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| Opinión, 19 de Octubre de 2007 Peajes Santiago Niño Becerra Viene a cuento, viene a cuento. Francia está considerando imponer una tasa a los camiones con matrícula no francesa que circulen por sus carreteras que no sean de peaje. Dos son los motivos que los expertos franceses esgrimen. 1) obtener pasta para el mantenimiento de las vías que esos camiones utilizan y desgastan, y 2) reducir la contaminación que esos camiones causan. Esos expertos argumentan, entre otras cosas, que otros países ya lo han hecho. Veamos. Francia es un país central, menos que Alemania, Austria y la República Checa, países que ya han puesto en marcha cánones parecidos, pero central al fin y al cabo, por lo que cuenta con poder para imponer tal peaje; la pregunta es: ¿son las razones esgrimidas las verdaderas?. Detrás de ese proyecto de peaje, detrás de todos los peajes subyace algo a lo que ya nos hemos referido en esta página: el pago por acceso al uso. Dicen los técnicos del ministerio francés de Transportes que los camiones foráneos, al circular por las vías que no son de peaje, ocasionan un desgaste cuyo arreglo no contribuyen a financiar. El desgaste, evidentemente, existe, pero la contribución podría venir dada a través de los impuestos diversos que esos camiones pagan en su recorrido por el vecino país a través de los consumos que sus chóferes realizan y del combustible con que llenan los tanques de sus camiones; pero claro, si esos fondos se dedicaran a mantener las carreteras por las que esos camiones circulan, no podrían ser dedicados a otros menesteres. Otra opción sería elevar los impuestos, pero, entonces, extranjeras/os y francesas/es se verían afectados por los mismos; mal asunto; además, si el peaje, finalmente, se impone, siempre puede existir la posibilidad de reducir los impuestos en casa o, cuanto menos, no subirlos o subirlos menos. El hecho es que, al final, la filosofía es clara: quien usa paga y, como los camiones franceses, consideran los responsables de Francia, ya pagan lo suficiente, ahora les toca el turno a los camiones de fuera. Entiendo que muchas compañías de transporte, sobre todo las pequeñas y medianas, van a considerar el asunto una putada, pero, si se analiza desapasionadamente, la cosa es de una lógica aplastante: ¿Quién usa la carretera?, el camión, ¿desgasta?, si; ¿está pagando por desgastar?, no; pues que pague, y punto pelota. (¿El incremento de costes que tal medida va a representar?, pues quienes tengan que pagar que aumenten su productividad para compensar tal coste. Ya, ya; dirán que eso se dice más fácilmente de lo que se hace, y sí, así es). Lo que es una solemne ……… es decir que la tasa en cuestión va a contribuir a reducir la contaminación. ¡Por favor!, ¿va a suponer la tasa que un camión va a tener que pagar que ese camión emita a la atmósfera menos gramos de carbono por Km. de los gramos que ahora emite?. Ese peaje, ¿va forzar el desarrollo de una tecnología antigravitatoria con la que serán equipados los camiones que circulen por Francia de forma que no rocen el pavimento ‘sobre’ el que circularán?. El tema del medio ambiente es como un muelle, como una goma elástica: da para estirar mucho, pero casi nunca ata nada. Los camiones pagarán, pero esa polución que ocasionan no va a disminuir, al menos no va a hacerlo por el hecho de tener que pagar, entre otras razones porque, ni existe una tecnología de transporte por carretera alternativa, ni el ferrocarril puede sustituir al camión para todo ni en todas partes. La idea del ministerio francés de Transportes se va a imponer, no lo duden: ya se lo he dicho: vayan acostumbrándose al pago por acceso al uso; pero no sueñen con que la contaminación va a bajar al tener que pagar por hacer cosas que contaminen. ¿Ven como venía a cuento?. (El genial autor de SciFi Ray Bradbury, en su relato “Lambda 1” resolvió el tema del transporte. No se lo cuento; léanlo, vale la pena). Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 22 de Octubre de 2007 Tipos (más) Santiago Niño Becerra Uds. lo leyeron aquí hace unos días: los tipos de interés bajarán. Hace unos días -el 17 de Octubre- comentamos en lacartadelabolsa que, quienes lo hacen, bajarían los tipos, y que el crecimiento, para el 2008, en la UEM, iba a estar entre el 1,8 y el 1,9%, y lo leyeron con un añadido: “Me voy a mojar”; pues bien voy a mojarme más: ahora rebajo esa previsión de crecimiento para el 2008 y para toda la eurozona al 1,0 – 1,2%; para el Reino de España pienso que, a 31 de Diciembre del próximo año, el PIB habrá crecido un 1,5% (+/- 0,2) con respecto al último día del año en curso. ¿Por qué, Uds. se estarán preguntando, este cambio a la baja en menos de una semana?, pues porque las cosas están yendo a peor más rápidamente de lo que creíamos, yo, y casi todo el mundo. Lo dicen los números, los estudios, pero, también, lo dicen las anécdotas. El único, casi, que no lo dice es el ministro español de Economía: la economía del reino “va a seguir bien”. (Estoy convencido que no se lo cree). A partir de ahora -a partir de Septiembre- hemos principiado una senda decreciente, a la baja; de momento sin excesivas prisas, pero sin pausa alguna. Es una senda en la que, aún, nadie o muy pocos corren, pero en la que ya bastantes están acelerando el paso. (Yo, como saben, no hablo de la Bolsa, pero lanzo la pregunta al aire: ¿por qué está subiendo la Bolsa española?). En esa senda hacia abajo, los tipos serán reducidos porque es lo que el manual dice que en estos casos debe hacerse … para reactivar. ¡PERO SI AHORA NO SE TRATA DE REACTIVAR, SINO DE MINIMIZAR EL TORTAZO!. Da lo mismo: el manual dice …, y se aplica el manual. Vamos a ver, cuando