Mike Whitney
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
“La economía de USA está en peligro de caer en una recesión que será extraordinariamente larga y severa. Desde todo punto de vista está en mucho peor estado que en 2001-2002 y es obvio que la ruptura de la burbuja de la vivienda está a la vuelta de la esquina. Parece que la continua solidez de los mercados financieros engaña de nuevo a mucha gente sobre la gravedad de la situación económica.”
Dr. Kurt Richebacher
“La historia de toda sociedad hasta la fecha, es la historia de las luchas de clases.”
Karl Marx
Los datos de esta semana sobre la caída del mercado inmobiliario no dejan duda alguna de que la burbuja de la vivienda se viene al suelo y que vienen tiempos difíciles. “El derrumbe en los precios de la vivienda desde fines de 2005 a fines de 2006 fue el mayor de un año al otro desde que la Asociación Nacional de Inmobiliarias comenzó a registrar datos en 1982.” (New York Times) El Departamento de Comercio anunció que la construcción de viviendas nuevas cayó en enero en un tremendo 14,3%. Los precios cayeron en la mitad de los principales mercados de la nación y “las ventas de casas disminuyeron en 40 Estados.” Arizona, Florida, California, y Virginia han sufrido abruptas bajas en las ventas. El Departamento de Comercio también informó que “la cantidad de casas vacías aumentó en un 34% en 2006 a 2,1 millones a fines del año, aproximadamente el doble de la tasa de vacancia a largo plazo.” (Marketwatch)
El resultado es que las existencias aumentan, las ventas bajan, los beneficios disminuyen, y la industria de la construcción enfrenta un continuo descenso en el futuro previsible.
El efecto expansivo del derrumbe de la vivienda se sentirá en toda la economía en general; contrayendo el PIB, desacelerando los gastos de consumo y llevando a más trabajadores a las crecientes filas de los desempleados.
El Congreso estudia ahora las deshonestas prácticas de préstamos que forzaron a millones de personas a vivir en casas que evidentemente no se podían permitir. Pero sus esfuerzos no tendrán efecto sobre los préstamos existentes. 1 billón de dólares en ARM [siglas en inglés de Hipotecas de Tasa Ajustable] debe ser reajustado en 2007, lo que garantiza que millones de propietarios de casas demasiado endeudados no podrán pagar sus hipotecas, aplicando presión sobre los bancos y provocando un remolino en la economía. Estamos al inicio de una importante reestructuración y va a haber mucha sangre sobre la ruta antes de que las cosas se calmen.
Los bancos y los prestamistas de hipotecas buscan desesperadamente modos creativos de mantener a la gente en sus casas, pero el mercado de segunda categoría ya está vacilando y aumenta el número de ejecuciones judiciales.
No cabe duda ahora, que el plan del presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan de bombear incontables millones de dólares al sistema a través de “tasas bajas de interés” ha creado la mayor burbuja de todos los tiempos y preparado las condiciones para una profunda reducción de gastos. Las políticas inflacionarias de Greenspan estaban diseñadas para expandir la “brecha de la riqueza” y crear una mayor polarización económica entre las clases. Para cuando se desinfle la burbuja de la vivienda, millones de USamericanos de la clase trabajadora tendrán que pagar préstamos que son considerablemente superiores al valor actual de su casa. Esto creará inevitablemente divisiones sociales más profundas y, con gran probabilidad, una clase inferior permanente de esclavos de sus hipotecas.
Un astuto economista y estudiante de la historia como Greenspan sabía exactamente cuales serían las consecuencias de sus tasas bajas de interés. Se había montado la trampa para tentar a prestatarios ingenuos que pensaron que podían aumentar sus ingresos estancados sumándose a la fiebre del oro de la vivienda. Era una manera excelente de disfrazar una economía en deterioro expandiendo la deuda personal.
La catástrofe en la vivienda se sentirá pronto en el mercado de valores que parece estar atrasado respecto al mercado inmobiliario en unos 6 meses. Pronto, la realidad se establecerá en Wall Street tal como lo ha hecho en el sector inmobiliario y el “dinero fácil” que Greenspan generó con su poderosa impresora partirá a otras riberas en el extranjero.
