El proteccionismo, tantas veces rebatido y abandonado, ha vuelto, si cabe, con más fuerza. Los japoneses, que se recuperaron de pérdidas desastrosas en la Segunda Guerra Mundial para asombrar al mundo al producir productos innovadores y de gran calidad a bajo precio, son usados como excusa muy conveniente para la propaganda proteccionista. Los recuerdos de los mitos en tiempos de guerra se muestran como una pesada trama cuando los proteccionistas advierten de este nuevo "imperialismo japonés", incluso "peor que Pearl Harbor".
Este "imperialismo" resulta que consiste en vender a los estadounidenses maravillosos aparatos de televisión, coches, microchips, etc., a precios más competitivos que las empresas estadounidenses.
¿Es esta "inundación" de productos japoneses realmente una amenaza que debe ser combatida por el gobierno de Estados Unidos? ¿O es el nuevo Japón una bendición para el consumidor estadounidense?
Para definir nuestra posición en este tema, debemos reconocer que toda acción del gobierno significa coacción, de tal forma que pedir que el gobierno de Estados Unidos intervenga significa urgirle a usar la fuerza y la violencia para limitar un comercio que es pacífico. Confiamos que los proteccionistas no deseen llevar esta lógica de la fuerza a sus últimas consecuencias en forma de otro Hiroshima y Nagasaki.
No perder de vista el consumidor
Mientras desenredamos la tupida tela de araña que es el argumento proteccionista, debemos fijarnos en dos puntos esenciales:
1. El proteccionismo significa usar la fuerza para restringir el comercio; y
2. La clave de todo es lo que pasa con el consumidor.
Invariablemente, veremos que los proteccionistas intentan mutilar, explotar e imponer severas pérdidas no solo sobre los consumidores extranjeros sino especialmente los estadounidenses. Y como todos y cada uno de nosotros somos consumidores, esto significa que el proteccionismo nos sanciona a todos en beneficio de unos pocos especialmente privilegiados y subvencionados – y a unos pocos ineficientes en eso: gente que no puede arreglárselas en un mercado libre y no intervenido.
Tomemos por ejemplo, la supuesta amenaza japonesa. Todo comercio es mutuamente beneficioso para ambas partes, en este caso los fabricantes japoneses y los consumidores estadounidenses, ya que de otra forma no se aplicarían al caso. Al intentar parar este comercio, los proteccionistas intentan evitar que los consumidores estadounidenses disfruten altos niveles de vida con la compra de productos japoneses de alta calidad. En vez de eso, el gobierno nos fuerza a volver a los productos ineficientes y más caros que ya hemos rechazado. Resumiendo, fabricantes ineficientes intentan privarnos a todos nosotros de los productos que deseamos para que así tengamos que conformarnos con sus ineficientes empresas. Es un robo al consumidor estadounidense.
Cómo considerar aranceles y cuotas
La mejor forma de ver un arancel o una cuota a la importación o cualquier otro impedimento proteccionista es olvidarse de límites políticos. Estos límites entre naciones pueden ser importantes para otras cuestiones, pero no tienen ningún sentido económico. Supongamos, por ejemplo, que cada uno de los estados en Estados Unidos fuera una nación independiente. Entonces escucharíamos un montón de quejas proteccionistas de las que ahora afortunadamente nos libramos. Pensemos en los bramidos de los caros productores textiles en New York o Rhode Island quejándose de la "injusta" competencia de "mano de obra barata" desde Tennessee o North Carolina, o viceversa.
Afortunadamente, lo absurdo de la preocupación sobre la balanza de pagos se hace evidente al considerar el comercio entre estados. Nadie se preocupa sobre la balanza de pagos entre Nueva York y Nueva Jersey, o por lo mismo entre Manhattan y Brooklyn, porque no existen oficiales de aduanas que registren este comercio y dichas balanzas.