la gente empiece a perder sus empleos (¿qué se creará menos empleo?, pero, ¡que dice la CEOE!, ¡va a destruirse!, y un montón) y sus salarios, cuando la gente vaya constatando que con sus salarios monetarios cada vez puede adquirir menos bienes, cuando decrezca el consumo de todo: casas en la Toscana, cenas a la luz de velas perfumadas, software para control de la producción, novelas negras, herramientas de precisión, preservativos con sabor a frambuesa, corbatas de 500 dólares, automóviles, viajes en business, caramelos de menta, y lo que quieran añadir, PORQUE LA PASTA QUE UNO TIENE NO LLEGA Y PORQUE EL CREDITO SE HA ACABADO, ¿qué demonios va a importar que los señores de la FED y del BCE rebajen los tipos?. (En Japón ya saben la respuesta a esta pregunta, aunque la descubrieron cuando las condiciones eran bastante menos malas que las actuales). El Dr. Rato ha vuelto a dar en el clavo (este hombre está diciendo lo más interesante que ha dicho siendo director del FMI ahora que se va, ¡como debe ser!): la solución está en la cooperación internacional. (Estoy convencido de que el Dr. Rato, cuando dijo esto, no estaba pensando en ‘cooperación’, sino en ‘coordinación’). No hay solución a esta precrisis: el 2008 va ser mucho peor que el cuatrimestre Septiembre – Diciembre del 2007, y el 2009 será infinitamente más malísimo que el 2008; como tampoco la hay a la crisis del 2010 – 2018, y ya hemos dicho el motivo: porque es sistémica. Pero con la coordinación de medidas, de políticas, de estrategias, puede, a partir del 2012, comenzar a verse que las cosas pueden ser de otra manera, y, a partir del 2015, a salir del hoyo. Pero para llegar a eso hace falta que nos demos un trastazo histórico. ¿Coordinarnos antes?, si, de boquilla, de cara a galería, es decir, para nada, o sea, una mierda de coordinación. ¡Ay la política!. Y nada, en todas partes, pero, sobre todo aquí, seguimos a piñón fijo: que los pisos no van a bajar porque la economía está sólida, que el ajuste del sector inmobiliario será suave. ¡Por aquí!. Hagan una prueba. Escojan una casa que les guste, vayan a verla y hablen con quien corresponda, digan que si, pero que se lo tienen que pensar. Si es segunda residencia de segunda mano, pueden obtener una rebaja de hasta el 25%, si es primera residencia, también de segunda mano, de hasta el 15% (datos reales de la provincia de Barcelona); y si la casa es nueva, independientemente de que sea primera o segunda residencia, dependerá del lugar de su cuerpo a dónde le haya llegado el agua al promotor, pero seguro que algo sacan. Durante el 2008 y de forma oficial, pienso que los precios de los inmuebles, de media, van a bajar muy poco; en el 2009, tampoco demasiado, aunque más; la gente continuará esperando ese milagro de la mano invisible del que hablábamos hace unos días; pero a partir del 2010 …. A partir del 2010, y hasta el 2012, al menos, quien vaya con pasta en la mano va a poder comprar lo que quiera al precio que quiera, LO QUE QUIERA, bienes inmuebles y muebles. Bueno, pues los tipos van para abajo (en el 2010, tipo del 0% real), y algunas/os se pondrán muy contentos porque eso les permitirá hacer discursos y salir sonrientes en fotos y en reportajes, pero no va a servir absolutamente para nada; es más, tómense 5 mg. de Diacepán cada doce horas (para no abusar) en el momento que vean que los tipos empiezan a bajar. Recuérdenlo. Y como aperitivo (uno de los que en los próximos meses vamos a disfrutar): la furgoneta que Nissan iba a ensamblar en Barcelona, ¡tururú, rurú, rurú!. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 23 de Octubre de 2007 Septiembre (más) Santiago Niño Becerra ¿Se acuerdan de la serie “Septiembre” que leyeron aquí?, pues seguimos con ella. Se ha publicado el IPC del reino correspondiente al mes de Septiembre. Malísimo: en Septiembre del 2007 es idéntico al de Diciembre del 2006. Pero, profundizando más, malísimo por un doble motivo: porque se debe a elementos que nada influyen en el crecimiento, y porque, al deberse a esos elementos, es extraordinariamente difícil de rebajar. Me explico. La interpretación oficial, tanto del partido que hoy gobierna en España como del partido que gobernaba anteriormente, al diferencial de inflación existente en el reino respecto a la media de la UEM era, hasta hace cuatro días, la de que ese diferencial estaba ocasionado por el mayor crecimiento de la economía española. Ahora resulta que la inflación es debida al aumento que han experimentado los precios de bienes que, hasta hace pocos años, eran considerados básicos (esta denominación ya no esta de moda): leche, huevos, pan, carne de pollo, … y, también, debido al aumento de los precios de las sempiternas frutas y hortalizas, y del petróleo, claro. Lo gordo es que los incrementos de precios de estos bienes no dependen, en gran medida, de ‘nosotros’, es decir, de los productores españoles, sino de algo tan etéreo como ‘la demanda internacional’ y ‘las políticas agrícolas europeas’; y en la parte que sí dependen de ‘nosotros’-la intermediación- no hay huevos de meterse debido a otra cosa tan etérea como son ‘las leyes del mercado’. Del petróleo, mejor no decir ni pío. A la vez, el hecho de que estos bienes sean los responsables del aumento de precios supone que no es posible, o que es muy difícil, poder aplicar el instrumento idóneo, hoy, para frenar la inflación: el aumento de la productividad, por lo que podemos deducir que, a no ser que cambien muchas cosas en ‘la demanda internacional’ y en ‘las políticas agrícolas europeas’, vamos a tener aumentos de precios en esos bienes para rato … a menos que la demanda interna diga basta y deje de consumirlos, cosa bastante difícil mientras en los supers