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La burbuja estallará de manera irremediable
por Gaston Pardo*

Mientras el diario globalizador El País, de España, se refiere, al fin, a un riesgo de recesión en Estados Unidos como consecuencia de las caídas en todas las bolsas, la economista mexicana Marivilia Carrasco se suma a quienes opinan que el final de la economía especulativa está a la vuelta de la esquina y lamenta que en su país no exista la clase política adecuada para afrontar y plantear alternativas a la crisis sistémica que se avecina. Mientras tanto, la revista norteamericana Executive Intelligence Review analiza la gravedad de la situación, que en México pasará por una devaluación monetaria inminente. Los recursos humanos confiables para sortear la crisis son escasos. En la derecha asoma la figura experimentada de Carlos Abascal. En la izquierda sólo es confiable Adolfo Orive de Alba, dirigente preparado, culto y poseedor de claves decisivas del poder en México.

En su número del 21 de junio del 2002, Executive Intelligence Review (EIR) publicó un amplio artículo firmado por Richard Freeman titulado "Fannie y Freddie fueron prestamistas: La burbuja de bienes raíces de EU cerca de su fin", en el que, con una sólida documentación, se sustentan afirmaciones como que "el sistema financiero de los E.U. es ahora dependiente en un grado sin precedentes de un soporte: la más grande burbuja de bienes raíces en la historia humana. . . La burbuja hipotecaria no tiene precedentes. . . A menos que se tomen medidas correctivas, el inevitable desplome y la devastación resultante destruirá a millones de familias. . . Millones de familias están gastando entre 35% y 50% de su ingreso anual en pago de hipotecas o en rentas. . . Existe una restricción física a la burbuja hipotecaria misma: estas familias están a uno o dos sueldos no percibidos, o la pérdida de un empleo, de incumplir con la hipoteca. . . En la medida que se difunda una ola de incumplimientos acumulativos en el pago de hipotecas, el mercado residencial hará implosión y destruirá billones de dólares en valores hipotecarios"

Para mediados de 2002, la burbuja hipotecaria totalizaba 12.04 billones de dólares (millones de millones, trillions en inglés) de valor de los bienes raíces representados por las casas habitación y 10.757 billones de dólares en hipotecas originales y papeles emitidos en el mercado secundario, es la mayor de tales burbujas que jamás se haya construido en la historia y se había más que se duplicado desde 1995.

Entonces, EIR señalaba que se advertían problemas mayores en el sector hipotecario. En el primer trimestre de ese año, 2002, el 4.65% de los préstamos hipotecarios a nivel nacional estaba en morosidad (con retraso de 30 días en sus pagos), el nivel más alto en diez años, y la tasa de incumplimientos estaba aumentando. Fannie Mae había tomado medidas extraordinarias para reprogramar hipotecas morosas para eliminar de los libros el nivel de incumplimientos. Sin embargo, advertía entonces EIR, la principal condición límite es la realidad: los propietarios de casas con niveles de vida declinantes, no están en posibilidad de tomar de su ingreso lo que requieren para pagar precios cada vez más altos de las casas, y las demandas de hipotecas acrecentadas.

El extenso análisis de EIR era una respuesta, a la afirmación que el entonces gobernador de la Reserva Federal, Alan Greenspan, venía sosteniendo en el sentido de que no existía una burbuja hipotecaria estadounidense. El 17 de abril del 2002, Alan Greenspan había rendido testimonio ante el Comité Económico Conjunto del Congreso en el que negó la existencia de una burbuja hipotecaria y aseguró que las condiciones del sector hipotecario no constituyen "una mecha para encender una conflagración especulativa". Alan Greenspan sostendría su postura durante el tiempo que permaneció en el cargo hasta finales de 2006.

El problema es sistémico

Sin embargo, la crisis hipotecaria es tan sólo una manifestación de una crisis mayor: la de la totalidad del sistema financiero internacional que ha entrado en la fase final de su proceso de desintegración.

El sistema monetario internacional está en proceso de desintegrarse. Esto no tiene nada de misterioso; he hablado sobre el asunto durante algún tiempo, de que está en marcha, de que no está amainando. Lo que aparece como el valor de las acciones y de mercado en los mercados financieros internacionales es cero a la izquierda. Son puras creencias ficticias. No tienen nada de real; la farsa es enorme. No hay ninguna posibilidad de que el presente sistema financiero no se venga abajo, ¡ninguna! Ya se acabó. El presente sistema financiero no puede seguir existiendo bajo ninguna circunstancia bajo ningún gobierno, ni bajo ningún grupo de naciones dirigentes. Sólo un cambio fundamental y súbito del sistema monetario-financiero mundial puede impedir un derrumbe inmediato de reacción en cadena. A qué velocidad, no lo sabemos, pero su caída es imparable, y entre más dure antes de concluir peor será.