Parece como si esto ya estuviera sucediendo incluso a pesar de que el mercado de valores sigue volando alto. El viernes, el gobierno informó que los influjos netos de capital retrocedieron de los 70.000 millones de dólares requeridos a ¡UNA FUGA DE 11.000 MILLONES DE DÓLARES!
El actual déficit en la cuenta corriente (que incluye el déficit comercial) asciende a unos 800 mil millones de dólares por año, lo que significa que USA debe atraer unos 70.000 millones de dólares por mes en inversiones extranjeras, (bonos del tesoro o valores de USA) para compensar por los extravagantes gastos de USA. Cuando la inversión extranjera flaquea, como lo hizo en diciembre, aplica una presión descendiente sobre el dólar para compensar el desequilibrio. Chuck Butler de Everbank lo describe como sigue:
“No sólo las adquisiciones de extranjeros se detuvieron en diciembre, sino que ¡la fuga fue inmensa! Los inversionistas locales aumentaron sus compras de valores extranjeros a largo plazo de 37.000 millones a un récord de 46.000 millones de dólares. Es una ilustración clásica de ‘falta de financiamiento.’ Por lo tanto, la pregunta que hice a la sección fue: ‘¿Por qué no aumenta enormemente el euro?’”
Por cierto, ¿por qué? ¿Por qué los bancos centrales conservan sus flácidos dólares cuando el fundamento que los sostiene ha desaparecido?
La respuesta es compleja pero, en esencia, el resto del mundo ha prestado a USA un par de muletas para reforzar el tambaleante dólar mientras se preparan para una eventual catástrofe. China y Japón tienen actualmente más de 1,7 billones de dólares en divisa USamericana, y en activos basados en USA, y difícilmente se pueden permitir echar por tierra el dólar.
Existen, sin embargo, límites a la “generosidad de extranjeros” y los bancos extranjeros se verán indudablemente presionados para adoptar medidas más extremas a medida que se hace obvio que el Equipo Bush planea producir tanta tinta roja como le sea humanamente posible.
Las cifras de diciembre indican que se acaba la inversión extranjera y que el mundo ya no anhela adquirir la fastuosa deuda de USA. Lo único que puede hacer la Reserva Federal es aumentar las tasas de interés para atraer capital extranjero o dejar que caiga el valor del dólar. El problema, en todo caso, es que si la Reserva Federal aumenta las tasas, el mercado inmobiliario se derrumbará aún más rápido, lo que estrangulará el gasto de los consumidores y reducirá el PIB. En otras palabras, estamos al borde de dos crisis separadas pero relacionadas: una crisis económica y una crisis monetaria. Eso significa que el confiado público USamericano probablemente se verá atrapado entre dos ruedas de molino de hiperinflación y de crecimiento reducido.
En términos reales, la economía ya está en recesión. Las cifras de crecimiento son regularmente masajeadas por el Departamento de Comercio para dar una cara sonriente a una economía que no trabaja al nivel esperado. La producción industrial sigue languideciendo (en enero bajó otro 0,5%) mientras millones de puestos industriales con buenos salarios parten a China, donde el costo laboral es una fracción del de USA. Los inventarios de automóviles también aumentan mientras la producción está en caída libre.
Además, las nuevas solicitudes por desempleo aumentaron a 357.000 en la semana que terminó el 10 de febrero. Otros 44.000 trabajadores desesperados han recibido sus cartas de despido para que se sumen a las masas apretujadas en la Distopia del Weimar de Bush.
Los influjos netos de capital de diciembre representan una triste instantánea del desastre que amenaza. Mientras la burbuja de la vivienda pierde presión, los consumidores USamericanos llevados al límite de sus posibilidades enfrentarán crecientes pérdidas de puestos de trabajo y cada vez más deudas. Al mismo tiempo, la inversión extranjera se irá a mercados más prometedores en Asia y Europa causando un agudo aumento en las tasas de interés. Esto será un golpe abrumador para los bancos con pocas reservas (44.000 millones de dólares) pero que han generado 4,5 billones de dólares en tambaleantes deudas hipotecarias en los últimos 6 años.