e hipers continúen admitiendo plástico para pagar y mientras quienes sostienen ese plástico sigan sosteniéndolo. Horas antes de escribir estas líneas había recibido un mail de una antigua alumna que se halla trabajando en Venezuela asesorando en temas financieros a explotaciones agrícolas y ganaderas (mañana les contaré sobre eso). Me decía, entre otras cosas, que uno de los bienes que, desde hace tiempo, escasea en las tiendas venezolanas es la carne; ¿el motivo?, pues que el precio al que se le pagan a los ganaderos es inferior a los costes de producirla. Oído a la pisada. Es decir, de cara a la inflación, el reino tiene dos problemas: su bajísima productividad y el impacto de esas cosas etéreas. Sin embargo, el secretario de Estado de Economía, el Sr. David Vegara, va y dice que de las cinco décimas que el IPC subió en Septiembre en relación a Agosto, cuatro se debían al aumento habido en el precio del petróleo y sólo una a los alimentos; y sale, también, el portavoz de Economía del principal partido de la oposición y dice que la culpa la tiene la política presupuestaria del Gobierno. Y yo digo, ¿y qué cojones le importa eso a la gente cuando ve que cada vez le alcanza menos su dinero cuando hace la compra de la semana?. En la serie “Septiembre” les decía que la que viene va a ser una crisis de recursos, pues en eso estamos. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 24 de Octubre de 2007 Venezuela Santiago Niño Becerra Ya se lo he dicho: a veces, gente interesante me envía cosas interesantes. Esta vez se trata de la respuesta a un mail que remití. Una antigua alumna, y amiga, se halla en Venezuela, trabajando como asesora crediticia a comunidades de campesinos en Isla Margarita. A veces, cuando leo algo interesante sobre el país, se lo envío, y ella me responde con comentarios siempre jugosos. Hace unos días le remití un artículo (Francisco Perejil, “Ni un dólar más para wisky”. El País 11.10.2007) y su respuesta es esclarecedora. La reproduzco. “Estoy muy bien, pero sin un minuto de tiempo. Hemos tenido varias reuniones con la dirección de riesgos de (nombre de la institución) y la semana que viene se empezará el reparto de créditos. La única desventaja es que el tiempo de devolución es muy corto (máximo 12 meses), yo pensé que nos darían 24, lo que hace que se incrementen demasiado las cuotas mensuales. Además quieren conceder todos los créditos antes de que finalice el año por la entrada en circulación del bolívar fuerte. En estos momentos estoy haciendo más de 10 asesorías diarias, demasiado, ya que la gente no es nada realista: piden demasiado crédito en relación con los ingresos que tienen, sin ser conscientes de que, a veces, la cuota mensual a devolver es incluso mayor que el importe de sus ventas mensuales. En ocasiones es como si creyesen que el crédito es un regalo y no una obligación (parte de la culpa de eso la tiene el gobierno y los famosos consejos comunales, que el año pasado concedieron créditos a muchas comunidades y tienen una tasa de morosidad del 92%, con eso no se ha conseguido otra cosa sino malacostumbrar a la gente y favorecer a que no se paguen los créditos). Y es por eso que nuestro fin no es solamente que consigan el dinero, sino que el socio del Bankomunal vea y entienda la realidad de su negocio. En cuanto al artículo que me has enviado, debo confesar que es cierto en un 100%. El presidente anunció un incremento de los impuestos a la importación de whisky y muchos otros productos americanos, con lo que, por lo menos en la isla va a escasear bastante, que dicho sea de paso, y extrañamente, es la bebida más demandada (teniendo una bebida tan buena como el ron). Y escaseará no solamente por el aumento de precio, sino también por la limitación de los importadores del cupo de CADIVI. Por desgracia, a lo único que llevará esto será al inicio del tráfico ilegal de whisky, ya que te puedo asegurar que su caña la seguirán tomando sea como sea. En cuanto a los chavistas nuevos ricos, no solamente está su modo de vida, sus niveles de gasto son conocidos por todo el mundo, incluso se sabe que muchos de ellos detestan esta revolución y lo único que quieren es ganar plata apoyando al presidente y al ‘Nuevo Socialismo’, aunque personas así las hay en todas partes cerca del poder y del dinero, en esta ocasión son un número demasiado elevado. Además de todo esto, la gente está bastante intranquila por el anunciado referéndum para reformar la Constitución. Hace poco estuve en Caracas; el taxista que me llevó hasta el hotel trabajaba en el aeropuerto y estaba indignado por la reforma (supongo que se desahogó conmigo ya que me comentó que no puede hablar de estos asuntos en el aeropuerto porque es funcionario y si le oyesen le despedirían); me dijo que entre, otras cosas lo que más preocupa a la gente es que sólo se podrá tener una propiedad, quedando expuesta una segunda a una posible expropiación por parte del Estado en cualquier momento; ni si quiera el vehículo de un taxista será de su propiedad. Es una reforma que, por lo general, no está gustando demasiado, ni si quiera a muchos que al principio eran chavistas ya que se están cansando de esperar promesas que el presidente no está cumpliendo. Y por cierto, no solo la leche y los huevos faltan en los supermercados, tampoco hay azúcar, azúcar que el Estado se está encargando de producir, y también estamos escasos de carne (como ya te comenté, los ganaderos no venden ya que tienen más gastos que beneficios y no les sale a cuenta). Así que ya ves que vienen tiempos duros aquí. Ahora todo el mundo va loco por cambiar a dólares y vender propiedades, y lo que me sorprende muchísimo es que la construcción no ha decaído, más bien está en