Gran parte de la liquidez que se venía utilizando para mantener el carrusel de la especulación venía del acarreo de yenes; es decir, de obtener yenes a cero interés en Japón para especular en EU o Europa. Pero el 30 de julio el Gobierno japonés perdió las elecciones, con la expectativa de que el acarreo de yenes estaba llegando a su fin. Ese mismo día se vino abajo el banco alemán Industriekreditbank (IKB), y se supo que la emisión de bonos de inversión de alta calidad casi se había desplomado. El 31 de julio, el banco de inversión Bear Stearns anunció la suspensión de los pagos a los inversionistas de otro de sus fondos especulativos, el tercero desde junio. El mismo día, Mortgage Guaranty Corporation, la principal aseguradora de préstamos hipotecarios de EU, anunció su posible insolvencia. Y, para subrayar el hecho de que es el sistema internacional y no sólo el de EU el que está desintegrándose, el fondo Oddo de Francia, con un capital de 23 mil millones de euros, anunció que estaba liquidando uno de sus fondos especulativos.

Si creyéramos a lo que difunden los medios de comunicación, esta creciente conflagración habría comenzado como una serie de incumplimientos en las hipotecas de alto riesgo, llamadas "subprime", que hizo estallar a los prestamistas de hipotecas de alto riesgo, los cuales provocaron turbulencias en el mercado de valores respaldados en hipotecas (MBS), provocando que se derrumbaran algunos acuerdos de fondos de capital privado, que se evaporaran algunos fondos de cobertura o de apuestas compensatorias (hedge funds) y, finalmente, desencadenando una crisis de crédito mayor. Todo causado por "la codicia de los propietarios de casas" en Estados Unidos que tomaron créditos y rehusaron pagarlos.

La realidad es que, durante varias décadas, la economía de Estados Unidos ha operado por debajo del nivel de quiebra en tanto la productividad se ha desplomado y los gastos generales han aumentado. Para cubrir la diferencia, se recurrió al endeudamiento a tasas aceleradas, creando cantidades gigantescas de deuda que jamás podrá ser pagada.

Utilizando una combinación de desregulación, trucos de contabilidad y esa fantasía conocida como mercados derivados, los banqueros convirtieron mágicamente ese barril sin fondo de deudas en una montaña de activos que entonces fueron usados para prestar más en contra de ellos, apalancando y especulando sobre esos mismos en un esquema de pirámide tan grande que su tamaño es casi incomprensible.

La gran pirámide

Conocida como Federal National Mortgage Association (Asociación Federal Nacional Hipotecaria), Fannie Mae fue creada en 1938 como parte de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt. Su función fue proveer liquidez al mercado hipotecario. Después de que una institución de préstamo hipotecario originaba una hipoteca –digamos de 50,000 dólares—Fannie Mae compraba esa hipoteca a la institución que la originaba por el mismo monto y conservaba la hipoteca hasta su vencimiento. La institución originadora de la hipoteca ahora contaba con los 50 mil dólares obtenidos por la venta de la hipoteca a Fannie Mae y con ese dinero podía hacer un segundo préstamo hipotecario. Fannie Mae podía comprar ese segundo préstamo hipotecario a la institución hipotecaria prestamista. Repitiendo este proceso, Fannie Mae inyectaba liquidez al mercado hipotecario, posibilitando que las instituciones de préstamos hipotecarios aumentaran el número de préstamos que podían hacer.

Para obtener los recursos con los cuales comprar las hipotecas a las instituciones originadoras de los préstamos, Fannie Mae emitía bonos (que son una forma de deuda). El proceso funcionaba en la medida en que Fannie Mae ejecutaba esas operaciones que facilitaban a las instituciones de préstamos hipotecarios originar nuevos préstamos con los que los usuarios del crédito compraban casas a precios accesibles no especulativos. Conocida como Federal Home Mortgage Loan Corporation (Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios), Freddie Mac fue creada en 1970 para realizar una función similar a la de Fannie Mae.

