Igual que en la Argentina del corralito... empieza a recurrirse al trueque...
Y por aqui deberíamos ir empezando a organizar redes de economía alternativa (intercambios económicos no especulativos), bancos de tiempo, etc... y estudiar su funcionamiento y los ejemplos e otros paises en donde se han puesto en marcha antes, para mejorarlas y tratar, en lo posible, de evitar sus errores y debilidades.
Y ojo, porque en caso necesario, como muy bien apuntan en uno de los artículos que pongo debajo, el propio gobierno fomentará este tipo de redes como válvula de escape para evitar que la inoperancia del corrupto sistema económico formal provoque un estallido social todavía peor y que se le pueda ir de las manos... Trueque - Wikipedia, la enciclopedia libre Históricamente es habitual que el trueque recobre importancia en épocas de crisis económica, y principalmente en casos de hiperinflación, dado que el dinero pierde en gran medida su valor.
Actualmente, aunque el trueque parezca algo olvidado, está resurgiendo. Algunas formas de trueque son el banco del tiempo o los mercados de trueque como los que han proliferado en Argentina tras la caída del peso. Aunque este sistema está experimentando un auge en países de todo el mundo.
A veces el trueque es utilizado en grandes cantidades por empresas, en mercados de intercambio.
Para la empresa que da el producto o el servicio, que ella misma ha producido, le resulta más barato el mismo pago que si fuese con dinero. Además, supone que un cliente más, ha probado y conocido su producto o servicio. Además ha vendido un producto que, a veces, no habría vendido de otra forma. Que le supone terminar los stocks o compras mayoristas en cantidades mayores que suelen suponer descuentos mayores
Para la empresa receptora del servicio o producto, le supone haberlo conseguido más barato que si lo hubiese tenido que pagar con dinero. Además, esta empresa obtiene productos o servicios sin tener que realizar movimientos de tesorería. Como ventaja adicional, el receptor puede probar un servicio o producto de forma más económica.
Son muchas las grandes compañías que usan el intercambio de productos y servicios habitualmente, como por ejemplo: Texaco, Timer Warner, Gillet o Philip Morris. El sector donde está más presente este sistema es el de la publicidad.
En el caso de las personas particulares, cabe remarcar que con el trueque es muy difícil que haya grandes diferencias entre ricos y pobres. Esta teoría la defiende Heidemarie Schwermer, psicóloga y socióloga que no usa dinero desde hace siete años. Repartió todas sus pertenencias y todo lo que necesita lo obtiene por intercambio: comida, cortarse el pelo, ropa... Ella confiesa que es «más feliz como mujer y me siento más libre ahora que vivo sin dinero porque tengo lo que quiero».Como por todos es sabido, las formas de comunicación han ido evolucionado constantemente y con ellas la forma de relacionarse. Con el nacimiento de internet, el trueque no podía quedarse atrás, hasta llegar al "e-Trueque". El e-Trueque facilita la labor de búsqueda y localización de los mejores candidatos para realizar el trueque gracias a la globalización que supone Internet. Actualmente, en la red existen plataformas que facilitan el contacto gratuito entre empresas o particulares que desean intercambiar sus productos o servicios. La evolución de este tipo de páginas ha derivado en algo conocido como el trueque activo, es decir, no simplemente limitarse a anunciar un artículo, si no que se posibilite la interacción con otros usuarios de la misma red. En definitiva es la creación de comunidades de usuarios que quieren intercambiar cosas. En este sentido una de las páginas pioneras es trueky.com. Otro tipo de truques nacidos en América del sur es el trueque de horas. De esta manera, se intercambian horas de trabajo entre diferentes profesionales a través de una figura que ejerce de árbitro. Un ejemplo de trueque (intercambio) sería un fontanero que realiza reparaciones para un dentista a cambio de servicios dentales. Banco de tiempo - Wikipedia, la enciclopedia libre Banco de tiempo
Un banco de tiempo es un sistema de intercambio de servicios por tiempo. En él la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Es un sistema de intercambio de servicios por servicios o favores por favores. Propone la ventaja de fomentar las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos. Se plantea el uso de este tipo de economía para solucionar diversos problemas presentes en la economía de mercado, a modo de economías complementarias o mercados alternativos. Actualmente estos proyectos pueden ser potenciados con el soporte de la tecnología de la información.
