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| Opinión, 03 de Diciembre de 2007 Emisiones Santiago Niño Becerra Tenía que pasar, y ha pasado. El planeta cada vez está más guarro porque cada vez lo enguarramos más, nosotros, los humanos, pero, dejando de lado a quienes lo enguarran porque disfrutan haciéndolo / porque no dan más de sí, la causa fundamental de tal enguarramiento es porque es una consecuencia de la forma como los humanos generamos PIB; de eso ya hemos hablado aquí. Los países subdesarrollados, ante las exigencias de las diferentes normativas acuñadas para mitigar el enguarramiento del planeta, argumentan que si a ellos no se les deja hacer lo que en su día hicieron (y aún hacen) las economías que ahora son desarrolladas, nunca podrán desarrollarse, porque para crecer hay que enguarrar. Los desarrollados dicen que, ahora, eso no va así porque el clima y el medio ambiente es cosas de todos, y que si, por ejemplo, la República Democrática del Congo enguarra, eso afecta a San Marino, y viceversa claro, por lo que tanto uno como el otro han de reducir su contribución al enguarramiento planetario. (Me gustaría a mi saber que carajo le importa a la República Democrática del Congo lo que enguarra San Marino con la tasa de miseria que tienen, pero bueno). Bien, pues el razonamiento de las economías subdesarrolladas ha prosperado, ya que los seis países menos desarrollados de Europa han empezado a argumentar lo mismo: que como están menos desarrollados de lo que lo están quienes han elaborado las normas antienguarramiento, si cumplen tales normas, podrán desarrollarse más lentamente, mucho más lentamente, por lo que tales normas, en el seno de la UE, deberían renegociase de otro modo. Es mí parecer, pero lo que a mi modo de ver quieren tales países no es poder contaminar más, ya que, querer eso no es correcto en términos políticos. Lo que a mi modo de ver buscan esos países es más pasta, por la vía de los fondos comunitarios o por la vía que sea, pero más pasta al fin y al cabo. ¿Absurdo?, ¿egoísta?. No sé que decirles. Polonia (o cualquiera de los seis que así argumentan, y eso que aún no se han incorporado Rumania y Bulgaria, que cuando lo hagan, en vez de seis serán ocho los países que así argumentarán), preguntan que porqué ellos ahora no, y los demás hace un par de siglos, y menos, sí. Porqué, es decir, en virtud de qué filosofía, a ellos se les impide crecer. Peliagudo. El tema de la contaminación, el tema de la conservación del medio ambiente, es un tema que surge cuando ya se han cubierto las necesidades básicas, las que no lo son, y las otras; a ver, ¿me pueden decir que economías son las más ecológicas del planeta?, las más pobres, ¿verdad?. (Esto no implica que las más ricas, indefectiblemente, lo sean, no, piensen en USA). Cuando las cosas van bien y se tiene la tripa muy, pero que muy llena, es posible adoptar una conciencia ecológica nacional, pero ese no es el caso ni de Polonia ni de la República Democrática del Congo, ¿si?. Mal asunto, Por cojones tenemos que ser más ecológicos porque, si no, el planeta se va a la mierda, no mañana, ni pasado, pero se va; pero, por otro lado, nosotros, todos, no sabemos crecer sin enguarrar, entre otras razones porque enguarrando es la forma más fácil y más barata de crecer. Complicado, ¿a qué si?. La solución, indefectiblemente, tiene que venir a través de un nuevo modo de producción, es decir, de un nuevo modo de hacer las cosas, en otras palabras: de la implantación de un nuevo sistema; lo que sucede es que eso tendrá consecuencias (y puede no, seguro, que no van a ser muy agradables. En fin, cosas que pasan. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS, Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 04 de Diciembre de 2007 Desigualdad – 1 Santiago Niño Becerra El término vuelve a estar de moda, pero no por lo que puedan pensar. Ignoro el motivo por el que al Modelo de Protección Social se le denomina Estado de Bienestar. El primero, el Modelo de Protección Social, es un conjunto de beneficios que algunos Estados, con carácter generalizado, tienen instituidos para sus poblaciones desde la década de los 50. Se nutre de ingresos públicos, sobre todo de impuestos, y la razón de su existencia fue lograr una cierta redistribución en la renta a fin de evitar el auge de las opciones políticas de izquierda (de la izquierda de entonces) así como contribuir, vía consumo público, al crecimiento económico en una época en la que éste se hallaba vinculado al pleno empleo de los factores productivos. ¿Si?. Pero para que pudiera existir el Modelo de Protección Social hacía falta que se diera un Estado de Bienestar. El Estado de Bienestar no es algo que la raza humana haya decidido crear: apareció por evolución de las cosas. Hasta 1950 la miseria y las privaciones de la mayor parte de la población (de los países entonces desarrollados) eran consideradas algo normal y habitual, y eran causa de muy pocos comentarios, tanto en