Si pensamos sobre esto, está claro que la petición de fabricantes de Nueva York para imponer un arancel contra Carolina del Norte constituye un robo a los consumidores de Nueva York (también de Carolina del Norte), una apropiación de privilegios forzados por parte de empresas menos eficientes. Si los 50 estados fuesen naciones separadas, el proteccionismo podría entonces usar la seducción del patriotismo, desconfianza en los extranjeros, para camuflar y salirse con la suya en el saqueo de los consumidores de su propia región.
Afortunadamente, los aranceles son inconstitucionales. Pero incluso con esta clara barrera, e incluso sin poder vestirse con la capa del nacionalismo, los proteccionistas han podido imponer aranceles entre estados disfrazados de otra forma. Parte de la lucha por incrementos continuos en el salario mínimo federal es para imponer una medida proteccionista contra la competencia en menores costes laborales desde Carolina del Norte y otros estados sureños contra sus competidores en Nueva York y Nueva Inglaterra.
Durante los debates en el Congreso en 1966 sobre subidas en el salario mínimo federal, por ejemplo, el Senador Jacob Javits (R-NY) admitió libremente que una de sus principales razones para apoyar la ley era paralizar a los competidores sureños de las firmas textiles del estado de Nueva York. Como los salarios en el sur son generalmente más bajos que en el norte, las empresas más perjudicadas por un incremento del salario mínimo (y los trabajadores que se quedarían sin empleo) serían los del sur.
Otra forma de imponer limitaciones al comercio entre estados ha sido en nombre de la "seguridad". Los cárteles de la leche organizados por el gobierno en Nueva York, por ejemplo, han evitado la importación de leche de la vecina Nueva Jersey bajo el patentemente ridículo argumento de que el transporte a través del río Hudson podría afectar a la "seguridad alimentaria" de la leche.
Si los aranceles y restricciones al comercio son buenos para un país, entonces ¿por qué no para un estado o región? El principio es precisamente el mismo. Durante la primera gran depresión americana, el pánico de 1819, Detroit era una diminuta ciudad fronteriza con solo unos cientos de personas. Sin embargo se alzaron los llantos de los proteccionistas (afortunadamente no se les escuchó) para prohibir todas las "importaciones" de fuera de Detroit, y se pidió a los ciudadanos que compraran solo productos de Detroit. Si esta tontería se hubiera llevado a cabo, una hambruna general y la muerte habrían acabado con los demás problemas económicos de Detroit.
Así que ¿por qué no restringir e incluso prohibir el comercio, o sea las "importaciones" , dentro de una ciudad, o el vecindario, o incluso la manzana, o llevar el argumento a su conclusión lógica, es decir, a una familia? ¿Por qué no debería la familia Jones emitir un decreto para que a partir de ahora ningún miembro de la familia pueda comprar bienes o servicios producidos fuera de la casa familiar? El hambre se llevaría rápidamente esta ridícula intención de autosuficiencia.
Y sin embargo este absurdo es inherente a la lógica del proteccionismo. El proteccionismo corriente es igual de ridículo, pero la retórica del nacionalismo y las fronteras nacionales ha podido ocultar este hecho obvio.
El resumen es que el proteccionismo no solo es una tontería, sino una tontería muy peligrosa, destructora de toda prosperidad económica. No somos, si es que alguna vez lo fuimos, un mundo de granjeros autosuficientes. La economía de mercado es una vasta celosía alrededor del mundo, en la cual cada individuo, cada región, cada país, produce aquello que se le da mejor, en lo que es más eficiente, y a cambio intercambia ese producto por los bienes y servicios de otros. Sin la división del trabajo y el comercio basado en esa división, el mundo entero pasaría hambre. Las restricciones forzadas al comercio (como el proteccionismo) paralizan, maniatan y destruyen el comercio, la fuente de vida y prosperidad. El proteccionismo es simplemente un intento de que tanto los consumidores como la prosperidad general, sean dañadas para conceder un privilegio permanente especial a grupos de fabricantes menos eficientes, a costa de productores más eficiente y los propios consumidores. Pero es un rescate peculiarmente destructivo, porque daña permanentemente el comercio bajo la excusa del patriotismo.