Sólo llegan malas noticias. La burbuja de liquidez cojea hacia el abismo y cuando llegue enviará ondas de choque a todo el sistema económico global.
¿Puede sorprender que los bancos centrales extranjeros se muestren tan temerosos cuando se trata de desembarazarse de dólares? A nadie le tienta realmente la idea de deslizarse rápidamente hacia una recesión global seguida por años de una recuperación agonizante.
Tal vez sea el motivo por el que el Secretario del Tesoro Hank Paulson reconstituyó el Equipo de Protección contra el Desplome e instaló un teléfono rojo con su homólogo chino para poder reaccionar rápidamente ante giros repentinos en el mercado de valores o ante un dólar en caída libre; dos de las calamidades que podría encarar en un futuro muy cercano.
Greenspan piloteó exitosamente a la nación hacia la insolvencia virtual. En realidad, los paralelos entre nuestra situación actual y el período precedente a la Gran Depresión son sorprendentes. Igual como una deuda masiva se acumulaba en el mercado por la compra de valores “al margen,” así mismo, la deuda hipotecaria entre 2000 y 2006 se aceleró de 4,8 billones de dólares a 9,5 billones. En ambos casos el “efecto riqueza” produjo una juerga de gastos que parecía representar crecimiento pero que era realmente la continua, insidiosa expansión de la deuda que generaba actividad económica. En ambos períodos los salarios se mantuvieron fijos o disminuyeron y la brecha entre los ricos y la clase trabajadora se hizo más extrema de año en año. Como dijera Paul Alexander Gusmorino en su artículo "Main Causes of the Great Depression": “Muchos factores jugaron un papel en causar la depresión; sin embargo, la causa principal de la Gran Depresión fue la combinación de la inmensa desigualdad en la distribución de la riqueza durante todos los años veinte, y la amplia especulación en el mercado bursátil que tuvo lugar durante la última parte de la misma década.”
Los mismos factores actúan en la actualidad con la excepción de que la especulación existe en el mercado inmobiliario en lugar del bursátil. Pero como en los años veinte la burbuja en los valores no fue creada porque los salarios mantuvieran el ritmo con la productividad (la fórmula saludable para el crecimiento) sino por la expansión de la deuda personal. También, era posible comprar acciones sin tener el dinero para comprarlas, igual como se puede comprar una casa de 600.000 o 700.000 dólares con un depósito cero y sin pagos mensuales sobre la base del principio de los años por venir. El déficit actual de la cuenta corriente (800.000 millones de dólares) podría también tener un peso considerable en toda reestructuración económica que pueda sobrevenir. Bob Chapman de The International Forecaster hizo el siguiente cálculo estremecedor sobre el déficit comercial descontrolado de USA:
“La deuda de USA aumentó un 10,1% a 4,085 billones de dólares y representa un 58,8% de todo el crédito otorgado globalmente el año pasado. Eso significa que USA expandió el crédito a un ritmo mucho más rápido que el crecimiento de la economía. Esto fue pedir prestado para mantener un nivel de vida superior y el intento de pagar por él en el futuro.”
Hay que imaginárselo: USA se tragó casi un 60% DE TODO EL CRÉDITO GLOBAL en un solo año. Es verdaderamente sorprendente.
Existen numerosas similitudes entre la era anterior a la Depresión y la nuestra. Paul Alexander Gusmorino dice:
“La Gran Depresión fue la peor recesión económica de la historia de USA, y se extendió a virtualmente todo el mundo industrializado. La depresión comenzó a fines de 1929 y duró casi una década… La excesiva especulación a fines de los años veinte mantuvo al mercado bursátil artificialmente alto, pero terminó por llevar a grandes caídas del mercado. Estas caídas del mercado, combinadas con la mala distribución de la riqueza, llevó al zozobro de la economía USamericana.