New York City como en París. La economía utilizaba una parte muy limitada de los factores productivos y de los recursos existentes, incluido el factor trabajo, por lo que el desempleo, el subempleo y el paro encubierto eran endémicos en todas partes. La mano invisible funcionaba a las mil maravillas, pero el equilibrio que lograba era a la baja, es decir, el crecimiento, que lo había, era muy reducido y estaba muy por debajo de las posibilidades reales. En la década de los años 20, en algunos países, sobre todo en USA, la productividad aumentó espectacularmente, pero el tejido económico fue incapaz de absorber el incremento de oferta a que dio lugar esa mayor productividad; eso, unido a la hiperespeculación bursátil generada por las ansias de obtener unas ganancias que de otro modo no podían ser obtenidas y a la inflexibilidad del sistema productivo – financiero, ocasionó la Gran Depresión. El remedio llegó con lord Keynes. Este señor vio que las cosas podían hacerse de otra manera porque la situación era propicia para que así fuese: utilizando todas las posibilidades, movilizando todos los recursos, poniendo en juego todos los factores productivos. Y, a partir de ese momento, el sistema -el planeta- entró en un Estado de Bienestar alcanzando, durante la segunda mitad de los 50 y a lo largo de los 60, un crecimiento como nunca antes se había alcanzado, lo que posibilito la puesta en marcha del Modelo de Protección Social. ¿Queda claro?. El rollo anterior era básico para explicar lo que viene a continuación. Hace escasos días ha estado celebrándose la Cuarta Conferencia Anual sobre el Crecimiento y la Distribución de la Renta, y ahí ha sido analizado el impacto del Modelo de Protección Social en Europa a fin de reducir las desigualdades entre las rentas más altas y las más bajas, frente a la mucho mayor desigualdad existente en USA debido, precisamente, a la inexistencia, allí, de un Modelo de Protección Social semejante al de aquí. Evidentemente, esto, dicho así, es cierto, pero la pregunta es, ¿hay algo mas que influya en esa desigualdad?. La respuesta a esa pregunta es decididamente afirmativa. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 05 de Diciembre de 2007 Desigualdad – 2 Santiago Niño Becerra Seguimos. USA es un país muy moderno, de hecho, los USA que hoy conocemos no nacen hasta 1865, cuando su guerra civil finalizó, momento en el que el sistema económico imperante en el Norte, el capitalismo industrial, se extendió a todo el territorio. Pero en 1865 el capitalismo industrial USA estaba muy retrasado respecto al británico, por lo que tuvo que forzar, y mucho, la máquina. La potencia económica del momento era el Reino Unido, país que, aunque como tal no nació hasta 1801, llevaba siglos estructurándose, razón por la que contaba con una cohesión política y administrativa con la que USA no contaba. USA es un país formado por aluvión. Partiendo de la pequeña colonia de Virginia, sucesivas oleadas de colonos fueron ocupando el territorio existente a su Norte, Sur y Oeste, lo que puede ser muy romántico y folclórico, pero muy negativo a la hora de lograr una homogeneidad administrativa y política. Los estados de USA se fueron creando a medida que los colonos iban construyendo unas mínimas condiciones estructurales y a medida que su población fue alcanzando una dimensión, también mínima, para poder demostrar que el territorio de los futuros estados estaba ocupado, población que, en su inmensa mayoría, estaba integrada por emigrantes europeos, o por sus descendientes, que huían de la miseria y de algo que habitualmente es olvidado: que en Europa no eran necesarios. Es decir, USA se fue creando con carencias estructurales inimaginables en Europa, pero, en gran medida, esas carencias fueron suplidas con ‘ideologia’ (ojo a las comillas). Los primeros colonos que en los siglos XVII y XVIII desde Europa llegaron a los futuros USA se llevaron muy pocas cosas consigo, pero de una se llevaron toneladas: fundamentalismo calvinista, fundamentalismo que llevaron hasta sus últimas consecuencias al estar el territorio al que fueron desprovisto de las mínimas condiciones estructurales necesarias para que pudiera ser considerado un Estado, y condiciones que Inglaterra no introdujo, como en la India, porque para Inglaterra sus colonias americanas, desde el principio, fueron consideradas un mero territorio de rapiña. Llevar el fundamentalismo calvinista hasta sus ultimas consecuencias fue cuestión de supervivencia, cierto, pero tuvo efectos tremendos en el futuro. A finales del siglo XIX la evolución del fundamentalismo calvinista derivó en una cosa muy fea de la que nunca, en USA, ha gustado hablar: el darwinismo social. El darwinismo social entendía la sociedad (de ahí las comillas en ‘ideología’) partíendo de la base de que ningún ente supraindividual debe intervenir en la vida social y económica debido a que el individuo es totalmente libre por lo que es dueño de sus actos. Por tanto, si