El ferrocarril negativo
El proteccionismo es también peculiarmente destructivo porque actúa como un incremento forzado y artificial de los costes de transporte entre regiones. Una de las grandes características de la Revolución Industrial, una forma en que trajo prosperidad a las masas hambrientas, fue reduciendo drásticamente el coste de transporte. El desarrollo de líneas férreas a principios del siglo XIX, por ejemplo, significó que por primera vez en la historia de la raza humana, las mercancías podían ser transportadas por tierra de forma barata. Antes de eso, el agua (ríos y océanos) era la única forma de transporte económicamente viable. Al hacer el transporte terrestre accesible y barato, los ferrocarriles permitieron al transporte terrestre entre estados romper con los ineficientes monopolios locales. El resultado fue una enorme mejora de las condiciones de vida para todos los consumidores. Y lo que los proteccionistas quieren hacer es dar un hachazo a este fundamental principio del progreso.
No es de extrañar que Frederic Bastiat, el gran economista francés del laissez faire de mediados del siglo XIX, llamara al arancel un "ferrocarril negativo". Los proteccionistas son tan económicamente destructivos como si estuvieran físicamente cortando las vías del tren, o los aviones, los barcos, y forzándonos a volver al transporte caro del pasado: pistas de montaña, balsas o barcos mercantes.
Comercio “justo”
Veamos ahora algunos de los principales argumentos proteccionistas. Tomemos por ejemplo, la consabida queja de que aunque el proteccionismo "aprueba la competencia", ésta debe ser "justa". Cada vez que alguien empieza a hablar de "competencia justa" o incluso sobre "justicia" en general, es momento de no quitarle ojo a la cartera porque están a punto de robártela. La verdadera "justicia" está simplemente en los términos voluntarios de intercambio, mutuamente acordados entre comprador y vendedor. Tal y como la mayoría de escolásticos medievales fueron capaces de entender, no hay precio “justo” distinto al precio de mercado.
Entonces ¿qué podría ser "injusto" en el precio del libre mercado? Uno de las acusaciones comunes proteccionistas es que es "injusto" para una firma estadounidense tener que competir con, digamos, una empresa taiwanesa que solo necesita pagar en salarios la mitad que su competidor estadounidense. Se requiere entonces al Gobierno de los Estados Unidos que intervenga para "igualar" los salarios imponiendo un arancel equivalente sobre la firma taiwanesa. ¿Pero significa esto entonces que los consumidores no pueden favorecer nunca a firmas de bajo coste porque es "injusto" que estas empresas tengan menores costes que sus competidores ineficientes? Este es el mismo argumento que usaría una empresa en Nueva York para paralizar a un competidor en Carolina del Norte.
Lo que los proteccionistas no se molestan en explicar es por qué los salarios en Estados Unidos son mucho más altos que en Taiwán. No los impone la providencia. Los salarios en Estados Unidos son altos porque los empleadores estadounidenses los han elevado con su demanda de trabajo. Como todos los precios en el mercado, los salarios se determinan por oferta y demanda, y la mayor demanda de los empleadores americanos es responsable de su subida. ¿Qué determina esta demanda? La "productividad marginal" del trabajo.
La demanda de cualquier factor productivo, incluyendo el trabajo, se constituye por la productividad del factor, la cantidad de ingresos que el trabajador, o la libra de cemento, o el acre de tierra, se espera que contribuya a la producción. Cuanto más productiva la fábrica, mayor es la demanda de los empleadores, y mayor el precio de los salarios. El trabajo norteamericano es más costoso que el taiwanés porque es bastante más productivo. ¿Qué lo hace productivo? Hasta cierto punto, la comparación de habilidades del trabajador, su pericia y educación. Pero la mayor diferencia no se debe a las cualidades personales de los trabajadores, sino al hecho de que están mejor equipados en capital que sus homólogos taiwaneses. Cuanto más y mejor equipamiento de capital por trabajador, mayor es la productividad del trabajador, y por consiguiente mayor su salario.