auge; desde luego no sé quien comprará pero demanda tiene que haber ya que aquí se empieza a construir con los primeros pagos, es un sistema bastante curioso: los pisos que se compran antes de ser acabados cuestan menos de la mitad, ya que hay bastante riesgo de que no se lleguen a acabar nunca y es que el gobierno pide, en ocasiones, permisos inexistentes que los constructores no pueden conseguir. Resultado: muchísimas construcciones en Margarita están a medio construir y abandonadas. En realidad son demasiadas cosas que me chocan pero que a la vez ya me parecen hasta normales, construcciones a medio hacer abandonadas, coches circulando tan tranquilos sin matrícula, películas en el videoclub que, evidentemente, son piratas ya que no han sido estrenadas aún en el cine, discusiones de quien cambia mejor el euro este mes, boquetes inmensos en todas las vías, incluso en las autopistas, calles inundadas cuando llueve ya que no hay ni una alcantarilla, reliquias de coches y busetas de hace más de 40 años, chabolas al lado de apartamentos lujosos, basura y vidrios rotos acumulados en las calles… cosas que en mi país serían impensables aquí todavía son de lo más normal. Espero que, cuando vuelva, no me cueste acostumbrarme a esa otra realidad. Hasta pronto”. No añado ni una línea: ¿hace falta?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 25 de Octubre de 2007 La calle Santiago Niño Becerra No, no me voy a referir a ‘hacer la calle’, pero … Uds. ya lo sabrán, pero voy a recordarlo. Si, de verdad, de verdad, se desea saber lo que pasa en el mundo, en el entorno económico y social, hay que saber lo que pasa en la calle. Leer sesudos informes y elaboradísimos estudios confeccionados por reputadas/os (¿qué mal suena lo de ‘reputadas’, ¿no?) expertas/os, está bien y es necesario, pero para conocer el día a día, hay que salir a la calle, y, una vez en la calle, lo primero que hay que hacer es hablar con tres colectivos: taxistas, camareras/os de bar (de barra, no de mesa) y con empleadas/os de instituciones financieras que realicen su trabajo en la calle. Estos colectivos constituyen el mejor termómetro económico y social que hoy puede encontrarse. Ya les he hablado de una amiga, licenciada en ADE el pasado año, que se halla en la plantilla de una importante institución financiera española, y, de ahí el interés, que trabaja en la calle como gestora de pymes; pues bien, hace unos días coincidimos y estuvimos charlando un rato; bueno, la verdad es que quien habló fue ella, yo me dediqué a escuchar. De entrada su aspecto: mucho más cansado que unos meses atrás. (Cuando coincidimos eran las 21:30 h, y acababa de abandonar una reunión de trabajo; y era la enésima ocasión en que le daban esas horas trabajando). Miméticamente, me repitió lo que semanas atrás, en otro encuentro, me había dicho, pero añadió cosas. Me dijo que hoy, en el reino, ya hay instituciones financieras que no conceden un crédito hipotecario ni a su madre; a promotores inmobiliarios, por descontado y sin paliativos, pero, tampoco, a particulares. En la institución en la que ella trabaja, se miran con una lupa de 1.000 aumentos al promotor que solicita financiación, y con una de 500 al particular que pide un crédito. (¿Y a alguien le extraña que el presidente del Gobierno haya ¿suplicado? a la banca que no cierre el grifo de las hipotecas?). Me dijo que en su institución financiera había nerviosismo, que para mover un eurito se analizaban papeles y papeles y más papeles, que entre los jefes había preocupación, que, por descontado, hoy la solvencia de las operaciones primaba por encima de todo lo demás, sin embargo, los objetivos fijados a las empleadas y a los empleados que se hallan en producción -mi amiga- no cesaban de subir y subir (me dijo la cifra media de captación de nuevo negocio que en este ejercicio tenía como objetivo; es, pura y simplemente, una exageración, un despropósito, tanto, que ni siquiera es una utopía). En la calle, entre las pymes con las que trata cada día, en los polígonos industriales, se percibe una creciente desazón, pero, también me habló de un mantra que puede oírse en oficinas y despachos: ‘si se dice que va a venir una crisis, la crisis llega’; ¡como si una crisis, como si la crisis que ya está llegando, dependiese de que se diga que va a llegar, o no!; que quien esto dice recuerde lo feliz que la gente vivía en Agosto de 1929. Esto en la calle, pero en las alturas, al nivel de los pisos cuadragésimo séptimos de los rascacielos de las poderosas corporaciones financieras, también están llegando los ecos de la calle. Si no, ¿de qué el Citi, el America y el Morgan iban a constituir un fondo para afrontar (¿afrontar?, ¿qué se piensa que se va a poder afrontar con 80.000 cochinos millones de dólares?) consecuencias derivadas de las subprime que van a llegar en el 2008?. En los pisos altos, hasta ahora había incertidumbre, hoy hay temor; esas personas que con un chasquido de sus dedos mueven 5.000 millones de dólares han leído el libro de Galbraith y saben que en 1928 sucedieron muchas de las cosas que hoy están sucediendo. Y en la calle y en los pisos altos, las commodities, y destacando entre ellas, el crudo. Hace un par de años, Goldman Sachs habló de un barril a 150 dólares y las carcajadas se oyeron en Sumatra, hoy, con toda naturalidad se está hablando de un barril a 100 dólares. Un barril a 100 dólares supone tener que pagar el litro de super a 1,5 euros, ¡terrible!, pero, ¿a cuánto supone tener que pagar el kilowatio de energía eléctrica?. En USA -aquí no, ¡faltaría más!: la economía española sigue sólida- ya se está empezando a hablar de estanflación, puede leerse, pero, cuando esto escribo, estoy pensando en una charla que tuve hace un par de semanas con un alumno que ha estado varios meses allí: su información, de nuevo, la recogió en la calle: el día a día. Y ahora que el Dr. Rato se está yendo del Fondo y está bajando a calle, está empezando a decir cosas, no demasiadas, pero algo es algo, ¡por fin!. (Por cierto, inadmisible el chistecito que el Presidente del Gobierno del Reino de España se permitió con el apellido del director gerente del FMI; ¿se habrá preguntado el Sr. Rodríguez Zapatero por el motivo de las pasadas ‘equivocaciones’ del organismo?