“(La disparidad de ingresos) entre los ricos y la clase media creció durante todos los años veinte. Mientras el ingreso per capita disponible creció un 9% entre 1920 y 1929, los que tenían ingresos dentro del 1% superior gozaron de un estupendo aumento de un 75% en ingresos disponibles per capita. Una razón importante para esta brecha grande y creciente entre los ricos y la gente de clase trabajadora fue el aumento de la producción manufacturera durante este período. Entre 1923 y 1929 la producción promedio por trabajador aumentó un 32% en la manufactura. Durante ese mismo período de tiempo los salarios promedio en la manufactura aumentaron sólo un 8% (Esto causa una disminución en la demanda y conduce al crecimiento de los gastos a crédito.)
El gobierno federal también contribuyó a la creciente brecha entre los ricos y la clase media. La administración de Calvin Coolidge (favorable a las empresas) aprobó la Ley de la Renta de 1926, que redujo dramáticamente los impuestos a los ingresos y a la herencia. (Al mismo tiempo) la Corte Suprema dictaminó que la legislación del salario mínimo era inconstitucional.
Los tres cuartos inferiores de la población tuvieron un ingreso agregado de menos de un 45 % del ingreso nacional combinado; mientras el 25% superior de la población recibió más de un 55% del ingreso nacional. Entre 1925 y 1929 el crédito total se más que duplicó de 1.380 millones de dólares a unos 3.000 millones.” Igual que ahora, la creciente brecha en los salarios ha producido masivas burbujas especulativas así como un aumento permanente en las compras a crédito. El estancamiento de los salarios obliga a los trabajadores a buscar otras oportunidades para salir adelante. Cuando los salarios se quedan atrás respecto a la productividad, la demanda disminuye naturalmente y los negocios comienzan a flaquear. La única manera de incitar a más compras es la reducción de las tasas de interés o la expansión del crédito personal, y entonces es cuando comienzan a aparecer las burbujas bursátiles. Es lo que sucedió con el mercado bursátil antes de 1929 así como en el mercado inmobiliario en 2007. La disponibilidad de crédito ha mantenido a flote el mercado inmobiliario pero, en última instancia, el resultado será el mismo.
El lunes 21 de octubre de 1929, el mercado bursátil sobrevaluado comenzó su caída. Logró una breve recuperación a mediados de semana, pero 7 días más tarde, el Martes Negro, volvió a derrumbarse: se pusieron a la venta 16 millones de acciones y no había compradores.
El juego se había acabado.
La confianza se evaporó de un día al otro. La gente dejó de comprar a crédito, la economía burbuja se derrumbó, y la poderosa locomotiva para el crecimiento, el consumidor USamericano, cojeó hacia la Gran Depresión. Los aranceles fueron elevados, los extranjeros dejaron de comprar bienes USamericanos; bancos cerraron, negocios quebraron, y el desempleo aumentó vertiginosamente. Diez años después el país seguía afectado por la implosión.
Ahora, 77 años después, Greenspan nos ha llevado como ovejas al mismo precipicio. El dilema económico que enfrentamos podría haber sido evitado si la expansión del crédito hubiera sido limitada por una política monetaria prudente de la Reserva Federal y si la riqueza fuera distribuida más equitativamente como lo fue en los años sesenta y setenta. Pero no es el caso; así que vamos encaminados a tiempos difíciles.
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Mike Whitney vive en el Estado de Washington. Para contactos escriba a: fergiewhitney@msn.com
pensé que era la depresión de algún burbu porque esto no estalla.
el articulo esta bien, aunque no dice nada nuevo, ya hace años que se dice lo mismo.
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* (frase textual de un burbujista que creo que refleja a la mayoria)
nuevo foro burbujista
¿Se revisará el modelo económico? La primera 'gran depresión' del Siglo XXI
Le sobra razón a Felipe González para el desahogo de que no vivimos tiempos para optimistas profesionales. No es decente dedicarse a tañer la lira mientras se avivan las hogueras del incendio de Roma, ni ofrecer a los ciudadanos una “tirita” para contener la hemorragia de una arteria vital. Lo que en estos momentos sucede en los mercados nacionales e internacionales es ya inocultablemente lo peor desde la Gran Depresión. Es, de hecho, la peor crisis económica internacional en muchas décadas y probablemente será estudiada en el futuro como la primera Gran Depresión del siglo XXI.