En resumen, si los salarios americanos son el doble de los taiwaneses, es porque el trabajador americano está mucho más capitalizado, equipado con más y mejores herramientas, y es por lo tanto el doble de productivo. En un sentido, supongo que no es "justo" que el trabajador americano cobre más que el taiwanés, no por sus cualidades personales, sino porque los ahorradores e inversores los han equipado con mejores herramientas. Pero es que un salario se determina no solo por la calidad del personal sino por su relativa escasez, y en los Estados Unidos el trabajador es mucho más escaso comparado con el capital que en el caso de Taiwán.
Por lo tanto, el problema que tiene el empleador americano no es la "mano de obra barata" en Taiwán, porque la "mano de obra cara" en los Estados Unidos es precisamente el resultado de demandar mano de obra que es escasa. El problema de las empresas textiles americanas menos eficientes no es tanto la mano de obra barata en Taiwán o en Japón sino el hecho que otras industrias son lo suficientemente eficientes para podérselo permitir, en primer lugar porque ya elevaron tan alto los salarios.
Así que a través de la imposición de aranceles y cuotas para salvar, rescatar y mantener a las menos eficientes empresas estadounidenses textiles, automovilísticas o de microchips, los proteccionistas no solo dañan al consumidor americano. También dañan a las empresas e industrias que son eficientes, evitando que empleen recursos que ahora están ligados en firmas incompetentes, y que podrían utilizarse para expandir y vender sus productos eficientes en casa o en el extranjero.
El "dumping"
Otra línea contradictoria de ataque proteccionista al mercado libre asegura que el problema no son tanto los bajos costos que disfrutan las empresas extranjeras, como la "injusticia" de vender sus productos "por debajo del coste" al consumidor americano, y por lo tanto entrando en la perniciosa práctica del "dumping". Debido a este dumping pueden ejercer una injusta ventaja sobre empresas americanas que presumiblemente jamás cometen estas prácticas al asegurarse de que sus precios son siempre suficientemente altos para cubrir costes. Pero si vender por debajo del costo es un arma tan formidable, ¿por qué no lo intentan las empresas dentro del propio país?
Nuestra primera respuesta a esta acusación es una vez más mantener nuestra atención en el consumidor en general y el consumidor estadounidense en particular. ¿Por qué debería ser motivo de queja que el consumidor se beneficie tan claramente? Supongamos por ejemplo que Sony está dispuesta a dañar sus competidores estadounidenses vendiendo sus televisores por un centavo la pieza. ¿No deberíamos alegrarnos ente tal absurda política de sufrir severas pérdidas subsidiando al consumidor estadounidense? ¿Y no deberíamos responder, " ¡Venga Sony, subsídianos un poco más!"? Para el consumidor, cuanto más "dumping" tenga lugar, mejor.
¿Pero qué pasa con los pobres fabricantes estadounidenses de televisores, cuyas ventas sufrirán mientras Sony esté dispuesto a regalar sus aparatos? Bien, seguramente la política más sensata para RCA, Zenith, etc. sería aguantar la producción y las ventas hasta que Sony termine en quiebra. Pero supongamos que lo peor ocurre para RCA, Zenith y demás y ellos a su vez terminan en bancarrota debido a la guerra de precios de Sony. Bien, en ese caso, nosotros los consumidores estaremos aún mejor, porque las fábricas de las empresas quebradas, que todavía existirían, se subastarían por casi nada y los compradores americanos en la subasta podrían entrar en el negocio de los aparatos de televisión y machacar a Sony ahora que disfrutan de mucho menores costes de capital.