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 26 de Octubre de 2007 Reclamación Santiago Niño Becerra Una amiga me ha remitido lo que sigue. Y lo que sigue es una carta de reclamación dirigida al departamento de atención al cliente de una multinacional del subsector de la confección; no les cuento más, lean; todo está explicado en la misiva adjunta. “Señores. El motivo de la presente es poner en su conocimiento un hecho incomprensible e ilógico que, por dos veces en los últimos meses, me ha sucedido en dos de sus locales comerciales; el segundo el pasado día 5 de los corrientes (de Diciembre del 2006). Tras elegir varios artículos en su tienda sita en (nombre de una calle), de Barcelona, me dirigí a una de las cajsa a fin de abonar su correspondiente importe; todo fue bien hasta que la cajera llegó a uno de los mismos, concretamente, una blusa. La señorita me dijo que ‘no podía cobrármelo’ debido a que carecía del necesario código; añadió que substituyese la referida blusa por otra, a lo que respondí que ello era imposible al ser el único ejemplar que de aquel modelo quedaba. Y aquí, señores, comenzó una historia kafkiana e incomprensible en un mundo regido por la eficiencia y por las TiCs. La señorita cajera se reiteró en lo dicho: que no podía cobrarme la blusa, y yo, crecientemente encendida, le solicité una dirección a la que comunicar lo que estaba sucediendo y, ante mi postura, ella decidió requerir la presencia del encargada/o de la tienda. Al cabo de unos minutos apareció un señor que, utilizando la lógica más evidente, dio la orden de que alguien fuese a otra tienda de (nombre de la multinacional) ubicada en la misma zona a buscar el código de una blusa igual a la por mi elegida. Ese alguien fue, volvió con el código y la blusa pudo, ¡al fin!, serme ‘cobrada’. Un hecho idéntico al descrito me sucedió hace escasos meses en la tienda de (nombre de la multinacional) ubicada en (nombre de una localidad catalana). (Ah, por cierto, el encargado me facilitó esta dirección a la que ahora estoy escribiendo aunque no sin reticencias: me dio la sensación de que prefería que no escribiese estas líneas; me dijo que existían unos folletos de sugerencias en los que los clientes podían expresarlas, y me entregó un ejemplar). Entiendo que, en su proceso logístico, la necesidad del código del artículo sea esencial; lo que no puedo comprender es que, en pleno siglo XXI, a una persona -yo- que está dispuesta a adquirir algo, se le haga entender que se prefiere perder una venta antes de intentar solucionar un problema que ha sido causado por una ineficiencia del que está vendiendo, es decir, por Uds.; por otra parte, encuentro alucinante que se halle expuesto, y, por tanto, a la venta, un artículo que no puede ser vendido. Sí, una etiqueta de código puede desaparecer (lo que es extraordinariamente difícil ya que ésta se halla cosida la prenda), pero, entonces, ¿por qué no arbitran sistemas de seguimiento hoy en día más operativos?, ¿no han oído hablar de las etiquetas RFDI?. Hechos como el descrito -me niego a creer que lo que a mi me sucedió tan sólo me haya ocurrido a mi, otra cosa es que las/los afectadas/os reclamen- ponen al descubierto carencias organizativas que en nada benefician a la imagen de (nombre de la multinacional). Uds. podrán decirme que implementar sistemas que evitasen hechos como el descrito tienen un coste superior a las minusvalías de ingresos ocasionadas por la defección de clientes molestos, pero, señores, hoy eso no es de recibo. A la vez, lo sucedido pone de manifiesto la baja calidad del personal que Uds. contratan. Si yo no hubiese solicitado una dirección postal a la que dirigirme, yo me hubiese tenido que ir sin la blusa -que, por cierto, es preciosa-, ¿por qué?, pues porque a la señorita cajera no se le ocurríó preguntar al encargado qué hacer en aquel caso. Con seguridad la remuneración de esa señorita será muy reducida lo que incidirá positivamente en sus costes, pero, tal vez, deberían plantearse contratar a un personal ‘con más luces’ y, en consecuencia, remunerarle mejor: mi experiencia profesional me ha demostrado que, en cuestiones laborales, lo barato acaba siendo caro. A medida que hayan ido leyendo estas líneas habrán ido viendo que mi indignación es elevada, y sí, lo es, sobre todo porque lo que ayer me sucedió no encaja con la imagen de eficacia que (nombre de la multinacional) transmite en su publicidad. Atentamente”. Mi amiga es una persona con carácter, lo habrás deducido leyendo la carta. Ahora, Uds. se estarán preguntando que respuesta ha obtenido de la multinacional, pues ninguna; la gran empresa no ha dicho ni pío. Curioso, ¿no?, aunque no, no es nada curioso; total, por una venta … Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 29 de Octubre de 2007 Redistribución Santiago Niño Becerra Todos tenemos claro que significa el concepto ‘redistribución’; ¿seguro?. Como siempre en estos casos, vayamos al Diccionario de la Lengua Española de la RAE. redistribución. 1. f. Acción y efecto de redistribuir. Sigamos. redistribuir. 1. tr. Distribuir algo de nuevo. 2. tr. Distribuir algo de forma diferente a como estaba. Continuemos. distribuir. 