Londres y Oslo, las ciudades más caras y Madrid y Barcelona se acercan a NY
Las ciudades europeas son las más caras del mundo, en una clasificación elaborada por UBS que sitúa a Oslo, Copenhague y Londres al frente de la clasificación. Entre las españolas, Barcelona ocupa la posición 20º y Madrid la 24º. La depreciación del dólar ha hecho más atractivos los precios de las ciudades de Estados Unidos, que ya son más baratos que las de las dos españolas, excepto Nueva York, situado en el puesto 18º. En poder adquisitivo, los ciudadanos de Copenhague, Zurich y Berlín copan las primeros puestos, mientras que los de Barcelona y Madrid ocupan las plazas 24º y 26º.
Las ciudades europeas y más concretamente, las escandinavas, se sitúan como las más caras del mundo. Las dos ciudades españolas incluidas en el estudio realizado por UBS, Madrid y Barcelona, todavía se encuentran lejos de las primeras posiciones. No obstante, debido a la depreciación del dólar, superan en carestía a las principales ciudades estadounidenses excepto Nueva York. La Gran Manzana es todavía un 2,5% más cara que la capital de España. Sin embargo, los precios de Madrid son un 6% más elevados que los de Los Ángeles y Chicago y un 10% mayores a los de Miami.
Por su parte, Barcelona y Madrid ocupan los puestos 26º y 30º respectivamente en salarios brutos por hora, si bien la ciudad catalana desciende una posición y la madrileña sube dos en cuanto a ingresos netos. En poder adquisitivo por hora trabajada –incluyendo precios de alquiler-, Barcelona se sitúa en la posición 24º y Madrid en la 26º. En este sentido, los habitantes de la ciudad condal tienen un poder adquisitivo un 14% superior a los ciudadanos de París, un 10% mayor que los de Londres y un 28% mejor que los de Roma. Por el contrario, el poder adquisitivo por hora trabajada de los barceloneses es todavía un 30% inferior a los de Zurich, un 20% menor que el de los berlineses y los dublineses, y, aunque es un 15% más bajo que el de los de Chicago y un 12% que los de Los Ángeles, es ligeramente superior al de los neoyorquinos.
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Deeply, Govinda bowed; tears he knew nothing of, ran down his old face; like a fire burnt the feeling of the most intimate love, the humblest veneration in his heart.
Deeply, he bowed, touching the ground, before
him who was sitting motionlessly, whose smile reminded him of everything he had ever loved in his life, what had ever been valuable and holy to him in his life.
El anciano propende a enjuiciar el hoy con el criterio del ayer. Ramón y Cajal