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| Opinión, 16 de Noviembre de 2007 Saga Santiago Niño Becerra Parece que hoy va literatura, pero no. John Galsworthy fue un escritor inglés que ha pasado a la posteridad por una obra distribuida en varios volúmenes -el primero de los cuales fue “A man of property” publicado en 1906- de título “La saga de los Forsyte” en los que retrataba la historia de una familia perteneciente a la clase alta británica. En España, la adaptación televisiva de la obra dio origen a las series de televisión. El significado de ‘saga’ es ilustrativo. Una de las acepciones que el Diccionario de la RAE da al vocablo es “Relato novelesco que abarca las vicisitudes de dos o más generaciones de una familia”. Si Uds. ponen algo de imaginación, convendrán conmigo en que la historia de RENFE no deja de ser una saga. Y como ‘todo el mundo’ ha hablado lo que ha considerado conveniente en relación al tema, asunto, affaire, de RENFE en Barcelona, y como yo, hasta ahora, no he dicho ni una palabra sobre el mismo, he considerado que ya ha llegado el momento de que diga algo de la saga de RENFE. Algunas/os de Uds. recordarán el significado que, popularmente, ‘antes’, se había dado a RENFE: Rogamos ENvíen Fuerzas de Empuje; era otra época, pero la singladura que en los últimos meses está llevando la empresa ferroviaria en Barcelona, los últimos avatares de la saga de RENFE, hacen retrotraernos a aquella época. El área metropolitana de Barcelona es un territorio muy complejo porque engloba a una serie de localidades grandes y muy próximas unas a otras, además, esas localidades cuentan con volúmenes de actividad económica de importancia que conviven con poblaciones humanas numerosas; de todo ello se deducen cifras de movimientos, tanto económicos como privados, muy elevadas. Y aquí aparece el primer problema: nunca el área metropolitana de Barcelona ha contado con una red ferroviaria acorde con esas cifras de movimientos. NUN-CA. En estas, quienes deciden esas cosas, decidieron que, por necesario, era pertinente tender una línea férrea de alta velocidad entre Madrid y la frontera francesa pasando por las cuatro capitales de provincia catalanas, y a ello se dedicaron, sin entrar en detalles, recursos y esfuerzos. Pero claro, los trabajos necesarios para materializar el tendido entraron en colisión con la estructura urbana y ferroviaria existente en el área de Barcelona; a todo esto, esa línea de alta velocidad se convirtió en un tema político, politizado y politizable, por todos y para todos los partidos y líderes políticos tanto del Gobierno central como del autonómico catalán, y tanto para la oposición nacional como para la autonómica de Cataluña. Y de esa colisión, como no podía ser de otra forma, ha nacido un desastre, un desastre cuyo último pagano está siendo la economía catalana y los usuarios afectados. (De las chirigotas que a costa de este desastre se están haciendo en el extranjero no vale la pena decir nada). Yendo hacia atrás, los culpables se cuentan por decenas. Son culpables todos los Gobiernos del reino desde la reinstauración de la democracia por no haber ¿visto? la degradación en que estaba entrando la red ferroviaria del área de Barcelona y haber realizado las inversiones pertinentes; lo es el partido político que estuvo gobernando en Cataluña durante 22 años en régimen de monopolio por no haber reclamado esas imprescindibles inversiones; lo es el actual gobierno catalán por no haber puesto en segundo lugar en la lista de reivindicaciones el lamentable estado en el que se encontraba la red ferroviaria catalana; lo es la oposición -toda- al no haber puesto su dedo acusador en la llaga de los ferrocarriles catalanes; lo son los gobiernos municipales y las instituciones locales por no haber reclamado, hasta haberse quedado afónicos, las imprescindibles mejoras. Pero también lo son, todos los anteriores, por no haber dicho en su momento que sí, que el AVE Madrid – Barcelona – Frontera francesa estaba muy bien, pero antes era esencial hacer lo que debía hacerse en el área férrea local; lo son, también, las compañías que han aceptado hacer las obras sabiendo el pifostio que se iba a liar; lo son todos los políticos por haber tragado con un plan que estaba abocado al fracaso. ¿Y la ministra de Fomento, la Sra. Magdalena Álvarez?, ¿es culpable?. Pues tal y como yo lo veo, muy poco. La Señora Ministra es un político en el Gobierno, por lo que traslada lo que le dicen y firma lo que le indican, por lo que su implicación en el desastre es por extensión, pero no por decisión. ¿Debería dimitir?, ¿debería ser cesada?, sí, pero tan sólo por eso de lo que tantas y tantos hoy hacen gala sin utilizarlo: por coherencia, pero por nada más; sin embargo, no será cesada porque su persona es un útil pim-pam-pum de feria contra el que todo bicho viviente puede descargar sus improperios. Sin embargo, los únicos que no son culpables de nada, de nada en absoluto, son las usuarias y los usuarios de los ferrocarriles de cercanías que se están viendo afectadas y afectados por este desastre; y las empresas que ven como sus trabajadoras y trabajadores llegan cabreadas/os, cansadas/os y en ocasiones con retraso a sus trabajos tras horas de colapso circulatorio y de deambular en transporte público sustitutivo; y, ¡como no! los vecinos de las obras que han de soportar noches y noches de insomnio. Esas y esos sufrientes, esas ciudadanas y esos ciudadanos no tienen la culpa de nada, como no la tuvieron en Julio cuando se produjeron los cortes de fluido eléctrico en Barcelona por un motivo muy similar: falta de inversión; sin embargo esa ciudadanía está pagando el desastre y va a pagar su resolución. Esa, y no otra, es la saga de RENFE, y lo es lo que vaya a durar, que ni eso se sabe a ciencia cierta. Cuando dentro de 50 años el John Galsworthy de la época escriba la saga de RENFE, espero que la cuente como ha sido, sin añadir nada; no hará ninguna falta para que tenga un éxito clamoroso. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 19 de Noviembre de 2007 Pelea Santiago Niño Becerra Hay muchos tipos de peleas. Pero las peores son aquellas ocasionadas por los recursos, por la pasta; y son las peores porque no corresponden a motivos viscerales ni son ocasionadas por un arrebato; las peleas derivadas de desencuentros en el reparto de pasta son larvadas, se van cociendo, y, cuando llega el momento, se desparraman invadiéndolo todo. En días pasados se han estado discutiendo los Presupuestos del Estado para el año 2008, y lo que de esa discusión de ha derivado ha sido la aparición de ‘los más bajos instintos’, por decirlo de un modo literario. ¿Por qué?, pues porque las regiones del reino no están de acuerdo en lo que cada una recibe del presupuesto de gastos, ni lo está con lo que, en comparación con ella, reciben todas las demás. La explicación que a ese tema se ha dado ha bebido, exclusivamente, en la política, en las desavenencias políticas, en la lucha política entre los principales partidos del reino ante las próximas elecciones; y pienso que esa no es, ni de lejos, la verdadera explicación de esa pelea. Esa pelea, las que anteriormente en relación al mismo tema ha habido y las las peleas que en el futuro habrá (peleas que no tendrán lugar porque lo que viene dará lugar a un método muy distinto en la asignación de los recursos), tienen su origen en el nacimiento de las denominadas CC AA y, concretamente, de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas de 22 de Septiembre de 1980, la LOFCA. Las regiones españolas en su configuración actual nacieron por necesidad, no por convencimiento, y, por tal motivo, no fueron contemplados todos los elementos que deberían haber sido contemplados. En el alumbramiento de las CC AA que hoy conocemos primaron tres cosas: desmontar el aparato centralista de un régimen que había estado ejerciendo tal centralismo durante 40 años, compensar los agravios comparativos que tal desmontaje iba a ocasionar, y crear clientes que, en una alternancia política más o menos estructurada, secundaran a los partidos que en esa alternancia iban a participar. Pero lo que no se tuvo en cuenta fue lo más importante: la capacidad real de tales regiones para existir y la capacidad real de España para tener y mantener un sistema regional como el que se estaba creando. Porque digámoslo de una puta vez. El problema regional que tiene España es de pobreza relativa, no del porcentaje que del presupuesto de gastos se va a dedicar a la financiación autonómica. Para decirlo de otro modo; el problema no es que la región X reciba más que la región Y, los problemas son que hay poca tarta a repartir pero se ha acostumbrado a todas las regiones a que, si lloran, van a percibir más porque los que lloran son los partidos que en cada una de las regiones gobiernan, partidos que no dejan de ser más que las prolongaciones zonales de los que gobiernan a nivel de Estado o que, a cambio de que escuchen su llanto, apoyan a los que a nivel de Estado gobiernan. El tema de la financiación autonómica ha sido llevado por una ruta política cuando es un tema puramente técnico, como el urbanismo (y el ejemplo es intencionado). La LOFCA fue un instrumento político, por lo que la financiación autonómica fue un quehacer politizado. Nunca habrá entendimiento en las cuestiones de financiación regional, nunca, por la sencilla razón de que es imposible. Punto, no hay más que decir. Por consiguiente, estas peleas finalizarán en el momento en que ‘lo político’ deje de delimitar y de determinar los comos de la financiación regional, y eso va a llegar, pronto. Será en el mismo momento en que se hunda la cantidad a repartir y los criterios de reparto se guíen, únicamente, por la verdadera necesidad del gasto. Entonces la LOFCA pasará a ser historia, y quienes a su sombra han levantado una forma de vida tendrán que buscarse otro cobijo. Uds. lo verán, y yo también. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 20 de Noviembre de 2007 Poquito a poco (más) Santiago Niño Becerra Recuerdan: “y hasta hay un gato que ladra”. Lenta, pero imparablemente; sin correr, pero continuadamente; cada día un poco más. Así es como está siendo ¿filtrada? a la ‘opinión pública’ (¿qué demonios será, en realidad, la ‘opinión pública’?, la información sobre lo que está llegando. El día 7, la Agencia Internacional de la Energía con sus avisos sobre una crisis de oferta de crudo; el 8, Mr. Bernanque y M. Trichet; el 9, la Comisión Europea. Es como si cada día se fuese poniendo un clavo más al ataúd de la evolución económica; ¿mundial?, ¡pues claro!, ¿no estamos en un mundo postglobal?. Hemos llegado a un punto en el que, tocar algo, referirse a algo, implica tocar todo lo demás, supone decir sobre todo, no sobre algo; es como en el juego de los palillos chinos, pero con la particularidad de que