1. tr. Dividir algo entre varias personas, designando lo que a cada una corresponde, según voluntad, conveniencia, regla o derecho. 2. tr. Dar a algo su oportuna colocación o el destino conveniente. Es decir, que la idea de ‘redistribución’ lleva implícita la modificación de un reparto de algo entre varias personas, que anteriormente se había realizado con arreglo a unas normas. El modelo de protección social generalizado en algunos lugares a partir de los años 50 asoció en la imaginería popular -y no sólo- la coletilla de que la redistribución venía asociada a que, a través de medios totalmente legales, a quienes más tenían se les quitaba algo y se transfería a quienes menos tenían; el modo utilizado para quitar, generalmente, era a través de la política fiscal, pudiendo, lo que se daba, adoptar formas muy diferentes. Hasta hace unos años ese esquema, con más o menos intensidad y con mayor o menor fortuna ha ido operando de la manera descrita, pero, ni necesariamente la redistribución debe funcionar así, ni tiene, tampoco, que ir en el sentido apuntado. A partir de 1979, el Modelo de Oferta empezó a modificar esta forma de ver la redistribución. Basándose en una falacia: que las reducciones de impuestos -más, proporcionalmente, a las personas con mayor renta y a las compañías que a las personas de menor renta- favorecen la actividad económica y el uso del factor trabajo; principió un camino que se ha ido acelerando con el paso de los años. Las consecuencias de tal proceder se vieron inmediatamente: en los 80, las economías que con mayor ímpetu aplicaron los predicamentos del Modelo de Oferta -USA y UK- vieron como la desigualdad entre rentas se disparaba, aunque eso es algo de lo que no toca ocuparse hoy. La falacia radicaba en que el razonamiento no contemplaba algo que empezó a suceder en el mismo instante en que el Modelo de Oferta comenzó su andadura: 1) que la productividad podía ser aumentada, y mucho; y que el factor trabajo era crecientemente innecesario, que su utilización iba quedando paulatinamente desvinculada de la generación de PIB y, 2) que, en términos relativos, cada vez era menos necesaria una mayor cualificación masiva de ese factor trabajo. A fin de compensar tales derivaciones y, también a fin de aumentar el negocio financiero, se fueron suavizando las normas para acceder a los créditos bancarios. A pesar de que la filosofía del Modelo de Oferta ya ha quedado superada, algunos de sus elementos han sido transferidos al momento actual, entre ellos esa redistribución new que el Modelo de Oferta puso en marcha; el tema tan de moda de los biocombustibles no deja de ser una variante de tal new redistribución. Si USA dedicase el 100% de su cosecha anual de maíz a la producción de bioalcohol, con el producto resultante tan sólo cubriría el 10% de sus necesidades energéticas durante un año, el 10%. ¿Qué se esconde detrás de ese afán por los biocombustibles?. En dólares constantes, el precio del maíz que se paga a los agricultores USA lleva años estancado o a la baja, por lo que las subvenciones son esenciales para los maiceros USA; ¿por qué sucede eso?, pues porque el maíz USA se halla protegido de las posible entradas de maíz exterior. Pues bien, hete aquí, que con la historia de los biocombustibles se matan dos pájaros de un tiro. Por un lado, USA -y Europa, aunque no sea con el maíz- podrá reducir o eliminar sus subvenciones; por otro, los excedentes de cereales desaparecen como por ensalmo. Claro que eso no contempla otras cosas, como la creciente demanda de cereales por parte de China y la India, ni el hecho de que una reducción de la oferta de cereales para alimentación esté implicando un aumento en vertical de su precio. Los biocombustibles van a representar una gota de agua en el mar energético, pero van a tener un impacto político fundamental: “nos estamos ocupando del medio ambiente”, podrán decir los políticos profesionales, pero la verdad de la buena será que, otra vez, se estará llevando a cabo una política redistributiva. ‘Negativa’, dirán algunas/os; ¿negativa?, ¿por qué?. Todo depende del lado en que nos encontremos y el color del cristal con que la miremos; ¿no?. Mañana nos ocuparemos de lo mismo pero desde el lado de las rentas. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 30 de Octubre de 2007 Le llamaremos … Santiago Niño Becerra Estábamos con la redistribución. En los próximos meses vamos a ver muchas señales que nos estarán indicando lo que se nos está viniendo encima, de hecho estas señales ya han empezado y aquí ya nos hemos referido a varias de ellas. Una de estas señales ha tenido lugar recientemente en el reino, y, posiblemente, sea una de las más claras de hasta este momento. El día 2 del corriente mes de Octubre, una diputada y un diputado del Reino de Esdpaña presentaron en el Congreso una propuesta verdaderamente rompedora en base a lo que nos dice la historia económica. Lanzaron la idea de instituir lo que ellos denominaron la Renta Básica de Ciudadanía. Habrán leído profusamente sobre esto, pero, si lo desean accedan aquí a fin de repasarlo: http://www.elpais.com/articulo/espan...pepinac_11/Tes . Unos días después, el Comisario de Empleo y Asuntos Sociales fue un poco más allá al lanzar la idea de que la UE debería establecer una renta mínima para la ciudadanía europea que no pueda desempeñar una labor profesional o, atención ahora, no pueda hallar un empleo. La idea sonó como un estruendo, pero lo cierto es que empezó a hablarse sobre el tema hace años. El asunto, resumiendo, consiste en dar una cantidad de dinero a las personas por el mero hecho de haber nacido, e independientemente de que trabajen, o no, de que deseen, o no, trabajar, y de cual sea su