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| <****** width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/r5tGjDhL12c" frameborder="0" allowfullscreen>******> Berlín. El lunes, 24 de octubre a las 1 00h, en el auditorio Audi Max de la Universidad Humboldt comenzó el discurso programado del Presidente del Banco Central Europeo (BCE), Trichet.El auditorio estaba lleno. En las primeras filas los académicos, los políticos, los empresarios y los periodistas. Atrás los estudiantes y otros ciudadanos. Entre ellos 14 miembros de nuestro grupo, esparcidos en grupos de dos o tres personas entre los oyentes. A las 1 00h Trichet subió a la tribuna. A las 1 40h, tal como lo habíamos planeado, dos de nosotros abren y guardan silenciosamente la primera pancarta: “Say no to the debt tyranny” (“Di no a la tiranía de la deuda”). Los policías de la seguridad no reaccionan, el Sr. Trichet, sigue hablando, las cámaras se centran en la pancarta, la gente mira con curiosidad.A las 1 45h, tres personas, siempre en silencio, abren la segunda pancarta: “Fuera de Grecia el FMI, el BCE y la UE.” Sigue la tercera (siempre en inglés): “No más dinero para los bancos.” El público está susurrando, los policías de seguridad siguen sin reaccionar, mientras que el Sr. Trichet recurre al famoso truco de los “hombres grandes”: la indiferencia arrogante, y con insistencia continúa con el monólogo. Un monólogo que se interrumpió cuando una de nosotros logró apartar al Sr Trichet de su visión, instándolo a mirar las pancartas y dejar de mentir.Hasta entonces, el Sr. Presidente estaba soltando su discurso como si estuviera en una situación anterior a la crisis. Habló de “control de la deuda” y “liquidez de los bancos”, como objetivos del BCE, causando vergüenza e incomodidad hasta a sus oyentes más bienintencionados, quienes por cortesía al orador, optaron por mirar a los policías de seguridad que estaban en el balcón. La oyente “rebelde” lo dejó abusar de su cortesía y le permitió concluir con su monólogo de burla (igual estaba tan sólo desesperado) al señor Trichet, quien será jubilado dentro de una semana. La cultura del debate en las universidades alemanas requiere que el orador se someta al suplicio de la conversación con sus oyentes. Así que se les dio la oportunidad a tres personas de nuestro grupo de tomar la palabra. El primero leyó la siguiente nota, en la que se cristalizan nuestras posiciones, ganándose los primeros aplausos de un público disciplinado. El texto tal como se leyó (en inglés, sigue la traducción al castellano): “Dear Mr Trichet, We would like to thank you for sharing with us your vision for Europe. In fact, coming from Greece, we think we can already understand it better than many others. And we would like to tell you that the Greek people are also sharing your vision, and that they are going through lots of sacrifices to help you bring it to life. They no longer want to earn decent wages or educate their children. They prefer giving all they have to pay their debts. They have even started selling – at any price – all public property that can be sold for this reason. They are even ready to give their lives for your vision. They no longer need health care. Paying loan interests is much more important. So they shut down hospitals. And they prefer suicide instead. Suicide rate in Greece has increased 40%. Some would say that the Greeks deserve what came upon them. We couldn’t agree more. That’s why we would like to thank you, for making us pay our debts instead of paying for our own decent survival. We want to assure you, that we’ll keep paying until we starve and our whole economy becomes a ruin. And we thank you from the bottoms of our hearts for your precious help through loans. You have to be sure, that every single dime you give us will come back to you and to the banks you are protecting. In high interest. Because through our sacrifice, we can keep the banks safe and unaccountable. Through our sacrifice, we make your dream of Europe come true”. “Estimado Sr. Trichet, Quisiéramos darle las gracias por compartir con nosotros su visión de Europa. De hecho, oriundos de Grecia, pensamos que podemos entenderla mejor que muchos otros. Y querríamos decirle que el pueblo griego también comparte su visión, y que está sometiéndose a un montón de sacrificios para ayudarle a darle vida. Que ya no quiere ganar un salario decente o educar a sus hijos. Prefiere entregar todo lo que tiene que pagar sus deudas. Incluso ha comenzado a vender – al precio que sea – todos los bienes públicos que puedan ser vendidos para esta causa. Incluso está dispuesto a dar su vida por la de usted. Y ya no necesita ninguna atención médica. El pago de intereses de préstamos es mucho más importante. Así que va cerrando los hospitales. Y prefiere suicidarse que hospitalizarse. La tasa de suicidios en Grecia se ha incrementado un 40%. Algunos podrían decir que los griegos se merecen lo que les ha tocado vivir. No podríamos estar más de acuerdo