alguien es pobre es porque ese alguien, en el marco de su libertad, no ha hecho lo que debería haber hecho, por lo que, si la pobreza existe, es porque Dios así lo quiere. Entre 1890 y 1930 el darwinismo social fue la ideología oficial en USA en materia económica y social, y, gracias a él, es posible entender la aparición de los grandes magnates de la oligarquía económica estadounidense, los antiguos Rockefeller, Vanderbilt, Astor, Girard, Carnegie, o los nuevos Gates o Buffett, así como la existencia de colectivos sumidos en la más absoluta miseria. Tras la II Guerra Mundial en USA empezó, por conveniencia, a suavizarse el mensaje darvinista, pero no desapareció la filosofía porque esta era parte indisociable del modo de hacer estadounidense. Durante los 60 la clase media USA trepó a lugares anteriormente no soñados, lo mismo que las grandes fortunas, pero durante estos años éstas mantuvieron un todo vital muy apagado porque entendieron que necesitaban de la clase media; y la clase media prosperó, con limitaciones, claro; la principal, carecer de un Modelo de Protección Social. En cualquier caso, la clase media USA pudo, en los 60, capear la carencia al contar con continuadas mejoras de renta, planes de cobertura médica pagados por las empresas y una creciente capacidad de endeudamiento de que se le fue permitiendo disponer. En esto consistió el Estado de Bienestar USA, y por eso el Modelo de Protección Social siempre fue denostado por el darwinismo social estadounidense: ¿para qué un Modelo de Protección Social?: ‘fijaros, pueblo’, se decía a la población, ‘hasta dónde habéis llegado utilizando sabiamente vuestra libertad y utilizándola en un país libre, es decir, con un Estado no intervencionista, lo que equivale a bajos impuestos, y a fin de que elijáis lo que creáis más conveniente’; y, pensaban lo que lo anterior decían: ‘y gracias a lo cual nuestro poder es mayor al no existir un Estado que se inmiscuya en temas sociales ni fije políticas redistributivas’. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 06 de Diciembre de 2007 Desigualdad – 3 Santiago Niño Becerra Continuamos. El turno del darwinismo social volvió a partir del período 1973 – 1979. En estos años, y debido al terremoto que supuso el incremento de los costes de producción debido al aumento del precio de las commodities, distintos expertos llegaron a la conclusión de que utilizando una menor cantidad de recursos y factores productivos podían obtenerse tasas de márgenes netos semejantes a las obtenidas utilizando cantidades superiores. La productividad comenzó a crecer y la inflación se convirtió en la bestia negra a batir, en Europa y en USA, pero la inexistencia de un Modelo de Protección Social en USA y el recorte que este sufrió en UK, llevaron a una creciente desigualdad en los niveles de renta entre los llamados colectivos más y menos favorecidos. A partir de aquí la historia es conocida. La búsqueda de mayores productividades, la decreciente necesidad de factor trabajo, las deslocalizaciones, las posibilidades brindadas por las TICs y la cadena de premios establecida para aquellas/os que lograsen rebajas de costes y aumentos de rentabilidad, fueron conformando un escenario de desigualdad creciente, aquí y allá, pero allá más que aquí debido a la inexistencia del colchón que supone el Modelo de Protección Social. La desigualdad en USA es creciente al no existir un Modelo de Protección Social, pero en Europa también ya que el Modelo de Protección Social es fruto del Estado de Bienestar, y el Estado de Bienestar está declinando. En los años 30 nació la posibilidad real de ‘ir a más’, posibilidad que, a partir de los 50, se manifestó en un ‘ir a más’ real. Desde 1973 esa posibilidad está declinando porque ha dejado de ser imprescindible, por lo que tanto la vía europea como la vía USA están declinando. Si la situación más o menos se ha mantenido ha sido, en USA gracias al endeudamiento y, en Europa, gracias, tambien al endeudamiento y al Modelo de Protección Social. La crisis del 2010 va a ser, tras la de los 70, el segundo batacazo que el Estado de Bienestar va a recibir, y este va a afectar de lleno al Modelo de Protección Social europeo, porque este segundo batacazo es hermano del primero. La consecuencia es fácil de adivinar: la desigualdad va a más, a mucho más. En USA porque la figura del endeudamiento va a mucho menos a la vez que la necesidad de factor trabajo va a la baja, en Europa porque sucederá lo mismo que en USA lo que llevará a una caída en vertical del Modelo de Protección Social. La evolución de esta película es evidente. En las próximas décadas las desigualdades entre las rentas tenderán al alza, sin paliativos. De todos modos, esto no debería sorprendernos. ¿Quién, en 1340, o en 1565, o en 1682, o en 1891 hablaba de ‘desigualdades entre las rentas’?, nadie, básicamente porque el concepto de desigualdad no existía; por tanto, volveremos a una situación históricamente normal. En consecuencia la solución a esta creciente desigualdad es sencilla: eliminar el concepto de desigualdad. De hecho ya lo dice el refrán: “Muerto el perro …”. ¿Han deducido ya el motivo de que la desigualdad esté de moda?, pues porque en las últimas dos décadas ha ido a más y en las próximas va a ir a mucho más. Hoy, en USA, el 0,01% de la población controla el 5% de la renta nacional, igual que en 1915 y que en 1920, los momentos en que mayor cantidad de renta ha sido controlada por menos gente; de cara a esa cosa denominada ‘estabilidad social’, preocupante, sobre todo sin la existencia de colchones y con la capacidad de endeudamiento a la baja, ¿verdad?