Advierte el FMI que entramos en una recesión global de duración probable mayor que lo esperado meses atrás y el presidente del Gobierno español se enfada y demuestra que, si estuviera en sus manos, mataría al mensajero. Pero la ominosa realidad, es decir, la crisis, la recesión, el riesgo cierto de empobrecimiento, está ahí, amenazando a todos, familias, empresas y mecanismos sociales, y no va a desaparecer porque algún necio se empecine en negar su existencia.
La realidad es el mercado. La verdad también es el mercado. A la hora en que estas líneas se escriben, el mercado español oscila arrítmicamente entre retrocesos de 7,5 y 8,4 puntos porcentuales, es decir, que ya ni siquiera cabe hablar de jornada negra, cuando todas lo son y el horizonte se cubre de sombras. Wall Street cerró ayer con caída de 7,33% y Tokio lo ha hecho con el pavoroso descenso de 9,6%. Los Bolsas son un tobogán del que, en cualquier momento, los carromatos pueden saltar de los raíles hacia la caída libre en el vacío.
¿Conviene a todos evitar el pánico? Sin duda, aunque también es preciso admitir que el miedo es libre. En el caso español, el fenómeno se agrava por la cada vez más extendida percepción de que el Gobierno no sabe, no quiere o no puede hacer nada tranquilizador. La rueda de prensa de David Vegara, presumiblemente anticipadora de lo que diga el vicepresidente Pedro Solbes después del Consejo de Ministros, ha dejado al personal entre perplejo y abrumado. Con “tiritas” para las arterias rotas va a ser difícil evitar que el enfermo se desangre.
Pero, nada, ya se sabe que los optimistas son inagotables: esto ha pasado muchas veces, no es para tanto, ya se arreglará… De ahí vino la acertada definición de que un pesimista no es más que un optimista bien informado. No, no son tiempos para “buenismos”, ni para engañar a los ciudadanos diciendo que ya escampará, porque muchos, y muchas empresas, pueden ser mientras tanto devorados por la riada. Los “pactos de La Moncloa” no son un buen recuerdo de mejores tiempos, ni una alternativa más entre otras posibilidades, sino una exigencia de racionalidad.
A estas horas, los dirigentes de todos los partidos, con sus equipos económicos, y los representantes y equipos de las fuerzas económicas, empresariales y sociales debieran haber sido ya convocados a La Moncloa, porque sólo entre todos y con las decisiones profundas que sólo el consenso de todos permite, cabe afrontar una crisis económica, no sólo financiera, que también, de la gravedad, extensión y profundidad como la que ya inocultablemente se extiende por todo el planeta.
No hacerlo así, permanecer refugiado en la pequeña política de los intereses fragmentarios, sería sin duda una irresponsabilidad por la que exigir cuentas. Pero en la política, como en la economía y en todo, a veces los países no encuentran las personas adecuadas en el lugar necesario en el momento oportuno. Es lo que tienen las encrucijadas de la Historia.
Revive el fantasma de la Gran Depresión El crash del 2008 alimenta el temor
El recuerdo de la Gran Depresión en los años 30 reaparece como un fantasma ante la actual crisis
El crash del 2008 es un problema: los economistas no lo saben definir porque tiene que ver tanto con la objetividad de las cifras bursátiles como con sentimientos profundos que traen a la memoria dramáticas escenas de privación y violencia política de la historia del siglo pasado.
El recuerdo de 1929 y 1987
La crisis actual es la peor desde el colapso de Wall Street hace casi exactos 79 años, que desembocó en la Gran Depresión de los años treinta, según coincidieron varios economistas consultados por la agencia de noticias AFP.
Puede merecer el nombre de "crash", pero los diccionarios son cautelosos al momento de definir algo que tiene mucho que ver con los sentimientos, aunque existan ciertos puntos de referencia.
El lunes 28 de octubre de 1929, el índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York se desplomaba un 13 por ciento, con una nueva caída del 12 por ciento al día siguiente, que quedó en la historia como "el martes negro". A fines de noviembre, había perdido la mitad de su valor y en 1932, había perdido cerca de 90 por ciento.
