Añado, para vaguetes o foreros escasos de tiempo en este momento, este otro extracto del artículo, pero recomiendo leerlo completo... O desarrollo tecnología o incremento la inversión de capital por empleado o las dos cosas. Esto no tiene absolutamente nada que ver con trabajar más, menos, con mala, con buena cara o estar de fiesta o tener mística en el trabajo o ir a misa o al puticlub. Esas son connotaciones morales muy típicas de países católicos — como el nuestro — donde durante siglos han estado confundidos y preguntándose si el aparato productivo es «moral» ya que la iglesia católica se empeña en meterse en todo, inclusive en terrenos donde no entiende o nunca ha tenido experiencia como el romance, el sexo, el matrimonio y la crianza de los niños. Entonces los hijos de las élites se educan en colegios religiosos de ambiente gótico donde entre misa y misa le inculcan estas cosas.
La herramienta más poderosa para conseguir aumentos de productividad a largo plazo es la inversión de capital por empleado. Se trata de dotar a los empleados de instalaciones lo más grandes y más automáticas posibles para que pocos produzcan muchísimo. Amador podrá ser muy listo, pero tarde o temprano le copiaran, inventaran otro tipo de compresor, vendrán los chinos con las rebajas, etc, etc. La única forma de que Amador mantenga su liderazgo durante décadas es que el señor Martinez se gaste el dinero y monte una modernísima y automática línea de producción.
El aumento a largo plazo del nivel de vida de la población depende exclusivamente del aumento a largo plazo de la productividad.
Entonces para aumentar el nivel de vida de la población a largo plazo en una economía industrial hay que aumentar la inversión de capital por empleado. Esto funciona siempre que exista o se desarrolle una base tecnológica que permita el continuo mejoramiento del aparato productivo. La productividad es la hija de la tecnología pero sobre todo de la inversión de capital por empleado.
El sector servicios es totalmente diferente al de la producción de bienes, ya que es muy difícil aumentar su productividad. Un servicio en un trabajo que una persona hace a otra persona, bien sea llevándola en taxi, defendiéndola en un juicio, operándole la pierna, haciendo que haga ejercicios, limpiando la piscina, arreglando una gotera o construyendo un edificio. No son trabajos que se puedan organizar eficientemente en una fábrica y no es fácil aumentar su productividad mediante la utilización de herramientas e instalaciones cada vez más grandes o automáticas. Un taxista puede hacer tantas carreras por día, un médico tantas operaciones, una profesora de aerobics tantas clases — aunque su número de pretendientes tienda al infinito –, un abogado puede atender tantos casos simultaneamente y unos obreros pueden construir tantas viviendas por año.
Para ser justos si existen herramientas tecnológicas que permiten aumentar la productividad de los servicios ya que el taxista lleva radio y GPS, el abogado utiliza ordenadores, el médico dispone de una panoplia de medios de diagnóstico por imagen de última generación y los obreros de la construcción disponen de grúas, sistemas encofrado y bombas de hormigón. Pero estos medios no multiplican por cien la productividad como en la industria, la aumentan bastante pero generalmente lo que si hacen es mejorar la calidad del servicio: el médico atina más a sus diagnósticos, el abogado se organiza mejor, el taxista no se pierde. Pero el médico no opera al cuadruple de pacientes, ni el abogado litiga el triple de casos ni el taxista transporta diez veces más personas, ni los obreros hacen veinte veces más pisos.
A igual cantidad de inversión en medios de producción el incremento de productividad conseguido en el sector servicios es mucho menor —y posee un techo bien visible — que el incremento de productividad que se puede conseguir en el sector industrial, lo que nos trae a la idea central del este post.
Una economía compuesta exclusivamente por actividades de servicios será por definición una economía de baja productividad por lo que los salarios y el nivel de vida de la población serán necesariamente menores que los de una economía basada en la industria.
La economía de los servicios es la economía de los bajos salarios, del empleo temporal, del reponedor del super, del guía turístico, del empleado del hotel, del vendedor paliza de telefonía móvil y del taxista para ese noventa y nueve por ciento de la población que no tiene un PHD en Harvard, sea cirujano, abogado de éxito o que no tiene un buen enchufe para trabar en alguna eléctrica o en la telefónica.