hemos llegado a un punto en el que ya es imposible sacar un palillo sin mover ninguno de los demás. Síganme. Imaginen una red de pescar en tres dimensiones, no un ovillo hecho con red de pescar, sino una red con largo, ancho y alto cuyo ‘interior’, fuese, también, red. Convendrán conmigo que en una estructura como esa, cualquier nudo de esa red está conectado con todos los demás, y que moviendo uno de los nudos se mueve el resto de nudos. Pues bien, el entramado económico del planeta es una red de esas características. Sin embargo, sin embargo, todos los nudos de esa red están cohesionados por cuatro fuerzas, de tal modo que si una de las tres falla, toda la red se desmorona. Esas cuatro fuerzas son: 1) la posibilidad de endeudamiento – la capacidad de sostener deudas, 2) las posibilidades de utilización del dólar USA y los fines de esas utilizaciones, 3) la identificación entre oferta actual y futura de commodities y demanda de comodities de hoy y venidera y, 4) la confianza. Lo repito: si una, o más, de esas cuatro fuerzas de cohesión cesa, la red se va a la mierda. De las cuatro, posiblemente sea la última de la lista anterior, la más inmaterial, la que sea más importante: si la confianza declina, si la confianza se pierde, si la confianza flaquea, todo se derrumba, todo se colapsa. TO-DO. De hecho, si la confianza se reduce, se reducirá la intensidad de las otras tres fuerzas, por lo que la cohesión que mantiene unidos todos los nudos de la red se reducirá. Pues bien, la disminución de la confianza ya ha empezado. Lo que ha dicho la AIE, lo que ha manifestado M. Trichet, lo que ha expuesto Mr. Bernanke. Lo que con medias palabras y con medias lenguas, dicen, manifiestan y exponen, cada día un poco más, expertos y conocedores de la realidad (pero de la realidad de verdad) va por ese lado. Independientemente del precio que por él haya que pagar, ¿seguirá habiendo petróleo?; al margen de que los tipos de interés crezcan, o no, ¿se conseguirá frenar la inflación?; suponiendo que China y otras economías emergentes continúen sosteniendo al dólar USA, ¿entrará USA en recesión?. Da igual que los planteamientos sean acertados o no lo sean, esas preguntas, aún sin respuesta, lo que están creando son sombras de duda, es decir, menoscabo en la confianza. En esta red, España es un minúsculo punto, un punto muy pequeñito, extraordinariamente dependiente, con problemas propios y particulares muy concretos, un punto que lleva doce años de moda y en los que ha estado viviendo muy por encima de sus posibilidades reales; por eso su panorama es mucho más sombrío que el de muchos de los puntos. La crisis que viene será de falta de recursos, de falta de todo aquello que sirve, que se utiliza para avanzar, para crecer, para generar PIB; cualquier cosa que ello sea, desde agua a dinero, desde posibilidad de endeudamiento a empleo, desde petróleo a capacidad emprendedora; desde confianza en que las cosas pueden funcionar a confianza en que deben funcionar. El sistema ha estado desperdiciando recursos porque el modelo en uso era desperdiciador, por eso llega la crisis y por eso el sistema tendrá que reajustarse, no se morirá -aún- pero deberá implementar una nueva operativa, y eso siempre es duro. Y sí, hasta oiremos ladrar a algunos gatos, por ejemplo el anuncio de la AIE del día 13: los precios del crudo bajarán en el 2008 debido a una menor demanda ocasionada por los altos precios que el petróleo ha alcanzado. ¡Y una mierda!, la demanda bajará porque en el 2008 la actividad ya empezará a resentirse debido a que todo irá a peor. Otra vez, ¿por qué no se dice la verdad?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 21 de Noviembre de 2007 Lo que la ¿crisis? inmobiliaria no es – 1 Santiago Niño Becerra ¡Vaya título!, ¿no?. Puede discutirse lo que la situación que está viviendo el mundillo inmobiliario es. Incluso, y admitiendo que la situación del subsector sea de crisis, puede especularse sobre lo que, en última instancia, la ha provocado; pero lo que está diáfanamente claro es que el ladrillo no está inmerso en una crisis oferta. Las palabras que el pasado 25 de Octubre pronunció el presidente del G-14, el Sr. Fernando Martín, en el acto de presentación del grupo que han formado las principales inmobiliarias españolas a fin de mejorar la imagen del subsector, son difíciles de encuadrar; no tanto por lo que dijo o no dijo, sino por lo que quiso dar a entender. Dijo, entre otras cosas, que los precios de los inmuebles de nueva construcción no van a bajar y que en dos años se dispararán, que los tipos de interés no van a subir, y que la demanda de vivienda se situará en 450.000 unidades anuales. Vamos a centrar el tema. La construcción civil de uso residencial, que a eso es a lo que nos estamos refiriendo, es un subsector que fabrica un bien que sirve, fundamentalmente, para cuatro cosas: para vivir, para invertir, para ahorrar y para especular. En el primer caso, la compra es personal y familiar. Compra el usuario con fondos que, en la inmensa mayoría de los casos, son en préstamo, préstamo que le es concedido contra una serie de garantías, la principal de las cuales es que dispone de un empleo remunerado. En el segundo caso pueden darse varias posibilidades, pero, habitualmente, el inversor inmobiliario invierte unos fondos que no necesita ni va a necesitar -en las circunstancias actuales- de hoy para mañana y que, en cualquier caso, no precisa