Noemí Solanas tiene 25 años. Es licenciada en Derecho y ha decidido irse a Londres a trabajar «de lo que sea». Afirma que para seguir trabajando aquí de camarera, lo hace en el Reino Unido y por lo menos aprende inglés. Sus posibilidades de trabajar como abogada en Alicante son escasas porque en la actualidad «la mayoría de la gente que acaba la carrera de Derecho está trabajando sin cobrar nada». Lo hacen, según relata, porque esperan con ello hacerse un hueco en la empresa o en el despacho donde hacen las prácticas. Sin embargo, cuando llega el momento de hablar de la posibilidad de un contrato laboral, se acaba todo.
«Somos demasiada gente para tan poco trabajo», asevera. Se va a Londres con la intención de vivir allí, en principio, un año. Va a intentar trabajar de dependienta o camarera. Su planteamiento es asegurarse primero ciertos ingresos para después buscar quizás otras oportunidades. Dice que si se queda en España, no tendrá ninguna posibilidad de emanciparse, y confía en encontrar pronto trabajo en Londres, como ya ha hecho mucha gente que conoce. «Tengo amigos que ya se han marchado. Al parecer, allí es fácil encontrar un empleo, y además los sueldos son más altos que aquí. Una camarera puede ganar fácilmente unas 1.600 libras al mes», asegura.
Se va, como ella dice «a la aventura», como una forma de reaccionar y de actuar contra el desánimo que, según cuenta, sufre la mayor parte de los jóvenes debido a las pocas salidas laborales que les deja la actual crisis económica. «Cuando empecé la carrera no estaba así el mercado laboral. No imaginé que las cosas iban a acabar tan mal. Nadie avisó de que la crisis iba a durar tanto», se lamenta.
No se va sola. Va a compartir en Londres habitación y aventura con una amiga que se encuentra en su misma situación. Se llama Sandra Albero.
Tiene 24 años y ha estudiado Terapia Ocupacional y Fisioterapia, aunque trabaja de dependienta en unos grandes almacenes. La falta de una salida laboral más acorde con su formación la ha empujado a tomar la decisión de marcharse de España. «Mi intención es convalidar mi título en el Reino Unido y trabajar allí de fisioterapeuta», relata. Podría haberse ido a Francia, donde asegura hay una gran demanda de estos profesionales, pero ha preferido probar suerte en Londres para poder mejorar su inglés. Tiene un dinero ahorrado, y con él va a intentar labrase un mejor futuro profesional. «Según como me vaya allí, ya decidiré si me quedo a vivir en el Reino Unido, considero la opción de Francia o vuelvo a España a ver si para entonces las cosas han mejorado», comenta.
Ambas viven en la Playa de San Juan. Dicen sentirse ilusionadas, y aseguran de manera rotunda que marcharse se ha convertido para ellas en una necesidad. Nadie, en su círculo de relaciones, ha conseguido trabajar en aquello para lo que ha estudiado. Han encontrado, vía Internet, una habitación compartida en un barrio de Londres que les cuesta a cada una 80 libras a la semana. Hace unos días, estaban nerviosas porque apuraban sus últimos horas en España dando clases de refuerzo en una academia de inglés de San Juan pueblo. Saben que no son las únicas. Forman parte de una nueva realidad que está llevando a los jóvenes a buscar alternativas laborales en otros países. «Quien no se arriesga no consigue nada. Tenemos que intentarlo», afirman. El 29 de septiembre, el vuelo de una compañía aérea de bajo coste con destino Londres, les abrió, como a tantos otros, las puertas de un futuro fuera de España.
«Para trabajar de camarera lo hago en Londres y aprendo inglés». La Verdad