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 07 de Diciembre de 2007 Desigualdad – y 4 Santiago Niño Becerra Hoy acabamos. En Europa las cosas no son tan diferentes, en realidad, como en todas partes, y a pesar del ‘modelo europeo’, la desigualdad está aumentando; cierto es que ese aumento tiene otra cara, una cara más difusa que se manifiesta de forma más etérea: de momento, en forma de caída del peso de los salarios en el PIB. Hace escasos día la Comisión Europea lo ha dicho en la edición de su informe anual “Employment in Europe” correspondiente al 2007. La entrada del informe la tienen aquí y desde aquí pueden ir navegando por el informe; impresiona: http://ec.europa.eu/employment_socia...oy_2007_en.htm . ¿Qué está sucediendo con el factor trabajo en la UE?, pues que visto desde el lado de la oferta, el peso de los salarios más el de la remuneración del trabajo realizado en régimen autónomo está cayendo en el PIB; exactamente 12,1 puntos en la UE 15 entre 1975 y el 2006. (En el Reino de España, más: 13,4 puntos). ¿Por qué ha sucedido esto?. Si leen el informe no lo encontrarán, pero la última verdad es muy sencilla: porque el factor trabajo es cada vez menos necesario para generar PIB; así de simple y así de fácil. El factor trabajo, hasta los años 80 era imprescindible para generar PIB en las economías desarrolladas, pero a partir de los 80 y, sobre todo, desde 1995, la generación de PIB se ha ido desvinculando de la cantidad de empleo utilizado, o, dicho con otras palabras, cada vez han hecho falta menos unidades de factor trabajo para generar las mismas unidades de PIB o, en esto estamos desde hace algunos años, para generar más unidades de PIB. El informe dice que el progreso habido en la tecnología ha jugado un papel fundamental en la evolución de la caída del peso de los salarios en el PIB, pero la cosa es más compleja que eso. Con la tecnología, desde 1995, desde que comenzó la masificación de las TICs, se ha ido experimentando un proceso muy curioso, y nuevo: jamás había sucedido algo así anteriormente. La tecnología, cada vez es 1) más sofisticada, 2) más barata, y 3) más fácil de utilizar; es decir, la tecnología, cada vez hace más cosas, cuesta cada vez menos y precisa, para su manipulación, una mano de obra de menor cualificación. ¿Qué quiere decir esto?, pues que, a) cada vez es más rentable tecnologizar (sé que esta palabra no está en el RAE, pero me encanta porque es supergráfica) procesos de fabricación-elaboración, es decir, de generación de PIB, b) cada vez es más factible utilizar menos unidades de factor trabajo, y 3) cada vez es posible usar unas unidades de factor trabajo más baratas. Si sumamos todo esto lo que nos sale es la menor participación de los salarios en el PIB. Las consecuencias de esto son evidentes: la desigualdad crece porque al aumentar el peso del capital y al reducirse el peso de los salarios, los salarios medios reales crecen muy poco (en el reino, según algunos estudios, el 0,9% en los diez últimos años); en ello influyen elementos como el subempleo y el paro encubierto crecientes y la deslocalización de procesos económicos hacia otras economías intensivas en factor trabajo. Y el tema no es nuevo. Lean “(...) la perfección cada vez más creciente de la máquina moderna está (...) convirtiéndose en una ley obligatoria que fuerza a los capitalistas industriales individuales a mejorar de forma permanente sus máquinas, siempre con la finalidad de incrementar su capacidad productiva (...) (pero) la amplitud de los mercados no puede seguir el ritmo de esta ampliación de la producción. La colisión se hace inevitable”. Lo dijo Fredererich Engels, en 1882, y pertenece a su obra “Socialismo utópico y Socialismo científico”. John Maynard Keynes, el monstruo, también se refirió al tema en 1936: “Los dos vicios que marcan el mundo económico en el que vivimos son, el primero, que el pleno empleo no está garantizado, el segundo, que el reparto de la fortuna y de la renta es arbitrario y falto de equidad”. “Nos afecta una nueva enfermedad de la que algunos lectores puede que aún no hayan oído su nombre, pero de la que oirán hablar mucho en el futuro inmediato, se denomina “desempleo tecnológico”. Está sacado de una de las biblias de la economía: “Teoría General del Empleo, el Interés y la Moneda”. Y Joan Violet