Durante décadas, de hecho, los oponentes del libre mercado han argumentado que mucho negocios ganaron su estatus poderoso en el mercado por lo que se llamaba "reducción predatoria de precios ", o lo que es lo mismo, a través de llevar a sus competidores más pequeños a la quiebra vendiendo su producción por debajo del costo, y entonces aprovechándose de sus métodos injustos y elevar sus precios cargando "precios monopolísticos" a los consumidores. La queja es que mientras los consumidores puede que ganen en el corto plazo debido a las guerras de precios, el "dumping" y el vender por debajo del costo, les hacían perder en el largo plazo debido al mencionado monopolio. Pero como hemos visto, la teoría económica demuestra que esto sería un juego de tontos, perdiendo dinero las empresas que hagan "dumping" y nunca alcanzando realmente el objetivo de precios monopolísticos. Y lógicamente, investigaciones históricas no han podido señalar ni un solo caso en que esta práctica de precios predatorios, al intentarse haya sido exitosa, y en la práctica ha habido muy pocos casos que se haya intentado.
Otra acusación dice que los japoneses y otras empresas pueden permitirse este dumping porque sus gobiernos subsidian sus pérdidas. Pero una vez más, deberíamos dar la bienvenida a tan absurda política. Si el gobierno japonés quiere malgastar recursos escasos subsidiando las compras americanas de Sonys, ¡cuánto mejor! Su política será igual de errada como si las pérdidas fueran privadas.
Hay otro problema con esta acusación de "dumping", incluso por parte de economistas u otros así llamados "expertos" que se sientan en comisiones arancelarias imparciales y oficinas del gobierno. No hay forma alguna de que estos observadores externos, sean economistas, hombres de negocios u otros expertos, puedan saber cuáles son los costos de producción de otras empresas. Los "costos" no son entidades objetivas que puedan medirse. Los costes son subjetivos al hombre de negocios, y varían continuamente, dependiendo del horizonte temporal del empresario y de la fase de producción con la que esté tratando en cada momento.
Supongamos por ejemplo, que un comerciante de fruta ha comprado una caja de peras por 20$, cada libra por 1$. Tiene la esperanza y expectación de vender esas peras por 1,5$ la libra. Pero entonces pasa algo en el mercado de las peras y encuentra imposible vender la mayor parte de ellas por ese precio. De hecho, se encuentra que tiene que venderlas por lo que sea antes de que se pudran. Supongamos que finalmente vende las peras a 70 centavos la libra. El observador externo podría decir que el frutero ha vendido quizás "injustamente" las peras "por debajo del coste" al entender que el coste del comerciante era de 1$ la libra.
Industrias "bebé"
Otra falacia proteccionista sostiene que el gobierno debería imponer un arancel para proteger temporalmente, o ayudar a nacer, a una industria "bebé". Entonces, cuando la industria esté bien establecida, el gobierno, debería de retirar y retiraría este arancel y echaría a esta ahora "madura" industria al mar de la competencia.
Esta teoría es una falacia, y la política ha demostrado ser desastrosa en la práctica. No hay más necesidad de protección gubernamental para una nueva y joven industria de la competencia extranjera que la que hay de protegerla de la competencia nacional.
En las últimas décadas, las "bebés" de los plásticos, televisión e industrias de las computadoras han salido bien adelante sin tal protección. Cualquier gobierno que subsidiara una nueva industria canalizaría demasiados recursos a esa industria comparada con empresas más viejas, y traería distorsiones que podrían persistir y dejar a la empresa o industria permanentemente ineficiente y vulnerable a la competencia. Como resultado, los aranceles para las "industrias bebé" han tendido a convertirse en permanentes, independientemente de la "madurez" de la industria. Los que proponen estas medidas se han dejado llevar por una analogía biológica equivocada con los "bebés" que necesitan cuidados adultos. Pero es que una empresa no es una persona, ni joven ni vieja.