para vivir. La vivienda como forma de ahorro es una variante muy española. Normalmente se confunde con la anterior -“Es una buena inversión”, suele decir quien adquiere una vivienda para residir en ella-, cuando, en realidad, quien así actúa está materializando, en forma de ahorro, un teórico excedente de renta al que va a dar un uso. De la cuarta posibilidad por la que una vivienda puede ser adquirida no vale la pena decir nada porque es archiconocida. Desde hace unos años, la vivienda ha estado sirviendo para un quinto fin: obtener unos enormes beneficios a grandes gestores de fondos, lo que ha dado lugar a la aparición de una serie de productos financieros y a inextricables redes de apalancamiento financiero en las que pueden llegar a intervenir, varias veces, los mismos actores con personalidades jurídicas diferentes. La particularidad de este quinto fin es que mueve unas cantidades gigantescas de fondos, por lo que su andadura puede afectar al sistema financiero de los países y de las áreas económicas. Todo esto está muy bien, pero al final de la película siempre deberá haber alguien que esté dispuesto a pagar por tener en propiedad una vivienda o por vivir en régimen de alquiler en una vivienda, alguien que no necesariamente ha de existir hoy, ya que una vivienda, adquirida como inversión, puede permanecer vacía durante un período de tiempo esperando el momento para ser vendida o alquilada. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 22 de Noviembre de 2007 Lo que la ¿crisis? inmobiliaria no es – y 2 Santiago Niño Becerra Seguimos con lo de ayer. Lo que ha estado sucediendo en estos últimos ocho años ha sido un solapamiento entre estas figuras. Impulsadas por un crédito elevado y fácil de obtener, muchísimas familias y personas se han embarcado en la compra de una vivienda, en parte porque la necesitaban, en parte porque creían que mañana su precio iba a ser muy superior al que ahora estaban pagando, en parte porque deseaban mejorar su estándar de vida, en parte por ocio, en parte para, a través de su rehipoteca, acceder a un consumo superior. A la vez, un sin número de instituciones financieras se han metido en la vorágine de conceder créditos para la promoción y venta de viviendas ante las expectativas de beneficio que se vislumbraban, recurriendo a su vez a créditos de otras instituciones situadas más allá de las fronteras de los países en las que esas instituciones tenían sus sedes. Y, también, la vivienda ha recogido masas de inversión que huían de destinos menos rentables, como las Bolsas. Los Gobiernos han estado mimando al sector de la construcción y a las empresas constructoras porque uno y otras creaban empleo y contribuían a la actividad económica en base a los suministros que la construcción necesita, es decir, porque genera PIB; en el Reino de España, por ejemplo, y de forma directa e indirecta, el 26%, y, porque, además, una atmósfera de precios inmobiliarios al alza, servía para decir que la riqueza de la ciudadanía estaba aumentando (aumentando porque el mercado decía que los pisos cada día valían más, ¡no está mal el razonamiento!). El estallido de las subprime y el consiguiente colapso del crédito han significado lo mismo que si en un castillo hecho con fichas de dominó quitamos una de la base, pero, además, ese estallido se ha producido, lógicamente, en un momento en el que endeudamiento de la población era máximo; siguiendo con España, cuando la deuda de empresas y familias asciende al 215% del PIB. La población compra menos de todo porque no puede ya comprar más al haber traspasado su nivel físico de endeudamiento, lo que irá generando un mayor número de desempleados por lo que aún se reducirá más el consumo. Las empresas invertirán cuantitativamente menos al ser su deuda desmesurada y por las menores expectativas futuras de negocio, lo que incidirá negativamente en el empleo. Los inversores en ladrillo y los especuladores tratarán de rentabilizar su inversión, por lo que la oferta de viviendas aumentará, oferta que poca demanda hallará. Las instituciones financieras tratarán de salvar sus cuentas, por lo que el crédito aún se restringirá más. El Estado verá decrecer sus ingresos al ser menores las cantidades recaudadas en forma de impuestos. El resultado será un PIB, primero, estancado, luego decreciente. El nombre se esa situación es conocido: crisis. Pienso que el Sr. Fernando Martín atina en lo que los tipos de interés no crecerán, cierto, incluso decrecerán al tratar, vanamente, los bancos centrales de reactivar una situación en declive, pero se equivoca al decir que los precios de la vivienda, a dos años vista, crecerán vertiginosamente. Y, en esta evolución, las palabras del director del Deutsche Bank Real Estate: el inmobiliario se ha convertido en un mercado de oferta; en él, las caídas de precios, las valoraciones a la baja, los impagados (crecientes, digo yo) y las desconfianzas generalizadas, no se resolverán (empezarán a resolverse, añado) hasta el 2012 o el 2015. ¿No les suenan esos años?: la serie “Septiembre”. Algo casi idéntico se vivió hace 78 años, en 1928 - 1929, y dio lugar a un período muy oscuro: la Gran Depresión. (La penúltima, me la explicaron hace una semana; sucedió en la provincia de Barcelona. A principios de Octubre, un señor ve un anuncio de venta de un piso insertado por una inmobiliaria en un periódico. Llama y pregunta el precio; 815.000 euros, le dicen. Da las gracias y cuelga. Un mes después suena su teléfono: era la inmobiliaria. La voz quería saber si le seguía interesando el piso, su precio era, ahora, 750.000 euros. Sin comentarios). Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 23 de Noviembre de 2007 Banana split Santiago Niño Becerra Uds. conocerán la receta. La clásica es muy simple: una banana cortada a lo largo, puesta en un recipiente, y aderezadas con bolas de helado, lo clásico es que sean de fresa, vainilla y chocolate, y regarlas con diversos siropes; luego se añade nata batida y nueces. Como pueden deducir, se trata de una receta light, vaya, de las que no engordan. No es que vayamos hoy a hablar de cocina (algún día podríamos hacerlo, ¿no?), el haber comenzado con este postre tan conocido es debido al revival que está teniendo el tema ‘del plátano’ en la OMC, revival que ha venido de la no lejana denuncia de USA ante el organismo debido a las ayudas europeas a las exportaciones de bananas procedentes de sus antiguas colonias, los hoy denominados países ACP (África, Caribe, Pacífico), y eso es un problema, mejor dicho, son muchos problemas. (Ahora, con todo el follón de las subprime y compañía, el tema está un poco olvidado, pero ahí sigue). Lo malo de cosas como esta de las bananas estriba en que no se llaman por su nombre. Europa está protegiendo las bananas ACP (y los plátanos de Canarias), pero no para contribuir al desarrollo de esos países, o, al menos, no para eso sólo. Europa está protegiendo las importaciones de esa fruta porque así se ahorra otros gastos que, de otro modo, tendría que realizar. Al final de la historia pagan las consumidoras y los consumidores de la UE, pero bueno, eso puede servir, por ejemplo, para no subir los impuestos. USA se llena la boca diciendo lo mala que es Europa que hace pagar un arancel de 176 euros por tonelada a las bananas no-ACP debido a lo pernicioso que es para las economías de los países productores, por lo que la denuncia tiene eco en aquellas personas y en aquellos grupos comprometidos con el desarrollo; pero nada dice de los intereses históricos que las compañías USA tienen en Latinoamérica y del beneficio que para éstas representaría la eliminación de tal arancel. Con la racionalidad económica en una mano, la UE debería suprimir el susodicho canon, y con los principios de la justicia en la otra, las compañías fruteras USA deberían manejarse en los países productores latinoamericanos de otra manera diferente a como ahora lo hacen; pero eso, que parece tan encomiable, tiene consecuencias. La pregunta, la gran pregunta, es: ¿estamos, todos, dispuestos a asumirlas?. ¿Está dispuesta la UE a asumir que sus antiguas colonias exijan cosas a cambio de que sea eliminada la protección de las bananas que producen?, ¿está dispuesta a frenar la tromba que se formaría si los plataneros canarios bajasen sus persianas?, ¿está dispuesta USA a exigir a sus compañías fruteras que hagan las cosas de otra manera en los países productores de bananas en los que operan?, ¿lo estamos todos a pagar más caras las bananas y más caros los plátanos que consumimos (sí, han leído bien: verían como, al final de la película, ese banana split que nos tomamos nos acabaría saliendo más caro), y/o a pagar más impuestos de los que ya pagamos?. “De boquirri”, como decía un alto directivo con el que tuve el placer de trabajar, es muy fácil decir lo que sea; como muy bien dice un extraordinariamente buen abogado que conozco, “las palabras lo aguantan todo”, lo malo es que nadie mide las consecuencias de esas palabras. Hace años se demostró que una/un consumidora/or media/o alemana/án (Alemania es el país europeo con un mayor consumo per cápita de bananas/plátanos) le salía más caro adquirir un plátano procedente de Canarias que una banana originaria de Ecuador. Pienso que, de momento, va a continuar pagando caras las bananas/plátanos que consume, aunque es posible que en Alemania se consuman pocos Banana Split; ¿alguien dispone de ese dato?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 26 de Noviembre de 2007 Ritornello Santiago Niño Becerra En realidad, no se ha ido: ¡está aquí!, y va a continuar. Ya les he dicho que en los próximos meses, quienes deben hacerlo -los políticos serán los últimos, ¡como debe ser!-, en relación con la situación económica y social, y, sobre todo, en relación con ciertos temas, van a ir diciendo cosas que semanas antes no decían, o negaban, cosas que decían de otra manera, sobre todo números, datos. Uno de esos temas es el mercado inmobiliario. Hace un par de meses, incluso semanas, la mayoría de expertas/os y profesionales del subsector -y los políticos, claro- decían que en el 2008 ‘los pisos subirían’, menos que antes, pero subirían; y que en el 2009, subirían muy poco, en línea con la inflación; pues bien, algunas/os ya están empezando a decir que es posible que en el 2008 suban muy, muy poco y que, en el 2009, puede que bajen. Y claro, la cabeza de turco elegida se está utilizando a todo trapo: las subprime. ¡Pero si las subprime no son una causa, son una consecuencia!. El estallido de las subprime se ha producido porque el modelo económico con el que actualmente el sistema se está manifestando está agotado; debido a este agotamiento se han producido las tensiones en el dólar USA, y las primeras caídas en la actividad, y la pérdida de confianza, y, por ello, ha estallado la crisis de las subprime, ¡no al revés!. ¿Qué