Precedente
Uno de los pioneros en desarrollar experimentos en torno al banco del tiempo fue el anarquista norteamericano Josiah Warren, como por ejemplo en la famosa Cincinnati Time Store. Dicho proyecto inspiró a muchos anarquistas, sobre todo franceses y estadounidenses.
Dinero de tiempo
El dinero de tiempo se crea a través de crédito mutuo: cada transacción se registra como un crédito y débito en las cuentas de los participantes. En un sistema de dinero de tiempo, o banco de tiempo, el tiempo de cada participante se valora por igual, ya sea que él/ella es un principiante o un experto ampliamente capacitado. El dinero de tiempo reconoce y alienta un servicio recíproco a la comunidad, resiste la inflación sin acaparamiento, y está en oferta suficiente, que permite el comercio y la cooperación entre los participantes. Más importante aún, el banco de tiempo es una herramienta para revitalizar la vida misma de la comunidad.
La herramienta ha demostrado ser extremadamente flexible, trabajando igual de bien a través de las minorías étnicas, socioeconómicas, religiosas o de los grupos raciales. Se ha aplicado en una gran variedad de ajustes -comunidades rurales y urbanas, en el Tribunal de Menores, y en comunidades de jubilados, por citar algunos. Trueque - Situaciones Anexo a la edición española: Sobre el Club del Trueque
Por el Colectivo Situaciones
Este breve escrito sobre las redes de trueque en Argentina agrupa un conjunto de hipótesis –más que provisorias- de una investigación aún inconclusa: se trata sólo de borradores de trabajo que aquí presentamos como un anexo a pedido de la editorial Virus. Más allá de la improvisación que estos apuntes implican, es necesario remarcar la complejidad y la extensión del fenómeno del trueque, que se despliega en todo el país y ocupa a siete millones de personas. Por lo tanto, no se trata de una experiencia marginal, sino de la forma específica en que millones de personas resuelven buena parte de su existencia. A la vez, no es sólo una modalidad de supervivencia, sino más bien otro modo de vida que intenta constituirse más allá de la omnipresencia del mercado y del Estado. Actualmente la experiencia del trueque atraviesa una profunda crisis como consecuencia del crecimiento inédito que experimentó tras la debacle económica de diciembre. Intentamos esbozar aquí algunos de esos problemas.
1
El primer club de trueque nació el primero de mayo de 1995, en Bernal, al sur de la provincia de Buenos Aires. Sus fundadores pertenecían a un grupo ecologista llamado Programa de Autosuficiencia Regional, que trabajaban desde fines de la década del ochenta en emprendimientos productivos autosustentables. La experiencia tiene su mito fundador: cuentan que todo comenzó con la abundante cosecha de zapallos que se produjo tras plantar algunas semillas en una pequeña terraza. Su dueño –uno de los tres fundadores- empezó a repartir zapallos entre los vecinos y éstos, a su vez, a darle productos a cambio.
En 1996 ya existían 17 clubes, que pasaron a ser 40 en 1997, 83 en 1998, 200 en 1999, y en el 2000 crecieron a 400. Además, se incorporaron dos redes que ya existían pero pasaron a reorganizarse alrededor del trueque: por un lado, la experiencia empresaria de la Red de Profesionales, que ayudó a potenciar iniciativas, y por otra parte la Red de Intercambio de Saberes y Cibernética Social que hizo importantes aportes metodológicos, incorporando los intercambios de saberes como una nueva modalidad y poniendo énfasis en la capacitación permanente como condición para el crecimiento de la red.