Robinson bordó la jugada en su “Essays on the Theory of Employment” de 1937: “Si no existiese ningún sistema regular de subsidios de paro -o de ayuda a los pobres que sea preferible al suicidio-, un hombre que se quede sin trabajo debe ganarse la vida como sea. (...) Por lo tanto, salvo en condiciones peculiares, una caída de la demanda efectiva que reduce, a su vez, la oferta de empleo en las industrias establecidas, no conducirá al desempleo en el sentido de la inactividad total, sino que obligará a los desempleados a llevar a cabo diversas actividades: vender cerillas en el Strand, cortar leña en el bosque, cultivar patatas en sus huertos particulares (...), es natural calificar estos empleos inferiores como el desempleo encubierto”. Hace años, tras la II Guerra Mundial inventamos un tinglado basado en que cada vez era necesaria una mayor cantidad de factor trabajo crecientemente mejor remunerada; y la desigualdad se redujo. Luego, reinventamos el tinglado reduciendo la cantidad de factor trabajo necesario, pagándolo peor y contratándolo en peores condiciones, pero lo compensamos permitiendo que ese factor trabajo se endeudase. Ahora la pregunta es: ¿queda ya algo por inventar?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 10 de Diciembre de 2007 Perspectivas Santiago Niño Becerra El título completo es: “Situación y Perspectivas de la Economía Mundial y de España”. Es uno de los últimos productos de la Oficina Económica del Presidente (del Gobierno de España, y no quiero entrar en polémicas en relación al nombre). Y, ¿qué dice?, pues que ‘España está bien’. “Vaya, dirán Uds., el mismo mensaje”. No exactamente. El anterior presidente del Gobierno acuñó el ‘España va bien’, este ha acuñado cosas parecidas: el ‘España país de éxito’, el ‘La economía española juega en la Champions’, el ‘La economía española es la envidia de muchos países’. Todo eso sí es parecido, pero en lo que puede deducirse del informe de referencia, hay algo diferente. España está bien, lo que no quiere decir que siempre vaya a estarlo. El mensaje oficial es el de que la economía española es sólida, por lo que está preparada para lo que venga. Algo en estos días parece confirmar este punto de vista: las nutridas promesas de gasto público que se están realizando (ya hemos hablado de este tema); sin embargo, las cosas no son tan automáticas. Evidentemente, es mi opinión, pero creo que detrás de esas promesas, de esas palabras, de este informe, lo único que hay es la certeza de que dentro de pocos meses, muy pocos para el reino, de tales promesas, de tales palabras y de tal informe, no quedará más que el recuerdo; no por nada, simplemente porque la realidad hará imposible cumplir las promesas, mantener las palabras y sostener las conclusiones del informe. La realidad, esa cosa tan gris y aséptica pero, sin embargo, tan brutalmente real. Decir, como se está diciendo, que la depreciación del dólar no afectará, o lo hará muy poco, a la economía española es difícilmente creíble. Un dólar débil supone que la economía USA está débil y, por ello, supone una débil economía planetaria. España es un país que depende del exterior como el que más, por lo que una economía mundial débil, lo que supone es una economía europea débil, ¿no va a afectar a España algo así?. En el reino, muchas y muchos, una gran mayoría, dicen lo bien que la economía española está y lo bien preparada que se halla para afrontar ‘lo que sea’; el Gobierno es uno de esos muchos. Otros dicen que las políticas económicas que están siendo aplicadas por este Gobierno son un horror; el principal partido de la oposición es uno de esos otros. Pienso que ni unos ni otros lo creen, pero lo dicen porque toca decirlo -¿porque tienen que decirlo?-, pero lo cierto es que el tiempo va pasando, las cosas cada vez están más oscuras, los Gobiernos, aunque continúan teniendo la misma voz, cada vez tienen menos voto, y las oposiciones, oposiciones son. Mi duda metafísica, mi pregunta existencial, es: y cuando las cosas empiecen a manifestarse verdaderamente mal, ¿qué dirán?. ¿Qué dirá el Gobierno sobre sus informes del pasado?, ¿qué dirá la oposición sobre sus diatribas cuando se vea que lo que ha llegado nada tiene que ver con las políticas tomadas?. Será verdaderamente curioso observar que se dirá entonces, unos y otros, estas y aquellas. Lo malo será que nos quedaremos con lo de siempre: ‘Las cosas iban bien pero los cambios de los últimos meses han hecho variar las circunstancias’. De momento, el Gobierno ya ha admitido que, en el 2008, el incremento del PIB podría, incluso, ser menor del 3%; ¿cuánto menor?, ¿0,1 puntos?, ¿0.4?, ¿más?. Hasta el 9M (dichosa manía de utilizar esta nomenclatura; ¿qué sucederá cuando empiecen a repetirse fechas?, ¿emplear el bis?) el Gobierno va a seguir con la sonrisa puesta y echando pelotas fuera, y la oposición vociferando sin atinar en la dirección ni en la composición de sus denuestos. Después del 9M … ya veremos. De momento ya se está diciendo que alguien va a emitir por la tele partidos de football muchisisímo más baratos que quien ahora los está emitiendo. ¡Algo es algo!. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 11 de Diciembre de 2007 Precios Santiago Niño Becerra Todo sube su precio, todo; ¿todo?. En la portada de la página http://www.msn.com del día 29 de Agosto (hace días de esto, lo sé, pero una charla que tuve con alguien no hace mucho, ha vuelto a poner de actualidad el asunto), en esos flashes que van apareciendo y sustituyendo al anterior y en los que se anuncian empresas y actividades, uno destacaba, era de la compañía Dell. Les incluyo el link, aunque puede que hoy no esté ya activo: http://www.dell.com/content/topics/s...6644933-355101 . El flash decía que, tan sólo por un día: el 29 de Agosto, podía adquirirse un ordenador de sobremesa de la marca por 379 dólares y un portátil por 499. Pensarán Uds. que las configuraciones de ambos ordenadores serían una mierda, pues no, en absoluto; evidentemente, no eran las más potentes que hoy pueden ser adquiridas, pero les aseguro que eran más que suficientes para que el 99% de los mortales pudieran hacer el 99% de las cosas que con un ordenador hacen. Los precios de las lechugas, de los combustibles, del pan y de la leche, de los restaurantes y de los hoteles, así como los de otros muchos bienes no cesan de aumentar, pero los de la electrónica y, en concreto, los del hardware, no paran de bajar; pero esto hay que aclararlo. Hoy, en moneda constante, un ordenador cuesta muchísimo menos de lo que costaba hace cinco años, es decir, para adquirir un ordenador hay que poner encima de la mesa mucha menos pasta de la que había que poner hace cinco años, tanto descontando la inflación, como no descontándola. Pero, a mayor abundamiento, y eso es lo que es más sorprendente, por esa menor cantidad de pasta que hay que poner encima de la mesa, se obtiene un ordenador con unas prestaciones que son infinitamente superiores a las que brindaba un ordenador de hace cinco años; de entrada, porque hace cinco años no existía un ordenador como el que hoy se obtiene, pero, además, porque los precios de los ordenadores han pegado una bajada en vertical. (Culturilla: este mayor abundamiento es lo que técnicamente se conoce como ‘precios hedónicos). Los precios del hardware -y los del software, aunque no exactamente por los mismos motivos- llevan años experimentando caídas fortísimas de un mes para otro. Eso es debido a que se fabrica en los lugares donde es más barato fabricar, naturalmente, pero, además, ese descenso en los precios de los ordenadores está viniendo motivado por los espectaculares incrementos que está teniendo la productividad en su fabricación y que también está experimentando la elaboración de sus componentes; acompañando a eso, también se está produciendo mejoras continuadas en la logística del hardware. Y claro, la pregunta es: ¿dónde se halla el límite de los precios del hardware?. Sinceramente, pienso que ese límite se encuentra en cero. “¿En cero?”, exclamarán, sí, en cero. El hardware, cualquier hardware, aunque de momento, sólo sea algún hardware, ya es una commodity, pero una commodity que tiene una característica que la diferencia de la mayoría de commodities: su uso genera un consumo, creciente, en muchos casos, de otras cosas, consumo que puede ser objeto de negocio. ¿Ven por dónde voy?. Un ordenador no es hoy un fin en si mismo, es una puerta hacia otros mundos, mundos en los que, para hacer cosas, puede que se instituya el pago, el pago por acceder al uso de los elementos de esos mundos. Pensando así, el ordenador es una herramienta imprescindible para usar lo que esos mundos puedan ofrecer, por lo que, lo lógico, es que esas herramientas sean ultrabaratas e, incluso, que sean gratis. De ahí que, a mi entender, cero sea el límite al que el precio de los ordenadores puede llegar. El tiempo dirá. (En esta línea, no entiendo como el precio de los terminales de telefonía móvil no es ya de cero unidades monetarias, es decir, no entiendo como los móviles no son ya gratis; pero no algunos móviles, sino todos los móviles). Al cabo de un tiempo, el link que les incluyo se lo remití a un distribuidor de productos informáticos de reconocidas marcas que conozco desde hace años; simplemente se lo envié recomendándole que le echase un vistazo. Transcribo su respuesta de hace unos días: “En mi opinión, es el puro reflejo de un mercado sin ley y encabezado por una pandilla de impresentables, (los fabricantes) que si bien es cierto están ganando dinero a montones, también están consiguiendo destrozar toda la distribución. ¿A dónde van a parar?. Seguramente a las grandes superficies, como si de un electrodoméstico mas se tratara… Imagino que ese será el final de un producto, que visto desde el lado profesional, nada tiene que ver con un lavaplatos o un aspirador… pero por desgracia ese será su final. No es necesario ir a Dell, todas las marcas están haciendo estas barbaridades y digo barbaridades, porque a pesar de conseguir un precio excelente, el cliente también acabará consiguiendo un penoso servicio: el del fabricante”). Pues eso. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 12 de Diciembre de 2007 Hong Kong Santiago Niño Becerra Ya lo saben porque se lo he dicho. Personas que me aprecian me envían cosas, unas las obtienen de la Red, otras me las cuentan: son sus experiencias, sus observaciones. Lo que viene a continuación es un mail que, desde Hong Kong, me ha enviado una buena alumna y buena amiga que el curso pasado obtuvo su licenciatura en ADE. Se incorporó el pasado mes a una compañía de trading radicada en la antigua colonia británica y en los pocos días que lleva en HK ya tiene material para enviarme. Lean. “Del tema de la crisis aquí no he oído nada, aunque si te digo la verdad tampoco he indagado mucho. Lo único que hago es observar, y gente por la calle yendo de tiendas hay en manada aunque lo que se dice comprar no compran nada porque no llevan bolsas. Tampoco veo a la gente preocupada, yo creo que no se plantean estas cosas. Hace unos días lo pensé en el trabajo cuando mi compañera me pasó unos documentos y, al preguntarle por qué y para qué hacían una operativa, me dijo que no tenía ni idea. Te quiero decir que creo que la mayoría se dedica a hacer lo que tiene que hacer mecánicamente sin mirar hacia donde van las cosas, tanto personas de oficinas, como trabajadores de fábricas. Es como si a ellos no les concerniese de qué depende el negocio; hasta que no lo lean en un periódico no sabrán que las cosas van mal. En cambio sí que he oído varias veces a mi jefe quejarse por la subida del precio del petróleo que, claro, afecta en el precio del transporte de las exportaciones, porque él aunque no lea en el periódico que las cosas van mal, sabe que eso afecta directamente a su negocio, como cualquier empresario. Por eso creo que saber que las cosas no van bien, que van a ir a peor sólo lo sabe la gente que tiene que mirar con perspectiva, el resto de la gente sólo lo verá cuando vaya al banco a pedir crédito y le digan que no, pero por ahora no son demasiados. Y también he podido ir viendo en el trabajo que, además de estar cada vez más pillados por las subidas del petróleo, también lo están por las subidas de las materias primas, como el aluminio, que claro no sería un problema si hubiese demanda que pagase el precio. Pero cada vez los pedidos son más pequeños, o los márgenes mas ajustados. Me comentaban varios compañeros que estaban alucinados por cómo había bajado la cantidad de gente que había ido este octubre a la feria de Cantón, en la que estuvimos, y que lo mismo había pasado en la de septiembre, en Alemania, pero no sólo consumidores, sino número de stands porque las empresas tenían que ahorrar costes. Cuando llegamos al aeropuerto de Hong Kong lo comentaron porque en la cola de pasaportes había la mitad de gente que el año pasado. Creo que aquí se pueden pegar un buen batacazo, porque además de que el país entero se basa en las exportaciones y depende del exterior, las fábricas que generan todo eso no son ni suyas, sino extranjeras, así que ni siquiera los beneficios que se obtienen de producir tan barato se quedan en China”. ¡Ah!, por cierto. Un dato aportado por mi antigua alumna: está residiendo en un apartamento de 15 m2 (sí, sí, han leído bien) por el que paga el equivalente a 60 euros diarios. Multipliquen. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 13 de Diciembre de 2007 Sindicatos – 1 Santiago Niño Becerra Uds. ya lo sabrán: en Francia existía un fondo secreto para la ‘facilitación’ de las relaciones entre los sindicatos y las empresas. Si he de serles sinceros (siempre lo soy) no me ha sorprendido lo más mínimo; nada de nada; ¿por qué?, pues por que es algo lógico, más aún, lo que me extrañaría es que, bajo formas y denominaciones distintas, no existiese en todos los países y en muchas compañías. (Recordarán el escándalo que hace unos meses a este respecto fue descubierto (?) en Volkswagen). Digo que es lógico por cómo ha sido la consideración que el capital ha dado, desde el inicio de la I Revolución Industrial, al factor trabajo y por cómo han sido, a los largo de los últimos casi 200 años, las relaciones entre el capital y el factor trabajo. El capital, desde los inicios de la industrialización explotó a la clase trabajadora hasta límites hoy inimaginables, pero no lo hizo por sadismo, sino por necesidad. En una época en que la vida humana no valía nada y en la que los derechos humanos estaban por inventar, la burguesía se lanzó a una carrera, primero, por el crecimiento de la producción y, después, por la rebaja de los costes de producción. Si a lo anterior añadimos un exceso de población activa desde que en la agricultura comenzaron las reformas orientadas a incrementar la productividad en el campo, exceso de población que no podía ser absorbida por el sector industrial; si sumamos un