Industrias más maduras
De hecho, en años recientes, industrias más maduras que son notoriamente ineficientes han estado usando lo que podría llamarse el argumento "de industria senil" para su proteccionismo. La industria del acero, la de los coches y otras que no pueden competir se han estado quejando de que "necesitan un poco de espacio para respirar" y así recapitalizarse y volverse competitivas con las rivales extranjeras, y que este espacio podría lograrse con unos cuantos años de aranceles y cuotas a la importación. Este argumento tiene tantos agujeros como lo de las industrias bebé excepto que sería incluso más difícil saber cuándo la industria "senil" se ha rejuvenecido mágicamente. De hecho, la industria del acero siempre ha sido ineficiente desde sus comienzos, y su edad cronológica no parece que cambie su condición. El primer movimiento proteccionista en los Estados Unidos fue el de 1820, encabezado por la industria del hierro (más tarde hierro y acero), que se alimentó artificialmente durante la guerra de 1812 ya que estaba en grave peligro por los más eficientes productores foráneos.
El no-problema de la balanza de pagos
Un conjunto final de argumentos, o más bien alarmas, se centra en los misterios de la balanza de pagos. Los proteccionistas se concentran en los horrores de que las importaciones superen a las exportaciones, implicando que si las fuerzas del mercado continúan sin control, los americanos podrían terminar comprándolo todo en el exterior, no vendiendo nada, y por lo tanto el consumidor americano se habría beneficiado a costa de las empresas americanas. Pero si las exportaciones realmente cayeran a cero, ¿dónde encontrarían los estadounidenses el dinero para comprar los productos extranjeros? La balanza de pagos, como dijimos antes, es un pseudoproblema creado por la existencia de estadísticas aduaneras.
Durante la era del patrón oro, un déficit en la balanza de pagos era un problema, pero solo por la naturaleza del sistema bancario de reserva fraccionaria. Si los bancos estadounidenses, alentados por la Fed u otras formas previas de banco central, inflaban el crédito y el dinero, la inflación monetaria estadounidense conducía a mayores precios en Estados Unidos y esto desincentivaba las exportaciones e incentivaba las importaciones. El déficit resultante tenía que pagarse de alguna forma y esto durante la era del patrón oro significaba pagarlo en oro, la moneda internacional. Así que cuando el crédito se inflaba, el oro empezaba a abandonar el país, lo que ponía al sistema bancario de reserva fraccionaria en una posición aún peor. Para atajar la amenaza de insolvencia que suponía el flujo de oro al exterior, los bancos se veían forzados a contraer el crédito, precipitando una recesión y revirtiendo el déficit de balanza de pagos, y esto devolvía el oro al país.
Pero ahora, en la era del dinero fiduciario, la balanza de pagos no importa nada. El oro ya no es un "elemento compensatorio". En efecto, no hay déficit de balanza de pagos. Es verdad que en los últimos años las importaciones han sido mayores que las exportaciones en 150 mil millones de dólares más o menos al año. Esto no ha sacado oro del país. Tampoco se van los dólares. El mencionado déficit ha sido pagado por los extranjeros que invierten una cantidad equivalente de dinero en dólares americanos: en bienes raíces, bienes de capital, acciones americanas y cuentas corrientes.
En efecto, en los dos últimos años, los extranjeros han estado invirtiendo tanto de sus propios fondos que esto ha mantenido el dólar alto, permitiéndonos comprar importaciones baratas. En vez de preocuparnos y quejarnos por esto, deberíamos alegrarnos que los inversores foráneos estén dispuestos a financiar nuestras importaciones baratas. El único problema es que esta bonanza se está terminando, al depreciarse el dólar y encarecerse las exportaciones.
Concluimos que la pila de argumentos proteccionistas, algunos plausibles a simple vista, son realmente un montón de falacias. Demuestran una total ignorancia del más básico análisis económico. De hecho, algunos de los argumentos son casi vergonzosas réplicas de los más ridículos argumentos mercantilistas del siglo XVII: como por ejemplo, que es de alguna forma calamitoso que los Estados Unidos tengan un déficit comercial, no solo global, sino con un país específico, por ejemplo Japón.