En un principio, el intercambio de productos era realizado a través de la inscripción en planillas de lo producido y lo consumido por cada prosumidor (término que sintetiza la característica fundante de quienes trocan: son productores y consumidores a la vez), las que luego eran volcadas a una base de datos informatizada con la cual se regulaba el intercambio. Con el crecimiento de la experiencia este método fue insuficiente, no sólo porque volvía casi imposible el trabajo y la manipulación de semejante complejidad de flujos de intercambio, también porque se tendía a centralizar el comando de la información en el club de Bernal, donde desde el principio se hacía la contabilidad.
Lo que originalmente fue el surgimiento de clubes locales se constituyó luego como una red (Red Global del Trueque) articulada de numerosos nodos (clubes de trueque), fundamentalmente a partir de la invención de una moneda social (crédito) que permitió la conexión entre los distintos nodos. Sin embargo, hoy también persiste el trueque simple o directo: se intercambian clases de inglés por ropa o dulces caseros por el diseño de etiquetas para esos mismos frascos.
El 2001 fue el año de la explosión: los nodos se multiplicaron hasta llegar a los 1800, y entre diciembre de 2001 y marzo del 2002 llegan a constituirse 5.000. La red se extiende a todo el país. Se calcula que tres millones de argentinos viven de los intercambios que realizan en el trueque y otros tantos millones participan de él ocasionalmente.
La crisis económica fue el desencadenante de tal “engorde”: a partir de la imposición del “corralito” financiero en diciembre junto a la creciente recesión y los aumentos de precios de los alimentos empezaron a sumarse 5.000 personas por día a la red.
2.
Partimos de una hipótesis que sintetiza el por qué de nuestra investigación en las redes del trueque (habría que tener en cuenta la existencia de otros procesos paralelos -y diferentes- aunque emparentados a través de elementos, como son las compras comunitarias que realizan algunas asambleas barriales, las diversas experiencias productivas desarrolladas por determinados movimientos de trabajadores desocupados y la ocupación de fábricas por parte de los obreros una vez que sus dueños deciden cerrarlas por improductivas):
El nuevo protagonismo social en sus múltiples formas tiene un desafío: su producción y reproducción social; es decir: la socialización del hacer en sentido material. Desde esta perspectiva, el desarrollo de las de experiencias radicales depende hoy de sus capacidades de construir y vincularse con redes alternativas de producción material. Si el proceso abierto el 19 y 20 de diciembre instituyó una negación radical de las formas de la política existentes, el despliegue de esa negatividad -o, diríamos, su positividad- implica el desarrollo de otras formas de relación social[1], de otras formas de existencia: no subordinadas al capital, más allá de la exclusión capitalista y que intentan no ser recapturadas o reabsorbidas[2]. En síntesis: las formas de sociabilidad alternativa tienen ante sí la prueba de concebir y construir formas de organización que vayan más allá de la discusión colectiva y democrática –aparecida y afirmada en el proceso asambleario- y que impliquen prácticas que comportan una socialización material del hacer.
En este sentido, los clubes de trueque involucran, a través del “intercambio multirrecíproco” –uno de los tantos conceptos que el fenómeno utiliza para pensarse a sí mismo—, prácticas alternativas en las relaciones con el dinero, los objetos y las instancias de producción, circulación, intercambio y consumo. El trueque intenta romper con la dominancia de la distribución normalizada que impone el mercado y apuesta a la creación de sociabilidades solidarias. Por tanto, es una experiencia que implica muchas más dimensiones que las del puro intercambio económico.
Si la noción de prosumidor intenta diluir la diferencia entre “trabajador” (sujeto) y “producto” (objeto) porque los prosumidores aspiran a mantener la experiencia directa y simultánea de ser productores de lo que ofrecen y consumidores de lo que obtienen en dicho intercambio, la recuperación del vínculo entre producción y consumo apunta a establecer un criterio regulador que resista la fuerza de abstracción del equivalente general (dinero). En su lugar, se apuesta a la producción de lazo social, de vínculos directos y cotidianos, a la puesta en común de potencias y capacidades productivas, a la generación de un movimiento de reciprocidad y cooperación que no persigue la acumulación, y que aparece, más bien, como un flujo de dar y recibir no determinado exclusivamente por la ganancia. Es así que en el espacio del club se realizan periódicamente encuentros de intercambio (ferias) y reuniones administrativas, pero también actividades de capacitación, recreativas, asistenciales y productivas.