Pero al comenzar la década de los ochenta, Wall Street empezó a transformar las funciones de esas dos grandes corporaciones hipotecarias. Wall Street quería una burbuja hipotecaria, y Fannie y Freddie fueron transformadas para ser grandes suministradores de fondos para esa burbuja. Los altos precios de las casas sólo se podían fincar si se creaba un volumen suficiente de hipotecas para financiar la compra de casas a precios inflados, incluyendo a personas que no podían darse ese lujo.

Para alimentar el mecanismo, ambas corporaciones acudieron al mercado secundario con "instrumentos financieros innovadores" que desde el punto de vista contable parecieran ingeniosos, pero que aumentaban el riesgo. Uno de esos nuevos instrumentos fueron los títulos con respaldo en hipotecas (MBS): Fannie y Freddie "empaquetaban" un paquete de hipotecas y las vendían a los inversionistas. Ambas corporaciones añadían una garantía a la MBS, por la cual cobraban una comisión con la que aumentaban sus ganancias. A cambio, Fannie y Freddie prometían, en caso de incumplimiento de la MBS, pagar el principal y los intereses en su totalidad y puntualmente. Esto aumentó sus obligaciones.

En el transcurso de dos décadas (hasta 2002), Fannie y Freddie construyeron a gran escala tres tipos de obligaciones 1) los bonos (deuda) que emitían; 2) las MBS que garantizaban; y 3) los derivados financieros que vendían. Bajo tal transformación del mercado hipotecario en esas dos décadas, tales obligaciones se tornaron altamente riesgosas. Con las cifras que se tenían disponibles en junio de 2002, Fannie y Freddie tenían entonces (tomando en conjunto las tres categorías de obligaciones) 4.89 billones de obligaciones pendientes de alto riesgo. Otras instituciones que ejecutaron funciones similares, como el Federal Home Loan Bank Board (Consejo Federal de Bancos Hipotecarios) poseían entonces 8 billones adicionales de obligaciones riesgosas.

Uno de los esquemas que los banqueros utilizaron para mantener funcionando el juego fue el escalamiento deliberado de los precios de los bienes raíces. Al aumentar el "valor" de los bienes raíces se creaban «activos» contra los cuales se podía prestar y especular. El mecanismo utilizado fue la creación de un mercado secundario de valores respaldados en hipotecas (MBS). Para alimentar la creciente burbuja de deudas creada por los bancos, el sistema hipotecario fue convertido en una fábrica de hipotecas. El propósito real no era vender casas, sino vender hipotecas en el mayor número y el mayor monto posibles para alimentar la burbuja. De tal manera el "mercado hipotecario" se convirtió en una clásica pirámide donde cosechar deudas. El llamado "mercado hipotecario subprime" de altísimo riesgo fue creado por los banqueros para mantener el flujo de dinero hacia la burbuja, y sus víctimas reales fueron las personas inducidas a pagar precios artificialmente elevados.

Este esquema de cosechar deudas produjo un gran flujo de dinero para los bancos y el sistema financiero como un todo, desde las hipotecas originales, a los valores respaldados en hipotecas y las aún más demenciales obligaciones de deuda colateralizadas (CDO, por sus siglas en inglés) y "activos financieros" similares, los cuales podían ser vendidos, revendidos, y usados como colaterales para más préstamos, creando decenas y quizá cientos de billones de dólares en "riqueza" extraída de evaluaciones falsas de bienes raíces.

Obviamente, tal esquema no podía prolongar su existencia en tanto que, en algún punto, el precio de las casas debía sobrepasar la capacidad del público de pagar por ellas, que fue lo que sucedió. Las principales oleadas de incumplimientos han ocurrido principalmente en el Medio Oeste, que ha sido devastado por el desplome de la industria, y en lugares como California y Florida, donde la especulación con bienes raíces ha sido salvaje. Con la reducción del flujo de dinero nuevo de las hipotecas, empezó a declinar la emisión de valores con respaldo hipotecario. Aún más desastroso, desde el punto de vista de los banqueros fue que los precios de las casas empezaron a caer en muchas áreas, arrojando a toda la burbuja apalancada en hipotecas en un proceso de apalancamiento inverso: de la misma manera en que había sido inflada la burbuja, empezó a desinflarse pero a una velocidad muchísimo mayor.