¿Debemos entonces volver a aprender las refutaciones de los más sofisticados mercantilistas del siglo XVIII, a saber, que las balanzas con países específicos se cancelan mutuamente y lo que debe preocuparnos es solamente la balanza global ? (No digamos comprender que la balanza global tampoco es ningún problema). No obstante no necesitamos releer la literatura económica para entender que el ímpulso proteccionista no viene de teorías absurdas, sino de la búsqueda de forzados privilegios y restricciones al comercio a costa de los competidores más eficientes y de los consumidores.
En el grupo de intereses especiales que usan el aparato político para reprimir y robarnos al resto, los proteccionistas están entre los más viejos. Ya es hora de que les demos para siempre la espalda y les tratemos con la indignación que tanto se merecen.
Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 23 de septiembre de 2011)
Los americanos imprimen billetes y compran productos a terceros paises.
Si el petróleo dejara de pagarse en dólares entonces es cuando se pondrían proteccionistas pero no para proteger su producción sinó su expolio. América protege sus impresoras a muerte no sus fábricas.
Estos 6 usuarios dan las gracias a neofiz por su mensaje:
Bien, si hay libre circulación de capitales y productos, debe haber libre circulación de personas.
Pero libre, los aranceles serían similares a los derechos de los nacionales, es decir, yo voy a Canadá, y tengo los mismos derechos que un canadiense, en reciprocidad a que los productos de éste país tienen los mismos derechos que los nacionales.
Que, libre circulación, no es igual a sin aranceles, significa que no te prohiben importarlo.
Estos usuarios dan las gracias a hayvayva por su mensaje:
El mejor proteccionismo, es el encubierto: conduzco por la izquierda,vendeme los coches que quieras, o tener unos gustos esteticos tan peculiares que no entre ni dios a tu mercado.
Estos usuarios dan las gracias a hayvayva por su mensaje:
la globalización salvaje esta en la causa de los problemas actuales, siempre va haber alguien que transforme más barato a costa de explotar al ser humano, el proteccionismo es una medida tanto social como económica, que produce el bienestar de un pais y sus ciudadanos.
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Salvados 7/10/2012, "los rescates son para que cobren nuestros bancos" dicho por asesor de Ángela Merkel, Juergen Donges, en perfecto castellano
Estos 8 usuarios dan las gracias a explorador por su mensaje:
Yo cada día tengo más claro, que si China y sus satélites capital-comunistas en Asia no empiezan a gastarse dinero en un estado de bienestar, Europa no tendrá más remedio que ser proteccionista con aranceles si quiere:
1) Ofrecer educación y sanidad universal sufragada por impuestos y/o copagos.
2) Tener un medio ambiente más o menos saludable.
3) Tener un mercado laboral con trabajadores con deberes y derechos, no semiesclavos.
etc.
Si quiero tener medicamentos baratos, transporte barato, una prestación si enfermo y no puedo trabajar, una pensión razonable de jubilización, etc. no tendré más remedio que cambiar de móvil cada 4 años, no cada año, comprarme un coche híbrido y no Mercedes o Audio, vivir en un pequeño apartamento y no en un chalé, irme de vacaciones cerca de casa no al Caribe o Australia en cada puente, etc.
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La Señora de los Eurillos:"Una moneda para gobernarlos a todos" Die Führerin, die Kaiserin Merkel La Lideresa, la Emperatriz Merkel
Recordad: El BCE es un monopolio del Deutsche Bundesbank con sólo el 19% de las acciones.
Acaso, ¿es la Reserva Federal estadounidense el monopolio de la Tesorería Estatal de California? Evidentemente, no.
Estos usuarios dan las gracias a sergio8o por su mensaje:
¿Que potente industria se ha levantado sin proteccionismo a lo largo y ancho del mundo?
Las fronteras son lineas inventadas por el hombre en mapas, como es que se ha levantado precisamente industria en el mundo, sin por ejemplo proteccionismo inter regional en vez de nacional, y entre ciudades ?? y entre barrios ?? y entre casas ??
El argumento proteccionista es incoherente, aplicando su logica la mejor opcion para desarrollarnos es que cada uno viva de lo que produce.
