforma laboral draconiana, el Presupuesto más austero de la democracia o un tijeretazo de 10.000 millones en los pilares del Estado de bienestar —educación y sanidad— representan esfuerzos inútiles si falla lo principal. Y lo principal no requiere dinero ni sacrificio de los ciudadanos, simplemente rigor: la credibilidad de las estadísticas. Más que en ningún otro aspecto del episodio español, Bruselas está empeñada en verificar si las cuentas públicas de 2012 (y por tanto la meta de déficit público) son verosímiles. Y no ofrecerá un respaldo claro al Gobierno de Mariano Rajoy hasta comprobar esa consistencia, por mucho que el temporal de los mercados arrecie.

Ese es el sentir en los pulcros despachos de las instituciones europeas, según las distintas fuentes consultadas. “Queríamos evitar la impresión de falta de credibilidad en las estadísticas españolas y que eso pudiera suponer un contagio para el resto de Europa. Hemos aprendido la lección de Grecia”, explica una fuente comunitaria. La Comisión Europea es muy consciente de que el incendio europeo desatado hace casi tres años tuvo su origen en el engaño griego: el Gobierno conservador mantuvo hasta el final una cifra de déficit público del 3,7% para 2009 y la revisión que hizo nada más llegar el Ejecutivo de Yorgos Papandreu lo disparó al 12,5% (finalmente acabó en el 15%).

Cuando España parecía haberse alejado de la ominosa y recurrente comparación con Grecia, lo ocurrido con el cambio de Gobierno recordó peligrosamente ese precedente: el equipo socialista se marchó sin reconocer abiertamente la magnitud de la desviación sobre el déficit previsto, que debía ajustarse al 6% del PIB. A su llegada, el Partido Popular, aireó la cifra del 8% y poco después, ya con datos oficiales, el desequilibrio creció hasta el 8,51%. Eso creó una situación “completamente nueva”, según la misma fuente, que convirtió en recelo la confianza inicial depositada en el Ejecutivo de Rajoy.

A la Comisión Europea nunca le gustó que España afrontara un año tan crucial como este sin un Presupuesto en la mano, pues daba la impresión de que el país se conducía sin rumbo. El presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Barroso, le expresó sus reservas a Mariano Rajoy en una reunión que mantuvieron en enero en Bruselas, aunque acabó aceptando que estaba recién llegado al poder y necesitaba tiempo para enderezar la situación. El mandatario español se marchó con ese voto de confianza, que luego se vio malogrado al divulgar las estadísticas.

“Cuanto más conocemos la situación española, más confianza tenemos. Pero debemos esperar hasta que el Gobierno nos envíe el Presupuesto consolidado”, asegura Olivier Bailly, un portavoz de la Comisión Europea. Con ese concepto Bruselas se refiere a la única incógnita que falta por despejar, las cuentas de las comunidades autónomas, que el Ministerio de Economía no ha incluido en el paquete presupuestario remitido a la Comisión. Tras los problemas del año pasado —las comunidades fueron las responsables del grueso de la desviación del déficit— Bruselas se niega a hacer cualquier análisis sin esa información.

En la capital comunitaria se desconoce si se trata simplemente de un error o hay intención política en el hecho de no haberla incluido. La Comisión insiste en que otros años sí se han remitido esos datos, algo que confirma un ministro del anterior Ejecutivo socialista. Bruselas ha dado a España hasta finales de abril para proporcionar tanto los datos autonómicos como la senda de estabilidad para los próximos años y el plan nacional de reformas, elementos clave para la evaluación definitiva del país.

Mientras tanto, la marca España se tambalea en los mercados. Pero la Unión Europea rehúsa someterse a ese ritmo. Para mitigar el riesgo de contagio, se actúa preventivamente. “Intervenimos antes de que ocurran más cosas, por eso exigimos reformas”, aclara el portavoz comunitario, que cita el fondo de rescate recientemente reforzado como cortafuegos frente a una eventual epidemia europea.

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- "Comprar un piso ahora es lo mismo que poner el dinero encima de la mesa y prenderle fuego."
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