renta. Se podrán imaginar el follón que se lió en el Congreso. La propuesta de estos dos diputados nace de una concepción radical, posibilista y muy realista que, cuando fue planteada, fue bautizada con un nombre mucho menos edulcorado que el que en el Congreso fue dicho: Subsidio de Subsistencia. Y su fundamento tampoco fue el que en el Congreso se expuso: sustituir a las prestaciones existentes en el actual modelo de protección social siempre y cuando tal Renta Básica de Ciudadanía no sea inferior a una renta mínima de pobreza hoy estimada en el 50% del ingreso medio; ¡que va!. La filosofía que subyace en el Subsidio de Subsistencia es la de mantener mínimamente viva a una población que … va a ser crecientemente menos necesaria. A medida que la productividad vaya aumentando, menos población va a ser necesaria para producir, fundamentalmente porque la tecnología va a convertir en no-necesaria a mucha de la población activa o susceptible de ser activa. (Con reiteración y alevosía he utilizado tantas veces la palabra ‘necesaria’). Hoy por hoy, en Occidente, el control coercitivo de la natalidad ni siquiera es planteable a nivel teórico, por ello va a ser preciso establecer legalmente un mínimo que garantice que las personas que no van a ser necesarias sobrevivan, pero tan sólo eso: garantizar la supervivencia, a partir de aquí, quienes puedan / sepan / quieran hacer más o ir a más, que lo hagan si encuentran donde hacerlo. Las reacciones que en el Congreso tuvo la propuesta, si son honestas, demuestran un muy reducido conocimiento de hacia donde se está encaminando la economía y la sociedad; si fueron interesadas, dirigidas a una audiencia política determinada, y pensando en unos votos cortoplacistas, denotan una cortura de miras difícil de explicar en las representantes y en los representantes de la ciudadanía. Puede que hoy, a muchas/os, el Subsidio de Subsistencia, o como quiera denominársele, les suene a herejía, pero vamos hacia eso. La historia está plagada de ejemplos de cambios rompedores que en un momento se propusieron, que generaron polémica y rechazo, y que con los años se demostraron necesarios e inevitables debido al sesgo que los acontecimientos estaban adoptando. Por citar alguno de estos ejemplos, recuerdo la polvareda que en su momento levantó la erradicación de la esclavitud, o las diatribas que ocasionó la puesta en marcha de gravámenes sobre los ingresos. Pienso que, aunque tan sólo sea para generar debate, está bien la propuesta de estos diputados, no por el subsidio en sí, sino por lo que representa; y ojalá ese debate sirva para profundizar en el núcleo del tema: la necesidad decreciente de la población desde la óptica productiva. Ven como si que hemos continuado hablando de redistribución. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 31 de Octubre de 2007 Dr. Rato (II) Santiago Niño Becerra Ya lo dije, pero lo repito: El director gerente del FMI está diciendo lo más interesante que hasta ahora ha dicho ahora que ya está prácticamente fuera de la institución. En todo el maremagnum en el que la economía mundial está metida, maremagnum que, además, va a ir a mucho más, había un aspecto que hasta ahora había sido poco abordado, un tema sobre el que se había pasado de puntillas: los efectos de todo lo que está sucediendo sobre el comercio internacional. Cierto es que se ha advertido de las consecuencias que sobre el comercio interpaíses puede tener una depreciación brutal del dólar USA, sobre todo en lo que respecta a las commodities y, concretamente, al petróleo, pero había una palabra que, mentarla, era tabú: proteccionismo. Pues bien el Dr. Rato lo ha hecho; el Dr. Rato ha dicho que el riesgo existente en los tipos de cambio puede incidir negativamente en las perspectivas de crecimiento, lo que podría desencadenar acciones proteccionistas. ¡Por fin!, alguien que es realmente alguien en la economía mundial ha sacado el tema; Uds. me permitirán que me retrotraiga al pasado a fin de ilustrar el asunto. Cuando la Gran Depresión se inició en 1929, el sistema monetario internacional (digo ‘sistema’ por llamarlo de algún modo), se basaba en al Patrón Oro; su funcionamiento era muy simple: el país que tenía más oro dominaba el cotarro porque, lógicamente, tendería a tener un saldo positivo en su balanza comercial, saldos que, según el sistema, debían ser compensados con oro. 1929 fue terrible, sin embargo, el peor año de la Gran Depresión fue 1930; 1930 fue literalmente horroroso. El nivel de ‘globalización’ existente en los años veinte era, en términos porcentuales, muy semejante al actual, por lo que, en base a los importes manejados, el comercio internacional de todo era bastante elevado, en otras palabras, el nivel de libertad comercial existente era alto. La ventaja de que en un momento expansivo no existan barreras es obvio: facilita el tráfico de todo; pero esa ventaja se torna inconveniente cuando el momento es depresivo. En expansión, la inexistencia de barreras hace que por el mundo se muevan, sin trabas, cosas buenas; en depresión, la misma inexistencia hace que sean las cosas malas las que por el planeta se muevan. Intrínsecamente, el Patrón Oro es muy liberal, consecuentemente, lo que por el mundo se movió durante 1930 fueron cosas malísimas; la solución que se adoptó Uds. la conocen: en 1931 el Patrón Oro fue abolido, y el mundo entró en una era proteccionista de la que no empezó a salir hasta después de la II Guerra Mundial. Bien. Ya no existe el Patrón Oro (ya sé, ya sé, aún hay gente que cree que nunca debería haberse ido, pero hoy no toca hablar de esto), pero desde hace 64 años existe algo que se le parece mucho, muchísimo, y de lo que no gusta hablar: el Patrón Dólar. A medida