Lo que surge es una serie de problemas mayores a la hora de pensar una economía paralela: ¿Cuál es la medida que rige el intercambio que funciona en las redes de la economía alternativa? ¿Aparecen en el trueque elementos que resitúan el carácter de mercancía de los productos como sólo uno de las dimensiones del intercambio? ¿Aparece un más allá de la noción de equivalente general, es decir, de un valor trascendente que reglamenta, mide y legitima al resto de los valores?¿Qué elementos de intercambio simbólico constituyen estas prácticas? ¿Es la existencia de lazo social –o, por lo menos la suspensión del individuo posesivo– lo que habilita esa dimensión no estrictamente utilitaria? Y en ese sentido, tomando en cuenta la diferencia hecha en este libro entre sociedad con mercado y sociedad de mercado (Polanyi), en los clubes de trueque ¿deja de existir –aún parcialmente- la esfera económica como autonomizada del resto de la existencia social?
Las posibilidades de compra con los “créditos” (nombre de la moneda del trueque) alcanzan prácticamente todas las áreas de la economía y no, como se supone, sólo los rubros más urgentes. Quien va al trueque encuentra posibilidades de consumo de todo tipo, las mismas que en el mercado formal se vuelven prohibitivas: ropa, artículos de decoración, atención psicológica, peluquería, talleres de música y una variedad que se reformula según los barrios y las especificidades de cada territorio. Es decir, el intercambio multirecíproco dudosamente pueda denominarse simplemente de “supervivencia” o de “subsistencia”. Más bien, instituye –como decíamos- la posibilidad de otro modo de vida.
La particularización –singularización- de la moneda por la base, al decir de Toni Negri, remite –en el caso del trueque- a la incorporación de una dimensión de futuro implicada en el hecho de que en el intercambio se encuentra un bien presente por una promesa de un bien futuro. Por ejemplo: se intercambian empanadas por “dos” cortes de pelo. Uno de los cortes, indefectiblemente, depende de la confianza y la perduración del compromiso. Negri, insiste en que un éxodo material necesita un proyecto de futuro porque lo biopolítico está atado a lo real y, a la vez, al intento de recuperar algunas formas de utopía. Marcel Mauss también habla de la importancia de la noción de tiempo para pautar las contraprestaciones. El don, según Mauss, comprende necesariamente la noción de crédito ya que el intercambio recíproco se realiza con la seguridad de que un don (regalo, visita, etc.) será devuelto (obligación a largo plazo).
El desarrollo de tan vasta red de autogestión social implicó una figura específica y novedosa de la actividad militante: los coordinadores. En su comienzo los coordinadores eran los encargados de fundar un nuevo nodo –reuniendo los elementos disponibles– y atender las funciones regulatorias que de allí surgían. Si se trataba de conectar puntos productivos para salir de la impotencia, es decir, de la soledad, los coordinadores eran los encargados de llevar adelante una lucha feroz contra el aislamiento. Se trata de una figura que articula la capacidad emprendedora, la capacidad gerencial y la capacidad política. Los coordinadores son los encargados de (re)establecer los vínculos entre capacidades productivas y necesidades comunitarias, ya sea con la conformación de un nuevo nodo de la red, o a través de las modalidades que hace poco se han puesto en marcha como la (re)construcción de rutas de producción y comercialización de alimentos y medicinas que conectan a pequeños productores con organizaciones y comunidades sociales, o como alternativa práctica a las redes multinacionales de producción (transgénicos).
Los coordinadores apuestan a la autorregulación de precios. Se trata de un proceso complejo y con mecanismos diferentes. En algunos lugares consiste en la capacidad del propio nodo de conseguir productos de una “canasta básica” a muy bajo precio que limita los precios posibles. Otro ejemplo es que el 50% de lo que cada nodo recauda con los bonos de contribución -fundamentalmente entradas a las ferias- sea devuelto a los socios mediante la compra de insumos que fomenten la producción.