En el crash de 1987, el 19 de octubre, el Dow Jones conoció un descalabro de 23 por ciento en una sola sesión, el mayor de su historia. Londres cayó de 20 por ciento en dos días.
La definición de "crash"
La sabiduría colectiva estableció una escala para definir el crash: 10 por ciento en un día, 20 por ciento en dos días o 30 por ciento en semanas o meses. Y la mayoría de las grandes bolsas perdieron más de 20 por ciento en esta última semana.
En el curso de la última semana, el índice de la bolsa neoyorquina, el Dow Jones, ha caído más del 20 por ciento, el japonés Nikkei más del 30 por ciento y las principales bolsas europeas también más dl 20 por ciento.
Pero el significado real de la palabra no tiene tanto que ver con las cifras como con el temor que provoca.
En Estados Unidos, los años de depresión previos a la Segunda Guerra Mundial dejaron imágenes de colas en las panaderías, pobreza masiva y finalmente el programa New Deal con una inversión masiva del Estado, para relanzar la economía.
En Europa se guarda en el recuerdo la privación, la desesperación, pero sobre todo la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania, y Benito Mussolini en Italia.
En América Latina, se recuerdan las dictaduras militares que surgieron en casi todos los países de las ruinas de la democracias.
El "corralito" argentino
Más recientemente, la palabra "crash" evoca para los argentinos el año 2001, "cuando la clase media fue aniquilada de la noche a la mañana", señaló el profesor Jonathan Story, de la Escuela superior de economía (INSEAD), cerca de París.
El "corralito" que impidió la retirada del dinero de los bancos y la caída en 80 por ciento del valor del peso con respecto al dólar destruyó entonces los ahorros de la clase media.
El recuerdo de furiosos ahorristas golpeando cacerolas en las puertas de los bancos aún está fresco.
Estos fantasmas y estas emociones explican el impacto de la palabra. "Crash" suena al hambre de 1929, al horror de Hitler y el saqueo de los almacenes judíos por los nazis en la Noche de cristal (noviembre de 1938), a ruido de botas militares.
También detrás de la palabra se esconde el fin de la ilusión del "placer eterno".
"No hay un único significado de lo que es un crash", indicó Jon Danielsson, un experto en crisis financieras de la Escuela de Economía de Londres.
"Los cambios en nuestro bienestar de hoy se mezclan con el sentido histórico de lo que fue el crash. Hoy estamos en el medio de un crash del mercado.... Hasta ahora la pérdida es seria, pero no catastrófica", señaló.
"El crash de 1929 fue un desastre por la incapacidad de los gobiernos de entender la gravedad de la situación, incapacidad de tomar las medidas políticas adecuadas e incapacidad de coordinar internacionalmente", estimó.
Los gobiernos actúan diferente
Ahora, dijo, "los gobiernos entendieron la gravedad de la situación y están cooperando admirablemente bien". Los economistas aprendieron o "están volviendo a leer los libros de historia."
"No conozco ninguna definición clara del crash, señaló el economista Gilles Moec, del Bank of América, en Londres. "Tiene que ver con el sentimiento colectivo... La palabra "crash" provoca muchas emociones porque a la crisis le siguieron cosas muy malas".
"No conozco una definición correcta" de la palabra, coincidió el profesor universitario de Dublín Antoin Murphy que escribió mucho sobre los cracs.
Los crash dejan "sufrimiento" y "cicatrices psicológicas" y afectan la salud de la gente, señaló.
Lo que vamos a vivir se parece a lo que le pasa a un pokeritoh después de ponerse hasta el culo de alcohol y perikitoh, sólo que cuando llega a casa no hay madre amantísima que le da leche caliente, la leche se la da sólo...
Y en el 2010 será un éxito "Sin Tetas No Hay Zulito".
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España: la generación guanabí (wanna be...rich) y el trastorno obsesivo-compulsivo de edificación. Ediciones Tochovistas.
pensé que era la depresión de algún burbu porque esto no estalla.
el articulo esta bien, aunque no dice nada nuevo, ya hace años que se dice lo mismo.
Para ti estallido debe ser que salgamos a la calle con palos y piedras vestidos con pieles de animales, por que con la que está cayendo decir esta parida.