que USA vaya incrementando el número y la intensidad de sus problemas, tratará de exportarlos, al igual que lo intentará el resto de las economías del planeta. Además, USA lo tiene fácil para hacerlo: depende de la financiación exterior de sus déficits y exporta dólares a mansalva. Los problemas que USA va a tener (y los demás, pero en esta historia esos demás pintan muy poco) van a ser de dos tipos: externos e internos. Los externos tendrán que ver con el dólar, los internos tendrán que ver con lo que pasa en casa. USA es un país que puede ver sin pestañear como el mundo se hunde más allá de sus fronteras, pero no soporta una simple grieta más acá de ellas. Cuando los derrumbamientos comiencen dentro de USA, USA, ¿qué hará?. Pues entrará en tromba en una dinámica proteccionista a fin de defender, lo máximo posible, el interior de su casa, y esto tendrá consecuencias, mejor dicho, incrementará las consecuencias ya iniciadas. (Recuerden que uno de los aceleradores de la Gran Depresión fue la repatriación a USA de capitales USA desperdigados por el mundo). Mientras escribía estas líneas me ha venido a la cabeza una frase que Abraham Lincoln pronunció durante su presidencia: “Eliminad los aranceles y aprobad el libre comercio y nuestros trabajadores serán reducidos al nivel de siervos pobres, como en Europa”. La preocupación de Lincoln no era el bienestar de los trabajadores USA, ¡que va!, sino que la naciente burguesía USA no fuese aplastada por la ya bastantes desarrolladas británica, francesa, belga y prusiana. Si USA se planteó eso en un momento expansivo, ¿qué no va a plantear en uno depresivo?. En los años 30 lo hizo, y lo que viene es parecido. El Dr. Rato ha vuelto a decir algo interesante; tal vez debería prolongar unos cuantos meses su despedida del FMI. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 01 de Noviembre de 2007 Más historia Santiago Niño Becerra A veces, recordar el pasado es sano. El pasado 25 de Marzo se conmemoró el 200º aniversario de la censura real de un documento histórico: The Slave Trade Act, por la que el comercio de esclavos pasaba a ser ilegal, en Inglaterra, y, de rebote, en todos los mares. El impulsor de esta ley fue un miembro del Parlamento de Londres de nombre William Wilberforce, un hombre que empleó la mayoría de su vida parlamentaria en conseguir este objetivo. (Una interesante biografía de este ilustre caballero pueden leerla aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/William_Wilberforce). La conmemoración, que duda cabe, merece ser celebrada, pero, a la vez, una serie de preguntas continúan flotando en el aire dos siglos después de que el rey Jorge III estampara su sello en el documento promovido por William Wilberforce, ¿por qué fue abolido el comercio de esclavos y, años después, abolida la esclavitud en todo Occidente?, ¿por qué Inglaterra se convirtió en abanderada de este movimiento?, ¿por qué la cuna de Shakespeare encomendó a su flota como tarea primordial la persecución de los buques negreros?. Los principios filosóficos introducidos por la Ilustración mucho tuvieron que ver en el cambio de visión con que la esclavitud había sido vista hasta entonces; de hecho Jean-Jacques Rousseau , uno de sus más reputados miembros ya había manifestado que el hombre, en todas partes nacía libre. Sin embargo, ¿fue la Ilustración lo único que forzó la abolición de la esclavitud?. La esclavitud ‘bien entendida’, en contra de la opinión generalizada, no consiste en considerar al esclavo como una ‘cosa’ sino como un bien de capital; quienes mejor entendieron eso fueron los propietarios de las plantaciones de algodón en la Confederación. (Es absolutamente falso que cuando un esclavo no rendía lo que su amo creía que debía rendir fuese atado a un árbol y azotado por un capataz loco, fundamentalmente porque unos latigazos dados de forma inexperta podían dejar lisiado y, por tanto, inútil, a ese bien de capital. Cuando se quería castigar a un esclavo, era un experto en dar latigazos quien se ocupaba de la tarea). Cuando el siglo XIX comenzó, algunas zonas -que no países- de Europa se hallaban inmersas en un proceso que, posteriormente, sería conocido como I Revolución Industrial; algunas de esas zonas se hallaban en Inglaterra. La Revolución Industrial dio lugar a muchas novedades, pero, de largo, la principal fue un apreciable aumento de la productividad; pero más productividad supone más oferta, y para que esa oferta se venda es necesario que haya una demanda que la compre. La esclavitud ‘bien llevada’ puede funcionar bien cuando la oferta se mueve dentro de unos límites, pero no cuando la oferta es susceptible de crecimientos exponenciales, cuando eso sucede, la esclavitud tiene un problema muy gordo: los esclavos pueden llegar a generar bastante desde el lado de la oferta, pero no generan prácticamente nada desde el de la demanda. Por ello Revolución Industrial y esclavitud son términos totalmente incompatibles. La Revolución Industrial no sólo precisaba de bienes de capital que produjesen, necesitaba, también, de elementos que produjesen hasta el agotamiento pero que, a la vez, consumiesen, y eso sólo podían hacerlo personas libres. La Ilustración mucho hizo a favor de la abolición de la esclavitud, seguro, pero si no hubiese sido por el aumento de productividad que el maquinismo produjo, ¿se hubiera acabado tan rápidamente la esclavitud?. En Inglaterra y en los estados del Norte de USA lo entendieron, no así en el Sur; esa es la razón última de la guerra civil USA y, en última instancia, de la abolición de la esclavitud. Fin de esta reseña, histórica, claro. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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