con esto. Es por eso que queremos darle a usted las gracias, por hacernos pagar nuestras deudas en vez de pagar por nuestra decente supervivencia. Queremos asegurarle que vamos a seguir pagando hasta morir de hambre y hasta que toda nuestra economía se convierta en una ruina. Y le damos las gracias desde el fondo de nuestros corazones por su valiosa ayuda a través de préstamos. Puede estar seguro de que cada céntimo que usted nos dé, volverá a usted y a los bancos que protege. Con un alto interés. Porque a través de nuestro sacrificio, podemos mantener los bancos seguros e inmunes. A través de nuestro sacrificio, hacemos realidad su sueño de Europa”. La segunda, se negó a utilizar el micrófono que se le ofreció, diciendo: “mi voz no lo necesita – está reforzada por las voces de los que están en las calles y las plazas”, y después de decir a Trichet “usted está mintiendo cuando habla de la seguridad y estabilidad y la prueba de ello es la indignación del sur de Europa”, se marchó, devolviéndole el desprecio que Trichet y los arquitectos de la política depredadora del BCE están mostrando hacia los pueblos de Europa. La tercera, reconociendo “que la economía se ha vuelto muy complicada para entender todas las manipulaciones sutiles realizadas a niveles hiperestatales”, le pidió a Trichet que al menos le contestara a la siguiente pregunta: si él es capaz de “vivir con 470 euros al mes, es decir, con el dinero que corresponde al sueldo de mi madre, o con 800 euros al mes, dinero equivalente a la pensión mensual de mi padre después de 30 años de trabajo”. Trichet, estando ya claramente perplejo, cedió ante al poder de lo obvio, contestando que no era consciente de que “las cosas habían llegado a tal punto para los griegos”. Sostuvo que el objetivo de la política es la salida de la crisis, la cual traerá puestos de trabajo para todos. Nuestra intervención en el discurso de Trichet puede que no aumente mañana las pensiones, no eliminará la deuda, no derrocará el capitalismo, no cambiará el mundo de una forma radical. Sin embargo, nos cambia a nosotros mismos y a otras personas, de formas que no conocemos y que no son detectables: nosotros, porque a pesar de la retórica opuesta, según la cual estamos sometidos o atrapados en una la necesidad económica, política, histórica, sin posibilidad de salida, nos percatamos de que en última instancia somos libres de decir “no”, a resistir a las mentiras evidentes de los arrogantes ignorantes que planifican nuestra vida, a hablar y ser escuchados. Porque fuimos escuchados. Si el señor Trichet pasó por alto las pancartas con indiferencia, el profesor Pernís, organizador del evento y el Director del Instituto de Derecho Constitucional Europeo, Walter Hallstein, leyeron en voz alta el texto de nuestra intervención para dejar constancia del evento. Este mismo pidió al orador que explicara (siempre que pudiera) por qué tienen que rescatarse los bancos en perjuicio de las personas: la vaga respuesta del Sr. Trichet pareció que no cumplió con el pensamiento crítico y más sofisticado del catedrático alemán. Nuestra intervención influyó también en el público: alemanes e italianos nos dieron felicitaciones, preguntaron más cosas acerca de lo que está sucediendo en Grecia. Una alemana entre el público se ofreció, durante el discurso, a sujetar una de las pancartas, para que así descansara uno de nosotros. Se demostró que la fiabilidad de Trichet era como un cheque sin fondos: ni siquiera sus firmantes (que continúan creyendo en la visión de la Unión Europea) pudieron garantizar su cobro. Su aplauso flojo denotó frustración e incredulidad en lo que trató de prometer el orador. Hubo un contraste muy claro en el evento. Por un lado, el representante oficial del proyecto del euro, que está colapsando, en los últimos días de su mandato, encarnación de la Europa de los bancos. Por el otro, nosotros, los representantes no oficiales del sur de Europa, insolventes con términos bancarios, teniendo como único poder nuestros procedimientos democráticos y nuestra fe en las fuerzas de la sociedad. En este duelo de impresiones con Trichet, hemos ganado nosotros. Hemos nacido en un país extranjero, vivimos en un país extranjero, pero estamos edificando nuestro propio país, al igual que otras personas que están luchando en Grecia. Lo decoramos con palabras sobre una tela y somos conscientes de que aunque la tela se pierda, las palabras se quedan. Y nuestra solidaridad también. ¡Nos vemos en Grecia! reden.tk |