3.
Mucho se habla –y con cierta razón- de que en el trueque se dan fenómenos de corrupción, especulación, de acumulación y de estafas. Pero esas “impurezas” –nada sorprendentes en los fenómenos de cierta escala, sobre todo cuando se alzan sobre el suelo fragmentado de las sociedades neoliberales– no alcanzan a penetrar en las razones de la actual decadencia de las redes más abarcativas del trueque.
Un punto clave para entender la actual crisis de las redes del trueque pasa por lo que en economía suele llamarse la cuestión del “respaldo” de la moneda –en este caso el crédito–: es decir, la relación de correspondencia entre el volumen de lo producido y el circulante monetario. Para decirlo sin rodeos: una de las causas más profundas de la actual encrucijada de las redes de intercambio pasa por la carencia productiva[3] en los nodos.
La masificación de la concurrencia y la emisión de créditos no fue acompañada por el consiguiente aumento productivo –ni en variedad– lo que saturó, secó y descompuso buena parte de la dinámica que se observaba en casi todos los nodos existentes. Se generó una brecha abismal entre necesidades de consumo y capacidad productiva.
En el fondo, el problema no es estrictamente económico –como suele suceder– sino más integral y sencillo: las redes del Club del Trueque trabajan sobre la producción de subjetividad, de lazo social. En el centro de la red está la figura del prosumidor, que –como decíamos más arriba– intenta sintetizar en sí mismo las posiciones que habitualmente el mercado escinde: las de la producción y las del consumo. Y bien, el carácter abierto de la red y la invasión de necesidades de la población que comienza a volcarse masivamente sobre las redes alternativas buscando soluciones instantáneas a sus urgencias más básicas alteró la constitución de esta figura del prosumidor e hizo del trueque una extensión del mercado capitalista sin más.
Este fenómeno desató los mecanismos –tan habituales en el mercado formal– de especulación con productos escasos y de primera necesidad, la falsificación de la moneda, la acumulación de moneda, el control político del nodo, etc. Este tipo de sabotajes que estuvieron siempre presentes, habían existido en un segundo plano hasta que con la crisis se volvieron centrales y aceleraron la crisis de la experiencia.
Ahora bien: la experiencia de la economía alternativa no ha concluido. De un lado, las redes del trueque no han desaparecido. Ciertos nodos que se cerraron a tiempo han logrado sobrevivir. Por otro lado las redes como tales no han desaparecido y se hallan en un proceso de reflexión intenso sobre las formas de autoprotección que les permitan un relanzamiento.
Pero quizás la transformación más importante pase por la incorporación de procesos y flujos que se desprenden de la red mercantil y que van estableciendo, incluso, acuerdos cada vez más significativos con instituciones estatales locales. Surgieron así nuevos fenómenos como las “megaferias”, donde se reúnen integrantes de distintos nodos o clubes de diferentes puntos del país, y donde concurren hasta 20.000 personas a intercambiar productos y servicios; comenzaron a articularse redes de compras comunitarias que establecieron vínculos entre todo tipo de productores de alimentos (arroz, aceite, harina, etc.) y los nodos o megaferias; se intentó organizar una red de salud al interior de la red de trueque incorporando como prosumidores a médicos, enfermero/as, psicólogo/as, etc.; se fundó la primera farmacia de medicamentos genéricos del país, experiencia que proyecta extenderse a diferentes barrios y se pretende en el mediano plazo conseguir un laboratorio donde producir los propios medicamentos; hubo acuerdos con varias municipalidades del país para cancelar tasas municipales con las monedas de la redes del trueque, ingreso que el municipio usará para mantener programas de empleo, promover planes sociales para desocupados y contratar como proveedores a emprendimientos productivos de la red del trueque.
La experiencia de las redes del club del trueque fue una monumental experiencia de masas de economía alternativa. Esa experiencia ha sido capitalizada. De aquí en más el trueque, organizado como tal, será uno de sus elementos, pero ya no el único. Las experiencias (los saberes, los contactos, etc.) se multiplican, y la incorporación de conocimientos técnicos y profesionales se van haciendo cada vez más reales.