El caso ilustrativo de Bear Stearns

El caso del banco de inversión Bear Stearns es ilustrativo. Bear Stearns hizo mucho dinero especulando en el mercado hipotecario de alto riesgo, comprando préstamos "subprime" y emitiendo valores respaldados en ellas. En tanto el mercado empezó a podrirse, Bear Stearns hizo lo que todos los grandes bancos: mover el papel que se depreciaba fuera de su contabilidad vendiéndolo a hedge funds cautivos o a otros especuladores. Desafortunadamente para Bear Stearns y sus hedge funds, las pérdidas en estos fondos crecieron a tal magnitud que sus acreedores buscaron vender sus colaterales, pero sólo para encontrar que no podían venderlos por ninguna cantidad cercana a su valor nominal. En ese momento el juego llegaba a su fin.

Lo que ese pequeño episodio reveló fue que las valuaciones en los libros no eran reales y, aunque la cantidad de dinero implicada en la crisis de Bear Stearns era relativamente pequeña, las implicaciones de las valuaciones falsas enviaron ondas de choque que repercutieron en todo el sistema que, en sí mismo, está atascado de tales evaluaciones infladas, billones sobre billones de dólares en activos que, en última instancia se basan en deudas impagables.

Al mismo tiempo, el menguante flujo de dinero que entra al sistema financiero, tanto de los préstamos hipotecarios como de los valores respaldados en esas hipotecas, combinado con la vaporización de "activos", ha creado la "restricción crediticia" que está alimentando el pánico. Súbitamente, los especuladores se encontraron con que el dinero con el que contaban para hacer sus negocios se había secado. Los hedges funds se desploman a diestra y siniestra, otros asumen grandes pérdidas, y otros más impiden que sus inversionistas retiren su dinero. Las corporaciones se ven forzadas a posponer sus emisiones de bonos, y los fondos de capital privado que anunciaron un récord de 616 mil millones de dólares en adquisiciones en la primera mitad de 2007, se enfrentan a que algunos de esos acuerdos están ahora en veremos porque el dinero para completar las transacciones no existe. Todo el sistema se está evaporando porque el valor ya no está allí; de hecho nunca existió; el nuevo sistema financiero de Alan Greenspan y Felix Rohatyn ha quedado expuesto como un fraude.

Se trata de una crisis financiera

En medio de todo esto, el sistema bancario está sentado sobre un polvorín. Esta no es una crisis del "mercado subprime" ni una "restricción del crédito", sino una crisis bancaria y un desplome de todo el sistema financiero global. El sistema bancario ha sobrevivido hasta ahora mediante una combinación de consolidaciones que encubrieron las bancarrotas, el movimiento de activos malos fuera de sus libros vía los mercados de derivados, y contabilidad fraudulenta con la complicidad de las agencias regulatorias que han permitido deliberadamente esta corrupción. Los bancos están en bancarrota ya varias veces, protegidos sólo por la ilusión de que los activos en sus libros, y los mercados a los que sirven, tienen valor, pero esas ilusiones –que es lo único que mantiene abiertos a los bancos—están desapareciendo rápidamente.

Es un ejercicio inútil tratar de dilucidar la situación observando las fluctuaciones de los mercados de acciones en las bolsas de valores o "la confianza" en ellos; son solamente la cola de la crisis bancaria y crediticia y, como es bien sabido, la cola no mueve al perro. La condición de los mercados de crédito globalizados se ha deteriorado desde finales de julio, y la escasez de liquidez empeora día a día pese a las inyecciones de centenas de miles de millones de dólares por los bancos centrales a los sistemas bancarios del mundo.

Desde finales de julio se vienen desplomando los dos "soportes" de la última y más grande burbuja de Alan Greenspan: la burbuja de los valores con respaldo en las hipotecas de los Estados Unidos, de la cual se venían alimentando los bancos de Europa y Asia, y que representa el 49% de todos los activos bancarios de los Estados Unidos; y el desdoblamiento del "acarreo de fondos del yen" que había estado proveyendo unos 500 mil millones de dólares anuales de "dinero gratuito" a las múltiples burbujas financieras. El acarreo de yenes baratos se contrajo en tanto el valor del yen aumentó frente al dólar durante agosto, y más rápido respecto al euro y, especialmente, la libra esterlina.