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| Grecia: Insumisión fiscal contra un estado quebrado A los políticos cada vez les cuesta más recaudar impuestos El creciente rechazo de los griegos a pagar impuestos agrava el desorden económico - La protesta contra la nueva tasa sobre la vivienda exacerba un movimiento que nació contra los peajes. LUIS DONCEL Después de varias décadas con la factura de la electricidad domiciliada a su cuenta en el Banco Nacional de Grecia, Amalia Vasilakaki se acercó hace unos días a la sucursal más cercana a su casa en Atenas y dio orden de cancelar el pago automático. A partir de ahora, esta profesora de español de 58 años irá cada mes a su banco a ingresar el dinero que ha gastado en luz, pero solo lo que ha gastado en luz. Vasilakaki trata así de buscar un atajo para escabullirse del impuesto sobre las propiedades inmobiliarias que aprobó el Parlamento griego la semana pasada y que se cobra a través del recibo eléctrico. Al diseñar este gravamen, el Gobierno no esperaba encontrarse con un enemigo inesperado: los propios sindicatos de la empresa han animado a sus empleados a no suministrar los datos de los ciudadanos y boicotear así el enésimo impuesto que ahoga a la clase media y baja. El objetivo es el acceso gratuito a hospitales, medios de transporte y luz La empresa pública eléctrica asegura que recaudará el dinero como sea Las constructoras cobran tasas antes de hacer las obras en las carreteras. El movimiento Den Plirono (que se podría traducir como "no voy a pagar") amenaza con debilitar aún más las finanzas de un país que lleva meses al borde de la bancarrota y en el que la economía sumergida tiene un peso incomparablemente superior al del resto de Europa. Lo que empezó hace dos años como una protesta más -contra el peaje en un tramo de 500 metros de la autopista de Afidnes, una localidad a 28 kilómetros al norte de Atenas- ha ido creciendo hasta dejar boquiabierto a más de uno. Grupos de ciudadanos se juntaban para levantar las barreras y dejar que los coches circularan libremente. Era la primera reacción ante el enfado por un sistema que obliga a pagar a priori a las constructoras por las obras que harán en el futuro. Un sistema que encarecía considerablemente un trayecto que muchos tenían que hacer todos los días. El Gobierno se escuda en que los bancos son los responsables del alza de precios, ya que las entidades han dejado de financiar la construcción de las autopistas porque no se fían de la rentabilidad del proyecto y además ven la bancarrota del Estado heleno como una posibilidad muy factible. "Si dijéramos a la banca que renunciara a los contratos, el sector público tendría que pagar 3.500 millones de euros y encontrar otros inversores que financiaran los proyectos", aseguran fuentes gubernamentales. Tras los peajes, llegaron trenes, metros y buses en localidades como Atenas o Tesalónica. Decenas de griegos furiosos por la subida del precio de los billetes se subían a los medios de transporte en grupo para no pagar. Cometían, además, actos de sabotaje como romper las máquinas expendedoras. Otros protestaron contra el aumento de tres a cinco euros de la tarifa que pagan por ser atendidos por el médico o hacerse un examen en los hospitales. Con la extensión de las quejas, llegaron los apoyos públicos al movimiento de no pagar. El sindicato de la función pública Adedy, que con medio millón de afiliados es el mayor de Grecia, critica el aumento de impuestos como el IVA, que gravan por igual a todos, sin importar su nivel de ingresos, o la doble imposición a la que se somete a los ciudadanos. "Estas injustas medidas reducen aún más los ingresos de los trabajadores, que las medidas de austeridad ya han rebajado en un 40% o 50%. Por eso apoyamos la campaña Den Plirono y respaldamos a los empleados de la empresa pública de electricidad que no van a cobrar el impuesto a los que no puedan pagarlo. Nuestro lema es ’No tenemos nada. No debemos nada. No pagamos nada", asegura a este periódico Ilias Vrettakos, vicepresidente de la organización. Políticos de izquierdas y sindicalistas quieren fotografiarse ahora con los impulsores del no pago, pero estos rechazan verse retratados abrazados a los que consideran parte del stablishment. "Ningún político nos ha ayudado. Muchos fingen que pertenecen a este movimiento, pero nuestro éxito radica en que exponemos las necesidades reales de la gente y en que estamos continuamente llevando a cabo acciones. Somos independientes de todos", subraya Leonidas Papadopoulos, que participó en Den Plirono desde sus orígenes. Este oculista de 29 años calcula que son unos 2.000 los militantes implicados en el día a día de la organización, pero está convencido de contar con la simpatía mayoritaria de los griegos. Como ejemplo de este apoyo, Papadopoulos cita informaciones periodísticas que apuntan a que cerca de dos millones de coches han pasado sin pagar por los peajes griegos en los últimos meses. "Nuestro objetivo no es una ligera reducción en el precio de carreteras u hospitales. Lo que planteamos es que todos, ya sean griegos o emigrantes, tengamos acceso gratuito a las calles, hospitales, medios de transporte y la electricidad", señala. Además de contar con la obvia oposición del Gobierno -el primer ministro, Yorgos Papandreu, dijo que la desobediencia civil amenaza con socavar las reformas acordadas con la UE y el FMI-, otros analistas acusan a los impulsores de esta campaña de incidir precisamente en uno de los grandes