[1] Estas formas sociales nuevas están implicadas en la doble modalidad implícita en su ser potencia: potencia desplegada como multiplicidad, fuerza, acto y también potencia como potencial, como apertura de posibles, como lo aún no realizado y por tanto con posibles convocados por la posibilidad de la posibilidad.
[2] La captura es captura de la potencia en sus dos sentidos anteriores: apropiación del acto y la fuerza, dándole orientación a la multiplicidad y conduciendo la energía hacia ideales o modelos instituidos, pero también captura se utiliza en el sentido de lo que amputa los posibles potenciales.
[3] En efecto, lo que está en juego aquí es el hecho de que las redes de la economía alternativa tiendan a autonomizar la producción social efectiva respecto del mando del capital. Y luego, una vez haya pasado el peligro, la propia oligarquía se encarga de quitar de enmedio un sistema económico que les hace la competencia: Los atentados contra el Club del Trueque | TRUEKENET El fondo ideológico que subyace al sabotaje que sufrió el sistema es la inevitable confrontación entre dos modos de ver el mundo: El del trueque, amigable con el medioambiente y con todos los actores sociales y el de los que han tomado al planeta como rehén.
Durante el terrible terremoto de Kobe la ayuda del gobierno quedó bloqueada durante unos días debido a que los recursos estaban demasiado centralizados. Cuando finalmente llegó el auxilio, las autoridades se encontraron con que algunas organizaciones de la propia comunidad habían hecho ya una importante contribución. Con el fin de estar mejor preparados para enfrentar desastres que dejan aisladas a las poblaciones, algunos investigadores japoneses se interesaron por la experiencia descentralizada y autogestiva de la Red Global de Trueque. Unos años más tarde a fines del 2001, los argentinos tuvimos otra clase de catástrofe, el derrumbe del sistema bancario. En esa ocasión, la Red Global de Trueque (RGT) demostró su potencial para ofrecer a la sociedad una rápida respuesta ante una crisis.
La RGT no sólo brindó soluciones a una población sin dinero y con escasos medios de subsistencia, sino que generó un contexto de intercambio para que productores rurales pudieran levantar sus cosechas canjeando parte de ella por mano de obra y sirvió de apoyo a muchos municipios colapsados por la demanda social. En este sentido tanto la opinión publica como la de observadores internacionales coincide en que el estallido social hubiese sido más violento de no haber existido la Red. Un caso dramático fue el de los cartoneros de Quilmes que quedaron sin compradores de material reciclado durante “el corralito” a fines del 2001. Respondiendo a un angustioso llamamiento del intendente, la Red incorporó a más de quinientas familias de cartoneros al sistema de trueque y se pudo superar el trance.
El gobierno desbordado por la catástrofe social también solicitó la ayuda del Trueque que solidariamente abrió sus puertas a una población que se quedaba sin trabajo y sin comida. La organización participó de los comités de crisis y fue generosa, pero a costa de exponerse a las demandas de una sociedad indigente. Durante aquellos sombríos meses, el trueque fue el sustento y refugio para muchos desposeídos y hambrientos. Se fue masificando hasta hacerse incontrolable. En muchos clubes, se produjo desabastecimiento de los productos básicos como harina, aceite, azúcar o verduras.
Uno de cada siete habitantes encontró en este mercado complementario un medio de vida digno y una esperanza en un país que se debatía en la peor crisis de su historia. Según una encuesta de Gallup, publicada en abril de 2002, más del 60% de la población realizaba o pensaba realizar trueque en los siguientes tres meses.