absoluto absentismo de los poderes públicos por las condiciones de trabajo existentes en las fábricas; si añadimos una población al alza debido al descenso en la tasa de mortalidad; y si metemos en los sumandos la existencia de una total prohibición -solicitada por el capital y bendecida por el poder político- para que los trabajadores pudieran reivindicar, tenemos servida la explotación de la clase obrera. Hasta 1880, para el capital los integrantes de la clase obrera eran meras herramientas que posibilitaban la producción, imprescindibles porque a más producción se precisaba de más trabajadores, pero explotables a través de salarios de subsistencia y extenuantes jornadas de trabajo en ambientes totalmente insalubres, pero, también, fáciles de obtener cuando se producía su muerte o su incapacidad. La clase obrera, cierto es que realizó algunos conatos de protesta, pero una eficiente política represiva unida a un estado de permanente miseria limitaban y minimizaban el alcance de los mismos. El resultado de todo esto fue una fortísima acumulación de capital por parte de la burguesía entre 1820 y 1880 en Inglaterra, Francia, Bélgica y Prusia, y desde 1870 en USA y en Japón. Pero a partir de 1880 las cosas comenzaron a cambiar. Sobre todo en Europa, a partir de la década de 1880 la productividad comenzó a crecer de forma muy apreciable debido a la introducción de revolucionarias mejoras tecnológicas y organizativas y al comienzo del uso de la electricidad como energía productiva. La burguesía comprendió muy pronto que una mayor productividad significaba una mayor producción con una necesidad decreciente de mano de obra, lo que podía ser muy positivo de cara a reducir los costes de producción, pero muy negativo para el consumo de la mayor producción obtenida. La salida a esta situación fue simple: el capital comenzó a reducir la duración de las jornadas laborales y, a la vez, principió a incrementar los salarios de sus trabajadores; junto a esto, las asociaciones de trabajadores pasaron a ser totalmente toleradas y canalizada su actividad política a través de los partidos socialdemócratas que en los países europeos principiaron su actividad, socialdemocracia domesticada y totalmente alejada de los violentos socialistas de los primeros tiempos. La clase obrera, evidentemente, se puso muy contenta con estas mejoras, creyendo que gracias a sus reivindicaciones tales mejoras habían sido conseguidas, algo que, evidentemente, nadie desmintió . Muchos de los líderes obreros sabían la verdad, pero fomentaron la creencia al irse politizando paulatinamente las asociaciones obreras convertidas ya en sindicatos, sindicatos con los que el capital empezó a tratar a fin de canalizar un diálogo que para la burguesía era ya inevitable e imprescindible y que facilitaba unos acuerdos que para el capital ya eran esenciales, máxime con el fantasma de la revolución bolchevique acechando desde el Este de Europa. Las asambleas reivindicativas dieron paso a las conversaciones con los representantes de los trabajadores, y el sistema de relaciones entre capital y trabajo se encauzó. Cuando se produjo el estallido de la II Guerra Mundial el sistema ya se hallaba casi totalmente diseñado. En USA el capital aún simplificó más el proceso: en contra del camino emprendido en Europa, los sindicatos no entraron en la arena política y se centraron, tan sólo, en cuestiones laborales. En Japón también fue simplificado al instaurarse una dictadura de corte fascista con un emperador en la cúspide dotado de carácter divino que nadie cuestionó jamás. Tras la contienda mundial lo que menos deseaba el capital era que se produjesen reivindicaciones obreras desmesuradas, que éstas fuesen incontrolables y que las masas obreras se contaminasen con ideologías nefastas procedentes de la URSS. Para el capital se abría un panorama de negocio magnífico, tanto por las reconstrucciones que había que afrontar, como por las posibilidades de consumo que la política de ocio creciente y salarios al alza posibilitaba. Pero todo tenía que suceder dentro de un orden político y laboral. El Estado facilitó las cosas con sus políticas redistributivas, su gasto público y su modelo de protección social. Las empresas fueron absorbiendo todo el factor trabajo que a sus puertas llegaba e indiciando los salarios con la inflación. Los sindicatos, ya completamente estandarizados y burocratizados, dialogaban y, claro está, organizaban alguna que otra huelga, que la imagen debía ser mantenida. Un orden perfecto que propiciaba el consumo y que discurrió apaciblemente hasta principios de la década de 1970. Es en esta época cuando, por pura lógica, fondos secretos como los descubiertos en Francia tuvieron/debieron ser constituidos. Pero a partir de 1970 las cosas comenzaron a complicarse, tanto para el capital como para los sindicatos, como, también, para el Estado. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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