males que arrastra la economía griega: el sobrepeso de la economía sumergida; y de hacer que haya todavía más contribuyentes que crean que las necesidades de las finanzas públicas no van con ellos. "Aquellos que pueden hacer frente al desembolso y no lo hacen, independientemente de que digan que solo les mueven los principios, prolongan los problemas que han llevado a Grecia a este colapso y avanzan en la desigualdad entre ciudadanos", subraya Nikos Konstantaras, director adjunto del periódico de centroderecha Kathimerini. Konstantaras muestra su preocupación por el futuro de la sostenibilidad del Estado. "Con tanto paro y los salarios a la baja, cada vez hay menos gente de clase media o alta que paga impuestos. Y los que lo hacen saben que no recibirán nada a cambio. El resultado es que los contribuyentes honrados con ingresos medios o altos están desapareciendo", añade el periodista Konstantaras. Pero, ¿es este un movimiento capaz de dañar las ya precarias finanzas del Estado griego o por el contrario es tan solo una muestra de descontento de una sociedad que ya lleva cinco huelgas generales en lo que va de año e incontables manifestaciones? La empresa de electricidad ha asegurado que, pese a los intentos por parte de los sindicatos de bloquear el cobro del impuesto inmobiliario, pondrá en marcha medidas alternativas para asegurar el cumplimiento de la norma. Los medios de comunicación informan estos días de que la compañía ha enviado miles de facturas a sus clientes. "Los que tengan dinero acabarán pagando, pero hay mucha gente con casas en las provincias por las que su familia no ha pagado nada durante décadas y que no podrán ahora hacer frente al impuesto", sostiene Gikas Jarduvelis, director en los años noventa de la oficina económica del exprimer ministro socialista Kostas Simitis. Este prestigioso economista critica la nueva tasa. "Es un intento a la desesperada por cumplir los objetivos de déficit, en lugar de atacar la gigantesca economía sumergida. El Gobierno cree que si controla la electricidad, puede controlar el dinero de la gente, pero no es así", añade. Es lo que opina también la profesora decidida a evadir el nuevo impuesto que aparece al principio de este reportaje. Esta no es la única decisión que ha tomado Vasilakaki empujada por la dramática situación del país. La academia privada donde trabaja ha perdido muchos alumnos por la crisis, con lo que sus ingresos se han reducido a unos 400 euros. Para suplir estas carencias, participa cada vez más activamente en el banco de tiempo recién abierto en su barrio. "Ofrezco clases de español, y a cambio un carpintero me puede arreglar algo que necesite, o un fontanero me desatasca un lavabo", explica. Un sistema basado en el trueque que se convierte en otra válvula de escape de una sociedad asfixiada por la recesión, el paro, los recortes sociales y unos impuestos cada vez más insoportables, de los que muchos tratan de escapar. |
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| Última oleada de recortes en Atenas El pasado jueves, tras una huelga general de 48 horas que dejó un muerto, el Parlamento griego votó el enésimo paquete de ajuste presentado por el Gobierno socialista de Yorgos Papandreu, que logró una exigua mayoría. Estas son las principales medidas. Impuesto inmobiliario. Los dueños de pisos o locales pagarán una media anual de cuatro euros por metro cuadrado. Se pagará con la factura de luz, ya que no hay un catastro para todo el país. Impuesto solidario. Los asalariados deben pagar entre el 1% y el 5% de su salario bruto. En 2012 se hará por duplicado: para ese año y de forma retroactiva para 2011. Más contribuyentes. El mínimo exento del IRPF baja de unos ingresos anuales de 12.000 euros a 5.000. Menos funcionarios... Hasta 2015 habrá 150.000 empleados públicos menos, una reducción del 20%. Unos 30.000 pasarán a la llamada "reserva laboral": cobran el 60% del salario durante un año y si tras ese plazo no encuentran otro empleo, serán despedidos. ... y que ganen menos. Los sueldos de los funcionarios se unificarán y se eliminarán casi todos los complementos. Las retribuciones, que ya se bajaron el año pasado, se recortarán otro 20%. El Estado quiere ahorrar 2.000 millones. Pensiones más bajas. La parte de las pensiones que supere 1.000 euros se recortará el 20%. A los jubilados menores de 55 años, en su mayoría exempleados de banca y Ejército, se les recortará un 40% la pensión. Reforma laboral. Las empresas podrán negociar convenios propios con sus trabajadores al margen de los convenios nacionales. Se liberalizará el acceso a 136 profesiones liberales, como abogados y notarios. Menos prestaciones y lucha contra la evasión. El Gobierno pretende ahorrar hasta 2015 unos 5.000 millones de euros con recortes en las prestaciones sociales y aumentar la recaudación en 3.200 millones luchando contra la evasión del pago de cotizaciones sociales y contra el trabajo irregular. El País |
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