Fue un aporte impresionante a muchos argentinos en forma directa o indirecta, por el que la Red nunca esperó ni pidió retribución. Sin embargo, ocurrió lo inimaginable. Cuando amainó la tempestad y se empezaron a implementar los subsidios asistenciales, como el plan para jefes de familia, La Red Global de Trueque comenzó a ensombrecerse. Algunos medios de prensa que en medio de los saqueos y cacerolazos habían sido elogiosos con el trueque se volvieron de pronto esquivos y críticos. Por otra parte, se orquestó una maniobra de falsificación de los bonos de descuento de la RGT con el único fin de desacreditar y poner en crisis al sistema de trueque. Esta maniobra fue realizada en forma artera e indiscriminada, alcanzando en algunas zonas al 90% de los bonos. Algunos falsificadores llegaron a imprimir con el mismo papel de seguridad que se utiliza para confeccionar en la actualidad los documentos nacionales de identidad y los cheques bancarios, el mismo que se empleaba para los vales de trueque, el papel Witcel autocheck. Tiene una filigrana con un obelisco que se puede ver a trasluz. Se trató de una acción sincronizada que requirió de la coordinación de decenas de imprentas para producir cientos de millones de bonos en pocas semanas. Quienes la urdieron disponían de suficiente dinero, si se tiene en cuenta las importantes sumas que se le ofrecían a las imprentas. Luego, esos bonos eran vendidos a inescrupulosos por monedas, lo que habla a las claras de que el fin no era lucrar sino crear caos en la Red. Los reducidores también interceptaban a los prosumidores para tentarlos con pilas de vales falsos y de este modo la contaminación se dispersó por todo el territorio nacional.
La dirigencia de la Red Global de Trueque denunció los ilícitos ante la Justicia y la policía Federal detuvo a decenas de personas calculándose en más de 50 las imprentas implicadas en la falsificación. Salió en todos los medios porque los delincuentes también falsificaban patacones, Lecop y otras monedas. Existen varias causas abiertas contra falsificadores en distintos puntos del país. La organización pidió ayuda a las autoridades aportando datos, pero los investigadores parecen estar más interesados en deambular entre las bizarras internas de los clubes de trueque, en vez de desentrañar la urdimbre y la cadena de complicidad entre promotores, falsificadores y pasadores.
Cada día se hace más obvio que además de querer acabar con la experiencia de autogestión económica ciudadana más importante del mundo, se busca amedrentarla y desprestigiarla de tal modo que ya nadie quiera volver a hacer un intento semejante. Como en la novela de Orwell 1984, el Hermano Grande no sólo destruye físicamente a quienes tienen una idea distinta al pensamiento hegemónico, sino que pretende además que la idea nunca haya sido concebida. Esto se desprende de los esfuerzos que están haciendo algunos teóricos, distanciados de la práctica, para rescribir la crónica y fundamentos de esta gesta, reinterpretándola a su antojo y por la metodología empleada en las intrusiones en la sede central de la organización para robar documentación histórica.
Es bien conocida la campaña que desde hace años viene realizando la consultora de Organismos Internacionales Heloisa Primavera para quebrar el movimiento de trueque en la Argentina. Dentro de nuestras fronteras, ha hostigado y desprestigiado incansablemente a la Red Global de Trueque, algo que no la inhibe de presentarse como integrante de la misma cuando viaja al exterior. También se arroga la representación de la Red del Trueque Solidario, una organización en la que sembró odio y divisionismos llevándola casi a la desaparición. Más allá de su rol de comentarista de difícil lectura y su habilidad para arrimarse al grupo fundador, es poco el aporte que ha hecho esta brasileña a la teoría y a la práctica del trueque. Gattopardista y despechada, tuvo su máximo momento de gloria cuando un conocido matutino porteño publicó “su verdad” maniqueísta sobre las dos grandes redes de intercambio del país, una versión de la teoría de los dos demonios aplicada al trueque.