al año que viene los precios ‘de los pisos’ pueden ya bajar en términos reales?, ¡pero si ya están bajando!, lo que sucede es que las estadísticas trabajan con medias y a nivel macro, y esas estadísticas aún no han incorporado las manifestaciones micro. Una alumna me ha comentado que, la semana pasada, ella y su madre se detuvieron ante el escaparate de una inmobiliaria en una muy céntrica calle de la ciudad de Barcelona; pues bien, mientras estaban comentando sobre las características de las casas expuestas, ¡uno de los empleados de la agencia salió a la calle a preguntarles si estaban interesadas en alguna vivienda, porque seguro que podrían llegar a un acuerdo satisfactorio!. Historias semejantes ya las hay por docenas; ¿cuándo incorporarán la estadísticas esas historias?. Y se dice que las inmobiliarias temen que la gente posponga sus decisiones de compra. ¡Evidentemente!, porque los precios de los bienes inmuebles se van a derrumbar, los de la vivienda, sí, pero también los de las oficinas y los de las naves industriales, y los alquileres de unas y otras. Vamos a ver, si lo que está viniendo es una crisis sistémica, si se va a producir una caída de la actividad económica, si el desempleo del factor trabajo va a incrementarse hasta cotas que ya no recordamos, ¿cómo demonios no van a caer los precios de los bienes inmuebles y los de sus alquileres?. Y no es que la ciudadanía vaya a posponer sus decisiones de compra, no, ¡es que no van a poder comprar!, porque no van a tener ni renta suficiente ni capacidad de endeudamiento porque ni su madre va a conceder a esa ciudadanía un crédito. Y, a partir del 2010, quienes puedan poner pasta encima de la mesa, van a poder comprar lo que quieran al precio que quieran. El Gobierno sigue con su mensaje, mensaje cuyo enfoque ahora ha variado ligeramente: ‘España no va mal y, en cualquier caso, va mejor que otros’. Y razona que la riqueza de las españolas y de los españoles es muy elevada; pero, ¿qué riqueza?, ¿qué tipo de riqueza es esa en la que el principal activo es un bien -el piso- cuyo valor está determinado por un ente que hasta ahora, en función de un nivel de demanda, ha dicho que es X?, ¿qué sucederá con la riqueza de las españolas y de los españoles cuando ese valor empiece a caer y siga cayendo?. Cuando la burbuja puntocom, en USA, de cada dólar empleado en consumo, ocho centavos correspondían al efecto riqueza causado por la sensación de mayor riqueza generada por el alza de los valores bursátiles; ¿qué nivel de consumo ha estado generando la pasada sensación de mayor riqueza provocada por el alza continuada de los activos inmobiliarios manifestada, por ejemplo, en las rehipotecas?. Los precios de los activos inmobiliarios -y de todos- bajarán, pero eso no va dinamizar el mercado porque para que eso sucediese tendría que haber demanda, y la demanda se deprimirá debido a que el desempleo va a dispararse, las rentas reales van a decrecer y la oferta crediticia va a hundirse; lo que ahondará en la crisis de actividad, de confianza y de expectativas. ¿Cómo carajo va a dinamizarse el mercado en esas condiciones?, ¿es que ya nadie se acuerda de lo que sucedió en Japón a principios de los 90, y eso teniendo en cuenta que aquello fue, sobre todo, un fenómeno bastante local?. De momento, de momento, el mercado continúa regulándolo todo, insisto: de momento. En el mercado, cuando la oferta crece, los precios bajan, ya no digamos lo que sucede cuando la oferta es, incluso, menor, y lo que se hunde es la demanda (sugerencia: repasen lo que es una crisis de subconsumo); si, además, la oferta aumenta, el descalabro de los precios es antológico (otra sugerencia: repasen lo que es una crisis de sobreproducción). Pues bien, cuando, en el reino -y en otros lugares- a la oferta de las inmobiliarias se una la salida a la calle de la oferta de viviendas vacías -que en España está estimada en 3,5 millones-, ¿qué sucederá?; y, ¿qué sucederá con el empleo -y con el PIB, y con ‘otras cosas’- cuando no sean construidas la mayoría de esas 450.000 viviendas que se ha dicho que en el 2008 van a construirse y un millón de trabajadoras/es vayan perdiendo su empleo?; ¿va a solucionarse la situación con esas absurdas promesas de rebajas fiscales que Gobierno y oposición están pregonando a diestro y siniestro?. Yo sé muy poquitas cosas, pero, ¿qué deben saber, qué tipo de información deben tener quienes, de verdad, pero de la buena, saben cosas y tienen buena información?. Seguro que es pavorosa. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 27 de Noviembre de 2007 Economic Forecast Autumn 2007 Santiago Niño Becerra Es el título completo. Lo tienen aquí, está todo, y es gratis: http://ec.europa.eu/economy_finance/...autumn2007.pdf , y es lo que se imaginan: el informe que la Comisión Europea ha elaborado en relación a las previsiones económicas 2007 – 2009 para la UE. Échenle una ojeada, no tiene desperdicio. (Aunque no se lo aconsejo, si quieren pasar directamente a España, vayan a la Pág. 70). De su lectura de corrido, y a mi modo de ver, se saca la impresión de que, ‘bueno, ¡las cosas no están tan mal!’, por eso, pienso que se ha puesto un especial cuidado en no asustar al personal. La idea general es la de que el 2008 va a ser durillo, pero que en el 2009, repito, en general, empezarán a verse mejor las cosas; otro tema son los casos en concreto, es decir, país por país. El capítulo dedicado al