Hacia la segunda mitad de agosto se supo que entró en crisis el mercado de papeles comerciales respaldados en activos (ABCP), de más de un billón de dólares, y con ello el desplome de los mercados empezó a golpear directamente los ahorros del público general. Unos 40 millones de estadounidenses invierten ahorros en "fondos del mercado de dinero", y estos fondos invierten por lo común en ABCP porque se supone que son seguros –mantienen un valor constante- y muy líquidos, permitiendo girar cheques contra esos fondos.

Para el 21 de agosto, el mercado de papeles ABC se había tornado en cualquier cosa menos seguro y líquido con el intento de un gran banco inglés, HBOS, de organizar un rescate de su fondo ABCP que no podía ni reprogramar, ni redimir: 30 mil millones de dólares de basura. La totalidad del mercado canadiense de ABCP fue congelado el 13 de agosto y, después de ser refinanciado temporalmente, algunos de los papeles comerciales "líquidos al instante" se transformaron en préstamos a ocho años.

La estrecha visión de los bancos centrales

El caso del prestamista de hipotecas más grande de los Estados Unidos, Countrywide Financial Corp., con 200 mil millones en activos, es vital, no sólo porque su inminente desplome implica a las corporaciones con respaldo gubernamental, Fannie Mae y Freddie Mac, sino porque muestra la tontería de refinanciar a los bancos por parte de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y otros bancos centrales.

Entre el 9 y el 21 de agosto los bancos centrales inyectaron de manera extraordinaria unos 400 mil millones de dólares a los sistemas bancarios. Después de esa fecha las inyecciones han continuado.

El 16 de agosto una gran porción de ese "crédito de refinanciamiento bancario" fue a tratar de salvar a Countrywide que se tambaleaba al borde de la bancarrota. Countrywide había sido la originadora del 17% de todas la nuevas hipotecas en el mercado de bienes raíces residenciales de los Estados Unidos, y ha sido la responsable de un tercio de todas hipotecas compradas por Fannie Mae y reempaquetadas en valores con respaldo en hipotecas (MBS).

Después de que la Reserva Federal inyectó 17 mil millones de dólares al sistema bancario en la mañana del 16 de agosto, a petición de la propia Fed, el secretario del Tesoro, Henry Paulson, organizó para Countrywide una línea de crédito de emergencia de 11, 500 millones de dólares aportados por 40 bancos. Uno de esos bancos, Impar Mortgage Holdings, aportó 500 millones de dólares aún cuando sus acciones habían caído 80%. Otro de los prestamistas de emergencia, Capital One Financial Corp., cerró su propia compañía hipotecaria cuatro días después despidiendo a 1,900 empleados. La conexión entre la inyección de fondos a los bancos por parte de la Reserva Federal y el refinanciamiento de Countrywide por parte de los bancos, era inequívoca.

De igual manera, el banco de inversiones Goldman Sachs había obtenido 2 mil millones de dólares con los que intentó refinanciar el 13 de agosto su hedge fund que se hundía, Global Equity Opportunities Fund. Pero la operación de Countrywide representó un uso masivo de una inyección de emergencia de crédito federal para tratar de salvar a una corporación financiera enorme y sus valores respaldados en hipotecas. Al día siguiente de que se organizó la línea de crédito de emergencia por 11,500 millones de dólares, la Reserva Federal redujo su tasa de descuento en 0.5% y el gobernador de la Reserva Federal de Nueva York, Timothy Geithner, llamó a los grandes bancos para implorarles que tomaran préstamos de la Reserva Federal contra sus MBS con calificación (dizque) AAA.

Para la economía real norteamericana, el intento de salvar a Countrywide de ninguna manera es bueno. La deuda de esa empresa está ahora calificada de peligrosa, lo que significa que los bancos extendieron la línea de crédito a una tasa de interés demasiado alta para que el préstamo fuese usado para originar nuevas hipotecas. Entre junio y julio, Countrywide ya había recortado en 15% su emisión de hipotecas, y el 16 de agosto anunció que ya no ofrecería determinadas categorías de hipotecas y aumentó las tasas de interés para aquellas que sí estará ofreciendo. También inició el despido de empleados. Entonces, ¿qué propósito tuvieron las líneas de crédito por 11,500 millones de dólares –que Countrywide hizo válidas de inmediato? Simplemente habilitar a la empresa a que continúe refinanciando y recomprando sus MBS por pagar; es decir, refinanciar a los tenedores de valores respaldados en hipotecas de Wall Street.

