Nadie garantiza que el BCE rescate a Italia
08.11.2011 Simon Nixon 0
Ya lo hemos visto antes. La rentabilidad de los bonos italianos a diez años ha alcanzado un nuevo récord en la era del euro, llegando al 6,7%, un nivel del que ningún mercado de deuda de otro país periférico de la eurozona se ha recuperado.
El aumento de las compras de deuda por parte del BCE, las operaciones de la semana pasada duplicaron a las de la precedente, no ha conseguido frenar la escalada de precios. Los bancos europeos están deshaciéndose de su deuda italiana y, aunque sufren pérdidas, obtienen la recompensa del mercado. Dada la falta de mecanismos de rescate adecuados, muchos argumentan que sólo un férreo y claro compromiso del BCE de actuar como prestamista de último recurso mediante el anuncio de su disposición a comprar una cantidad ilimitada de bonos puede evitar que la crisis de deuda italiana entre en una espiral imposible de controlar.
Sin embargo, hay tres motivos por los que puede que no lo haga. Primero, el BCE ha repetido hasta la saciedad que no tiene obligación de actuar como prestamista de último recurso y que, al hacerlo, incumpliría el Tratado de Lisboa. El nuevo presidente de la entidad, Mario Draghi, reiteró esa opinión la semana pasada, al asegurar que el programa de compra de bonos del BCE es limitado y temporal. El Tratado es claro al respecto: según el Artículo 101, se prohíbe al BCE ofrecer cualquier tipo de crédito a un gobierno, mientras el Artículo 103 asegura que la eurozona no debería responsabilizarse de la deuda de los estados miembros. Con esta normativa y, tras las declaraciones realizadas desde la Institución, sería difícil conseguir un compromiso del BCE para comprar cantidades ilimitadas de deuda.
Segundo, si el BCE actuara como parece sería deseable, el balance de la entidad se vería afectado. Convertirse en prestamista de último recurso de un país es distinto a hacerlo con un banco. Los bancos centrales prestan al resto de entidades utilizando importantes garantías que actúan de protección en caso de riesgos asociados al crédito. En cambio, cuando el BCE compra deuda de un gobierno de la eurozona, no puede recurrir a los ingresos fiscales de un país. Hay quien argumenta que si Roma contara con un Gobierno más proclive a las reformas, se reduciría el riesgo crediticio, facilitando el cambio de estrategia del BCE. Sin embargo, no todo el riesgo de crédito asociado a los bonos italianos es interno: el BCE también tiene que considerar el impacto en la solvencia de Italia que tienen las acciones de otros países de la eurozona.
Además, la finalidad de un prestamista de último recurso es proporcionar confianza a los inversores para animarles a que sigan concediendo préstamos. Sin embargo, el programa de compra de deuda de Grecia, Irlanda y Portugal por parte del BCE no impidió las ventas de los inversores. El riesgo está en que, a pesar de que el BCE se ofrezca a comprar cantidades ilimitadas de bonos, es probable que a los inversores sólo les interesara vender, con lo que Italia seguiría siendo incapaz de captar financiación en el mercado primario. Es más, la exposición del BCE a Italia no se limita a los bonos.
También está proporcionando una cantidad sustancial de financiación de último recurso a sus bancos. Cuando la exposición total del BCE a Grecia, Irlanda y Portugal creció hasta alcanzar una proporción significativa de sus PIB, les obligó a buscar una fuente alternativa de financiación externa.
La tercera razón por la que el BCE puede negarse a proporcionar fondos ilimitados a Italia es que corre el riesgo de generar un considerable riesgo moral. El BCE perdería gran parte de su influencia para motivar una reforma fundamental en Italia; ante la ausencia de una política fiscal central adecuada en la eurozona, la disciplina impuesta por las subidas de los tipos de interés es la mejor esperanza para hacer más competitiva la economía italiana.
Además, si el BCE admitiese que debería actuar como prestamista de último recurso de los gobiernos, su relación con los dirigentes de la eurozona cambiaría radicalmente, ya que, a partir de entonces, sería más difícil rechazar las futuras demandas para que actúe. Para una institución que valora tanto su independencia, ese puede ser el mayor obstáculo de todos.
Nadie garantiza que el BCE rescate a Italia,Opinin, expansion.com