Asimismo es particularmente sugestiva la desopilante campaña de desprestigio de la RGT lanzada por Radio 10 y Canal 9, conocidos medios mercenarios propiedad de Daniel Hadad (mayo, junio y julio de 2002). Estos difamaron a los fundadores de la RGT con el anuncio de su fuga del país, cuando en realidad habían viajado al exterior a inaugurar un club de trueque en Barcelona y a dar una conferencia en Paris, en la Casa de la América Latina. En Europa los fundadores también tuvieron oportunidad de denunciar el sabotaje sufrido por la red ante Amnesty International, France Liberté y otras organizaciones de derechos humanos, economía social, sindicatos, universidades. Este viaje había sido anunciado a la prensa con anterioridad. Algo que no ignoraban los noteros de Hadad y algunos voceros de la Red del Trueque Solidario, quienes continuaron sosteniendo la versión de la fuga, a pesar de los artículos publicados en Liberation, Le Nouvel Observateur, Le Monde, El Periódico de Cataluña, El País, La Vanguardia, el diario de Murcia, La Nación, etc. Medios que dieron amplia cobertura a la gira. En Paris la señora Dannielle Mitterand, viuda del ex-presidente francés recibió a los fundadores de la RGT y escribió una carta abierta a los legisladores argentinos pidiendo una pronta sanción de la ley del trueque.
Investigadores de universidades renombradas como Harvard, Cambridge, Oxford y Yale para citar algunas, viajaron a la Argentina para conocer de cerca la experiencia del trueque. Es permanente la visita de periodistas, estudiantes y economistas de Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania, Suecia, Italia, España, Noruega, Suecia, Austria y Corea entre otros. En el exterior se está organizando un movimiento de apoyo y solidaridad con la Red Global de Trueque para que la opinión pública y las organizaciones de economía social y derechos humanos conozcan la persecución política que está sufriendo.
El 3 de septiembre de 2002 frente al Ministerio de Trabajo, Rubén Ravera, Carlos De Sanzo y Horacio Covas, los creadores de la Red Global, denunciaron un complot para destruir este sistema económico. Según ellos, estos ataques despiadados buscaban el desprestigio mismo del modelo y la fractura de la confianza colectiva, el pilar que lo sostiene. También se dejaron asentadas denuncias y se reiteraron los pedidos al Congreso y el Senado para impulsar una Ley del Trueque que asegurara garantías jurídicas para la actividad.
Ya en vísperas de las elecciones de 1996, la RGT tuvo las primeras falsificaciones y la manipulación por parte de punteros políticos de los clubes de trueque para hacer campaña. Esto obligó al primer cambio de créditos. Hoy el panorama es semejante. El club del trueque puede haber aparecido como una amenaza al pensamiento único y una posible competencia política. El propio FMI había exigido la desaparición de los vales de trueque junto con las cuasimonedas y según un artículo aparecido el 27 de noviembre de 2002 en un diario Gara del País Vasco, un senador norteamericano declaró que el sistema de trueque podría ser considerado terrorismo económico. También hubo un reclamo desde sectores del comercio para que se terminara con los clubes de trueque. Esta hostilidad y la intención de criminalizar al club del trueque se reflejan claramente en el descabellado intento de Canal 9 de relacionar a la RGT con las desaparecidas Brigadas Rojas simplemente porque Toni Negri elogió esta iniciativa calificándola de “contrapoder”.
Estas chicanas arrogantes están en sintonía con la intolerancia de quienes tratan de imponer a sangre y fuego en nuestros países un modelo económico que deja a pueblos enteros sumidos en la ruina y la desesperación. Es lógico que se sientan molestos frente una alternativa pacífica y popular que pone al descubierto la insensibilidad social e incompetencia de los tecnócratas. Es predecible el escozor ya que la experiencia del trueque en la argentina es la demostración viviente de que se puede vivir con lo nuestro, sin el fatalismo impotente de la alternancia de la parálisis económica y la inflación infame. Es inevitable que se sientan incómodos porque con el trabajo y la creatividad de la gente común se ha podido crear bienestar y hacer frente a la peor de las crisis. Pero, por sobre todo, lo que más los preocupa, es que la experiencia del trueque en la Argentina demuestra rotundamente que es posible vivir sin usura, sin especulación financiera y sin dinero. Este es el fondo ideológico que subyace a los atentados contra el trueque. Es la consecuencia de la inevitable confrontación entre dos modos de ver el mundo: El del trueque, amigable con el medioambiente y con todos los actores sociales y el de los que han tomado al planeta como rehén.
Última edición por NosTrasladamus; 01-oct-2011 a las 23:38 |