La fábrica de banqueros centrales del mundo
Acostumbrados a las conspiranoias, algunos se pasan la vida buscando a Goldman Sachs detrás del hecho de que la ducha del hotel de Columbia (Carolina del Sur) no funcione, o a Bilderberg como responsable de los agujeros de la CAM. Por no hablar de los dementes que ponen el American Enterprise Institute en el centro de todo (los Hermanos Koch, grandes financiadores del Tea Party, están preparando otro think tank de derechas en EEUU).
Sin embargo, si esa gente se molestara en mirar el currículum de la gente a la que critica se encontraría con una institución mucho más influyente: el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). De hecho, la salida de Occidente de esta espantosa crisis está en manos de ex alumnos y profesores del MIT. Esa Universidad de Boston, vecina de Harvard—con la que tiene una rivalidad terrible—es la fábrica de los líderes de la política económica del mundo.
Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal; Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra; Olivier Blanchard, economista jefe del FMI; y Stanley Fischer, gobernador del Banco de Israel y ex ‘número dos’ del FMI (cuya dirección trató de asumir este año después de la dimisión de Dominique Strauss-Kahn) fueron profesores del MIT. Alumnos fueron el presidente del BCE, Mario Draghi; el vicegobernador del Banco de Inglaterra, Charles Bean; y el primer ministro griego, Lucas Papademos.
Hasta en los mercados emergentes hay gente del MIT. Duvvuri Subarao, presidente del banco central de India, logró su doctorado en esa Universidad.
Esto, como todo, tiene múltiples lecturas. Una es que el MIT nos sacará de esto. Otra, que el MIT nos metió en esto. Bernanke era un destacadísimo defensor de las bajadas de tipos que produjeron la burbuja hipotecaria e inmobiliaria en EEUU. Fischer es uno de los mayores proponentes de la liberalización financiera de finales de los noventa, y fue recompensado por ello con un alto cargo en Citigroup cuando abandonó el Fondo.
Otro doctor del MIT, Larry Summers, que ahora está en Harvard después de haber sido secretario del Tesoro con Clinton y jefe del equipo económico de Obama (con quien, al parecer, acabó bastante mal, lo que no es de extrañar dado el mal carácter del economista), es también un gran promotor de la liberalización del sector financiero.
¿Qué tiene el MIT? Los que lo conocen, dicen que un componente matemático brutal en sus análisis, lo que es, según algunos, una de las razones de la crisis. Pero también pragmatismo: esa Universidad cree en el papel de los Gobiernos en la política económica. Y, evidentemente, su red de antiguos alumnos, un concepto que en España pocas instituciones académicas siguen pero que en EEUU es clave.
Eso y la calidad, claro. El MIT es relativamente pobre comprado con Harvard, Yale o Princeton, pero tiene un espectacular ratio de 1 profesor por cada 10 alumnos, contando en ese segundo grupo a universitarios, doctorandos y estudiantes de posgrado.
En todo caso, hay dos cuestiones claras. Una, como decía el humorista estadounidense Will Rodgers durante la Gran Depresión de los Años Treinta, “la estupidez nos metió en esto; ¿por qué la estupidez no nos puede sacar de esto?” Sustitúyase ‘estupidez’ por ‘MIT’ y obtendrá la respuesta a la Gran Recesión del siglo XXI.
La segunda, que si usted quiere ser banquero central (hay gente p’a tó), vayase a estudiar al MIT.
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