Una moderna acerería compacta con horno eléctrico y tren de laminación continuo de tamaño medio produce un millón y medio de toneladas al año en productos acabados empleando unas seiscientas personas. Esta instalación cuesta unos 600 millones de Euros y vende también unas 600 millones de Euros anuales para una producción de 1,2 millones Euros por empleado al año. Un fábrica de coches que produzca medio millón de coches al año cuesta unos 7.000 millones de Euros y tiene unas ventas de 10.000 millones al año empleando a unas 15.000 personas para una facturación de 667.000 Euros por empleado al año. En ambos casos, esto permite pagar buenos salarios, contratar ingenieros y técnicos, tener planes de pensiones, seguros médicos, cesta de navidad y payasos e hinchables para los niños en la barbacoa anual de la empresa.
Un hotel cinco estrellas grande, bien ubicado en el centro de la ciudad con trescientas habitaciones a trescientos Euros la noche y que tenga una ocupación media del 100% factura treinta y tres millones de Euros al año, a los que si sumamos el robo del minibar, la conexión a internet y el restaurant digamos que son cuarenta millones. En este hotel trabajan unas 150 personas, para una producción de 220.000 Euros por empleado al año. Esto permite pagar bajos salarios, tener contratos temporales, obligar a la que limpia a limpiar una habitación en diez minutos ya que no existen maquinas automáticas de limpiar habitaciones — el aspirador como mucho — que aumenten su productividad y de cesta de navidad, seguro médico, pensiones decentes y barbacoa anual como que no. Y esto en el hotel cinco estrella que está a reventar todo el año, ahora si repetimos los cálculos para el típico hotel de playa en cualquiera de nuestras masificadas playas ya os imagináis.
El caso paradigmático de muerte por economía de servicios es España. Hace diez años el sector industrial en el país representaba un 24% del pib. Hoy esa cifra es casi la mitad y las consecuencias en la población están a la vista. Los analfabetos políticos y los portavoces de las élites empresariales — ambos educados en colegios religiosos — se empeñan en dar rimbonbantes declaraciones sobre el que hay que aumentar la productividad. Lo que no se preguntan es como demonios se aumenta la productividad de una economía que en un 70% son servicios de bajo valor agregado. Respuesta: muy dificil.
¿ Y que ha sucedido con los salarios que antes disfrutaba la clase media ?. Han sido transformados en beneficios empresariales a corto plazo ya que los bajos salarios deprimen el consumo y por lo tanto las ventas, lo que acaba minando esos mismo beneficios. La burbuja crediticia de los últimos diez años ha sido un intento desesperado por mantener el nivel de consumo de las clases medias occidentales ante la merma de ingresos que la exportación de sus puestos de trabajo industriales y su conversión en puestos de trabajos mal pagados en el sector servicios ha supuesto. Entonces viene la crisis y el estado se pone a gastar como un loco tratando de reactivar una supuesta industria de la que poco queda en un intento desesperado de crear empleos. Y los crea, claro que los crea: en China.
La globalización ha dividido al mundo en productores de bajos salarios que no pueden comprar lo que producen y trabajadores del sector servicios que tampoco.
La economía de los servicios solo produce puestos de trabajo de baja remuneración. El único sector de servicios que ofrece salarios astronómicos es la banca y ya vemos a lo que se han venido dedicando. El otro sector de servicios con alta productividad — facturación por empleado — son las telefónicas, eléctricas y aguas de aquí y de allá. Debido a su naturaleza técnica tienden a ser monopolios y para colmo es el estado quien establece sus abusivas tarifas, limita la competencia y básicamente les permite saquear a la población. Esos negocios de servicios son productivos solo porque disfrutan de condición monopólica y protección estatal bien sea en la forma de tarifas o bien sea haciendo la vista gorda como en el caso de la banca.
Y en estas estamos. La próxima vez que algún neoliberal engominado os cuente que el futuro es la economía de servicios contesdad que si, que todos trabajando en el burguer y viviendo debajo de un puente. |