Por lo demás, la puesta abuen recaudo de Countrywide tiende a fallar. El 16 de agosto, tras el anuncio de su refinanciamiento, el precio de sus acciones cayeron aún más, provocando una venta generalizada. Después de una recuperación parcial y temporal, el 20 de agosto cayeron un 7.6%. Countrywide Bank, que ostenta 100 mil millones en activos, para tratar de detener una corrida de pánico de sus depositantes que empezó el 16 de agosto, tuvo que empezar a ofrecer 5.5% de interés sobre sus cuentas del mercado de dinero (aseguradas por el gobierno federal) con balances superiores a 10 mil dólares, los rendimientos más altos ofrecidos por banco alguno en el país. Dado que Countrywide no puede invertir sus fondos del mercado de dinero en papeles comerciales porque éste es un mercado también en crisis, debe invertirlos en valores del Tesoro a corto plazo por los que recibe rendimientos de sólo la mitad de la tasa de 5.5% que Countrywide ofrece a sus depositantes. De esta manera, Countrywide utiliza un refinanciamiento respaldado por la Reserva Federal para subsidiar sus cuentas y evitar que los inversionistas retiren sus depósitos. De haberse permitido la bancarrota de Countrywide, se habría impedido que los tenedores de hipotecas fuesen arrojados de sus casas o que produjera daños a la economía real. Pero su refinanciamiento, que tiene el propósito de salvar papeles financieros como las MBS y contratos derivados, sí daña a la economía real.

Una burbuja cuya explosión es inevitable

Las inyecciones extraordinarias de fondos procedentes de los bancos centrales, sólo para esos propósitos, proveídas en tan sólo las tres semanas desde la caída de los hedge funds de Bear Stearns y otros y la casi quiebra del banco IKB de Alemania el 2 de agosto, totalizan aproximadamente 500 mil millones de dólares. Pese a los alegatos de la Reserva Federal y sus corifeos en los medios de comunicación en el sentido de que "sólo interviene para evitar que la crisis financiera dañe a la economía", sus intervenciones tienen el propósito, precisamente, de salvar a las tóxicas MBS y sus derivados que han inflado a la totalidad del sistema bancario internacional en una burbuja especulativa insalvable.

Devaluación inminente en México

"Usaran los panistas la próxima y ya inminente devaluación del peso como pretexto para privatizar el IMSS, Pemex, y la CFE, empleando descaradamente el mismo mecanismo que utilizaron para rescatar a La Banca de la devaluación en 1994, el FOBAPROA. ¿Por qué los incrementos a las tarifas de electricidad han sido exorbitantes? ¿por que le están quitando facultades a la CNBV? ¿sera para aplicar "la impunidad"?, ¿acaso porque pretenden incrementar los precios de gasolina, gas y diesel condicionado a un decremento del 30% a las tarifas eléctricas, pero sólo al sector industrial?.

Durante su sexenio, Carlos Salinas de Gortari mantuvo el precio del peso ante el dólar practicamente sin cambios de manera artificial. La idea de Salinas era crear la apariencia de que durante su administración la economía mexicana estaba viento en popa.

El no devaluar el peso, es decir, pretender que a la economía mexicana no se la estaba cargando el payaso con su política neoliberal, fue uno de los principales factores para la enorme crisis económica de Diciembre de 1994, cuando apenas comenzaba el sexenio de Ernesto Zedillo. De golpe, Zedillo tuvo que devaluar el peso a la mitad de su valor, aumentando de esta manera los estragos de una crisis financiera que acabó degenerando en el FOBAPROA—avalado por el PAN, que endeudó de por vida a 3 generaciones de mexicanos.

Esto viene al caso por que el día de hoy tuve una plática con un informante cercano a la Comisión Bancaria y de Valores, quien me reveló el plan del PELELE ante lo que es una inminente devaluación "de tajo". La conversación tuvo lugar así:

Informante: «estamos apenas al 50% del estimado de devaluación. En 2002, los asesores del burro con botas se propusieron a hacer una devaluación gradual. Invisible, pues. En tal sentido, mantuvieron el dólar en el mismo rango del tipo de cambio. Lo cual, varios analistas financieros, ya habían señalado que era una locura ».

Gaston Pardo
Periodista mexicano. Es corresponsal de la Red Voltaire en México



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Antiguo 15-sep-2007, 21:03
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Sin embargo, la crisis hipotecaria es tan sólo una manifestación de una crisis mayor: la de la totalidad del sistema financiero internacional que ha entrado en la fase final de su proceso de desintegración.

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