Iniciado por hayvayva
El mejor proteccionismo, es el encubierto: conduzco por la izquierda,vendeme los coches que quieras, o tener unos gustos esteticos tan peculiares que no entre ni dios a tu mercado.
Estoy deacuerdo, el proteccionismo encubierto es muy efectivo y goloso de aplicar.
Iniciado por explorador
la globalización salvaje esta en la causa de los problemas actuales, siempre va haber alguien que transforme más barato a costa de explotar al ser humano, el proteccionismo es una medida tanto social como económica, que produce el bienestar de un pais y sus ciudadanos.
Salvaje es un adjetivo muy divertido, va siempre acompañando al sustantivo con intenciones peyorativas, capitalismo salvaje, gobalizacion salvaje, competencia salvaje etc. El caso es que la globalizacion no es salvaje, ni el argumento de siempre habra alguien que lo haga mas barato es un argumento en contra, a menos, que tu por bienestar de un pais y sus ciudadanos lo entiendas como que sus ciudadanos sean mas pobres por que les obligan a comprarlo donde lo hacen mas caro.
Es una forma de bienestar eso de pagarlo todo mas caro que yo no comparto.
Iniciado por sergio8o
Yo cada día tengo más claro, que si China y sus satélites capital-comunistas en Asia no empiezan a gastarse dinero en un estado de bienestar, Europa no tendrá más remedio que ser proteccionista con aranceles si quiere:
1) Ofrecer educación y sanidad universal sufragada por impuestos y/o copagos.
2) Tener un medio ambiente más o menos saludable.
3) Tener un mercado laboral con trabajadores con deberes y derechos, no semiesclavos.
etc.
Si quiero tener medicamentos baratos, transporte barato, una prestación si enfermo y no puedo trabajar, una pensión razonable de jubilización, etc. no tendré más remedio que cambiar de móvil cada 4 años, no cada año, comprarme un coche híbrido y no Mercedes o Audio, vivir en un pequeño apartamento y no en un chalé, irme de vacaciones cerca de casa no al Caribe o Australia en cada puente, etc.
Osea el resumen que das, tenemos que ser mas pobres, si no imponemos nuestras medidas empobrecedoras a China, para defender nuestro supuesto sistema, que esta tan endiosado que ya nos da igual decirlo directamente, por defenderlo tendremos que empobrecer.
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Forero Liberal
Si podemos evitar que el gobierno malgaste la labor de la gente bajo la pretensión de ayudarla, el pueblo será feliz.
Thomas Jefferson
Estos usuarios dan las gracias a jose_ma294 por su mensaje:
Las doctrinas economicas (liberalismo, comunismo, proteccionismo, etc) son pura estupidez academica. La economia la hacen los hombres de negocios, y los doctrinarios demuestran a toro pasado que todo ocurrio de acuerdo con las previsiones de su sectita. La doctrina proteccionista sirvio en el siglo XIX para que los hombres de negocios, que necesitaban mercados nacionales cerrados y ferreamente defendidos para acumular capital, pudieran hacerlo vendiendo basura a altos precios a una clientela cautiva que no podia comprar otra cosa. Despues el estado-nacion se volvio pequeño para las empresas, que ya estaban presentes en varios paises, y entonces la doctrina a desenterrar fue el liberalismo; fuera fronteras (las empresas, presentes en varios paises no desean fragmentar su propio mercado porque eso aumenta sus costes y dificulta la comercializacion), especializacion de cada pais (no porque eso es lo que convenga a las empresas sino porque lo decia el guru Adam Smith), y asi sucesivamente.
Lo que importa es el dinero, y para ganarlo se contaran las tonterias que haga falta contar y se fundaran muy respetables instituciones cientificas (?) para que las respalden ... mientras su doctrina sectaria convenga al que paga.
Dejaros de teorias economicas, que son todas un engaño, y tratad de ver por donde va el dinero. Lo demas es basura.
Estos 8 usuarios dan las gracias a Jordi Segurola por su mensaje: