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| Los ejecutivos agresivos con problemas se convirtieron en recurrentes protagonistas cinematográficos del cuarto año de la crisis CARLOS PRIETO MADRID 27/12/2011 06:13 Actualizado: 27/12/2011 06:14 El año en el que el grito "esta crisis no la pagamos" se convirtió en un clamor mundial, la cinta que puso nombres y apellidos a los culpables (impunes) del crash financiero sólo podía triunfar. El boca a boca convirtió Inside Job, dirigido por Charles Ferguson, en una de las grandes sorpresas de 2011 y en el documental de más éxito en España en los últimos años: 81.000 espectadores, 540.000 euros de recaudación y gran repercusión en los medios de comunicación. La cinta se apoyaba en una serie de entrevistas belicosas a peces gordos para contar una historia de terror: cómo la ideología de las corporaciones financieras pervirtió el sistema económico estadounidense. Todos participaron de la fiesta: las administraciones demócratas y republicanas, los agentes reguladores, los departamentos de economía de las universidades, las agencias de calificación... "El fraude a gran escala tomó el corazón del sistema finan-ciero debido a una combinación de desregulación y dimisión de los responsables de hacer cumplir la ley", resume Ferguson, que hizo la siguiente petición en una entrevista a Público en el Festival de Cannes de 2010: "Hay que acabar con esa superstición que nos hace creer que sólo individuos provenientes de los grandes conglomerados financieros pueden asesorar al Gobierno sobre economía". ¿La respuesta de los europeos a su consejo? Poner varios gobiernos en manos de tecnócratas del mundo de las finanzas. Inside Job logró hacer al menos justicia poética. Y puso en órbita al documental de denuncia. Tras Inside Job llegaron la británica The Flaw, de David Sington, que se sumergió en el lodazal de las hipotecas basura, y la griega Debtocracy, documental militante sobre el negocio de la crisis de la deuda que arrasó en internet: más de un millón de descargas en Grecia (población total: 11 millones) y 200.000 descargas en YouTube de la versión subtitulada en español. La primera imagen de Debtocracy resume con inquietante precisión metafórica la situación: Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo (BCE), blandiendo un enorme cuchillo de sierra. Socorro. Hollywood al ataque Pero no sólo de documentales de urgencia vive el hombre. La duración de la crisis ha permitido a Hollywood resucitar todo un subgénero: las películas de ejecutivos agresivos al borde de arrojarse por la ventana del piso 45 del rascacielos de turno. Hollywood transformó el día del crash en un thriller de encorbatados con brutales ataques de estrés. El filme de HBO Malas noticias, de Curtis Hanson (L.A. Confidential, 1997), contó la caída de Lehman Brothers valiéndose de un reparto de campanillas: William Hurt, Paul Giamatti y James Woods. Curiosamente, los protagonistas de la cinta, titulada en inglés Demasiado grande para caer, son tres de los prohombres más atizados en Inside Job: el secretario del Tesoro y expresidente de Goldman SachsHenry Paulson, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y el presidente de la Reserva Federal de Nueva York y actual secretario del Tesoro de la Administración Obama, Timothy Geithner. Pero los ejecutivos, ay, también tienen sentimientos. En Margin Call, filme de J. C. Chandor con Kevin Spacey, Stanley Tucci y Jeremy Irons, pudimos ver las andanzas de un grupo de empleados y direc-tivos de un banco de inversión horas antes del estallido de la burbuja. Hombres buenos y hombres malos con una característica en común: recurrir al "no había otro remedio" para justificar sus negocios. Un paso más allá iba The Company Men, con Ben Affleck y Kevin Costner. Un drama sobre ejecutivos con crisis de identidad cuyo eslogan concentraba tanto la mala conciencia del mundo empresarial como la quiebra del sueño americano: "En América entregamos nuestras vidas al trabajo. Es hora de recuperarlas". De la crisis social a la crisis íntima. Mucho más ácido se mostró Johnnie Too, rey del cine negro asiático, en la estupenda Life Without Principle, que compitió en la Mostra de Venecia. Too sigue los pasos de varios personajes afectados por la caída de las bolsas mundiales en 2010 por la crisis griega. Una empleada de la banca de inversión que busca atraer nuevos clientes a cualquier precio, un grupo de mafiosos que se reciclan en inversores de Bolsa, un policía que busca casa nueva con su mujer. Life Without Principle es un policiaco con dosis brutales de humor que analiza la relación entre vida cotidiana, crimen y especulación financiera. El milagro español A falta de un Inside Job español, el cine patrio aportó sus propias miradas sobre la recesión. Y lo hizo, como no podía ser de otro modo, analizando la principal aportación española a la crisis mundial: el estallido de la burbuja inmobiliaria. Tres películas estrenadas en las últimas semanas han tocado el tema desde perspectivas bien diferentes. Verbo, del cortometrajista Eduardo Chapero-Jackson, recurrió al hip hop y la estética de los videojuegos para contar la historia de una adolescente asfixiada por la vida cotidiana en los asépticos nuevos barrios construidos en las grandes ciudades al calor del boom inmobiliario. Más al grano iba la interesante Cinco metros cuadrados, de Max Lemcke, gran triunfadora del Festival de Cine Español de Málaga. El director pasaba de la comedia al drama para narrar el infierno por el que pasa una pareja, Fernando Tejero y Malena Alterio, víctima de una estafa inmo-biliaria. Lo que empieza con unas risas en una boda, acaba con Tejero ocupando un piso piloto, armado y bordeando el patinazo neuronal. La olla a presión social a punto de estallar. El punto reflexivo lo aportó la documentalista Mercedes Álvarez (El cielo gira) en Mercado de futuros, sobre el caldo de cultivo moral en el que floreció la crisis y la conversión de nuestras ciudades en centros de intercambio mercantil. Una cinta que empezó a rodarse antes del estallido de la burbuja inmobiliaria, "cuando todo el mundo pensaba todavía que se podía hacer rico", contó a Público la directora. "Durante la fiebre inmobiliaria, en mayor o menor medida, todos participamos del juego. Otra cosa es distinguir entre los que participan del juego y quienes lo diseñan, quién se salta las reglas, quién las adultera. En todo caso, me parece que casi todos intuimos que nuestro modelo de posesión y consumo es enfermo e insostenible, que hemos vendido cosas importantes de la vida por baratijas", zanjó Mercedes Álvarez. Historias del 'crash' - Público.es |
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