reino empieza con un título prometedor: “Towards a soft landing?”, en él, lo más remarcable es el signo de interrogación. Lo que del informe se ha publicado ha puesto énfasis -casi exclusivamente- en la tasa de crecimiento: 2,3% en el 2009, sin embargo, a mi modo de ver hay indicadores muchísimo más significativos, por ejemplo, la secuencia de variación de la Formación Bruta de Capital que, en los años 2007, 2008 y 2009, se prevé que será: 6,3%, 3,0% y 0,6% (la construcción, en concreto, sobre el 2007, en Octubre del 2009 habrá variado el -3,3%), también lo es la de la población ocupada: 3,0%, 2,1% y 1,7%. Insisto, en general no son datos buenos, pero no son especialmente malos; el informe despide un aroma a recesioncilla, a bache ocasionado por una caída en la construcción e influido por la situación de USA. Pienso que las cosas no van a ir como el informe dice. El 2008 va ser más duro de lo que el informe indica, porque las influencias cruzadas por las que todas las economías se hallan interpenetradas realimentarán una cadena de efectos negativos que hasta ahora no habían aparecido en anteriores recesiones, por lo que no pueden ser tomadas como referencia; así, el impacto de los niveles tan desorbitados de deuda privada no han sido recogidos por el informe porque nunca habían sido alcanzados, y no lo habían sido, por si mismos, ni en combinación con los actuales problemas de crédito. Cada vez se van diciendo más cosas, pero nunca se acaba de decir todo; es como a aquel enfermo recién intervenido que está saliendo de la anestesia y al que se le va dando información con cuentagotas sobre su estado, un estado que no es nada satisfactorio; se le dan piezas de información esperando que su inteligencia, aún adormilada, sea capaz de deducir lo que en verdad le sucede. Con la situación económica mundial, y de la UE en particular, está sucediendo algo parecido: estamos peor de lo que nos cuentan; el 2008 va ser peor de lo que nos dicen; el 2009, contrariamente a lo que nos anuncian, será muy, muy malo; con oscilaciones, claro. De lo que tengo ganas es de empezar a ver previsiones para el 2010, ¿cómo nos pintarán el año en que, de verdad, va empezar la crisis?, porque todo esto no son más que los prolegómenos. Sinceramente, pienso que quienes cuentan las cosas deberían empezar a decir cómo están las cosas en realidad, y los políticos deberían de empezar a dejar de utilizar el color rosa, el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el Sr. Joaquín Almunia, el primero. Si, dentro de dos años la compañía en la que Uds. desempeñan su actividad profesional va a irse al traste, si va a bajar la persiana ese cliente fundamental que su empresa tiene, si la actividad que Uds. desempeñan va a verse reducida un 40% o más, ¿no desearían saberlo ahora?. Alguien dirá que si se dijese lo que va suceder habría un pánico, que el consumo se hundiría, que la gente se encerraría en su casa y que los fabricantes de Diacepán no darían abasto, y yo creo que, si se hiciese bien, no sucedería nada de eso. Pienso que ha llegado el momento de decir lo que va a suceder, de coordinar medidas, de crear cortafuegos, de minimizar los impactos, y lo pienso porque, con bastante detalle, se conoce como se va a desarrollar la película; pero para eso haría falta tener un par de cojones, que bastantes encumbras/os bajasen del pedestal en el que se han subido, y que se pensase más en términos globales, que eso de la globalización se utiliza cuando conviene para lo que conviene. Pero no va a pasar, ¿se apuestan un martini en el cocktail bar del hotel Savoy de Londres?. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 28 de Noviembre de 2007 PIB Santiago Niño Becerra Sabemos lo que es el PIB, pero, el PIB, ¿es algo más?. Muchas alumnas y muchos alumnos dicen, en muchas ocasiones, cosas interesantes, pero hay algunas y algunos que, en ocasiones, dicen cosas muy, pero que muy interesantes. Una de esas cosas muy interesantes me la dijo una alumna que este pasado año académico realizó su tercer curso. Al finalizar una clase, se acercó y me hizo una serie de comentarios en relación a la clase que acababa de terminar, yo le hice algunas matizaciones y, en un momento determinado de la charla, me dijo: “Pero el PIB no te abraza cuando llegas a casa”. Tengo que reconocerles que me impactó la frase. Esta alumna es muy vehemente, es reflexiva, pero exterioriza mucho su postura, las conclusiones a las que llega, y piensa que la sociedad, el mundo, en general, ha impreso un sesgo excesivamente economicista a la vida, de tal modo que el hiperconsumismo y lo económico impregnan todos los órdenes de la existencia de la mayoría de las personas, lo que no es positivo, porque ‘el PIB no te abraza cuando llegas a casa’. No entro a analizar la idea que subyace en su frase, pero si a analizar lo que significa. Una persona joven cuestiona el sistema que ha estado moviendo a la sociedad así como las consecuencias que de ello se han derivado, por tanto, está cuestionando el lugar al que esa sociedad ha llegado y, también, el método utilizado para llegar a ese lugar. Y no, no piensen que se trata de una revolucionaria anti sistema, ¡que va!, ella misma reconoce que ha tenido, y tiene, todo los que el dinero puede comprar y que puede acceder a prácticamente todo lo que desea conseguir, pero ha dado un salto cualitativo en su concepción de la vida: los abrazos son más importantes que el PIB. Recientemente recordé a esa alumna al leer las intenciones manifestadas por distintas instancias del Estado para intervenir en la costa mediterránea a fin de eliminar aberraciones urbanísticas y paisajísticas que en décadas pasadas en dichas costas se han ido realizando. Piensen en ello. Primero se llena la costa de construcciones, muros cortina y edificaciones varias que masifican las playas y destrozan el paisaje, construcciones, muchas de ellas, que son ocupadas por residentes esporádicos y turistas ocasionales. Pero construcciones que generan PIB. Lo generaron cuando esos edificios fueron construidos, una enormidad para la época, y, además, su construcción tuvo consecuencias (si no lo han visto, les sugiero encarecidamente que vean el film “La piel quemada”, José María Font, 1967); también estas construcciones han generado PIB durante su vida dando cabida a distintos negocios que han ido creando empleos a mansalva; y ahora, cuando el turismo que albergó está en retirada, cuando la crisis que viene tornará en innecesarios sus apartamentos y habitaciones, generarán PIB al ser demolidos. El aspecto de la costa se acercará a su imagen primigenia y la vida de esos edificios habrá generado actividad económica, ¡PIB!. La frase de mi alumna tiene un carácter de permanencia que el PIB generado por esas construcciones desde su nacimiento hasta su muerte no tendrá; pero habrá sido. Probablemente, nunca el PIB dará un abrazo al regresar a casa, pero, tal vez, las cosas se planifiquen con un mejor criterio que el desarrollo urbanístico español de las últimas décadas; sólo, tal vez. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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| Opinión, 29 de Noviembre de 2007 Deslizamiento Santiago Niño Becerra ¿Lo han experimentado alguna vez?. ¿Han sentido lo que es ir conduciendo, un automóvil o una motocicleta, por una carretera de montaña con el firme húmedo y que, en una curva, el vehículo empiece a deslizarse?. Yo sí, más de una vez, y puedo asegurarles que, de entrada, se te ponen por corbata. (Sólo para expertas/os: si quieren divertirse conduciendo anulen el control de tracción). Pues bien, parafraseando a Martin Luther King, la semana pasada, leyendo una noticia en Bloomberg, tuve una especie de sueño. Su título era avasallador: “Asian Stocks Fall After Oil Rises to Record, Fed Cuts Forecast” (http://www.bloomberg.com/apps/news?p...9FE&refer=home) . En el texto se decían cosas como “A spate of bad news related to the U.S. subprime-loan issue has made the outlook uncertain”, y “With the chances of a U.S. economic slowdown on the rise, there are concerns that high commodity prices could squeeze corporate profits”, y “Energy-intensive industries such as steelmakers will be badly hurt with the higher oil costs”, y “The financial services sector is still pretty nervous about how things are panning out over there in the U.S.”. Hace un par de semanas les conté que el Dow había caído en dos días un porrón de puntos, pero que podría volver a subir y, luego, a bajar; y lo mismo podía suceder con otros índices. Dejando de lado que, cuanto menos, es sorprendente que los índices estén donde están diciéndose cosas como las que pueden leerse en el párrafo anterior, lo cierto es que, cada-día-un-poco-más, las cosas parecen menos rectas, los rostros menos sonrientes, las actitudes menos cooperativas, las posturas menos flexibles, los bolsillos menos abiertos. La especie de sueño que tuve tenía que ver con todo eso. Estamos en la precrisis de una crisis; así, eso, aún lo decimos muy pocos pero, ¡atención!, ya no lo niega casi nadie; lo que sucede es que no será como en 1929, cuando, dos semanas antes del derrumbe, muchos (entonces muy pocas intervenían en casi nada) decían que todo estaba bien; no, esto, lo que viene, va a ser un deslizamiento. Notan que el vehículo empieza a deslizarse, y actúan; pero, aunque corrigen algo, el vehículo continúa deslizándose; y el guardarrail está próximo, y a continuación viene otra curva. “Pero, si no iba tan fuerte”, piensan. Contravolante, gas y freno; pero el deslizamiento sigue, en su mente, a cámara lenta. Eso es lo que está sucediendo y sucediendo va a continuar. La economía mundial, la de los países (¿hay diferencia en un planeta postglobal?) se está deslizando en el húmedo asfalto de una carretera de montaña. Se actúa, se hacen cosas para controlar ese deslizamiento, se invierte aquí, se compra allá, se vende aquello, se dice esto, se comenta lo otro, algunas/os expertas/os dicen unas cosas, otras/os dicen otras, los políticos -todas/os- dicen lo que conviene que digan, pero, aunque en algunos fugaces momentos parece que el deslizamiento se controla, que la economía se endereza, es un espejismo y el deslizamiento sigue, y sigue, a cámara lenta. Al final, a unos milímetros del guardarrail del carril contrario, Uds. consiguen hacerse con el control de su automóvil o de su motocicleta, respiran hondo y afrontan la siguiente curva; luego lo contarán entre risas mientras degustan un single malt con sus amigas y amigos. Pero la economía mundial no va poder controlar el deslizamiento. Cada vez se halla más próxima a la protección del otro lado, cada vez más. Y en las mentes de los conductores de la economía planetaria ya empieza a formarse una palabra: crash. Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull. |
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